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Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1 / Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI cover

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1 / Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI

Chapter 26: NOTAS.
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About This Book

Se ofrece una historia crítica de los grandes descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI, centrada en las rutas transatlánticas y en los progresos de la astronomía náutica y los métodos para determinar longitudes y posiciones. El texto combina el examen de documentos de archivo y relatos de viajeros con descripciones de geografía física, climas, costas y topografía, y presta atención a las denominaciones indígenas y a las tradiciones locales. Incluye además reflexiones sobre las consecuencias intelectuales y sociales de la expansión geográfica y sobre la interpretación historiográfica de las exploraciones tempranas.

NOTAS.


[1] La edición in-folio contendrá además el Análisis razonado de los materiales de que me he valido para construir los mapas y los perfiles hipsométricos.

[2] Præ lætitia prosiliisse te, vixque á lachrymis præ gandio temperasse, quando literas adspexisti meas, quibus de antipodum orbe latenti hactenus, te certiorem feci, mi suavissime Pomponi, insinuasti. Ex tuis ipsis literis colligo, quid senseris. Sensisti autem, tantique rem fecisti, quanti virum summa doctrina insignitum decuit. Quis namque cibus sublimibus præstari potest ingeniis isto suavior? quod condimentum gratius? A me facio conjeturam. Beari sentio spiritus meos, quando accitos alloquor prudentes aliquos ex his qui ab ea redeant provincia (Hispaniola insula). Implicent animos pecuniarum cumulis augendis miseri avari: nostras nos mentes, postquam Deo pleni aliquandiu fuerimus, contemplando, huyuscemodi rerum notitia demulceamus.—Esta carta, que con tanto acierto pinta los placeres de la inteligencia, ha sido escrita, conforme á la común opinión, á fines de Diciembre de 1493. (Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis, Protonotarii Apostolici, Prioris Archiepiscopatus Gratanensis, atque á consiliis rerum Iudicarum Hispanicis). Amstelodami, 1670; Epíst. CLII, página 84.

[3] Acerca de los trabajos científicos de este hombre extraordinario, véase Capmany, Memorias históricas del comercio de Barcelona. Quæst. II, pág. 68.

[4] La suposición de que Asia se extendía hacia el Oriente más allá de los 180 grados de longitud. Véase también Rennel, Geography of Horodotus, pág. 685.

[5] Navarrete, Viajes de los españoles, t. I, pág. LXXIV.

[6] Capítulos V al IX. No ha sido posible descubrir hasta ahora el original español de esta biografía, cuyo manuscrito puso el nieto de Cristóbal Colón, D. Luis, Duque de Veragua, en manos de un patricio genovés llamado Fornari. De una copia que sin duda era bastante defectuosa fué traducido en 1571 al italiano por Alfonso de Ulloa, y retraducido del italiano al español en 1749, para insertarlo en la colección de Historiadores primitivos de Indias, de González Barcia (t. I, pág. 128). Compárese también Antonio de León, Epitome de la Biblioteca Oriental y Occidental náutica y geográfica, 1629, pág. 62; y Spotorno, Códice diplomático Colombo Americano, 1823, página LXIII.

[7] Es la que llegó á ser célebre por la reimpresión italiana que hizo Morelli, bibliotecario de Venecia, en Bassano en 1810. Había sido ya impresa en español en los primeros años del siglo XVI. (Antonio de León Pinelo, Biblioteca Occidental, 1738, t. II, pág. 566), y aun en italiano, según Bossi, en Venecia en 1505.

