WeRead Powered by ReaderPub
Cuentos chilenos de nunca acabar cover

Cuentos chilenos de nunca acabar

Chapter 24: 23. La Cuja
Open in WeRead

About This Book

La colección reúne cuentos populares chilenos definidos por fórmulas repetitivas y giros que impiden su conclusión, rescatados de la memoria infantil y de narradoras mayores. Relatos breves y a menudo tramposos, articulados mediante estribillos, preguntas circulares y acciones que se repiten, funcionan como juegos orales que requieren la intervención del auditorio y crean un bucle narrativo. Junto a variantes humorísticas y engañosas aparecen piezas con elementos fantásticos y aventuras, y el volumen comenta la transmisión oral y las afinidades de estas historias con análogos de otras tradiciones.

«¿Quién quiere casarse con la Carochiña,
que es bonita, preciosa i perfecta niña?»

Fuése a comprar muchas cintas, encajes, flores, brazaletes i dijes; se afeitó cuanto pudo, i so colocó asomadita en la ventana, diciendo:

«¿Quién quiere casarse con la Carochiña,
que es bonita, preciosa i perfecta niña?»

Pasó un buei, i dijo:

—Yo quiero casarme contigo.

—¿Cómo es tu voz?

Múuu...

—¡Ai! no me sirves, porque me recordarias a los niños de noche.

Despues tornó a decir:

«¿Quién quiere casarse con la Carochiña,
que es bonita, preciosa i perfecta niña?»

Pasó un burro, i dijo:

—Yo quiero.

—¿Cómo es tu voz?

El burro rebuznó.

—¡Ai! esclamó ella, no me sirves, porque me despertarías a los niños de noche.

Despues pasó un cerdo, i la Carochiña le dijo:

—A ver tu voz.

Cocho, cocho...

—¡Ai! no me sirves, porque no me dejarias dormir los niños de noche.

Pasó un perro, i la Carochiña quiso conocerle la voz.

Guau, guau...

—¡Ai! tampoco me sirves, con tus ladridos me espantarias de noche a los niños.

Pasó un gato:

—Oigamos tu voz.

Miau, miau...

—¡Uf! no me dejarias dormir a ningun chico de noche.

Pasó un ratoncito.

—Yo quiero casarme con la Carochiña.

—¿Cómo es tu voz?

El raton frunció el hociquito i emitió un suave chillido.

—Tú sí que me convienes para marido; contigo me caso.

Entónces el raton se casó con la Carochiña i tomó el nombre de Juan Raton.

Vivieron algunos dias mui felices; pero, habiendo llegado el domingo, la Carochiña le pidió que, miéntras ella iba a misa, él se quedase atendiendo en la cocina la olla en que se cocian los frejoles para el almuerzo. Juan Raton se puso cerca del fogon, i para ver si los frejoles ya estaban cocidos, metió la mano derecha en la olla, i la mano le quedó pegada; metió la otra, i pasó lo mismo; metió despues una patita, i la otra, i todo el cuerpo quedó preso en la olla i se coció con los frejoles.

Volvió la Carochiña de misa i, como no divisase a Juan Raton, lo buscó por todos los rincones, sin dar con él. Luego llegará, se dijo; yo no puedo esperarlo porque tengo hambre, i se dispuso a almorzar.

Pero, al servirse los frejoles en el plato, apareció Juan Raton muerto i cocido con ellos. Al punto la Carochiña se echó a llorar a gritos, i una mesita de tres piés que ella tenia, le preguntó:

—¿Qué tienes, Carochiña,
que te echas a llorar?
—Mí Juan Raton ha muerto,
llorando estoi mi mal.
—Pues yo, que soi mesita,
voi por eso a danzar.

Dijo luego una puerta:

—¿Qué tienes tú, mesita,
que danzas mas i mas?
—Ha muerto Juan Raton;
Carochiña, en un ai;
i yo que soi mesita,
heme puesto a danzar.
—I yo, que soi la puerta,
o me abro o cierro ya.

Dijo luego una llave:

—¿Qué es lo que tienes, puerta,
en un tan raro afan?
—Ha muerto Juan Raton;
Carochiña, en un ai;
por esto la mesita
se ha metido a danzar;
i yo, que soi la puerta,
o me abro o cierro ya.
—I yo, que soi la llave,
me tengo de quebrar.

