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Biografia del libertador Simon Bolívar, ó La independencia de la América del sud / Reseña histórico-biográfica

Chapter 8: CAPITULO II
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About This Book

Esta biografía presenta la vida y actos del libertador Simón Bolívar, analiza las causas políticas y sociales que impulsaron la independencia sudamericana, y reconstruye los principales episodios de su carrera: su juventud, influencias europeas, vínculos con otros líderes independentistas, gestiones diplomáticas y campañas militares. Describe su carácter público y privado, virtudes y contradicciones, y relata la serie de sublevaciones, éxitos, derrotas y sacrificios que marcaron la emancipación. El autor emplea un enfoque cronológico que combina reseña histórica y retrato personal para ofrecer un panorama de la lucha por la libertad en las antiguas colonias españolas.

The Project Gutenberg eBook of Biografia del libertador Simon Bolívar, ó La independencia de la América del sud

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Title: Biografia del libertador Simon Bolívar, ó La independencia de la América del sud

Author: Lorenzo Campano

Release date: February 1, 2006 [eBook #9890]
Most recently updated: December 27, 2020

Language: Spanish

Credits: Produced by Miranda van de Heijning, Virginia Paque and PG Distributed Proofreaders. This file was produced from images generously made available by the Bibliotheque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK BIOGRAFIA DEL LIBERTADOR SIMON BOLÍVAR, Ó LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA DEL SUD ***

Produced by Miranda van de Heijning, Virginia Paque and

PG Distributed Proofreaders. This file was produced from images generously made available by the Bibliotheque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr.

[Ilustracion: SIMON BOLÍVAR]

BIBLIOTECA DE LA JUVENTUD

* * * * *

BIOGRAFIA

DEL LIBERTADOR
SIMON BOLÍVAR

ó

LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA DEL SUD

RESEÑA HISTÓRICO-BIOGRÁFICA

POR L. C.

PARIS

LIBRERIA DE ROSA Y BOURET
23, CALLE VISCOSTI, 23

* * * * *

1868

El general Bolívar es delgado, y algo menos de una regular estatura. Viste bien, y tiene un modo de andar y presentarse franco y militar. Es ginete muy fuerte y atrevido, y capaz de resistir grandes fatigas. Sus maneras son buenas y su aire sin afectacion, pero que no predispone mucho á su favor. Se dice que en su juventud fué de buena figura; pero actualmente es de rostro pálido, pelo negro con canas, ojos negros y penetrantes; pero generalmente inclinados á tierra ó de lado cuando habla; nariz bien formada, frente alta y ancha y barba afilada; la expresion de su semblante es cautelosa, triste….

* * * * *

Su carácter, viciado por la adulacion, es arrogante y caprichoso…. Su imaginacion y su persona son de una actividad maravillosa…. Su voz es gruesa y áspera; pero habla elocuentemente en casi todas materias….

* * * * *

(Retrato hecho por el general SUCRE.)

PROLOGO

Ardua empresa es la de escribir la biografia de los hombres célebres contemporáneos. En todo tiempo, aquel que por sus méritos ha llegado á colocarse sobre el nivel de las gentes, siempre se ha visto atacado por la mordacidad de sus émulos y por muchos á quienes sus actos no podian menos de herir, ora en sus intereses, ora en sus familias. ¿Que resolucion se ha llevado á cabo sin lastimar intereses creados, sin sembrar la devastacion y la muerte por todas partes?

Por mas que el hombre de que vamos á ocuparnos haya derramado en su camino la sangre de sus hermanos, no por eso dejará de ser el Libertador de un pueblo que gemia bajo el yugo de la opresion.

En la obra de la independencia de su pais que desde los primeros años del presente siglo fué iniciada, por el espíritu mismo de la época, en aquellas espléndidas regiones, el nombre de Bolívar fué conocido ya entre sus compatriotas; y desde el momento en que se le vé aparecer afiliado á la santa causa de la libertad, por su mérito personal es honrado con el alto cargo de los intereses de Venezuela cerca de los poderosos gobiernos de las naciones europeas.

Aun cuando no se hallase adornado de otro alguno, bastarian su constancia, su amor sin limites ni resfriamiento por la libertad de su pais; bastarian su génio infatigable para administrar y allegar medios de sostener la lucha con gloria, su noble desinterés, su probidad y su grandeza de ánimo durante los reveses de que fué víctima; bastaria, en fin, su sana intencion, su respeto hácia el descubridor del Nuevo Mundo y 16 años de no interrumpidos servicios prestados por su patria, que al cabo habia de ultrajarle menospreciando sus servicios y la rectitud de sus sentimientos, para que nuestra pluma no vacilase un solo punto en distinguirle con el glorioso título de héroe, añadido á los que el mismo pueblo venezolano, y á nombre de él sus representantes, le dieron, sin duda con justicia, de Libertador y Padre de la Patria.

¿El espíritu público podia llegar á estraviarse hasta el extremo de honrarle de una manera indebida, precisamente en los momentos en que las exigencias de la guerra, que siempre va acompañada del desórden y el dolor, venian á destrozar los intereses, el bienestar y aun el corazon de los mismos que asi le aclamaban? Esta y otras consideraciones no menos poderosos nos han dado valor para acometer la empresa de ofrecer el retrato del célebre guerrero americano; pero como el mejor medio indudablemente es el de pedir prestados los colores á los acontecimientos mismos en que figuró desde su juventud, ofrecemos un bosquejo de los mas principales en la larga lucha que los Sud-americanos sostuvieron para conquistar su independencia.

Si nuestro pincel no ha sido empleado con acierto, no se culpe jamás á nuestro buen deseo.

EL AUTOR.

CAPITULO PRIMERO

Introduccion.—Causas que influyeron en la sublevacion de la América del Sud.—Llegada de unos confinados á presidio.—Primeros movimientos revolucionarios de Venezuela.—Picton.—Publicidad de los futuros acontecimientos.—Carbonell y Rico.—Medidas represivas.—Expatriaciones y encarcelamientos.—Vasconcelos.—Actos con que se inauguraba en el mando.—Sus efectos.—Gestiones patrióticas.—Miranda.—Bolívar, su juventud, su regreso á Europa.

Entre las nobles y dignas figuras que en el glorioso cuadro de la independencia se destacan majestuosamente durante la revolucion que dió la libertad á las antiguas colonias españolas de la América Central y de la América del Sud, la del esforzado caraqueño Simon Bolívar se encuentra en primera línea al lado de las de Miranda, San Martin y Sucre, orlada de inmortal auréola.

El ejemplo de los Estados-Unidos del Norte influyó de una manera extraordinaria en el porvenir de los pueblos Sud-americanos, que desde muy atrás venian experimentando la tiránica opresion de los vireyes españoles, y el eco del santo grito de emancipacion dado por Washington en las márgenes del Potomac, poderoso á despertar el entusiasmo patrio, resonó en las del Magdalena, el Orinoco y el Plata, conmoviendo tambien el corazon de los Andes.

Corria el año 1796, cuando en el puerto de la Guaira, remitidos desde España, desembarcaron Manuel Cortés Campomanes, José Laz, Sebastian Andrés y Juan Bautista Picornell con destino á los presidios de América, como cabezas de cierta conspiracion, cuyo fin era dar á la monarquia española una forma democrática despues de derribar el trono de Cárlos IV, rey incapaz de alcanzarse por sus actos el buen nombre con que su antecesor habla bajado al sepulcro.

Iniciados estos hombres, como la mayor parte de los españoles ilustrados de su tiempo, en las doctrinas propaladas por la revolucion francesa, se anunciaron desde luego con el carácter de mártires de la causa republicana, dando pábulo por medio de sus sencillos y fáciles principios políticos al entusiasmo liberal que habia principiado á germinarse en el ánimo fogoso de la juventud.

Conspirábase ya en favor de las nuevas ideas, cuando Sir Tomás Picton, gobernador inglés de la isla de la Trinidad, recibió un despacho en el cual su gobierno le encargaba favoreciese la causa de la independencia americana; pues por aquel entonces, rotas las buenas relaciones entre España é Inglaterra, ésta buscaba todos los medios hábiles de hacer la guerra á aquella, y el mencionado despacho, impreso de órden de Picton, circuló con gran rapidez entre todos los venezolanos.

Esta determinacion del gobernador inglés tenia lugar el 26 de Junio, y cerca un año mas tarde, el 4 de igual mes de 1797, los conspiradores resolvian dar libertad á los encarcelados para que fuesen á buscar auxilios extranjeros, y facilitaban la evasion de todos ellos menos Laz, que habia sido ya remitido á su presidio hacia algun tiempo, sin que este hecho diese lugar por parte del gobierno á otra cosa que á algunas pobres é infructuosas averiguaciones.

La gestion de aquellos hombres decididos en contra del gobierno que los habia expatriado, poniendo entre ellos y su suelo natural la inmensidad de los mares, fué bastante activa y produjo algunos buenos resultados, disponiendo favorablemente los ánimos de los americanos residentes en Europa á la causa de las libertades patrias.

