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Américo Vespucio

Chapter 27: II.
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About This Book

El autor reconstruye y critica la actividad de un navegante florentino en los inicios de la exploración americana mediante el examen crítico de documentos y cartas contemporáneas. Compara versiones contradictorias, privilegia un códice dirigido a Lorenzo de' Medici encontrado en la Biblioteca Ricardiana y confronta esa lectura con la carta atribuida a Pedro Soderini y con las interpretaciones de otros historiadores. Publica ambas cartas en apéndices y discute la veracidad de supuestos viajes posteriores, concluyendo que no existe respaldo archivístico para expediciones adicionales. Además contextualiza la empresa exploradora desde perspectivas marítimas, económicas e históricas.

Supone tambien que Vespucio hizo un quinto y sexto viaje, fundándose en un documento que dice haber hallado en la Biblioteca de San Márcos de Venecia, cuyo documento consiste en una relacion de Gerónimo Vianello que supone dicho viaje practicado en 1506.

Semejante referencia no combina con ningun otro documento y es encontradictoria con los hechos posteriores á los viajes de que dió cuenta el mismo Vespucio.

Ni en los archivos de Florencia ni en los de España hay constancia alguna de que volviese Vespucio á hacer exploraciones despues de su cuarto viaje.

Concluida esa expedicion, regresó á España donde aparece empleado como Piloto Mayor del Reyno, en cuyo empleo murió en 22 de Febrero de 1502, como consta de un asiento del libro de caja de la Tesoreria de la Casa de Contratacion de Sevilla en la siguiente referencia, que copiamos textualmente:—"Pagado el 24 de Febrero de 1512 á Manuel Catano Canónigo de la Santa Iglesia de esta ciudad de Sevilla, como ejecutor testamentario de Américo Vespucio Piloto Mayor de Su Alteza, ahora difunto, 10,937 maravedíes, resto que el dicho Américo Vespucio debia de haber por el estipendio que gozaba de Su Alteza, en cada año, desde el 1o de Enero de este año, hasta el 22 de este dicho mes de Febrero, en que murió dicho Américo, á razon de 75,000 maravedíes al año."


CAPITULO XII.

Por que no se hicieron descubrimientos hasta 1499—Vespucio en la expedicion de Ojeda—Partida de la expedicion—Punto de llegada y punto de conclusion de este viaje—La Línea Equinoccial—Método de Vespucio para tomar la latitud y longitud—Error en que incurrió—Resultados de este primer viaje.

Una vez restablecidas las datas de los documentos que unicamente podemos consultar en este caso, pasaremos á la narracion de los viajes que emprendió Américo Vespucio.

Fué sin duda á causa de la licencia general, que dieron los Reyes de España en 1495 para hacer descubrimientos en el Océano, de que hemos hablado ya, que se organizó la expedicion de que debia hacer parte Américo Vespucio.

Nos llama la atencion que estando abiertas las puertas de los descubrimientos desde aquella fecha, nadie osase emprenderlos, hasta que en 1499 el ánimo audaz del aventurero Ojeda iniciase la série de expediciones que completaron el descubrimiento del Continente Americano. Solamente puede explicarse este período de inaccion por los resultados negativos, en cuanto á riquezas y comercio, que habían dado los dos primeros viajes de Colon, siendo así que el único aliciente de estos viajes, era para la mayor parte, la codicia de fortuna. Como el tercer viaje de Colon no se efectuó hasta 1497, llevando á España noticias exageradas de un vasto Continente, cuyas costas estaban cubiertas de perlas y de piedras preciosas, se explica que fuese despues de esta fecha que los descubridores se afanasen por organizar y llevar á cabo sucesivas expediciones.

Hasta ese tiempo Américo Vespucio, segun él mismo lo dice en una de sus cartas, había experimentado los trances de las variaciones de la fortuna y fué entónces que resolvió retirarse de los negocios y hacer uso de sus conocimientos cosmográficos en los descubrimientos que iban á emprenderse.

Aunque sus historiadores lo nieguen, es fuera de duda por todo lo que hemos expuesto en uno de los capítulos anteriores, que se alistó en la expedicion que organizó Ojeda, como lo dice el historiador Herrera.

Por muy audaz que fuese aquel aventurero, por mas que hubiese estado con Colon en su primer viaje en las Antillas, no podía lanzarse en una expedicion de esta clase, sin llevar personas inteligentes, que la dirigiesen, aun que le fuese impuesto por las autoridades de España ó aun que este se hubiese entendido libremente con él, no se explica de otro modo la presencia de Vespucio en esta expedicion.

Apesar de que Colon había dado noticia de haber hallado la costa de un Continente, recordarán nuestros lectores que tales noticias eran muy inciertas, al extremo que la creencia de ser tal Continente la tierra visitada, no provenía sinó de una conjetura que hizo aquel al observar la desembocadura de rios tan grandes que no podían nacer en una isla.

Esta circunstancia prueba la confianza que Vespucio tenía en sus conocimientos cosmográficos, pues aunque iba en la flota un piloto, ya se sabe lo que eran estos en aquellos tiempos, hombres puramente prácticos en la navegacion.

Partió la expedicion del puerto de Cádiz en 18 de Mayo de 1499, haciendo rumbo hácia las islas Canarias, donde hecha la conveniente provision y demás aprestos, zarpó de la Gomera y despues de veintitres dias de viaje con viento fresco y con rumbo al S. O. se avistó una tierra, reconociéndose haber hecho un trayecto de mil trescientas leguas desde la ciudad de Cádiz.

Poco puede interesar el relato de las dificultades que ocurrieron para el desembarque y exploracion de la tierra descubierta; la circunstancia de haber reconocido en ella dos grandes rios, uno que corria de Oriente á Poniente y que debía ser el Orénoco y otro de Sur á Norte y que debía de ser uno de los brazos del mismo rio, que forman sus deltas sobre el Océano, nos dan el punto de llegada, concordando esta descripcion que hace el Vespucio con la de Herrera del viaje de Ojeda, en que asegura que llegó á las bocas del Orénoco. De este punto la exploracion descendió hasta seis grados al Sud de la Línea Equinoccial segun lo afirma Vespucio, de modo pues que es una gran extension de costa la que aparece explorada en este viaje, habiendo visitado en ese trayecto el Golfo de Párias, doblado el Cabo San Roque hasta el punto de la costa del Brasil que hoy se llama Natal cerca de Parahiba. Esta explicacion concuerda con lo que dice Vespucio al final de su carta, de que en este viaje navegaron mas de cinco mil leguas.

Resulta de esto tambien que fué en esta expedicion la primer vez que se cruzó la Línea Equinoccial y no como lo pretende Herrera, en la que Pinzon hizo con posterioridad.

Pertenece á Vespucio la gloria de estas observaciones como pasaremos á demostrarlo.

En la carta primera dirigida á Lorenzo de Medici, que publicamos en el Apéndice, refiere que navegando hácia el Sud entraron á la Zona Tórrida dentro del Trópico de Cáncer y á los pocos dias de navegar por esa Zona, estando el Sol en el zenit á medio dia, no tenían sombra alguna, siendo así que á otras horas, se veía la sombra á unos ú á otros de los puntos del horizonte, hasta encontrar que tenían uno y otro Polo equidistantes, siendo iguales los dias y las noches, esto es: que se hallaban bajo la Línea Equinoccial. En seguida dejó de ver la estrella del Norte y apenas divisaba las estrellas de la Osa Menor, reconociendo que había pasado la Línea seis grados al Sud.

Los únicos instrumentos de que podía valerse eran, el cuadrante y el astrolabio, así es que tuvo gran trabajo para poder determinar la longitud, recurriendo al medio de observar de noche las oposiciones de un planeta con otro, sobre todo de la Luna que es de mas rápida marcha; comparando estas observaciones con el Almanaque de Juan de Monterregio, compuesto para el meridiano de la ciudad de Ferrara, acordándolo todo con las tablas del rey Don Alfonso, que en aquel tiempo habíanse acercado mucho á la verdad; aprovechóse de la circunstancia de la conjuncion de la luna con Márte que debía tener lugar el 23 de Agosto de 1499, que para aquel meridiano de Ferrara debía ocurrir á las doce de la noche ó media hora despues y en este hecho basó sus observaciones, que le dieron ochenta y dos grados y medio del meridiano de Cádiz ó sea una distancia de mil trescientas sesenta y seis leguas.