[8] Documentos diplomáticos, n. CXL. Libro de las Profecías que juntó el almirante D. Cristóbal Colón, de la recuperación de la santa ciudad de Hierusalem, y del descubrimiento de las Indias. (Navarrete, t. II, páginas 260, 265, 272). En Septiembre de 1501 envió Colón este manuscrito teológico que, á pesar de la diferencia de países y de siglos, recuerda involuntariamente las graves discusiones del inmortal Newton, sobre el undécimo cuerno de la cuarta fiera de Daniel (Brewster, Life of Newton, 1831, pág. 279), á un cartujo, el P. Gaspar Gorricio, para que lo perfeccionara y adornara con sabias citas. Sitúo este suceso diez y ocho meses antes de la muerte del Almirante, ocurrida en 20 de Mayo de 1506, porque al final del manuscrito de las Profecías se trata del eclipse de luna que observó Colón cerca del cabo oriental de la isla de Haití el 14 de Septiembre de 1504. Pero hay otra parte de las Profecías, por ejemplo, la que trata del peligro del próximo fin del mundo, anterior á 1501. «San Agustin, dice Colón, diz que la fin deste mundo ha de ser en el sétimo millenar de los años de la creacion dél: los sacros Teologos le siguen, en especial el cardenal Pedro de Ailiaco (Pedro d’Ailly, nacido en Compiegne en 1350). De la criacion del mundo ó de Adam fasta el avenimiento de Nuestro Señor Jesucristo son cinco mil é trescientos y cuarenta é tres años y trescientos y diez y ocho dias, por la cuenta del rey D. Alonso, la cual se tiene por la más cierta, con los cuales, poniendo mil y quingentos y uno imperfeto, son por todos seis mil ochocientos cuarenta y cinco imperfetos. Segund esta cuenta no falta salvo ciento é cincuenta y cinco años para complimiento de siete mil, en los cuales digo arriba, por las autoridades dichas, que habrá de fenecer el mundo.»

[9] Poco antes, sin embargo, en la misma carta á sus Soberanos explícase Colón con la mayor ingenuidad acerca de su propia erudición, cuya importancia, al parecer, desconoce. «De muy pequeña edad entre en la mar navegando, é lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos é seglares, latinos y griegos, judios y moros, y con otros muchos de otras setas.

»A este mi deseo (conocer los secretos de este mundo) fallé á Nuestro Señor muy propicio, y hobe dél para ello espirito de inteligencia. En la marinería me fizo abondoso; de astrología me dió lo que abastaba, y así de geometría y arismética; y engenio en el ánima y manos para debujar esferas y en ellas las cibdades, rios y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio.

»En este tiempo (en su juventud) he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historias, corónicas y filosofía, y de otras artes ansí que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, á que era hacedero navegar de aquí á las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecucion dello; y con este fuego vine á V. A. Todos aquellos que supieron de mi impresa con risa la negaron burlando: todas las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon ni las antoridades de ellas: en solo V. A. quedó la fe y constancia, ¿quién dubda que esta lumbre que fué del Espíritu Santo, así como de mí, el cual con rayos de claridad maravillosos consoló con su santa y sacra Escritura á Vos muy alta y clara con cuarenta y cuatro libros del viejo Testamento, y cuatro evangelios con veinte é tres epístolas de aquellos bienaventurados Apóstoles, avivándome que yo prosiguiese, y de contino, sin cesar un momento me avivan con gran priesa?» Fol. IV de las Profecías. Leyendo estas líneas llenas de candorosa ingenuidad, se comprende la dificultad de traducir con la energía propia de la antigua lengua castellana los escritos de un hombre que con excesiva modestia se llama á sí mismo: lego marinero, non doto en letras y hombre mundanal.

[10] Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, lib. II, párrafo 21. Navarrete, t. I, páginas LXXIX-LXXXI. Remesal, dice en su Historia de Chiapa (lib. II, cap. VII), que desde 1486 estaba Colón al servicio de España, y que á fines de dicho año se verificaron las disputas cosmográficas de Salamanca en el convento de San Esteban, durante las cuales los monjes dominicos se mostraron más tratables é instruídos que los profesores de la Universidad.

[11] Las Casas estudió derecho en Salamanca y pasó con Ovando á Haití. Poseía muchas cartas del Almirante y hasta un escrito autógrafo, «sobre indicios de tierras occidentales, reunidos por pilotos y marineros portugueses y españoles». Fernando Colón contaba catorce años de edad cuando acompañó á su padre en el cuarto y último viaje, y aunque en general es mejor crítico y más juicioso historiador que Bartolomé de Las Casas, muéstrase muy reservado y de un laconismo que á veces desespera en todo lo que se relaciona con el origen genealógico y las aventuras del Almirante antes de 1492.

[12] Herrera, Historia de Las Indias Occidentales, dec. I, lib. I, cap. VI.

