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Américo Vespucio

Chapter 8: CAPITULO III.
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About This Book

El autor reconstruye y critica la actividad de un navegante florentino en los inicios de la exploración americana mediante el examen crítico de documentos y cartas contemporáneas. Compara versiones contradictorias, privilegia un códice dirigido a Lorenzo de' Medici encontrado en la Biblioteca Ricardiana y confronta esa lectura con la carta atribuida a Pedro Soderini y con las interpretaciones de otros historiadores. Publica ambas cartas en apéndices y discute la veracidad de supuestos viajes posteriores, concluyendo que no existe respaldo archivístico para expediciones adicionales. Además contextualiza la empresa exploradora desde perspectivas marítimas, económicas e históricas.

The Project Gutenberg eBook of Américo Vespucio

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Title: Américo Vespucio

Author: G. Pérez Gomar

Release date: July 9, 2019 [eBook #59879]

Language: Spanish

Credits: E-text prepared by Adrian Mastronardi and the Online Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net) from page images generously made available by Internet Archive (https://archive.org)

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AMÉRICO VESPUCIO ***

 

E-text prepared by Adrian Mastronardi
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Note: Images of the original pages are available through Internet Archive. See https://archive.org/details/americovespucio00pberrich

 


 

 

 

ADVERTENCIA.
AMÉRICO VESPUCIO.
INTRODUCCION.
CAPITULO PRIMERO.
CAPITULO II.
CAPITULO III.
CAPITULO IV.
CAPITULO V.
CAPITULO VI.
CAPITULO VII.
CAPITULO VIII.
CAPITULO IX.
CAPITULO X.
CAPITULO XI.
CAPITULO XII.
CAPITULO XIII.
CAPITULO XIV.
APÉNDICE
I.
II.
III.
ÍNDICE.
NOTAS:

AMÉRICO VESPUCIO

POR

GREGORIO PÉREZ GOMAR.

 

BUENOS AIRES.

Imprenta de La Ondina Del Plata,
Santiago del Estero 176.

1880.


ADVERTENCIA.

El trabajo que ahora ofrecemos al público lo emprendimos como un estudio de mera curiosidad, ya que nos hallabamos en Florencia, patria de Américo Vespucio y donde suponiamos debian hallarse los datos suficientes para determinar la mision que este habia desempeñado en el descubrimiento de América, punto tan someramente tratado por los escritores modernos.

Al principio hallabamos gran dificultad para conciliar las contradicciones que resultaban de la comparacion de los distintos documentos, hasta que el estudio de la carta del mismo Vespucio, dirigida á Lorenzo de Medici, comparada con las referencias del historiador Herrera, nos dió la clave para resolver tan complicadas cuestiones.

No estabamos aun satisfechos, porque sabiamos que el Sr. F. A. de Varnhagen, habia escrito algo sobre esta materia, mereciendo su obra tal aprecio que por ella fué ennoblecido con el título de Baron de Porto Seguro.

Al fin pudimos ver su obra en la Biblioteca Provincial de esta Ciudad y hallamos que no ha tenido á su disposicion mas datos de los que nosotros hemos consultado.

Como ha apreciado él esos datos y como los hemos apreciado nosotros, tendrá ocasion el público de conocerlo y como llegamos á resultados opuestos, el público tambien fallará de parte de quien está la razon.

Para el autor brasilero el documento auténtico de Vespucio es la carta dirigida á Pedro Soderini, Gonfaloniero vitalicio de la República Florentina, carta que comprende la relacion de los cuatro viajes ó jornadas emprendidas por el explorador florentino. Para nosotros el documento digno de fé, es al contrario la carta dirigida á Lorenzo de Medici, de la cual se encuentra un códice en la Biblioteca Ricardiana de Florencia.

En el Apéndice publicamos ambas cartas, para que á mas de las razones que exponemos pueda el lector en vista de esos documentos, apreciar mejor la verdad de éste punto histórico.

Parecerá extraño que despues de una vida tan contrariada y de decepciones tan amargas, tengamos valor de hacer un paréntesis á la labor cotidiana para importunar al público pidiendo su atencion sobre un trabajo literario; pero queremos dar una prueba práctica de que la inteligencia no debe abatirse jamás y que es en las épocas que le son mas adversas, que debe dar señales de existencia.

Así, si nuestro trabajo no tiene importancia, al menos habremos dado un buen ejemplo á la juventud estudiosa que viene tras de nosotros con mayores brios y con mas brillantes luces, pero á la cual detiene en su marcha de progreso el fanatismo político y el mercantilismo de sociedades que se hallan recien en estado de incubacion.

Buenos Aires, Octubre de 1879.


AMÉRICO VESPUCIO.


INTRODUCCION.

Los mares unen y no separan los Continentes—La navegacion es tan antigua como la humanidad misma—Europa, tierra de promision de los antiguos—América, tierra de promision de los modernos—Exploracion terrestre del Asia—Marco Polo—Camino marítimo—Gran problema económico—Grandes descubrimientos.

Los Océanos que parecen separar los continentes, han tenido y tienen al contrario el grandioso destino de facilitar su comunicacion recíproca; esa gran masa de agua que apenas deja sin inundar las elevaciones de la tierra, apareciendo los grupos de la humanidad refugiados en ellas como náufragos de una universal catástrofe, la ha derramado el Creador para nivelar las profundidades del abismo y ofrecer el camino mas practicable en todas las latitudes.

Es sobre la superficie variable, hermosa ó imponente de esos mares, que la no menos variable atmósfera de la tierra se renueva cotidianamente y el Dios de las energías del mundo la distribuye en todas direcciones, ya con la violencia de los huracanes, ya con la suavidad de las brisas.

Tres cuartas partes del Globo son necesarias para esa asombrosa elaboracion, sin la cual no seria habitable y ese puñado de seres esparcidos sobre las cumbres superiores al nivel de las aguas, puede decir con orgullo que respira el álito de la mas gigantesca Creacion del mundo.

Nada es mas seductor que el mar; nadie permanece impasible en sus orillas; nadie escucha su murmullo, nadie admira su azulada superficie, nadie gira la mirada en el círculo de sus horizontes sin sentirse conmovido y atraido con el transporte de una pasion mas sublime que todas las pasiones y cuando el cielo se oscurece, cuando el huracan se desencadena y terribles ondas se levantan bramando, hirviendo y formando en sus cúspides blanca y vaporosa espuma, como otros tantos mónstruos que escupen con furor al firmamento, el alma mejor templada reconoce su miseria y su impotencia, y en el momento de encarar el abismo, piadosa se eleva á las alturas.

