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Cuentos chilenos de nunca acabar cover

Cuentos chilenos de nunca acabar

Chapter 16: 15.
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About This Book

La colección reúne cuentos populares chilenos definidos por fórmulas repetitivas y giros que impiden su conclusión, rescatados de la memoria infantil y de narradoras mayores. Relatos breves y a menudo tramposos, articulados mediante estribillos, preguntas circulares y acciones que se repiten, funcionan como juegos orales que requieren la intervención del auditorio y crean un bucle narrativo. Junto a variantes humorísticas y engañosas aparecen piezas con elementos fantásticos y aventuras, y el volumen comenta la transmisión oral y las afinidades de estas historias con análogos de otras tradiciones.

The Project Gutenberg eBook of Cuentos chilenos de nunca acabar

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Title: Cuentos chilenos de nunca acabar

Author: Ramón A. Laval

Release date: October 16, 2022 [eBook #69164]

Language: Spanish

Original publication: Chile: Imprenta Cervantes, 1910

Credits: Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images available at The Internet Archive)

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS CHILENOS DE NUNCA ACABAR ***

 

POR

RAMON A. LAVAL




SANTIAGO DE CHILE
IMPRENTA CERVANTES
BANDERA, 50
——
1910

 

 



CUENTOS CHILENOS

DE NUNCA ACABAR

POR

Ramón A. Laval

El recuerdo de las personas que conocimos i el de las acciones, casi siempre insignificantes, que ejecutamos en el rápido curso de nuestra infancia, son, sin duda, los que mas persisten en nuestra memoria. La zancadilla que dimos al compañero de colejio que no hemos vuelto a ver, las pequeñas diabluras que haciamos al maestro, los guantes[1] que él solia aplicarnos con fervoroso celo, los juegos con que nos divertiamos en la única hora de recreo que teniamos i en el corto rato de libertad que nuestros padres nos daban en la noche, perduran como fotografiados en las cámaras de nuestros cerebros. Todas éstas son cosas que nadie olvida. ¿Qué estraño, pues, que yo recuerde con verdadero placer aquellos hermosos años de mi niñez en que tan rápidas pasaban las horas que compartia entre el estudio i el juego? ¿I cómo olvidar a aquella excelente viejecita, la mama Antuca, que nos cuidaba a todos los chicos de la casa como si fuéramos sus hijos? ¡Cuántos años han pasado desde entonces! i sin embargo todavía me parece verla, con su carita arrugada, sentada al lado del enorme brasero, i nosotros, mis hermanos i yo, rodeándola, escuchando atentos sus cuentos maravillosos en que figuraban como principales personajes, cuando ménos un príncipe encantado, un culebrón con siete cabezas i los leones que dormian con los ojos abiertos; o las aventuras, siempre interesantes, del Soldadillo, de Pedro Urdemales o de Puntetito, aquel Puntetito a quien se tragó el buei al comerse una mata de lechuga entre cuyas hojas se habia ocultado el simpático chiquitin.

Un rato despues de la comida, libre ella de sus menesteres i fatigados nosotros de corretear en la plazuela vecina jugando con otros chicos al pillarse, al tugar,[2] a los huevos,[3] o a las escondidas, nos congregábamos a su lado, i sentados los mas en el suelo con las piernas cruzadas, i acariciados por el suave calor que irradiaba el brasero, nos estábamos pendientes de sus relatos, mirándola sin pestañear, a no perder una sola de sus palabras, hasta que el sueño nos rendia i ella misma nos iba a acostar.

—Mama Antuca, le dije una noche en que nos referia casos de aparecidos, que nos ponian los pelos de punta i nos hacian mirar a un lado i a otro, asustados, creyendo ver deslizarse en la penumbra de la pieza no alumbrada sino por los débiles resplandores de la llama del brasero, una sombra que estendia su mano negra i velluda para cojernos, mama Antuca, le dije, cuéntenos mejor un cuento.