Dijo luego un pino:

—¿Qué es lo que tienes, llave
que quebradita estás?
—Ha muerto Juan Raton;
Carochiña, en un ai;
por esto la mesita
se ha metido a danzar;
en seguida la puerta
o se abre o cierra ya;
en seguida la llave
se tuvo que quebrar;
—I yo, que soi el pino,
me voi a descuajar.

Vinieron los pajaritos a descansar en las ramas del pino, i al verlo arrancado de cuajo, dijeron:

—Qué es lo que tienes, pino,
tendido en forma tal?
—Ha muerto Juan Raton;
Carochiña, en un ai;
por esto la mesita
se ha metido a danzar;
en seguida la puerta
o se abre o cierra ya;
en seguida la llave
se tuvo que quebrar;
i yo, que soi el pino,
me arranqué, cual mirais.
—Nosotros, pajaritos,
nos vamos a cegar.

Los pajaritos se sacaron los ojitos, i despues fueron a la fuente a beber agua.

 

I les dijo la fuente:

—¿Qué os causó, pajaritos,
tanta ínfelicidad?
—Ha muerto Juan Raton;
Carochiña, en un ai;
por esto la mesita
se ha metido a danzar;
en seguida la puerta
o se abre o cierra ya;
en seguida la llave
se tuvo que quebrar;
sin raiz quedó el pino
por un motivo igual;
i nosotros ahora
sin vista nunca mas.
—I yo, que soi la fuente,
me tendré que secar.

Vinieron los hijos del Rei con sus cantaritos para llevar agua de la fuente, i al verla sin una gota, esclamaron:

—¿Qué es lo que tienes, fuente,
que tan sequita estás?
—Ha muerto Juan Ratón;
Carochiña, en un ai;
por esto la mesita
se ha metido a danzar;
en seguida la puerta
o se abre o cierra ya;
en seguida la llave
se tuvo que quebrar;
sin raiz quedó el pino
por un motivo igual;
despues los pajaritos,
sin vista nunca mas;
i yo, que soi la fuente,
me tuve que secar.
—I nosotros, los cántaros
rompemos sin piedad.

Volvieron los niños a palacio, i la Reina alarmada les preguntó:

—¿Por qué los cantaritos
rotos ahora están?
—Ha muerto Juan Raton;
Carochiña, en un ai;
por esto la mesita
se ha metido a danzar;
en seguida la puerta
o se abre o cierra ya;
en seguida la llave
se tuvo que quebrar;
sin raiz quedó el pino
por un motivo igual;
despues los pajaritos,
sin vista nunca mas;
la fuente, por su parte,
se tuvo que secar;
i nosotros, los cántaros
rompimos sin piedad.

I les repuso la madre, en el acto:

—I yo, que soi la Reina,
me voi a cocinar
i hacer, sin mengua mia,
guisos que os gustarán!

23. La Cuja

Una vieja tenia un niñito
i lo criaba debajo e la cuja,
i cuando la cuja crujia,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.
Una vieja tenia un lorito
i lo criaba debajo e la cuja,
i cuando la cuja crujia,
hablaba el lorito,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.
Una vieja tenia un monito
i lo criaba debajo e la cuja,
i cuando la cuja crujia,
chillaba el monito,
hablaba el lorito,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.
Una vieja tenia un perrito
i lo criaba debajo e la cuja,
i cuando la cuja crujia,
ladraba el perrito,
chillaba el monito,
hablaba el lorito,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.
Una vieja tenia un gatito
i lo criaba debajo e la cuja,
i cuando la cuja crujia,
maullaba el gatito,
ladraba el perrito,
chillaba el monito,
hablaba el lorito,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.
Una vieja tenia un sapito
i lo criaba debajo e la cuja,
i cuando la cuja crujia,
saltaba el sapito,
maullaba el gatito,
ladraba el perrito,
chillaba el monito,
hablaba el lorito,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.
Una vieja tenia un soldado
que dormia encimita e la cuja,
i cuando la cuja crujia
rabiaba el soldado
como un condenado,
saltaba el sapito,
maullaba el gatito,
ladraba el perrito,
chillaba el monito,
hablaba el lorito,
lloraba el niñito
i la vieja decia:
Ratamplin, ratamplan, ratamplin,
mal haya sea el catre que volvió a crujir.

