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Américo Vespucio

Chapter 10: CAPITULO V.
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About This Book

El autor reconstruye y critica la actividad de un navegante florentino en los inicios de la exploración americana mediante el examen crítico de documentos y cartas contemporáneas. Compara versiones contradictorias, privilegia un códice dirigido a Lorenzo de' Medici encontrado en la Biblioteca Ricardiana y confronta esa lectura con la carta atribuida a Pedro Soderini y con las interpretaciones de otros historiadores. Publica ambas cartas en apéndices y discute la veracidad de supuestos viajes posteriores, concluyendo que no existe respaldo archivístico para expediciones adicionales. Además contextualiza la empresa exploradora desde perspectivas marítimas, económicas e históricas.

CAPITULO V.

Aprestos para la marcha—¡Á que poco costo adquiría la España un mundo!—Partida de la expedicion—Derrotero—Descubrimiento—Asombrosos errores—Desviacion de la brújula—Verdadero descubrimiento de Colon.

Señalóse el puerto de Palos para armarse y partir la expedicion que debía lanzarse al Océano á realizar los ensueños de Colon. Dictáronse todas las providencias tendentes á facilitar la partida, y aprovechándose la obligacion en que estaban los habitantes de ese puerto de facilitar como tributo embarcaciones y gentes de mar al Estado, ordenóse el secuestro de dos embarcaciones y su correspondiente tripulacion. Los gastos de la Corona pues, debian ser bien insignificantes, reduciéndose á la compra de víveres y pago de cuatro meses adelantados á los tripulantes. ¡Á tan poco costo iba la España á adquirir un Nuevo Mundo!

El armamento del tercer buque corria por cuenta de Colon y segun afirman casi todos los historiadores, sin que sepamos la fuente de donde han sacado esto, Martin Alonso Pinzon, rico armador del mismo puerto de Palos, facilitó los fondos necesarios para tal objeto, resolviéndose él y su hermano á acompañarle en el viaje, tomando el mando de los buques que debian seguir al Almirante, nombre con el cual se designó desde entónces á Colon. De los tres buques aprestados, solo el que montaba este: la Santa Maria tenia cubierta; los otros dos: la Pinta, mandada por Martin Alonso Pinzon y la Niña por Vicente Yanez Pinzon eran carabelas, no ascendiendo todo el personal de la escuadrilla sino á ciento veinte hombres, reclutados por cierto, con indecible trabajo.

El viérnes 3 de Agosto de 1492, antes de la salida del Sol, zarparon los buques que debian navegar al rumbo que Colon indicase, con la condicion de no tocar en las islas Azores, de Cabo Verde, costa de Guinea ó cualquier otra colonia portuguesa.

Desde el primer dia de la navegacion el Almirante abrió un diario para llevar cuenta de las ocurrencias de ella, de modo que esta parte de la historia tiene fuente segura. En la introduccion de ese diario hallamos de notable que llamase á los Reyes Católicos Reyes de España y de las islas del Mar.—¿De que islas queria hablar?—La Antilla segun la creencia de la época estaba poblada: Cipango y demas islas imaginadas eran dependencias de la India y era de suponer que ese gran Kan, emperador poderoso, no había de estar muy dispuesto á ceder sus dominios á un puñado de aventureros.

Tal vez Colon adivinaba la existencia de algunas tierras inhabitadas ó las suponía tan solo para excitar la codicia de los reyes; pero si se recuerda el empeño con que exigió ser nombrado Gobernador de dichas tierras, es forzoso admitir la primera de esas hipótesis. Sin embargo poca importancia acordaba á dichas tierras pues decía que el objeto principal de su viaje era llevar una embajada á aquel poderoso monarca de la India y tratar de la conversion de los infieles. En corroboracion de lo dicho, veremos como, al llegar al término de su viaje buscaba mas á aquel Monarca que las tierras incógnitas.

Dejando á un lado estas dudas sigamos la narracion de su viaje. Llegada la escuadra á las Canarias, reparadas las averías de uno de los buques, corregidos los defectos de la arboladura de otro, hecha abundante provision, zarpó de la Gomera el dia 6 de Septiembre con rumbo al Sud y no al Poniente como algunos dicen.

Dejemos á un lado las minuciosidades de este viaje y fijemos nuestra atencion en su derrotero y escalas para convencernos que la conducta, las disposiciones y los conceptos de Colon se ajustaban á la carta geográfica que le trasmitió Toscanelli y al sistema de longitudes que este gran hombre había, bajo la fé de Marco Polo, monstruosamente alterado. De la Gomera navegó Colon casi derecho al Sud y acercándose al Trópico de Cancer, dobló de improviso al Occidente, es decir: al rumbo hácia el cual nadie había navegado y conservó la misma direccion hasta que no le indujo á cambiarla el indicio de una tierra cercana.

Con esto Colon trataba de alcanzar el paralelo que le había designado Toscanelli. Allí creía hallar despues de dos meses mas ó ménos de navegacion como le decía aquel en la segunda de sus cartas, ó la tierra incógnita de Tolomeo ó algunos de aquellos lugares, en la parte de la India, donde podría refugiarse en algun contra-tiempo imprevisto y en verdad resultó que despues de treinta y siete dias de viaje solo le faltaban cincuenta y cinco grados para completar los ciento veinte grados determinados en aquella carta. La provision de víveres que hizo, segun dice Gonzalo de Oviedo, era suficiente solo para ese tiempo.

El nombre de India que Colon dió á la América y la pretension que las islas eran del mar Indiano, fué consecuencia de la promesa que le hizo Toscanelli de conducirlo directamente al Asia, á los lugares fertilísimos de toda clase de especería y piedras preciosas; por cuanto todo el que navegase al Poniente siempre encontraría esos lugares al Poniente. Así tambien el nombre Cubanacan pronunciado por los habitantes de Cuba, le hicieron creer que se hallaba en los dominios del gran Kan y la palabra Cibao repetida por los de la Española le hicieron tambien creer que había llegado á Cipango.

Había dado Colon órden de conservar siempre rumbo al Occidente y de navegar hasta setecientas leguas, deteteniéndose en esa distancia pues á tal altura debia hallar tierra. De Europa á la Antilla, como lo hemos dicho, resultaban del cálculo de Toscanelli, dos mil cuatro cientos setenta y cinco millas que hacen algo menos de las setecientas leguas expresadas, luego pues la tierra que creía Colon hallar en esas inmediaciones era la Antilla de Toscanelli.

El viérnes 12 de Octubre de 1492 descubrióse por la tripulacion de la escuadra la tierra Americana. Era esta tierra la isla llamada por los naturales Guanahami y por Colon, San Salvador.

Aquí se nos presenta en toda su grandeza el error de Toscanelli, la temeridad de Colon y el peligro en que estuvo su flota.

Sin las varias islas de la América que pusieron término á su viaje precisamente á la altura en que se le prometia la India, su pérdida hubiese sido segura. En el paralelo que navegó no habría visto tierra sinó cerca de la China y esta, situada por Toscanelli á ciento veinte grados de Lisboa, distaba en verdad doscientos treinta grados. Así pues, aun suponiendo que los vientos y el mar le hubiesen sido propicios en un trayecto tan largo.—¿Donde hubiera podido proveerse y como subsistir por mas de dos meses, con falta absoluta de víveres?—Cuando se considera que Colon se engañó por ciento diez grados asombra tanto riesgo y que errores tan enormes hayan sido coronados de los mas felices sucesos.

En vano se ha dicho en disculpa de Toscanelli que sospechaba la existencia de un continente intermedio, ó al menos de una vasta isla entre la Europa y el Asia.

Pero de tal sospecha no se observa vestigio alguno en sus cartas, escluyendo por otra parte esta hipótesis, su única y absoluta longitud de ciento veinte grados. Ciertamente lo estravió la aparente simetria de su nuevo sistema; asi se comprende que despues de haber, con el testimonio de Polo, agregado cerca de ciento diez grados de longitud á la parte conocida de la tierra, debia llegar necesariamente á disminuir la misma longitud á la parte desconocida del Océano.