—Pero, hijito, si ya les hei contao toos los que sabia!

—No importa, mama; cuéntenos otra vez cualquiera de ellos, el del compadrito león, mas que no sea[4].

—Pero si ese se los hei contao por lo ménos veinte veces. Mejor les contaré el del Gatito montés.

—Bueno! bueno! gritamos en coro, cuéntenos el del Gatito montés.

1. Cuento del Gatito montes

—Pa saber i contar i contar pa saber; estera i esterita, pa secar peritas; estera i esterones, pa secar orejones; no l’eche tantas chacharachas,[5] porque la vieja es mui lacha[6]; ni se las deje d’echar, porque de too ha de llevar: pan i queso pa los tontos lesos; pan i harina, pa las monjas capuchinas; pan i pan, pa las monjas de San Juan. Est’era un gatito montés, que tenia la cabeza de trapo i el potito[7] al revés ¿queris que te lo cuente otra vez?

 

Uno de los que allí estábamos esclamó «bueno», i la viejecita comenzó de nuevo: Pa saber i contar i contar pa saber...» hasta terminar el largo preámbulo i seguir: «Est’era un gatito montés, que tenia la cabeza de trapo i el potito al revés ¿queris que te lo cuente otra vez?»

I no faltó otro niño bellaco que dijese «bueno», i la mama Antuca, inpertérrita, comenzó de nuevo: «Pa saber i contar i contar pa saber....» etc.

Este fué el primer cuento de nunca acabar que oí en mi vida: i, no obstante la poca o ninguna gracia que entónces me hizo, ahora lo recuerdo con gusto. Años mas tarde he oido otros, especialmente a otra vieja, la Polonia González, a quien mis niños llamaban la Pollonguita i que era una verdadera cutama[8] de cuentos. No son mui numerosos, pero por si solos constituyen un interesante capítulo del folk-lore chileno. Helos aquí:

2. El Gato con los piés de trapo

Est’era un gato que tenia los piés de trapo i la camisa al revés ¿queris que te lo cuente otra vez?

3. El Gato sarapo[9]

Gato sarapo, calzones de trapo, cabeza al revés ¿queris que te lo cuente otra vez?

Los cuales, como se ve, son simples variantes del que contaba la mama Antuca, i casi el mismo que trae Rodríguez Marin en el tomo I, pájina 47, núm. 63 de sus Cantos Populares Españoles[10]:

«Este era un gato,
que tenia los pies de trapo
i la barriguita al reves
¿Quiéres que te lo cuente otra vez?»

4. Los italianos i el inglés

—Estos eran tres: dos italianos i un inglés. El inglés tiró su espada; los mató i no los mató. ¿Querís que te cuente lo que pasó?

—Bueno.

—Estos eran tres: dos italianos i un inglés. El inglés tiró su espada; los mató i no los mató. ¿Querís que te cuente lo que pasó?... etc.

5. El Gallo pelado

—¿Querís que te cuente el cuento del Gallo pelao?

—Bueno.

—Pues, pásate p’al otro lao.

6. El Candadito

—¿Querís que te cuente el cuento del mentao candaito?

—Ya ’stá, cuéntameló.

—Andá p’ajuera i guelve lijerito; no te demorís mucho porqu’es mui bonito.

Estos seis cuentos podrian calificarse mas bien cuentos de pega, porque con ellos se engaña al auditorio, que queda defraudado en la esperanza de oir un cuento de los comunes. Ademas, para que lleguen a ser de nunca acabar, es menester que los del corro se lleven contestando «bueno», «ya está», «cuéntelo no mas», u otra espresion semejante, a la pregunta con que termina el contador cualquiera de los cuatro primeros, o pasándose de un lado a otro en el quinto, o saliendo i volviendo a entrar en el sesto.

7. La Mula baya de don Pedro Arcaya

—¿Queris que te cuente el cuento de la mula baya de don Pedro Arcaya?