Asi, aun en el estado mas primitivo, los grupos humanos, no han permanecido en las orillas de los mares sin lanzar á ellos bajeles mas ó menos poderosos que les trasportasen á desconocidas regiones.

La civilizacion, que empieza donde quiera que el hombre reposa de su lucha con la naturaleza por haberla ya dominado; cuando la inteligencia se aclara como un líquido se transparenta si no se agita; cuando el pensamiento se produce y la razon se eleva; la civilizacion, que busca siempre espacio donde extenderse como la luz, si surgió en los mas risueños climas del Asia, preparada por una raza poética y vigorosa, no pudo quedar estacionaria, y buscó donde esparcirse.

La Europa debió ser como á su vez lo fué la América, la tierra de promision, y el Mediterráneo el fácil camino por donde se llevasen colonias, mercancías y riquezas. Despues, cuando por esa ley de la continuidad del progreso, la Europa superó á todo el mundo en civilizacion, retornó al Oriente su poderosa influencia.

Las Naciones privilegiadas que se acrecentaban con ese movimiento, con ese flujo y reflujo del esfuerzo humano, eran las que tenian un puerto sobre el Mediterráneo, la España, la Italia, la Francia. Ellas recogian las riquezas del tráfico y hacian tributarias á las otras naciones alejadas del gran camino surcado por las naves del comercio.

Esa marcha retrospectiva, ese reflujo de corriente civilizadora hizo fijar mas tarde la atencion en las riquezas del centro del Asia. Ellas eran un miraje encantador, un delirio, un sueño, una adivinacion del Paraiso y entre otros exploradores menos felices, esa fantasía llevó en 1253 al veneciano Marco Polo á grandes exploraciones y venciendo obstáculos al parecer insuperables, penetró en las regiones misteriosas y codiciadas. Muchos años despues, en 1295 regresó con los honores de un gran explorador, pero sin poder ofrecer los medios prácticos para establecer un comercio fructífero y contínuo. Sus relaciones eran como cuentos de Hadas; excitaban á la vez la imaginacion y la codicia, pero no habia mar; el agua no nivelaba el abismo para lanzar los bajeles; no habia sinó llanuras y montañas que exigian mayores riquezas para atravesarlas, que las riquezas que pudiese producir el cambio.

No eran aquellos tiempos como los presentes en que el amor á la ciencia es bastante estímulo para armar y dirigir expediciones aunque sea al Polo, donde no existen sinó desiertos y montañas de hielo. Grandes perspectivas de riqueza se necesitaba entonces para arrostrar los peligros de los mares.

Pero el explorador veneciano habia dado el primer paso de los grandes descubrimientos.

El objetivo era hallar ricos mercados para el comercio; eso estaba ya descubierto; faltaba solamente el camino que á ellos condujese.

Los antiguos habian navegado alguna extension de la costa de Africa y se sabia que esa costa se prolongaba al Sur; pero era todo lo que se sabia aun dos siglos despues de la exploracion de Marco Polo.

Las Islas Afortunadas, llamadas despues Canarias, habian sido descubiertas por algunos viajeros, antes que Betancourt las conquistase en 1339 y aunque circulaban noticias de otras tierras, nada mas se conocia de un modo positivo.

Divulgáronse por toda la Europa las relaciones de Marco Polo; prisionero de los genoveses y puesto por estos en libertad, habia referido, primero de palabra y despues por escrito, todas las peripecias de su viaje. Eran conocidas con el nombre de El Millon de Marco Polo, por las grandezas que mencionaban. Desde entonces era el gran problema económico hallar un paso marítimo á las regiones del Oriente.

El Nuevo Reyno de Portugal con una poblacion marítima considerable y en una época de entusiasmo y audacia, en que se creía, capáz de todas las grandes empresas resolvió buscar el paso á lo largo de la costa de Africa.

En sus expediciones sucesivas descubriéronse las Azores, las Islas del Cabo Verde y varios puntos de la mencionada costa, hasta que Bartolomé Diaz llegó hasta el Cabo de las Tormentas, que el Monarca, por una feliz inspiracion, quiso fuese llamado Cabo de Buena Esperanza.

Tenian lugar estos sucesos en 1487 quedando reconocida toda la costa Africana hácia el Sur, suspendiendo los portugueses sus exploraciones, que diez años despues debia continuar Vasco de Gama, doblando ese Cabo y realizando esa esperanza.

Pero entretanto un movimiento Geográfico menos empírico habia tenido lugar y es de ese movimiento que vamos á ocuparnos en los Capítulos siguientes.


CAPITULO PRIMERO.

Teoría del descubrimiento—Pablo Toscanelli—El descubrimiento de América como revolucion geográfica y económica—Teoría de Toscanelli—Viaje de circunvalacion—Itinerario—Cálculo de las distancias.

En tanto que las imaginaciones se exaltaban con los relatos de Marco Polo que suplian entonces la falta de amenísimos romances; en tanto que los eruditos discutian platónicamente sobre las comarcas descubiertas que ensanchaban el horizonte geográfico de la tierra; en tanto que los mercaderes sufrian el suplicio de Tántalo conociendo riquezas que fueron ignoradas sin poderlas alcanzar, un sabio florentino, inspirado en las ideas de Toloméo, propuso levantar á mas sérias consideraciones los descubrimientos del intrépido veneciano y fundar sobre ellas sistema cosmográfico que llevase al descubrimiento de todo el mundo marítimo y terrestre.

Muy significativo es este hecho en el descubrimiento de América y debe fijarse en él la atencion con el detenimiento que merece. En toda revolucion es necesario buscar primero las ideas que la produjeron y no concretarse al hombre ú hombres que fueron sus órganos; asi, la historia de la Reforma no es la historia de Calvino y de Lutero sinó la historia de las ideas que precedieron á esos hombres y asi la historia de la revolucion francesa es la historia de todo el siglo XVIII en que ella se elaboró.

El descubrimiento de América fué la revolucion mas universal y mas grandiosa de la época histórica. Para ella fué necesario demoler sistemas, destruir errores teológicos, levantar teorías nuevas hasta que llevada á cabo, resolviese el gran destino de la humanidad.

Pablo Toscanelli era ese sabio florentino que se afanaba por llevar á una asombrosa práctica las teorías de la ciencia; pero todo parecia oponerse á su designio; la navegacion era entónces imperfecta y medrosa y apesar de las recientes invenciones de la brújula y del astrolabio nadie creía posible aventurarse en el mar, perdiendo la vista de las costas, porque el problema de las longitudes fluctuaba en perpétuas alternativas, sin salir de la infancia de tantos siglos.

Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban al teórico, al pensador profundo y como si tuviese el Globo en su mano y la verdad á su alcance, entró con la valentia del genio, en sus cálculos y deducciones.

