VIII
«CHARITAS»
con dulce lengua dice:
—Hijo mío tus labios
dignos son de imprimirse
en la herida que el ciego
en mi costado abrió. Tu amor sublime
tiene sublime premio: asciende y goza
el alto galardón que conseguiste.
El alma de Vicente llega al coro
de los alados ángeles que al triste
mortal custodia: eran más brillantes
que los celestes astros. Cristo: Sigue,—
dijo al amado espíritu del Santo.—
los augustos Arcángeles, zodíaco
de diamantina nieve, indestructibles
ejércitos de luz y mensajeras
castas palomas o águilas insignes.
del coro de los Príncipes,
que las divinas órdenes realizan
y en el humano espíritu presiden;
el coro de las altas Potestades
que al torrente infernal levantan diques:
el coro de las místicas Virtudes,
las huellas de los mártires
y las intactas manos de las vírgenes;
el coro prestigioso
de las Dominaciones que dirigen
nuestras almas al bien, y el coro excelso
de los Tronos insignes,
que del Eterno el solio,
cariátides de luz indefinible,
sostienen por los siglos de los siglos,
y al coro de Querubes que compite
con la antorcha del sol.
Por fin, la gloria
de teológico fuego en que se erigen
las llamas vivas de inmortal esencia.
y así penetra el Serafín de Francia
al coro de los ígneos Serafines.
IX
NO OBSTANTE...
Yo sentí un día en mi cráneo
como el caer subitáneo
de una Babel de cristal.
el triunfo de Amor en el mes de Abril:
Amor, verso y flor, la niña gentil.
X
LÍBRANOS SEÑOR...
sobre la mujer o sobre la rosa,
beso puede ser, o ser mariposa.
el triunfo de Amor en el mes de Abril:
Amor, verso y flor, la niña gentil.
Amor y dolor. Halagos y enojos.
Herodías ríe en los labios rojos.
Dos verdugos hay que están en los ojos.
amar y sufrir, sufrir y sentir,
y el hacha besar que nos ha de herir...
inocencia y luz, corola divina!
y aroma fatal y cruel espina...
y del cielo azul, y del ruiseñor,
de dolor y amor líbranos Señor.
XI
FILOSOFÍA
Da tus gracias a Dios, oh, sapo, pues que eres.
El peludo cangrejo tiene espinas de rosa
y los moluscos reminiscencias de mujeres.
Saber ser lo que sois, enigmas siendo formas;
deja la responsabilidad a las Normas,
que a su vez la enviarán al Todopoderoso...
(Toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso).
XII
LEDA
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata, bañado de sol.
Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.
XIII
DIVINA PSIQUIS
que desde los abismos has venido a ser todo
lo que en mi sér nervioso y en mi cuerpo sensible
forma la chispa sacra de la estatua de lodo!
y prisionera vives en mí de extraño dueño:
Te reducen a esclava mis sentidos en guerra
y apenas vagas libre por el jardín del sueño.
Sabia de la Lujuria que sabe antiguas ciencias,
te sacudes a veces entre imposibles muros,
y más allá de todas las vulgares conciencias
exploras los recodos más terribles y oscuros.
bajo la viña en donde nace el vino del Diablo.
Te posas en los senos, te posas en los vientres
que hicieron a Juan loco e hicieron cuerdo a Pablo.
a Juan que nunca supo del supremo contacto;
a Pablo el tempestuoso que halló a Cristo en el viento,
y a Juan ante quien Hugo se queda estupefacto.
vuelas, ¡oh, Psiquis, oh, alma mía!
—Como decía
aquel celeste Edgardo
que entró en el paraíso entre un son de campanas
y un perfume de nardo—
Entre la catedral
y las paganas ruinas
repartes tus dos alas de cristal,
tus dos alas divinas.
Y de la flor
que el ruiseñor
canta en su griego antiguo, de la rosa,
vuelas, ¡oh, Mariposa!
a posarte en un clavo de Nuestro Señor!
