CAPITULO CV
DE LAS COFRADIAS
Las cofradias de Potosí son muchas y muy bien servidas, con mucha cera, y casi todas tienen sus veinticuatros, los cuales en las fiestas señaladas que cada una tiene se han de hallar, en vísperas y misa mayor, con un cirio que les da la cofradia, y aquel dia confiesan y comulgan. La del Sanctísimo Sacramento es una de las bien servidas de cera del mundo, y la del Rosario y Juramentos, en nuestra casa, y así lo son las demás, porque son ricas, y aunque la cera cuotidianamente vale á 150 pesos el quintal, y dende arriba, no se disminuye el servicio della.
Es pueblo donde se hacen muchas y grandes limosnas; yo me hallé una Cuaresma en él y me certificaron algunos mayordomos que, tractando entre sí lo que se habria juntado de limosna para ellas, pasaban de cinco mil pesos en la Semana Sancta. La procesion de la Soledad, fundada en nuestra Señora de la Merced, se celebra con tanta solemnidad que no llega la celebracion de Los Reyes á ella, con ser solemnísima, pues la cera que sale en la procesion el dia del Sanctísimo Sacramento parece increible; los indios en sus cofradias van imitando á los españoles: tienen sus veinticuatros y gastan mucha cera.
Cuando algun veinticuatro muere, los demás le han de acompañar de todas cuantas cofradias fuere veinticuatro; acaesce ser de tres ó cuatro, y todos le acompañan con sus hachas ó cirios; suelen ser más de ciento, que es cosa de ver, porque aunque se llaman veinticuatros, el número no es sólo de veinticuatro, sino de cincuenta y más; finalmente, Potosí, podremos decir es España, Italia, Francia, Flandes, Venecia, México, China, porque de todas estas partes le viene lo mejor de sus mercaderias. De las naciones extranjeras hay muchos hombres, que si no los hobiera no perdiera nada el reino, y quien no ha visto á Potosí no ha visto las Indias, por más que haya visto, como habemos dicho.
CAPITULO CVI
DE LA DESTEMPLANZA DE POTOSÍ
Con tener todo esto bueno, no deja de tener un alguacil y contrario, como las demás ciudades y provincias, porque al tiempo de las aguas, y en particular á la entrada y salida del ivierno, son muchas las tempestades de truenos, rayos, pedriscos y nieves, desde Diciembre hasta Abril, y en el verano el viento que decimos llamarse tomahavi, por venir de un cerro alto así llamado, suele venir con tanta furia, que en aquellos dias que corre no hay sino cerrar puertas y ventanas y no salir á la plaza.
Este viento levanta (lo que no hacen los demás) cuantas plumas, lana, cabellos, pajas y otras cosas livianas que hay por las plazas y calles, y cubre el pueblo de una niebla que parece se puede palpar, y aquellos dias está frio, que no se puede vivir sino tras los tizones. Oí decir allí á una señora discreta, que cuando corrian estos tomahavis, y salia de su casa á oir misa en los dias forzosos, á la vuelta traía un fieltro dentro en el pecho, por el polvo, lana y cabellos que le hacia tragar Tomahavi, mal que le pesase; con todo esto, la cobdicia de la plata y diligencia para adquirirla y sacarle hace en estos dias trabajar y pasear las calles á los hombres.
CAPITULO CVII
DE LA PROVINCIA DE LOS CHICHAS Y LIPES
Desde este pueblo de Potosí, declinando un poco al Oriente, se entra en la provincia de los Chichas, á dos jornadas andadas, los cuales son indios bien dispuestos, belicosos; su tierra, rica de oro y plata, sino que no la quieren descubrir. Llega esta provincia hasta el último pueblo dellos, y de la juridicion del reino del Perú, llamado Talina, cincuenta leguas buenas de Potosí, el camino no malo, y los valles donde están los indios poblados, de moderado temple, con abundancia de mantenimientos y ganados, así de la tierra como de los nuestros; á cuya mano derecha queda la provincia de los Lipes, no de muchos indios, muy fria y destemplada, donde no se da maíz; en lo demás de poca fama, si no es por las piedras medicinales que della se traen, que yo he visto y en todo el reino se usan: la una de color azul, con la cual se curan cualesquier llagas viejas con no poca mordacidad, con la cual las castra y en breve sanan; las otras son para la ijada aprobadas, unas de color de aceite y otras (estas son las mejores) de color de carne de membrillo; digo ser aprobadas, porque yo comenzaba á ser enfermo della, y de cuatro años á esta parte, gracias á Nuestro Señor, que traigo dos conmigo cosidas en un jubon, una un lado y otra á otro de la ijada, la una de la una color y la otra de la otra, no he sentido cosa de pesadumbre; la de color de carne de membrillo dicen los lapidarios ser contra ijada, riñones y para estancar flujo de sangre. No dejan fraguar piedra; deshácenla, y deshecha se lanza por la orina; experiencia cierta.
CAPITULO CVIII
DEL VALLE TARIJA
Quince leguas á la mano izquierda de Talina, declinando más al Oriente, entramos en el gran valle de Tarija (no le he visto, pero lo que dél dijere sélo de hombres fidedignos que han vivido en él), ancho y espacioso, abundante de todas comidas nuestras y de la tierra, y de ganados de los nuestros, donde se dan viñas y buen vino con las demás fructas españolas; los años pasados, deben ser más de 45, fué poblado de estancias de ganados nuestros; la más principal era del capitan Juan Ortiz de Zárate, que despues fué Adelantado del Rio de la Plata, de quien habemos de tractar en breve, donde tenia copia de ganado vacuno.