Había Tolomeo extendido su carta del mundo á los ciento ochenta grados y en el vacio que esa extension dejaba, colocó una Tierra Incógnita. Pero una tierra incógnita no dá idea alguna de su situacion, es apenas una X del problema de su descubrimiento.

Esa incógnita había permanecido inabordable; no faltaban quienes la considerasen ménos aun que una incógnita, como un sueño, como una quimera ó sinó como un problema para cuya resolucion faltaban los datos necesarios.

Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que ante la razon aparecía tan poco probable fué para Toscanelli, en cuya mente estaba ya encendida la inspiracion y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de conjeturas y de luces.

Pensó que aquella tierra que él creía el Catai se extendiese hasta el hemisferio opuesto y que tomándose la vía de Occidente llegariase pronto á los felices Países que descrito había Polo y de los cuales tan distantes estaban aun las flotas de Portugal, errantes por las Occidentales playas del Africa y detenidas por accidentes continuos.

Reduciase ya la cuestion á definir la longitud del ideado viaje, cuestion imprescindible no solo para la seguridad de los aventureros que arrostrasen esos peligros, sinó tambien para garantía del buen éxito.

Recogió el sabio florentino datos é informaciones de embajadores, mercaderes y doctos sobre las tierras del Oriente; halló todo concordante con la relacion de Polo y estos resultados prácticos avivaron sus especulaciones y sirviéronle de guia para apreciar las longitudes.

Sobre la certeza del viaje de circunvalacion ninguna duda podía levantarse, ya que el mismo Toscanelli ignoraba como todos, la existencia del Continente Americano que oponer debía un insuperable obstáculo al recto y marítimo curso desde la Europa á la China y aparecerse con no ménos asombro que fortuna. Pero la brevedad del trayecto ó sea la longitud, era punto demasiado interesante para que descuidase demostrarlo.

Dibujó con su propia mano una carta naútica donde marcó, segun él mismo lo dice en la primera de sus cartas, todo el confin del poniente partiendo de Islandia al Austro hasta Guinea con todas las Islas que encuéntranse en ese camino, en cuyo frente al poniente hallase dibujado el principio de la India.

Esta carta importantísima por ser el primer monumento del descubrimiento de América no la conocemos sinó por las referencias del mismo Toscanelli y de contemporáneos que la vieron y juzgaron. Aseguran estos que tenía una graduacion y dos escalas, cosa de que carecían entónces las cartas geográficas supliéndose en ellas su falta, para conocer el derrotero y longitud de los viajes, con líneas rectas entre los puntos de partida y de llegada, indicándose con un número sobre ellas las millas longitudinales.

Esto se vé en la Biblioteca de Santa María Novella en Florencia, en una carta del mundo, manuscrita por el geógrafo Dati contemporáneo de Toscanelli. Pero sea de esto lo que sea, afortunadamente hizo la descripcion minuciosa de los espacios, de las millas de Lisboa al Catai ó tierra incógnita y merced á esta descripcion conocemos su sistema.

Además de la situacion de la famosísima Isla Antilla, de la no ménos célebre de Cipango, de la Provincia de Mangui, del Catai y de muchos otros lugares de la India, veíase en la carta de Toscanelli una línea que dirigiéndose hácia poniente de Lisboa á la gran ciudad de Quinzai la moderna Hong-Cheu, comprendía veintiseis espacios de doscientas cincuenta millas cada uno, estableciendo por tanto un intérvalo total de seis mil quinientas millas entre aquellas dos ciudades, una á la extremidad Occidental de la Europa, otra al conocido confin Oriental del Asia, abrazando segun la expresion del mismo Geógrafo, casi la tercera parte de la Esfera, ó una longitud de cerca ciento veinte grados; de manera, que sin contar el enorme giro de los portugueses al rededor del Africa, su vía oriental de Lisboa á China, era doble de la via occidental por él imaginada.

Suponiendo que las millas de que hablaba Toscanelli fuesen millas Italianas de las que cuatro forman la legua portuguesa ó española, he aquí el cálculo de las distancias segun lo que respecto á la Antilla, escribía al Canónigo Martinez de Lisboa:

"De esta ciudad, derecho hácia el poniente, hay en dicha carta veintiseis espacios conteniendo cada uno doscientas cincuenta millas hasta la nobilísima Ciudad de Quinzai. Y desde la Isla Antilla, que llamais vosotros de las siete Ciudades, de que teneis noticia, hasta la nobilísima Isla de Cipango, hay diez espacios que hacen dos mil quinientas millas."

Con estos datos el cálculo es muy simple.

Por testimonio de Marco, solo se contaban:

De Quinzai al Océano 25 millas
Del Océano á Cipango 1500 "
Toscanelli pone de Cipango á la Antilla 2500 "
Luego de Quinzai á la Antilla 4025 "
Ahora bien, de Lisboa á Quinzai segun Toscanelli                            6500 "
De Antilla á Quinzai 4025 "
Luego de Lisboa á Antilla 2475 "


Tal era el prodigioso itinerario que Toscanelli trazaba sobre el Globo y la apreciacion errónea de su longitud, que no podía ser rectificada, desde que solo podía apreciarse la longitud de las tierras que se extendían al Oriente, por los inciertos datos de Polo, que hicieron creer que entre Lisboa y la costa Oriental del Asia, debía existir una extension casi de dos terceras partes de la esfera y solo una tercera parte de mar, debiéndose aun encontrar en ese mar la célebre Atlántida ó Antilla de que tanto hablaron los antiguos.

La situacion y aun la existencia de esa Isla era tan incierta como aquel Cabo ó puerto de Catigara que tanto nombró Tolomeo en su Geografía, que tantos descubridores creyeron quimérico y que mucho despues creyó hallarse con el nombre de Caitagora, en el pais de Sin.

En cuanto al mar que baña esas costas orientales del Asia que hoy conocemos con el nombre de Océano Pacífico, era designado por Tolomeo con el nombre de Seno Magno y aun asi se llamó por Ortilio en 1587 en su Tesoro Geográfico y hasta en 1618, en la edicion de Tolomeo hecho por Pedro Best, y como el Cabo de Catigara se situaba al Oriente del Seno Magno el cosmógrafo Munstero, lo situó al Oriente del Pacífico.

Había en todo esto una adivinacion que asombra por mas que se creyese en una extension espantosa del continente Asiático y se desconociese por lo mismo la grandeza del Océano Pacífico.

En cuanto á la época de estos trabajos de Toscanelli puede fijarse por la data de la carta que dirigió al Canónigo Martinez de Lisboa, sobre las Tierras Incógnitas en 1474.

