ELEGIA DÉCIMAOCTAVA.
ARGUMENTO.
A Macer: se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos.
Mientras que juntas en tus versos la cólera de Aquiles, y revistes de sus primeras armas á los héroes encadenados por sus juramentos, yo, Macer, gozo del reposo á la sombra de la indolente Vénus, y el tierno Amor viene á parar el vuelo audaz de mi genio. Más de una vez he dicho á mi señora: «Basta ya, retírate,» y al punto ella se sienta sobre mis rodillas. Frecuentemente le he dicho: «En verdad estoy avergonzado;» y ella, reteniendo con pena sus lágrimas, exclamaba: «¡Qué desgraciada soy! ¡ya te avergüenzas de amarme!» Entónces estrechándome entre sus brazos, me prodigaba mil besos de aquellos que hacen mi perdicion. Estoy vencido; mi espíritu no sueña en los combates: lo que yo canto son mis hazañas domésticas y mis guerras privadas. No obstante he manejado el cetro; mi pluma ha osado abordar la trajedia, y la empresa no era superior á mis fuerzas. El Amor se echó á reir al ver mi noble manto, mi coturno pintado y mi cetro tan bien llevado por manos para las cuales está hecho. Las exigencias de una señora imperiosa me han arrancado de este trabajo, y el poeta de coturno es batido por el Amor.
Puesto que esta es mi suerte, me limito á profesar el arte de amar; y soy el primero ¡ay! abrumado bajo el peso de mis preceptos. O escribo una carta de Penélope á Ulyses, ó pinto tus lágrimas, Phyllis, cuando te ves abandonada. Escribo á Páris y á Macarea, y al ingrato Jason, y al padre de Hippólyto, y al mismo Hippólyto. Repito los lamentos de la infortunada Didon, armada de su amenazante espada, y los suspiros de la heroina de Lesbos, amiga de la lira Eolia.
¡Con qué velocidad mi amigo Sabino ha recorrido el mundo, y traido de mil diversos lugares la respuesta á estas letras! La casta Penélope ha reconocido el sello de Ulyses, y la suegra de Hippólyto ha leido los reproches que él le dirije. Ya el piadoso Eneas ha respondido á la muy desgraciada Elisa; y Phyllis, si con todo eso ella respirara, tambien tiene su respuesta. Las tristes despedidas de Jason han llegado á Hypsipyle; y Safo, querida de Apolo, no tiene mas que depositar á los piés del Dios la Lyra que le tiene consagrada.
Pero tú tambien, Macer, cantando los combates y los trabajos de Marte, tú tambien has hablado, tanto como has podido, del amor y de sus tesoros. En tu poema figuran Páris, y aquel adúltero cuyo crímen ha hecho tanto ruido, y Laodamia acompañando á su esposo que ya no existe. Sí, te conozco bien, tratas estos asuntos tan de buena gana como los combates, y pasas frecuentemente de tu campo al mio.