Los indios Chiriguanas, creo en las guerras civiles contra el tirano Francisco Hernandez, viendo la poca gente de los nuestros, y sin armas, dieron en ellos, mataron algunos, otros huyeron y se salvaron, de los cuales conocí dos ó tres; los Chiriguanas se apoderaron del valle, á lo menos quedaron libres de los nuestros que en aquella frontera vivian; dejóse allí el ganado vacuno, que en grande abundancia se multiplicó, vuelto silvestre y bravo, y como acá llamamos cimarron. Visitando este reino el Visorrey don Francisco de Toledo, y llegando á la ciudad de La Plata, sabida la calidad del valle, y la importancia de ser poblado, para el freno por aquella parte de los Chiriguanas, que por allí hacian no poco daño á los Chichas, y aun les pagaban tributo, nombró por corregidor é para edificar allí un pueblo de españoles al capitan Luis de Fuentes, con el cual fué alguna gente con sus armas y caballos, y un religioso nuestro, llamado fray Francisco Sedeño, predicador y fraile esencial, por cura y vicario de los españoles, con licencia del padre fray García de Toledo, que á la sazon era provincial, y comision de la sede vacante, porque clérigo ninguno quiso ir; llevaba tambien órden de nuestro provincial para edificar convento, lo cual hizo; llegaron sin dificultad, aunque entonces era un poco peligroso el camino, pero tuviéronla en la poblacion, por tener á los Chiriguanas muy cerca que los molestaban, mas fueron poca parte; hicieron sus casas fuertes en el lugar más cómodo que hallaron, y en menos de treinta años ha crecido tanto, que hay en él hombres cuyas haciendas valen más de 30.000 pesos, y si tuviera indios de servicio, hobiera crecido más.
Fuéles de mucha ayuda el ganado, porque como desamparado y sin dueño lo mataban y se sustentaban dél, y agora no hay poco, pero más arredrado, huyendo de las mechas de los arcabuces, que de muy lejos las huelen. Primero se mandó por pregones que los señores de aquel ganado lo sacasen dentro de tanto tiempo, so pena darlo por desamparado; mas como no hobiese, ó no pareciese dueño, y aunque pareciera y trujera el ejército del Turco no lo pudiera sacar, declaróse ó dióse por cimarron desamparado; agora no hay vecino que no tenga, cual más, cual menos, manso y corralero, no de aquello, sino de otro manso que han llevado, y no les falta ovejuno y porcuno; de Potosí vienen á comprarles lo que tienen, y si no, ellos lo llevan; en el valle menor fundaron otro pueblo, de buenas aguas y sábalos con otros géneros de peces; es abundante de víboras y sabandijas ponzoñosas, como los demás valles de los Charcas, empero ellas huirán de los españoles ó se acabarán. Cae en tierras de la provincia de los Chichas. El Inga, cuando era señor desta tierra, tenia aquí guarnicion de gente de guerra contra estos Chiriguanas, los cuales, entrando los nuestros en este reino, la dejaron y se volvieron á sus tierras.
Hállanse en este valle á la ribera y barrancas del rio sepulturas de gigantes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se ve, no se puede creer cuán grandes eran; cómo se acabasen ignórase, porque como estos indios no tengan escripturas, la memoria de cosas raras y notables fácilmente se pierde.
Certificóme este religioso nuestro haber visto una cabeza en el cóncavo de la cual cabia una espada mayor de la marca, desde la guarnicion á la punta, que por lo menos era mayor que una adarga; y no es dificultoso de creer, porque siendo yo estudiante de Teología en nuestro convento de Los Reyes, el gobernador Castro envió al padre prior fray Antonio de Ervias, que nos la leía, y despues fué obispo de Cartagena, en el reino de Tierra Firme, que actualmente estaba leyendo, una muela de un gigante que le habian enviado desde la ciudad de Córdoba del reino de Tucumán, de la cual diremos en su lugar, y un artejo de un dedo, el de en medio de los tres que en cada dedo tenemos, y acabada la lection nos pusimos á ver qué tan grande seria la cabeza donde habia de haber tantas muelas, tantos colmillos y dientes, y la quijada cuán grande, y la figuramos como una grande adarga, y á proporcion con el artejo figuramos la mano, y parecia cosa increible, con ser demostracion; oí decir más á este nuestro religioso, que las muelas y dientes estaban de tal manera duros, que se sacaba dellas lumbre como de pedernal.
