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Amores: elegías amatorias cover

Amores: elegías amatorias

Chapter 29: ELEGIA CUARTA. ARGUMENTO.
By Ovid
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About This Book

The collection gathers brief elegies in which the poet reflects on desire, erotic conquest, and the craft of verse, adopting a playful, conversational tone. Poems narrate flirtation, jealousy, and domestic intrigues, interweaving mythological references and invocations to gods to dramatize passion. The speaker alternates boasting and self-mockery, defends poetry against critics, and acknowledges the consolations of friendship alongside sensual pleasure; occasional elegies turn serious to mourn a close companion. Overall the work balances erotic frankness with rhetorical polish, presenting love as both personal experience and a subject for poetic performance.

ELEGIA CUARTA.
ARGUMENTO.

Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le agradan.

No pretendo justificar el relajamiento de mis costumbres, ni recurrir jamás á pretextos engañosos para excusar mis desvaríos. Confieso mis faltas por si tal declaracion puede ser útil para algo. Ahora que me reconozco culpable, quiero revelar todas mis locuras. Reniego de mis errores, y no puedo dejar de complacerme en los errores que maldigo. ¡Oh! ¡Cuán pesado es de llevar el yugo que se querria sacudir! Yo no tengo ni la fuerza ni el poder de domar mis pasiones: ellas me atraen, como las rápidas olas llevan la lijera barca.

No es tal ó cual belleza la que me inflama: cien motivos me obligan á amar siempre. Si alguna tiene sus ojos modestamente inclinados, mi corazon se enciende, y su pudor es el cepo en que caigo. Si es incitativa, me dejo apresar porque no es novicia, y porque promete ser viva y eficaz sobre un mullido lecho. Si veo una cuyo aire arisco recuerda la severidad de las Sabinas, me figuro que tiene deseos, pero que sabe disimularlos. ¿Eres sábia? me gustas por tus raros talentos: ¿eres ignorante? me gusta tu simplicidad. Esta halla los versos de Calímaco sin gracia en comparacion á los mios; lo agradezco y me gusta al momento: aquella criticando mis versos, me disputa el título de poeta; á pesar de sus críticas quisiera tocarla de cerca. Esta marcha muellemente, su suavidad me encanta: aquella, pesadamente; la aproximidad de un amante le prestará tal vez agilidad. La una canta con gracia, y su garganta flexible exhala los acentos más melodiosos; yo quisiera robar un beso á su boca medio abierta; la otra recorre con un dedo lijero las temblorosas cuerdas de su lira: ¿quién podria dejar de amar manos tan diestras? Esta otra, en fin, me seduce por su danza: amo al ver sus lascivas posiciones, el movimiento cadencioso de sus brazos, su destreza en responder al compás por el contoneo de todo su cuerpo. No hablemos de mí, que todo me inflamo: colocad á Hipólito delante de ella; se volvería un Priapo. Tú que eres alta no cedes á las heroinas de la antigüedad, y tienes tu puesto á lo largo del lecho. Tú que eres baja sabes gustarme tambien. Ambas me arrebatan; la grande y la pequeña me convienen igualmente. ¿Esta está sin adorno? pienso en lo que la compostura podria aumentar sus encantos; ¿aquella está engalanada? brilla con todos sus atractivos. Soy esclavo de la rubia y de la morena, que tambien es agradable Vénus bajo atezado color. ¿Flotan negros cabellos sobre un cuello de nieve? La belleza de Leda consistia en su negra cabellera. ¿Veo blondos cabellos? Una cabellera dorada hace la belleza de la Aurora. En todas partes la historia me ayuda para justificar mi amor. La juventud me encanta, la madurez me seduce: la una tiene en su favor la belleza del cuerpo, la otra su espíritu. En una palabra, de todas las bellas que se admiran en Roma, no hay una que no le apetezca á mi amor.