Es en estos cálculos, tan adelantados para aquellos tiempos, que mostró Vespucio su superioridad sobre todos los descubridores del Nuevo Mundo, incluso Colon.

Debe notarse que Vespucio refiere la Longitud que observó, al meridiano de Cádiz y no á aquel para el cual habían sido hechos los cálculos de Monterregio, pero debe tambien notarse que la conjuncion de la Luna con Marte que debía tener lugar á la media noche en el meridiano de Ferrara, debía ocurrir á las once y veintiun minutos en el de Cádiz, que es mas Occidental cerca de treinta y nueve minutos; observó pues en el meridiano en que se encontraba á las siete y treinta y cuatro minutos, que la Luna estaba un grado y algunos minutos mas al Oriente de Marte, y á media noche tres grados treinta minutos, de lo cual resulta por movimiento horario relativo de los dos planetas, dos grados, veinticinco minutos en el intérvalo de cuatro horas, veinte y seis minutos; por consecuencia un grado, cinco minutos (suponemos que sean cinco esos minutos) en la primera observacion, responden á una hora, cincuenta minutos aproximadamente; deduciéndose de las siete horas, treinta y cuatro minutos, en que hizo la observacion, resulta que tuvo lugar la conjuncion á las cinco horas, cuarenta y cuatro minutos en el meridiano que Américo se encontraba.

Y si la misma conjuncion debia ocurrir en el meridiano de Cádiz á las once horas y veintiun minutos, resulta que la diferencia de tiempo para todos los meridianos es de cinco horas, treinta y siete minutos, ó sea cinco horas, treinta minutos, pequeña diferencia con lo expresado por Vespucio. Haciendo uso de la analogía; si veinticuatro horas dan tres cientos sesenta grados, cuantos darán cinco horas y media? Tendremos ochenta y dos grados, treinta minutos, como distancia entre los dos Paises. Con todo Vespucio erró en este cálculo que rectificó en observaciones posteriores.

Sin embargo, no demuestra Vespucio haber sido un astrónomo perfecto; él mismo lo dá á entender en las expresiones que usa relativamente á las estrellas fijas que observó y mas que todo, en haber hecho una observacion de la Luna, al comparecer esta sobre el Horizonte, sin corregir el error de la paralaje, y de una paralaje horizontal, que es la mayor de todas, lo que sin duda fué la causa del error á que nos hemos referido. Pero por la misma razon, nos admira que hubiese hecho la medida del tiempo confrontándolo con las distancias celestes, método que en la Historia de la Astronomía se atribuye á Guillermo IV de Asia y que, perfeccionado despues, debia ser la base de esta ciencia.

Este primer viaje de Vespucio dió por resultado en primer lugar la confirmacion de la conjetura de Colon de que la tierra visitada era un Continente. "Despues de haber navegado, dice él, cerca de cuatrocientas leguas contínuamente por la costa, concluimos que esta era TIERRA FIRME, que juzgué el confin del Asia por la parte del Oriente y el principio por la de Occidente."

En segundo lugar determinó Vespucio con este viaje la corriente del Golfo de Méjico, respecto de la cual dice, que son las del estrecho de Gibraltar y del Faro de Mesina, como un tranquilo estanque.

En tercer lugar halló un método para el cálculo de las longitudes desconocido por todos hasta entónces.

Con este solo viaje, Américo Vespucio aparece como uno de los que han desempeñado mas importante mision en los descubrimientos del Océano, del arte de navegar, y del Continente Americano.

Antes de él, Colon no pudo decir, refiriéndose á dicho Continente, sinó: Esa tierra debe ser un continente, Vespucio fué el primero que pudo decir:—Esta tierra es un Continente. Si Toscanelli determinó la teoría del descubrimiento, si Colon inició denodadamente la práctica de esa teoría, Vespucio ha segundado dignamente á uno y otro y si no ha merecido que su nombre señale los mas grandes continentes del mundo, sería tambien injusto que no figurase entre los primeros descubridores.

En cuanto á la creencia de que el Continente descubierto era el confin del Asia, era el error de Toscanelli y del mismo Colon, error que debía conservarse aun por mucho tiempo.


CAPITULO XIII.

Segundo viaje de Vespucio—Dificultades para establecer su data—Fué un viaje de rectificacion—Explicacion—Invitacion del Rey de Portugal—Tercer viaje—Punto de llegada—Exploracion hasta los treinta grados—Cuarto viaje—Fué tambien de rectificacion—Bahia de Todos Santos—Primera colonizacion Brasilera—Bahia de Cabo Frio—Regreso á España—Nombramiento de Piloto Mayor del Reyno—Muerte de Vespucio.

Para determinar el segundo viaje de Vespucio nos hallamos con mayores dificultades que las que dejamos vencidas en los capítulos anteriores. No se ha encontrado como respecto á su primer viaje, carta alguna dirigida á Lorenzo de Medici ó á otra persona, carta que revista carácter auténtico y que no tenga las sospechas de antedatas y de adulteraciones que tiene la carta en cuatro capítulos dirigida á Soderini, y que como hemos dicho, ha aparecido publicada fuera de Italia sin hallarse en sus archivos original ó Códice con que confrontarla. Cierto es que comparando la carta dirigida á Lorenzo de Medici con esta otra, se encuentra semejanza de estilo y el mismo empleo de españolismos y cierto es tambien que no habiendo sido conocida la primera sinó mucho despues de aparecer publicada la segunda, los que adulteraron esta no pudieron tener á aquella por modelo para componerla del todo.

De esto nos es dado inducir que la carta de Soderini no es del todo apócrifa, por mas que no nos merezcan fé sus datas y sus referencias y á falta de otro documento podremos servirnos del segundo capítulo de dicha carta, para lo relativo á este segundo viaje.

En la carta dirigida á Medici respecto al primer viaje, se leen al final estas palabras:—"Estan armandomé tres naves para que vaya nuevamente á descubrir y creo que estarán prontas á mediados de Setiembre próximo." Esto decia Vespucio en 18 de Julio de 1500, así pues, por mucho que se demorase el armamento de las naves, no dejarian de estar prontas á fines del mismo año. Esta referencia nos autoriza á fijar la fecha de su segundo viaje en esa época.

Partieron las tres naves referidas del puerto de Cádiz llegando á las islas del Cabo Verde despues de haber pasado á la vista de la isla de la Gran Canaria, yendo á hacer provision á la[4] Isla del Fuego.

De ella se hizo rumbo al S. O. y en cuarenta y cuatro dias llegaron á una tierra nueva que juzgaron ser tierra firme y continua á la de que se hizo mencion en el primer viaje, la cual está situada dentro de la Zona Tórrida, á los cinco grados de latitud Sud. Si el lector recuerda que en el primer viaje llegó Vespucio á la boca del Orenoco y de alli navegó al S. O. hasta seis grados latitud Sud, reconocerá como se armoniza aquella relacion con esta y cuan justas han sido nuestras observaciones críticas sobre estos documentos, pues lo que dejamos referido es tomado, casi textualmente, del capítulo segundo de la carta al Soderini, salvo la fecha de la partida y de la llegada, que se conoce que es aquí lo único que ha sido alterado.

Llegó pues Vespucio en su segundo viaje al mismo punto, ó un grado ménos, donde concluyó su primer viaje, por lo cual dice:—llegamos á una tierra nueva que juzgamos tierra firme y continua con la arriba mencionada.

Pero es tal la deficiencia de datos que nada mas podemos decir con seguridad respecto de este segundo viaje. En cuanto al primero, hemos podido confrontar las relaciones del mismo Vespucio con las del historiador Herrera, que siéndole notoriamente contrario, no puede ser mejor apoyo para sus afirmaciones. Pero Herrera, y al decir Herrera, decimos Muñoz, Charlesbois y todos los que lo han copiado, nada dicen de este segundo viaje y nos hallamos con un solo documento que si bien no nos deja duda de que tal viaje tuvo efecto, porqué concuerda con referencias de la carta relativa al primer viaje, cuya autenticidad es indudable, no nos dá luz alguna sobre los detalles de esta expedicion, tal es la confusion y las alteraciones que en él se han hecho.