CAPITULO CIX
DE OTROS PUEBLOS EN FRONTERA Y LA TIERRA
ADENTRO DE LOS CHIRIGUANAS
Dos jornadas no largas deste valle de Tarija, sobre mano izquierda, hay un valle que llaman San Lucas, donde un hombre poderoso, llamado Jerónimo Alanis, manco de la mano derecha, tenia una gran hacienda de vacas y cria de mulas, con gente bastante, yanaconas y un mestizo y mulato, y casa fuerte para el beneficio della; pero como era muy cerca de las montañas Chiriguanas, porque no le hiciesen daño pagábanles tributos, cuchillos, tijeras, algunas hachas para cortar árboles y alguna chaquira. El señor de la hacienda de cuando en cuando iba á verla; sucedió (y no habia tres años que Tarija se habia poblado) que yendo á verla, de allí despachó un indio á nuestro religioso, con quien tenia amistad, haciéndole saber estaba allí, rogándole viniese á confesarle la gente; era despues de Pascua de Resurrection: recibida la carta, concertóse con el capitan Luis de Fuentes y otros tres soldados ir con sus armas, arcabuces y recado; quiso nuestro Señor que el dia que habian de llegar vinieron más de cien Chiriguanas á pedir su tributo á nuestro Alanis, y con tanta soberbia entraron, que sin duda venian determinados de hacerle mucho mal, matarle y á toda su gente; el capitan, religioso y los demás, ni vieron á los Chiriguanas ni dellos fueron vistos, por causa de una niebla muy obscura que aquel dia cubria la tierra; entran en casa de Alanis, hallan allí parte desta bárbara nacion (los demás no habian llegado), que ya comenzaban á querer disparar sus flechas en el Alanis, que sólo tenia una cota puesta y una espada en la mano izquierda, porque la derecha la tenia cortada. Los nuestros que llegan, si no fué el religioso, comienzan á desenvolverse contra los Chiriguanas; en su ayuda acuden el mestizo y mulato con sus arcabuces; despacharon á los que hallaron dentro, y luego en sus caballos salen á los que venian; mataron más de sesenta gandulazos, los demás se escaparon y algunos heridos é mal. Entre estos indios venian algunos Chaneses, de los cuales dijimos que se aprovechan estos como gente en la guerra, é ya los nuestros descansando, y habida esta victoria, entra por las puertas un indio muy mal herido de un arcabuzazo, y aun lanzada, diciendo era Chanés, y pidiendo, ó diciendo: ¡cristiano, cristiano! que era decir lo queria ser y le baptizasen; baptizóle nuestro religioso, y luego se murió. Esto me escribió nuestro religioso á la ciudad de La Plata, donde yo vivia á la sazon. Pues para refrenar á estos enemigos comunes del género humano, aquí se ha poblado otro pueblo de españoles, al cual agora cuatro años, llegando yo á la ciudad de La Plata, volvian mas de cincuenta hombres que con un capitan habian salido á descercar el pueblo, porque Los Chiriguanas, le tenian cercado, y el capitan habia enviado á pedir favor; sabido por los Chiriguanas, alzaron el cerco y no los osaron á esperar. Otros dos pueblos, á lo menos uno, he oido decir se ha poblado por los nuestros en el gran rio de Pilaya, ya en la tierra Chiriguana, á donde llegó y pasó el Visorrey don Francisco de Toledo, y entonces (como diremos) le llamaron el rio Incógnito. Estos indios andan agora más soberbios que antes, porque los vandea un perro mestizo nacido en el Rio de la Plata; yo le conocí, gran oficial herrero, llamado fulano Capillas, ladino como el demonio, y blanco, que no parece mestizo, casado y con hijos en la ciudad de La Plata; no sé por qué ocasion se fué ó le envió el Audiencia, y esto fué lo más cierto, á tractar con ellos no sé qué medios de paz, y él decia no le enviasen, porque no le habian de dejar salir los indios; fué y quedóse con ellos; este maldicto les hace unos cascquillos de acero para las flechas, tan bien templados que no tienen resistencia; antes usaban de cañas como las nuestras, el ñudo tostado por puncta; lo demás servia de cuchilla; con las cuales tan bien pasaban una cota como un nabo. Contra estas armas Chiriguanas usan los nuestros cotas y encima escaupiles sueltos en vanda, porque en el algodon se entrape la flecha. Vive este mestizo entre los Chiriguanas con ellos, con las mujeres que quiere; anda casi desnudo, y por no ser conocido cuando sale á hacer daño en los nuestros, se embija como indio; dicen ha inviado á decir á la Audiencia que de buena gana dejaria aquella vida, porque es cristiano, si le perdonasen; pero que teme, si se reduce, le han de castigar por los daños que ha hecho; pero como desta gente alguna sabe á la pega, en ella se queda.
CAPITULO CX
DEL CERRO LLAMADO PORCO
Volviendo á nuestro Potosí, porque siendo el centro de las Indias habemos de tractar ó traerle á la memoria muchas veces, como del centro salen muchas líneas á la circunferencia, así de Potosí hay y salen muchos caminos y entran en él de diferentes partes; digo, pues, que volviendo al de aquí, salimos para el puerto de Arica, cien leguas tiradas; á las siete ó ocho llegamos al cerro de Porco, de quien habemos tractado un poco, al pie del cual tienen su asiento los pocos españoles que allí viven, y pobres respecto de los de Potosí; no he llegado á este asiento, pero he pasado media legua dél, y quien vive en Potosí puede decir vive en Porco, así por la poca distancia de camino, como porque todo lo que pasa en Porco se sabe luego en Potosí, y al contrario. Es cerro más alto quel de Potosí, metido entre otros cerros y no tan bien hecho. Es más destemplado, y más rico si no diera en agua, y el metal más fino; he visto alguno que certificaron á don Francisco de Toledo. Visorrey destos reinos, acudia á ochenta marcos por quintal; este metal es poco, y luego se descubre agua, y tanta que es imposible desaguarla. En la misma cumbre del cerro certifican haber fuentes de agua, lo cual en Potosí no se ha hallado. Tiene otra cosa, que no son vetas seguidas de donde se saca la plata, sino pozos, y como se dé en uno, hace á su amo presto rico. Síguese algunas veces la labor con esperanzas al parecer certísimas, mas al mejor tiempo atraviésase un peñisco, ó una fuente de agua, y veis aquí las esperanzas perdidas. Si estos dos contrarios no tuviera, ó la del agua, que es la mayor, mucho más rica era que Potosí, y el metal más suave de quebrar, y una de las excelencias que puso Dios nuestro señor en Potosí es no haber dado en agua. Toda la puso al pie del cerro de una parte y otra del arroyo que divide á los indios de los españoles.