Para el estado de la ciencia en aquellos tiempos el sistema de Toscanelli era muy adelantado y puede decirse que en la apreciacion longitudinal de la misteriosa Antilla había hecho ya el descubrimiento teórico de la América y como para este descubrimiento poco importaba la extension del Océano Pacífico y la distancia de Lisboa á la costa Oriental del Asia, los errores tremendos en esos cálculos no debían tener fatales consecuencias.


CAPITULO II.

Cristóbal Colon—Su residencia en Lisboa—Correspondencia con Toscanelli sobre las tierras incógnitas—Epoca en que resolvió llevar á la práctica esas teorías—Viaje á los mares septentrionales—Proposicion al rey de Portugal—Rechazo—Partida á España.

Debe aparecer ahora el mas poético de los personajes de la gran revolucion del descubrimiento de América, aquel que llevaba el nombre simbólico de su colosal empresa, Cristóbal Colon, Cristo ferens, portador de la fé de Cristo y mensajero de la civilizacion; personaje legendario que, por su constancia, por su heroismo, por las visiones de su imaginacion, por su esplendorosa fortuna y por sus grandes infortunios, por lo brillante de su estrella y por lo tormentoso de su ocaso, debía atraer la atencion de todos hasta olvidar los demas actores del drama.

Podemos fijar la época del nacimiento de Colon en 1447. En una carta que escribió á Don Fernando de Aragon fechada en 1504, decia:—"Y hoy pasa de cuarenta años que ando navegando"—En la historia escrita por su hijo Fernando, con la autoridad de otra carta suya, se vé que empezó á navegar de catorce años de edad; luego nació en la época que hemos designado y no en la que suponen otros historiadores.

En cuanto al lugar de su nacimiento es hoy fuera de duda que fué Génova—la soberbia—por mas que se hayan disputado su cuna varias ciudades y principalmente Placencia y Cuccaro del Monferrato; pero el mismo héroe de la disputa habia fallado la causa de antemano llamándose hijo de Génova[1].

Era Colon de esbelta estatura, de bien formado cuerpo, de rostro encendido, de azulados ojos, de rubios cabellos, que por las inquietudes del alma bien pronto encanecieron, y de expresion altiva y modesta al mismo tiempo.

El orígen de Colon, que ha querido llevarse á la mas alta aristocracía, no aparece sinó en la mas humilde clase del pueblo; pero poco importa saber si el padre de Colon tejia paños ó escardaba lanas, basta saber que siendo pobre no podia haber dado al hijo esa educacion brillante que algunos historiadores le atribuyen. Es inverosímil tambien que hubiese estado en la Universidad de Pavía y que allí hubiese aprendido letras, cosmografía y náutica, pues habiendo empezado á navegar de catorce años, no podia haber tenido el tiempo necesario para adquirir tales conocimientos.

Es indudable que Colon empezó á navegar sin conocimientos cosmográficos y que solo por sus propios esfuerzos llegó á instruirse y á desarrollar su inteligencia, en los primeros veinte y tres años que navegó consecutivamente recorriendo todo el levante y el poniente, como dice él mismo en una de sus cartas.

En 1470[2] fijó Colon su domicilio en Lisboa, llevado sin duda por los atractivos que á los marinos debia ofrecer un País donde tantas empresas marítimas se proyectaban. Allí relacionóse con los principales hombres de su profesion y completó sus veinte y tres años de navegacion en excursiones sucesivas, haciendo en 1477 su célebre viaje por el Océano septentrional mas allá de la latitud conocida, segun cuenta su hijo Fernando. Sin perjuicio de estas excursiones, Colon tenia su domicilio fijo en Lisboa y meditaba en los descubrimientos de Polo y en los viajes de los portugueses á lo largo de la costa de Africa.

Dentro del periodo de catorce años que se comprende entre su llegada á Lisboa y su partida de esa ciudad, contrajo matrimonio con Da. Felipa Muniz de Pellestrello, y aunque la época de este matrimonio no aparezca con precision, es verosímil que fuese al poco tiempo de llegar á Lisboa, pues refiere su hijo D. Fernando que en 1484 habia ya enviudado, quedándole un hijo llamado Diego, con quien se partió de esa ciudad como en seguida veremos, y para poder llevarse consigo al hijo, no podia este ser de tierna edad.

La mujer de Colon era hija de uno de los descubridores de las islas Azores y gobernador de Porto Santo, y si á esa época este ya no existia, existian sus parientes que eran todos navegantes portugueses.

Es pues probable que Colon aunque ya se hubiera preocupado antes de llegar á Lisboa con la cuestion de hallar el camino marítimo para la India, pensase en ello mas seriamente con las relaciones de los marinos portugueses con quienes tan íntimamente se hallaba relacionado. Tambien debia hallarse en relacion con el padre Ximenez, autor del Gnomone florentino y con el canónigo Martinez, hombres doctos en cosmografía y que se hallaban en correspondencia con Toscanelli por los años 1473 y 74.

Este geógrafo dirigió tambien dos cartas á Colon y copia de otra dirigida á Martinez, de modo que es indudable que existia comunicacion entre todas estas personas y que discutian sobre las tierras incógnitas, como se llamaban entonces á las islas y costas con las que debia tropezarse en el viaje de circunnavegacion.

Cautivóse Colon de las lisongeras demostraciones de Toscanelli, apoyadas por los dos sabios expresados, y reconociendo en esas teorías la fuente de donde emanaban que era las relaciones del explorador Marco Polo, entregóse del todo á la lectura de sus viajes, al extremo que muchos considerasen que estas lecturas fuesen la única causa impulsiva de sus proyectos. Pero sin las adelantadas combinaciones del geógrafo florentino, no hubiese el explorador veneciano despertado en el ánimo de Colon sinó aspiraciones indefinidas, y su hijo Fernando, mas justo apreciador de los hechos, se refirió á las cartas de Toscanelli para rectificar precisamente la decisiva influencia que tuvieron en la empresa del padre. Cuando sigamos la marcha del gran descubridor, haremos notar que siguió siempre, como una guia segura, el itinerario que le habia sido trazado y que, palpando ya la realidad de las cosas, seguia aun con los mismos errores de Toscanelli.