—Ya está.

—Yo no te digo que me digais «ya está», sino si acaso queris que te cuente el cuento de la mula baya de don Pedro Arcaya.

—Bueno, cuéntameló.

—Yo no te digo que me digais «bueno, cuéntameló», sino si acaso queris que te cuente el cuento de la mula baya de don Pedro Arcaya.

 

I así sucesivamente, hasta que uno de los interlocutores, aburrido, se calla o se retira.

Este cuento, que tambien es de pega, pertenece a la misma clase que el arjentino del Gallo pelado que refiere el doctor Lehmann-Nitsche en la pájina 297 de la Revista de Derecho, Historia i Letras, de Buenos Aires, número de Julio de 1908, i el de la Buena Pipa o Pipita, que puede leerse en Rodríguez Marin, tomo I. pájina 112, nota 20.

En Cuba tambien existe un cuento del Gallo pelado; pero es, por la forma, una mezcla del cuento 1 del Gatito montes i del de la Mula baya:

—«Este era un Gallo pelado que tiene los pies de trapo i la cabeza al reves; ¿quiéres que te lo cuente otra vez?

—Sí.

—Yo no digo que digas que si, sino que si quieres que te cuente el cuento del Gallo pelado?...»[11].

El procedimiento que se sigue en los tres es exactamente el mismo.

8. El Rei que tenia dos hijos

Est’era un rei que tenia dos hijos, uno era mas grande i otro mas chico, uno se llamaba Pancho i otro Francisco. Cuando el rei se levantaba, se levantaba con sus dos hijos, uno era mas grande i otro mas chico, uno se llamaba Pancho i otro Francisco. Cuando el rei almorzaba, almorzaba con sus dos hijos, uno era mas grande i otro mas chico, uno se llamaba Pancho i otro Francisco. Cuando el rei salia a la calle, salia con sus dos hijos,... etc.

 

Se comprende que con este sistema puede el contador repetir el cuentecillo miéntras viva, ya que no ha de faltarle alguna dilijencia, asunto o negocio que achacar al rei para que lo haga o despache en compañía de sus hijos, pues tiene la facilidad de marchar con ellos paso a paso i momento a momento.

Este i los demas que siguen tienen todos los caractéres del verdadero cuento de nunca acabar.

9. La Vaca del Rei

Este era un rei que tenia una vaca, i la vaca tenia una cabeza, i la cabeza era de la vaca i la vaca era del rei; i la vaca tenia dos cachos,[12] i los dos cachos eran de la vaca, i la vaca era del rei; i la vaca tenia dos ojos i los dos ojos eran de la vaca, i la vaca era del rei; i la vaca tenia una nariz, i la nariz era de la vaca i la vaca era del rei;..... i la vaca tenia una cola, i la cola era de la vaca, i la vaca era del rei; i la vaca tenia un ternero, i el ternero era de la vaca i la vaca era del rei; i el ternero tenia una cabeza, i la cabeza era del ternero i el ternero era del rei; i el ternero tenia dos cachos, i los dos cachos eran del ternero, i el ternero era del rei;.... i el rei tenia otra vaca....

 

I como esta vaca era madre de otro ternero, i el rei poseia muchas otras vacas, cada una con su correspondiente ternero, i las vacas i los terneros tenian cabeza, cachos, etc. resulta que el cuento no se acaba nunca.