CAPITULO CXI
DEL CAMINO DE PORCO Á ARICA
Media legua de Porco, sobre mano derecha, pasa el camino Real de Potosí á Arica, que son cien leguas tiradas (como dijimos) llanas, muy frias y de algunos arenales no muy pesados para caballos, empero para carneros de la tierra, cuando van cargados, sonlo mucho, y para las recuas de mulas, por lo cual las recuas de carneros que llevan el azogue á Potosí desde Arica, y las mercaderias, los que llamamos balumen, vino, hierro, jabon, etc., á las nueve del dia han de tener su jornada hecha, que es de tres leguas, comenzando á caminar á las tres, antes que amanesca, y aun antes, porque en toda la Sierra, con ser en partes inhabitable por el mucho frio, y lo más deste camino lo es, desde las nueve del dia hasta las cuatro de la tarde son los calores del sol muy crecidos, tanto y más abrasan que en los Llanos y valles calientes; es muy trabajoso este camino por la destemplanza del frio, y no haber en tres ó cuatro jornadas tambos donde albergarse, sino unos paredones mal puestos; é ya que comenzamos á abajar para Arica lo es mucho, porque veinte leguas que hay desde donde se comienza á bajar por una quebrada abajo, llamada de Contreras, en quince leguas no hay gota de agua; aquí es donde los carneros de la tierra, de carga, corren riesgo y se quedan muchos muertos, y en echándose el carnero en esta quebrada, no hay sino descargarle y dejarle; allí se muere de hambre y sed; si comieran arena, y no bebieran en ocho dias, muy gordos salieran; ver en toda esta quebrada tanta osamenta de carneros es lástima, por lo que pierden los señores de los carneros (y este es el mejor camino) por lo cual llevan para las cargas la mitad más de los necesarios; subidos á la sierra, no tienen ese riesgo, porque ni pastos ni agua les falta, y en llegando el carnero á la jornada suya, no le harán pasar adelante cuantos aran y cavan. Las recuas de mulas en medio dia y una noche concluyen con estas quince leguas. El subir á la Sierra á los unos y á los otros es más dificultoso, y Potosí lo allana. A tres ó cuatro jornadas de Potosí se toma el camino para las minas que llaman de las Salinas, que ha pocos años se descubrieron; mas como no hacen ruido, no hay que tractar dellas.
CAPITULO CXII
DE LA CALIDAD Y COSTUMBRES DE LOS INDIOS
DESTOS REINOS
Habiendo tractado con la brevedad que prometimos de las ciudades, caminos y otras cosas particulares tocantes á los españoles, ya es tiempo tractemos de las condiciones destos indios. Lo primero que tienen, y es el fundamento de las malas ó buenas costumbres morales, es un ánimo el más vil y bajo que se ha visto ni hallado en nacion alguna; parece realmente son de su naturaleza para servir; á los negros esclavos reconocen superioridad; llámanlos señores, con saber son comprados y vendidos, y lo que les mandan obedecen muy mejor que lo mandado por nosotros. Es gente cobarde, si la hay en el mundo, de donde les viene lo que á todos los cobardes, son cruelísimos cuando ven la suya ó son vencedores. No quieren ser tractados sino con rigor y aspereza, porque en tractando bien á un indio, aunque se haya criado en casa desde niño como hijo, dicen que de puro miedo lo hacemos, y por eso no nos atrevemos á castigarlos.
En tractándolos mal sirven con gran diligencia. Cuando tienen necesidad de nosotros, en cualquiera que se vean, ó de enfermedad, ó de hambre, ó de otras semejantes, con grandes humildades y subjectiones piden nuestro favor; pero si estamos en ella y con palabras mansas y amorosas les pedimos nos socorran, hacen burla de nosotros mofando y escarneciendo, y aunque sea su amo, que le haya criado, si se ve en peligro de muerte, en rio, caida de caballo, ó en otro peligro, se pone á mirarlo sin socorrerlo, pudiendo, y se rie de buena gana; la gente más ingrata que hay en lo descubierto, al bien que se le ha hecho ó hace; por lo cual sólo por amor de Dios les hacemos bien, que dellos esperar gratitud es en vano. La nacion más sin honra que se ha visto; no la conoce ni sabe qué cosa es, pues es más mentirosa que se puede imaginar; de donde les viene no temer levantar falsos testimonios, que los levantan gravísimos, y como no se les castiga por ellos, quédanse en su mala costumbre; que unos indios á otros los levanten, no es tanto el daño, ni pierden honra (como dicen), ni casamiento; mas levántanlos á los religiosos, á clérigos, á españoles, tan sin asco, como si en ellos no fuese nada, y cuando se averigua la falsedad, los que los habian de castigar dicen son indios, y mientras no se averigua padece el pobre fraile ó clérigo. Pero lo que más me admira es que todos cuantos vivimos en estas partes, conociendo la facilidad destos en mentir y levantar falsos testimonios, dígannos mal deste ó de aquél, le creemos; esta falta es nuestra, y en los gobernadores nuestros la hay, porque confesando que es así, cuando vamos á volver delante dellos por la fama y honra del clérigo ó religioso, dice el Virrey: conozco su facilidad en mentir; pero ya que dicen tantas cosas, en algo deben[39] decir verdad; algo hay; háseme respondido así á mí propio por un Virrey destos reinos, haciéndole demostracion de muchos y graves testimonios falsos que á un religioso nuestro habian levantado. Jurar falso no lo tienen en más de cuanto se les da una taza de vino, ó un mate de chicha, y cuando los reprehendemos, ¿cómo juraste en falso? la excusa es, y responden: díjome un amigo, ó mi vecino, ó mi curaca (que es lo más comun) que lo hiciese, sin más sentimiento; pues volver la fama, ni desdecirse, no se hable en eso.