24. El real i medio

Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una polla,
¡ai, qué polla!
i la polla me puso unos huevos.
Yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real i medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una vaca,
¡ai, que vaca!
i la vaca me dió un ternero.
Yo tengo la vaca, yo tengo el ternero,
yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real i medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una burra,
¡ai, que burra!
i la burra me dió un burrito.
Yo tengo la burra, yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca, yo tengo el ternero,
yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real i medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una mona,
¡ai, qué mona!
i la mona me dió un monito.
Yo tengo la mona, yo tengo el monito,
yo tengo la burra, yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca, yo tengo el ternero,
yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real i medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una cabra,
¡ai, qué cabra!
i la cabra me dió un cabrito,
yo tengo la cabra, yo tengo el cabrito,
yo tengo la mona, yo tengo el monito,
yo tengo la burra, yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca, yo tengo el ternero,
yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una lora,
¡ai, qué lora!
i la lora me dió un lorito,
yo tengo la lora, yo tengo el lorito,
yo tengo la cabra, yo tengo el cabrito,
yo tengo la mona, yo tengo el monito,
yo tengo la burra, yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca, yo tengo el ternero,
yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real i medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una gringa,
¡ai, qué gringa!
i la gringa me dió un gringuito,
yo tengo la gringa, yo tengo el gringuito,
yo tengo la lora, yo tengo el lorito,
yo tengo la cabra, yo tengo el cabrito,
yo tengo la mona, yo tengo el monito,
yo tengo la burra, yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca, yo tengo el ternero,
yo tengo la polla, yo tengo los huevos,
i siempre me quedo con mi real i medio.
Yo tenia mi real i medio.
Con mi real i medio compré una guitarra,
¡ai, qué guitarra!
i cada vez que en ella tocaba,
bailaba la gringa, bailaba el gringuito,
bailaba la lora, bailaba el lorito,
bailaba la cabra, bailaba el cabrito,
bailaba la mona, bailaba el monito,
bailaba la burra, bailaba el burrito,
bailaba la vaca, bailaba el ternero,
bailaba la polla, bailaban los huevos,
i—yo siempre contento con mi real i medio.

24. La Mata de Cóguiles

(Referido por Carolina del Pino, natural de Conchalí, de 20 años).

Est’eran un viejo i una vieja qui eran mui pobreh[29] i se mantenian con lo que leh daban loh vecinoh.

Un día jueron a peírle que leh diera algo a un campesíno, i er campesíno se lamentó mucho de que no tuviera na que darleh, porque tamien era mui pobre i ademah tenia mucha familia. Al pobre campesino le dió mucha pena del ver aquelloh viejoh que no tenian quien loh ayudara, i leh puso asiento mientrras iba a ver si tenia argo que darleh. Buscó por toah parteh, pero no encontrró na. Cuando ya se venia, si acordó que tenia una semillah, i lah trrajo pa árselah. Cuando gorvió leh ijo: «no hei encontrrao naa mah qu’ esta’ semiliah; siémbreláh, porque son de coileh, i una veh que crezcan le’ serviran pa venderleh el fruto». Loh viejoh dieron de mala gana lah graciah, porque pa elloh hubiera sio mejor que leh hubieran dao plata.

Llegaron a la casa, hicieron un hoyo i echaron la’ semiliah; luego leh echaron harta tierra i much’ agua.

Siguieron pidiendo limosna i ni por cuando[30] si acordaron de la’ semillah.

La’ semillah echaron broteh i dia por dia s’ iban poniendo mah bonitah.

Un dia se li ocurrió ar viejo dentrrar a ver si si habian secao la’ semillah; cuándo ha visto la media mata[31], pueh, i si ha queido de culito der susto que le dió.

Se jué corriendo avisarle a la vieja, le contó lo grande qu’ estaba la mata i le ijo que ya pasaba la casa. La vieja no le creyó i se vino corriendo a ver si era cierto; cuando vió qui era cierto se puso a bailar der gusto. Entónceh, hijito e mi arma, l’ entrró tuitito er cuidao con la mata; como seria di harto que la cuidaron que la mata creció tanto que llegó hast’ ar cielo.

Como nu era tiempo e fruta, la mata estaba pelá.