[13] Primera y segunda carta de Pablo Toscanelli á Cristóbal Colón. (Colección diplomática, núm. 1.º, en Navarrete, t. II, páginas 1 y 3.)

[14] Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos, cap. VII. El motivo de visitar las tierras del Gran Khan, para enseñarle, conforme á su deseo, la fe cristiana, se expresa en la carta al Rey y á la Reina, puesta al frente del Diario del primer viaje de Colón, según la copia de Las Casas. Vuestras Altezas ordenaron que no fuese por tierra al Oriente (á la India y á los pueblos del Gran Kan), por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. La instrucción Real dada á Amerigo Vespucci el 15 de Septiembre de 1506, copiada por Muñoz en los Archivos de la Contratación de Sevilla, habla también de la armada que el Sr. D. Fernando mandó hacer para ir á descubrir el nacimiento de la especería. (Navarrete, t. I, pág. 2; Códice diplomático, núm. CL, t. II, página 317.)

[15] También Las Casas, Historia de las Indias, lib. I, capítulo CII, dice que iba vestido como fraile franciscano.

Herrera refiere que el famoso navegante Alonso de Ojeda, que acompañó á Colón en su segundo viaje, se hizo fraile franciscano. Este aserto carece de fundamento. (Navarrete, t. III, página 176.)

[16] Memoir on Sebastian Cabot, illustrated by documents of the rolls, now first published, 1831, pág. 10.

[17] Navarrete, t. I, pág. 2. Véase también la relación del viaje en el miércoles y en al sábado (páginas 16 y 17), donde Colón dice «que no se quiso detener, pues su fin era pasar á las Indias, y si se detuviera no fuera buen seso.» Y más adelante (haciendo distinción entre el continente de Asia y las islas que lo rodean), añade, «que si erraban la isla de Cipango no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir á tierra firme y después á las islas.»

[18] Véase el Diario del Almirante, en Navarette, t. I, página 58. En el Diario copiado por Las Casas se lee: «Miércoles, 14 de Noviembre de 1492. Dice el Almirante que cree que estas islas son aquellas inumerabiles que en los mapamundos en fin del Oriente se ponen.» Dice también Colón que creía que el grupo de estas islas se extendería y ensancharía hacia el Sud, y que en ellas encontraría «grandísimas riquezas y piedras preciosas y especería.» El Atlas de mapas catalanes de la Biblioteca Real de París, que data del año 1374, y del que poseemos minucioso estudio debido á la sagacidad de Mr. Buchon, tiene una leyenda relativa al mar de la India, que indica la existencia en él de 7.548 islas, «ricas en piedras finas y metales preciosos.» En el mapamundi de Martín Behaim, terminado en 1492, se encuentra una cita de Marco Polo (lib. III, cap. 42), de 12.700 islas, «con montañas de oro, de perlas y doce clases de especias» (mit vil Edelgestain, Perleim und Golt Peragen, 12 lei Spezerey und wunderlichem Volck, davon lang zu schreiben), dice Behaim en su antiguo y enérgico lenguaje. Gottl. von Murr, Diplom. Gesch, von Martin Behaim, 1778, pág 37. La cita de Marco Polo no es exacta. El viajero veneciano habla de 12.700 islas (lib. III, cap. 38), aludiendo á las Maldivas (ed. de Marsden, pág. 717), Behaim transporta este grupo de islas al Nordeste, lo cual influyó en las opiniones de los navegantes al fin del siglo XV.

[19] Malte Brun, Geographie Universelle, 1831, t. I, página 616.

[20] Dec. I, lib. I, cap. 1 al 6.

[21] Almagrurim significa mejor engañados en sus esperanzas, y la raíz de esta palabra es meghrur.

[22] Plutarco, De plac. phil., III, 12. Pasaje repetido por Galieno, De Phil. Historia, cap. 21, ed. Kühn, 1830, t. XIX, pág. 294. Esta es una de las causas indicadas por Demócrito y que recuerda la falta de equilibrio que, según un mito javanés, Batara Guru, el Ser Supremo, observaba en la tierra inclinada al Oeste, al cual puso remedio trasladando algunas montañas.