Casi todos los habitantes de la Guaira sabian que por el mes de Enero de 1798 un grande acontecimiento tendria lugar en el pais, y hablaban de sus planes con poca reserva y sobrado calor.

Era por entonces capitan general Don Pedro Carbonell, en cuyas manos vino la casualidad á poner el hilo de la trama, ó mas bien que la casualidad la poca discrecion de un comerciante de Carácas, llamado Don Manuel Montesinos y Rico, quien deseoso de hacer prosélitos se franqueó á su barbero, mancebo timorato y de pocas luces. Este, despues de haber descubierto el secreto á otros jóvenes de su clase, y previo acuerdo de todos, fué á consultar el caso con un sacerdote amigo suyo llamado Don Domingo Lander. Por boca de este y de otro clérigo llegó á oidos del provisor, quien lo notició al capitan general.

Preso Rico y ocupados sus papeles, ofreció Carbonell á los conjurados el perdon y olvido de su delito, siempre que se presentasen en cierto término ante su autoridad. Semejante medida produjo grande alarma entre todos los iniciados, despertando en sus ánimos el temor de verse denunciados unos á otros, y corrieron de tropel á ponerse en manos de las autoridades, con la inocente credulidad de hombres novicios en el arte de conspirar.

Pronto las cárceles se vieron atestadas de venezolanos honrados y laboriosos. Aun no habia corrido un mes desde la denuncia, cuando ya se oficiaba á la Córte de España diciéndole: "que á excepcion de dos, que habian buscado amparo en las colonias extranjeras, los demás cómplices se hallaban presos." Don Manuel Grial, capitan retirado y Don José Maria España eran los referidos prófugos.

Pero en vez de perdonar y olvidar, conforme á la promesa, en Agosto del mismo año ordenaba la Audiencia que los detenidos fuesen desterrados á perpetuidad y trasladados unos á la metrópoli y otros á Puerto-Rico.

Algunos meses despues, el capitan general era reemplazado por Don Manuel de Guevara Vasconcelos, quien haciendo un uso inhumano de las ámplias facultades de que iba investido, condenó á ser ahorcados y descuartizados á seis de los principales conspiradores. Este inicuo é injusto proceder exacerbó al pueblo venezolano, tanto mas cuanto que los promovedores de la conspiracion, Sebastian Andrés y José Laz, á pesar de su mayor delito por esta circunstancia y la de ser reincidentes no merecieron otra pena que la de reclusion en las provincias de Panamá y Puerto-Cabello.

Asi inauguraba Guevara su entrada en el mando y la del año 1799, en cuyo mes de Abril fué apresado Don José Maria España, á quien su mala estrella trajo desde la Trinidad á la Guaira en busca de su esposa; la tierna solicitud de esta no bastó á tenerle bien oculto ni defendido contra las pesquisas de los agentes del gobierno. El 8 de Marzo, esto es, á los nueve dias de su captura, sufrió el desgraciado la pena de horca y su cabeza, dentro de una jaula de hierro, estuvo expuesta al público en la Guaira, mientras sus mutilados miembros fueron distribuidos entre varios pueblos y fijados en escarpias al borde de los caminos.

Pero semejantes medidas de terror solo servian para enconar mas y mas los ánimos y excitar el ódio y general descontento de un pueblo digno de mejor suerte, tratado con tan cruel manera, como el mas abyecto de los esclavos.

Asi cerraban los desaciertos de España el siglo XVIII, contribuyendo no poco de este modo á acelerar la emancipacion de Venezuela y la de todas las otras colonias, cuyos clamores, llevados á Europa por algunos de sus mas decididos patriotas, solicitaban de Francia é Inglaterra los necesarios socorros para emprender la obra santa de su independencia y tratar de sacudir para siempre el pesado, el ominoso yugo ejercido alli desde hacia tres siglos por los españoles con menoscabo, injusticia y fragrante impunidad de los sagrados derechos naturales de aquellos que llevaban su sangre, de aquellos cuyo sudor y afanes no eran aun bastantes á alimentar su insaciable codicia.

Entre los celosos gestores de la mas noble de las causas figuraban el peruano Don José Caro, el granadino Don Antonio Nariño y, con sus vastas relaciones y gran nombre europeo, el caraqueño Don Francisco Miranda. Llenos todos tres de ardiente patriotismo, todos tres animados del mejor deseo, ponian en juego cuantos medios estaban á su mano para concertar en el antiguo continente la manera de cambiar la faz política de su pais, dándole un gobierno independiente y republicano que guiase los pueblos á la prosperidad y adelantos que el movimiento general de la época y la riqueza de la América reclamaban.

Tal era la situacion de Venezuela al perderse en la inmensidad de los tiempos el siglo último, siglo que, al engendrar un Napoleon y un Washington, hizo participe de una chispa de su génio revolucionario al hombre que mas tarde habia de merecer el glorioso nombre de Libertador de su pais, y cuyos altos hechos vendrian á inmortalizar el cincel, el bronce y la pluma. Simon Bolívar pisaba los umbrales de la vida en la ciudad de Carácas el dia 24 de Julio de 1783. Nacia adornado de los talentos y dotes necesarias para consumar la obra de la independencia del Sud de América, y á ser el reparador de la injusticia que los hombres de otro tiempo habian inferido al intrépido y sábio descubridor del Nuevo Mundo, intentando, con la mas noble elevacion del espiritu al mismo tiempo que exponia su vida en los campos de batalla, perpetuar el recuerdo de Colon en la Confederacion que se esforzó en constituir bajo el título de Colombia.

Este probo, inteligente, noble, infatigable y decidido patriota, tuvo la desgracia de perder sus padres en la mas tierna edad. Estos fueron Juan Vicente y Maria de la Concepcion Palacios. Su afecto filial, falto de objetos tan queridos, rebosaba en su pecho y le consagró lodo entero á su patria, única madre que el cielo le habia conservado y por la cual mas tarde sacrificaba gustoso su sangre y su fortuna.

Diez años contaba apenas cuando pasó á Europa con la mira de completar su educacion y perfeccionarse en la carrera de las armas, hácia la cual le llamaba su natural inclinacion, sobreescitada por el mas ardiente amor de gloria. ¿Qué otra aspiracion mas digna y santa podia acariciar un corazon huérfano y un corazon sensible como el suyo?

Despues de haber viajado por Francia é Italia, donde las ideas liberales y de progreso prestaron á las suyas el calor y solidez que mas tarde habian de producir la independencia de su pais natal, y á poco de haber buscado entro los brazos de una esposa en la córte de España el amor de la familia, se trasladó á Venezuela. Aqui, trascurridos pocos meses, la compañera que habia elegido pasó á mejor vida, dejándole de nuevo en la antigua soledad y lleno de tristeza.

Entonces, por segunda vez, se encaminó hácia el Continente Europeo y presenció la coronacion de Napoleon I, de cuyo génio militar y político era apasionado admirador, y cuatro años despues vibraba en sus oidos el grito de independencia ó muerte dado por los españoles al lanzarse al campo para estorbar por medio de las armas el poderoso vuelo de las águilas invasoras.

CAPITULO II

Aparente restablecimiento del órden.—Tentativas de Miranda.—Don Juan Casas.—Su situacion comprometida.—Los emisarios de Mural.—Actitud tomada por el pueblo venezolano.—La junta auxiliar.—Gestiones del Ayuntamiento.—Creacion de una junta suprema.—Bolívar y Emparan.— Aborto de conspiracion.—Confirmacion de los rumores acerca de los sucesos de España.—Primer paso hácia la revolucion.—Destitucion de Emparan.—Declaraciones del Ayuntamiento de Carácas.—Destierro de las antiguas autoridades españolas.—Pronunciamientos.—Los emisarios en la provincia de Coro.—Primera salida á campaña.—Mision de Bolívar en Europa.—Don Antonio Cortabarria.—Actos de la junta de Carácas.—Conato de levantamiento.—Prisiones y asesinatos.—Rómpense las hostilidades.—Vuelta de Miranda.—Conflicto de la Junta.—Demostracion popular.—Nombramiento de Miranda.

Volvamos á anudar el hilo de los acontecimientos de Venezuela.

Ahogada en la apariencia la revolucion, fermentó sordamente durante los primeros años del siglo actual entre la juventud venezolana. Las familias que tuvieron la desgracia de perder alguno de sus miembros, y aquellas que habian sufrido y sufrian aun las consecuencias del primer paso dado hácia el templo de la libertad, aleccionadas por la experiencia, se agitaban con cautela en favor de la santa causa y esperaban el momento oportuno de poder obrar con mayor acierto, con nueva decision y energia.

