ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.
ARGUMENTO.
Fiesta de Juno.
Siendo mi mujer originaria del fértil pais de los Faliscos, hemos visto aquellos muros en otro tiempo vencidos por tí, ilustre Camilo. Las sacerdotisas de la casta Juno se disponian á celebrar su fiesta con juegos solemnes y con el sacrificio de una vaquilla indígena. Poderoso motivo para mí de detenerme; yo queria ver aquella ceremonia, aunque no se llega al lugar en que se hace, más que por un camino montuoso y difícil.
Es un antiguo bosque sagrado, cuya espesura le hace impenetrable al dia; no es menester más que verle para reconocer que una divinidad reside allí. Un altar recibia las súplicas y el incienso ofrecido por la piedad, un altar hecho sin arte por las manos de nuestros antepasados. Allí es de donde á los primeros acentos de la trompeta cada año el cortejo de Juno parte y avanza por los caminos tapizados. Conduce, en medio de los aplausos del pueblo, blancas vaquillas alimentadas con los crasos pastos de Falisca, jóvenes becerros cuya frente no está aun armada ni amenazante, el humilde puerco, víctima más modesta, y el jefe del rebaño con la cabeza dura y adornada de cuernos encorvados. Solo la cabra es odiosa á la potente diosa, despues que en un bosque espeso descubrió la presencia de Juno, y la obligó á detenerse en su huida. Además los niños, hoy dia aun, persiguen con sus flechas á la cabra indiscreta, y el primero que la ha herido la obtiene en premio de su destreza.
En todas partes por que la diosa debe pasar, tiernos muchachos y vírgenes tímidas cubren de tapiz los verdes caminos. El oro y las pedrerías brillan en los cabellos de las jóvenes, y una ropa magnífica desciende hasta caer sobre sus piés donde brilla el oro. A la manera de los griegos, sus padres, marchan vestidas de blanco, y llevan sobre su cabeza los objetos del culto confiados á sus cuidados. El pueblo guarda silencio durante la marcha del brillante cortejo. En fin, á continuacion de las sacerdotisas aparece la misma diosa.
La fisonomía de este espectáculo es enteramente griega. Despues del asesinato de Agamemnon, Haleso no pensó más que en huir del teatro del crímen y de los ricos dominios de sus padres. Despues de arriesgadas carreras por tierra y por mar, edificó, bajo felices auspicios, una ciudad rodeada de altas murallas. De él han aprendido los Faliscos á celebrar las fiestas de Juno. ¡Que ellas me sean siempre favorables! ¡que ellas lo sean siempre á su pueblo!