Sin embargo, podemos asegurar por el estudio profundo que hemos hecho de este documento, que desde los cinco grados de latitud Sur, donde llegó Vespucio en su segundo viaje, no fué á explorar la tierra nueva y contigua á la anteriormente descubierta, sinó que navegó hácia el Nor Oeste y este rumbo, que sus historiadores no han podido conciliar, nos demarca precisamente que en vez de seguir hácia el Sur la costa Americana, dobló el Cabo San Roque y siguió la diagonal del perfil de esa costa que va hasta el mar de las Antillas, es decir que hizo en sentido contrario, el mismo trayecto que hizo en su primer viaje, rectificando los puntos que ya habia descubierto hasta el golfo ó ensenada de Venezuela. Fué pues este segundo viaje no de nuevos descubrimientos, sino de rectificacion.

Así se explica que, al referir este segundo viaje, repita en la carta dirigida á Soderini, muchas cosas de las ya dichas á Lorenzo de Medici, pues debiendo referirse á las mismas tierras, las particularidades que omitiese en la relacion del primer viaje, pudo bien referirlas en el segundo, sin ser fuera de propósito.

En resúmen, Vespucio recorrió, en su primer y segundo viaje, la costa Americana desde el Orénoco hasta el grado seis latitud Sur y desde este mismo punto, hasta el mismo Orénoco, á cuya costa le dió el nombre de Costa de las Perlas.

Regresó Vespucio á Cádiz, de este viaje, en 8 de Setiembre de 1501.[5] Hallándose en Sevilla reposando de sus fatigas, recibió un mensaje del Rey de Portugal invitándolo á que se pusiera á su servicio para nuevos descubrimientos y despues de algunas vacilaciones aceptó la invitacion, segun nos lo refiere en una de sus cartas.

Ya por este tiempo el Piloto Portugués Pedro Alvarez Cabral, navegando á poca distancia de las islas de Cabo Verde, fué sobrecojido por furiosa tempestad que lo lanzó gran distancia dentro del mar; despues de haber corrido largo tiempo la tormenta, hallóse á vista de una tierra y de un puerto en que se refugió, por lo cual llamóle Puerto Seguro. Ignorante en la Cosmografía, no supo determinar la situacion precisa de ese punto, ni era capaz de volver á él, pero habia encendido su relato en el Monarca el deseo de su descubrimiento, ya que el nuevo pacto de demarcacion permitiale hacer exploraciones hácia ese rumbo.

Con ese objeto habia hecho aparejar la escuadra en la cual debia ir Vespucio para ayudar á los descubrimientos.

En cuanto á la fecha de este tercer viaje, debemos observar que nos parece inverosímil el mes de Mayo, establecido en la carta á Soderini, pues el lapso de tiempo transcurrido entre Setiembre y este mes, es demasiado largo, para el solo efecto de trasladarse Vespucio de Sevilla á Lisboa y de salir la expedicion que ya estaba preparada, habiendo urgencia en que saliese.

Es de suponer pues, que no se demorase mucho en Lisboa y que este tercer viaje, empezase á fines del mismo año de 1501. Por último diciendo en su carta que esta jornada duró quince meses, debemos suponer tambien que concluyó á fines del año siguiente ó, cuando mas tarde, á principios de 1503.

Despues de una navegacion muy contrariada y tormentosa, arribó la flota á un punto contiguo al mismo en que Vespucio concluyó su primer viaje y del cual empezó su segunda exploracion que, como recordará el lector, era el quinto grado de latitud Sur. Por eso dice: "Esta tierra firme empieza del otro lado de la Línea Equinoccial, ocho grados hácia el Polo Antártico, navegando cerca de esta costa hasta pasar el Trópico de Capricornio hácia dicho Polo por diez y siete y medio grados, hasta donde teniamos el horizonte á treinta grados." Debemos advertir que decimos treinta y no cincuenta como está en el texto, por que esa es una equivocacion notoria habiendo tomado el tres por un cinco.[6]

Tenemos pues que en este tercer viaje exploró Vespucio desde el puerto de Pernambuco hasta Porto Alegre, resultando que en estos tres viajes Américo habia reconocido desde las Bocas del Orénoco, mas de las dos terceras partes de la gran extension de la costa Oriental de la América del Sur, siendo de notar que estas exploraciones las iba haciendo sucesivamente, empezando una donde precisamente concluia la otra.

El cuarto viaje, fué para las tierras descubiertas en el tercero, lo que el segundo para las exploradas en el primero; esto es: un viaje de pura rectificacion, pues llegó al mismo punto y recorrió la misma costa. Sea dicho en verdad que Vespucio no se proponia tanto hacer esta rectificacion, como el seguir buscando los puntos soñados por los Cosmógrafos antiguos y por supuesto, recibiendo á cada paso sorpresas y desengaños. Recien despues de este cuarto y último viaje aparece Vespucio convencido de que no eran sinó sueños esos itinerarios de Tolomeo y de Toscanelli, pues llama Nuevo Mundo á las tierras últimamente conocidas.

Debió empezar este viaje, inmediatamente despues de concluido el anterior, es decir en 1503 para que concluyese en 1504, pues en 1505, se hallaba Vespucio nuevamente en España.

Refiere que fué muy desgraciado este viaje en su principio, habiendo perdido la nave Capitana, por haber cometido el gefe de la expedicion la imprudencia de ir primero á la Sierra Leona, tierra de la Etiopía Austral. En cuanto á la navegacion al S. O. no hallamos otra novedad que el tropiezo con una isla que podría tener como una legua de largo y poco distante de la Costa Americana, por lo cual suponemos fuese la Isla de San Fernando de Noronha.

Como este viaje era de rectificacion, ibanse reconociendo prolijamente los puntos de la costa. Descubrieron así un puerto que le pusieron por nombre Bahia de Todos Santos, que es el mismo en que actualmente existe la ciudad de este nombre, segunda en importancia del Brasil. De este puerto, donde habian esperado en vano al Capitan por mas de diez y siete dias, salió la expedicion al mando de Vespucio y despues de navegar doscientas sesenta leguas, arribaron á otro puerto, donde levantaron una fortaleza, dejando en ella veinticuatro hombres que se habian salvado de la nave Capitana. Cual fuese este puerto, en que tuvo principio la primer colonizacion del Brasil, lo explica un documento que hemos visto transcripto en la obra del Señor Varnhagen, del cual resulta que el Cosmógrafo Mayor Alonso de Santa Cruz, en su Islario ofrecido al Emperador Carlos V, que se halla manuscrito en la Biblioteca Imperial de Viena, dice: "Junto á esta Bahia (de Cabo Frio) fué donde Américo Bespucho, Piloto Mayor de Castilla, en el último viaje que hizo, fundó una casa donde dejó veinticuatro cristianos." Por otra parte la distancia de doscientas y tantas leguas que dá Vespucio por recorridas desde Bahia á este punto, condice con el referido documento.

Antes de concluir debemos llamar la atencion sobre la referencia que hace el mismo documento de haber sido este el último viaje de Vespucio, ya que el mismo Señor Varnhagen, pretende, tan sin razon, que hiciese un quinto y sexto viaje.

Como hemos dicho, á principios de 1505 hallábase Vespucio nuevamente en España, nombrado Piloto Mayor del Reyno, lo que consta, primero: de su carta de naturalizacion expedida en Toro en 24 de Abril de 1505 y segundo: de la carta que Cristóbal Colon escribió en Febrero del mismo año á su hijo Diego, refiriéndole que Vespucio, que debia ir á la Corte por sus propios asuntos, estaba dispuesto á servirlo en la instancia que tenia entablada para recuperar sus regalias.