[23] «Lo que hay más bello en la tierra habitada se encuentra en las extremidades», dice Herodoto, lib. III, cap. 107; quien, como Thales y Anaximenes, no cree en la forma esférica de la tierra (lib. V, cap. 92).

[24] Bredow, Untersuch. über alte Geschichte und Geographie, 1800, pág. 78. Ukert, Geographie der Griechen und Römer, vol. II, parte 1.ª, páginas 234-243.

[25] En la época mítica de la expedición de los argonautas todavía se sospechaba que el mar interior tenía también comunicación por el Nordeste con el gran río Océano.

[26] Strabón, lib. III, pág. 224. En el pasaje del lib. I, página 82, la restricción «poco después de la época del sitio de Troya» refiérese á la fundación de las colonias.

[27] La primera expedición griega más allá de las columnas de Hércules es la de Colæus, posterior sin duda á la época de Homero; sería, pues, posible que los fenicios hubiesen transmitido á los helenos la noción del mar exterior y la frase que la designa.

[28] Lib. IV, cap. 152. Fundándose Voss en la época de la colonización de Cyrene, sitúa la expedición de Colæus antes de la diez y ocho Olimpiada, más de 708 años antes de nuestra era. Según las recientes investigaciones de Mr. Letronne, la expedición de los de Samos corresponde al primer año de la Olimpiada treinta y cinco.

[29] Sobre Scylax y la verdadera época de la redacción del Periplo que ha llegado hasta nosotros, véanse Niebuhr (Kleine Schr., J. I, 1810, pág. 105); Ukert (Geographie der Griechen und Römer, 1816, t. I, Abth. 2, páginas 285-297); M. Letronne, Journal des Savants, Febrero-Mayo, 1825.

[30] Scyl. Caryand, Peripl. (Hudson, t. II, págs. 53 y 54); Aristot., De mirabil. auscultat., pág. 1157.—Aristot., græce, ex recensione Bekkeri, 1831, pág. 844, párrafo 136. En este último pasaje, del cual me ocuparé también más adelante al examinar la posición del Mar de Sargazo de los navegantes portugueses, háblase de la abundancia de atunes que la mar arroja con el sargazo, y que salados y puestos en toneles eran llevados á Cartago. Paréceme que esta indicación confirma lo que dice M. de Köhler (Tarichos ó Recherches sur l’Histoire et les Antiquités des pécheries de la, Russie Meridionale, 1832, pág. 22), sobre el comercio en tarichos (pescados salados) de la ciudad de Turdetania y sobre las pesquerías fuera de las columnas de Hércules.

[31] Relation historique, t. III, pág. 236. Las divisiones que especifica Aristóteles (De Mundo, cap. III; Bekk., pág. 393) sólo se refieren á los golfos y sinuosidades del Mar Interior comparados á un puerto en que, entrando por el estrecho las aguas del Océano, llegan á estar más tranquilas.

[32] Véase una Memoria de Mr. Letronne, llena de elevadas consideraciones acerca de la historia de la geografía antigua (Essai sur les idees cosmographiques qui se rattachent au nom d’Atlas, pág. 9 y 10; en Mr. de Ferussac, Bulletin Universel des Sciences, Marzo 1831, sección VII). Prueba el autor que la expedición de Colæus, realizada en una época en que los helenos de Thera ignoraban hasta la posición de la Libia, sólo precedió en setenta años á la composición del poema mítico-político de Solón sobre la Atlántida que ocasionó la transformación del personaje de Atlas, el Titán, en Atlas montaña, situada fuera del estrecho, y sosteniendo el cielo. Acerca de este Atlas montaña, he hecho algunas conjeturas en mis Tableaux de la Nature, t. II, pág. 150.

[33] Copérnico, en la dedicatoria á Paulo III del tratado de Revolutionibus orbium cœlestium, atribuye, quizá menos por falta de erudición que por ocultar su audacia, su propio sistema de la revolución de los planetas alrededor del sol á los Pitagóricos, ora á Hicetas y á Heraclides del Puente, ora á Philolao y á Ecphanto. Pero en la antigüedad sólo fueron verdaderos copernicanos Aristarco de Samos y Seleuco de Erythrea, no empleando ni Hestia ni Autichthon.