Para mentir y en un instante forjar la mentira, los más fáciles son que hay hombres en el mundo, grandes y pequeños, mayores y menores; es cosa admirable cuán en el pico de la lengua tienen las mentiras. No parece sino que muchos dias han estudiado y imaginado: esto me han de preguntar y esta mentira tengo de responder, y tan sin vergüenza, como si dijesen mucha verdad; ellos no han de tractar verdad, y nosotros no les habemos de mentir, y ojalá en algunos acá nacidos de los nuestros no se hallase este vicio. No es afrenta entre ellos decirle mientes, ni ellos decir á otro lo mismo. Alábanse mucho que mintieron al padre que los doctrina, ó engañaron, y lo propio es que mintieron al español con quien tractan, y hacen gran plato désto, y como no tienen color en el rostro, por lo cual, demudándose, conoscamos si mienten ó engañan, mienten tan disimuladamente, que parece es todo verdad lo que afirman, y con unos ademanes ó afectos que nos hacen creerlo; tambien se alaban si dejaron algun español (habiéndole pagado su trabajo) en medio de un despoblado ó en medio de la nieve, sin camino; hay muchas partes donde no se puede caminar sin guia, y en estos caminos dejan al pobre caminante á la luna de Paita; borrachos, es nunca acabar tractar desto.
Si han de comenzar viaje, aunque sea de pocas leguas, primero se han de emborrachar; si vuelven, lo primero es emborracharse; dicen que se emborrachan porque si se muriesen en el camino, ó donde van, ya se morirán habiéndose emborrachado, y cuando vuelven se emborrachan porque no se murieron y volvieron con salud á sus tierras, ó casas; así me lo han dicho; borrachos, tractan muy mal á sus mujeres, y son deshonestos con sus hermanas y aun madres, y cuando están borrachos entonces hablan nuestra lengua, y se preguntan, ¿cuándo los cristianos nos habemos de volver á nuestra patria? y ¿por qué no nos echan de la tierra? pues son más que nosotros, y ¿cuándo se ha de acabar el Ave María? que es decir cuándo no les habemos de compeler á venir á la doctrina. Porque en la semana dos dias juntamos al pueblo para enseñársela y predicarles, á lo cual vienen por fuerza los más; finalmente, su Dios es su vientre y la chicha, y no hay más mundo.
No tienen veneracion alguna á sus padres, ni madres, agüelos, ni agüelas; finalmente, les dan de palos y bofetones; yo he castigado á alguno por esto, delante de todo el pueblo, y les he hecho les besen los pies. Pues ayudarlos en sus necesidades, ni por imaginación; si son dos hermanos, y el uno es casado y el otro no, muriendo el casado, el otro se revuelve con la mujer de su hermano luego; he visto muchos destos castigados por la justicia, pero no sé si con el rigor debido. Este vicio más se halla en los curacas y indios principales que en el comun. Ojalá y el dia de hoy no tengan sus idolatrias, como antes, y porque no han justiciado las justicias á los curacas, ojalá no se estén con ellas. Luego entra una piedad dañosa (¡oh! son nuevos en la fe) y desto tenemos los religiosos mucha culpa, y cuando aquesto no tengan, ojalá no tengan sus hechiceros ocultos, á quien consultan como en el tiempo de la infidelidad de sus padres. No tienen vergüenza de hacer á sus mujeres alcahuetas, las cuales, como son pusilánimes, temiendo el castigo, se las traen; todos duermen casi juntos, porque las casas de los indios no tienen algun apartamiento; hácenlas de obra de veinte pies en largo, y de ancho diez ó poco más; otras son redondas, donde viven con la mayor porqueria del mundo; jamás las barren; todos viven juntos, padres, madres, gallinas, cuchinillos, perros y gatos y ratos; por maravilla hay quien duerma si no en el suelo, sobre un poco de paja de juncia. Su asiento es perpétuamente en el suelo, y luego escarban la tierra con las uñas; solos los curacas principales usan de una como banquilla de zapatero, de una pieza, que llaman duo, no tan alta ni con mucho. A los hijos, sin policia alguna los crian; no es gente que los castiga, es gran pecado entre ellos castigarlos ó reñirlos[40]; con cuanto quieren se salen; jamás les lavan los rostros, manos ni pies, y así traen las manos y brazos con dos dedos de suciedad; las uñas nunca se las cortan, sírvenles como de cuchillos; amicísimos de perros, acaece caminando llevar el perrillo á cuestas, y el hijo de cuatro á cinco años por su pie. No guardan los padres ni madres á las hijas, ni les buscan maridos; ellas se los busquen y se concierten con ellos. Entre los indios la virginidad no es virtud, ni la estiman en lo que es justo: que en su infidelidad no la tuviesen por tal, no hay por qué nos admiremos, pero ya predicados y avisados [41] es gran ceguera; no nos creen. La hija del más estirado se va y se viene como quiere, por lo cual por maravilla se casa alguna mujer doncella; dicen los varones no debe ser para servir, pues así persevera. Si se han de casar, primero se amanceban seis y más meses que se casen; dicen que esto hacen para conocer la condicion el uno al otro, y deste error no los podemos sacar; una cosa tienen buena las mujeres: aunque antes de casarse hayan corrido ceca y meca, despues de casadas pocas son las que adulteran; las que han tractado antes con españoles faltan mucho en esto. Algunos varones hay que no se quieren casar con mujeres mozas, diciendo no saben servir; cásanse con viejas, porque les hacen la chicha y los vestidos. Son ladrones para con nosotros; para con los indios no tanto, y los más ladinos, mayores y atrevidos. Pues si les mandamos restituir, ni por sueños; si alguna cosa se hallan, dicen que Dios se la da; no hay buscar al dueño, sino cual ó cual; los indios de los Llanos, que llamamos Yungas, sobre todas estas desventuras tienen otra mayor: son dados mucho al vicio sodomítico, y las mujeres estando preñadas fácilmente lo usan. Entre los serranos, raros se dan á este vicio, por lo cual á los indios Yungas los ha castigado Nuestro Señor, que ya no hay casi en los valles sino muy pocos, como habemos dicho. Son levísimos de corazón, inconstantísimos; cualquiera cosita los admira; los mayores pleitistas del mundo, por lo cual la Sierra deciende á Los Reyes, á los Virreyes, donde ó mueren ó enferman, por ser la tierra contra su salud y embutirse en vino. En lo que toca á la doctrina, cómo aprovecharon en ella no quiero tractar, porque no se puede decir sino con palabras muy sentidas, y éstas me faltan.
CAPITULO CXIII
CÓMO LOS GOBERNABA EL INGA
Conoscida, pues, la calidad de los indios por el Inga, y su ánimo peor que servil, los gobernaba con leyes rigurosísimas, porque las penas eran muerte, y no sólo al delincuente, más á toda su parentela llevaba por el mismo rigor. El que hurtaba, por muy leve que fuese el hurto, pena de muerte; la misma se ejecutaba en el que levantaba del suelo alguna cosa que á otro se le hobiese caído: allí la habia de dejar, fuese de mucho precio ó de ninguno, por lo cual, el dueño que la perdió, allí la habia de hallar; por esto no se hallaba ladron entonces, y casi era necesario este rigor, porque las casas de los indios no tienen puertas, ni cerraduras, ni el dia de hoy, si no es cual ó cual usa de puerta, más de un haz de leña delgada, ó unas cañas ó palos atados unos con otros; ya tienen necesidad de puertas y cerraduras. Ningun indio habia de entrar en chácara de otro, ni le habia de coger una hoja de maíz, so la misma pena. A los soldados tenia con tanta disciplina, que el mayor ó el menor no habian de hacer agravio, ni tocar en un grano de maíz ajeno, so la misma pena, y por eso les tenia depósitos de todo género de sus comidas, de vestidos y armas, no como los nuestros soldados, que en escribiéndose en la matrícula, en poniéndose debajo de bandera, le parece que todos los vicios le son lícitos y como naturales.
Mentir no se usaba ni por imaginación; verdad se habia de decir, burlando ó de veras; agravio no se hacia á nadie, so pena de la vida, y si un indio á otro agraviaba, el que recibia el agravio íbase al gobernador ó capitan del Inga, contábale el caso; luego inviaba á llamar al que habia agraviado, y lo primero que le decia era tractase verdad, porque una oreja le tenia guardada para oirle; no era necesario más; luego confesaba de plano, y era castigado; lo mismo guardaba el Inga en las residencias que tomaba á sus gobernadores ó capitanes; enviaba un chasqui, que es un correo, á esta ó aquella provincia; juntaba los indios, decíales cómo el gran señor le enviaba para saber si su señor ó capitan habia hecho algun agravio, que el agraviado viniese y se lo dijese. Con los agravios oidos, partia para el Inga, y referíaselos; el Inga despachaba otro á llamar á su gobernador ó capitan; venido y pareciendo en su presencia, decíale: este agravio he oido con esta oreja derecha, que has hecho; la izquierda te he guardado para oir tu disculpa, di la verdad. Si agravió, era castigado con quitarle la vida; si no, al que mintió daba la pena del talion; finalmente, no habia pena sino de muerte. Con este temor y leyes rigurosísimas no habia quien se atreviese á mentir, ni se á emborrachar, sin licencia del gobernador, ni llegar á mujer ajena, ni cometer otros vicios que agora son muy usados. Conocíales ser amigos de ociosidad, y por esto de dia y de noche habian de trabajar; no habia palmo de tierra en todo este Perú, que pudiese ser labrado, que no se labrase para las comidas; por esto andaban sus ejércitos muy hartos y abundantes, y sus reinos bien gobernados; digo á su modo, porque tanta crueldad en cosas livianas, y que los parientes inocentes pagasen por los delincuentes, ni se puede alabar ni excusar. Acuérdome de haber oido decir á algunos antiguos, que cuando Atabalipa, el último señor destos reinos, se vió preso en poder del marqués don Francisco Pizarro, le dijo. El mejor reino tienes del mundo, pero cada tercer año, si te han de servir bien estos indios, has de matar la tercera parte dellos; el consejo no lo alabamos, porque es cruelísimo, el cual ni se aceptó ni se ha de aceptar, sino comprobamos el ánimo servil destos, que si no es por miedo, no se aplican á cosa de virtud; para malicias, vivísimos son.