En 1512 murió Vespucio en Sevilla, como ya hemos tenido ocasion de decirlo, refiriéndonos á un asiento de la Casa de Contratacion, en que consta el pago de los últimos sueldos que devengó en su empleo y que dejó como legado á la Iglesia Metropolitana de aquella ciudad.


CAPITULO XIV.

Quien merecia haber dado su nombre al Nuevo Mundo—Inocencia de Vespucio—Cuando apareció el nombre de América—Opiniones sobre este nombre—Carácter de Vespucio—Nobleza de sus sentimientos—Paralelo entre Colon y Vespucio.

Ha dicho un gran poeta francés que hay hombres desgraciados respecto á sus descubrimientos; Cristóbal Colon no pudo dar su nombre al Continente que descubrió y Guillotin no pudo quitar el suyo á la máquina que inventó.

Pero, bien miradas las cosas, ni Colon ni Américo tenian un derecho perfecto á cubrir con sus nombres la inmensa extension de los Continentes Americanos, sí este derecho derivar debiese de la prioridad del descubrimiento ó de la exploracion completa de sus costas.

Colon recien en su cuarto viaje tuvo evidencia de que era un Continente la tierra que tenia delante, pues en su tercer viaje, como lo hemos dicho, no hizo sinó conjeturarlo.

Vespucio exploró muchísima mas extension de costa y tuvo ántes que aquel la evidencia de que eran las de un Continente. Ninguno de los dos exploró un palmo de terreno en la América del Norte, de modo pues que el fallo de la posteridad no puede pronunciarse en favor de uno ni de otro nombre.

Á lo que Colon tiene incuestionable derecho es al Océano, pues aun admitiendo como verdaderas las expediciones anteriores de los Escandinavos á la América del Norte, Colon fué el primero que se lanzó cientificamente por el anchuroso piélago, buscando la solucion del mas grandioso problema económico de los tiempos modernos. Así pues el Atlántico debiera llamarse Océano de Colon.

La conciencia universal prescindiendo de estas consideraciones, ha querido honrar á Américo sirviéndose de su nombre para señalar la tierra de promision que debe resolver mejor que las que se buscaban, aquel gran problema de la humanidad.

Sí hay en esto injusticia debe reconocerse que Américo no contribuyó á ella, no usurpó derechos ajenos, no lanzó imposturas, como se ha pretendido, para conseguirlo.

Ya hemos dicho que en sus últimos viajes, convencido de que las tierras que habia descubierto, no eran el confin del Asia como lo habia creido en los primeros, las llamó Nuevo Mundo.

En España esas tierras eran conocidas con el nombre de Indias; sus Reyes se llamaban Hispaniarum Indiarumque; los códigos que dictaban para ellas se llamaban: Leyes de Indias; todas las provisiones y documentos llevaban ese título de Indias.

El nombre de América no aparece en carta geográfica alguna publicada ántes del año 1535. Encuentrasé una, en una edicion de Tolomeo impresa en aquel año en Lyon; la fecha de la carta, sin embargo es anterior y su título es: Orbis Typus Universalis Juxta Hidrographarum tradictionem exactissime depicta—1522. En esta, carta hácia el Polo Antártico se vé una lengua de tierra que no puede discernirse si sea Isla ó Continente, y en un vacio cerca del Brasil se lee—América. Pero es de notarse que del otro lado de La Línea Equinoccial se lee tambien Caput S. Cru, debiéndose tener presente que el Brasil era llamado Terra Sancta Crucis y que esta es una carta de navegar, por lo cual debe suponerse que ha sido sacada de las cartas dibujadas por Vespucio.

En cuanto á las opiniones sobre el orígen del nombre de América, hay muchas y muy variadas. La mas antigua de todas es la de Natalio Conte que en su historia de las turbulencias de Francia habla de la emigracion de Villegagnon con los Hugonotes á un rincon del Brasil y asegura que esos deportados franceses llamaron á aquel pais América, por haberla descubierto Américo Vespucio. Pero esta emigracion tuvo lugar en 1555 y el nombre de América estaba ya en uso desde 1512.

La segunda opinion pertenece á Tiraboschi, que á este respecto dice lo siguiente: "El empleo dado á Vespucio le dió ocasion de inmortalizar su nombre, aplicándolo á las provincias nuevamente descubiertas. Así pues debiendo dibujar las cartas para navegar, comenzó á indicar á aquellos países llamándolos América; este nombre usado por los navegantes llegó á ser universal." Antonio Herrera dice solamente: "Porqué era necesario que uno quedase en Sevilla para hacer los marcas, pareció que de esto era mas práctico Américo Vespucio, y se mandó que se le encomendase con título de Piloto Mayor.... y de aquí tomaron aquellas partes de las Indias del Medio dia el nombre de Américo, etc."

Es indudable pues que al principio no se dió el nombre de América sinó á la costa del Brasil que este habia descubierto, á las que hemos visto que habia llamado Nuevo Mundo. Por lo demas, la opinion de Tiraboschi, no se funda sinó en la afirmacion de Herrera, pero este no afirma que Vespucio diese su nombre á las tierras descubiertas.

Prévost, mas bien parcial contra Vespucio, dice lo siguiente: "Diaz de Solis y Yañez Pinzon recibieron órden de ir á la Corte con Américo Vespucio y Juan de la Cosa.... y fué órdenado que los descubrimientos continuasen hácia el Sud á lo largo de la costa del Brasil.... el Rey hizo equipar dos carabelas, que fueron confiadas á tan famosos pilotos. Pero se juzgó necesario retener uno de ellos en Sevilla para que hiciese los itinerarios y Vespucio fué nombrado para este oficio. De esta eleccion y de las cartas patentes dadas en Burgos confirmando esto, ha tomado el Nuevo Mundo el nombre de America. La justicia y la razon exigian, segun Herrera, que hubiese tomado el nombre de Cristóbal Colon á quien se debia su primer descubrimiento, pero la declaracion del Rey de España llegó á ser una ley para toda la Europa etc."

Y cualquiera que sea el documento que se consulte, cualquiera el autor que se estudie, por enemigo que sea de Vespucio, no se hallará una razon que justifique que haya querido atribuirse la gloria de dar su nombre al Nuevo Mundo descubierto, siendo desautorizada, cualquiera opinion, que como la de Tiraboschi, se pueda presentar en contra.

La tacha que tambien se le ha hecho de haber antedatado su primer viaje, aparece desmentida por la carta que él mismo escribió á Lorenzo de Medici y que permaneció ignorada hasta mediados del siglo XVIII en que se descubrió uno de sus códices y en la cual aparece la verdadera data de ese viaje.

En sus relaciones resalta la modestia de su carácter presentándose como que iba simplemente á ayudar á descubrir, mientras que de los hechos mismos resulta que esos descubrimientos no se hubieran llevado á cabo sin sus conocimientos astronómicos y cosmográficos.

No es de suponerse que un hombre semejante hubiese concebido el plan de apropiarse glorias ajenas.

Su mérito fué bien apreciado por los Soberanos de España al extremo de hacerles olvidar que se hubiese puesto al servicio del rey de Portugal.

Los motivos en que se basaba su carta de naturalizacion eran los importantes servicios que había hecho á la Corona de España.

Por ese tiempo Cristóbal Colon estaba en desgracia y Américo con una hidalguía que pocas veces se halla entre los émulos contemporáneos, tendió una mano amiga al caido y se valió de su influencia en la Corte para abogar por su causa.

Esta nobleza de sentimiento no es propia del mezquino corazon del envidioso usurpador de la gloria ajena.

Entre Colon y Vespucio habia esta diferencia: aquel tenia génio, le devoraba una ambicion inmensa y á las borrascas de su alma respondian las borrascas de su suerte. Hoy el apoteosis, mañana las cadenas y la cárcel; hoy la embriaguez del triunfo y del mando, mañana la humillacion del motin y la profanacion de la canalla; hasta en su vida privada se alzan y se abaten estas ondas de la fortuna: hoy la fatiga del peregrinage, la amargura de la viudez, mañana el reposo entre los jardines de Andalucia y los poéticos amores de una de esas mujeres de alma ardiente y de seductora belleza. La vida de Colon es el drama de la alta vida del génio, semejante á las calmas y á las borrascas del alto Océano.