10. El Humito.

Esta era una bruja que tenia encantada a una princesa mui linda a quien habia encerrado en un ranchito[13] de donde siempre salia un humito. Sucedió que un príncipe mui poderoso vió el retrato de la princesa i se enamoró de ella i salió a buscarla para hacerla su mujer. Despues de mucho andar llegó donde la bruja, i señalándole el retrato, le preguntó si podia darle noticias del paradero de la princesa. La bruja le contestó que, aunque sabia en qué parte la princesa se hallaba, sólo podia decirle que estaba encantada i encerrada en un ranchito de donde siempre salia un humito i que mucho habria de costarle dar con ella, pero que cuando la encontrara cesaría el encantamiento. Con esto que oyó el principe, quedó mui esperanzado i siguió inmediatamente en busca de su adorada. Anduvo meses de meses i despues de pasar muchos trabajos, se encontró por fin con un ranchito del cual salia un humito i a cuya puerta estaba sentada una vieja.—Señora, le dijo el príncipe, busco a la princesa que representa este retrato ¿no estará por casualidad en esta casa?—No, mi señor, le contestó la vieja, pero puede ser que esté en un ranchito de donde sale aquel humito que desde aquí se divisa. Siguió el príncipe andando muchos dias, porque el rancho estaba mui lejos, i cuando llegó a él, vió a una vieja que estaba sentada a la puerta i le dijo:—Señora, busco a la princesa que representa este retrato ¿no estará por casualidad en esta casa?—No, mi señor, le contestó la vieja, pero puede ser que esté en un ranchito de donde sale aquel humito que desde aqui se ve.—Siguió el príncipe caminando muchos dias mas, porque el rancho estaba mas lejos de lo que parecia, i cuando llegó a él, vió a una vieja que estaba sentada a la puerta i le dijo:—Señora, busco a la princesa que representa este retrato....

 

I el príncipe recibió la misma respuesta que de la vieja anterior i siguió andando i encontrando nuevos ranchos con sus humitos i las viejas correspondientes, a las cuales dirijia la consabida pregunta, que siempre era contestada en la forma ya dicha. De suerte que el príncipe hasta ahora anda en la aventura de buscar a la princesa encantada, sin adelantar cosa en su dilijencia.

11. La Hormiguita

’St’era una hormiguita
que de su hormiguero
salió calladita
i se metió a un granero,
se robó un triguito
i arrancó lijero.
Salió otra hormiguita
del mismo hormiguero
i mui calladita
se metió al granero,
se robó un triguito
i arrancó lijero.
Salió otra hormiguita... etc.

I salieron ciento, i mil, i cien mil, i aquello era para aburrir a un santo, porque el granero era mui grande i tenia muchísimo trigo.

 

En las pájinas 71-72 del tomo I del Libro de Lectura, por M. Retamal Balboa, 4.ª edición, Santiago, 1902, hai un capítulo intitulado El cuento que no se acaba nunca, i que dice así:

«Un rei árabe mui aficionado a los cuentos, ofreció una gran recompensa al que contara uno que no se acabara nunca.

Muchos se presentaron, contaron largos cuentos, pero cuando concluyeron, fueron asesinados.

Al fin se presentó un estranjero, que principió su cuento de esta manera:

Se anunció en mi pais una escasez mui grande.

En prevision, el buen rei hizo construir graneros, que llenó con una inmensa cantidad de trigo.

Llegó la anunciada escasez i el hambre, e innumerables hormigas.

Estas consiguieron abrir al granero un agujerito, por el que cabia un solo grano.

Entró una hormiga i sacó un grano de trigo.

—¿I qué más? preguntó el rei.

—Entró otra hormiga i sacó otro grano.

—Pero ¿qué más? dijo el monarca.

—«Altísimo señor, yo no puedo mentir; entró otra hormiga i sacó otro grano.

I por mas de seis meses estuvo diciendo con mucha calma:

I entró otra hormiga i sacó otro grano.

Aburrido al fin el rei con esta cantinela, gritó mui enojado:

¡Tuya es la recompensa! ¡Me has hostigado con tanta hormiga! ¡Déjame en paz!»

No cabe duda de que éste i el anterior en verso son un mismo cuento; i, aún sin saber la procedencia del que acabo de trascribir, casi podria asegurar que el primero, en verso, ha dado oríjen al segundo. Aquél, por lo ménos, tiene el sello de ser mas antiguo.