Despues de mil y mil contrariedades, el 25 de Marzo de 1806 se presentaba Miranda en la Costa Firme, á vista de Ocumare, con una corbeta y dos goletas, únicos auxilios que pudo conseguir de la América del Norte. Sus fuerzas de desembarco se componian de unos 200 jóvenes que se le unieron un Haiti. Atacado de improviso por dos bergantines, despues de una vigorosa pero inútil pelea, con pérdida de las goletas, se retiró á Trinidad, donde impetró el auxilio de los ingleses y muy particularmente el de Cochrane, almirante de la escuadra que estacionaba entonces en las islas de Barlovento.

De alli á cuatro meses guiaba quince diferentes buques con 500 hombres, y habiendo puesto en fuga á los enemigos que defendian la costa, penetró vencedor en la Vela de Coro el segundo dia de Agosto; pero no encontrando alli la acogida y proteccion que esperaba, renunció á su expedicion y regresó á Trinidad, pasando luego á Europa desde esta isla. Diez de los suyos, hechos prisioneros en el combate, fueron pasados por las armas en Puerto-Cabello y varios otros confinados á los presidios.

Este fué el último de los actos del mando de Vasconcelos.

Los acontecimientos de España en 1808 pusieron al capitan general sucesor, Don Juan Casas, en la mas crítica situacion. Los comisionados mandados alli por Murat que le exigian obediencia al nuevo monarca, y la presencia de un buque de guerra inglés en las costas, le envolvieron en una inmensa perplejidad. Por otra parte, la imprudente lectura que un oficial francés hizo en público de la Gaceta de Bayona produjo un motin entre los oficiales criollos y españoles, que dieron el grito de "¡Viva Fernando VII y mueran los franceses!" Además, la actitud del pueblo le impidió decidir por si solo en tan árduas circunstancias, y acordó reunir una junta auxiliar compuesta de un miembro por cada tribunal, corporacion y clases de la sociedad.

La junta, presidida por Casas, se hizo cargo de los despachos de Murat y de los que el gobierno británico habia enviado por medio de Colincour y de Cochrane, y optó decididamente por la conservacion del estado de cosas sin alteracion de ninguna especie. Esta medida, como era natural, mantuvo y sobreescitó la general inquietud, ocasionando motines y alborotos que el capitan general tuvo que castigar con mano fuerte.

El ayuntamiento le instaba á que constituyese una junta como las de la metrópoli, algunos dias antes de la llegada de un comisionado mandado por la junta de Sevilla. El 28 de Julio Casas accedió á las instancias del ayuntamiento, y el 5 de Agosto se presentaba en Carácas el mencionado agente.

Constituida la junta, no sin que antes hubiesen mediado contestaciones entre el cabildo y el capitan general que exigió de este obediencia ciega, subsistió hasta el 13 de Enero de 1809, en que fué reconocida la soberania de la central, instalada en Aranjuez por Setiembre del año anterior.

Declarados como parte esencial é integrante de la monarquia española sus dominios ultramarinos, el valiente, antiguo y distinguido capitan de la marina real Don Vicente de Emparan fué nombrado, en reemplazo de Casas, como capitan general de Venezuela.

Bolívar acompañó en su viaje al nuevo representante militar de España, pues como buen patriota no podia vivir lejos del suelo que le habia visto nacer y cuya precaria suerte tantas veces aceleraba los latidos de su noble y esforzado corazon. La idea de poder dar á su pais dias de dicha y prosperidad, abriéndole la senda de su futura independencia, en mas de una ocasion habia venido á interrumpir su sueño y á mecer sus halagüeñas esperanzas de gloria. El 17 de Mayo Emparan y Bolívar pisaban la Costa Firme. Las primeras disposiciones del nuevo capitan general fueron tan violentas y desacertadas, que todos, sin excepcion alguna, asi españoles como criollos, con ánimo de no separar la colonia de la madre patria, formaron el plan de derrocar su poder y de constituir en seguida un gobierno análogo al de aquella.

Espiraba el mes de Marzo de 1810, y segun estaba convenido, el marqués del Toro, coronel del batallon miliciano de los valles de Aragua, debia señalar la entrada del de Abril apoderándose por sorpresa del capitan general, quien noticioso del proyecto, merced á un vil denunciador, dió un golpe de mano á los conspiradores.

Contra lo que podia esperarse, y en desacuerdo con sus primeros actos de gobierno, se limitó Emparan á confinar en Maracaibo, Margarita y otros puntos de la provincia á los principales autores del abortado plan.

Vagos rumores se esparcieron por este tiempo acerca de la disolucion de la Junta central y de la dispersion de sus miembros, rumores que fueron confirmados el 18 de Abril, dia de Miércoles Santo, de una manera muy ámplia, pues además se supo que toda la Península, menos Cádiz y la Isla de Leon, estaba ya ocupada por los franceses; lo cual hizo cundir la inquietud con la rapidez del rayo entre todas las clases del pueblo, y hasta los mismos españoles manifestaban temores, sobresaltos y desconfianza del gobierno.

La ocasion se presentaba muy propicia para hacer renacer en los criollos las pasadas pretensiones, y conjurándose nuevamente, atrajeron á su partido á los principales jefes y oficiales de las tropas que guarnecian la ciudad; y hasta el cabildo, que estaba compuesto de españoles y americanos casi por partes iguales, se prestó á provocar una discusion con el capitan general.

El dia siguiente, con motivo de la asistencia á la celebracion de los oficios de Jueves Santo, el ayuntamiento, fiel á su promesa, pasó una invitacion á Emparan, quien se presentó en la casa capitular y encontró al cuerpo municipal constituido en sesion extraordinaria, arrogándose agenas facultades y tratando del peligro que corria la América, de la política que debia adoptarse en aquellas circunstancias y de la perentoria necesidad de organizar un gobierno propio que la pusiera á cubierto de la anarquia.

Emparan, despues de haber eludido hábilmente las consideraciones y dificultades que el ayuntamiento le presentaba, concluyó declarando: "que seria inconvenientísima toda innovacion," y salió de alli dirigiéndose luego hácia la iglesia metropolitana. Pero los conspiradores le siguen, le interceptan el paso, y uno de ellos, llamado Francisco Sálias, auxiliado del populacho, le obliga á volver á la casa capitular sin que los cuerpos de guardia que encuentran al paso opongan la menor resistencia, sino que, antes por el contrario, manifiestan su actitud amenazadora negando á su jefe los honores de ordenanza.

Emparan tuvo que asentir á la idea de formar una Junta suprema; pero habiendo tenido los capitulares la debilidad de acceder por su parte á que este siguiera ocupando al frente de ella el cargo de Presidente, un doctor y canónigo de la catedral de Carácas, el Señor Don José Cortés Madariaga, que se anunció en el ayuntamiento como diputado del clero y del pueblo, en un interesante y elocuente discurso pidió la deposicion del capitan general.

En tan críticas circunstancias, Emparan, presentándose en el balcon á la muchedumbre que cercaba la casa capitular, apeló á su voto; pero esta, siguiendo á los conjurados, gritó: ¡Afuera! ¡Afuera! No le queremos.—Ni yo tampoco quiero el mando, dijo él despechado, si bien tratando de disimular su enojo y bochorno. Tomóse acta de estas palabras y se consideraron alli mismo como una renuncia voluntaria.

El ayuntamiento, auxiliado por varios particulares llamados á su seno en calidad de diputados de las diferentes corporaciones y clases de la sociedad, declaró: "Que las provincias de Venezuela procederian á constituir un gobierno encargado de ejercer la soberania á nombre y en representacion de Fernando VII," neto por medio del cual desconoció la autoridad de la regencia, y luego expulsó de su territorio las autoridades principales que hasta alli habian representado á la nacion española, aboliendo al propio tiempo el odioso tributo de los indios y la Inútil de esclavos.

Una vez desterrado el capitan general, el mando superior de las armas fué conferido á un sugeto de gran instruccion y valor personal; este era el coronel Fernando Toro, hermano del marqués de este nombre, que habia sido educado en España.

Pronto las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Varinas y asi sucesivamente las demás, menos las de Coro y Maracaibo que se declararon fieles á la regencia, enviaron sus diputados á la junta, reconociendo asi el nuevo gobierno de Venezuela. Y si bien es cierto que á poco la Guayana se retractó de su primer acuerdo mandando presos á la metrópoli, á la Habana y Puerto-Rico á los adictos al nuevo órden de cosas, por otra parte, el reconocimiento hecho por Mérida del gobierno establecido en la capital, separándose de Maracaibo con noble entusiasmo, compensó en parte semejante defeccion.

La Junta envió á Coro y Maracaibo algunos comisionados para tratar con las autoridades españolas, y estas los recibieron como traidores, y como á tales los remitieron sin vacilar un momento á las prisiones de Puerto-Rico. En vista de semejante atropello, ordenó la Junta que el marqués del Toro partiese al frente de alguna tropa contra la provincia de Coro; y dicho señor, cumpliendo con lo dispuesto por aquella, situó por lo pronto su cuartel general en Carora.