Vespucio no tenía génio ni ambicion, por eso no nos queda de él sino la historia desmantelada de sus descubrimientos. Interroga á las estrellas, sorprende la conjuncion de los astros y cálcula friamente las distancias, graba sobre el papel el perfil de las costas que descubre y acepta resignado la mision de señalar á los nuevos descubridores el itinerario que debian seguir. Por eso Vespucio ni sube á las alturas de la gloria ni desciende á los abismos de la contrariedad.

Pero nadie puede despojarlo del mérito de ser uno de los que mas colaboraron al descubrimiento de la América y su nombre aunque no designase los mas grandes Continentes del Mundo, estaría siempre bien colocado al lado de los nombres de Toscanelli y de Colon.


FIN.



APÉNDICE


APÉNDICE

CARTAS Y RELACIONES

DE

Américo Vespucio

(Traducidas del texto Italiano.)

I.

CARTA

á Lorenzo el Magnífico hijo de Pedro Francisco de Medici.

Magnífico Señor: Hace algun tiempo que no he escrito á Vuestra Magnificencia; esto no ha tenido por causa ninguna otra cosa que no haber ocurrido nada de importancia y la presente tiene por objeto daros noticia de como, hace cerca de un mes, llegué de la India por la via del mar Océano á esta ciudad de Sevilla y de las cosas mas maravillosas que he observado, por cuanto creo que V. M. tendrá placer en conocerlas. Y si soy algo difuso, sirvase leerla aunque sea en sus ratos de ocio, como se toma el postre despues de servida la comida. V. M. sabrá como por comision de este Rey de España, partí con dos carabelas el dia 18 de Mayo de 1499 para ir á descubrir hácia la parte del S. O. del mar Océano y y tomé mi camino á lo largo de la costa de África, navegando hasta llegar á las Islas Afortunadas que hoy se llaman las Canarias: y habiéndome provisto allí de todas las cosas necesarias, hechas nuestras oraciones, hicimonos á la vela de una isla que se llama la Gomera y pusimos la proa al S. O. (Libeccio) y navegamos veinticuatro dias con viento fresco, sin ver tierra alguna, al cabo de los cuales avistamos tierra y reconocimos haber navegado cerca de mil trescientas leguas, contadas desde la ciudad de Cádiz, al rumbo S. O. Vista la tierra dimos gracias á Dios y largamos los botes y con diez y seis hombres fuimos á tierra y la encontramos tan poblada de árboles que era una maravilla, no solo por la grandeza de ellos, sinó tambien por su verde follaje pues jamas lo pierden y por el aroma que exhalaban recreando mucho el olfato. Recorrimos lo largo de la costa por ver si encontrabamos lugar donde saltar en tierra y como era tierra baja, nos afanamos todo el dia hasta la noche sin poder hallar desembarcadero, pues nos lo impedia no solo lo bajo de la tierra sino tambien la espesura de los árboles; de modo que acordamos volvernos á las naves é ir á descubrir la tierra en otra parte: y vimos una cosa maravillosa en este mar y fué que ántes de atracar á tierra, á quince leguas, encontramos el agua tan dulce como la de un rio, tanto que llenamos todos los cascos vacios que teniamos. Cuando estuvimos en las naves, levamos anclas é hicimos vela poniendo la proa al medio; porque mi intencion era ver si podia doblar un cabo de tierra, que llama Tolomeo Cabo de Catigara que da paso al Seno Magno que segun mi opinion no estaba muy distante de este punto, segun los grados de latitud y longitud como mas abajo referiré. Navegando hácia el Sud á lo largo de la costa, vimos salir de la tierra dos grandes rios, uno que venia del Poniente y corria hácia el Levante y tenia de anchura cuatro leguas, es decir diez y seis millas: y el otro corria del Sud al Norte y tenia de anchura tres leguas: y creo que estos dos rios hacian que el mar estuviese dulce por causa de su grandeza. Y viendo que todavia la tierra era baja, acordamos entrar en uno de estos rios con las barcas y navegar tanto en él que encontrasemos disposicion de saltar á tierra ó de hallar alguna poblacion; arregladas nuestras barcas y llevando mantencion para cuatro dias, con veinte hombres bien armados, entramos por el rio y á fuerza de remo navegamos por él cerca de dos dias, en una extension como de diez y ocho leguas, habiendo tentado desembarcar en muchas partes: y siempre encontramos que era tierra baja y tan poblada de árboles que apenas un pájaro podía volar por ella; y navegando asi por el rio vimos señales ciertas de que la tierra era habitada: y porqué habíamos dejado las carabelas en lugar peligroso si soplaba el viento de traves, acordamos al fin de los dos dias volvernos á ellas y lo pusimos en práctica. Vimos una infinidad de pájaros de distintas formas y colores, y tantos papagallos de tan variadas clases que era una maravilla, unos colorados como grana, otros verdes y amarillos; y el canto de los otros pájaros que estaban en los árboles era tan suave y de tanta melodía que nos deteniamos muchas veces á gozar de su dulzura. Aquellos árboles eran tan bellos que nos creíamos en el Paraíso Terrestre y ninguno de aquellos árboles ni sus frutos tenían semejanza con los nuestros. Vimos á orillas del rio mucha gente de extraordinaria figura ocupada en recorrerlas ó en pescar. Una vez en los buques nos movimos teniendo la proa siempre á medio dia y hallándonos surtos en el mar cerca de cuarenta leguas, nos hallamos en una corriente de mar de S. E. (Scirocco) al N. O. (Maestrale) que era tan grande y venía con tal furia que nos puso en cuidado y nos trajo gran peligro. La corriente era tal que aquella del estrecho de Gibraltar y aquella del Faro de Mesina son como un estanque en comparacion de esta: de modo que como ella nos venía por la proa no haciamos camino á pesar de tener viento; y asi viendo el poco camino que haciamos y el peligro en que estábamos, resolvimos volvernos al N. O. y navegar hácia el Norte y puesto que si mal no recuerdo, V. M. entiende algo de Cosmografía pienso describirle nuestra marcha por via de longitud y latitud; así pues sabrá V. M. que navegamos tanto hácia la parte de medio dia que entramos á la Zona Tórrida, dentro del Círculo de Cáncer; y habeis de tener por cierto que en pocos dias y navegando por esa Zona, hemos visto las cuatro sombras del sol por cuanto este se hallaba en el zenit á mediodia; esto es estando el sol en nuestro meridiano, no teníamos sombra alguna y todo esto me acaeció muchas veces é hícelo ver á toda la compañía, tomándola por testigo, porque la gente ignorante no sabe como la esfera del Sol marcha por su círculo del Zodiaco; pues unas veces veía la sombra al Sud y otras al Norte, ora al Occidente ora al Oriente y algunas veces (una ó dos horas al dia) no teníamos sombra alguna. Navegamos por la Zona Tórrida á la parte Austral hasta hallar que nos encontrabamos bajo la Línea Equinoccial, y que teníamos uno y otro Polo al fin de nuestro horizonte; pasamos la línea en seis grados sin ver ya la estrella del Norte y apénas divisábamos las estrellas de la Osa Menor y deseoso de determinar la estrella del otro Polo, perdí muchas veces el sueño para contemplar el movimiento de las estrellas de ese Polo para determinar cual de esas tenía menos movimiento y que fuese mas fija, sin poderlo conseguir por mas malas noches que pasé y apesar de haber usado del cuadrante y del astrolabio. No determiné estrella que no tuviese ménos de diez grados de movimiento al rededor del firmamento: y miéntras me ocupaba de esto me acordé de un dicho de nuestro poéta Dante en el primer canto del Purgatorio, cuando finge salir de este hemisferio y encontrarse en el otro, pues queriendo describir el Polo Antártico, dice:

Io mi volsi á man destra e posi mente
All'altro Polo, e vide quattro stelle
Non visto mai, fuor che alla prima gente:
Goder pareva il Ciel di lor fiammelle;
O settentrional, vedovo sito!
Poiché privato sei di mirar quelle!