12. Los Gansos

Este era un vendedor de gansos que tenia muchos miles de estas aves, i un dia que supo que donde el rei iban a tener una gran fiesta, quiso llevarlos todos para ver si se los compraban. En el camino tropezó con un rio que llevaba mucha agua, i buscando i buscando por donde pasarlo, dió al fin con un puentecito mui angosto, por el que no cabia mas que un ave. Puso entónces todos sus gansos en fila, de a uno en fondo, i ocuparon muchas leguas de largo; entónces hizo que pasara un ganso por el puentecito; despues otro; despues otro... etc. (El que cuenta se queda callado, i cuando le preguntan ¿i qué hubo?, responde: todavia van pasando los gansos).

 

Este cuentecillo tiene gran parecido con el de los Pavos que refiere Rodríguez Marin en el tomo I, pájina 112, nota 20 de su obra citada.

13. El Zorzal[14]

En la calle de la Nevería[15] habia un hombre que tenia un zorzal, i era tan bonito el zorzal i cantaba tan bien el zorzal, que no habia zorzal como aquel zorzal. Un dia pasó un caballero en coche particular i vió el zorzal i oyó cantar al zorzal, i dijo: «¡qué bonito es este zorzal i qué bien canta este zorzal!» Preguntó por el dueño del zorzal para comprar el zorzal; pero el dueño del zorzal no quiso vender el zorzal porque era tan bonito su zorzal i cantaba tan bien el zorzal que no habia zorzal como su zorzal. El caballero se fué mui triste pensando en el zorzal. Pero al dia siguiente pasó otro caballero en coche particular i vió el zorzal i oyó cantar al zorzal, i dijo: «¡qué bonito es este zorzal i que bien canta este zorzal!» Preguntó por el dueño del zorzal para comprar el zorzal; pero... etc.

 

Este otro cuento que sigue se supone relatado por un cheuto[16], cuyo defecto no le permite pronunciar bien la p, que confunde con la f:

14. El Fililo[17]

Una vez un fililo, borracho como una farra, armó un bochi[18] de todos los diachos[19]. Llegó un faco[20] i le gritó «fase f’entro»; fero el fililo, en lugar de obedecer, levantó un garrote i... falo i falo, i entonces el faco... fito i fito[21]. En lo mejor llegó otro fililo a ayudar a su confañero, i detras del fililo, otro faco; i los fililos, falo i falo, i los facos, fito i fito. Entónces llegó otro fililo a ayudar a sus compañeros, i detrás del fililo, otro faco; i los fililos, falo i falo... etc.

15.

Salí de Córdoba un dia
i pasé por Santa Fe
i en el camino encontré
un letrero que decía...
—¿Qué decía?
—Salí de Córdoba un dia
i pasé por Santa Fe,
i en el camino encontré
un letrero que decia...

Aunque este cuentecillo parezca ser orijinario de la Arjentina, por figurar en él el nombre de dos ciudades de esa República, bien puede ser que no lo sea, pues tambien corre de esta manera:

Sali de Méjico un día
i pasé por Santa Fe... etc.

de lo cual resulta que tambien nos ha podido venir de Méjico, cerca de cuya ciudad hai un pueblecito que se llama Santa Fé.

16. Bartolo

Bartolo tiene una flauta
con un portillo sólo,
i su madre le decía
toca la flauta Bar...
...tolo tiene una flauta
con un portillo sólo... etc.

No obstante de que esta flauta no tiene sino un portillito, Bartolo puede llevarse tocando en ella hasta la consumacion de los siglos... si su vida llega hasta entónces.

17. El Porotal

El porotal que tengo en casa
¡carai que me da que hacer!
cuando vienen los porotos
me hacen zumbar el pooo...[22]
... rotal que tengo en casa
¡carai que me da que hacer!
cuando vienen los porotos
me hacen zumbar el pooo...
... rotal que tengo en casa... etc.

