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Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2) cover

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2)

Chapter 55: CAPÍTULO XLVII.
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About This Book

A young traveler named Anacarsis tours ancient Greek lands, and the narrative offers a condensed survey of Greek history, institutions, religion, laws, customs, and notable events from mythical origins through classical periods. Through episodic travel encounters and antiquarian description the text explains city foundations, legends, civic bodies and tribunals, religious rites, and everyday social practices, pairing didactic exposition with illustrative anecdotes. This abridged edition compresses a larger work into a concise two-volume format intended to present accessible, systematic information about Greek antiquity for general readers and younger audiences.

CAPÍTULO XLVII.

Religión y fiestas de los espartanos.

Los objetos del culto público solo inspiran en Lacedemonia un profundo respeto y un silencio absoluto. Acerca de este punto no se permiten disputas ni dudas, pues el único dogma de los espartanos se reduce a adorar a los dioses y honrar a los héroes.

Entre los héroes a quienes han erigido templos, altares o estatuas se distinguen Heracles, Cástor, Pólux, Aquiles, Odiseo, Licurgo, etc. Helena participa con Menelao de honores casi divinos, y la estatua de Clitemnestra está colocada al lado de la de Agamenón.

En otras partes hay que presentarse a los dioses con víctimas sin mancha, y algunas veces con el aparato de la magnificencia; en Esparta, con ofrendas de poco valor y con la modestia que conviene a todo suplicante; en otras partes importunan a los dioses con indiscretas y largas oraciones, pero en Esparta únicamente se les pide la gracia de hacer grandes acciones después de haber hecho buenas obras, y esta fórmula termina con estas palabras, cuya sublimidad conocerán las almas nobles: «Dadnos fuerza para sufrir la injusticia».

Los atenienses han creído fijar entre ellos la Victoria representándola sin alas; por la misma razón los espartanos han representado alguna vez a Ares y a Afrodita encadenados. Esta nación guerrera ha dado armas a Afrodita y puesto una lanza en manos de todos los dioses y diosas; ha colocado la estatua de la Muerte al lado de la del Sueño para acostumbrarse a mirarlas bajo un mismo aspecto, y ha consagrado un templo a las Musas, porque marcha a las batallas al son melodioso de la flauta o de la lira; otro a Poseidón que conmueve la tierra, porque habita en un país expuesto a frecuentes oscilaciones, y otro al Temor, porque hay temores saludables, tales como el de las leyes.

Invierten sus horas de descanso en muchas fiestas, siendo algunas de ellas las de Dioniso, de Apolo y de Jacinto. Estas últimas se celebran en la primavera, particularmente por los habitantes de Amiclas. Se dice que Apolo amaba tiernamente a Jacinto, hijo de un rey de Lacedemonia; que Céfiro, envidioso de su hermosura, impelió contra él el tejo que le quitó la vida; y que Apolo, que lo había tirado, no encontró en su dolor otro consuelo que el de trasformar al joven príncipe en una flor, a la cual dio su nombre, y con este motivo se instituyeron unos juegos que se celebran todos los años. El primero y tercer día no presentan más que la imagen de la tristeza y del luto, pero el segundo es un día de júbilo. Lacedemonia se entrega a la embriaguez del gozo en este día, que lo es de libertad, tanto que los esclavos comen a la mesa con sus amos.

La disciplina de los espartanos es tal que siempre va acompañada de cierta decencia. Aun en las fiestas de Dioniso, sea en la ciudad o sea en el campo, nadie tiene atrevimiento de separarse de la ley que prohíbe el uso desmedido del vino.