Mientras estos sucesos tenian lugar, el coronel Simon Bolívar, investido de los poderes necesarios por la Junta y acompañado de Luis Lopez Mendez, se dirigia á Inglaterra para solicitar la proteccion de su gobierno contra el enemigo comun, en el caso de que este intentara apoderarse de Venezuela, y al propio tiempo impetrar su mediacion con el de España para que no se turbase la paz y buena armonia que hasta alli habian existido entre los habitantes de ambos hemisferios.

Aunque Bolívar fué bien recibido por el marqués Wellesley, ministro de Negocios Extranjeros de la Gran-Bretaña, solo obtuvo contestaciones evasivas á causa de la alianza que por aquel tiempo tenian hecha las dos naciones. Cumplida esta mision, nuestro héroe se hizo á la vela de regreso para su pais nativo en compañia del general Miranda.

Las Córtes generales y extraordinarias de la nacion española, instaladas el 24 de Setiembre en la Isla de Leon, dieron omnimoda facultades al ministro del Supremo Consejo de España é Indias Don Antonio Cortabarria para que, auxiliado por algunos buques de guerra, las tropas de Puerto-Rico, Cuba y Cartagena, interviniese en los asuntos de las colonias; pero con la prevencion de no apelar á la fuerza de las armas sino en el caso extremo de que los medios de persuasion fuesen de todo punto estériles. Para esto debia obrar de acuerdo con el gobernador de Maracaibo, Don Fernando Miyares, á quien el mismo Cortabarria llevaba el nombramiento de capitan general de Venezuela.

La junta de Carácas se negó en un principio á reconocer y prestar obediencia á las Córtes generales; pero luego, accediendo á la opinion de sus miembros mas respetables, quiso dar una prueba de desinterés convocando á un Congreso nacional. Hubo por entonces un conato de sublevacion en sentido de reconocimiento del Consejo de regencia, y sorprendidos por la Junta, los revoltosos fueron condenados unos á encierro en las bóvedas de Puerto-Cabello y la Guaira, y otros desterrados á perpetuidad. Entre estos últimos figuraban los ricos hermanos peninsulares Don Francisco y Don Manuel Gonzalez y Linares, del comercio de Carácas.

La noticia de horribles asesinatos perpetrados en Quito en las personas de varios decididos patriotas, produjo grande indignacion en el pueblo caraqueño, quien, cercando el palacio de la Junta, pedia la expulsion de los españoles y canarios; pero la Junta, decretando se hiciesen honores fúnebres á los desgraciados americanos, logró apaciguar el tumulto; y para evitar la reproduccion de semejantes escándalos y trastornos, la noche de aquel mismo dia, que era el 24 de Octubre, apresó y expulsó á los que suponia promovedores de disturbios. Estos fueron José Maria Gallegos, José Félix Ribas y tres hermanos suyos.

Treinta y cinco dias despues de este acontecimiento, es decir, el 28 de Noviembre, el ejército de occidente, al mando de Toro, atacaba á las tropas de guarnicion en Coro, desalojándolas de un reducto y tomándoles un cañon; y dos dias despues ponia en fuga á las de Miyares, que le salió al paso en Sabaneta con 800 hombres entre infantes y caballos, haciéndole algunos prisioneros y ganando una pieza de campaña. En Carora dejó de picarles la retaguardia, y despues de guarnecer esta poblacion, asi como tambien la de Barquisimeto, se retiró á Carácas, donde corria la noticia de la llegada de Miranda al territorio venezolano.

La Junta que gobernaba en nombre de Fernando VII, creyó que el dar asilo á tan ardiente republicano seria altamente contradictorio con la situacion en que se habia colocado, y trató de estorbar el desembarco de este general, y hasta llegó á brindarle con una dependencia diplomática á fin de alejarle. Pero el pueblo le tendió su mano protectora, recibiéndole con las mas singulares muestras de respeto y deferencia. Entonces el gobierno hizo alarde de entusiasmo y le confirió el título de teniente general, mandando que se buscasen y destruyesen todos los documentos que la anterior administracion formuló contra el buen nombre de tan distinguido militar y patriota.

De este modo terminaba el año 1810, preparándose, merced á acontecimientos que casi nos atreveremos á calificar de providenciales, la realizacion de los deseos en que ardia el corazon de los venezolanos.

CAPITULO III

Entrada del año 1811.—Reunion y organizacion de un Congreso. —Disposiciones adoptadas por esto Cuerpo.—Conspiraciones.—Salida del general Toro para Valencia.—Nombramiento de Miranda como jefe del ejército.—Sus actos.—Constitucion de Venezuela.—La capital del Estado.—Monteverde.—Sucesos de la época y posteriores á la llegada de este personaje.—Molestar de la causa de Venezuela.—Terremoto. —Influencia de sus desastres unidos á los de la guerra.—Defeccion de algunas ciudades.—Suspension de la ley del Estado.—Donativos.—Proyectos de Miranda.—Elevacion de Bolívar al gobierno de Puerto-Cabello.—Esfuerzos inútiles.—Escenas sangrientos.—Descrédito de Miranda.—Ofrecimientos estériles.—Derrota del Dictador.—Bandolerismo.—Inminente peligro de Bolívar y su viaje á la Guaira.—Proposiciones de armisticio.— Capitulaciones.—Monteverde se hace dueño del pais.

Inaugurábase el año 1811 con el bloqueo de las provincias venezolanas, bloqueo que Cortabarria mandaba ejecutar en cumplimiento de un decreto de la regencia, mientras que la junta, fiel á su convocatoria, llevaba á cabo la reunion del aplazado Congreso. Conforme á lo dispuesto por ella debia constar de cuarenta y cuatro diputados.

El 2 de Marzo era el dia señalado para la reunion, la cual debia verificarse en la capital, donde aquel alto cuerpo quedó instalado, formando una Cámara, comun é indivisa, compuesta de respetables patricios enviados por las provincias de Barcelona, Varinas, Carácas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. Entre sus dignos miembros figuraban el general Miranda, el marqués del Toro, Francisco Javier Ustáriz, Lino Clemente, Martin Tovar, Juan German Roscio, Antonio Nicolás Briceño, Francisco Javier Yánes y otros varios.

Despues de haber organizado su servicio; el Congreso nombró tres individuos encargados de ejercer el poder ejecutivo, y otros tres como suplentes para los casos necesarios de ausencia ó enfermedad de los primeros, que fueron los señores Baltasar Padron, jurisconsulto acreditado; Juan Escalona, oficial de milicias elevado á la clase de coronel por la Junta Suprema, y Cristóbal Mendoza, que ejercia de abogado. Además estableció un Consejo Consultor.

Uno de los acuerdos mas importantes del Cuerpo Legislativo fué el de la sancion de la famosa acta, por la cual se declaraba que las provincias de Venezuela en él representadas, formarian en lo sucesivo una Confederacion de Estados libres é independientes, con absoluta separacion de España. Cada uno de estos podria darse la forma de gobierno que mas le conviniera, conforme á la voluntad de sus pueblos.

Pronto se hicieron sentir algunos movimientos revolucionarios, promovidos por los agentes de Cortabarria, que fueron sofocados por las fuerzas del gobierno, y condenadas á la última pena por sus tribunales las personas que aparecian como autoras de la rebelion. Pero una peligrosa sublevacion estalló en Valencia, donde los revoltosos, desconociendo la autoridad del Congreso, proclamaron la legitimidad de Fernando VII.

El general Toro voló á reprimirla, logrando en un principio desalojar al enemigo de sus puestos avanzados, y concluyendo por ser rechazado á su vez hasta Maracay, desde cuyo punto envió emisarios á Carácas para que le auxiliaran con tropas de refuerzo. El gobierno entonces nombró á Miranda general en jefe del ejército; marchó este contra los españoles y les obligó á capitular, entrando en la ciudad sublevada el 13 de Julio. Pero por falta de la precaucion necesaria los vencidos, que habian conservado armas y municiones, saliendo de sus cuarteles cayeron sobre las tropas de Miranda, llevándolas en precipitada fuga hasta Guaraca.

Despues de un hecho tan poco noble, Miranda, en ánimo de tomar venganza, allegó nuevas fuerzas y en los dias 12 y 15 de Agosto, reducidos los españoles al último extremo, se rindieron á discrecion por haberles sido rechazadas cuantas proposiciones de capitulacion habian presentado. Los prisioneros fueron condenados á muerte por los tribunales, pena que el Congreso determinó se conmutara por otras.

Formulada, discutida y sancionada la Constitucion federal de las siete provincias venezolanas, se publicó el decreto en 21 de Diciembre. Reconocíase como base el sistema representativo, residiendo la soberania en el pueblo; dividíase el poder en legislativo, ejecutivo y judicial, formando cuerpos independientes entre sí; garantizábase el derecho popular y la inviolabilidad de domicilio; proscribíase para siempre el uso de la tortura y el fuero personal, y ninguna sentencia pronunciada por traicion contra el Estado tendria carácter difamatorio para los hijos del reo; abolíase la trata de negros y los indios eran igualados á los demás venezolanos en derechos y deberes: desarrollábase la instruccion pública; extinguíanse los títulos de nobleza hereditarios, asi como toda calificacion degradante de raza y, por último, quedaba adoptado el pabellon amarillo, azul y rojo, enarbolado por Miranda cuando su expedicion de 1806, considerándolo como distintivo de la federacion.