18. El Perro leon amarillo

Un perro leon amarillo
me agarró de los fundillos[23]
i en el barro me botó;
de allí me levanté yo,
i no fueron mas mis quejas
que un perro leon amarillo
me agarró de los fundillos
i en el barro me botó;
de allí me levanté yo
i no fueron mas mis quejas
que un perro leon amarillo... etc.

19. El Pato

Est’era un pato
que tras de una pata andaba
i por oir lo que hablaba
se puso a escuchar un rato.
En esto estaba
cuando apareció otro pato
mas copeton i mas alto,
que tras de la pata andaba,
i por oir lo que hablaba
se puso a escuchar un rato.
En esto estaba
cuando apareció otro pato... etc.

Este cuento del pato, que tan popular era entre los niños, lo he oido despues de esta otra manera, que estimo sea la forma orijinal:

Est’era un pato
que tras de una pata andaba,
i por ver si la pisaba,
platicó con ella un rato;
cuando ¡zas! llegó otro pato
mas copeton i mas lacho
que tras de la pata andaba,
i, por ver si la pisaba,
platicó con ella un rato;
cuando ¡zas! llegó otro pato... etc.

20. El polaco i el inglés

Un polaco i un inglés
una tarde se encontraron;
el inglés se enfureció.
¿Cree usted que lo mató?
¡Nó!... Le diré lo que pasó:
Un polaco i un inglés
una tarde se encontraron... etc.

que es una variante del número 4.

I por fin, el que sigue, que debo a la bondad del señor Ismael Parraguez; pero que no me parece popular, por figurar en él el vocablo tajante, que no emplea sino la gente educada.

21. El miedoso

Eran las dos de la noche
cuando sentí ruido en casa;
subí luego la escalera,
tomé la tajante espada,
rejistré toda la pieza
i vi al fin que no era nada;
i por ser cosa curiosa
voi a volver a contarla:
Eran las dos de la noche
cuando sentí ruido en casa... etc.

Dos cosas principalmente llaman la atencion en estos cuentos: primero, que son, en jeneral, brevísimos; i segundo, que con escepcion del número 9, el de la Vaca del Rei; del número 10, del Humito; del número 12, de los Gansos; i del número 14, del Fililo, son en verso o rimados.

Ya ántes hice notar que los siete primeros, mas que de cuentos de nunca acabar, podian calificarse de cuentos de pega; pero los trece restantes no hai duda de que son, en todo i por todo, verdaderos cuentos de nunca acabar, pues miéntras viva el que los dice i tenga paciencia i cachaza suficientes el que los oye, el cuento no se ha de concluir.

Todavia debo observar que en estos trece últimos cuentos hai dos clases perfectamente distintas: una en que se repite la última parte del cuento (núms. 8, 9, 10, 11, 12, 13 i 14) i otra en que el último verso, porque éstos son todos en verso, se encadena naturalmente con el primero i se ve uno precisado a decirlo todo entero de nuevo, hasta que quiera terminar (núms. 15, 16, 17, 18, 19, 20 i 21).

 

Hai algunas otras piezas populares que tienen cierta analojia con las anteriores; i son, el cuento tan conocido de La Tenquita que se quemó la patita en la nieve; la tonada de La Cuja, que por los años de 1885 i 1886 cantaba el ciego Acuña en el teatrito del Santa Lucía, cuando éste constaba de sólo el proscenio i los espectadores se sentaban a cielo descubierto; i por fin, la tonada del Real i medio. En todas tres hai las repeticiones de los cuentos de nunca acabar; pero difieren de éstos en que, tanto en el cuento como en las tonadas, en cada repeticion entra siempre un nuevo elemento, lo cual contribuye a que uno i otras vayan creciendo poco a poco. No son de nunca acabar; pero sin necesidad de hacer trabajar mucho la imajinacion, pueden alargarse a voluntad, casi indefinidamente.

