WeRead Powered by ReaderPub
Amores: elegías amatorias cover

Amores: elegías amatorias

Chapter 40: ELEGIA DÉCIMOCUARTA. ARGUMENTO.
By Ovid
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

The collection gathers brief elegies in which the poet reflects on desire, erotic conquest, and the craft of verse, adopting a playful, conversational tone. Poems narrate flirtation, jealousy, and domestic intrigues, interweaving mythological references and invocations to gods to dramatize passion. The speaker alternates boasting and self-mockery, defends poetry against critics, and acknowledges the consolations of friendship alongside sensual pleasure; occasional elegies turn serious to mourn a close companion. Overall the work balances erotic frankness with rhetorical polish, presenting love as both personal experience and a subject for poetic performance.

ELEGIA DÉCIMOCUARTA.
ARGUMENTO.

A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente la gravedad de su falta.

¿De qué sirve á las bellas el estar fuera de combates, de no tener que seguir, escudo en mano, nuestras formidables legiones, si, lejos de los peligros de la guerra, ellas se lastiman con sus propias armas, si con sus ciegas manos atentan á sus dias? La que primero ensayó hacer abortar en sus entrañas el tierno fruto que llevaba, merecia perecer en esta lucha empeñada por ella. ¡Qué! ¡para ahorrar á tu vientre algunas arrugas, convendrá asolar el triste campo en que se libró el combate!

Si, en las primeras edades del mundo, las madres hubieran tenido esta viciosa costumbre, el género humano hubiera desaparecido de la tierra; y para repoblar el universo y sembrar las piedras de que nacieron nuestros abuelos, seria menester otra Deucalion. ¿Quién hubiera destruido el imperio de Príamo, si la diosa de los mares, Thétis, no hubiera querido llevar su fruto hasta el término fijado por la naturaleza? Si Ilia hubiese ahogado los mellizos de quienes estaba embarazada, no hubiese existido el fundador de la villa señora del mundo. Si Vénus hubiese hecho morir á Eneas en su seno, la tierra hubiese sido privada de los Césares. Tú misma, que debias nacer tan bella, hubieras perecido, si tu madre hubiese hecho lo que tú acabas de osar. Y yo, más bien nacido para morir de amor, no hubiese jamás existido, si mi madre me hubiese muerto de antemano.

¿Por qué despojar á la viña fecunda del racimo que crece? ¿Por qué, con mano cruel, arrancar el fruto antes de su madurez? muerto caerá por sí mismo; una vez nacido, déjale crecer; la vida es bastante buen premio para algunos meses de paciencia.

Mujeres, ¿por qué manchais vuestras entrañas con un hierro homicida? ¿Por qué presentais el cruel veneno al niño que aun no existe? Se maldice á la madrastra de Colquida, que se manchó con la sangre de sus hijos y se compadece á Itis degollado por su madre. Sí, estas dos mujeres fueron bárbaras; pero su barbarie tenia un motivo: se vengaban de sus esposos en los hijos que tenian de ellos. ¿Os escita, decidme, algun Tereo, algun Jason á despedazar vuestras entrañas con sacrílega mano?

Jamás se ha visto tanta crueldad en los tigres de las cuevas de la Armenia; jamás la leona se atrevió á procurar el aborto. Á las tiernas bellezas estaba reservado el intentarlo, pero no impunemente. Ahogando á su hijo en su seno, perece muchas veces la madre. Perece, y se lo lleva toda desmelenada en su lecho de dolor; y todos exclaman al verla: «¡Lo tiene bien merecido!»

Pero que mis vanas palabras se pierdan en el aire; ¡que mis presajios queden sin efecto! Dioses clementes, sufrid que Corina haya cometido impunemente una primera falla, es todo lo que pido. Que el castigo sea reservado para la segunda.