La ciudad de Valencia fué declarada despues como capital del Estado; y el Congreso suspendió sus tareas el 15 de Febrero de 1812, aplazando su próxima reunion para el 1° de Marzo, no sin haber antes de disolverse ordenado guarnecer la márgen izquierda del Orinoco para colocarse á la defensiva.

Desde esta fecha hasta la llegada del capitan de fragata Domingo Monteverde, natural de Canarias y al servicio de España, hubo algunos encuentros, prósperos unos y adversos otros, entre las tropas federales mandadas por los coroneles Francisco Gonzalez y Moreno, Manuel Villapol y Francisco Solá y las españolas; estos combates tuvieron lugar en Santa Cruz de la Soledad, en las aguas entre el caño de Macareo y el de Pedernales, en Barrancas, en Lorondo y en Angostura, donde, despues de un grave descalabro en que Villapol tuvo que fortificarse en Maturin para salvar su gente, Moreno y Solá desaparecieron, dejando sus soldados en el mas criminal abandono y á merced del enemigo.

Monteverde llegó á Coro en compañia del brigadier Don Juan Manuel Cagigal y otros jefes militares, llevando consigo dinero, armas y demás necesario para hacer la guerra á las provincias sublevadas; y desde este momento los patriotas, no por falta de valor y decision sino á causa del menor número, fueron estrechados y acosados con mayor actividad cada dia.

El 15 de Marzo protegia Monteverde la revolucion que en Liquisique acaudillaba deslealmente el indio Reyes Vargas, que sin grandes merecimientos habia recibido el nombramiento de capitan del gobierno de Venezuela; y á los seis dias de esta defeccion los patriotas, á quien una grave dolencia privaba de su jefe el comandante Gil, eran derrotados completamente en Carora.

La causa de la independencia principiaba á perder terreno en Venezuela, viniendo un sacudimiento momentáneo de la naturaleza á juntarse con los de la guerra. El 28 de Marzo, dia de Jueves Santo, á las cuatro de la tarde, un espantoso terremoto destruyó la mayor parte de Carácas, sepultando millares de habitantes bajo sus minas. Igual desgracia afligió á la Guaira, Barquisimeto, San Felipe, Mérida y otras poblaciones, en las que, asi como en la primera, perecieron gran número de voluntarios al servicio de la Confederacion. No faltaron adeptos al antiguo régimen que hicieran correr la voz de que semejante natural suceso era un castigo del cielo, puesto que venia á cumplirse precisamente en el dia mismo en que dos años antes la revolucion habia depuesto y desterrado á las autoridades españolas.

Este acontecimiento, unido á los desastres que la guerra hacia sentir á los pueblos, no dejó de influir en favor de la regencia, cuyas armas, guiadas por el general Monteverde, se presentaban favorecidas por la fortuna en todas partes y ocupaban la arruinada ciudad de Barquisimeto el 7 de Abril. Alli se detuvo su jefe algunos dias desenterrando pertrechos y armamentos, reclutando gente y dando acogida á algunas partidas que con sus oficiales desertaron de las filas republicanas. El dia 25 batia cerca de San Cárlos al coronel Miguel Ustáriz, bajo cuyas órdenes puso Jalon cerca de 1.400 hombres. En lo mas encarnizado de la pelea, y cuando el triunfo estaba aun indeciso, el escuadron de Pao se pasó á los realistas dándoles la victoria. Casi todos los soldados de Venezuela que habian tomado parte en la accion cayeron en el campo de batalla; y, con los pocos que se quedaban, Ustáriz se refugió en Valencia.

Mérida, Trujillo y otras poblaciones de la parte occidental fueron declarándose por el invasor, que se disponia á proseguir su marcha; y en tan tristes circunstancias la idea de la dictadura vino á apoderarse del ánimo de los leales. El poder trató de realizarla delegando todas sus facultades en el marqués del Toro, quien rehusó esta distincion; entonces fué puesta la suerte de la santa causa en manos de Miranda; este no tuvo dificultad en admitir el alto cargo y peligrosa confianza con el título de Generalísimo, por juzgarlo menos pretencioso y mas modesto que el de dictador.

La Constitucion, promulgada aun no hacia tres meses, quedó en suspenso de este modo; y mientras que el jefe absoluto fijaba su cuartel general en Maracay, y en Varinas se juntaba una fuerza considerable de caballeria, y salian emisarios en busca de hombres, buques y subsistencias, Ustáriz, elevado al cargo de gobernador de Valencia, se veia abandonado de sus tropas y, dejando la plaza en poder de Monteverde, se retiraba á la Cabrera.

En medio de tantos desastres como sufria la causa de la independencia, los generosos donativos de muchos extranjeros, amantes del nuevo órden de cosas y de la libertad de América, vinieron á fortificar un tanto los abatidos ánimos, que recobraron su antigua esperanza viendo como al mismo tiempo se organizaba un cuerpo de franceses á las órdenes del coronel Ducaylá, y cómo algunos alemanes é ingleses de distincion, entre los cuales figuraban Sir Gregor MacGregor empuñaban las armas en defensa de Venezuela.

Miranda formó entonces el plan de estrechar á Monteverde: al intento, despues de haberse asegurado de la custodia de Puerto-Cabello, poniendo en esta plaza un oficial de toda confianza asi por su aptitud como por su valor y decision hácia la santa causa de la independencia, cubrió el punto de los Guayos con un fuerte destacamento que á los pocos dias, mientras él avanzaba en la línea de las operaciones proyectadas, fué batido y desbaratado el 8 de Mayo por la deslealtad de algunas compañias que se pasaron al enemigo. En vista de esto volvió atrás y se dispuso á fortificar bien la Cabrera, Guayca y Magdalena para poder hacer frente á los ataques de Monteverde, quien se disponia á atacarle.

El hombre de confianza, el militar experto, el valiente soldado, el inteligente y decidido patriota que Miranda colocó en el mando de Puerto-Cabello, aquel que habia merecido este cargo delicado y de cuya aptitud para el desempeño no podia dudarse un solo instante, no era otro que el coronel Simon Bolívar, á quien el Generalísimo consideraba como el oficial mas activo y de mas vasta instruccion de todo su ejército.

A pesar de los esfuerzos de Miranda, de los auxilios que encontraba, de alguna que otra accion en que el enemigo era rechazado, no por eso dejaba de agravarse la causa de la independencia, siendo derrotados sus patriotas hasta en las llanuras de Carácas, en Calabozo y San Juan de los Morros, donde el jefe español Don Eusebio Antoñanzas pasó á cuchillo, sin piedad alguna, no solo á los prisioneros sino tambien á las mujeres y los niños.

La autoridad y prestigio del dictador menguaban de dia en dia, haciéndose mas frecuentes las decepciones de sus subordinados; por lo que, para vigorizar su poder, se rodeó en Maracay de algunas personas notables pertenecientes á los altos cargos del poder ejecutivo, del Congreso y del gobierno peculiar de Carácas, y de todas formó una especie de Consejo Consultor que le auxiliaba en los casos graves y circunstancias apremiantes ó difíciles.

Sin embargo, de nada sirvió que la promulgacion de una ley marcial llamando á las armas á todos los venezolanos, excepto los ordenados in sacris y unos pocos empleados de la administracion civil, y la de un decreto ofreciendo la libertad á los esclavos que se alistasen por diez años, prometiendo indemnizar á sus amos en mejores circunstancias, le diesen una superioridad numérica sobre el enemigo; pues habiendo perdido el punto de Magdalena y las alturas que dominan á Maracay, el jefe venezolano se encontraba cortado en sus posiciones, viéndose forzado á retirarse y pegar fuego á los ricos depósitos de víveres y municiones que venia formando en aquella poblacion.

Con sus fuerzas, las de Guayca y la Cabrera, se encaminó hácia la Victoria: pero Monteverde, sabedor de este movimiento, se adelantó hasta San Mateo y le sorprendió, poniendo en desordenada fuga á sus soldados. Mientras tanto la capital de la república se encontraba en un estado de continua alarma, pues los esclavos de Curiepe y otros puntos de la costa y de los valles orientales, á pretexto de defender los derechos de Fernando VII, desde el 24 de Junio, en que habian tomado las armas, andaban cometiendo todo género de desmanes, tropelias y vejaciones con el mas feroz vandalismo, y Monteverde avanzaba hácia alli, despues de haber dejado algunas tropas frente á la Victoria.