Al relatar el cuento i al cantar las tonadas, es de regla decir de una sola tirada la parte que se repite con el agregado correspondiente, de lo cual resulta que al llegar a lo último, la recitacion i el canto tienen que ser sumamente rápidos, a fin de no hacer ninguna pausa para respirar.

El cuento es una de las diversas variantes del que ya publicó el Dr. Lenz en 1892 en la pájina 296 del tomo VI de las Phonetische Studien. Creo que las tonadas han permanecido inéditas hasta ahora.

Ademas de estas piezas, conozco otras que tienen ciertos caractéres que las asimilan a los cuentos de nunca acabar. Una de ellas es el de La Mata de Cóguiles,[24] que tambien creo inédito i que va al fin de esta compilacion. En tres ocasiones el viejo héroe de la narracion sube hasta el cielo i desciende despues a la tierra escalando las ramas de una mata de cóguiles, i el que hace el relato refiere que en cada una de ellas el viejo subió o bajó de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho..., espresion que algunos suelen repetir hasta el aburrimiento en las siete veces que aparece en el cuento. Cuando me lo refirieron por primera vez, el narrador llegó solamente hasta la primera ascension i estuvo diciendo largo rato de gancho en gancho... de gancho en gancho,..... hasta que preguntado qué era lo que seguia, contesto: «lo que sigue es que el viejo va subiendo todavía, porque fíjese, pues, señor, que la mata llega hasta el cielo i está principiando a subir no mas de gancho en gancho..... de gancho en gancho..... de gancho en gancho.....», i no hubo santo que sacara a aquel bárbaro de allí. El modo de proceder en este caso es igual al del cuento Núm. 12 de los Gansos.

22. La Tenquita[25]

(Contado por Polonia González, de 50 años, natural de Colchagua).

Pa saber i contar, etc.

Est’ era una tenquita que tenia unos tenquitos mui lindos qui acababan de salir der huevo, i que jué una mañanita a buscarles que comer. I cómo era invierno i había quéido muchaza nieve, donde la tenquita se paró en er suelo, la nieve le quemó una patita. Entonces la tenquita se puso a llorar, mui aflijía der verse cojita, i le dijo a la nieve:

—Nieve, ¿por qué sois tan mala que me quemais la patita a mí?

I la nieve es que le ijo:

—Mas malo es er sol que me reite a mí.

Entonces la tenquita jué ond’ er sol, i es que le ijo:

—Sol, ¿por qué sois tan malo que reetís la nieve i la nieve me quema una patita a mí?

—Mas malo es el ñublao que me tapa a mi.

Entónces la tenquita es que jué ond’ el ñublao, i es que le ijo:

—Ñublao, ¿por qué sois tan malo que tapais er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema una patita a mí?

—Mas malo es er viento que me corre a mí.

Se jué la tenquita ond’ er viento i es que le ijo:

—Viento, ¿por qué sois tan malo que corrís el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema una patita a mí?

—Mas mala es la paer que me ataja a mí.

Jué la tenquita onde la paer i es que le ijo:

—Paer, ¿por qué sois tan mala qui atajais er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es el raton que me aujerea a mí.

Jué la tenquita ond’ el raton i es que le ijo:

—Raton, ¿por qué sois tan malo qui aujeriais la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es er gato que me come a mí.

Jué la tenquita ond’ er gato i es que le ijo:

—Gato, ¿por qué sois tan malo que te comis al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema una patita a mí?

Mas malo es el perro que me corre a mí.

Entónces la tenquita se jué ond’ er perro i es que le ijo:

—Perro, ¿por qué sois tan malo que corris al gato, el gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es er palo que me pega a mí.

Jué entónces la tenquita ond’ er palo, i es que le ijo:

—Palo, ¿por qué sois tan malo que pegais ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es er juego que me quema a mí.