A mi parecer el poéta en estos versos quiere describir por las cuatro estrellas, el Polo del otro firmamento, y no desconfio hasta aquí de que aquello que dice sea la verdad, por que noté cuatro estrellas que tenian poco movimiento; y si Dios me da vida y salud espero volver á aquel hemisferio y no regresar sin demarcar el Polo. En conclusion digo que nuestra navegacion se extendió tanto á la parte del medio dia que nos alejamos del camino de la latitud de Cádiz sesenta y medio grados; porqué sobre la Ciudad de Cádiz alza el polo treinta y cinco grados y medio y nosotros habiamos pasado la Línea Equinoccial en seis grados: Esto baste respecto á la latitud. Habeis de notar que esta navegacion ocurrió en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, que como sabeis el Sol reina mas de continuo en este nuestro hemisferio y hace mayor el arco del dia que el de la noche: y mientras que estabamos en la Línea Equinoccial ó cerca de ella, á cuatro ó seis grados, en el mes de Julio y Agosto la diferencia del dia á la noche no se sentia y casi el dia con la noche eran iguales. En cuanto á la longitud, os diré que mucho trabajo me costó saberla y que tuve grandísima dificultad en conocer ciertamente el camino que habia hecho; y tanto trabajé que al fin no encontré cosa mejor, que observar de noche las oposiciones de un planeta con el otro, sobre todo de la Luna con los otros planetas; por que el planeta de la Luna tiene marcha mas rápida que ningun otro; y comparabalo con el Almanaque de Juan Monterregio, que fué compuesto para el meridiano de la ciudad de Ferrara, concordándolo con los cálculos de las tablas del Rey Don Alfonso: y despues de muchas noches que hice esperiencia, una de estas noches, encontrándome á 25 de Agosto de 1499 (que ocurrió la conjuncion de la Luna con Marte, la cual segun el Almanaque debia tener lugar á las doce de la noche ó media hora despues) encontré que cuando la Luna se alzó á nuestro horizonte que fué hora y media despues de ponerse el Sol, habia pasado el planeta á la parte del Oriente; os digo que la Luna estaba mas al Oriente que Marte cerca de un grado y algunos minutos mas y á las doce de la noche estaba cinco grados y medio mas al Oriente poco mas ó menos; de modo que hecha la proporcion siguiente: Si 24 horas me dán trescientos sesenta grados, que me darán 5 horas y media? Encuentro que me darán ochenta y dos grados y medio; y tan distante me hallaba en longitud del meridiano de Cádiz que, dando á cada grado diez y seis leguas y dos tercios, me encontraba mil trescientas sesenta y seis leguas y dos tercios que son cinco mil cuatrocientos sesenta y seis millas y dos tercios, mas al Occidente de la ciudad de Cádiz. La razon porqué calculo diez y seis leguas y dos tercios por cada grado es, por que segun Tolomeo y Alfagrano, la tierra mide 24,000 millas, que equivalen á 6,000 leguas las cuales distribuyéndolas en 360 grados viene á tocar diez y seis leguas y dos tercios á cada grado; y esta observacion la rectifiqué con los apuntes de los pilotos y la encontré verdadera y buena. Paréceme, Magnífico Lorenzo, que las razones de la mayor parte de los filósofos aparecen desmentidas en este viaje, por cuanto dicen que en la Zona Tórrida no se puede habitar á causa del excesivo calor; pues yo he tenido ocasion de recocer en este viaje todo lo contrario puesto que el aire en esa region es mas fresco y templado que en otras; y que es tanta la gente que en ella habita que sobrepasa en número á la que habita en otras regiones.

Hasta aquí he referido lo que he navegado hácia el mediodia y el Occidente; restame deciros ahora cual es la disposicion de la tierra que encontramos y cual es la naturaleza de los habitantes y sus costumbres, de los animales que vimos y muchas otras cosas que se me ofrecieron dignas de recuerdo. Despues de dirigir nuestra navegacion al Norte, la primer tierra habitada que encontramos fué una isla que distaba diez grados de la Línea Equinoccial y cuando arribamos á ella apercibimos gran multitud de gente á la orilla del mar que nos miraban como á cosa maravillosa, y desembarcamos con veintidos hombres bien armados; viéndonos en tierra y que eramos gente de distinta naturaleza á la suya (porqué no tienen barba ninguna, ni visten de manera alguna tanto los hombres como las mujeres, y andan como vinieron al mundo; y tanto por la diferencia del color que en ellos es gris ó leonado) de modo que teniéndonos miedo huyeron al bosque y con gran trabajo por medio de señas los tranquilizamos y nos pusimos en práctica con ellos; y encontramos que eran de una generacion que se dice de caníbales que (casi la mayor parte de esta generacion ó todos) viven de carne humana y téngalo por cierto V. M. No se comen entre ellos, pero van en ciertas naves que tienen y que se llaman canoas á buscar presas en las islas ó tierras comarcanas de una generacion enemiga, de la cual reservan las hembras, y de esto nos cercioramos en muchas partes donde encontramos tal gente, hallando las cabezas de algunos que se habian comido, sin que por otra parte lo nieguen, mucho mas que nos lo refirieron sus enemigos que siempre estan por eso en alarma. Son gente de gentil disposicion y de esbelta estatura; andan desnudos; sus armas son flechas que llevan consigo y escudos; son de gran esfuerzo y de buen ánimo; son grandes tiradores; en conclusion nos entendimos con ellos y nos llevaron á una poblacion suya que estaba en el interior cerca de dos leguas y nos dieron de almorzar; y cualquier cosa que le pediamos nos la daban, creo que por miedo mas que por generosidad: despues de haber estado un dia con ellos; nos volvimos á las naves dejándolos como á amigos.

Navegamos á lo largo de la costa de esta isla y vimos á la orilla del mar otra gran poblacion; fuimos á tierra con las lanchas y encontramos que nos estaban esperando cargados de viveres; nos dieron de almorzar muy bien de lo que tenian: viendo que eran tan buenas gentes que nos trataban tan bien, no osamos apoderarnos de nada y nos hicimos á la vela llegando á un golfo que se llamó despues golfo de Párias; fuimos á salir al frente de un grandísimo rio que es causa de ser dulce el agua de este golfo; vimos una gran poblacion que estaba inmediata al mar y habia tanta gente que era maravilla hallándose todos sin armas y en actitud de paz; desembarcamos y nos recibieron con gran cariño y nos llevaron á sus casas donde tenían preparado muchos víveres. Aquí nos dieron para beber tres clases de bebidas hechas de frutas como la cerveza que encontramos muy buena, aquí comimos muchos mirabalanos[7] frescos que es una real fruta, y nos dieron muchas de otras clases, todas diferentes de las nuestras, de muy buen sabor y muy aromáticas. Nos dieron algunas perlas pequeñas y y once gruesas; diciéndonos por señas que si queriamos esperar algunos dias irian á pescarlas y nos traerian muchas de ellas; no nos preocupamos en recibir muchos papagayos de varios colores y nos despedimos con mucha amistad.

Por esta gente supimos que aquellos de la isla referida eran caníbales y que comian carne humana. Salimos de este Golfo y costeamos la tierra viendo siempre mucha gente, y cuando teniamos ocasion tratábamos con ellos dándonos de lo que tenian. Todos van desnudos como nacieron sin tener verguenza de ello; si á este respecto fueramos á referirlo todo, sería entrar en deshonestidades que es mejor callar. Despues de haber navegado cerca de cuatrocientas leguas contínuamente por la costa concluimos que esta era tierra firme, que juzgué el confin del Asia por la parte de Oriente y el principio por la de Occidente; porqué muchas veces tuvimos ocasion de ver varios animales como leones, ciervos, jabalies etc.