La vieja se cansó e tanto cuidar la mata, i un dia llamó ar viejo i le ijo: «mira, eh lesera que noh estemoh matando en cuidar esa mata cuando no noh da na, asi eh qu’ eh mejor que la cortemoh i la vendamoh pa leña». Er viejo se quió callao, porque vió qui era tontera hacerla peazoh, porque cuando llegara er tiempo e fruta poirian sacar mah provecho.

Tooh loh diah era una pelea que tenia que tener porque no cortaba la mata.

Una mañana le dió tanta rabia al viejo porque la vieja lo llevaba retando, que le ijo: «arreglám’ er capachito con el cocavin[32] p’al camíno». La vieja li arregló er capacho, se lu ejó encima di una mesa i se jué a su cuarto. Er viejo tomó er capacho i salió i en veh d’ irse a peír limosna, como lu hacía siempre, se jué por detrráh e la cerca hast’ onde estaba la mata e coile. Una veh que llegó se sentó i se puso a pensar qui haria con la mata, porque no queria cortarla p’ aprovecharl’ er fruto; pero si no la cortaba, pasaria peliando con la vieja, i como la queria tanto, tampoco queria hacerla rabiar.

Por fin despueh de tanto pensar, se li ocurrió ir a ver a Dioh pa peírle algun consejo; si amarró bien er capachito a la cintura i se puso a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho.... (se puede repetir las veces que uno quiera) hasta que llegó ar cielo i llamó. Salió San Peiro i le preduntó qué queria, i er viejito le contó too lo que le pasaba. Entónceh San Peiro se jué a hablar con Dioh i a icirle too lo que er viejito li acavaba e contar. Dioh le ijo que le diera una varillit’ e virtú i que no le pidiera a ella mah de lo que necesitaba, porqu’ entónceh se la quitaba. Salió San Peiro con la varillita i le repitió ar viejito lo que Dioh li habia dicho, er viejo prometió hacerlo, dio lah graciah i se vino de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho.... (se repite muchas veces).

A too esto la vieja lloraba com’ una Maudalena porqui hacia doh diah qu’ er viejo no llegaba a la casa i estaba arrepentía di haber pelíao con él. A veceh pensaba que lu habrian muerto i qu’ en la noche l’ iba penar, i pensando que pudiera ser cierto, se lo pasaba rezando toa la noche.

Er viejo, en cuanto bajó, le ijo a la varillita: «varillit’ e virtú, por la virtú que Dioh ti ha dao dami un terno bien chatrre[33], un güen sombrero i un rico par de zapatoh», i en un ratito s’ encontrró con que tenia elante too lo qui habia pedío. Entónceh se vistió i se jué a su casa, gorpió en la port’ e calle i salió la vieja. La vieja no lo conoció ar verlo tan pijote[34] i toa cortá le preduntó: «¿a quién busca er señor?» Er viejo se puso a réir de ver que no lo conocia, i le contestó: «¿Ya no me conocíh? ¿no conocíh a tu viejo que tanto lo retabai porque no cortaba la mat’ e coile?» La vieja casi se murió er susto, porque créida qu’estaba soñando o que su marío la’ staba penando. Er viejo ar verla tan asustá, le dió un abrazo i dentrró a contarle lo que li habia pasao i le mostrró la varillita i le ijo too lo que li habian mandao. A la vieja se le pasó er susto i le pidió perdon, i le prometió no hacerlo rabiar mah.

Lijerito prencipiaron a peirle muchah cosah a la varillita, toah mui necesariah: le pidieron ropa, muebleh, i por fin una mesa con los mejoreh manjareh i vinoh; i too lo tuvieron.

Er viejo pa’star mejor con Dioh, agarró la costumbre d’ir tooh loh diah a misa; i por mieo e que la vieja no juera a peír lo que no necesitaba, se llevó la varilla i la pasó a ejar ondi una comaire qu’ehtaba cerca e la parroquia. Despuéh que saluó a la comaire, le pidió que le guardara la varillita i que no se la juera a perder. Cuando el viejo se jué, la comaire se quió pensando qué cosa tenrría la varillita, cuando er viejo se l’habia encargao tanto. Despuéh e mucho pensar se figuró que poiría ser de virtú i quiso ver si era cierto: sacó la varillita di ond’estaba guardá i le pidió que le diera un vestío; lijerito se le apareció er vestío. Entónceh la comaire pensó quitársela, i se jué a l’arbolea a ver si habia arguna igual pa cambiársela. Despuéh de mucho buscar encontrró una, la trrajo i la pus’ond’ estaba l’otrra. Cuando gorbió, er viejo le pidió la varillita, le dió lah graciah a la comaire i se jué armorzar. Despuéh que llegó a la casa hizo poner la mesa, agarró la varillita i prencipió a peirle, pero se cansó e tanto peír i ver que no si aparecia na. Enojao mah qui un diablo, jué a cas’ e la comaire pa ver si se l’habia cambiao. Cuando llegó a cas’ e la comaire le ijo: «vengu a ver por qué me cambió mi varillita por esta tan feaza, comairita». La comaire le ijo: «no, compairito ¿cómo cre que yo voi hacer una cosa semejante con usté cuando yo a usté lo apreceo tanto?»