Otra data imposible de fijar con certeza es cuando Colon dejó de meditar en estas teorías para entrar en la resolucion firme de emprender sus viajes. Hasta 1474, época de la correspondencia con Toscanelli, es decir, cuatro años despues de su llegada á Lisboa, las tierras incógnitas eran aun materia de consultas y discusiones. En 1477 emprendió Colon su viaje á los mares septentrionales, apremiado sin duda por necesidades de la vida, pero el hecho de lanzarse algo mas allá de lo conocido por esos mares, deja sospechar que al mismo tiempo quisiera hacer una tentativa de descubrimiento, un exámen de esas costas, por si existia en esa altura el camino que se buscaba. El resultado negativo de esta exploracion debió afirmar sus convicciones y no es aventurado decir que en 1478, es decir, á los treinta y un años de edad, Colon resolvió definitivamente emprender su viaje y con esa actividad que le era característica, se presentase sin mas demora á implorar la proteccion del rey D. Juan II de Portugal—Desacuerdan los autores sobre si Colon imploró la proteccion de la empresa primero al monarca portugues, á la Señoria de Génova ó al rey de Inglaterra, pero á mas de lo ocioso que es esta cuestion, la circunstancia de tener su domicilio en Lisboa, con el objeto de tomar parte en las empresas marítimas, pone fuera de duda lo que hemos asegurado.

El historiador portugues Barros, despues de hablar de las teorías de Colon, dice:—"Tanto importunó al rey que este ordenó fuese examinado su proyecto por Monseñor Diego Ortiz asociado con algunos pilotos, todos los que hallaron quimérica la empresa".

Como las instancias á la Corte van despacio y como algun tiempo debiera ser necesario para que Colon importunase al rey, es verosímil que recien en 1480 tuviese este sublime importuno su desengaño y no teniendo ya ningun vínculo que le ligase á Portugal, habiendo perdido ya su esposa, resolviese partir para Castilla, llevando consigo á su hijo.

De Lisboa[3] siguió Colon directamente á España, pues carecía de medios para hacer mas largos viajes, valiéndose de su hermano Bartolomé para que fuese á implorar la proteccion del rey de Inglaterra y sin duda se serviría de algun otro intermediario ó de misivas epistolares para entenderse al mismo tiempo con la Señoria de Génova.

Temeroso Colon de que se reprodugese en otras partes el rechazo del Rey de Portugal, quiso asegurarse el éxito tentando simultáneamente en varias partes su negociacion reservándose aceptar la mas ventajosa oferta, si mas de un gobierno la hiciese.


CAPITULO III.

Situacion de la España—Reinado de Don Fernando y Doña Isabel—Anarquía—Guerra cívil—Fanatismo—Restablecimiento de la Inquisicion—Influencia del Clero—Expulsion de los judios y moros—Odios entre España y Portugal.

Nos es necesario echar una ojeada sobre el País á que se dirigía Colon y sobre los sucesos de la época en que debía llegar.

El reinado de Enrique IV, llamado el impotente, había sido funesto para Castilla; él mismo había abierto las puertas de la mas escandalosa anarquía rebelándose contra su padre. No eran mejores los ejemplos de su vida privada; había agotado las fuerzas de su juventud en la mas desenfrenada crápula. Sin mas sucesion que su hija Juana y aun su legitimidad desconocida al extremo de llamarla el pueblo y los nobles la Beltraneja, á causa de las intimidades ostensibles de Don Beltran de la Cueva con la Reyna, fué este desgraciado vástago en vez de solucion de las cuestiones de sucesion, causa de trastornos y de guerras.

De ánimo débil, pasó por sucesivas humillaciones que despretijiaron su autoridad y hacían que tomase colosales proporciones la anarquía. Hizo primero reconocer á su hermano Don Alfonso como sucesor al trono, cediendo á las imposiciones de la nobleza y desconociendo los derechos de su hija.

Muerto Don Alfonso á los quince años de edad, se hizo por las mismas imposiciones, el pacto llamado de los Toros de Guisando, en que fué reconocida su hermana Doña Isabel con derecho á la sucesion del trono pretendiendo salvar su autoridad, con una claúsula por la cual esta no se casaría sin asentimiento del monarca. Todos estos resultados venian precedidos de intrigas, asonadas y crímenes.

Llegó el descontento al extremo de quererse destronar al monarca para levantar á Doña Isabel, como ya una faccion había proclamado á Don Alfonso, pero la futura soberana de España tuvo la discrecion de no prestarse al movimiento.

El matrimonio de la simpática princesa con su primo el infante de Aragon, Don Fernando, Rey de Sicilia, es un idilio que pocas veces ocurre en la crónica de los reinos. Don Enrique pretendió que la princesa se casase primero con el principe de Francia, despues con Pedro Giron, altivo y rebelde noble que puso esa condicion á su sometimiento y por último con el Rey de Portugal. La princesa resistió con energía todas estas imposiciones porque amaba á Don Fernando de Aragon y solo con él consentiría en un enlace.

Para evitar las persecuciones é intrigas de la Corte hizose venir al Infante secretamente, corriendo serios peligros y con la proteccion de los nobles que le eran adictos en Castilla, celebraronse las nupcias que unian por lo pronto dos ardientes corazones y que mas tarde debian unir dos reinos, formando uno tan grande que en él jamas el sol tendria ocaso.

Muerto Don Enrique IV en Diciembre de 1474 fué, en la ciudad de Segovia, proclamada Reyna de Castilla Doña Isabel, no sin que al mismo tiempo ambiciosos viniesen á disputarle el trono, so pretesto de sostener la causa de Doña Juana. La actividad que en esta lucha demostró la nueva Reyna, probó que ambicionaba ardientemente el poder y que tenia grandes aptitudes para sobrellevarlo.

Doña Juana habíase esposado con Don Alfonso V Rey de Portugal y este invadió á Castilla, sostenido por los nobles adictos á ella y trabóse una guerra de sucesion que probó la impericia militar de unos y otros. Por último, vencido el Portugues, retiróse á su Corte y la infeliz Doña Juana, despues de haber sido heredera de un trono, novia de tantos ambiciosos y desposada de un Rey, concluyó por buscar la paz del alma en un Monasterio.

Fallecido en Enero de 1479 el Rey de Aragon Don Juan II, fué elevado al trono Don Fernando y produjose así la unidad Española.

En todo este movimiento vése por único actor á la casualidad. A Don Enrique sucederle debia su hija Juana y en defecto de ella, su hermano Don Alonso, jóven sensato, que apesar de su corta edad tuvo bastante carácter para rechazar mas de una infamia; hubiese sido un buen Rey y no llegó á ser sinó una esperanza frustrada sin que falten historiadores que atribuyan al veneno su prematura muerte. En tal caso Doña Isabel hubiese sido otra monja como Doña Juana ó hubiese optado por ser Reyna de Portugal, casandose con el viejo monarca que la pretendia. Entónces la union de los Reinos de Aragon y Castilla efectuado ipsofacto por su matrimonio con el Príncipe, no se hubiese realizado, sin que hubiesen tenido lugar muchos de los sucesos que vamos á referir.