En este viaje habia sido Colon muy feliz; los vientos aliseos llevaron sus bajeles por un mar bonancible con deliciosa rapidez. Pero un fenómeno desconocido hasta entonces debía presentarse y dejar perplejo al Almirante. Como no era conocida la desviacion de la brújula ni se creia en otro Norte que en el Norte del Mundo, sin pensarse en la atraccion magnética que debia hacerse sentir al separarse de los paralelos septentrionales, el fenómeno tenía que ser alarmante é inesperado.

Los pilotos que iban en la expedicion ocurrieron al Almirante sobresaltados para que este les explicase la causa de lo que observaban. Hallábase él tan ignorante á este respecto como ellos, pero por no desconsolarlos les dió una explicacion sofística, como hizo Galileo la primer vez que fué consultado respecto á la presion atmosférica sobre la columna de agua.

No está el mérito de Colon en haber descubierto la América, pues jamas pensó él ni sus contemporáneos en la existencia de un nuevo continente.

Las tierras incognitas se suponian agregaciones del continente Asiático y nada nuevo se creía descubrir. Pisando ya la tierra Americana, hacía esfuerzos por reducirla á las informaciones de Marco Polo.

El mérito de Colon está en haberse puesto denodadamente al servicio de la ciencia tal cual se hallaba en aquellos tiempos, en haber aceptado de los sabios una teoría científica y en haberse lanzado á practicarla sin arredrarse ante la necesidad de surcar mares desconocidos y de alejarse de la tierra como nadie se habia alejado. Colon mas que la América ha descubierto el Océano; reveló el misterio de su camino y los mil viajeros que tras él se lanzaron y descubrieron mas tierra que él, no tienen tanto mérito, porque él abrió los horizontes que se creían impenetrables.


CAPITULO VI.

Divagacion por el archipiélago de las Antillas—Pérdida de la nave principal—Desercion de la "Pinta"—Viaje de regreso—Escala en Portugal—Felonía de Pinzon—Coincidencias favorables para la España—Célebres doctrinas respecto á las tierras de infieles—Bula de demarcacion—Triunfos de la diplomacía portuguesa.

Hallábase Colon entre el Archipiélago descubierto lleno de admiracion al ver tan lujosa naturaleza. Los bosques, las praderas, los rios, los lagos, la infinita variedad de las aves, las faldas de las montañas, la suave ondulacion de las llanuras, todo brillaba con los rayos de un sol esplendoroso y la vejetacion exhalaba el perfume mas embriagador.

Pero al mismo tiempo hallábase indeciso; descendia en una Isla y tornaba á las naves para visitar otra y al mismo tiempo iba designándolas con los nombres de Isabella, Española, Concepcion etc., lo que prueba que apesar de no abandonar sus creencias de hallarse en las proximidades del Asia, reconocia que aquellas islas no eran las señaladas en la carta de Toscanelli y en la que él mismo dibujó para guia de su viaje.

Entretanto que asi vagaba Colon por el ancho piélago de las Antillas, dos contratiempos le sobrevinieron; uno fué la desercion de la Pinta á causa de querer su comandante Pinzon adelantar por su cuenta los descubrimientos y recoger las codiciadas riquezas. Otro de los contratiempos y el mas irreparable fué la pérdida de la Santa María, arrastrada por una corriente y encallada violentamente en un banco. Fueron inútiles los esfuerzos que se hicieron para salvarla quedando la escuadrilla privada del mejor buque.

No decayó por esto el ánimo de Colon y aprovechó el tiempo en tomar informaciones de aquellos pacíficos y nobles habitantes de las islas para quienes habia llegado la época de la esclavitud y del martirio. Todos estaban contestes en señalar al Sud la existencia de un vasto y poderoso Imperio á cuyo Soberano obedecian millones de subditos y que poseia inmensas riquezas.

Es indudable que estos indios aludian al Imperio Mejicano, pero Colon entendía que tal Soberano debia ser el Gran Kan y el Imperio, el Oriente.

Mas veíase en malas condiciones para proseguir el descubrimiento, reducido á una sola carabela y rodeado de gente rebelde y mal dispuesta.

Resolvióse por tanto regresar á España, dejando en la Española, Isla en la cual se hallaba el mas simpático de los caciques indios, llamado Guacanajari, un fuerte construido con los despojos de la Santa María y una guarnicion de treinta hombres.

Construyóse el fuerte cerca á la ensenada que llamó de la Navidad, así como el fuerte mismo, primer ensayo de colonizacion que tan desgraciados frutos debía producir, dándose fé desde entónces de que el pueblo que descubría y poblaba la América era el que en peores condiciones se hallaba para hacerlo.

En cuatro de Enero del año siguiente al descubrimiento, esto es de 1493, diose Colon á la vela sin esperar á la Pinta que creía ya perdida; un fuerte viento le hizo derribar hácia el promontorio y ensenada que llamó de Monte-Cristi. A poco de hallarse en este refugio avistó á la Pinta que venía buscando el mismo puerto.

Pinzon defendió su rebeldia con pueriles excusas y aceptándolas Colon, tuvo la primera debilidad que había de serle tan funesta á él y á las colonias. Pensó que castigar al rebelde sería provocar á sus adictos y hacer tal vez imposible su regreso á España; mas de este modo quedó quebrada su autoridad y dispuestos al mal los elementos anárquicos con que contaba para sus futúras expediciones. Así pues, apesar de la llegada de la Pinta, persistió Colon en su designio de regresar á España.

El 9 de Enero se dieron los buques á la vela dejando su refugio y poniendo rumbo al Oriente. Este viaje de regreso fué tan borrascoso como bonancible había sido el de venida. Colon creia perecer y que las noticias de su descubrimiento perecerían con él; en prevision de tan triste suceso, escribió sucinta ralacion de su viaje y con las precauciones del caso, la colocó en un tonel que abandonó á las olas y otro ejemplar hizo colocar en el castillo de popa de su buque.

La Pinta se habia separado y otra vez se creyó perdida, no ya por la rebeldia de su comandante, sinó por el furor de la tempestad.

En fin el 15 de Febrero se avistó tierra. Era la Isla Santa María, la mas meridional de las Azores pero á causa del temporal, no pudo la Niña dar fondo hasta el 17.

Los Portugueses recibieron mal á Colon y á sus subalternos, al extremo de quererse apoderar del buque y aprisionar á estos. Esta hostilidad se atribuye por algunos á que el Rey de Portugal, en la creencia de que la expedicion de los Castellanos menoscababa sus descubrimientos, habia dado órdenes á los gobernadores de sus posesiones, que tratasen de apoderarse de los viajeros, pero la conducta que posteriormente observó el mismo Monarca, desmiente esta suposicion.

El 24 de Febrero prosiguió Colon su marcha y no sin nuevos temporales y peligros consiguió el 3 de Marzo dar fondo en Rastello, cerca de la desembocadura del Tajo. De este punto escribió á los Reyes de España anunciándoles su llegada y pidió permiso á el de Portugal para llegar á Lisboa, por no ser el punto en que se hallaba seguro fondeadero.

Hallábase á la sazon don Juan II con su Corte en Valparaiso á nueve leguas de Lisboa y aunque los descubrimientos de Colon le debieron causar sumo despecho por no haberlos él aprovechado, mostróse con altura y ordenó fuese aquel socorrido de todo cuanto necesitase. El cronista portugues Rui de Pina refiere que no faltaron consejeros que incitasen al Rey á ordenar la muerte de Colon para apoderarse de su secreto; no basta el testimonio del cronista para creerlo, pero fuese de esto lo que fuese, trató el Rey al Almirante con distinguida consideracion. Cabía en el ánimo del Monarca una sospecha y era si el descubrimiento afectaba sus posesiones Africanas, pero Colon explicó claramente que las tierras visitadas por él estaban fuera de todo lo conocido hasta la fecha y en rumbo distinto á el de los descubrimientos de los portugueses.

Despues de esto se partió el Almirante para España, llegando al puerto de Palos el 15 de Marzo á medio dia. No bien habia fondeado la Niña cuando apareció la Pinta que habia sido arrojada á la costa de Cantábria y desde allí habia Pinzon escrito á los Reyes que Colon habia naufragado y que á él se debia el descubrimiento. Habia pues cometido dos injustificables felonías; su rebelion en el archipiélago de las Antillas y su impostura al llegar á España, faltas que si no se disculpan se atenúan por haber auxiliado á Colon al principio de su empresa y porque su arrepentimiento fué tal, que murió de pesadumbre.

