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Amores: elegías amatorias cover

Amores: elegías amatorias

Chapter 33: ELEGÍA OCTAVA. ARGUMENTO.
By Ovid
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About This Book

The collection gathers brief elegies in which the poet reflects on desire, erotic conquest, and the craft of verse, adopting a playful, conversational tone. Poems narrate flirtation, jealousy, and domestic intrigues, interweaving mythological references and invocations to gods to dramatize passion. The speaker alternates boasting and self-mockery, defends poetry against critics, and acknowledges the consolations of friendship alongside sensual pleasure; occasional elegies turn serious to mourn a close companion. Overall the work balances erotic frankness with rhetorical polish, presenting love as both personal experience and a subject for poetic performance.

ELEGÍA OCTAVA.
ARGUMENTO.

A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus amores.

Cipasis, tú que tan bien sabes componer de mil maneras un peinado, tú que eres digna de no peinar mas que á las diosas, tú cuyo mérito conozco por un dulce latrocinio; tú, tan estimada por tu señora, pero más por mí, dime ¿quién ha podido revelar el secreto de nuestros amores? ¿Cómo Corina ha podido sospechar nuestros placeres? Esto me abochorna. ¿Acaso se me ha escapado una sola palabra que pueda descubrir nuestras furtivas voluptuosidades? Por el contrario, ¿no tengo jurado que para querer ser culpable con una sirvienta, era menester no tener sentido comun?

Y por tanto el héroe de Thesalia se ha consumido de amor por la bella Briseidos, que no era más que una sirvienta. Una sirvienta fué la sacerdotisa que supo conquistar al rey Miceno. ¿Soy, pues, más grande que Aquiles, más grande que el descendiente de Tántalo? ¿Lo que fué conveniente para los reyes seria para mí un asunto vergonzoso?

Sin embargo, cuando ella fijó en tí sus airadas miradas, ví colorearse tus mejillas. Para mayor seguridad, si no lo has olvidado, ¡he tomado en testimonio de mi inocencia á la augusta Vénus! Y tú misma, sí, tú, bella diosa, ordena que ese perjurio de un corazon inocente, sea por el ardiente aliento del Noto, llevado más allá de las olas carpathianas.

Por tal servicio, otórgame, morena Cipasis, el dulce favor de encontrarme hoy á solas contigo. ¿Por qué rehúsas? ¿por qué, ingrata, finges nuevas alarmas? Basta haber bien merecido de uno de tus amos. Si eres bastante necia para rechazarme, referiré lo que hemos hecho; yo me convertiré en mi propio acusador, y diré, Cipasis, sí, yo diré á tu señora el lugar y el número de nuestras citas, y también el número y naturaleza de nuestros placeres.