En el punto que este movimiento del enemigo tenia lugar, una nueva decepcion ponia á Bolívar en inminente peligro y con él á la república. El último dia de Junio, el oficial de milicias Francisco Fernandez Vinoni, con alguna tropa, el presidio y varios reos de Estado, proclamaba á Fernando VII, enarbolando en el castillo de San Felipe de Puerto-Cabello una bandera roja, y despues de algunas intimaciones infructuosas rompia el fuego de su artilleria contra la plaza. En tan crítica situacion, y fuera de sí con un suceso que tal vez iba á decidir de la suerte del pais, trató Bolívar sin embargo de sostenerse, y lo hizo asi durante tres dias; pero al saber que los españoles de Valencia se dirigian ya hácia alli y que sus puestos avanzados se pasaban al enemigo, antes de abandonar Puerto-Cabello quiso tentar fortuna y mandó á su encuentro unos 200 hombres con los coroneles Mirés y Jalon. Estos fueron derrotados en San Estéban y habiendo quedado prisionero el último con solo siete soldados regresó el primero al lado de Bolívar.

Con 40 hombres que le quedaban, despues de haber capitulado los habitantes de Puerto-Cabello temiendo la ruina de la poblacion, el digno jefe trató de defenderse todavia en las afueras desde el Trincheron: pero el dia 6 no contando sino 8 oficiales á su servicio, se embarcó con ellos en Borburata, arribó á la Guaira y comunicó á Miranda desde Carácas, algunos dias despues, los incidentes de tan lamentable acontecimiento.

Asi que lo supo el Generalísimo, propuso á Monteverde, que se hallaba en Valencia, una suspension de hostilidades; pero el general español por toda respuesta se ofreció á concederle una capitulacion; la cual, admitida en principio por Miranda, pronto recibió este las condiciones que, despues de ajustadas, dieron lugar á algunas diferencias. Pero apremiado por Monteverde las ratificó Miranda el 25 de Julio de aquel año, el de 1812, quedando la Confederacion, conforme á las capitulaciones, asi como el armamento y demás objetos militares en poder del general español bajo garantia de respeto á las personas, cualesquiera que hubieren sido su conducta y opiniones durante la revolucion.

Al dia siguiente las tropas españolas penetraban en la Victoria, y tres mas tarde en Carácas, de donde huyeron algunos patriotas con intencion de embarcarse en la Guaira, y entre los que asi se precipitaban, poco seguros del cumplimiento de lo estipulado, figuraba tambien el desgraciado Generalísimo de la efímera Confederacion venezolana.

CAPITULO IV

Bolívar se embarca para Curazao.—Tirios y Troyanos.—Constitucion de 1812.—Complot de varios jóvenes patriotas.—Marino y Bermudez.— Atrocidades de Zuazola.—Sus consecuencias.—Sitio de Maturin.—La revolucion revive.—Bolívar en Cartagena.—Principia á ejecutar sus planes.—Paso del Zulia.—Asciende á brigadier.—Penetra en Venezuela.— La guerra á muerte.—Conquistas.—Proclama.—Nuevos triunfos.—Entrada de Bolívar en Carácas.

Bolívar, cuyo ánimo acostumbrado desde la niñez á los grandes reveses y cuyo amor por la patria no se abatian en ninguna circunstancia, dominado en la que tan cruelmente pesaba sobre el pueblo venezolano por la idea de salvarle y de sacudir un dia el pesado yugo que venia á esclavizarle de nuevo, trató de conservarse, y merced á la buena amistad del español Don Francisco Iturbe, que gozaba de gran favor cerca de Monteverde, obtuvo un salvoconducto y se embarcó en seguida para Curazao.

La terminacion de la campaña trajo la desavenencia entre el capitan general Miyares y Monteverde, que se negaba á reconocer su autoridad en los paises por él recuperados para la España, dando por resultado la destitucion del primero y la elevacion del pacificador á la dignidad superior de Venezuela. Entonces, alegando que se conspiraba nuevamente, apresó á muchos distinguidos americanos. Miranda siguió muchos meses en los calabozos de Puerto-Cabello, de donde fué trasladado á Cádiz y con destino al arsenal de la Carraca, que andando el tiempo le vió morir el dia 14 de Mayo de 1816. Juan Pablo Ayala, Madariaga, Mirés y Roscio, patriotas venerables, fueron tambien remitidos á España y encerrados en seguida en los presidios de África.

La Constitucion española, jurada en Cádiz por Fernando VII, fué publicada por Monteverde el 3 de Diciembre y adoptada, cinco dias mas tarde, por el pueblo y el clero. Pero algunos jóvenes patriotas, llenos de intrepidez y desesperacion, concibieron el proyecto de sorprender, desembarcando en la Guaira, el destacamento realista que alli estaba y cuya fuerza consistia en 300 hombres, la mayor parte güireños. Eligieron como jefe al rico margariteño Santiago Mariño, quien para el golpe de mano intentado no contaba sino con el insignificante número de seis fusiles. Sin embargo, llegada la ocasion de obrar, la guarnicion del puerto, abandonando á sus jefes, se unió con los venezolanos.

Pronto las fuerzas de Mariño, convenientemente distribuidas entre él, Bernardo Bermudez y José Francisco, derrotaron las tropas de Cervéris y ocuparon á Maturin, cuya guarnicion huyó tan luego como Bermudez se presentó en sus cercanias. Con no menos rapidez, las fuerzas destacadas por órden del capitan general al mando de Don Antonio Zuazola batieron á los patriotas, primero en los Magueyes, y el 16 de Marzo de 1813 en Aragua. Este jefe no solo fusiló á los prisioneros que hizo, sino que mostró la mayor inhumanidad mandando matar á inofensivas mujeres, á venerables ancianos y á inocentes niños.

Una parte de los derrotados y otros muchos patriota, irritados en vista del proceder de Zuazola, se refugiaron en Maturin, donde Piar y Azcúa mandaban durante la ausencia de Bermudez, y cuyos jefes lograron desbaratar con solo 500 hombres, en una salida que hicieron de la plaza, á 1.500 mandados por Don Lorenzo de la Hoz, rechazando despues á fuerzas mayores todavia, y poniendo al capitan general en el caso de presentarse en el teatro de la guerra á dirigir por sí mismo las operaciones.

Monteverde, á la vista ya de Maturin con mas de 2.000 hombres, intimó la rendicion de la plaza en el término de dos horas, so pena, en caso contrario, de entregarla al furor de sus soldados. La contestacion fué: "Que el pueblo de Maturin estaba resuelto á perecer en defensa de las libertades patrias." Entonces tuvo lugar un sostenido y encarnizado combate por ambas partes, retirándose al fin los españoles con pérdida de 500 hombres muertos en el campo de batalla, entre los que habia 27 oficiales, y abandonando Monteverde al enemigo cinco cañones, muchas armas y pertrechos, su propio equipaje y mas de 6.000 pesos de plata.

Este memorable hecho de armas tenia lugar el 25 de Mayo; y desde esta fecha la revolucion cobraba nueva vida. Entre tanto el general San Martin adelantaba tambien en la causa de la independencia en Buenos-Aires, y todo parecia anunciar dias de bonanza para la América. El abatido espíritu público volvia á levantarse, saliendo como del estupor de un terrible sueño á la realidad amable de la vida, cuando el leal Bolívar, á quien el gobierno de España habia confiscado los bienes, que eran cuantiosos, con anterioridad á los últimos sucesos referidos, se presentaba en Cartagena en los primeros dias de Octubre de 1812, decidido á inmolar su existencia en aras de la patria por su libertad y engrandecimiento. Venia acompañado de los hermanos Miguel, de Manuel Cortés Campomanes, de Fernando Carabaño, de José Félix Ribas y de varios distinguidos oficiales.

El plan que guiaba sus pasos, mirado aun por los menos desconfiados como irrealizable, era el de dar la libertad á Venezuela con el concurso de la Nueva-Granada, que hasta cierto punto habia seguido la misma marcha en su revolucion contra los españoles realistas. En Cartagena obtuvo el mando de una pequeña fuerza, con la cual subió por las márgenes del Magdalena, y despues de haber batido varias partidas de las tropas enemigas en diferentes puntos de aquel rio, desde Ocaña solicitó el permiso del gobierno de Cartagena para pasar á Cúcuta.

Obtenido el consentimiento, con grande esperanza y entusiasmo emprendia su obra el valeroso caudillo. Solicitó auxilios del gobierno de Cundinamarca, que le facilitó 500 hombres, y se puso en marcha con ánimo de llegar hasta Carácas conforme á su ofrecimiento. El coronel español Don Ramon Correa podia disponer hasta de unos 4.000 hombres que por aquella parte guardaban la frontera venezolana. Pero Bolívar, valiéndose de ingeniosas extratagemas, apoyado por el pueblo y con relaciones de falsos espias, hizo que el enemigo abandonase algunas fuertes posiciones, llegando asi á la vista de San José de Cúcuta, donde Correa habia concentrado mas de 800 hombres.

Al amanecer del 28 de Febrero de 1813 ocupó Simon Bolívar las alturas sitas al Oeste de San José, para cuya operacion tuvo que atravesar el caudaloso Zulia con una miserable canoa, y cayendo sobre las tropas españolas, despues de arrojarlas de sus posiciones, cargándolas á la bayoneta las derrotó completamente, ocupó su artilleria, fusiles y cuantos pertrechos tenia Correa dentro de la villa, y retirándose á la Grita, los valles quedaron libres del todo. El empleo de brigadier, el título de ciudadano de la Union, y además el mando en jefe de la division, de Cúcuta, fueron las recompensas otorgadas á Bolívar por tan señalado triunfo.

Unida su fuerza á la que trajo el coronel Manuel Castillo, jefe militar de Pamplona, ascendia ya á unos 1.200 hombres bien municionados y armados. Con 800 destacó al citado coronel para que atacase á Correa, quien el 13 de Abril se veia forzado á abandonar la angostura de la Grita, en donde estaba bien atrincherado. Entonces Bolívar se dirigió á Venezuela con sus exiguas fuerzas, pero con buenos oficiales. Entre estos iba en clase de mayor general de la expedicion el venezolano Rafaél Urdaneta, el valiente jóven José Félix Ribas y el comandante Atanasio Giraldot, asi como tambien el capitan Luciano D'Eluyar. Estos últimos eran dos bizarros granadinos. En Cúcuta quedaron Joaquin Ricaurte, segundo jefe del ejército, Francisco de Paula Santander y algunos otros.

El jefe venezolano fué recibido en Mérida con grandes muestras de aprecio y entusiasmo el dia primero de Junio. Alli concibió el mas grande, el mas importante y trascendental de sus pensamientos revolucionarios. Desde el principio de la guerra eran condenados á muerte por los españoles cuantos individuos caian en su poder, con las armas en la mano, mientras que los suramericanos daban cuartel á sus enemigos. Esta ventajosa circunstancia hacia que los naturales, puestos en el duro trance de servir, se afiliasen con preferencia en las filas realistas. Asi, pues, la guerra á muerte fué el grandioso pensamiento que habia de dar á Venezuela su deseada independencia. Antes de imprimir á su resolucion un carácter solemne, se limitó por el momento á publicar una proclama, fecha el 8 de Junio, en la cual lanzaba á los enemigos la amenaza de una guerra de exterminio si ellos seguian usando con los prisioneros el mismo rigor que hasta entonces. Y luego marchó sobre Trujillo, donde entró Giraldot sin encontrar la menor resistencia.

Menos de un mes bastó á Bolívar para conquistar dos provincias venezolanas, libertando por una serie no interrumpida de triunfos el extenso pais que media entre Tenerife y Trujillo, desde cuyo último punto, el 15 de Julio, anunció á la república la solemne resolucion que desde aquel dia adoptaba, declarando la guerra á muerte á los enemigos armados contra la patria. "Españoles y canarios, decia en su manifiesto; contad con la muerte aun siendo indiferentes, si no obrais activamente en favor de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida aun cuando seais culpables."

Al siguiente dia, al pié de la cordillera que separa la comarca de Niquitao de las llanuras de Varinas, en el punto llamado las Mesitas, los oficiales Urdaneta y Ribas atacaban con 550 hombres á un cuerpo de realistas compuesto de 800 soldados, venciéndolos tras un reñido combate que duró desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde. Unos 450 prisioneros y todas las armas de los realistas quedaron en poder de los vencedores.

A esta victoria siguió la de los Horcones, nombre del territorio en que Ribas volvió á derrotar á los españoles y está situado entre el Tocuyo y la ciudad de Barquisimeto. Por fin, desbaratando aqui y alli cuantos obstáculos se oponian á su paso, el 7 de Agosto Simon Bolívar hacia su entrada triunfal en Carácas, victoreado por un pueblo entusiasta y numeroso que le saludaba con el glorioso nombre de Libertador de su pais.

CAPITULO V

Situacion del partido independiente,—Consecuencias de la toma de Cumaná y del fusilamiento de Bernardo Bermudez.—Sitio de Puerto-Cabello.— Represalias.—Refuerzo de tropas españolas.—Muerte de un valiente granadino.—Es vengado por sus compatriotas.—Combate de Mosquitero.—Bolívar es nombrado general en jefe del ejército y titulado Libertador.—Nuevos triunfos de las armas republicanas.—Sus efectos sobre Monteverde.—El Libertador da cuenta de sus operaciones al pueblo de Carácas.—Continuan las victorias.—Fin de varios patriotas notables.—Rasgo heróico de Ricaurte.—Asedio de Valencia.—La situacion de los independientes se agrava.—Inútil tentativa.—Batalla de Carabobo.—Descalabros.—Triste espectáculo de la emigracion.—Bóves se declara como primer jefe del ejército español.—Sus primeros actos.—Desgraciado combate de Aragua.—Deliberacion.—Bolívar y Mariño se embarcan para Margarita.—El depósito sagrado.

Antes de continuar la relacion de los sucesos que siguieron á la entrada del jefe venezolano en Carácas, preciso es echar una mirada al estado en que se encontraban los republicanos. Dos facciones distintas figuraban dentro del partido que se batia por la causa de la independencia. Una, partidaria de las divisiones provinciales, se esforzaba por el triunfo del federalismo, en tanto que la otra, aferrada al principio de la unidad como único medio de fuerza y consistencia, aspiraba á la concentracion del poder en el gobierno. A la cabeza de esta, lleno de la mas profunda conviccion, se hallaba Simon Bolívar. Tal era el estado de los independientes en Venezuela, despues de la reaccion provocada por los triunfos que sus armas habian obtenido desde el desembarco de Mariño, á principios de 1813, con los refugiados en Chacachacare, islote perteneciente al gobierno inglés de Trinidad.

Luego que este valiente margariteño logró apoderarse de Cumaná auxiliado por un paisano, el coronel Juan Arismendi, primera autoridad militar de Margarita desde el 5 de Junio, fecha de su última proclamacion en pro de la independencia, Antoñanzas, herido de gravedad, huyó á morir en Curazao. Hacia el mismo tiempo, hecho prisionero por los realistas, Bernardo Bermudez habia sido fusilado por órden de Cervéris; pero recogido con vida el mismo jefe mandaba asesinarlo en su propio lecho al tener noticia de la victoria alcanzada por Mariño, quien luego añadió á este lauro el de la toma de Barcelona.

Este acontecimiento obligó al jefe que defendia la ciudad, el mariscal de campo Don Juan Manuel Cajigal, á retirarse á Guayana; y entre los oficiales que lo acompañaron, Francisco Tomás Morales y José Tomás Bóves, adquirieron despues gran celebridad, lanzándose desde aquel momento, al frente de una division de caballeria, á recorrer en medio de mil azares las llanuras de Carácas. Volvamos ahora á seguir á Bolívar en su expedicion, diciendo antes que Monteverde huyó á encerrarse en Puerto-Cabello tan luego como supo que aquel, favorecido por su valor, su génio y la fortuna, se aproximaba á Valencia.

Un año hacia que en los calabozos de Puerto-Cabello gemia prisionero el valiente Jalon, y Bolívar, tanto por salvarle cuanto por humillar á Monteverde, puso sitio á la plaza con las tropas de Urdaneta y la division de Ribas, mandadas por Giraldot. En una de las salidas que los de la plaza intentaban Zuazola cayó prisionero; y Bolívar propuso inmediatamente su cange con Jalon, propuesta que fué rechazada por Monteverde, quien persistia en su conducta de no querer tratar con los enemigos. Esto y el haber Monteverde fusilado algunos prisioneros, obligó al jefe venezolano a ordenar que Zuazola pagase sus desmanes siendo ahorcado al frente de la plaza. Crueles represalias se siguieron por parte del sitiado.

Unos 1.200 hombres de desembarco, al mando del coronel Salomon, vinieron en auxilio de Monteverde el l6 de Setiembre, y Bolívar, levantando el sitio, se dirigió hácia Valencia. Á los pocos dias, el capitan general salia en persecucion de los sitiadores y destacaba una fuerza que ocupó el cerro de Bárbula, en el ramal de los montes de Guataparo; y el 50 del mismo mes las columnas de Giraldot, D'Eluyar y Urdaneta atacaban la vanguardia española, y trepando la montaña el arma al brazo ponian en fuga al enemigo, haciéndole gran número de prisioneros. En esta gloriosa accion el bizarro Giraldot, al tiempo que plantaba la bandera tricolor sobre la mas fuerte posicion de los realistas, herido de un balazo cayó para no levantarse mas.

Entonces los soldados granadinos, para vengar la muerte de su heróico compatriota, pidieron y obtuvieron de Bolívar la formacion de un cuerpo aparte; y D'Eluyar, á la cabeza de mil valientes, derrotaba á los españoles en el sitio llamado las Trincheras, coronado por un triunfo completo, de cuyas resultas, herido en la cara de un balazo, Monteverde huia á encerrarse en Puerto-Cabello. El sitio de esta plaza quedó restablecido otra vez y Giraldot vengado al tercer dia de su muerte.

