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Amores: elegías amatorias cover

Amores: elegías amatorias

Chapter 51: ELEGÍA TERCERA. ARGUMENTO.
By Ovid
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About This Book

The collection gathers brief elegies in which the poet reflects on desire, erotic conquest, and the craft of verse, adopting a playful, conversational tone. Poems narrate flirtation, jealousy, and domestic intrigues, interweaving mythological references and invocations to gods to dramatize passion. The speaker alternates boasting and self-mockery, defends poetry against critics, and acknowledges the consolations of friendship alongside sensual pleasure; occasional elegies turn serious to mourn a close companion. Overall the work balances erotic frankness with rhetorical polish, presenting love as both personal experience and a subject for poetic performance.

ELEGÍA TERCERA.
ARGUMENTO.

A su amiga, que habia faltado á sus juramentos.

¿En adelante creeré que hay dioses? ¡Ella ha hecho traicion á la fé jurada, y su belleza es la misma que antes! Tan larga como era su cabellera antes que tomase por testimonio á los dioses, tan larga es hoy día en que los ha engañado.

Las rosas se mezclaban á la blancura de su color, y su tez ostenta aun el matiz de las rosas.

Tenia un pequeño pié, y su pié es aun lo que tiene de más lindo. Su talle era á la vez noble y gracioso; noble y gracioso es aun su talle. Los ojos relumbrantes que tan frecuentemente me han engañado, los ojos, semejantes á dos astros, lanzan aun los mismos fuegos.

Así los mismos dioses permiten el perjurio á las bellas, y la misma belleza es una diosa. No há mucho, no lo he olvidado, ella juraba por sus ojos y los mios; y los mios han vertido lágrimas. ¡Oh dioses! si la perfidia ha podido abusar de vosotros impunemente, decid, ¿por qué me habeis penado de su crímen? pero no temeis en hacer condenar á muerte á la hija de Cefea, para castigar en ella el orgullo de su madre. Si no es bastante que yo haya encontrado en vosotros testigos sin valor, y que ella triunfe hoy dia de haberos engañado, al mismo tiempo que á mí; ¿será menester aun que sufra yo la pena de su perjurio, que yo sea á la vez víctima y responsable de su perfidia?

Ó la divinidad no es más que un nombre sin realidad, una quimera imaginada para espantar la necia credulidad de los pueblos; ó si hay un Dios, no es favorable más que á las bellas y les dá muy exclusivamente el derecho de atreverse á todo. Solo contra nosotros se arma Marte con homicida espada; solo contra nosotros Pálas vuelve su formidable lanza. Contra nosotros solo dirije Apolo sus flechas: contra nosotros amenaza el rayo en la mano soberana de Júpiter. Los dioses no osan penar las ofensas de las bellas, y, no habiendo sabido hacerse temer, son los que las temen. ¿Y aun irán á quemar incienso en sus altares? No, los hombres deben tener más corazon.

Júpiter fulmina contra los bosques y las ciudadelas, y prohibe á su trueno alcanzar á las mujeres perjuras. En presencia de tantos culpables, la desgraciada Semelé es la sola quemada por el rayo: su complacencia es la causa de su suplicio. Si hubiera evitado la visita de su amante, el padre de Baco no hubiese sido cargado del peso que debia llevar su madre.

Mas ¿por qué estos reproches y esta guerra que hago á todo el cielo? Los dioses tienen ojos como nosotros, y como nosotros tienen corazon. Yo mismo, si fuera un dios, no me ofenderia de que una mujer engañara mi divinidad con una mentira. Atestiguaria con un juramento la verdad de los juramentos de una bella, y no pasaria por un dios uraño.

Tú, sin embargo, jóven belleza, usa más moderadamente de la proteccion de los dioses, ó al menos evita la vista de tu amante.