Er viejo, viendo que no sacaba na, gorbió a su casa i le ijo a la vieja que le aprontara er capachito con el cocavin, porqu’ iba a peir otrra virtú. La vieja le preparó er capachito i s’espidió der viejo desiándole un güen viaje.

Er viejo si amarró er capachito a la cintura i jué a la mat’ e coile i se puso a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó arriba i contó lo que li habia pasao. San Peiro le preduntó que qué cosa queria ahora, i er viejo le contestó: «unoh mantelitoh que cuando se destiendan en una mesa aparezcan cubiertoh de lah mejoreh comiah-San Peiro le trajo loh mantelitoh i l’hizo lah mismah recomendacioneh qui ánteh. Er viejo le dió lah graciah i se vino de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó a la casa, destendió loh mantelitoh i se pusieron a comer. Despuéh qui acabaron de comer doblaron loh mantelitoh i se jueron a dormir.

Al otrro día, comu e costumbre, er viejo se jué a misa i se llevó loh mantelitoh, loh pasó a ejar onde la comaire i l’encargó que no loh destendiera porque s’iba enojar.

En cuanto se jué er viejo, la comaire sacó loh mantelitoh i loh puso encim’ e la mesa. Lijerito se li apareció una mesa e banquete con loh mejoreh licoreh i manjareh de loh mah esquisitoh. Mah que corriendo jué la comaire a cambiar loh mantelitoh. Loh cambió i esperó que llegara er viejo. Al ratito llegó er viejo, tomó loh mantelitoh i se jué, i comu iba con much’hambre, en cuanto llegó a la casa destendió loh mantelitoh; pero con mucho susto d’él vió que loh mantelitoh se quiaron destendíos i no si aparecia la comia.

Entónceh llamó a la vieja i le contó lo que li habia pasao con la comaire i le prometió castigar á la comaire. Hizo que li arreglara er capachito i se jué a ver a San Peiro.

Anteh e salir le ijo a la vieja que se pusiera ebaju e la mata por si le pasaba argo, porque ya habia subio doh veceh i no le quiaban juerzas i no se juera a quer.

La vieja lu acompañó hasta la mata, i er viejo prencipió a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho,... i comu iba mui cansao, no llegó mah qui hasta la mitá i se puso a ormir. Cuando estaba urmiendo le bajaron ganah e miar i se puso a miar. La vieja, qu’estaba abajo, recibió too lo qu’el viejo miaba. La vieja icia: «miren loh anjelitoh como están botando la mistela». Al poco rato ar viejo le vinieron ganah ’ensuciar i se puso hacerlo. La vieja sintió qui algo quéida i dijo: «miren loh anjelitoh como están tirando loh manjareh i confiteh, i mi viejo está allá gozando, i yo ¿por qué no gozo?» I si apuraba en recojer too lo que quéida.

En de que[35] amaneció, er viejo siguió subiendo de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó ar cielo i le contó a San Peiro lo que li habia pasao. San Peiro le mosrró muchah virtúeh i le ijo que descojiera por úrtima veh, porque si esta úrtima la perdia ya no li aba ni una mah. Er viejo descojió un rollo de varillas que alli estaba mui bien engüerto, le dió lah graciah a San Peiro por úrtima veh i prencipió a bajarse de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... i en cuanto llegó ar suelo, le contó a la vieja lo que San Peiro li habia icho.

Comió bastantazo i se jué a ormir.

