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Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2) cover

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2)

Chapter 12: CAPÍTULO IV.
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About This Book

A young traveler named Anacarsis tours ancient Greek lands, and the narrative offers a condensed survey of Greek history, institutions, religion, laws, customs, and notable events from mythical origins through classical periods. Through episodic travel encounters and antiquarian description the text explains city foundations, legends, civic bodies and tribunals, religious rites, and everyday social practices, pairing didactic exposition with illustrative anecdotes. This abridged edition compresses a larger work into a concise two-volume format intended to present accessible, systematic information about Greek antiquity for general readers and younger audiences.

CAPÍTULO IV.

Partida de Mitilene. — Descripción de la Eubea. — Llegada a Tebas.

Al día siguiente nos dieron prisa para embarcarnos y salimos de Mitilene con sentimiento. Al dejar el puerto, la tripulación cantaba himnos en honor de los dioses y en voz alta les dirigía sus votos para que nos diese próspero viento. Cuando hubimos doblado el cabo de Malea, situado al extremo meridional de la isla, tendieron la vela, y nuestra travesía fue dichosa y sin acontecimientos.

Empezábamos a descubrir la cumbre de una montaña llamada Oché y que domina a todas las de la Eubea. «Esta isla», me dijo Fanes, capitán de la nave, «se extiende a lo largo del Ática, la Beocia, del país de los locrios y de una parte de la Tesalia; pero su anchura no es proporcionada a su longitud. Produce mucho trigo, vino, aceite, frutas, cobre y hierro; excelentes puertos, ciudades opulentas, ricas mieses que proveen muchas veces a Atenas; todo esto junto a su ventajosa posición, dan motivos para creer que el que se hiciese dueño de esta isla, pondría fácilmente trabas a las naciones vecinas. Menos súbditos que aliados de los atenienses, a favor de un tributo que les pagamos, podemos gozar en paz de nuestras leyes y de las ventajas de nuestra forma de gobierno. Podemos convocar en fin asambleas generales en Calcis, para tratar en ellas de los intereses y pretensiones de nuestras ciudades».

Habiendo dado el capitán sus órdenes a la tripulación, doblamos el cabo meridional de la isla y entramos en un estrecho cuyas playas nos ofrecían por ambos lados ciudades más o menos grandes; pasamos por cerca de los muros de Caristo y de Eretria y arribamos en fin a Calcis.

Esta ciudad está situada en un estrecho, o corto brazo de mar, llamado Euripo. Aquí se ve insensiblemente un fenómeno cuya causa no se ha comprendido todavía. Con frecuencia, durante el día y la noche, las aguas del mar suben y bajan alternativamente al norte y mediodía, y gastan el mismo tiempo en bajar que en subir. En ciertos días parece que el flujo y reflujo están sujetos a leyes constantes, como el océano, pero muy luego se advierte que no guardan regla alguna.

Calcis está construida en la falda de una montaña del mismo nombre. Los altos y frondosos árboles que se elevan en las plazas y en los jardines preservan de los ardores del sol a los habitantes, y les surte de agua un manantial abundante llamado la fuente de Aretusa. La ciudad está hermoseada con un teatro, gimnasios y pórticos, templos, estatuas y pinturas. Pasamos allí la noche, y al amanecer del día siguiente arribamos a la costa opuesta al pueblo de Áulide, lugarcillo cerca del cual hay una gran bahía, donde la escuadra de Agamenón estuvo mucho tiempo detenida por los vientos contrarios.

Desde Áulide pasamos a Antedón por un camino muy llano. Es una ciudad pequeña, con una plaza cubierta de árboles en la cual brotan muchas fuentes, y está rodeada de pórticos. Quedábanos que andar aún más de ciento sesenta estadios para llegar a Tebas, pero nos acercamos en breve a esta gran ciudad por el camino de la llanura. Al aspecto de la ciudadela, que descubrimos desde larga distancia, Timágenes no pudo contener sus sollozos. La esperanza y el temor se pintaron alternativamente en su rostro, porque al ausentarse de su patria dejó en ella a sus padres, un hermano y una hermana, y dudaba si tendría el dulce placer de encontrarlos todavía. Llegamos a Tebas, y las primeras noticias clavaron el puñal en el seno de mi amigo. Los autores de sus días habían fallecido de pena a causa de su ausencia, su hermano había muerto en una batalla, y su hermana, que casó en Atenas, tampoco existía ya, y había dejado un hijo y una hija solamente. Su dolor fue extremado, pero le mitigaron no obstante en algún modo los consuelos que le prodigaron sus conciudadanos y en particular Epaminondas.