XIV
EL SONETO DE TRECE VERSOS
qué conservar sino el sutil
perfume, esencia de su Abril,
la más maravillosa esencia!
quedó de un sonoro marfil
un cuento que fué de las Mil
y Una Noche de mi existencia...
Scherezada se entredurmió...
El Visir quedó meditando...
Dinarzada el día olvidó...
Pero...
No obstante...
Siempre...
Cuando...
XV
Es como el ala de la mariposa
nuestro brazo que deja el pensamiento escrito.
Nuestra infancia vale la rosa,
el relámpago nuestro mirar,
y el ritmo que en el pecho
nuestro corazón mueve,
es un ritmo de onda de mar,
o un caer de copo de nieve,
o el del cantar
del ruiseñor,
que dura lo que dura el perfumar
de su hermana la flor.
Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
El alma que se advierte sencilla y mira claramente
la gracia pura de la luz cara a cara,
como el botón de rosa, como la coccinela,
esa alma es la que al fondo del infinito vuela.
El alma que ha olvidado la admiración, que sufre
en la melancolía agria, olorosa a azufre,
de envidiar malamente y duramente, anida
en un nido de topos. Es manca. Está tullida.
Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
XVI
A PHOCÁS EL CAMPESINO
en apenas escasos meses de vida, tantos
dolores en tus ojos que esperan tantos llantos
por el fatal pensar que revelan tus sienes...
a este mundo terrible en duelos y en espantos;
duerme bajo los Angeles, sueña bajo los Santos,
que ya tendrás la Vida para que te envenenes...
Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas,
perdóname el fatal don de darte la vida
que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;
y te he de ver en medio del triunfo que merezcas
renovando el fulgor de mi psique abolida.
XVII
dijo Hugo—ambrosía más bien ¡oh maravilla!
la vida se soporta,
tan doliente y tan corta,
solamente por eso:
roce, mordisco o beso
en ese pan divino
para el cual nuestra sangre es nuestro vino!
En ella está la lira,
en ella está la rosa,
en ella está la ciencia armoniosa,
en ella se respira
el perfume vital de toda cosa.
del corazón del mundo.
Cuando el áureo Pegaso
en la victoria matinal se lanza
con el mágico ritmo de su paso
hacia la vida y hacia la esperanza,
si alza la crin y las narices hincha
y sobre las montañas pone el casco sonoro
y hacia la mar relincha,
y el espacio se llena
de un gran temblor de oro,
es que ha visto desnuda a Anadiomena.
Que las más blancas tórtolas te inmolen!
Pues por ti la floresta está en el polen
y el pensamiento en el sagrado semen!
Gloria, ¡oh, Sublime que eres la existencia
por quien siempre hay futuros en el útero eterno!
Tu boca sabe al fruto del árbol de la Ciencia
y al torcer tus cabellos apagaste el infierno!
del interés, inútil el progreso
yankee, si te desdeña.
Si el progreso es de fuego, por ti arde.
Toda lucha del hombre va a tu beso,
por ti se combate o se sueña!
labor gozosa para el fuerte,
néctar, Ánfora, dulzura amable.
Porque en ti existe
el placer de vivir hasta la muerte—
ante la eternidad de lo probable...!
XVIII
UN SONETO A CERVANTES
A RICARDO CALVO
paso en mi soledad. Pero Cervantes
es buen amigo. Endulza mis instantes
ásperos, y reposa mi cabeza.
regala un yelmo de oros y diamantes
a mis sueños errantes.
Es para mí: suspira, ríe y reza.
Cristiano y amoroso y caballero
Parla como un arroyo cristalino.
Así le admiro y quiero,
hace que regocije al mundo entero
la tristeza inmortal de ser divino!
XIX
MADRIGAL EXALTADO
A MADEMOISELLE VILLAGRÁN
Solvet seclum in favilla
cuando quema esa pupila!
el cielo a la tierra invoca
cuando sonríe esa boca.