Prescott en la historia de los Reyes Católicos, dá al reinado de Doña Isabel un orígen electoral, cosa que en verdad no es asi, pues toda la autoridad de Doña Isabel se derivó del célebre pacto de los Toros de Guisando, infringido no obstante por la misma agraciada en la cláusula que exigía la intervencion de Don Enrique en su matrimonio. Si casualidad fué todo, pocas veces ha dado orígen á tanto bien y á tanto mal.

A situacion tan espantosa, como la dejada por el reinado que caducaba, requeriase un gobierno enérgico y justo, que salvase el principio de autoridad, desconocido por la terrible anarquía que destrozaba la Península Ibera y los Reyes Católicos, que muchos y muy grandes errores debian cometer, eran no obstante justos y enérgicos.

Todos los historiadores están contestes en el tétrico cuadro que ofrecía la España al morir Don Enrique. La seguridad de las personas y de las cosas era mayor entre las hordas salvajes que en sus campos y aun en sus ciudades; los mismos nobles mandaban desde sus castillos robar y asesinar á los viajeros; el feudalismo estaba en su apojeo; los tribunales por prevaricaciones escandalosas ó por miedo no servian sinó para alentar la injusticia y el crímen; la industria decaida, el comercio abatido; una crísis espantosa á causa de que cada noble acuñaba la moneda á su antojo, depreciándose esta al extremo de que las transaciones se hacian, como en los tiempos primitivos, por trueque ó cambio.

El Clero era un poder, el único poder, la única autoridad, al extremo de que criminales vestian el hábito sin profesar para escudarse y quedar impunes. Los maestrazgos de las órdenes religioso-militares, recibian del Papa su autoridad; no se sometian al Gobierno y acumulaban grandes riquezas. En fin, si se quiere una imágen del cáos, busquese en esa época de la historia de España, sobre todo en Castilla y Andalucia.

Los Reyes Católicos acometieron la tarea de domar esa anarquía y ya con rigor, ya con blandura; ya confirmando fueros y derechos á las ciudades, ya despojando á los nobles de sus derechos feudales, ya reconciliando los magnates enemistados, ya sometiendo á los que gobernaban por su cuenta incluso al altivo conde de Cádiz, ya prestigiando los tribunales de justicia, ya reformando los procedimientos y leyes civiles; en pocos años, la misma admiracion que nos ha causado el desquicio del gobierno de Don Enrique, nos asalta al ver las reformas obtenidas por los Reyes Católicos. Apesar de su energía, Doña Isabel nada hubiese conseguido sin la union del Reyno de Aragon; habiase allí refugiado lo mas sensato y patriota de la nacion Española; su constitucion liberal, su riqueza de que era emporio el puerto de Barcelona, todo eso reflejaba prestigio sobre ella y era un contrapeso poderoso; los nobles y el pueblo mismo de Castilla, sabían que en un caso dado, un ejército Aragonés vendría á apoyar á la Soberana y véase en esto una demostracion de como la anarquía, hija siempre de la desmembracion social, cesa cuando la unidad se restablece.

Dos episodios citaremos para demostrar que estos Soberanos si bien dotados de grandes cualidades, no eran aptos para mejorar la situacion del Pais.

Los obispados de España se proveian sin anuencia del Soberano, y si los Reyes Católicos reivindicaron ese derecho, no se descubre en ello sinó la influencia del Clero Español, interesado en esa reivindicacion porque era pospuesto por prelados de Roma. Los Reyes estaban sometidos á esa influencia al extremo de que el confesor de Doña Isabel, nuevamente nombrado, Fray Fernando de Talavera, cuando por primera vez fué á ejercer su ministerio, permaneció sentado para escuchar la confesion:—La costumbre es—dijo Doña Isabel—que ambos permanezcamos arrodillados.—Nó—exclamó el confesor—yo soy ministro de Dios y este su tribunal y V. A. debe permanecer de rodillas y yo sentado. La Reyna se arrodilló.

Doña Isabel tenia, no hay duda grandes condiciones pero no era superior á su época, estaba muy á su nivel. La España debía permanecer siempre con los gérmenes de la anarquía, contenidos pero no extirpados; el fanatismo debia acrecentarse tanto mas cuanto mas quisiese hacerse de la religion elemento social.

Es asi que el restablecimiento de la Inquisicion hizo á este poder mas irresistible que en las épocas anteriores. Algunos historiadores para disculpar á Doña Isabel dicen que fué á requisicion del Papa que se hizo este restablecimiento; no hay tal, existen aun los documentos que prueban que fué á peticion de la misma Doña Isabel que se dió la bula que debia levantar en Torquemada, el déspota, el tirano mas cruel de los tiempos pasados y futuros.

Estos dos episodios prueban que, ó los Reyes Católicos no eran tales como los representa la historia, sinó crueles y sanguinarios ó que estaban tan dominados por el Clero como Don Enrique lo estaba por los nobles rebeldes. Destruido un feudalismo, levantaban otro cien veces peor; quitada á los nobles la horca y cuchillo, ponian en manos de los Inquisidores la tea para encender las hogueras del martirio.

No faltan historiadores que fascinados por el prestigio de los grandes acontecimientos que la casualidad hizo producir en el reynado de Doña Isabel, quieran atenuar esta mancha, echando la culpa á la época. Nó, la moral y la justicia son eternas y no tenemos otra regla para juzgar los hechos de cualquier tiempo. No fueron menos graves otros errores cometidos por los Reyes Católicos; la expulsion de España de los Judios y de los Moros, las persecuciones inhumanas contra esos desgraciados, el saqueo de sus propiedades, son hechos que bastan para borrar la poca gloria que se les atribuye en la unidad de España y en el descubrimiento de América.

La misma guerra contra los Moros refugiados en Granada, no se llevaba con tanto celo al principio; fué necesario que algunos nobles por si y ante si la iniciasen con la toma de Alhama, para decidir al Monarca á ponerse en campaña y en toda esa guerra cuesta discernir el fanatismo del amor patrio.

Ni faltaron tampoco los estragos de la guerra cívil en este Reynado, bastando para comprobarlo que citemos el movimiento separatista que inició en Galicia el mariscal Pardo de Cela, siendo necesario que se enviase allí un ejército que sufrió un reves y que no pudo triunfar sinó á merced de una traicion por la cual, aprisionado el separatista, fué ahorcado sin piedad.

Tal era la situacion en que Cristóbal Colon debia hallar á la España, agregando que los antiguos odios entre esa Nacion y Portugal habian recrudecido con la guerra de sucesion de Doña Juana, á causa de la invasion á Castilla por el Rey Don Alfonso, en proteccion de esas pretensiones.