[34] De Cœlo, lib. II, cap. XIV, págs. 297 y 298 (ed. Bekk.).

[35] Strabón, lib. I, pág. 103, y lib. II, pág. 162 Alm.

[36] En el Periplo de Hannón háblase de existencia de elefantes á media jornada de navegación al Sur del cabo Espartel (Véase Bredow, Untersuch. über alte Geschichte und Geographie. St. I, pág. 33, y mi Relation historique, t. I, pág. 172), Á menos de extender considerablemente hacia el Sur el conocimiento que los antiguos tenían de la costa occidental de África, y de que el gran río Chremestes (Meteor., lib. I, cap. 13, pág. 150) sea el Senegal, no podría aceptarse la idea de que Aristóteles conocía el Oeste de África hasta el paralelo de Agisymba, al Norte del cual no admite Ptolomeo, acaso sin haber visto el diario de Hannón, ni elefantes, ni rinocerontes, ni negros de cabello rizado (Véase Ptolomeo, Geogr., lib. I, cap. 9. y las discusiones de Mr. Letronne sobre la tradición de Halma en el Journal des Savans, Abril, 1831, pág. 274). Refiérome sólo en esta nota á los elefantes, al Norte del Sahara, en las costas oceánicas occidentales de África ó en el reino de Fez. Estrabón (lib. XVII, pág. 1.183 Alm., pág. 827 Cas.) nombra también los cocodrilos, completamente iguales á los del Nilo, y nada dice de la antigua existencia de elefantes en el Atlas mediterráneo oriental, reconocida por Eliano (VII, 2), y acerca de la cual Mr. Cuvier (Ossemens fossiles, ed. 2.ª, t. I, pág. 74) ha presentado interesantes observaciones. Todo esto pertenece á la Historia de los animales, es decir, á los cambios sufridos por consecuencia del transcurso de los siglos en la distribución geográfica de los animales en el globo; historia muy distinta de la parte descriptiva, vulgarmente llamada Historia natural de los animales.

[37] Aristot., De Mundo, cap. 3, pág. 392, Bekker, y Meteor., lib. II, cap. 5, pág. 362.

[38] Cosmas, Chistianorum opinio de mundo, en Montfaucon, Collectio nova Patr. et Script. græc., 1706, t. II, páginas 113-315 (el mapa, pág. 189), William Vincent, Commerce and navigation of the ancients, t. II, páginas 533, 537, 567. Bredow, St. 2, páginas 786 y 797. Mannert, Einleit. in die Geographie der Alten, 1829, páginas 188-192. Atribuíase al mismo Cosmas una obra menos teórica (Cosmographia universalis), en la que debía haber tratado especialmente de la tierra situada más allá del Océano. Más adelante hablaré de las analogías que presenta la circunvalación de montañas que suponían los Padres de la Iglesia más allá del Océano homérico, con los mitos de la India, el mundo Kaf de los árabes, y algunas opiniones helénicas antiquísimas.

[39] Strabón, II, pág. 182 Alm., pág. 121 Cas.

[40] Gomara, Hist. General, cap. 8, pág. 110. Véase sobre los fundamentos de esta hipótesis y las censuras que ocasionó á Colón aun durante su vida, mi Relation historique, t. I, pág. 506.

[41] Dante, Purgatorio, canto I, v. 22; canto IV, v. 139, Infierno, canto XXVI, v. 100-127 (Divina Comedia, col comento de G. Biagioli, 1818, t. I, páginas 484-487).

[42] Herodoto, lib. V, cap. 49.

[43] Montfaucon, l.c., pág. 37 (Tzinistam Oceanas ad orientem ambit. Cosm., lib. XI). En la geografía de Tolomeo, el Sinarum Sinus (parte del mar de Sin de Edrisi), era la embocadura del Sinus Magnus, y Thinæ estaba situada en la costa occidental del extremo del continente asiático, que, reuniendo al Oeste el Prasum Promontorium de África, formaba la costa meridional del mar interior de la India. Al contrario, en el sistema más antiguo de Eratosthenes, Thinæ estaba situada en el mismo paralelo de Rodas en la costa oriental de Asia, y la embocadura del Ganges se encontraba en esta misma costa figurada, inclinándose de Nordeste á Sudoeste.