Jué la tenquita ond’ er juego i es que le ijo:

—Juego, ¿por qué sois tan malo que quemais er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas mala es l’ agua que mi apaga a mí.

Jué la tenquita onde l’ agua i es que le ijo:

—Agua, ¿por qué sois tan mala que apagais er juego, er juego quema er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es er güei que me toma[26] a mí.

Entónces la tenquita se jué ond’ er güei, i es que le ijo:

—Güei, ¿por qué sois tan malo que te tomais l’ agua, l’ agua apaga er juego, er juego quema er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es er cuchillo que me mata a mí.

Se jué la tenquita ond’ er cuchillo i es que le ijo:

—Cuchillo, ¿por qué sois tan malo que matais ar güei, er güei se toma l’ agua, l’ agua apaga er juego, er juego quema er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Mas malo es el hombre que me hace a mí.

Jué la tenquita onde l’ hombre i es que le ijo:

—Hombre, ¿por qué sois tan malo que hacís er cuchillo, er cuchillo mata ar güei, er güei se toma l’ agua, l’ agua apaga er juego, er juego quema er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

—Preduntáselo ar Señor que m’ hizo a mí.

Jué entonces la tenquita onde su Divina Majestá, e hincándose delante de Ella hasta que besó er suelo con la boca, es que le ijo:

—Señor, ¿por qué hicistes al hombre, el hombre hizo er cuchillo, er cuchillo mata ar güei, er güei se toma el agua, el agua apaga er juego, er juego quema er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reíte la nieve i la nieve me quema la patita a mí?

I la tenquita se puso a llorar que era una compasion i daba pena der verla.

Entónces el Señor compadecío e la esgracia e la pobre avecita, es que le ijo:

—Andavéte bien tranquila, tenquita, a cuidar a tus tenquitos, qu’ están con mucho frio i tienen much’ hambre.

La tenquita, como güeña cristiana, obedeció ar tirito, i cuando llegó a su niito s’ encontró con que tenia güeña i sana la patita quemá.

 

Por este mismo estilo es el cuento de El Raton Hilandero, publicado en la pájina 113 del Primer Libro de Lectura por Manuel Guzman Maturana, Santiago, 1906; pero no me parece que sea éste un cuento popular, ignoro si es produccion orijinal del señor Guzman Maturana; sin embargo me inclino a creer que es una traduccion o una simple adaptacion de otro idioma al castellano. Tambien tiene alguna semejanza a éstos, por el procedimiento que se sigue, un juego de prendas con que Rodríguez Marín, ilustra la nota 171, pájina 148 del tomo I de su obra citada, y que comienza:

«Esta es la bota
que buen vino porta
de Cádiz a Rota.
Aqui está el tapon
que tiene la bota
que buen vino porta
de Cádiz a Rota.
Este es el cordon
que amarró el tapon
que tiene la bota»... etc.

A esta clase pertenece asimismo el cuento portugues de la Carochiña, con cuya traduccion mi buen amigo el brasilótilo don Clemente Barahona Vega ha querido favorecerme, i que transcribo en seguida por el gran parecido que tiene la primera parte de él con el cuento chileno de El Raton Pérez i con el español de La Hormiguita, el primero que trae Fernan Caballero en sus Cuentos, Oraciones i Adivinas[27] i el cual, seguramente, es el progenitor del nuestro.

El cuento de la Carochiña[28]

Esta que era una Carochiña que, barriendo un dia la casa, se halló una moneda, i fué al punto a contárselo a una vecina, preguntándole:

—¿Qué haré con esta monedita?

Le respondió la vecina:

—Compra dulces.

—Nada, nada de eso, que es golosina, replicó la Carochiña.

Fué a verse, entónces, con otra vecina, la cual le aconsejó lo mismo.

Consultó, por fin, a una tercera, i ésta le recomendó:

—Compra cintas, flores, brazaletes i dijes, i anda en seguida a ponerte en la ventana, para decir a todo el que pase: