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A First Spanish Reader

Chapter 45: 38. CHILE
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About This Book

A graded beginner's Spanish reader gathers short, simple selections and exercises for early instruction, relying largely on the present tense and avoiding complex constructions. Texts range from classroom and family descriptions to seasonal pieces, geographic sketches, fables, riddles, poems, and songs, many of them adapted or original. Each selection is followed by vocabulary lists and comprehension questions, and prefatory notes suggest classroom procedures and homework routines. The materials prioritize oral reading, repetition, conversational practice derived from texts, and progressive vocabulary building to develop basic reading fluency and communicative skills.


25. LOS ÓRGANOS DEL CUERPO HUMANO

Una vez los obreros o ciudadanos pobres de la ciudad de Roma se rebelaron contra los ricos. Su queja era, que mientras que ellos trabajaban siempre y pagaban los impuestos, los ciudadanos ricos de la clase noble nunca trabajaban, y su única ocupación era la de mandar y gobernar. Muy descontentos, resolvieron los obreros abandonar a Roma e irse a un monte cercano, jurando no volver a la ciudad.

Entonces los nobles enviaron a un sabio romano para convencer a los obreros de que debían regresar a la ciudad. El sabio habló a los obreros de esta manera:

Una vez los órganos del cuerpo humano se rebelaron contra el estómago, y muy indignados le dijeron:

—Nosotros trabajamos siempre mientras que tú nunca trabajas.

Los pies se quejaron de que ellos tenían que llevar al cuerpo y andar por todas partes; los ojos se quejaron de que ellos tenían que ver siempre todas las cosas y vigilar constantemente. Las manos dijeron:

—¿Por qué debemos de estar siempre trabajando si tú descansas?

Y la boca gruñó:

—Toda mi vida he sido una tonta. He masticado todas tus viandas, mientras que tú no has hecho más que recibirlas ya preparadas. Busca otra boca.

De esta manera hablaron todos los órganos del cuerpo humano, resolviendo no trabajar más para el estómago.

Pronto, con gran sorpresa, empezaron a sentir el efecto de su rebelión. Los pies se sentían débiles, los ojos se obscurecían y no podían ver, las manos se ponían débiles; y, en fin, todo el cuerpo se iba debilitando, porque el estómago, no habiendo recibido viandas, no podía enviar alimentos y fuerzas a los órganos.

Entonces comprendieron los órganos que habían sido muy necios. Ahora entendían claramente que el estómago también trabajaba y servía a todos, y muy arrepentidos principiaron todos a trabajar nuevamente.

Los obreros romanos oyeron esta parábola y comprendieron su significado, regresando muy contentos a la ciudad a trabajar de nuevo.

Los nobles fueron más prudentes después de esto, y dieron a los obreros mejor paga y mejor trato.


26. EL BRASIL

El Brasil tiene cuatro veces la extensión de Méjico. Es casi tan grande como los Estados Unidos de América, pero tiene solamente una quinta parte de su población. La mayor parte del Brasil no está poblada, porque está cubierta de densas selvas. La vegetación tropical abunda en estas selvas. La mayor parte de la población se halla en la costa sudeste. En las selvas del Brasil se encuentran casi todas las plantas tropicales y los animales de la América del Sur. Hay más de 300 variedades de palmas. Hay también abundancia de maderas de ebanistería y se encuentra allá el árbol de la goma elástica.

En la parte meridional del Brasil se extraen el hierro y el carbón. En la región más al norte, cerca de la costa se encuentran la caña de azúcar, el algodón, el tabaco y el arroz. Los cafetos se encuentran en muchas partes, pero la mayor producción y la mejor calidad de café se obtiene en los campos cerca de Río de Janeiro. El Brasil produce más café que todo el resto del mundo junto.

En el sur del país se cosecha el maíz y el trigo. En el extremo meridional hay extensos criaderos de ganado, y se exporta mucho cuero, sebo, cuernos y huesos de animales. Hay muy pocas fábricas de artículos para la exportación, pero esta industria va en aumento.

El Brasil tiene un comercio más extenso que ningún otro país de la América del Sur. Sus ciudades y puertos principales son el centro de 13,000 kilómetros de ferrocarriles.

La ciudad de Río de Janeiro, situada en un magnífico puerto, es la capital del Brasil y una de las mayores ciudades de la América del Sur. Tiene algunas fábricas y un comercio extenso, especialmente en café.



Bahía es la segunda ciudad del Brasil y tiene una buena situación en la bahía de Todos los Santos. Tiene gran comercio en algodón, tabaco y azúcar.


27. LOS POBRES SASTRES

Un herrero de una pequeña ciudad había hurtado un caballo. El dueño halló el caballo en el establo del herrero y le hizo buscar con un guardia municipal. Fué arrestado el herrero y conducido delante de un magistrado. El magistrado le condenó a ser ahorcado.