CAPITULO IV.

Los Conventos—Llegada de Colon á el de la Rávila—Opinion de algunos autores—Colon en la Corte—Exámen de su proyecto—Su rechazo—Nuevas tentativas—Proyecto de marcha—Carta del Rey de Francia—Aceptacion de su proyecto en principio—Inconvenientes en la práctica—Aceptacion definitiva del proyecto.

En aquellos tiempos de miseria y de barbarie, tropezábase frecuentemente en España y en Italia con altos muros entre los cuales se incrustaba iglesia gótica y en el interior de ese recinto hallabase almacenada la abundancia y refugiada la ilustracion, por lo general teológica, casuítica, fanática, pero á veces en una celda apartada, como un punto luminoso, se escondia bajo el hábito del fraile, un sabio ó un artista, único principio vital del porvenir, única chispa que algun dia restituyese al mundo los resplandores de la luz.

Allí se absorbia el sudor de los labradores y de los artesanos distribuyéndose en cambio á los vagamundos, algunos bocados de sopa, ostentacion de caridad calculada para que se redoblasen las limosnas.

A la puerta de uno de estos edificios del Monasterio de la Rávila, á corta distancia del puerto de Palos, un dia canicular en 1484 detúvose un peregrino que conducia un niño de la mano. Ni el polvo que cubria su pobre ropaje, ni la fatiga retratada en su semblante, ni el dolor que se reflejaba en sus ojos, disminuian la nobleza de su porte,—¿Que buscaba ese hombre?—¿Era acaso un mendigo?—No pedia sinó un poco de sombra para reposar y un mendrugo de pan para el niño.

Habia en ese Convento una luz y con ella se descubrió lo que buscaba ese viajero en su afanosa peregrinacion; Fray Juan Perez de Marchena era uno de esos seres refugiados en el Convento, que vestia el hábito del fraile pero que conservaba el corazon y la inteligencia libres del fanatismo. Ver al forastero y adivinar en él todo un drama interesante, fué la concepcion feliz de un momento; sin duda pensó que tambien el Dante, algun tiempo hacia, habia buscado igual refugio en Italia.

El peregrino y el fraile se miraron, se explicaron, se comprendieron.

Ese humilde viajero que hallaba asi hospitalidad y apoyo, era Cristóbal Colon y el niño, su hijo Diego.

Algunos historiadores modernos han querido desconocer este poético episodio, pretendiendo que Colon desembarcó en el puerto de Santa María y que fué hospedado en el Palacio del Duque de Medina-Celi, refiriéndose á un documento que no citan ni describen. Tal documento no puede ser otro que el que se refiere á las relaciones que tuvo con dicho Duque mucho despues de su llegada á España, como mas adelante lo veremos. Por otra parte no es verosímil que habiendo salido Colon de Lisboa furtivamente, despreciado por la Corte, sin influencia ni valimiento alguno, desembarcase en España con el prestigio necesario para hacerse abrir las puertas del Palacio del orgulloso Duque y encontrarlo dispuesto á servirlo.

Todo en el reinado de Doña Isabel debia ser obra de la casualidad; Cristóbal Colon rechazado por el Monarca de Portugal por importuno, venia á España como vagabundo y como vagabundo llama á las puertas del monasterio de la Rávila donde halla un hombre que lo socorre y lo comprende, se encarga de la educacion del hijo, lo mune de recomendaciones y lo dirige á la Corte.

Entre las recomendaciones que llevaba Colon habia una para aquel Fray Fernando de Talavera, confesor de la Reyna, de que hemos hablado ya y no podia ser mejor dirigido el pretendiente que á un hombre que hacia arrodillar á sus plantas á Isabel para oir su confesion y darle sus consejos.

Hallábase la Corte en Córdoba y toda la atencion era absorvida por los cuidados de la guerra contra los Moros de Granada.

El confesor de la Reyna apenas respondió con seca urbanidad á la recomendacion que se le hacia del marino; ignorante y tan fanático como de cortos alcances, no le sirvió como pudo haberle servido.

Pero Colon estaba ya en camino y supo captarse la amistad de otras personas influyentes, entre ellas á Gheraldoni nuncio del Papa, y á su hermano Alejandro, preceptor de los hijos de los Monarcas y por intermedio de estos obtuvo una audiencia del Cardenal Mendoza que tanto valimiento tenia en la Corte que era llamado la tercer potencia. Mendoza debia ser hombre instruido, al menos de elevado espíritu, pues escuchó á Colon con atencion, lo exortó á perseverar en sus planes y obtuvo éste por su intermedio una audiencia de los Reyes.

Colon era elocuente; conocia que para convencer y persuadir es menester hacer vibrar las fibras mas sensibles del corazon de su auditorio y halagar sus creencias y aun sus preocupaciones. Así pues, á los soberanos de Castilla les habló de la gloria de extender sus dominios; excitóles la avaricia con el acrecentamiento de un comercio riquísimo; pero en lo que insistió mas y con acento profético, fué en el triunfo de la fé cristiana, en la conversion de millares de idólatras y aun en el rescate del Santo Sepulcro. Es probable que Colon creyese en mucho de lo que decia, pero no hay duda que exageraba su fé y su ortodoxismo para persuadir. Su larga permanencia en Portugal le habia hecho adquirir una pronunciacion y un acento mas semejante al castellano y su trato con españoles, aun ántes de llegar á España, le permitia expresarse en ese idioma con bastante claridad y elegancia. La impresion causada en el ánimo de los Reyes fué favorable, sobre todo en Doña Isabel que era mas ambiciosa y mas accesible al entusiasmo.

Pero el proyecto de Colon rozaba con puntos de la fé y dado el fanatismo de los Reyes, no podia ser aceptado sin someterlo al exámen de peritos.—Pero—¿Que peritos podrian ser en esta materia teólogos y frailes? Compuesto este tribunal de esta manera y presidido por el confesor de la Reyna fácil es comprender que el proyecto de Colon era de antemano condenado.

Admitido á exponer y defender su idea ante el areópago ortodóxo presentósele otra ocasion de lucir su elocuencia. Esta vez expuso todas las teorías de Tolomeo y Toscanelli, para demostrar la practicabilidad del viaje y no poco le sirvió su erudicion en la Biblia para ayudarse á conciliar sus errores con los nuevos errores que profesaba. Había esta diferencia grandísima entre unos y otros errores; que los teológicos cerraban la puerta á todo descubrimiento; inmovilizaban, aletargaban, envenenaban la vida como las emanaciones de un lago sin corriente, miéntras que los errores de la ciencia impulsaban al progreso, admitian nuevas hipótesis, se encadenaban con las verdades del porvenir. Era una lucha titánica y sosteniéndola Colon era ya tan grande y tan digno de la posteridad, como si hubiese realizado ya su descubrimiento.