[44] También en Cosmas cree advertir Montfaucon la primera indicación del Malabar, «región muy comercial en la que se cría la pimienta y donde hay cristianos como en Sieledivar (Ceylan).» Es la Malé del Indicopleustes (lib. III, pág. 178; lib. XI, pág. 337).

[45] Edrisi, Geogr. Nub., París, 1619, pág 148. Es probable que en esta fábula del canal abierto por Dhoulcarnaïn (que tiene dos cuernos), y de Kheder, ó más bien Chidr (el personaje verde), que, según Djevhari, fué uno de los compañeros de Moisés, estén mezcladas y confundidas, como en otras tradiciones antiguas populares de Arabia, ideas semíticas (fenicias) é ideas griegas, y que esta fábula sea resultado de observaciones náuticas y geológicas sobre la dirección constante de la corriente oceánica del Oeste al Este, y de la continuidad de una cordillera calcárea. Gabriel Sionita, el traductor latino de Edrisi, dice: «Is enim ad populos Andalusiæ cum pervonisset et continuas eorum quas cum incolis. Sus (terræ Barbarorum metropolis, Hartmann) habebant pugnas audivisset, operariis atque geometris ad se convocatis suum de arida illa terra fodienda et canali aperiendo animum explicuit, precipitque illis, ut terræ solum cum utriusque maris æquore metirentur; quod ubi præstitere, deprehenderunt á Mari magno (tenebroso) parum superari altitudinem Damascenum. Viene después la descripción de los diques artificiales construídos por Dhoulcarnaïn «cuyos restos vió Edrisi en las épocas de aguas bajas». Acerca del personaje principal de este mito, véase Herbelot, Bibl. Orient. (art. Escander Dhoulcarnaïn y Kheder ó Khedber), y Edrisi, África, ed. de J. M. Hartmann, 1796, pág. 313.

[46] Páginas 6, 39, 147 (Hartmann, pág. 7). M. Kurtzmann, en una Memoria premiada por la Facultad filosófica de Gottinga (Comment. de Africa geograph. Nub., 1791, pág. 8), explica el nombre de Mare Tenebrosum por la tradición de una nube vista al Oeste de Porto Santo, que descansaba en la superficie del mar, visión análoga á la de la fabulosa isla de San Borondón ó Brendan que los habitantes de Madera y de la Gomera veían todos los años al Oeste, y que llamó singularmente la atención de Colón, cuando antes de 1492 buscaba por todas partes argumentos en que apoyar su sistema.

[47] Edrisi, páginas 36 y 37. Este es el notable pasaje en que se menciona la grande isla Malai (Malaca?), muy extensa de Este á Oeste, y Soborma ó Sumatra, que es la Java minor de Marco Polo. Edrisi terminó su obra el año 1153, unos ciento sesenta años antes que Abulfeda. Así, pues, las islas Vac-vac, mejor dicho Uac-uac, eran en el siglo XII la última tierra conocida al Oriente, y por tanto, envuelta en fabulosas tradiciones, como al Oeste lo estaban, en los tiempos de Homero y Hesiodo, el Elíseo, las Hespérides y las Gorgonias. No deben confundirse las islas Vac-vac del mar de Sin con una isla del mismo nombre, cerca de Sofala, en la costa oriental de África (Hartmann, páginas 104-109). Las primeras, según Bakui y Ebn Tophaïli, comentado por Eichhorn, son «tan ricas de oro, que los monos llevan collares de este metal, y el árbol que grita uak uak á los que desembarcan (sin duda cuando algunos grandes Psittaceas anidaban en ellos), tienen en la extremidad de sus ramas, primero abundantes flores, y después, en vez de frutos, bellas muchachas que llegaron á ser objeto de exportación, y que Masudi Khothbeddin llama puellas vasvaskienses».