Entonces se agitó la gente de la ciudad, porque no había más que un solo herrero en la ciudad. Nombraron una delegación, y la delegación fué a ver al magistrado. Uno de ellos dijo al magistrado:

—No tenemos más que este herrero en toda la ciudad, y nos es indispensable. Pero tenemos tres sastres en la ciudad. Podemos perder a uno de estos sastres. Alguno ha de ser ahorcado, esto es claro. Por consiguiente, háganos Vd. el favor de ahorcar a uno de los sastres.



28. TRES PALABRAS

Un jornalero pobre llegó por la noche a una posada. Estaba muy cansado y tenía hambre y sed. Pero no tenía dinero. Sin dinero no pudo obtener nada. ¿Cómo obtener dinero para comer?

Se sentó a una mesa. A la mesa estaban sentados dos panaderos que comían y bebían. El jornalero les contaba de sus viajes. Su cuento era muy interesante y ellos lo escuchaban atentamente. Finalmente él les dijo:

—- Propongo una apuesta. Diré tres palabras que Vds. no pueden repetir.

—Es absurdo,—contestaron los panaderos.—Vd. no puede hacerlo.

—¿Cuánto apuestan Vds.?—dijo el jornalero.

—Un duro,—contestaron los panaderos.

El jornalero empezó:—Popocatepetl.—Los panaderos repitieron:—Popocatepetl.—El jornalero dijo:—mercader.—Los panaderos dijeron:—mercader.—Entonces dijo el jornalero con una sonrisa:—error.

Los panaderos meditaron mucho, pero no pudieron hallar su error. El jornalero dijo:

—Ensayemos de nuevo.

—Sí, cierto,—dijeron los panaderos.

El jornalero empezó otra vez y dijo:—hipopótamo.—Los panaderos:—hipopótamo.—El jornalero:—jirafa.—Los panaderos:—jirafa.

—Otra vez el jornalero dijo con una sonrisa:—error.

Intentáronlo tres o cuatro veces. Después de la cuarta vez los panaderos pagaron el duro, pero preguntaron:

—¿Cuál ha sido nuestro error?

El jornalero dijo:—Nunca han pronunciado Vds. la tercera palabra. La tercera palabra fué cada vez: error. Por eso Vds. han perdido la apuesta.


29. ANUNCIO DEL ESTRENO DE UNA ÓPERA

TEATRO REAL

La función de esta noche es Paolo e Francesca. De gran acontecimiento artístico puede calificarse la función anunciada para esta noche en el Real.

La dirección artística ha puesto especial atención en que el estreno de Paolo e Francesca tenga la importancia que merece. A este fin se ha compuesto un programa wagneriano, que, con el estreno de la obra de Mancinelli, completará el espectáculo.

El programa es el siguiente:

Primera parte:—Parsifal, preludio; Tannhäuser, obertura, Wágner.

Segunda parte:—La ópera en un acto del maestro Mancinelli, Paolo e Francesca.

Reparto:—'Francesca', señorita Fitziu; 'Paolo', Sr. Crini; 'Gianciotto', Sr. Segura Tallien; 'Il Matto', Sr. Cortés.

Cuatro damas de Francesca, señoritas Raúl, Aceña, Roldán y García.

Coro de caballeros, cazadores, etc.

Tercera parte:—Tristan e Iseo, Preludio y Muerte de Iseo.

Sigfredo, Los Murmullos de la Selva, y La Walkyria, Cabalgata, Wágner.

Dirigirá la orquesta el maestro Saco del Valle. La función empezará a las nueve.


30. UN PORTERO EXACTO

Una señora dió orden un día a su portero:

—Di a todas personas que no estoy en casa.

Por la noche, al referirle el portero los nombres de las personas que habían estado a la puerta, pronunció el de la hermana de la señora, y entonces la señora dijo:

—Ya te he dicho que para mi hermana siempre estoy en casa, hombre; debiste haberla dejado entrar.

Al día siguiente salió la señora a hacer unas visitas, y poco después llega su hermana.

—¿Está tu señora en casa?—le pregunta al portero.

—Sí, señora,—contesta éste.

Sube la señora, y busca en balde por todas partes a su hermana. Vuelve a bajar, y le dice al portero:

—Mi hermana debe de haber salido, porque no la he hallado.

—Sí, señora, ha salido, pero me dijo anoche que para Vd. siempre estaba en casa.


31. UNA PIERNA

Un paje sirvió en la comida a su señor una grulla. Esta grulla no tenía sino una pierna, porque la otra se la había comido el paje. El señor dijo:—¿Cómo no tiene esta grulla más que una pierna? Respondió el paje:—Señor, las grullas no tienen sino una pierna.