Al otro dia se jué tempranito a misa, i pasó, como siempre, onde la comaire. Cuando llegó allá l’entrregó el paquet’e varillah i le ijo: «mire, comaire, aquí trreigo otrro encarguito, i no vaya a ser cosa que se vaya perder como loh demáh; per una cosa le voi a icir: que no le iga ar paquete: sargan, palitoh; porqu’entonceh no respondo yo.»

El viejo se jué a misa i la comaire se quió pensando si haria lo qu’er viejo li habia icho. Por fin, despuéh e mucho pensar dijo: «sargan, palitoh», i salieron del paquete, hijito e mi alma, una pila e palitoh que se gorbian locoh pegándole a la comaire, que casi la mataron. ¡Güeno en pegarle hartazo!

Cuandu er viejo gorbió e misa, encontrró que loh palitoh tuavia l’estaban dando duro a la comaire i ya la tenian media muerta; i entónceh er viejo le ijo que si no l’entrregaba lah demáh virtúeh que li habia robao, qui haria que loh palitoh la matasen. La comaire l’ entrregó lah virtúeh, i er viejo, en castigo e toah lah mardáeh que la comaire li habia hecho, mandó a loh palitoh que le siguieran pegando, hasta que la mataron.

I loh viejoh se jueron a gozar de lah virtúeh, i vivieron muchoh añoh mui feliceh i siguieron cuidando mucho la mat’ e coile.

 

Compárese este cuento con el siguiente, pehuenche, que transcribo de los Estudios Araucanos del Dr. Rodolfo Lenz, VIII, 3, pájinas 293-296:

Plata, hongos i talero.

Cuento de un viejo que subió al cielo

«Entónces hubo un viejo indio. Subió al cielo; entró en el cielo; alcanzó Dios a verlo.»

—¿Cómo es que andas por acá? se le dijo a ese viejo.

—Soi pobre, pues, padre Dios; por eso vine, vengo a pedir (algo) de tí, padre Dios! pasó a decir en el cielo ese viejo.

—Está bien, pues, le contestaron; (i) le dieron un paño.

«Cualquiera cosa le pedirás a este paño,» se dijo a ese viejo.

Entónces volvió (i) llegó, a esta tierra trayendo su paño.

Lo dejó encargado a una mujer.

—«¡Que se llene el paño!» no me lo digas a mi paño, dijo ese viejo.

—¿Por qué será, «¡que se llene el paño! no me lo digas a mi paño,» me dijo ese hombre, dijo esa mujer.

Entónces estendió ese paño.

«¡Que se llene el paño!» dijo esa mujer. Así se llenó, dicen, de plata.

Despues de alojar llegó ese viejo. Entónces pasó a preguntar, por su paño.

—Se perdió tu paño, se dijo a ese viejo.

Entónces volvió. Otra vez se encaminó al cielo; llegó.

—¿Qué quieres otra vez? le dijeron.

—Otra vez vengo a pedir (algo) a Dios, dijo.

Entónces le dieron un hongo; fué dejado atado en un trapito.

—Cuando se acaben tus hongos «¡que se llene!» le dices no mas, dijeron a ese viejo.

Entónces llegó a esta tierra.

Entónces lo dejó encargado otra vez a esa mujer.

—«¡Que se llene el trapito!» no se me lo digas a mi trapo, dijo ese viejo.

—¿Por qué «que no se llene el trapo» no se me lo digas a mi trapo, me dijo ese viejo? dijo esa mujer.

«¡Qué se llene el trapo!» dijo esa mujer.

Así se llenó de hongos ese trapo.

Entónces el otro día, se encaminó, para ir a buscar su trapo, ese viejo. Llegó.

—Vengo a buscar mi trapo, pasó a decir ese viejo.

Entónces:—Se perdió tu trapo, se le dijo a ese viejo.

Volvió ese viejo. «Otra vez iré al cielo» dijo.

Otra vez se encaminó al cielo.

Llegó al cielo.

—¿Qué quieres? le dijeron.

Otra vez vengo a pedir, pues, dijo el viejo.

—I ¿lo que llevaste? qué lo hiciste? le dijeron.

—Lo dejaba encargado a una mujer: «¡se perdió!» me dijeron, pues, dijo ese viejo.

Entónces le dieron un talero[36].

—«¡Levántate, talero!» no le dirás, le dijeron a ese viejo.

Entónces volvió. Llegó a esta tierra; fué a encargarlo a esa mujer su talero.