Fuera de lo que en otras partes habemos tractado de caminos y puentes, el Inga y sus gobernadores tenian tanto cuidado acerca de los caminos, que siempre habian de estar limpios y aderezados; y tan anchos que casi dos carretas á la par sin estorbarse la una á la otra podrian caminar. Los pueblos comarcanos á los caminos tenian cuidado de aderezarlos si se derrumbaban, y lo mismo era de las puentes, entre las cuales, fuera de las creznejas, hay en rios grandes, donde no se pueden hacer puentes, una manera de pasarlos jamás inventada si no es en este reino del Perú, y facilísima de pasar y segura, y es que de la una hilera á la otra del rio, de barranca á barranca, tienen echada una maroma tan gruesa como el brazo, muy estirada, de paja que acá llamamos hicho, que es mucho más blanda que esparto, y en ella ponen una como taravilla con una soga recia de lana, pendiente para abajo, con la cual atan al que ha de pasar y va sentado en ella; en la misma taravilla tienen dos sogas delgadas y recias como las que se ponen en las cortinas ó en los velos de los retablos, que tiramos de una y recogemos la cortina, y tirando de la otra la extendemos; así de la otra parte del rio tiene una de las sogas que está en la taravilla, tiran della y en dos palabras ponen de la otra parte al pasajero, y cuando los indios conocen que el que pasa es chapeton, ó nuevo en la tierra, y le ven con temor antes que le aten, cuando le tienen en medio del rio cesan de halar ó tirar la soga, y el pobre chapeton piensa que allí se ha de quedar ó ha de caer en el rio, y con palabras halagüeñas y humildes les ruega le acaben de pasar; puesto de la otra banda se rie de su poco ánimo; confieso de mí que la primera vez que pasé el rio de Jauja por esta oroya, que así se llama, que temia, aunque por no dar muestras de flaqueza mostraba ánimo y mandé á un ordenante que venia conmigo, entre otros, que pasase, y como vi que tan presto y seguramente estaba de la otra parte, luego me puse y en menos espacio de cuatro ó cinco credos pasé mi rio. Por aquí y desta manera se pasan las cajas, almofrejes y mercaderias; págaseles á los indios su trabajo, y cada uno se va con Dios; yo creo que para los que no han visto esta oroya, ni manera de pasar, le parecerá son ficciones peruleras; hacérseles ha increible que un rio caudaloso se pase de la suerte dicha, y menos creible les será decir que un indio solo pasa por esta maroma, él mismo tirando la soga; lo uno y lo otro he visto y experimentado. Demás desto los tambos, que son como ventas en los caminos, eran muy bien proveidos de lo necesario para los caminantes, gobernando el Inga, sin interés ninguno, y desto tenian cuidado los indios comarcanos. Despues que los españoles entraron en el reino, mandó el gobernador Vaca de Castro, que vino á pacificar la rebelion de don Diego de Almagro y á gobernarlo, que los caminos, tambos, puentes y recaudo para ello estuviesen á cargo de los mismos indios, como antes estaba, y esto yo lo conocí y alcancé por muchos años, sin que á los indios se les pagase nada por su trabajo ni por la comida que nos daban. Despues el marqués de Cañete, de buena memoria, mandó quel trabajo y comida que diesen los indios se les pagase por arancel que los corregidores de las ciudades pusiesen, y así se hacia infaliblemente, y los indios vendían sus gallinas, pollos, carneros, perdices, leña y yerba, y todo se les pagaba; agora los corregidores de los partidos venden todas estas cosas, y el vino y lo demás, pan, y maíz, y tocinos, y ponen los aranceles subidos de punto, como cosa propia, y se aprovechan para sus granjerias de buena parte de los indios que están repartidos para el servicio de los tambos ó ventas, y cuando los indios tenian á su cargo los tambos, les era no poco provecho y ayuda para pagar sus tributos. Yo vi apuñearse algunos indios, y puse en paz, sobre cuál habia de llevar las cargas de un pasajero, no á sus cuestas, sino en sus carneros de la tierra, que los cargan como los asnillos en España; despues que los corregidores de los partidos se ocupan en sus granjerias, con no poco daño, de que tambien soy testigo de vista y he predicado contra ello delante de Virreyes y Audiencias, y en particular les he avisado de sus costumbres; no por eso se remedia mucho, y los indios del servicio del tambo, más trabajados.
CAPITULO CXIV
CÓMO SE HAN DE GOBERNAR EN ALGUNAS COSAS
Teniendo, pues, consideracion á la calidad desta gente, parece en ley de buena razon que no deben ser gobernados en muchas cosas como los españoles, y en particular en los pleitos, en los cuales, por ser tan amigos dellos, gastan sus pobres haciendas y pierden las vidas, si no fuesen de tal calidad (como en cacicazgos, en sucesion de grandes haciendas y otros semejantes) que requieren sus plazos y traslados y lo demás que el Derecho permite y justísimamente tiene establecido; porque los más de los pleitos son de una chacarilla que no es de media hanega de sembradura, y de otras cosas de poco momento; por lo cual, si el corregidor, aunque las aplique al que tiene justicia, el otro fácilmente apela para el Audiencia, principalmente los subjectos á la de Los Reyes, donde van con sus apellaciones, y lo primero que hacen es atestarse de vino, y lo más es nuevo; andan por el sol, son derreglados, mueren como chinches; y si no, vayan á las matrículas de los hospitales de los indios, y veran tractamos verdad, y cuando vuelven con salud á sus tierras, en el camino enferman, y en llegando mueren. Un vecino de la ciudad de La Plata, en tiempos antiguos, llamado Diego de Pantoja, conquistador del descubrimiento de Chile (oíselo al mismo), siendo alcalde en aquella ciudad, tenia este modo para averiguar los pleitos destos miserables, y era: en viniendo los indios contrarios, poníalos en un aposento, cerrábalos con llave y decíales: no habeis de salir de aqui hasta que me llameis; aquí estaré y vosotros convenios en quién tiene justicia; ellos se concertaban, y llamando á la puerta y abriéndoles el alcalde, le decian: señor, éste tracta verdad y pide justicia; yo no la tengo; esto oido, tornábalos nuestro alcalde á encerrar y decíales: otra ved os conformad y veamos con que salís; ellos llamaban á la puerta conformes totalmente, y diciéndole lo mismo, adjudicaba la hacienda sobre que se traía pleito, y ponia perpétuo silencio al mentiroso, reprehendido ó levemente castigado; desta suerte se averiguaban los pleitos en breve. Esto era antes de fundada la Audiencia en aquella ciudad, lo cual me decia condoliéndose de ver á los pobres indios gastar sus haciendas, con no correr allí riesgo de la salud, por ser el temple como el de sus tierras. Conocí allí un Oidor que se malquistó grandemente con los secretarios y procuradores (y á fée que le costó no poca inquietud) porque pretendió con los demás sus compañeros que los pleitos de los indios se averiguasen á su modo, y como esto era quitar los derechos á los secretarios, levantáronse contra él y no salió con su intencion. Lo que vamos tractando las mismas Audiencias lo han hecho, porque ya ha sucedido un curaca hallar en adulterio á su mujer, y matar al adúltero y á ella, y le condenaron á muerte y justiciaron, porque aunque era curaca no tiene tanta honra como el español, al cual en semejante caso no le justician, sino le dan por libre, como vemos muchas veces; pues si en esto, ¿por qué no será lo mismo en otras cosas?