El amo dijo:—Pués, mañana yo llevaré a Vd. a caza, y verá Vd. que tienen dos, y entonces me lo pagará. Al otro día fueron a caza y toparon con unas grullas que estaban todas sobre un pie. Entonces dijo el paje a su amo:—¡Mire Vd.! como no tienen más de un pie. Refrenó el amo su caballo, diciendo:—¡Ox, ox! y entonces las grullas sacaron la otra pierna y empezaron a volar.

El amo dijo al paje:—¿Ve Vd. como tienen dos? y el paje contestó:—Si Vd. oxea a la grulla del plato, ella también sacará la otra pata.


32. ¿QUÉ DICE DAVID?

Un obispo tenía un criado vizcaíno. Dijóle una vez:—Vaya Vd. al carnicero que se llama David y compre al fiado carne para mañana. Después de haber comprado Vd. la carne vaya Vd. a la iglesia, por ser domingo.

Predicando en la iglesia el obispo citaba autoridades de profetas en el sermón, diciendo:—Dice Isaías, profeta...; dice Jeremías, profeta...;—y mirando entonces hacia donde estaba su criado, dijo con énfasis prosiguiendo su sermón:—Pero, ¿qué dice David?

El vizcaíno, su criado, pensando que a él le hablaba el obispo, respondió muy alto:—David dice: 'No daré carne al obispo si primero no paga.'


33. EL CANAL DE SUEZ

El proyecto del canal moderno a través del istmo de Suez, para facilitar el paso de los buques desde el Mediterráneo al Mar Rojo, nació de Napoleón el Grande durante su invasión de Egipto. Pero muchísimos siglos antes de él, esto es, 1,300 años antes de la Era cristiana, se construyó un canal desde un ramal del Nilo hasta el Mar Rojo. Ese canal fué obstruido varias veces por la arena y en el año 767 de nuestra Era fué destruido por el califa Almanzor.

En 1854, un ingeniero francés, Fernando de Lesseps, obtuvo del virrey de Egipto, Said-Bajá, una concesión a favor de una Compañía por espacio de noventa y nueve años para construir un canal navegable a través del istmo. Organizóse la Compañía en 1858 con un capital en acciones de 200,000,000 de francos, que en 1867 fué necesario ampliar con otros 100 millones. Las obras duraron once años.

El canal tiene de un extremo a otro 162 kilómetros de largo; pero una cuarta parte de esa longitud consiste en lagos naturales. La mayor anchura del canal es de unos 100 metros. En algunos puntos es de 60 en la superficie y de 20 al fondo. La profundidad es de 8 metros. El canal se inauguró oficialmente, con gran solemnidad, el 17 de noviembre de 1869, pasando por él 50 buques de un mar a otro. En 1871 utilizaron el canal 765 buques, entre ellos 63 buques de guerra. Por esta vía se acortan considerablemente los viajes de Europa a las Indias y otros puntos de Asia, que antes se hacían por el Cabo de Buena Esperanza.


34. DURA SUERTE

Una vez el Conde de Cero hizo una visita al Barón de Pereza que se lamentó de su dura suerte. Su amigo, el Conde, se admiró mucho y le dijo:—Por Dios, ¿cómo puede Vd. lamentarse? Vd. está bueno. Vd. no tiene que trabajar y abunda en dinero tanto como puede Vd. desear.

—Sí, es verdad,—respondió el Barón, pero no obstante tengo dura suerte. Tengo que vestirme todas las mañanas, y que desvestirme todas las noches. Tengo que masticar todo lo que como y que tragar laboriosamente toda gota de agua y de vino que bebo.

Su amigo respondió:—Pero Vd. no sale de la casa. Por consiguiente Vd. no se pone o quita más que la bata. Su cocinero no prepara sino manjares blandos. Ciertamente el tragar no es trabajo tan terrible.

A esto respondió el Barón con voz lagrimosa:—¡El eterno respirar! ¿No es esto nada? Ni siquiera puedo descontinuar esto cuando duermo.


35. EL MUCHACHO INTELIGENTE

Un muchacho era muy hermoso e inteligente. Mirándole un caballero dijo:—¡Cosa rara! ¡que todos los muchachos hermosos que son inteligentes cuando pequeños son grandes necios cuando son adultos!

El muchacho dijo entonces:—¡Muy inteligente debe haber sido Vd. cuando muchacho!


36. EL CRIADO ERUDITO

Varios amigos, un militar, un poeta, un cura, un usurero y un pintor, estaban de sobremesa discurriendo acerca del valor relativo de algunos grandes hombres. El criado de la fonda los escuchaba encantado.

—Propongo un brindis,—dijo el militar,—por el primer hombre del mundo, por Alejandro Magno.

—¡Protesto!—exclamó el poeta;—el primer hombre del mundo fué Byron!

—¡Profano!—dijo el cura;—el primer hombre del mundo fué San Ignacio de Loyola.