Internándonos un dia con veinte hombres, vimos una serpiente de cerca ocho brazos de largo y gruesa como mi cintura. Muchas veces pude ver animales feroces y grandes serpientes y navegando por la costa cada dia descubriamos infinita gente que hablaban diferentes idiomas, al extremo que, despues de haber navegado las cuatrocientas leguas, empezamos á encontrar gente que no querian nuestra amistad y nos esperaban con sus armas que eran arcos y flechas y otras mas: y cuando ibamos con las lanchas á tierra nos prohibian saltar á ella de modo que nos veiamos obligados á combatir con ellos, aunque siempre al fin de la batalla, quedaban mal parados, pues como estaban desnudos haciamos en ellos gran matanza, así muchas veces nos sucedió que diez y seis de los nuestros combatiesen con doscientos de ellos desbaratándolos al fin. Una vez vimos muchisima gente dispuesta á impedirnos que bajasemos á tierra, armamos veintiseis hombres y fuimos con las barcas cubiertas para defendernos de las saetas que nos tiraban, pues siempre herian algunos de los nuestros antes que pudieramos saltar en tierra. Apesar de haber hecho una defensa obstinada, pisamos la tierra y combatimos con ellos con grandísimo trabajo, pues no habiendo esperimentado aun nuestras espadas, estaban envalentonados con su superioridad numérica, cargándonos con tal ímpetu que nos hicieron retroceder. Pero uno de nuestros marineros dirigió algunas palabras de aliento á los otros haciéndolos volver al combate con lo cual pusimos á los indígenas en fuga, matando ciento cincuenta de ellos y quemándoles sus casas: como casi todos nos hallábamos heridos, nos volvimos á los buques y nos refugiamos en un puerto, donde estuvimos veinte dias para que el médico pudiera curar á los heridos, que salvaron todos menos uno, cuya herida era en el pecho. Volvimos á nuestra navegacion y dimos con una isla que estaba separada de la tierra como unas quince leguas; bajamos á ella y hallamos un camino por donde nos internamos hasta llegar á una poblacion en la cual no había sinó algunas mujeres de colosal estatura, que nos recibieron amablemente; tentados estuvimos de llevarnos dos de ellas para presentar al Rey como cosa sobrenatural, pero desistimos de ello al ver llegar algunos hombres tambien de colosal estatura y armados como hasta ahora no habíamos visto, á quienes persuadimos que estabamos en disposicion de paz y nos volvimos á los buques sin mas consecuencia. Notamos que la mayor parte de los árboles de esta isla son de campeche y tan buenos como los de Oriente. De esta isla pasamos á otra cercana en la cual habia de particular que las chozas estaban construidas sobre el mar como en Venecia y fuimos á verlas: quisieron sus habitantes impedirnos la entrada, pero habiendo probado como cortaban las espadas, nos dejaron entrar. Hallamos en esas casas mucho algodon finísimo; hicimos provision de esto y de campeche y volvimos á los buques. Sin que sea exajeracion puedo aseguraros que estas producciones son aquí tan abundantes que podrian cargarse con ellas todas las naves de Europa. Continuamos navegando como unas trescientas leguas, en cuya navegacion notamos que las poblaciones hablaban muchas lenguas distintas; admirándome de que se haya dicho que en el mundo no hay sinó setenta y siete lenguas. Hallándonos con los buques muy averiados, la tripulacion cansada y faltos de provisiones, resolvimos arribar á la Isla Española, aquella que descubrió Colon seis años hace.

Y como ella está habitada por cristianos esperabamos hallar auxilio para reparar nuestras naves, dar reposo á las tripulaciones y proveernos de lo necesario, pues de esta isla á Castilla hay mil trescientas leguas de mar sin encontrar tierra alguna. Alli estuvimos cerca de dos meses y antes de partir descubrimos todavía muchísimas islas todas pobladas de gente pacífica. Se tomaron doscientos prisioneros y tratamos de regresar á España, habiendo llegado en sesenta y siete dias á las Islas Azores, de donde pasamos á las Canarias y de ellas á Cádiz. Empleamos en este viaje trece meses, corriendo muchos peligros y descubriendo mucha tierra del Asia y gran cantidad de islas, casi todas habitadas, habiendo hecho la cuenta de haber navegado mas de cinco mil leguas. En conclusion, pasamos la Línea Equinoccial en seis y medio grados y volvimos á la parte del norte en que la estrella polar se alza sobre nuestro horizonte treinta y cinco grados y medio y á la parte de Occidente navegamos ochenta y cuatro grados contados del meridíano de Cádiz. Recogimos en este viaje perlas y oro, entre ellas dos piedras una color de esmeralda y otra de amatista durísima, de un medio palmo de largo y de tres dedos de grueso. Estos Reyes han hecho gran aprecio de ellas y las han guardado entre sus joyas; trajimos un pedazo de cristal que algunos joyeros dicen que es berilo y segun decian los indios habia alli gran cantidad de ella. Tambien trajimos catorce perlas encarnadas que mucho contentaron á la Reina y muchas otras piedras; de todas estas cosas no trajimos gran cantidad por no habernos demorado mucho en ningun paraje. En Cádiz vendiéronse los esclavos y á pesar de eso muy poco fué lo que á cada uno tocó de las utilidades del viaje, pero todos se contentaron de haber salvado de los peligros que corrimos. En cuanto á mí, cogí unas tercianas de las que espero salvar porque no tengo escalofrios. Están armándome tres naves para que vaya nuevamente á descubrir y creo que estarán prontas á mediados de Setiembre próximo. Quiera Dios darme salud y buen viaje que otra vez espero traer grandes noticias y descubrir la isla Trapobana que está entre el mar Indico y el mar Gangético, y despues espero volver á la Pátria y descansar pasando allí mi vejez.

He pensado Magnífico Lorenzo, enviaros dos figuras de la descripcion del mundo hechas y ordenadas por mi propia mano, las que serán una carta en figura plana y un Mapa Mundi en cuerpo esférico, las cuales enviaré por mar á cargo de Francisco Lotti, nuestro fiorentino, que se halla actualmente aquí y creo que os agradarán, pues poco tiempo há, hice uno de estos para S. S. A. A. estos Reyes y lo estiman mucho. Era mi ánimo ser yo mismo el portador, pero me lo impide la resolucion de ir nuevamente á descubrimientos. No falta en esa ciudad quien comprenda la figura del Mundo y que tal vez quiera enmendar alguna cosa en esa obra; pero ruego se espere á mi regreso, que podré defenderme.

Creo que V. M. habrá sabido ya las noticias que ha traido la flota, que hace dos años, el Rey de Portugal mandó á descubrir por la parte de Guinea. Tal viaje como ese no lo llamo yo descubrir sino andar por lo descubierto, porque como lo vereis por la figura, su navegacion es de contínuo á vista de tierra y recorren toda la costa de Africa por la parte Austral, que es andar por una vía de la cual hablan todos los autores de la Cosmografía. Cierto es que la navegacion ha sido de gran provecho, lo que vale mucho en estos tiempos de codicia y máxime en este país donde mas desordenadamente reina. Entiendo ya que han pasado al Mar Rojo y han llegado al Seno Pérsico, á una ciudad que se llama Calcuta, que está entre el Seno Pérsico y el rio Indico; nuevamente han vuelto para el Rey de Portugal doce naves con grandísimas riquezas, habiendo enviado otras naves á las mismas regiones y por cierto que harán gran cosa si llegan á salvamento.

Estamos á 18 de Julio de 1500 y no habiendo mas de que hacer mencion, Nuestro Señor guarde la vida y el magnífico Estado de Vuestra Señoría y Magnificencia.

De V. M. Servidor:

Américo Vespucio.


II.

CARTA DE AMÉRICO VESPUCIO,

Á PEDRO SODERINI.