Encontrábanse los Reyes Católicos en Barcelona donde Don Fernando habia salvado de una tentativa de asesinato; acababa de firmarse el tratado de paz con la Francia en que esta cedia los condados de Rosellon y Cerdeña. Coincidia este triunfo diplomático con la conquista definitiva de las Canarias empezada por Betacourt y concluida ahora por Alfonso Fernandez de Lugo.

Por último habia fallecido el marques de Cádiz y como no habia dejado sucesion, quedó la Ciudad y Puerto definitivamente anexados á la Corona. Á completar tal número de felices coincidencias llegaba pues Colon con las nuevas de su descubrimiento, cuya grandeza no era aun ni sospechada.

Desde el puerto de Palos hasta Barcelona hay un trayecto regular, debiendo atravesarse por pueblos y ciudades; ese trayecto fué una marcha triunfal para Colon, que iba á caballo y precedido de las muestras de los productos, de los animales y de los indios que habian sido llevados de las tierras descubiertas. Todas las poblaciones salian á victoriar á aquel viajero afortunado que no hacia mucho se habia presentado como un mendigo. Ignoraba Colon, entónces en el apogeo de su gloria, cuantas amarguras tenia que sufrir y como habia de eclipsarse el brillo de su estrella.

Los Reyes recibieron cariñosamente á Colon y oyeron de sus labios la relacion de sus viajes con interes y aun con entusiasmo y agregaron á sus privilegios otras mercedes, entre ellas que pudiera llevar escudo con el símbolo del descubrimiento y la inscripcion siguiente:

Para Castilla y Leon
Nuevo mundo halló Colon.

Al mismo tiempo pensaron los Monarcas asegurar para su dominio los nuevos paises descubiertos. El Derecho de Gentes en aquel tiempo ni estaba muy adelantado ni se consultaba siempre. Entre los medios de adquirir las tradiciones romanas no ofrecian sino la conquista; pero el advenimiento de los Papas y su jurisdiccion espiritual sobre todos los reyes católicos trajo otra doctrina bien original:—Segun ella los infieles no tenian derecho á poseer dominios y cualquier principe cristiano podia desapoderar de sus tierras y sustituir á todo principe hereje. La propiedad del mundo era para los católicos, quienes podian reivindicar toda tierra de infieles y en su virtud el Papa podia distribuir las tierras como árbitro. Asi fué que Martin V y sus sucesores concedieron á la Corona de Portugal todas las tierras que se descubriesen por sus subditos desde el cabo Boyador á las Indias y los Reyes Católicos por un tratado celebrado con el Monarca Portugues en 1479, habíanse comprometido á respetar esos derechos.

Ocupaba entonces el trono de San Pedro el crapuloso Borgia con el nombre de Alejandro VI. Fácil fué convencer á este de que los descubrimientos de los Castellanos tenian otro rumbo que los que habian sido asegurados á los portugueses y al fin, en Marzo de 1493, expidió una bula concediendo á la Corona de España para sus descubrimientos, las mismas seguridades que habian sido concedidas á Portugal.

Agregóse á esta bula la célebre demarcacion por la cual se adjudicaba á la España omnes insulas et terras firmes, inventas et inveniendas, detectas et detejendas versum occidentem et meridiem. Hacíase esta demarcacion por una línea imaginaria que desde el polo Ártico bajase al Antártico, cien leguas al Occidente de las Azores y de las islas de Cabo Verde.

Entretanto preparábase una segunda expedicion á las tierras descubiertas; pero los portugueses á pesar de la célebre demarcacion, estaban recelosos de ella. Empezó entónces una lucha de astucia y de intrigas en que se empleaban el cohecho y los mas viles recursos para descubrir los secretos de este negocio. La corruptora diplomacía portuguesa que debia tener digna sucesion en América, salió triunfante en este caso, con el célebre tratado de Tordesillas, celebrado en 7 de Junio de 1494, por el cual la línea divisoria se modificó, debiendo tirarse tres cientas leguas al Occidente.

No se explica esta concesion que debia ser funesta á la América Española. Con esta modificacion los portugueses mas tarde alegaron derechos para ocupar el Brasil y enseñorearse de una de las mas importantes regiones de la América.


CAPITULO VII.

Segundo viaje de Colon—No fué de descubrimiento sinó de colonizacion—Crueldad de los Españoles—El Padre Las Casas—Licencia para hacer nuevos descubrimientos—Su modificacion—Tercer viaje de Colon—Su conjetura de que la tierra descubierta fuese un continente—Ojeda, y su expedicion en 1499—Pedro Alonso Nuñez—Vicente Yañez Pinzon—Diego Lope—Rodrigo Bastidas—Pedro Alvarez de Cabral—Cuarto viaje de Colon—Américo Vespucio.

El segundo viaje de Colon, emprendido el 25 de Setiembre, partiendo del puerto de Cádiz, con diez y siete buques entre los que iban tres de alto borde, nada notable contiene respecto al descubrimiento. Fué un viaje de colonizacion, llevándose en escuadra tan poderosa, relativamente á la que zarpó en la primera expedicion, pobladores y funcionarios, semillas y animales reproductores.

Con lo primero que tropezó Colon al llegar á la Española fué con la ruina del fuerte que habia dejado en ella y con los vestigios de una sangrienta catástrofe. Los españoles que habian quedado de guarnicion, lejos de seguir los consejos que habian recibido, observaron una conducta imprudente, enemistándose con los Indios y diseminándose por el territorio en busca de botin. Por pacíficos que fuesen los indígenas, al verse tratados tan desconsideradamente habian reaccionado y aun parece que el mismo cacique Guacanajari, si no fué cómplice en la muerte que dieron á los colonos, fué impotente para defenderlos.

Los que nuevamente llegaban al ver la triste suerte de los que les habian precedido, sin atender las causas que la habian ocasionado, se inflamaron en deseos de venganza y la colonizacion de la América empezaba asi bajo terribles auspicios.

Bien pronto la crueldad de los Españoles empezó á manifestarse, no ya por los arranques de la venganza, sinó por la codicia y el desenfreno; fué decretada la esclavitud y el martirio de los indios que tuvieron su historiador especial en el Padre Las Casas, el único que abogaba en favor de esos seres desgraciados, pues Colon, tan osado navegante, y tan intrépido para el descubrimiento, demostró gran debilidad de caracter y ningunas aptitudes como gobernante. Es verdad que los elementos de que disponia eran anárquicos y rebeldes, pero tambien es cierto que estos elementos hubieran sido refrenados, si desde un principio hubiese el Almirante desplegado energía y prestigiado su autoridad.

No pretendemos escribir la historia de la colonizacion de la América ni indirectamente importan sus detalles á lo que nos hemos propuesto en esta obra, asi es que prescindimos de desvelar esos cuadros groseros y sangrientos con que los Españoles inauguraron la vida civilizada en este Continente y pasaremos á ocuparnos de lo que debe llevarnos á nuestro objeto.

Regresó Colon á Cádiz de este segundo viaje el 11 de Junio de 1496, habiendo empleado ocho meses en la travesía.

Miéntras habia estado ocupado en sus trabajos de poblacion y arreglo del Gobierno de las islas, en Abril de 1495, se concedió por el Gobierno Español licencia general para hacer descubrimientos en el Nuevo Mundo ó en las Indias, como entónces se le llamaba. En 2 de Junio de 1497 se corrigió esa órden, declarándose que esa licencia fuese sin perjuicio de los derechos acordados á Colon y que las expediciones que saliesen, no deberian tocar en ningun punto de los descubiertos por él antes de la fecha de esa licencia general.