—Proclamo,—chilló el usurero,—por primer hombre del mundo a Malthus.

—¡Protervo!—vociferó el pintor;—el primer hombre del mundo fué Miguel Ángel.


—¡Pobres señores!—se permitió decir el criado de la fonda.—El primer hombre del mundo fué Adán.

Este despropósito cayó tan en gracia a los amigos, que al acabar de reír ya no se acordaron de su discusión, ni de dar propina al Criado.


37. CONCEPTO FALSO

Fué a matricularse en la antigua Universidad de Alcalá un estudiante de la Alcarria.

—¿Cómo se llama Vd.?—le preguntó el secretario.

—Juan Bautista Combé,—dijo el estudiante.

—¿Viene Vd. a enseñarme ortografía, señor novicio? ¿Cómo se llama Vd.? esto es lo que le pregunto.

—Bautista Combé...

—No sea Vd. impertinente; ya sé que Bautista se escribe con b. ¡Quiero saber el apellido!


38. CHILE

La república de Chile es un país largo y estrecho que está situado entre los Andes y el Océano Pacífico. Aunque en el mapa parece pequeño, sin embargo es tres veces más grande que el Estado de Washington.

La región del norte es desierta y estéril, pero hay allí muchas minas de cobre, plata y oro; estas riquezas minerales no están todavía en completa explotación. La principal riqueza del país es el guano y el salitre que también se encuentran en esta región.


La región central del país es una zona eminentemente agrícola de clima excelente. Allí se cosecha trigo y otros cereales y se cría gran cantidad de ganado vacuno y lanar. Esta región es la parte mas poblada del país. En la parte del sur hay grandes bosques donde se hallan maderas preciosas de cedro y ciprés.

Las exportaciones principales incluyen plata, cobre, nitratos, bórax, azufre, cereales y vinos. El comercio exterior de Chile en 1913 tuvo un valor de más de $264,000,000.

La población de esta república era cerca de 3,550,000 de habitantes en 1913. La mayor parte de su población desciende de los españoles. Se encuentran en este país descendientes de muchas antiguas y aristocráticas familias de España.

Valparaíso es la ciudad comercial más importante y el principal puerto de mar en el Pacífico. Tiene una magnífica vista en las montañas que rodean a la bahía, y es una ciudad progresista con gran comercio.

Santiago, la capital, tiene una población de cerca de 380,000 de habitantes y es una ciudad hermosa, justamente llamada el "París de los Andes."


39. LOS CUATRO HERMANOS

Un zapatero tenía cuatro hijos que deseando buscar su fortuna por el mundo, dijeron un día a su padre:

—Padre, somos mayores de edad y deseamos viajar por el mundo y buscar fortuna.

—Muy bien,—dijo el zapatero y dio a cada uno de sus hijos un caballo y cien duros para la jornada. Los jóvenes, muy contentos, se despidieron de su padre y partieron en busca de fortuna.

Caminaron los hermanos algún tiempo y al llegar a una encrucijada, donde partían cuatro caminos, el hermano mayor dijo:

—Hermanos míos, separémonos; cada uno tome un camino, busque su fortuna y después de un año nos reuniremos otra vez aquí.

Los cuatro caminos conducían a cuatro ciudades muy hermosas, adonde llegaron los hermanos y cada uno en su ciudad buscó quehacer inmediatamente. El hermano mayor aprendió a zapatero, el segundo estudió para astrólogo, el tercero se convirtió en un buen cazador y el hermano menor se hizo ladrón.

Después de un año los cuatro hermanos se reunieron de nuevo en la encrucijada.

—Gracias a Dios,—dijo el hermano mayor,—todos estamos sanos y salvos y cada uno ha aprendido a hacer algo.

Y juntos regresaron a casa. El padre se puso muy contento al verlos llegar y pidió a sus hijos que le contaran sus aventuras.

Julio, el hijo mayor, dijo que había estado en Toledo y que había aprendido el oficio de zapatero.

—Muy bien,—dijo su padre, es un oficio honrado.

—Pero yo no soy un zapatero vulgar, respondió Julio,—remiendo a la perfección, y no tengo más que decir estas palabras: '¡Remiéndate!' y las cosas viejas quedan como nuevas.

El padre, dudando lo que decía su hijo, le dió un par de zapatos viejos. Julio tomó los zapatos, los puso en frente y dijo: '¡Remiéndate!' Al instante los zapatos se convirtieron en otros relucientes y casi nuevos. El atónito padre exclamó:—¡Excelente, has aprendido más en Toledo que en la escuela!

Entonces el viejo zapatero preguntó a su segundo hijo, Ramón:—Y tú, Ramón ¿qué has aprendido?—Padre mío, estuve en Madrid y estudié para astrólogo y soy un astrólogo extra-ordinario. No hago más que ver al cielo para saber inmediatamente lo que sucede sobre la tierra.