[48] El final de este pasaje (Edrisi, pág. 3) casi recuerda la imagen cosmogónica que empleaba la escuela de Thales; sin embargo, Edrisi construyó para el rey Roger II de Sicilia un globo terrestre de plata, según d’Herbelot y Pococke, de 800 marcos de peso (William Vincent, Commerce and navigation, t. II, pág. 568), y en las primeras páginas de sus Relaxationes animi curiosi, admite: Terram esse rotundam globi instar, ac non habere perfectam rotunditatem quia sunt in illa declivitates, et aqua fluit ab acclivi ad declive. La circunferencia de la tierra está indicada en Edrisi conforme al cálculo de los indios, expresión que aumenta el número de testimonios dados por los Sres. Colebrooke, Guillermo de Schlegel, y recientemente Federico Rosen (en su traducción y comentario del álgebra, de Mohamed Ben Musa), de lo cosechado por los árabes en la literatura más antigua de los indios.

[49] Creaturæ omnes sunt septemtrionali terræ parte, etc. (Edrisi, pág. 2).

[50] Alberti Magni Germani, Philosoph. principis, Liber cosmographicus de natura locorum, Argentor, 1515, fol. 14 b y 23 a.

[51] Los razonamientos de Alberto el Grande sobre el calor más ó menos grande producido por el ángulo de incidencia de los rayos solares, variable con las latitudes y las estaciones, como sobre los efectos frigoríficos y caloríficos de las montañas (loc. cit., lib. III, fol. 23 b.) son muy exactos y parecen no pertenecer á la época en que vivía este hombre eruditísimo.

[52] Esta fe en la erudición astronómica de los indios en un provincial de los dominicos, que ignoraba hasta el nombre de sanscrito, es muy notable.

[53] Su muerte, como lo ha comprobado Muñoz con documentos auténticos, ocurrió en Sevilla el 22 de Febrero de 1512, y no como pretende el biógrafo de Vespucci, Bandini, en 1516, en Terceira. Si es cierto que Vespucci vió, como él asegura, en su tercer viaje (desde Mayo de 1501 á Septiembre de 1502) la constelación de la Osa Mayor en el horizonte, llegó en las costas orientales de América hasta el grado 26 de latitud austral, y no hasta el 32 como él mismo afirma. Más cierto es que Juan Díaz de Solís navegó en 1508 hasta el grado 40 Sur, sin ver, no obstante, la embocadura del Río de la Plata, que descubrió en un segundo viaje, partiendo del puerto de Lepe en Octubre de 1515.

[54] Fratris Rogeri Bacon, Ord. Minorum, Opus majus, Londini, 1733, páginas 445, 447. Al hablar de este grande hombre del siglo XIII, no necesito recordar que la libertad de espíritu de Roger Bacon no le emancipaba completamente de las quimeras de la química de las transformaciones y de la afición á la astrología. Esperaba, sin embargo, hacer ésta «menos engañosa por el perfeccionamiento de las tablas astronómicas.»

[55] Obispo de Cambray desde 1396, y citado frecuentemente en tiempo de Colón con la denominación de Cardenalis Camaracensis. El Almirante le llama Pedro de Ailiaco, y su hijo don Fernando, en la Vida de su padre, Pedro de Heliaco.

[56] Después de su tercer viaje llegó Colón á Haití el 30 de Agosto de 1493. Los buques que trajeron la carta á que aquí me refiero, partieron el 18 de Octubre del mismo año. (Muñoz, libro VI, § 43).

[57] Este volumen en folio, que he estudiado cuidadosamente y comparado con las grandes ediciones de Alberto el Grande y de Roger Bacon, ni está paginado, ni contiene indicación del lugar donde vió la luz; pero se sabe, con bastante exactitud, que el tratado De Imagine Mundi ha sido escrito en 1410 é impreso por primera vez en 1490 (Joannis Launoii Constantantiensis, Regii Navarræ Gymnasii Parisiensis Historia, 1677, tomo II, pág. 478). Existe también, de Pedro de Ailly, Quæstiones in sphærum mundi Joannis de Sacrobosco, y Tractatus super librum Meteororum (impreso en Strasburgo en 1504, y en Viena en 1509). Las cinco memorias: De Concordantia astronomicæ veritatis cum theologia, recuerdan algunos trabajos modernísimos de Teología hebraizante, publicados cuatrocientos años después del cardenal d’Ailly.