Pasaban los meses y los años y el Consejo no expedía su dictámen. Entre tanto Colon abria su alma á dulces sentimientos y consuelos. Había trabado relacion con una noble y hermosa dama llamada Beatriz como aquella que inspiró al Dante y fruto de estos amores fué Don Fernando, que mas tarde hizose estimar por sus méritos y fué el primer historiador de las hazañas de su padre. Al fin en 1491, redoblando Colon sus instancias, obtuvo que el Consejo se expidiese, pero éste fallo le fué completamente adverso.

Al recibir esta noticia, experimentó tanta amargura que, á no ser los vínculos que lo unian ya á España, la hubiera abandonado como abandonó á Lisboa.

Tentativas infructuosas con algunos grandes personajes, entre ellos el Duque de Medina-Celi, lo detuvieron todavía, pero al recibir una carta del Rey de Francia que lo llamaba, resolvió partirse. Como recordará el lector, su hermano Bartolomé gestionaba en Inglaterra la admision de sus proyectos y regresando con éxito ó sin éxito, había instruido de ellos tambien al Monarca Francés que los aceptó con entusiasmo.

Partióse pues Colon desandando aquel camino de Córdoba á la Rávila que había ántes emprendido tan lleno de esperanzas. Aquellos para quienes la vida no ha sido una contínua lucha, que no saben lo que es una esperanza salvadora que se desvanece, que no han contado con un recurso único que se pierde, aquellos que no han ido á la ilusion y vuelto al descanto por el mismo trayecto, no podrán hacerse una idea de los tristes pensamientos que asaltarían la mente de Colon.

Por segunda vez llamó á las puertas del convento de la Rávila y por segunda vez Fray Juan Perez reanimó las esperanzas del marino. Consiguió que detuviese su viaje á Francia, envió á pedir una audiencia á la Reyna, de quien habia sido confesor, y una vez obtenida, marchóse á la Corte sin detenerse y aun sin esperar el dia para ponerse en marcha.

Como en todos estos sucesos había algo de providencial, la carta del Monarca Francés, vino oportunamente y fué sin duda el gran argumento que empleó el de la Rávila para convencer á la Reyna.

El Portugal era odiado por los Reyes y Pueblo Español, pero la Francia era mirada con recelo y emulacion, sin duda desde las guerras de Aragon y de Italia en que Franceses y Españoles se disputaban el mas rico giron de aquellos paises. Así fué que pensar en que la Francia acogería á Colon y podría gozar la gloria de su empresa, despertó los celos de Doña Isabel. Se ordenó que Colon regresase dándosele seguridad de que sería atendido y adelantándosele veinte mil maravedies para sus gastos.

Llegó esta vez á la Corte nuestro héroe lujosamente vestido y con aire de triunfo y hallándose los Reyes entónces frente á los muros de Granada, allí se dirigió, llegando en el oportuno momento de ser tomada la ciudad y estarse celebrando alegremente la victoria decisiva contra los Sarracenos.

Allí tuvo la satisfaccion de ver al fin de tantas peripecias aceptado, al menos en principio, la proposicion de su descubrimiento.

Delegó la Reyna en varias personas el encargo de tratar las bases y formalizar el compromiso y otra vez Fray Fernando Talavera debia presidir el Consejo. Había éste ascendido á arzobispo de la recien reconquistada Granada, redoblado su influencia pero tambien su terquedad y su fanatismo. Entre Talavera y Colon existia una antipatia bien manifiesta y cuando oyó aquél que éste exigia ser nombrado Almirante y Virrey de las tierras que descubriese, asi como la décima parte de los productos, no pudo contenerse y exclamó: que no era mal arreglo el asegurar dignidades y riquezas sin exponerse á pérdidas. A esto contestó Colon que se comprometia á cargar con la octava parte del costo de la expedicion, obteniendo la octava parte de los beneficios.

La Reyna que en este negocio era siempre de la opinion de su confesor, no se opuso al dictámen otra vez adverso á Colon, y este, ya en el año de 1492, partióse de la nueva ciudad de Santa-Fé para dirigirse á Francia como ya lo habia ántes pensado.

Tenía proposiciones ventajosas del Rey de Francia y por esta razon no cedia de sus pretensiones; esto estaba previsto por él, como lo hemos dicho ántes, esto es: si sus ofertas eran acogidas por dos soberanos, aceptaría la mejor proposicion. No hay duda que prefería servir á la España porqué en ella tenía ya vínculos y afecciones, pero no eran tan poderosas que le impidiesen ir á buscar mejores condiciones.

En cuanto á la Reyna había confiado á su Consejo la negociacion y sus consejeros le hacían creer que Colon cedería al fin y aceptaría ir al descubrimiento sin pedir honores y cuotas de ganancias. Pero viendo la Reyna que se marchaba en verdad, envió á detenerlo por segunda vez porque no quería de manera alguna, que fuese la Francia la que tuviese la gloria de una empresa que aunque no la reputase tan colosal como resultó, creia sin embargo fuese de gran importancia. Así pues todo lo relativo á nobles trasportes de parte de Isabel y á la resolucion de vender sus alhajas si faltasen fondos para la expedicion, no es sinó fábula inventada para engrandecer á la Reyna, y hacer mas decoroso este período de la historia.

Los fondos de la expedicion se sacaron del tesoro público de Aragon y del particular de Don Fernando.

Aceptado en definitiva lo que exigia Colon, firmóse el convenio en la ciudad de Santa-Fé, en la Vega de Granada en 17 de Abril de 1492.

Si no fué la Francia la iniciadora del descubrimiento de América es debido á dos nobles sentimientos que detuvieron á Colon, el amor á Doña Beatriz y la amistad de Fray Juan Perez de Marchena, sin lo cual no hubiera regresado á Córdoba á reanudar sus negociaciones. Sin que desconozcamos la grandeza del Pueblo Español, no hay duda que la Francia pudo llevar en el descubrimiento y poblacion de la América, elementos sociales mas constitutivos que los que llevó aquel Pueblo que se hallaba en esa época, en condiciones nada aparentes para la colonizacion y en el cual era constitucional la anarquía y arraigado estaba el fanatismo. Tampoco hubiéranse reproducido en las nuevas colonias de la América del Sur el odio entre Portugueses y Castellanos y las cuestiones de límites y de predominio, hubiéranse resuelto con otro espíritu, y otras consideraciones.