—¡Maravilloso!—exclamó el padre y dirigiéndose a su tercer hijo Enrique, dijo:—¿Qué oficio has aprendido, Enrique?—Soy cazador, pero un cazador sorprendente. Cuando veo a un animal no hago más que decir: '¡Muérete!' y el animal se muere en seguida.

El padre viendo una ardilla le dijo:—Mata aquella ardilla y creeré lo que dices.—Enrique dijo: '¡Muérete!' y la pobre ardilla cayó muerta. Por fin el zapatero preguntó a su hijo menor Felipe:—¿Qué oficio has aprendido tú?—He aprendido a robar,—respondió Felipe;—pero no soy un ladrón ordinario; no hago más que pensar en la cosa que deseo tener, y esta cosa viene por sí mismo a mis manos.

Como el padre quería ver la ardilla muerta por Enrique, dijo al astrólogo:—¿Dónde está la ardilla?—Debajo de aquel árbol,—respondió Ramón. En seguida Felipe, el ladrón, pensó en la ardilla y ésta apareció al instante sobre la mesa.

El viejo zapatero estaba muy contento y orgulloso de las habilidades de sus hijos. Un día los cuatro hermanos supieron que la princesa Eulalia, la única hija del rey, se había perdido. El rey ofreció su reino y la mano de su hija al caballero que pudiese hallarla y traerla al palacio. Los hermanos fueron al palacio, y dijeron al rey que ellos podían hallar a la princesa. El rey muy contento les repitió su promesa.

Durante la noche el astrólogo miró al cielo y vio en una isla lejana a la princesa, a quien un dragón tenía prisionera. Los cuatro hermanos después de un viaje penoso y largo llegaron a la isla. Cuando el ladrón vio a la princesa que se paseaba por la playa, exclamó:


—¡Deseo a la princesa en nuestro barco!—e inmediatamente la princesa estuvo en el barco; pero como el dragón vio esto, con rugido terrible se precipitó sobre el barco. El cazador exclamó al instante: '¡Muérete!' y el dragón cayó muerto en el agua. Al caer el dragón chocó con el barco y casi lo hizo pedazos, y cuando ya se hundía el barco, el zapatero dijo: '¡Remiéndate!' y el barco fue remendado.

Apenas regresaron al reino, empezaron los hermanos a altercar entre sí.

—Yo he hallado a la princesa,—dijo el astrólogo,—por lo tanto debe ser mi esposa.

—De ninguna manera,—respondió el ladrón,—la mano de la princesa es mía, porque yo se la robé al dragón.

—¡Necios!—exclamó el cazador,—yo debo ser el marido de la princesa porque yo maté al dragón,—a lo que el zapatero replicó coléricamente:

—La princesa debe ser esposa mía, porque yo remendé el barco y sin mi ayuda todos Vds. estarían muertos.

Después de mucha discusión, y sin poder arreglar nada, los hermanos decidieron ir a ver al rey a su palacio.

—Señor,—le dijeron,—Vuestra Majestad decida quien de nosotros debe casarse con la princesa.

—Muy bien,—dijo el rey,—la cuestión es muy simple; he prometido la princesa al caballero que la encontrase. Por lo tanto ella debe casarse con el astrólogo. Pero como cada uno de Vds. ayudó a la salvación de ella, cada uno debe recibir la cuarta parte de mi reino.

Los hermanos, muy satisfechos con esta distribución, vivieron felices en sus reinos. Cada vez que nacía un príncipe o una princesa los tres solteros aumentaban los impuestos para comprar magníficos regalos para el recién nacido.


40. ADIVINANZAS. (I)

1. ¿En qué se parece un esqueleto a una comida de viernes? En que le falta la carne.

2. ¿Qué es lo que va de Madrid a Toledo sin moverse? El camino.

3. ¿En qué se parece un gallo a un monte? En la cresta.

4. ¿Por qué en invierno sale tarde el sol? Porque, como hace frío, no le da la gana de madrugar.

5. ¿Por qué es más frío el aire en el invierno que en el verano? Porque en el invierno le cierran las puertas de las casas, y tiene que estarse en la calle.

6. ¿Qué es lo que se nos aparece una vez en un minuto, dos veces en un momento, y nunca en un siglo? La letra M.

7. ¿En qué estado se coge un cordero para matarlo? Vivo.


41. ARGENTINA

Argentina es el país más importante de la América del Sur después del Brasil. Está limitada al este por el Atlántico, al oeste por los Andes, al norte y nordeste por Bolivia, el Paraguay, el Brasil y el Uruguay, al sur por Chile y el Atlántico.

Este país es más grande que todo el territorio de los Estados Unidos al este del río Misisipí. Su población en 1912 era de cerca de 7,470,000 de habitantes y va aumentando rápidamente. Argentina podría sostener 70,000,000 de habitantes con mucha facilidad.