Tiemblan los lirios tempranos
y los árboles lozanos
al contacto de esas manos.
al egipán en acecho
cuando respira ese pecho.
como una fiesta, después
que se han sentido esos pies
rosas, dice a sus hermosas
cuando en primavera están:
Rosas, rosas, dadme rosas
para Adela Villagrán!
XX
MARINA
mar maravilloso,
tu salada fragancia,
tus colores y músicas sonoras
me dan la sensación divina de mi infancia
en que suaves las horas
venían en un paso de danza reposada
a dejarme un ensueño o regalo de hada.
Mar armonioso,
mar maravilloso,
de arcadas de diamante que se rompen en vuelos
rítmicos que denuncian algún ímpetu oculto,
espejo de mis vagas ciudades de los cielos,
blanco y azul tumulto
de donde brota un canto
inextinguible,
mar paternal, mar santo,
mi alma siente la influencia de tu alma invisible.
y velas de los Vascos,
hostigadas por odios de ciclones
ante la hostilidad de los peñascos;
o galeras de oro,
velas purpúreas de bajeles
que saludaron el mugir del toro
celeste, con Europa sobre el lomo
que salpicaba la revuelta espuma.
Magnífico y sonoro
se oye en las aguas como
un tropel de tropeles,
tropel de los tropeles de tritones!
Brazos salen de la onda, suenan vagas canciones,
brillan piedras preciosas,
mientras en las revueltas extensiones
Venus y el Sol hacen nacer mil rosas.
XXI
CLEOPOMPO Y HELIODEMO
A VARGAS VILA
es idéntica, gustan dialogar bajo el verde
palio del platanar. Allí Cleopompo muerde
la manzana epicúrea y Heliodemo fía
Mal haya quien las Parcas inhumano recuerde:
Si una sonora perla de la clepsidra pierde,
no volverá a ofrecerla la mano que la envía.
Una vaca aparece, crepuscular. Es hora
en que el grillo en su lira hace halagos a Flora,
y en el azul florece un diamante supremo:
miran como que rueda en un ritmo visible
la música del mundo, Cleopompo y Heliodemo.
XXII
AY, TRISTE DEL QUE UN DÍA...
pone los ojos e interroga. Está perdido.
Ay del que pide eurekas al placer o al dolor.
Dos dioses hay, y son Ignorancia y Olvido.
y lo que el animal manifiesta en su instinto,
cristalizamos en palabra y pensamiento.
Nada más que maneras expresan lo distinto.
XXIII
Salomé siempre danza,
ante el tiarado Herodes,
eternamente.
Y la cabeza de Juan el Bautista,
ante quien tiemblan los leones,
cae al hachazo. Sangre llueve.
Pues la rosa sexual
al entreabrirse
conmueve todo lo que existe,
con su efluvio carnal
y con su enigma espiritual.
XXIV
AUGURIOS
A E. DÍAZ ROMERO
sobre mi cabeza,
lleva en sus alas
la tormenta,
lleva en sus garras
el rayo que deslumbra y aterra.
Oh, águila!
Dame la fortaleza
de sentirme en el lodo humano
con alas y fuerzas
para resistir los embates
de las tempestades perversas,
y de arriba las cóleras
y de abajo las roedoras miserias.
sobre mi frente.
Yo pensé en Minerva
y en la noche solemne.
Oh, buho!
Dame tu silencio perenne,
y tus ojos profundos en la noche
y tu tranquilidad ante la muerte.
Dame tu nocturno imperio
y tu sabiduría celeste,
y tu cabeza cual la de Jano
que siendo una, mira a Oriente y Occidente.
que casi rozó con sus alas mis labios.
Oh, paloma!
Dame tu profundo encanto
de saber arrullar, y tu lascivia
en campo tornasol; y en campo
de luz tu prodigioso
ardor en el divino acto.