Una semana mas tarde, á 11 de Octubre, el teniente coronel Campo Elias reunia algunas fuerzas á los mil fusileros con que, conforme á las órdenes de Bolívar, habia salido de Coro; y habiendo allegado hasta 1.200 caballos, puesto á las órdenes de Miguel Ustáriz, alcanzaba una espléndida victoria en el sitio de Mosquitero sobre los 2.000 ginetes y 500 peones que mandaban Bóves y Morales, quienes, acompañados de solo treinta hombres de caballeria, se refugiaron en Guayabal, sobre la izquierda del Apure. El jefe de la infanteria española, Francisco Tomás Morales, salió gravemente herido de la batalla.

El mismo dia en que las armas republicanas se señalaban con tan glorioso hecho, se reunian en Carácas las autoridades civiles y el cabildo en medio de los victores, aplausos y aclamaciones del pueblo, y de comun acuerdo conferian á Simon Bolívar el empleo de capitan general del ejército y el título de LIBERTADOR DE VENEZUELA. Pero el célebre caudillo no se durmió sobre sus laureles ni interrumpió un solo instante la marcha de sus operaciones; y ordenando al general Ribas que acudiera de Carácas, salió él de Valencia, y el 25 de Noviembre, con 2.000 hombres entre infantes y ginetes; estorbó el movimiento intentado por la division de Salomon sobre las alturas de Vijirima, y, batiéndola con grandes ventajas, la obligó á retirarse á Puerto-Cabello. De alli á diez dias Salomon procuraba un nuevo combate en Araure con fuerzas bastante superiores en número, y las armas republicanas, dirigidas por el mismo Bolívar, obtenian una señalada victoria, pues, con muy pocas pérdidas, ocuparon todo el tren militar del enemigo, que huyó dejando en el campo mas de mil muertos.

En esta brillante jornada dieron heróicas pruebas el general Urdaneta, el coronel Florencio Palacios, el teniente coronel Manuel Manrique, los capitanes Campo Elias, Briceño, Ribas Dávila, Villapol, Mateo Salcedo y otros varios republicanos. Los soldados merecieron gracia de su jefe, que hizo de todos los mayores elogios en el parte detallado de esta brillante accion. Estas derrotas trajeron consigo el desaliento y la desconfianza en las filas españolas; y el 28 de Diciembre los defensores de la plaza de Puerto-Cabello, destituyeron del mando á Monteverde, quien once dias despues se retiraba á ocultar su humillacion en Curazao.

Bolívar volvió á Carácas, y haciendo que el gobernador político Cristóbal Mendoza convocase á las corporaciones, vecinos mas notables y, en fin, á todos los padres de familia, el 2 de Enero de 1814, en el convento de San Francisco, ante una inmensa concurrencia, dió cuenta de los actos administrativos de su dictadura y esperó el fallo del pueblo. Á propuesta del gobernador, en medio de la mas viva, entusiasta y prolongada aclamacion, se confirmaron al Libertador los poderes de que hasta alli habia estado investido; y lleno este de gozo, dirigió frases, de gratitud al pueblo venezolano por la confianza con que lo honraba.

Partió en seguida para el campo de batalla, y despues que Ribas rechazaba valerosamente á Bóves en la Victoria el 12 de Febrero, poniendo sus tropas en dispersion, si bien teniendo que lamentar entre otras la pérdida del distinguido Ribas Dávila, el 28 del mismo mes, con solos 1.800 hombres por parte de Bolívar y 7.000 por la de Bóves, vencido este tuvo que dejar el campo de la accion, que era el de San Mateo, despues de haber costado á los republicanos este triunfo 203 hombres entre muertos y heridos. Entre los primeros habia que lamentar al valiente Villapol y otros dos oficiales, y entre los segundos habia, con Campo Elias, otros 30 oficiales; pero la pérdida del enemigo fué mucho mayor. Ricaurte guarnecia en la cima de un cerro cercano á San Mateo una casa perteneciente á Bolívar y destinada á servir de parque. [Nota: Algunos dicen que el Libertador nació en esta casa, que hoy se vé reedificada.] La fuerza de que disponia no era capaz de hacer frente el ataque de la fuerte columna que Bóves destacó contra la casa; y conociendo que su resistencia seria inútil, hace salir á sus soldados, se queda solo, pega fuego á los pertrechos del parque y destruye asi al enemigo, quedando sepultado con él entre los escombros.

A fines de Marzo los realistas ponian sitio á Valencia con 4.000 hombres que Don José Cevallos traia de refresco de la provincia de Coro, pero sin artilleria. La ciudad estaba defendida por Urdaneta como primer jefe, Juan Escalona como segundo, y el Doctor Espejo como gobernador político. El comandante Taborda dirigia las baterias. Despues de varios incidentes, siempre ventajosos para los sitiados, el 5 de Abril, replegando sus fuerzas en la falda del Morro, el jefe sitiador desapareció por el camino del Tocuyito. Bolívar entró en la plaza el mismo dia, acompañado de algunos oficiales; y despues de tributar á los heróicos defensores los elogios que merecian se dirigió hácia Puerto-Cabello.

A causa de la escasez de recursos y de algunos descalabros que por el espacio de un mes habian experimentado los patriotas, su situacion principiaba á hacerse un tanto embarazosa. Cagigal en persona mandaba el ejército que habia traido Cevallos, y hostilizaba activamente á los republicanos, cuando el 16 de Mayo resolvió Bolívar presentarle batalla, lo cual verificó el dia siguiente en los campos del Tocuyito, sin poder conseguir cosa alguna por haber paralizado la accion una fuerte lluvia, y el 18 se retiró tranquilamente acampando en las afueras de Valencia.

Diez dias mas tarde Bolívar desplegaba los grandes recursos de su génio militar presentando un bien combinado plan de batalla á Cagigal en las llanuras de Carabobo. El jefe español, por su parte, se habia situado convenientemente y con admirable órden. La primera línea de los republicanos estaba mandada por Urdaneta, mientras el Libertador, Ribas, Mariño y otros jefes operaban en la segunda. La fuerza total ascendia á unos 5.200 hombres; el enemigo presentaba en línea mas de 6.000. Las acertadas disposiciones de Bolívar, hábilmente ejecutadas por sus jefes, dieron como resultado el exterminio de casi toda la infanteria enemiga, pues los ginetes huyeron ilesos á refugiarse en parte segura, por la derecha del camino del Pao. Con solo la pérdida de unos 60 hombres entre muertos y heridos obtuvo en este dia el jefe venezolano 8 banderas, toda la artilleria enemiga, mas de 500 fusiles, gran número de caballerias, municiones, provisiones y ganados, salvando asi por quinta vez á su patria.

A pesar de las medidas preventivas tomadas por Bolívar, seguro como estaba de que Bóves allegaba gente para tomar desquite de la última derrota de los realistas, no pudo evitar que en la Puerta los 5.000 ginetes y 5.000 infantes españoles derrotaran á Meriño, cuya fuerza no llegaba á una mitad de este número. Mas de l.000 republicanos quedaron sobre el campo de batalla, muchos de ellos asesinados despues de haber sido hechos prisioneros. El coronel Aldao y el comandante Freites fueron muertos en la accion; y entre los prisioneros el coronel Jalon, cangeado hacia algun tiempo por el teniente coronel Marimon. Tambien pereció en este aciago dia el secretario de Estado Antonio Muñoz y Tévar.

Mientras Bolívar y Mariño, que habian salvado con bien, habiendo despachado emisarios á Escalona para que defendiese la plaza de Valencia, corrian á sacar recursos de la capital, Bóves, despues de perseguir á los vencidos hasta la Victoria y destacado su columna de 1.500 hombres al mando del capitan Ramon Gonzalez para que se dirigiese á Carácas con el resto de su gente, se presentó el 19 delante de Valencia, y reduciendo á Escalona en ella al estrecho recinto de la Plaza Mayor, le obligó á capitular, ofreciéndole ante Dios que respetaria la vida y propiedad de cuantos ocupaban la plaza; pero á los dos dias el coronel Alcover, el Doctor Espejo, todos los oficiales, menos Escalona que pudo huir á favor de un disfraz, los sargentos y varios particulares de Valencia perecian vilmente asesinados.

Poco antes de la toma de esta ciudad, Carácas fué tambien ocupada por los españoles, y el 6 de Julio Bolívar, afligido por el triste espectáculo de las numerosas familias que como un fúnebre cortejo seguian sus pasos, caminaba hácia Barcelona por la montaña de Capaya y la costa del mar. Bóves por este tiempo, á ejemplo de Monteverde, se apoderó del mando y erigido en señor absoluto de sus actos, dejó en Carácas como gobernador al traidor Quero, en Valencia al oficial Don Luis Dato, y ordenó á Morales que partiese en persecucion de Bolívar. Durante los diez dias que permaneció en Carácas hizo circular dos indultos, y despues ofició á todas las autoridades y justicias mayores de los pueblos para que de mano poderosa mandase fusilar á cuantos hubiesen tenido participacion en la muerte de unos prisioneros, ejecutada mientras el coronel Arismendi era gobernador interino de aquella capital.