Argentina es una república federal, formada por catorce estados, diez territorios y un distrito federal. El poder ejecutivo está confiado a un presidente quien es elegido por seis años. El Congreso nacional, que consiste en la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados, ejerce el poder legislativo. Las provincias se gobiernan por sí solas.


La mayor parte de la población se compone de descendientes de los antiguos colonos españoles y de los inmigrantes llegados de algunos países de Europa; especialmente de Italia, Alemania, Francia y España. Gran parte de la población vive en las ciudades; la capital, que es Buenos Aires, tiene por sí sola casi la quinta parte de la población total.

La república Argentina tiene recursos agrícolas inmensos, pero en gran parte todavía no están desarrollados. La mayor parte del país es plana, y en esas planicies o pampas cubiertas de pastos se encuentran millones de reses vacunas, caballos, carneros y cabras. La industria principal, por consiguiente, se relaciona con estos animales.

Sus exportaciones principales son trigo, maíz, avena, lana, cueros, pieles de cabra, carne de res en conserva y helada. Vino y azúcar son también cultivados y exportados. El comercio de Argentina en 1913 representó un valor de $877,000,000 que fué mayor que el de China o del Japón.

Cerca de 33,000 kilómetros de caminos de hierro ponen en comunicación la costa con las ciudades del interior y con Chile.

Buenos Aires es la mayor ciudad de la América del Sur y una de las más grandes del mundo. Es el gran puerto de mar de la Argentina. La mitad de su población es europea, y la ciudad está construida a la manera de las grandes ciudades de la América del Norte y de Europa. Tiene avenidas hermosas, paseos bellos, parques magníficos y edificios monumentales, notablemente el capitolio.

Deben también mencionarse los muelles modernos, un teatro magnífico de la ópera, casinos suntuosos y diarios modernos como "La Prensa." Además de ser un centro comercial, es el lugar donde se hallan excelentes institutos de educación.


42. EL BARBERO DE LA CORUÑA

Un día llegó a una fonda de la Coruña un forastero de gran talle, corpulento y fuerte, con centellantes ojos negros y rostro cubierto de larga y espesa barba. Su vestido negro añadía algo de siniestro a su apariencia.

—¡Posadero!—gritó en voz alta,—tengo mucha hambre y me estoy muriendo de sed. Tráigame algo que comer y una botella de vino. ¡Pronto!

El posadero, medio espantado, corrió a la cocina, y pocos minutos después sirvió una buena comida y una botella de vino al extranjero. Este se sentó a la mesa y comió y bebió con tanto gusto que en menos de diez minutos había devorado todo.

Una vez terminada su comida, preguntó al posadero:—- ¿Hay en este pueblo un buen barbero que pueda afeitarme?

—Ciertamente, señor,—contestó el posadero, y llamó al barbero que vivía no lejos de la fonda.

Con su estuche en una mano y el sombrero en la otra, entró el barbero, y haciendo una profunda reverencia preguntó:—¿En qué puedo servir a Vd., señor?

—Aféiteme Vd.,—gritó el forastero con voz de trueno.—Pero le advierto que tengo la piel muy delicada. Si no me corta le daré cinco pesetas, pero si me corta le mataré sin piedad. Ya he matado más de un barbero por esa causa; ¡con que tenga cuidado!—añadió por vía de explicación.

El pobre barbero que se había espantado al oír la aterradora voz de su cliente, ahora temblaba como la hoja de un árbol agitada por el viento otoñal.

El terrible hombre había sacado del bolsillo de su levita un grande y afilado cuchillo y lo había puesto sobre la mesa. Era muy claro que la cosa no era para bromas.

—Perdone Vd., señor,—dijo el barbero con voz trémula,—yo soy viejo y me tiembla la mano un poco, pero voy a enviar a Vd. a mi ayudante, que es joven. Puede Vd. fiarse de su habilidad.

Diciendo esto, salió casi corriendo de la fonda. Cuando estuvo fuera, dando gracias a Dios de haber escapado, decía para sí:—Ese hombre es malo como un demonio; no quiero tener negocios con él. Tengo una esposa y ocho niños y debo pensar en ellos. Es mejor que venga mi ayudante.

A los diez minutos se presentó el ayudante en la fonda.—Mi maestro me ordenó que viniera aquí para...—Sí, su maestro dice que es Vd. un hombre hábil y espero que tenga razón,—le interrumpió el forastero con voz ronca.—Le advierto que tengo la piel muy delicada. Si me afeita sin cortarme le daré cinco pesetas, pero si me corta, le mataré con este cuchillo tan cierto como mi barba es negra.