—«¡Levántate talero!» no me lo digas a mi talero, dijo ese viejo.

—¿Por qué me dijo eso? dijo esa mujer.

«¡Levántate, talero!» dijo esa mujer.

Entónces así se levantó ese talero, la azotó mucho. Fué azotada, esa mujer. Gritó esa mujer, casi (la) mató.»

 

I en la pájina 355 encuentro la nota que sigue, referente a este cuento:

«Este cuento es evidentemente de oríjen europeo. En el cuento popular francés Le Bonhomme Maugréant, éste recibe de San Pedro primero una canasta de la cual salen panecitos i pescado frito; cuando el tabernero i su mujer se la han cambiado, el santo le da un gallo que bota piedras finas, que sufre la misma suerte que la canasta: al fin el «palo sal del saco» obliga al tabernero a devolverlo todo i San Pedro se lleva todas las tres cosas al cielo.

Mui semejante es tambien el cuento número 36 de la coleccion de los hermanos Grimm. «Mesa sírvete, asno de oro i palo sal del saco», sólo que ahí cada prenda es el premio de trabajo de uno de los tres hermanos. El menor con su palo recobra las cosas que el tabernero ha sustraido a los otros dos.»

Todavía voi a agregar una tonada, de estructura diferente a la de las piezas anteriores, pero que puede calificarse como de nunca acabar; es la de

25. La Pava

Al salir de casa
me encontré un dinero
i compré una pava
que me pone huevos,
que me pone huevos,
que me pone huevos,
que me pone huevos,
que me pone huevos.
Al salir de casa
me encontré un dinero
i compré una polla
que me pone huevos,
que me pone huevos, (quater).
Al salir de casa
me encontré un dinero;
compré una torcaza
que me pone huevos,
que me pone huevos, (quater).
Al salir de casa
me encontré un dinero
i compré una hacienda
con muchos potreros
i con muchas vacas
que me ponen huevos, (ter).
Al salir de casa
me encontré un dinero
i compré un convento
con doscientos legos
i doscientos frailes
que me ponen huevos,
que me ponen huevos,
que me ponen huevos.

Sustitúyanse a pava, polla, torcaza, los nombres de otras aves: paloma, gallina, pata, lloica,[37] queltehue,[38] diuca,[39] etc., etc., i se tendrá una tonada de nunca acabar.

Desnudo de todo comentario entrego este corto material para que vaya a acrecentar el pequeño acervo que a Chile corresponde en el vastísimo campo folk-lórico, i con objeto de que, comparadas estas piezas con las análogas que existen en todos los paises civilizados, i talvez en muchos salvajes, se deduzcan las conclusiones que de tal estudio puedan derivarse.


NOTAS:

[1] Castigo en forma de azotes que se daban en las palmas de las manos a los colejiales.

[2] El tugar (ántes tugargajo) se juega entre varios niños. Uno de ellos oculta un pañuelo arreglado en forma de látigo, e inmediatamente se dirije a la capilla, donde están los otros, gritando tugar, tugar, salir a buscar... tugar, tugar, salir a buscar... (antes se decía tu... gar... gâjo... tu... gar... gâjo). Cuando los niños se hallan distantes del sitio en que está oculto el pañuelo, el que manda el juego dice, frio, frio, como el agua del rio; cuando se acercan, caliente, caliente, como el aguardiente; cuando están mui próximos, que se quema, que se quema; i en el momento en que uno de los chicos toma el pañuelo, se quemó, se quemó, a cuya voz huyen todos perseguidos por el que tiene el pañuelo, con el cual trata de darles de azotes hasta que llegan a la capilla, sitio en que los jugadores quedan libres de toda pena. El que ha encontrado el pañuelo va a esconderlo de nuevo, i el juego continúa en la forma ya dicha.

[3] Los huevos. Se colocan cuatro niños en los rincones de una pieza, o mas bien de un patio. Otro niño se acerca sucesivamente a ellos preguntándoles ¿hai huevos?, a lo cual le contestan, a l’otrr’esquina por ei (a la otra esquina, por ahí). Cuando el quinto niño va de un rincón a otro, cambian precipitadamente de lugar los que quedan a su espalda, i si logra tomar el sitio de uno de éstos en el instante en que está desocupado, el desposeido queda en el medio i pasa a hacer la pregunta ¿hai huevos? hasta que consigue ocupar un rincon. Este juego suelen hacerlo de prenda.