El 30 de Mayo de 1497 salió Colon de San Lucar para su tercer viaje, llegando el 27 de Junio á las islas de Cabo Verde de donde zarpó el 5 de Julio, haciendo rumbo al Sud Oeste. El 1o de Agosto vió tierra al Sud; creíase en siete grados pero en rigor se hallaba en los diez grados; la tierra que habia divisado era la embocadura del Orenoco, pero creyéndola isla, la llamó Isla Santa. Hizose á la vela y entró al golfo conocido despues con el nombre de Párias, donde halló que las ondas eran dulces, lo cual causaba el caudal de agua de aquel gran rio, haciéndole conjeturar que aquella tierra fuese un continente, pues tan gran rio no podia nacer en una isla, por grande que fuese.

Hechos estos descubrimientos navegó al Nord Oeste y llegó á la Española el 15 de Agosto.

Á consecuencia de la licencia concedida, de que hemos hablado para hacer descubrimientos en el Nuevo Mundo, Ojeda en Mayo de 1499 con cuatro buques bien tripulados, zarpó de España é hizo una atrevida expedicion al Sur del nuevo Continente, visitando doscientas leguas al Oriente del Orenoco hasta el Golfo de Párias. Despues veremos que llegó aun mas adelante.

Ojeda no era un marino; habia sido un soldado atrevido en la guerra con los Moros; un prodigio de valor y de fuerza física; amante de las aventuras, habia acompañado á Colon en su primer viaje y habiale servido denodadamente.

Pero á pesar de todo no era capaz de dirigir una expedicion marítima tan bien conducida como la que se habia llevado á cabo á su nombre; era necesario que sus buques fuesen dirigidos por persona entendida en la cosmografía y quien fuera esta persona lo hemos de ver mas adelante.

El 5 de Setiembre arribaron los cuatro buques á la Española y mas de un conflicto tuvo lugar entre los pobladores y los expedicionarios.

Despues de la expedicion de Ojeda, hicieronse muchas otras: Pedro Alonso Nuñez zarpó poco despues de él, llegando á la tierra firme por el Sur de Párias, la costeó por alguna distancia atravesando el golfo y navegando desde alli ciento treinta leguas á lo largo de la costa de la hoy Colombia. Vicente Yañez Pinzon hizo otro viaje en 26 de Enero de 1500 y descubrió el cabo de Santa María, hoy San Agustin en la costa del Brasil; tomando al Occidente, descubrió el Marañon hoy Amazonas, continuando por el mar Caribe y golfo Mejicano, atribuyéndose haber sido el primero que pasó la Línea.

Diego Lope y Rodrigo Bastidas de Sevilla en 1504 hicieron otra expedicion sin resultado alguno. Por último Pedro Alvarez de Cabral, en 9 de Marzo de 1500, arrebatado por una tempestad, pasó los quince grados y desembarcó en un puerto que llamó Puerto Seguro.

El 9 de Mayo de 1502 salió Colon de Cádiz para su cuarto y último viaje, siempre en busca como los otros exploradores, del paso á las Indias. Fué en este viaje que despues de grandes temporales y contratiempos serios descubrió la costa de Honduras, dobló el cabo y creyendo que debia darle paso para el Oriente, lo llamó Gracias á Dios.

Despues de estos cuatro viajes hallábase Colon en España sin comprender que habia descubierto un nuevo continente y reducido á solicitar de la Corte el cumplimiento de lo que se le habia prometido. Ayudábalo en estas instancias un hombre generoso á quien Colon mismo presentaba como digno de mejor suerte, pues habia llevado á cabo empresas de grande importancia.

Este hombre era Américo Vespucio.


CAPITULO VIII.

Florencia—Monumentos de Vespucio—Obras escritas sobre él—Nacimiento y familia de Vespucio—Su relacion con Lorenzo el Magnifico—Comisionado por este, parte á España—Época de esta partida—Como fueron utilizados sus conocimientos.

El viajero que se haya detenido en esa encantadora ciudad de la Italia extendida sobre las orillas del Arno, que ha dado inspiracion á los poétas, pensamientos á los sabios é idealidad á los artistas y que por las selvas y jardines que la rodean, bien hicieron en llamarla Florencia, habrá notado, casi al fin de la ancha calle de Borgo Ognissanti, donde ahora existe un hospital conocido por de San Juan de Dios, por haber sido convento de los religiosos de esa órden, unas armas de nobleza sobre la puerta principal del mismo edificio y una lápida de mármol en la cual se lee la siguiente inscripcion:—

Américo Vespuccio Patricio Florentino
Ob repertam Américam
Sui et Patriæ nominis ilustratori
Amplificatori Órbis Terrarum
In hac olim Vespuccia domo
A tanto viro habitata
Patres Santis Joannis de Deo Cultores
Gratæ memoriæ causa.

Tambien habrá notado el viajero que bajo la galería que está al frente del Palacio de Uficci, cerca del gran pórtico que dá al rio, entre las estátuas de los mas esclarecidos varones de la Toscana, se encuentra la de un hombre esbelto, de rostro altivo que ennoblece su nariz aguileña y su espaciosa frente, vestido á la usanza del siglo XV y á cuyo pié se lee:—Américo Vespucio.

Por último cualquiera que frecuente las Bibliotecas de Florencia hallará obras apasionadas escritas en elógio del mismo Américo y códices que contienen sus cartas, verdaderas unas y tal vez apócrifas otras, en que están referidos sus viajes y sus descubrimientos.

Pues estas demostraciones de un pueblo tan culto como el Pueblo Florentino, deben despertar el deseo de investigar si son puras exageraciones y si el viajero que abandonó sus nobles lares en busca de aventuras, no es sinó un impostor, como se ha dado en llamarle ó si ha desempeñado realmente un papel importante en el descubrimiento del Nuevo Mundo, mereciendo que su nombre designase el Continente inmenso que interceptó el trayecto que otro Florentino designó al intrépido Colon para ir en busca de recto camino á las Indias Orientales.

La vida, viajes y escritos de Vespucio nos darán la solucion de estas dudas á las cuales poca atencion se ha prestado; pero restituir su fama á quien la merece es un acto de justicia, una reparacion para la cual nunca es tarde y que puede vulgarizar un punto poco conocido de la historia.

Era la familia de Vespucio noble y antigua en Toscana por mas que su aparicion en Florencia no date sinó del siglo XIII, época en que dejó su residencia de Perétola, aldea situada como á tres millas de aquella ciudad, en deliciosa campaña hácia el Poniente.

Hombres ilustres y algunos no extraños á la poesía y á las letras contó esta familia, de la cual dice Ugolino Verini:

Venit et ex isto Soboles Vespuccia vico
Egregis ornata viris, nec inhospiti Mussis.

Muchas obras piadosas fueron llevadas á cabo por miembros de esta familia, entre ellas un hospital y una Capilla sepulcral en la Iglesia de Todos Santos que hoy da frente á la Plaza Manin sobre la ribera del Arno.

Tambien cuentan las crónicas florentinas que esta familia en 1342, concluyó una paz con la no menos noble de los Grifoni de San Miniato y como esta época coincide con su retiro á Florencia y algunas de sus propiedades pasaron á esta última familia, parece cierto que estos arreglos ó transacciones fuesen la causa de su cambio de domicilio.

Mas de un siglo transcurrió entre esos acontecimientos y el nacimiento de Américo que tuvo lugar el 9 de Marzo de 1451 como consta de un libro de registro que se conserva en uno de los archivos reales.

Eran sus padres Anastasio Vespucio é Isabel Mini, siendo el abuelo el primero que aparece en la familia con el nombre de Américo y era notario de la Señoria, empleo en aquellos tiempos de alta consideracion. Hallase su sepulcro en la base del campanario de la arriba citada iglesia de Todos Santos.

En su adolescencia instruyóse Américo en las letras bajo la direccion de su tio Jorge Antonio Vespucio, religioso de San Márcos, en compañía de Pedro Soderini, que fué Gonfaloniero vitalicio de la República y á quien aparecen dirigidas algunas de sus cartas.

En esta instruccion y ejercicios literarios y científicos, habiendo tambien sido discípulo del célebre Toscanelli, pasó sus veintisiete años, en cuya época era ya versado en ciencias físicas, cosmografía y astronomía.

Florecía en esos tiempos la célebre Academia Platónica, protegida por Lorenzo el Magnifico y frecuentándola, obtuvo la proteccion de ese poderoso Medici, sabiéndose de cierto que habitaba con él, pues existen varias cartas que le eran dirigidas en esta forma:

Ad Amerigo Vespucci in casa di Lorenzo di Pier Francesco de'Medici.

Los Medici tenian casas de comercio en varias partes del Mundo y sobre todo en España y no satisfecho Lorenzo de la administracion de esta última, encargó á Américo que fuese á inspeccionarla. Trece cartas recibidas por este en Florencia, felizmente conservadas, sirven para demostrar la época, al menos apróximadamente, de su partida para España.

Segun esas cartas encontrabase aun en Florencia en 1492, aunque la última de ellas data del 9 de Marzo de 1491, pues es sabido que en aquellos tiempos empezaba á contarse el año desde el 25 de Marzo, dia de la Encarnacion y arreglándonos al cómputo actual, aquella fecha correspondia al año expresado de 1492.

La primera carta escrita por Américo desde España, carta puramente mercantil, es de fecha 30 de Enero del mismo año, esto es: segun el cómputo actual, de 1493. Su partida de Florencia debe colocarse pues entre esas dos fechas, es decir cuando Colon estaba por hacer su primer viaje de descubrimiento.

El abate Bandini, autor de la vida de Vespucio, comete un anacronismo al fijar esa partida en 1490 y un error al suponerle otros motivos.

Al partir Américo á España, á mas de los estudios literarios y científicos que hemos visto habia hecho, llevaba una firme vocacion al comercio y á los viajes, que habian de proporcionarle las ocasiones de aplicar esos conocimientos y como dice muy bien el padre Canovai, autor de otra Biografía suya, es muy probable que el ejercicio del comercio importase para él tambien el ejercicio de la marina, pues asi como los grandes artistas no toman el pincel ó el buril para hacer obras maestras de improviso, asi tampoco podia Vespucio haber hecho sus grandes viajes y descubrimientos, sin haberse ejercitado ántes en el arte práctico de la náutica.

Como entró nuestro héroe en relaciones con el Rey de España, es un punto oscuro; el citado padre Canovai lo explica por el poco afecto que aquel Monarca tenia á Colon y por el deseo de hallar un hombre que lo eclipsara y encontrase ántes que él la solucion del problema deseado, esto es: el paso marítimo para el Oriente.

El Abate Bandini no explica mas satisfactoriamente el asunto; se limita á decir que habiendo presenciado Américo los grandes descubrimientos del primer viaje de Colon, concibió el deseo ardiente de emprender nuevas y mas vastas exploraciones, valiéndose de sus mayores conocimientos en la Cosmografía. Para explicar el acceso de Vespucio con el Rey, no dice sinó que este tenia un alto concepto de sus aptitudes. Pero esto no satisface, pues es poco verosímil que Don Fernando pudiese apreciar las aptitudes de un comerciante extranjero y hasta entónces desconocido.

En la historia de Colon todo se conoce, hasta los mas insignificantes detalles; en la historia de Américo todo es duda y misterio; parece que este hombre cayera de las nubes solamente para dar su nombre al mas grande descubrimiento de los siglos.

Si quiera estas dudas no se refieren sinó á la parte ménos importante de este estudio, pero al entrar á la historia de sus viajes verá el lector como esas dudas se agigantan y como aumentan esas dificultades.


CAPITULO IX.

Silencio de los autores contemporáneos de Vespucio—Pedro Martire—Dacada Mosto—Historia escrita por Don Fernando Colon—Gonzalo de Oviedo—Francisco Lopez de Gómara—Antonio Herrera—Como considera á Vespucio—Relacion del viaje de Ojeda.

Nos sorprende ver que en las obras de los primeros autores que emprendieron escribir la historia del descubrimiento de América, no se encuentra quien se ocupe detenidamente de Vespucio, exceptuando á Pedro Martire Italiano, pero empleado al servicio del Rey de España en el Consejo de las Indias, quien lo clasifica de hábil marino y astrónomo y lo presenta como autor de una carta marítima hecha con sus conocimientos adquiridos navegando muchos grados mas allá de la Línea, en las naves Portuguesas, sin decir que hubiese navegado ántes en las naves Españolas.

En 1507 fueron publicadas en Italia en dos distintas ediciones, dos relaciones de los viajes de Américo Vespucio, diciéndose escritas por él mismo y otra relacion inédita fué tambien publicada por el Señor Canónigo Bandini, anexa á la Biografía del expresado Vespucio, en 1745 y por último otra relacion referente á otro de sus viajes, fué publicada por primera vez en 1789 por Francisco Bartolozzi, en Florencia.

Estas relaciones es todo lo que existe de positivo en favor de los descubrimientos de Américo Vespucio y la historia de Antonio Herrera escritor español, que escribió mas de cien años despues del descubrimiento de la América, es todo lo que, ademas del silencio de los primeros escritores, existe de positivo en contra de esos mismos descubrimientos.

Examinaremos ligeramente lo que refieren esos primeros historiadores, para pasar despues á ocuparnos de las cartas y relaciones del mismo Américo.

Pedro Martire, nativo de Anghiera en el Lago Mayor de la Lombardia, era, como hemos dicho, uno de los que componian el Consejo de Indias y escribió en diversas cartas, una relacion de los primeros descubrimientos de Colon, á medida que éste los hacia, la que suspendió cuando aquel cayó en desgracia, agregando despues los posteriores descubrimientos de los Castellanos, por lo cual llamó Decadas á las tres partes de su obra (De rebus Occeanis Decades tres).

Refirió los tres primeros viajes de Colon agregando los que hicieron Alonso Nuñez y Pinzon, no hablando del cuarto viaje sinó al fin del décimo libro de la primera Decada, que escribió diez años despues.

Existe por lo tanto una interrupcion bien notable en esta obra y un vacio precisamente en la época, en que no podia ménos que hablar de Vespucio y de Ojeda por su llegada á la Española y como dice muy bien Bartolozzi, debia esto haber hecho mas cautos á aquellos que han fundado sus objecciones contra Vespucio, en el silencio de este historiador. La causa de esta interrupcion en la obra de Martire, se sabe que fué la de haber sido enviado á la Legacion de Venecia.

Sin embargo, este es el solo entre los historiadores originales y de la época del descubrimiento que hable de Américo Vespucio, pues las relaciones del Piloto Veneciano Dacada Mosto, que descubrió las Islas de Cabo Verde cuarenta años ántes, las rebate el mismo Martire negándoles originalidad, por no haber viajado dicho Piloto con los Españoles, en cuyos viajes no era permitido ir á ningun extranjero, refiriendo que para conseguir que fuese un compatriota suyo, tuvo que obtener un despacho especial, no concediéndose licencia despues de esto sinó á algunos pocos Genoveses, por gracia del hijo del Almirante. Hablando tambien de la expedicion de Pedro de Arias á la que se refiere el relato de Dacada Mosto, dice que era Piloto de la nave principal Juan Vespucio, sobrino de Américo, á quien este dejó en herencia la pericia del arte náutico y del cálculo de los grados.

Hacemos esta cita para demostrar que si bien Martire niega originalidad á Decada Mosto por no haber podido como extranjero, enrolarse en las expediciones de los Españoles, no dice que fuese absoluta esta prohibicion y mucho ménos que se refiriese á los extranjeros que se hallaban en servicio de la España, como el citado sobrino de Vespucio y como este mismo.

Hemos demostrado que el silencio de Martire respecto de los viajes de Vespucio por cuenta de la España, no es prueba de que estos viajes no se hiciesen y ahora queda igualmente evidenciado que si negó que Dacada Mosto pudiese hacer parte de las expediciones por ser extranjero, no puede aplicarse el argumento por analogía á Vespucio de cuyo sobrino nos habla presentándolo como heredero de las habilidades del tio. Además en el mismo libro de Dacada Mosto, se lee que Américo habia hecho dos viajes por mandado del Serenísimo Rey de España hácia el Occidente y es claro que conforme combatió al autor por pretenderse original, pudo haber tambien desmentido esa aseveracion que, aunque contenida en aquel libro, era transcripta de la relacion del mismo Américo. Su celo en combatir al autor, no se conciliaría con su indolencia en tolerar una tal impostura si lo hubiese sido: por eso dice muy bien Bartolozzi que el silencio de Martire respecto de Vespucio, mirado como argumento en contra, aparece ahora como argumento favorable.

Don Fernando Colon escribió una historia ó mas bien una biografía de su padre Cristóbal Colon, primer descubridor del Nuevo Mundo. Dice que este mismo habia empezado á escribirla, y que él modificó algunas cosas que le parecieron ó muy engrandecidas ó muy disminuidas, confesion que en verdad hace un poco sospechosa la obra. Sinembargo debese considerar como un historiador original porque tenia á su disposicion los mas auténticos documentos, esto es: las cartas de su padre y tambien por haber ido con él en su tercer viaje.

Calla los viajes de todos los otros descubridores hablando solo de Alfonso de Ojeda que iba con cuatro buques para descubrir, habiendo llegado el 5 de Setiembre de 1499 al puerto que los cristianos llamaron del Brasil y los indios llamaban Taquino. En seguida pasa ádescribir todas las aventuras que Ojeda tuvo en la Isla la Española, donde llegó en seguida; ningun otro historiador contemporáneo habla de esto y recien Herrera que escribió un siglo despues, copió al pié de la letra todo lo que se refiere á Ojeda; por lo demás Don Fernando ni menciona á Vespucio.

Gonzalo Fernandez de Oviedo en su historia general de las Indias, no habla del viaje de Ojeda ni de Vespucio.

Nos llama la atencion en este autor que al describir el tercer viaje de Colon diga que partió de Cádiz en Marzo de 1496, cuando es auténtico que partió en Mayo de 1498, en lo cual concuerdan Pedro Martire y Fernando Colon, ámbos testigos oculares del hecho.

Francisco Lopez de Gómara tampoco habla de Vespucio, solo se refiere á Ojeda cuando fué soldado de Colon en los primeros viajes, pero no cuando fué al mando de la expedicion descubridora.

El Padre Las Casas no hizo la historia del descubrimiento, sinó la historia de la destruccion de las Indias por los Españoles, y del suplicio y esclavitud de los Indios, no es extraño pues que no hallemos en él algo relativo á Vespucio.

Antonio Herrera, historiógrafo mayor de su Majestad Católica publicó en Castilla, La Historia General de los Castellanos en las Islas y Tierras firmes del mar Océano, un siglo y nueve años despues del primer descubrimiento de Colon. Apesar de ese lapso de tiempo, tiene algo de original, porque ha podido extraer de los archivos las memorias que los diversos procesos por los negocios de la India, le han suministrado, como se vé en su obra. Este autor que ha sido la fuente en que todos los posteriores escritores han bebido, se hizo de gran reputacion por la gran cópia de noticias que presentó al público y que no se encontraban en los otros autores.

Habla mucho y en varios lugares de Américo Vespucio y aun parece que buscase artificiosamente las ocasiones de hacerlo. Es el primero y parece que el único autor Español entre los de aquel tiempo, que acusa de mala fé á Américo y sobre sus acusaciones está fundado todo lo que contra él se ha esparcido.

Herrera conocia las relaciones de los viajes de Américo Vespucio, ya en aquel tiempo publicadas en varias ediciones, puesto que las copió literalmente.

Discrepó de esas relaciones en cuanto á la fecha del primer viaje que lo hace pasar en 1499, en la misma expedicion de Ojeda, de que hablamos antes, siendo Piloto Juan de la Cosa y yendo Américo Vespucio en calidad de Cosmógrafo. Muchos datos sacó Herrera para esto del proceso que se hizo en España sobre las sediciones y revueltas que tuvieron lugar en la Española y en las que tomó parte Ojeda. Parece que en este proceso no figura Américo, porque Herrera que busca lacerarlo en su reputacion, no hubiese por cierto desperdiciado esa ocasion.

Lo único que deduce de tal proceso, es una contradiccion en la duracion del viaje, que dice ser de veinticinco meses, miéntras que Vespucio parece darle una duracion menor.

Pero refiere todas las aventuras que referido habia Américo aun en su primer viaje, de modo que las divergencias no están sinó en las datas.

Es indudable pues, apesar del silencio de Pedro Martire y de los demas escritores contemporáneos, apesar de los cargos y de las contradicciones de Herrera, que Américo Vespucio viajó al Nuevo Mundo en las naves españolas. Lo que debemos averiguar ahora es la data cierta de su primer viaje.


CAPITULO X.

Américo Vespucio, único historiador original de sus viajes—Su mas antiguo documento—Carta dirigida á Lorenzo de Medici—Juicio sobre ella—Comparacion con la carta dirigida á Pedro Soderini—Antedata de este documento—Inocencia de Vespucio en esa antedata.

Américo Vespucio es pues el solo historiador original de sus propios descubrimientos, puesto que lo que los otros historiadores de las demas naciones dijeron respecto de ellos, no fué sinó copiado ó sacado de las relaciones que él mismo escribió.

Su mas antiguo documento que conozcamos es de fecha 18 de Julio de 1500 y consiste en una carta dirigida á Lorenzo de Medici que se encontró en la Biblioteca Ricardiana de Florencia. Es un precioso monumento por qué sin él se ignoraria lo mas grande que alcanzó en la ciencia astronómica, como tendremos ocasion de examinar.

El segundo escrito es una carta dirigida al mismo Lorenzo de Medici relativa á su tercer viaje.

El tercer escrito es otra carta dirigida al mismo Lorenzo de Medici en que describe mas circunstanciadamente ese tercer viaje.

En cuanto á su cuarto viaje no puede haber carta alguna dirigida al mismo Lorenzo de Medici, que murió en la época en que Américo partia de Lisboa para emprenderlo, esto es en Mayo de 1503 segun la fecha de la carta ó poco antes, como nosotros lo demostraremos; pero aparece con fecha 4 de Setiembre de 1504, una carta dirigida á Pedro Soderini, Gonfaloniero de la República Florentina, que comprende la relacion de sus cuatro viajes. Esta carta misma se vé en otras colecciones, dirigida á Renato Rey de Jerusalem y de Sicilia, alteracion ridícula, pues en esa carta se hace mencion de haber sido condiscípulo de aquel á quien se dirige, cosa que no puede ser aplicable sinó á Soderini, como lo hemos visto en el capítulo octavo.

La primera carta dirigida á Lorenzo de Medici, se ha publicado con un epígrafe, puesto por agena mano, para hacer creer que es la relacion de su segundo viaje; comparada con el capítulo segundo de la dirigida á Soderini que habla del mismo segundo viaje, es muy difícil coordinarlas.

En primer lugar, la introduccion de esa carta supone que Vespucio estaba en correspondencia con Medici, pero en correspondencia puramente mercantil, ó almenos agena á sus viajes ó á otra cosa de tal importancia, lo que concuerda con lo que hemos dicho en el Capítulo primero de que desde España le instruia del estado de los negocios, como que era su agente mercantil.

Dice en esa introduccion que hace tiempo que no le escribe y que esto aviene por no haber ocurrido cosa digna de mencion. Pero no es presumible que dejase de considerar digno de mencion á su primer vlaje, al menos tan digno de mencion como el segundo y es inadmisible que entrase á hablar de este viaje sin hacer la menor referencia del primero, á lo ménos para reanudar su relacion.—¿Habria ya escrito al mismo Medici sobre ese viaje?—Pero en este caso se habria encontrado la carta como se han encontrado las otras. Ademas dice Vespucio que la presente carta tiene por objeto darle á conocer su llegada á España de su viaje, que no llama primero ni segundo y porque supone que tendrá placer en saber estas noticias, con cuyas palabras dá á entender claramente que abre recien una serie de epístolas sobre este asunto y no que continúa una relacion empezada con anterioridad.

Por otra parte, el punto de partida para el Océano desconocido aparece en esta carta tomado de la Isla de la Gomera, la mas Occidental de las Canarias, mientras que en el segundo capítulo de la carta á Soderini, aparece este punto de partida, tomado de la Isla de Fuego al Sud de las del Cabo Verde. En una se dice haber navegado cuarenta y cuatro dias al Sud y en la otra solo veintitres dias en la misma direccion.

Ademas el punto principal y mejor descrito del Continente Americano, es en la carta dirigida á Lorenzo de Medici, el Golfo de Párias, punto que condice con el punto descrito en el capítulo primero de la carta á Soderini con el nombre de Puerto y Provincia de Lariab, palabra que los autores interpretan por Párias, siendo causa de la variante los errores de copia.

Así pues, es nuestra persuacion que la referida carta dirigida á Medici no se refiere al segundo viaje de Vespucio, sinó al primero á pesar de lo que se dice en el epígrafe que se le ha puesto.

Mas nos afirmamos en esta creencia al considerar que dicha carta es escrita desde la ciudad de Sevilla, como se comprende por las siguientes palabras de su introduccion: "Y la presente tiene por objeto daros noticia como hace cerca de un mes que vine de la parte de la India por la via del mar Océano á esta ciudad de Sevilla etc." De modo que, aunque en la fecha de la carta no se expresa el lugar desde donde se dirige, es indudable que la dirigió desde aquella ciudad de España. En la conclusion de la misma carta se leen las siguientes palabras: "Aquí me están armando tres naves para que nuevamente vaya á descubrir etc." Y como nadie ha pretendido que Vespucio hiciera mas de dos viajes por cuenta de España, ni aun que proyectase un tercer viaje, no cabe la menor duda de que su carta dirigida á Medici se refiere al primero y no al segundo de sus viajes.

Pero esta marca la fecha de su partida en 18 de Mayo de 1499 y no 1497 como se lee en la carta dirigida á Soderini. Estando á la primera data ella concuerda con el viaje de Ojeda y con lo referido por el historiador Herrera y un documento que concuerda así con otros testimonios, debe ser mas creido que un documento que no tiene concordantes. No dejaremos de mencionar tambien lo que dice Vespucio en un párrafo de su carta referida que, hallándose despues de su descubrimiento cerca de una Isla llamada la Española, descubierta por el Almirante Colon seis años hace acordamos de ir á ella. Estas palabras son un dato precioso para convencernos de la verdad de la fecha de este viaje, pues habiendo descubierto Colon esa Isla á fines de 1492, la data de 1499 tiene otra concordancia á mas de las expresadas, y el haber arribado á la Española, otra coincidencia con lo referido por Herrera. Por otra parte la carta á Soderini se conoce porqué ha aparecido publicada, sin que aparezca ciertamente donde lo fué primero, mientras que la carta á Medici fué extraida de un códice existente en la Biblioteca Ricardiana de Florencia.

No queremos decir que aquella carta sea apócrifa, pero si que ha sido antedatada tan poco razonablemente como se puso en la otra aquel epígrafe que indica ser la relacion del segundo viaje.

La causa de haber antedatado aquella carta y de haber puesto tal epígrafe en ésta, es fácil demostrar. Colon partió para su tercer viaje en 1498 y fué la primer vez que tocó en el Continente Americano; en aquella antedata se hacía llegar primero á Vespucio, resolviéndose asi la disputa de quien había sido el primero en descubrir el Nuevo Mundo, como si no hubiese gloria sinó para el que consiguiera pisar por primera vez la tierra firme.

Que no fué Vespucio el autor de la antedata es bien fácil demostrarlo. La fecha de la carta á Medici es anterior cuatro años á la dirigida á Soderini y no puede suponerse que quisiera verse desmentido tan facilmente y que habiendo tenido la intencion de cometer tal impostura, no hubiese antedatado las dos cartas.

Y como la publicacion de esas relaciones se hizo cuando surgió la polémica de quien habia llegado primero al Continente Americano, si Colon ó Vespucio, parece fuera de duda, que la antedata ha sido hecha por los mismos polemistas, parciales del segundo.


CAPITULO XI.

Obra del Sr. Varnhagen—Error en que ha incurrido—Explicacion que dá á los viajes de Vespucio—Aceptacion de la carta dirigida á Soderini—Error de la latitud—Se demuestra este error—Supone que Vespucio hiciera un quinto y sexto viaje—Se rechaza esta suposicion.

Entre los modernos no conocemos otro autor que se haya ocupado de estas cuestiones, sino el señor F. A. de Varnhagen, hoy baron de Porto Seguro diplomático brasilero, que escribió dos opúsculos, el primero titulado: Le premier voyage d'Amérique Vespuci, définitivement expliqué, dans ses details, y el segundo: Amérique Vespuci, son caractére, ses ecrits, même les moins authentiques, sa vie et ses navigations, ámbos escritos en idioma francés.

Mucho deseabamos conocer esta obra, que al fin hemos podido ver en la Biblioteca de esta Provincia, porque creíamos hallar en ella muchos datos relativos al segundo y tercer viaje de Vespucio, por la facilidad que necesariamente debía tener para encontrarlos, persona tan altamente colocada como el autor, cuya residencia ha sido y es desde mucho tiempo, en las cortes Europeas. Pero nos hemos equivocado; el Señor Varnhagen no ha tenido á su vista mas datos que los que tenemos nosotros, por mas que los haya buscado, como lo dice.

Sin poder utilizar su obra en ese sentido, nos ocuparemos de las apreciaciones que hace respecto de los viajes de Vespucio. El Señor Varnhagen es partidario caluroso de éste, al extremo de que sus obras mas que una historia, son un elógio del descubridor florentino. No es extraño; se necesita mucha frialdad, mucha despreocupacion para no dejarse cautivar por los escritos de los autores Toscanos y el Señor Baron de Porto Seguro, hizo un viaje á Florencia expresamente, para estudiar estas cuestiones, como el mismo lo dice en una de sus obras.

Pero ántes de hacer este viaje había leído y estudiado la relacion que Vespucio dirigió á Pedro Soderini, en la que, en cuatro capítulos, refiere sus cuatro viajes; los dos primeros en las naves Españolas y los dos segundos por órden del Rey de Portugal.

Aceptó esa relacion en todas sus partes como auténtica, la estudió detenidamente, hizo esfuerzos para conciliar sus contradicciones, se valió de toda su erudicion cosmográfica, lingüistica y aun orientalista y tan seguro estaba de sus conclusiones que no vaciló en poner por título á su obra:—explicacion definitiva.—Despues de estos estudios, despues de creer hallada esta verdad definitiva, hallarse en Florencia con nuevos datos, entre ellos, la carta dirigida por Vespucio á Lorenzo de Medici en la Biblioteca Ricardiana de aquella ciudad, era una contradiccion insufrible para un carácter como el del autor.

Así es que, contra la opinion, aun de los mas apasionados en favor del explorador florentino, calificó esa carta de absurda; la tachó de indigna de crédito por no ser original, pero no ha hecho una demostracion crítica de las absurdidades y contradicciones que atribuye á ese documento.

Cierto es que dicha carta hallada en la arriba expresada Biblioteca, no es original; pero es cierto que es un códice reputado auténtico por todos los que han escrito en favor de Vespucio y que sus datas y su contenido concuerdan con la relacion del historiador Herrera; miéntras que la carta dirigida al Soderini no concuerda con ningun otro documento, ni existe en Italia códice alguno con que poder confrontarla. Todos los razonamientos que hemos hecho para demostrar la tésis contraria de la que sostiene este autor, no se debilitan con los calificativos que él emplea, por lo cual no nos detendremos en estas consideraciones.

Pretende que Vespucio en su primer viaje llegó al cabo Gracias á Dios en Centro América y que la Venezuela de que habla debe ser un punto cerca de Coatzacoalcos. Cree que no es error ó alteracion la voz:—Lariab—nombre que atribuye Vespucio al puerto y provincia en que tocó en su primer viaje; la tiene por pura voz Huaxteca, porque en el número de los quince ó diez y seis nombres de aldeas Huaxtecas de los que Orozco ha podido recoger, tres acaban en ab y tienen sílabas con la letra l, son:

Tanlayab, Tancuayalab, Tancuallalab; concluyendo por decir que tal vez la sílaba ab tiene en la lengua Huaxteca un sentido análogo á aquel de Tuba ó Tyba en Guaraní ó como otras designaciones que se encuentran en el Céltico y en otras lenguas Orientales en los nombres de Estados ó Naciones.

Pero en primer lugar sería necesario que estuviese admitido que Vespucio en su primer viaje llegase al cabo Gracias á Dios y no á las bocas del Orénoco y que las provincias que visitó, fuesen en realidad Huaxtecas; en segundo lugar nos parece que el existir en diez y seis nombres de aldeas, tres que concluyan en ab no es bastante prueba para que se concluya que la voz Lariab no es adulteracion de la voz Párias.

El lector verá en el capítulo siguiente que Vespucio llegó en su primer viaje á las bocas del Orénoco y al Golfo de Párias y que las razones cosmográficas que convencen de esto, destruyen la erudita hipótesis de este autor.

En resúmen, sienta él las conclusiones siguientes:

1o. Que Américo hizo su primer viaje en 1497 y 98, aceptando por verdadera la data de la carta dirigida á Soderini.

2o. Que en este viaje no estuvo en el Golfo de Párias ó Venezuela, pero sí en las costas de Honduras, de Yucatan, del Golfo Mejicano y Florida.

3o. Que tocó al Sur y al Norte de las fronteras del imperio Mejicano y navegó sus costas sin tocar en él.

4o. Que esta expedicion concluyó en el Cabo Cañaveral en veintiocho y medio grados de latitud Norte.

5o. Que Vespucio circunnavegó en este viaje las penínsulas de Yucatan y Florida.

6o. Que de este modo adquirió en 1498 la certidumbre de que Cuba era Isla.

7o. Que en este viaje iban Vicente Yañez Pinzon y Juan Diaz de Solis.

8o. Que de regreso descubrió las islas Bermudas.

El error de estas conclusiones nos parece demostrado ante todo en el anacronismo que comete el autor respecto del viaje de Vicente Yañez Pinzon que tuvo lugar recien en 26 de Enero de 1500 y en el cual no consta que fuese Vespucio.

Por lo demas, en cuanto á la primera conclusion no es cierto que Américo hiciera su primer viaje en 1497, pues consta que recien en 1499 se hizo la primera expedicion haciéndose uso de la licencia general que se concedió en 1495 y fué modificada en 97 para que los nuevos descubrimientos no afectasen los derechos adquiridos por Colon.

En cuanto á la segunda conclusion, seria necesario que se hubiese resuelto la cuestion á que dá lugar la variante que resulta de la comparacion de varias ediciones de la carta dirigida á Soderini, respecto al grado de latitud del punto de llegada que se designa en esa carta, pues en unas ediciones se marcan diez y seis grados y en otras seis grados de latitud Norte.—Para dar por cierta esta conclusion del Señor Varnhagen, esto es que Vespucio llegó á las costas de Honduras, sería necesario dar por cierta la primera de esas latitudes que es la que corresponde al puerto de Honduras.

Pero el padre Canovai en su Disertacion Justificativa sobre Vespucio, Cuestion, IX, demuestra que el haberse puesto el grado diez y seis como punto de llegada, no ha sido sinó un error de copia: "Con estos datos (esto es con lo expuesto por el mismo Vespucio en el principio de esta carta) y con el solo fin de hacer comprender cuan diferente fué la direccion de Américo de la de Colon, expuse ya que la de este hacía con el Norte un ángulo de trece grados, seis minutos, mientras que la de Vespucio hacía un ángulo de cincuenta y seis grados, quince minutos. Por consiguiente, si se hace extensivo el resultado y se aplica á fijar el punto de América donde llegó Vespucio en su primer viaje; esto es: si sobre un Globo Terrestre se traza una línea entre el Occidente y el Mediodia que empezando de las Canarias haga con el Meridiano el ángulo dado de cincuenta y seis grados, quince minutos, se verá que, prescindiendo de la desviacion marítima, se encontraria Orange ó Cayena en cuatro ó cinco grados al Norte del Ecuador, pero dada alguna importancia al abatimiento del mar, el punto de llegada podrá establecerse con seguridad en la Guayana, por los seis grados de latitud septentrional. Encuentro que en la Imprenta hacen escribir á Américo, no seis grados, sinó diez y seis grados, y es esto un nuevo error de los números que fácilmente se enmiendan. Con esos diez y seis grados, el ángulo de la direccion vendría á ser mucho mayor de los ya definidos cincuenta y seis grados, quince minutos, por lo cual sin el desastre de una tempestad ó el voluntario cambio de derrotero, no se separa tanto un buque regular; por otra parte la nueva tierra que en su segundo viaje descubrió Vespucio, mas allá de la Línea, era continua ó contigua á la ya descubierta en el primero, y esto no podría decirse en una distancia, de la una á la otra, de diez y seis grados ó de mas de mil millas: observo aun, que con esta latitud se hubiera encontrado Américo entre varias islas ya conocidas como Santo Domingo, Santa María, Galante, La Guadalupe, islas ni tan nuevas, ni tan habitadas, ni tan vastas, para poderlas juzgar tierra firme: en fin, aquellos siete y medio grados que solamente habria debido recorrer para encontrarse en el Trópico de Cáncer, no importan mas de ciento veinticinco ó ciento treinta leguas, siendo así que asegura haber hecho mas de cuatrocientas ó quinientas. El error fué pues ocasionado por aquellos códices de que fué sacada la relacion; he descubierto en las cartas de Américo dos errores semejantes y con el cálculo y con la inspeccion ocular de los manuscritos, he revelado la habitual costumbre de transformar en la cifra 1 aquella pequeña línea, á veces mas corta y mas gruesa, que en ciertas escrituras separa los números de las palabras; por esto fué leído quince por cinco, quince mil cuatrocientos sesenta y seis, por cinco mil cuatrocientos sesenta y seis y aquí la misma causa induce á leer diez y seis, por seis. Establezco pues de nuevo que á seis grados al Norte del Ecuador, esto es: no muy léjos del Orénoco, dió fondo el Vespucio."

Esto concuerda tambien con las referencias del historiador Herrera y demuestra que el Señor Varnhagen para hacer ir á Américo á la costa de Honduras, de Yucatan y del golfo Mejicano ha tomado la latitud equivocada de diez y seis grados.

En otro error incurrió el Sr. Varnhagen y en este habia incurrido aun el padre Canovai—Ambos sirviéndose del mismo texto, suponen que Vespucio subió hasta el grado veintitres, latitud Norte, fundándose en las siguientes palabras, que transcribimos en el mismo italiano españolizado del viajero Florentino:—"Questa terra stá dentro de la Tórrida Zona giuntamente ó dí basso del paralello che describe il Trópico de Cáncer, dove alza il Polo dall'Orizonte veintitres grados, nel fine del secondo clima."—Estas palabras han sido interpretadas por ambos autores, como si Vespucio dijese que la tierra á donde saltó, estaba en veintitrés grados. Sin embargo, fijándose bien en el sentido de la frase, se vé que respecto de la tierra no se dá latitud precisa; se dice que ella está en continuacion ó juntamente bajo el paralelo del Trópico de Cáncer, cuyo paralelo está á veintitres grados. Estos autores han tomado pues el grado del Trópico, que es ese en verdad, por el grado de la tierra ó del punto donde fondeó la expedicion, y del cual solo se dice que está dentro de la Zona Tórrida—Así pues, este soñado grado veintitres sirvió para llevar á Vespucio al golfo de Méjico y á Yucatan.

Ademas, de este punto navegó todavía ochocientas setenta leguas que se suponen hácia N. O. y del grado veintitres todavia esa distancia nos llevaria, siguiendo á Vespucio, casi á los hielos del Polo Norte. Esta interpretacion es pues absurda.

Del mismo modo es alterada en esta carta la direccion N. O. por la sencilla razon de que tal direccion de la costa Americana no existe,—del grado veintitres, ni de otro grado de latitud Norte. Habiendo llegado Vespucio al grado seis latitud Norte, descendió al Sud-Este por la diagonal de la costa que vá en esa direccion hasta el Cabo de San Roque; dobló este y llegó al grado tambien seis latitud Sud. En su segundo viaje hizo el mismo trayecto en sentido contrario y entónces sí, tomó la direccion N. O. desde el Cabo San Roque.

Así pues, en este documento está mal interpretado el grado veintitres y alterada evidentemente la direccion del viaje.

Demostrados estos errores, caen por tierra todas las demas conclusiones de este autor, que no se basan en otros fundamentos.