Al oír esto el ayudante palideció un poco, pero recobrando el ánimo replicó:—Ciertamente, señor, soy muy hábil y tengo una mano muy segura. Tendría mucho gusto en afeitarlo, pero Vd. tiene una barba muy espesa y necesito una navaja muy afilada. Desgraciadamente no tengo ninguna en mi estuche ahora, pero afortunadamente el aprendiz afiló sus navajas esta misma mañana. Le voy hacer venir al instante.


Con esto escapó precipitadamente diciendo para sí:—¡Cáspita! ¡Ese barbón se parece al mismísimo diablo! Lo que es a mí, no me mata. Que vaya el aprendiz, que es joven. Aquí tiene una buena ocasión de aprender algo. Por fin vino el aprendiz. Era un muchacho de unos diez y seis años, con ojos vivos y cara inteligente.

—¡Ola!—gritó el forastero, soltando una carcajada que hizo retemblar las paredes.

—¿Te atreves tú a afeitarme? Pues bien, muchacho. ¡Mira! Aquí tienes esta pieza de oro y este cuchillo. La moneda de oro vale cinco pesetas y será tuya si me afeitas sin cortarme; pero como eso no es muy fácil, porque tengo la piel muy delicada, te advierto que si me cortas te mataré con este cuchillo.

Y miró al pobre aprendiz con unos ojos que parecían salir chispas centellantes.

Mientras tanto, el muchacho reflexionaba de esta manera:—¡Cinco pesetas! Eso es más de lo que gano en seis meses. Con esa suma me puedo comprar un traje nuevo para la feria y, además, un nuevo estuche. Con que me voy a atrever. Si este bruto mueve el rostro y lo corto, ya sé lo que debo hacer.

Con gran calma saca todo lo necesario de su estuche; sienta al forastero en una silla, y sin el menor miedo pero con mucho cuidado termina el muchacho felizmente la operación.

—Aquí tienes tu dinero,—dijo el terrible matasiete.—¡Chispas, niño! tú tienes más valor que tu maestro y su asistente, y a la verdad mereces el oro. Pero dime: ¿no tenías miedo?

—¿Miedo? ¿Por qué? Vd. estaba enteramente en mi poder. Tenía yo las manos y mi más afilada navaja en la garganta de Vd. Supongamos que Vd. se mueve y yo le corto. Vd. intenta asir el cuchillo para matarme. Yo lo impido y con una sola tajada lo deguello. Eso es todo. ¿Entiende Vd. ahora?

Esta vez fue el forastero el que se puso pálido.


43. EL PERRO DEL VENTRÍLOCUO

Entró una vez en una fonda un ventrílocuo acompañado de su hermoso y muy inteligente perro. Se sentó a una mesa, llamó al mozo y dijo:

—Tráigame Vd. un biftec.

Estaba ya al punto de irse el mozo para ejecutar la orden, cuando se detuvo pasmado. Oyó distintamente que dijo el perro:

—Tráigame a mí también un biftec.


Estaba sentado a la misma mesa en frente al ventrílocuo un ricazo que tenía más dinero que inteligencia. Éste dejó caer el tenedor y el cuchillo y miró al perro maravilloso. Mientras tanto había vuelto el mozo. Puso un biftec sobre la mesa delante del dueño, y el otro en el suelo delante del perro. Sin hacer caso del asombro general, hombre y perro comieron con buen apetito. Después dijo el dueño:

—Mozo, tráigame Vd. un vaso de vino.—Y añadió el perro:—Tráigame a mí un vaso de agua.

En esto todos en la sala cesaron de comer, y se pusieron a observar esta escena extraordinaria. Volviéndose al ventrílocuo preguntó el ricazo:

—¿Quiere Vd. vender este perro? Nunca he visto animal tan inteligente.

Pero el amo contestó:

—Este perro no se vende. Es mi mejor amigo, y no podemos vivir el uno sin el otro.

Apenas hubo concluido éste, cuando dijo el perro:

—Es verdad lo que dice mi amo. No quiero que me venda.

Entonces el ricazo sacó la bolsa, y poniendo sobre la mesa un billete de quinientos duros sin decir palabra, dirigió al ventrílocuo una mirada interrogativa.

—A fe mía,—dijo éste,—esto ya es otro cantar. Veo ahora que puede hablar también el dinero. Es de Vd. el perro.

Después de haber concluido la comida el ricazo, muy alegre y ufano, partió con el animal, que al momento de salir pronunció con voz casi ahogada de disgusto y de cólera estas palabras:

—Miserable, me ha vendido Vd. Pero juro por todos los santos, que en toda mi vida no diré otra palabra.


44. EL CANAL DE PANAMÁ

Ni los franceses ni los norteamericanos han sido los primeros en intentar esa grande obra. Ya en tiempo de los Reyes Católicos (1515) se buscó una línea acuática a través del istmo. El emperador Carlos V en 1534 pensaba en hacer este canal. Pero las guerras en Europa distrajeron su atención de los asuntos de América y aquel canal no pasó de ser un proyecto.