[4] El cuento del Compadrito leon, potito quemado, que éste es su nombre completo, es mui largo para ponerlo en nota. Lo contaré en otra ocasion.

La espresion chilena mas que no sea equivale al castellano siquiera.

[5] Chacharacha, cosa de escaso valor.

[6] Lacho, elegante, enamorado, amante.

[7] Potito, diminutivo de poto, trasero, asentaderas.

[8] Cutama, bolson, saco.

[9] No sé que signifique este vocablo. Puede que tenga que ver algo con zarapito, nombre del ave del órden de las zancudas conocida vulgarmente entre nosotros por perdiz de mar (Numenius). Si así fuera, podria referirse a los gatos cenceños, cuyas piernas, por efecto de la delgadez del cuerpo, se ven mas largas que de ordinario.

[10] Cantos Populares Españoles, recojidos, ordenados e ilustrados por Francisco Rodríguez Marin. Sevilla, 1882-1883.—5 vols. en 8.º

[11] Diccionario Provincial casi-razonado de Vozes Cubanas, por el Auditor hon.º de Marina D. Estéban Pichardo. Tercera edicion, notablemente aumentada i correjida. Habana, 1861.—1 vol. en 4.º—Pájina 112, col. 2, voz Gallo.

[12] Cachos, cuernos.

[13] Ranchito, diminutivo de rancho, choza pajiza.

[14] El zorzal de Chile es el Turdus falklandicus.

[15] Calle de la Nevería, mas conocida por de la Nievería, es la actual calle de 21 de Mayo, de Santiago, nombre que se le puso en conmemoración del combate naval de Iquique ocurrido en aquel dia del año 1879.

[16] Cheuto, labihendido.

[17] Fililo, por pililo, zaparrastroso, harapiento.

[18] Bochi, bochinche, alboroto, pendencia.

[19] De todos los diachos, de todos los diablos.

[20] Faco por paco, policial, jendarme.

[21] Fito por pito, instrumento de caña, i mas jeneralmente de hueso, con que los policiales se llaman unos a otros por medio de toques especiales.

[22] La palabra cortada que sirve para reentrar en el cuento, es poto, trasero, asentaderas.

[23] Fundillos, fondillos.

[24] Cóguil, coil o coile, una enredadera con fruto comestible, Lardizabala biternata.

[25] Tenca, Mimus thenca, avecita cantora mui comun.

[26] Tomar, beber.

[27] Cuentos, oraciones, adivinas i refranes populares e infantiles recojidos por Fernan Caballero. Segunda edicion. Madrid, 1880.—1 vol. en 8.º

[28] Este cuento apareció en las pájinas 183, 184 y 185 del Almanak Popular Brazileiro para el año 1897, publicado por Alberto T. Rodrigues, de Porto Alegre, tomándolo de la obra Contos Populares Portuguezes de Adolfo Coelho.

Carochinha es una palabra que en portugues designa un mito popular, diablita o brujita. Contos da Carochinha es una espresion familiar, que equivale a cuentos para niños, puerilidades, aproximadamente, cuentos de hadas. (Nota del traductor).

[29] Las haches finales indican una pequeña aspiracion con que el chileno sustituye las eses en que terminan los plurales. Lo mismo he debido escribir las eses en medio de diccion, como en uhté, usted; suhto, susto; pero no lo he hecho por no dificultar la lectura. De igual manera debí escribir el cuento de La Tenquita, pero no usé esa ortografía por la razon espresada.

[30] Ni por cuando, espresion que se usa para denotar un largo espacio de tiempo, nunca mas, ya no, etc.

[31] La media mata. El medio la media antepuestos a un sustantivo, sirven al pueblo para aumentar el significado del sustantivo que les sigue; así la media mata, es como si dijéramos mata mui grande.

[32] Cocavin, provisiones lijeras para el camino.

[33] Chatre, elegante.

[34] Pijote, aumentativo de pije, lechuguino, pisaverde, elegante.

[35] En de que, en cuanto, desde que.

[36] Un chicote indíjena, usado tambien por los arjentinos, que lo llaman «talero».

[37] Lloica, vulgarmente loica, Sturnella militaris.

[38] Queltehue o tregle, Vanellus cayenensis.

[39] Diuca, Fringuilla diuca.