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Amores: elegías amatorias cover

Amores: elegías amatorias

Chapter 23: ELEGIA DECIMACUARTA. ARGUMENTO.
By Ovid
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About This Book

The collection gathers brief elegies in which the poet reflects on desire, erotic conquest, and the craft of verse, adopting a playful, conversational tone. Poems narrate flirtation, jealousy, and domestic intrigues, interweaving mythological references and invocations to gods to dramatize passion. The speaker alternates boasting and self-mockery, defends poetry against critics, and acknowledges the consolations of friendship alongside sensual pleasure; occasional elegies turn serious to mourn a close companion. Overall the work balances erotic frankness with rhetorical polish, presenting love as both personal experience and a subject for poetic performance.

ELEGIA DECIMACUARTA.
ARGUMENTO.

A una muchacha vuelta calva de repente.

Bien te lo decia yo: «Deja de teñir tus cabellos.» Hoy dia no tienes cabellera que teñir. No obstante, si tú lo hubieras querido, ¡qué habia más hermoso que tus cabellos! Descendian hasta tus rodillas. Tal era su finura que temias peinarles. No era más fino el tejido de que se cubren los Tártaros de atezado color; no es más fino el hilo que, con su delicado pié, desarrolla la araña, suspendida en la viga solitaria, para tramar allí su desliada tela. Sin embargo, su color no era el del ébano, no era tampoco el del oro: era una mezcla de ambos. Tal es, en los delicados valles del monte Ida, el color del alto cedro despojado de su corteza.

Tal era tambien su flexibilidad, que se prestaban á mil colocaciones, sin causarte jamás el menor dolor. Jamás la punta de la aguja, jamás el diente del peine los partió, jamás tu peinadora tuvo nada que temer. Muchas veces he asistido á su tocador, y jamás tomó la aguja para pincharle los brazos. Más de una vez tambien, por la mañana, con sus cabellos aun desordenados, quedó hasta medio dia acostada en su cama de púrpura, y su descuido no carecia de gracia: se la hubiese tomado entónces por una bacante de la Tracia, muellemente recostada sobre el verde césped para reparar sus fatigas.

Aunque sus cabellos fueran tan flexibles como el vello, ¡cuántas veces, ay fueran puestos en tortura! ¡cuántas veces sufrieron pacientemente el hierro y el fuego, para sujetarse en torneadas trenzas! «Un crímen es, exclamaba yo, sí, es un crímen quemar estos cabellos: ellos mismos se arreglan con gracia: ¡cruel, conserva tu cabeza! Lejos de tí esa violencia: no son cabellos para quemar: muestran ellos mismos su sitio á la aguja.»

Ya no existe aquella bella cabellera de que Apolo y Baco hubieran estado celosos, aquella cabellera comparable á la que Dione, saliendo desnuda de la espuma de las olas, sostenia con sus húmedas manos.

¿Por qué, si no te gustaban, deplorar la pérdida de tus cabellos? Insensata, ¿por qué con mano enojada rechazas el espejo? tus ojos no se fijan en él tan á gusto como otras veces: para gustar aun, tienes necesidad de olvidar lo que eras.

Su caida no es debida á las yerbas encantadas de una enemiga, ni al agua sacada de las fuentes de Hemonia por un pérfido hechicero. No es efecto tampoco de una enfermedad grave (de que el cielo te preserve), ni de los celos de una rival, envidiosa de su hermosura. No, la falta está en tí; á tu propia mano debes la pérdida que te desola, tú misma derramabas el veneno sobre tu cabeza. Entretanto la Germanía te enviará cabellos de esclavos: una nacion vencida se encargará de tu compostura. ¡Cuántas veces, cuando oirás alabar la belleza de tus cabellos, te dirás abochornada: «Hoy dia es un adorno comprado que me hace parecer bella; no sé que Sicambro se admira en mí. Y sin embargo, recuerdo hubo un tiempo en que estos homenajes no se dirigian mas que á mí misma!»

¡Infeliz! ¿qué he dicho? Apenas puede contener sus lágrimas; con sus manos oculta su frente, y el rubor ha pintado sus mejillas hechiceras. Tiene el valor de contemplar sobre sus rodillas los cabellos que no eran hechos para hallarse en este puesto. Calma la perturbacion de tu corazon y de tu mirada: el mal no es irreparable: presto embellecerás aun, con tu primera cabellera.