Pero el éxito alcanzado con la construcción del canal de Suez hizo pensar de nuevo en la conveniencia de construir un canal desde el océano Atlántico al Pacífico, y en el año 1870 envió el gobierno de los Estados Unidos dos comisiones de ingenieros a reconocer el terreno de los istmos de Darién en Colombia, y de Tehuantepec en Méjico, para determinar cuál de las dos vías presentaba menores dificultades y ofrecía mayores ventajas.

Después de varios estudios y no pocos gastos se abandonó la idea de construir el canal por esos dos istmos. Entonces Fernando de Lesseps y otros ingenieros franceses trazaron el proyecto de un canal por el istmo de Panamá y formaron una compañía por acciones para llevarlo a cabo. Se invirtieron en las obras muchos millones, pero el fracaso era inevitable. Entonces el gobierno de los Estados Unidos compró a los franceses y al gobierno de Panamá la concesión en 250 millones de francos.

El día 4 de Mayo de 1904 se hicieron cargo los ingenieros civiles norteamericanos de las obras del canal. Por fin, el día 10 de octubre de 1913, el Presidente de los Estados Unidos, oprimiendo un botón eléctrico, a una distancia de 3,000 kilómetros, hizo saltar el último obstáculo que quedaba en el canal con una carga de 20 toneladas de dinamita. Entonces las aguas del Atlántico se juntaron con las del Pacífico. El primer buque pasó por el canal el 14 de mayo de 1914. El canal fué inaugurado para el tráfico general el 13 de agosto de 1914.


El canal, que representa un esfuerzo colosal de ingeniería, tiene unos 72 kilómetros de uno a otro extremo. Su anchura es desde la mínima de 90 metros hasta la máxima de 300, y su menor profundidad es de 12.5 metros. Como su parte más elevada está a 25 metros sobre el nivel del mar, para llegar a ella tendrán que remontar los buques tres esclusas por una vertiente y descender otras tantas por la otra vertiente. Un buque de tonelaje regular emplea de diez a doce horas en ir de un océano a otro. El costo de esta obra colosal, incluyendo el dinero pagado a la compañía francesa y a la República de Panamá, es de 330 millones de dólares.


45. PROVERBIOS. (II)

Cuanto sabes no dirás, cuanto ves no juzgarás, si quieres vivir en paz.

Cuanto mayor es la subida, tanto mayor es la descendida.

Entre padres y hermanos no metas tus manos.

En tierra de ciegos el tuerto es rey.

En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre.

En boca cerrada no entran moscas.

En buen día, buenas obras.

El viejo en su tierra y el mozo en la ajena, mienten de una misma manera.

El tiempo cura al enfermo, que no el ungüento.

El que tiene tejado de vidrio, no tire piedras al de su vecino.

El mozo perezoso por no dar un paso da ocho.

El melón y la mujer, malos son de conocer.

El gato escaldado del agua fría huye.


46. EL COMPETIDOR

Un día a eso de las seis de la tarde llegó a una posada un hombre. Se sentó y demandó:

—¿Puedo obtener que comer por mi dinero?

El posadero, hombre muy cortés y oficioso, replicó con una reverencia profunda:

—Sin duda, señor; mande Vd. lo que desee, y contentaré a Vd.—Y a la verdad, no era mala la cena. Mientras comía con mucho gusto, el posadero preguntó al huésped:

—¿Acaso le gustará a Vd. una botella de vino?

—Me conviene si puedo obtener algo bueno por mi dinero,—repuso el hombre. Concluida la cena, sirvió el café el posadero y demandó otra vez:

—¿Sin duda le gustará a Vd. un excelente tabaco?

—A mí me gusta todo, si puedo obtener algo bueno por mi dinero,—fué la contestación. Al fin el posadero presentó la cuenta que ascendió a cinco pesetas. Sin examinarla ni mirarla el hombre entregó al posadero una vieja pieza de cinco centavos. Éste la rechazó preguntando con cólera:

—¿Qué quiere decir esto? Vd. ha ordenado las mejores cosas. Vale tres pesetas la cena, una peseta el vino y otra peseta los tabacos.

—Yo no he mandado nada,—repuso el hombre.—He pedido que comer por mi dinero, y esta pieza es todo el dinero que tengo.

Estaba el posadero para ponerse muy colérico, cuando se le ocurrió una buena idea.

—Amigo,—dijo con una sonrisa muy fina,—ya no hablaremos más de eso. No me pagará Vd. nada. Le presento a Vd. graciosamente la cena, el vino y los tabacos. Además, tome Vd. este billete de diez pesetas, si quiere hacerme un gran favor. Dos calles más arriba está la posada del León de Oro, cuyo amo es mi competidor. Vaya Vd. al León de Oro, y haga la misma calaverada.