Magnífico Señor: Despues de la humilde reverencia y debida recomendacion etc. Tal vez V. M. y notoria sabiduría se admirará de la temeridad con que oso escribirle tan minuciosamente, teniendo su atencion ocupada siempre en los consejos y negocios del buen gobierno de esa Excelsa República, y me tendrá por presuntuoso y vano por ponerme á escribirle cosas impertinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas y que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla; pero la confianza que tengo en vuestra indulgencia y en la novedad de mis noticias, que no se encuentran escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve á escribiros ha sido el habermelo rogado el portador de la presente, Benvenuto Benvenuti, nuestro compatriota, muy servidor de V. M. y muy amigo mio, que encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que diese parte á V. M. de las cosas vistas por mí en diversas playas del mundo, en cuatro viajes que he hecho para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del Rey de Castilla por el Gran Océano, hácia el Occidente y los otros dos por órden del poderoso Don Manuel, Rey de Portugal, hácia el Sur, diciéndome que V. M. encontraria placer en ello y además me he decidido á hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el número de sus servidores, recordando como en el tiempo de nuestra juventud, era vuestro amigo, aprendiendo juntos los principios de la gramática bajo la buena direccion y doctrina del Venerable religioso de San Márcos, Fray Jorge Antonio Vespucio, tio mio, cuyos consejos y doctrinas pluguiese á Dios hubiera seguido, que como dice el Petrarca, seria otro hombre de lo que soy. De cualquier modo que sea algo he aprovechado porque he practicado siempre la virtud y aunque estas mis frivolidades no convengan á vuestra seriedad, diré como decia Plinio[8] á Mecenas: en algun tiempo soliais recrearos con mis chanzas. Aunque V. M. esté ocupado en los públicos negocios, alguna hora tendreis de descanso para gastar algun tiempo con las cosas ridículas ó recreativas, y asi como el hinojo[9] se dá despues de las deliciosas bebidas para disponerlas á mejor digestion, asi podreis por descanso de tantas ocupaciones, mandar leer esta mi carta, para que os aparte algo del asíduo pensamiento en las cosas públicas.

V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno de España fué por causa de comercio y como seguí en esta ocupacion por cerca de cuatro años, en los cuales conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de sus bienes transitorios, teniendo de repente al hombre en la cima de la felicidad y ya los priva de esos bienes que pueden decirse prestados, de modo que conocido el contínuo trabajo que se pone en conquistarlos sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar el comercio y dedicarme á cosa mas laudable como ir á ver el Mundo y sus maravillas, para lo cual se me ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Rey Don Fernando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques á descubrir nuevas tierras hácia el Occidente, habiendo sido electo por Su Alteza para que fuese en esa flota á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de Cádiz á 10 de Mayo de 1497[10] y tomamos nuestro camino por el Océano; en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses y descubrimos mucha tierra firme é infinitas islas, casi todas habitadas, de que no hablan los antiguos por no haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido que este mar era tenido por deshabitado y de esta misma opinion fué Dante, nuestro poeta, en el Capítulo XXVI del Infierno, en que finje la muerte de Ulíses; en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré cuenta á V. M.

VIAJE PRIMERO.

El año del Señor de 1497, á los 10 dias de Mayo como arriba dije, partimos del puerto de Cádiz cuatro naves de conserva y empezamos nuestra navegacion derecho á las Islas Afortunadas que hoy se llaman la Gran Canaria, que están situadas en el mar Océano, al fin del Occidente habitado, en el tercer clima, que alza el Polo del Setentrion fuera de su horizonte veinte y siete grados y medio y distan de esta ciudad de Lisboa, 280 leguas al rumbo entre mediodia y S. E. donde permanecimos ocho dias proveyéndonos de agua y leña y otras cosas necesarias. Hechas nuestras oraciones, desplegamos velas empezando nuestra navegacion por el Poniente, tomando un cuarto al S. E., navegamos hasta que al cabo de treinta y siete dias fuimos á dar con una tierra que la juzgamos tierra firme, la cual dista de las Islas Canarias hácia el Occidente cerca de mil leguas dentro de la Zona Tórrida, porque encontramos que el Polo del Setentrion alza fuera de su horizonte seis grados[11] y mas Occidental que la Isla Canaria setenta y cuatro grados, en la cual anclamos á una legua y media de tierra. Largamos los botes y tripulados de gente armada, fuimos á tierra y antes que llegaramos á ella vimos mucha poblacion en la playa, de lo cual nos alegramos y vimos que esa gente estaba desnuda. Mostraron tenernos miedo y se retiraron á un monte y á pesar de nuestras señas de paz y de amistad, no quisieron venir á hablar con nosotros; de modo que viniendo ya la noche y porque las naves estaban surtas en lugar peligroso, por ser la costa brava y sin abrigo, acordamos al otro dia movernos de aquí é ir á buscar algun puerto ó ensenada en que asegurar nuestras naves. Navegamos por el N. O. que en esa direccion estaba la costa, siempre á vista de tierra y viendo en ella mucha gente. Habiendo navegado asi dos dias, encontramos un lugar seguro para las naves, yendo á tierra con cuarenta hombres, consiguiendo con algun trabajo y por medio de algunos dones que hicimos, que la gente viniese á hablar con nosotros. Al dia siguiente volvimos á tierra y hallamos la poblacion muy bien dispuesta y cargada de víveres que pusieron á nuestra disposicion.[12]

Acordamos partir de este punto y andar mas adelante, costeando siempre la tierra en la que hicimos muchas escalas y tomamos informes de los habitantes y al fin de algunos dias, fuímos á dar á un puerto donde estuvimos en grandísimo peligro, del cual salvamos gracias al Espíritu Santo. Habia en este puerto una poblacion fundada sobre el agua como Venecia; componíase de unas cuarenta y cuatro casas grandes, en forma de cabañas, sostenidas sobre palos gruesísimos y sus puertas en forma de puentes levadizos, pudiéndose asi desde una casa recorrer todas las demas; viéndonos sus habitantes, mostraron tener miedo de nosotros y alzaron al instante todos los puentes. Mientras estábamos viendo esta maravilla, vinieron por el mar cerca de veintidos canoas (que son las naves que usan, fabricadas de un solo árbol) las cuales rodearon nuestros buques, manteniéndose lejos de nosotros. Viendo que á pesar de nuestras demostraciones de amistad no conseguíamos atraerlos, fuimos hácia ellos pero huyeron haciéndonos entender con señas que esperasemos y que ellos volverian. Fueron hácia un bosque inmediato del cual regresaron pronto trayendo consigo diez y seis doncellas, poniendo cuatro de ellas en cada uno de nuestros buques como rehenes; pero bien pronto las mujeres que estaban en la costa dieron grandes gritos y demostraciones de desesperacion y los hombres cambiaron sus señales de amistad por señales de guerra, trayéndonos un formidable ataque que nos puso en la necesidad de defendernos y matar algunos de ellos. Continuamos la navegacion y al fin de unas ochenta leguas descendimos en otro punto de la costa, donde vimos que la poblacion preparaba su alimento asando unos animales que nos parecieron serpientes y haciendo una especie de pan ó masa con unos pequeños peces y muchas otras clases de alimentos y frutas. Propiciada la amistad de estas gentes, hicimos una excursion como unas diez y ocho leguas al interior. Volvimos á las naves, siguiéndonos muchos de los habitantes y cuando estuvieron en ellas, resolvimos hacer algunos disparos de artillería á cuyo ruido nuestros huéspedes se lanzaron al mar con la misma ligereza que las ranas saltan al pantano.

Esta tierra es muy poblada y muy regada de rios, rica en animales que poco se asemejan á los nuestros. No tienen caballos, ni mulos, ni asnos, ni perros, ni ninguna clase de ganados. Las aves son innumerables de varias clases y colores. La tierra es muy amena y fructífera, llena de grandísimas selvas y bosques y siempre está verde pues los árboles no pierden las hojas. Muchas son las frutas y todas diferentes de las nuestras. Esta tierra está dentro de la Zona Tórrida, bajo el paralelo que describe el Trópico de Cáncer, donde alza el Polo sobre el horizonte veintitres grados. Partimos de este puerto cuya provincia se llama LARIAB y navegamos á lo largo de la costa siempre á la vista de tierra, haciendo unas ochocientas setenta leguas aún hácia el N. O.[13]

Habíamos estado ya trece meses en el viaje y los buques y sus aparejos estaban muy deteriorados y para repararlos ganamos un puerto, el mejor del mundo, en el cual estuvimos treinta y siete dias, al cabo de los cuales resolvimos volvernos á España, llevando doscientos veintidos prisioneros tomados en un combate que tuvimos últimamente y llegamos al puerto de Cádiz el 15 de Octubre de 1498.[14]