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Amores: elegías amatorias cover

Amores: elegías amatorias

Chapter 5: LIBRO PRIMERO.
By Ovid
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About This Book

The collection gathers brief elegies in which the poet reflects on desire, erotic conquest, and the craft of verse, adopting a playful, conversational tone. Poems narrate flirtation, jealousy, and domestic intrigues, interweaving mythological references and invocations to gods to dramatize passion. The speaker alternates boasting and self-mockery, defends poetry against critics, and acknowledges the consolations of friendship alongside sensual pleasure; occasional elegies turn serious to mourn a close companion. Overall the work balances erotic frankness with rhetorical polish, presenting love as both personal experience and a subject for poetic performance.

LIBRO PRIMERO.

ELEGIA PRIMERA.
ARGUMENTO.

Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos.

Las armas y las encarnizadas batallas me preparaba á cantar en forma heróica. Los versos eran todos de igual medida, pero dicen que se echó á reir Cupido y acortó un pié. ¿Quién, niño cruel, te ha dado tal derecho sobre la poesía? De las musas, y no tuyo, somos cortejo los vates. ¿Qué se diria si Vénus se cubriese con las armas de Minerva ó si esta atizase tu hacha para avivar su llama? ¿Quién hallaria conforme que Céres reinase en las frondosas selvas y la vírgen del Carcax presidiese el cultivo de los campos? ¿Apolo, el de los rubios cabellos, será armado de aguda lanza mientras que Marte hará vibrar las cuerdas de la lira Aonia? Demasiado grande y demasiado poderoso, ¡oh muchacho! es tu imperio; ¿por qué aun quieres extenderlo más? ¿Es todo tuyo? ¿son tuyos el monte Helicon y el valle de Tempe? ¿Tambien ha de ser tuya la lira de Apolo? El primer verso principiaba rotundamente mi nuevo poema, cuando el Amor acorta repentinamente mi brio. Para inspirarme versos más ligeros, no tengo ni un jóven ó una jóven de blondos cabellos, que me den pié.

Apenas me habia quejado, cuando desligando su carcax, sacó flechas destinadas á herirme y despues de tender fuertemente sobre la rodilla su flexible arco: «Recibe, dijo, oh vate, asunto que cantar.»—¡Infeliz de mí! el niño acertó la puntería. Me abrasó, y en mi pecho, hasta ahora vacío, reina el Amor. Comencé mi obra con seis piés y acabé con cinco. Adios, sangrientas guerras; adios, ritmo bélico. Ciñe tu rubia cabeza con el verde mirto, Musa mia, que no tienes que modular más que once piés en cada dos versos.