[58] Toscanelli, en su carta al canónigo Martínez (escrita en 1474), no cita el nombre de Marco Polo, ni se le encuentra en los escritos de Cristóbal y de Fernando Colón. Tengo algunas dudas acerca de las nociones que, según Ximénez, Muñoz y Navarrete, debe haber sacado de los capítulos 68 y 77 del lib. II de Marco Polo, relativamente al Quinsay y á Zaitun. Más adelante veremos lo que puede corresponder á este viajero ó á Nicolás de Conti, de quien nos ha dejado Pogge algunos fragmentos, por desgracia muy incompletos. No negaré que el uso de las copias manuscritas fuese bastante común en la época en que preocupaban á Colón sus proyectos de descubrimientos, es decir, entre 1471 y 1492. La impresión más antigua de Marco Polo es la traducción alemana. Publicóse en Viena en 1477, tres años después que la carta de Toscanelli, y sin duda quedó desconocida é ininteligible para el sabio florentino. También es poco probable que Colón pudiera sacar partido de esta versión alemana; y si no vió la versión latina de Marco Polo, sin fecha ni lugar de impresión, conservada en el Museo Británico (versión que se supone ser de 1484 ó de 1490), debe creerse que antes de su primer viaje sólo pudo aprovechar copias manuscritas de Marco Polo, probablemente de la traducción latina del monje Pepino ó Pepuri de Bolonia, hecha en 1320, que circulaba unida á antiquísimas versiones manuscritas italianas. Las impresiones más antiguas del viajero veneciano son: en alemán de 1477; en latín de 1490 (Marco Polo translated by Marsden, páginas 57, 62, 70, 74, 75). Respecto á Aristóteles y á Strabón, que cita Colón con tanta frecuencia, pudo ver ediciones latinas del libro De Cœlo (Padua, 1473) y de la Geografía de Strabón (Venecia, 1472); pero es más verosímil, según he dicho, que el Almirante citara los autores antiguos por los extractos que de ellos encontró en Alliaco y otros cosmógrafos italianos, españoles ó árabes que habitualmente consultaba.

[59] Esta frase de monte Sopora á donde Salomón envió sus exploradores al fin del Oriente, es bastante singular. Sin embargo, Colón, al nombrar el monte Sopora, se refiere sin duda á Ophir, nombre que los Setenta escriben Sophira, Sophir, Sophara. La última forma ha hecho que se relacionara con la Sofara de Edrisi, célebre por su abundancia de oro.

[60] Son las propias palabras de Roger Bacon en el Opus majus, páginas 190, 231, 233.

[61] Según las investigaciones de Klaproth (Journal Asiatique, 1822, t. I, pág. 264), los primeros asignados de los tártaros, grabados en madera, y las primeras cajas de descuento para el papel moneda datan del año 1155 (un siglo antes de la misión de Rubruquis á Asia). El papel moneda existía ya en China desde fines del siglo X. Los primeros naipes grabados en madera son del año 1120. La imprenta china (con caracteres no móviles) publicó el primer libro impreso sobre letras grabadas en madera en 952. Esta editio princeps precedió 484 años al descubrimiento del ingenioso artífice de Guttenberg, descubrimiento que pudo hacerse á fines del siglo XIII, á la vuelta de Marco Polo si este viajero, en su Millione, hubiera llamado seriamente la atención del lector acerca de la imprenta en la China. Pero no menciona lo que llegó á serle muy familiar, y en este caso están la imprenta y el uso del té. Además, al nombrar Marco Polo el papel moneda chino, indica indirectamente el procedimiento de la impresión en caracteres no móviles. Josaphat Bárbaro, que recorrió la Persia en 1436, el mismo año que se cree ser el del descubrimiento de nuestra imprenta, y que conoció esta moneda, introducida en China por los mogoles, dice expresamente: «In quel luogo si spende moneta di carta laquale ogn’anno si muta con nuova stampa; é la moneta vecchia, in capo del anno, si porta alla zecca dove gli é data altra tanta di nova é bella, pagando tutta via due per centi di moneta d’argento buona.»

[62] Parece que el Cardenal tenía á la vista el pasaje de Strabón, t. II, pág. 161.