(Y dame la justicia en la naturaleza,
pues, en este caso,
tú serás la perversa
y el chivo será el casto.)
Dame tus uñas largas
y tus ágiles alas cortadoras de viento
y tus ágiles patas
y tus uñas que bien se unden
en las carnes de la caza.
Por mi cetrería
irás en jira fantástica,
y me traerás piezas famosas
y raras
palpitantes ideas,
sangrientas almas.
Pasa el ruiseñor.
Ah, divino doctor!
No me des nada. Tengo tu veneno,
tu puesta de sol
y tu noche de luna y tu lira,
y tu lírico amor.
(Sin embargo en secreto,
tu amigo soy,
pues más de una vez me has brindado
en la copa de mi dolor,
con el elixir de la luna
celestes gotas de Dios...)
Pasa una mosca. Un moscardón.
Una abeja en el crepúsculo.
No pasa nada.
La muerte llegó.
XXV
MELANCOLÍA
A DOMINGO BOLÍVAR
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de ensueño y loco de armonía.
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
No oyes caer las gotas de mi melancolía?
XXVI
ALELUYA!
A MANUEL MACHADO
corolas frescas y frescos
ramos, Alegría!
huevos en los tibios nidos,
dulzura, Alegría!
El beso de esa muchacha
rubia, y el de esa morena
y el de esa negra, Alegría!
de quince años, y sus brazos
armoniosos, Alegría!
y el de las vírgenes hembras,
y las dulces rimas de la Aurora,
Alegría, Alegría, Alegría!
XXVII
DE OTOÑO
con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
Dejad al huracán mover mi corazón!
XXVIII
A GOYA
raro ingenio temerario,
por ti enciendo mi incensario.
caprichosa, brusca, inquieta,
debe amar todo poeta;
Por tus lóbregas visiones,
tus blancas irradiaciones,
tus negros y bermellones;
por tus majos pintorescos,
y las glorias de tus frescos.
el diestro que mata al toro,
la niña de rizos de oro.
el infante, el caballero,
la mantilla y el pandero.
la silueta de la bruja
que en la sombra se arrebuja.
Y aprende una abracadabra
del diablo patas de cabra
que hace una mueca macabra.
ángel, espectro, medusa.
Tal aparece tu musa.
ya en sus claros electriza,
ya en sus sombras sinfoniza;
los reyes, los miserables,
o los cristos lamentables.
la luz muerta y amarilla
de la horrenda pesadilla,
o hace encender tu pincel
los rojos labios de miel
o la sangre del clavel.
en sus semblantes divinos
tus ángeles femeninos.
mezclaba la luz del día
con la noche oscura y fría:
tu misteriosa y sin par
pintura crepuscular.
Por tus frescos, San Antonio;
por tus brujas, el demonio.
XXIX
CARACOL
A ANTONIO MACHADO
macizo y recamado de las perlas más finas;
europa le ha tocado con sus manos divinas
cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.
y he suscitado el eco de las dianas marinas,
le acerqué a mis oídos y las azules minas
me han contado en voz baja su secreto tesoro.
Así la sal me llega de los vientos amargos
que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos
cuando amaron los astros el sueño de Jasón;
y un profundo oleaje y un misterioso viento...
(el caracol la forma tiene de un corazón).
XXX
AMO, AMAS
el sér y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
XXXI
SONETO AUTUMNAL
AL MARQUÉS DE BRADOMÍN
Es el otoño y vengo de un Versalles doliente.
Había mucho frío y erraba vulgar gente.
El chorro de agua de Verlaine estaba mudo.
Me quedé pensativo ante un mármol desnudo,
cuando vi una paloma que pasó de repente,
y por caso de cerebración inconsciente
pensé en ti. Toda exégesis en este caso eludo.
mármol; un vulgo errante, municipal y espeso;
anteriores lecturas de tus sutiles prosas;
de más detalles para explicarte por eso
como, autumnal, te envío este ramo de rosas.