El otro vicio en que es necesario poner remedio, así en los Llanos como en la Sierra y en los Llanos (y que verná tarde), es en las borracheras. Estas han consumido los indios de los valles, de los Llanos, y consumirán los pocos que han quedado, y los de la Sierra no menos se acabarán. Hacen los unos y los otros una chicha ó bebida, llamada sora, de maíz talludo; echan al maíz en unas ollas grandes en remojo, y cuando comienza á entallecer sácanlo, pónenlo al sol, y despues hacen su bebida. Es calidísima la bebida que deste maíz hacen en extremo, y muy fuerte; abrásales las entrañas, é para que más presto les emborrache, si tienen vino, mézclanlo con ella, añaden fuego á fuego, y mueren muchos. Esta chicha y el vino ha consumido los indios de los Llanos, en particular los de la ciudad de Los Reyes para arriba, y aun para abajo; testigo ocular es el valle de Chincha, donde tractando dél dijimos sustentaba 30.000 indios tributarios; el dia de hoy no tiene seiscientos. El de Ica va siguiendo los pasos de su vecino, y el de la Nasca los de ambos, y viendo las justicias el menoscabo de los indios no lo han querido remediar con castigarlo; este castigo es del gobierno de los Visorreyes, por lo cual Su Majestad ha perdido sus vasallos y tributos, y la tierra sus habitadores, sólo por gobernarlos como á nosotros; no digo se gobiernen con la crueldad del Inga, ¿qué cristiano, y menos qué religioso ha de decir tal? sino con castigo que temieran emborracharse, y se enmendaran; bien sé que don Francisco de Toledo, en sus Ordenanzas, pone castigo para los borrachos; faltan los ejecutores. El daño es evidente, porque si donde habia 30.000 indios tributarios no hay seiscientos, en tan breve tiempo, ¿por qué no se habia de poner ley rigurosa contra este vicio? Bien sé que en Flandes y Alemaña, y en otros reinos, se emborrachan, y en nuestra España dicen se multiplican; pero no se mueren por las borracheras á manadas como éstos, ni la tierra se despuebla. Si Flandes y Alemaña, por las borracheras, se despoblara, porque los borrachos se morian, el señor de aquellos reinos ¿no estaba obligado, so graves penas, prohibir y castigar las borracheras? ¿Quién dubda? Pues ¿por qué acá no se habia de hacer lo mismo? Acuérdome que en la ciudad de La Plata, tractando esto con un Oidor de Su Majestad, me dijo: Mire, padre, no hay ley que al borracho castigue por solo borracho, si no es darle por infame. Es verdad, pero cuando un reino ó provincia se despuebla por las borracheras, ¿por qué no se añidirán penas, para que se enmiende tan mal vicio de donde tantos proceden? Pues la tierra sin habitadores y el reino sin vasallos, ¿qué vale? Aquel rey y reino es más tenido que más poderoso es en vasallos, y la riqueza destos reinos, en que los naturales se conserven y augmenten consiste. De los demás vicios no quiero tractar, porque no es de mi intento; baste decir las calidades desta servil gente, para que conforme á ellas se les den las leyes que les convienen.
CAPITULO CXV
EL AZOGUE CONSUME MUCHOS INDIOS
El asiento de las minas de azogue do Guancavilca ha consumido y consume muchos indios tributarios; si no se me cree, véanse los repartimientos más cercanos de los Angareyes, y pregúntenselo á este valle de Jauja; la cansa es labrar las minas por socavon, porque como no tenga respiradero el humo del metal, al que los quiebra lo azoga, asentándoseles en el pecho, y como no curan al pobre indio azogado, viene, cumplida su mita, á su tierra, donde ni tienen quien le cure ni remedio; el azogue hásele asentado y arraigado en el pecho; con grandes dolores del cuerpo muere, y ninguno viene así enfermo que dentro de pocos meses no muera; unos viven más que otros, pero cual ó cual llega á un año. Cuando se labraban (que fué al principio) sin socavon, ningun indio enfermaba, iban y venian los indios contentos; agora, como mueren tantos, dificultosamente quieren ir allá. Escrebimos y avisamos á los que lo pueden remediar; empero no se nos responde, y desto no más, porque, tractando de Guancavilca, no sé si dijimos más de lo que se querria oir.
Lo que he tractado de las calidades y condiciones de los indios es verdad, y es lo comun; si alguno se hallare sin ellas, será cisne negro; por lo cual lo que dejamos escripto no puede padecer calumnia.
CAPITULO CXVI
CÓMO SE CRIAN LOS HIJOS DE LOS ESPAÑOLES QUE
NACEN EN ESTE REINO
Habiendo dicho la razon por qué los naturales se consumen, estamos obligados á decir si los hijos de los nuestros se multiplican, y cómo se crian; multiplicarse los hijos de los españoles no es necesario probarlo, porque las escuelas de los muchachos en todos los pueblos son bastantes testigos. Pero críanse ó críanlos sus padres muy mal, con demasiado regalo, y no ha nacido el muchacho, cuando ya le tienen hechos los griguiescos, monteras, etc., y lo llevan á la iglesia, cuando lo van á baptizar, en fuentes de plata grandes; un abuso jamás oido, digno de ser prohibido. Nacido el pobre muchacho, lo entregan á una india ó negra, borracha, que le crie, sucia, mentirosa, con las demás buenas inclinaciones que habemos dicho, y críase, ya grandecillo, con indiezuelos, ¿cuál ha de salir este muchacho? sacará las inclinaciones que mamó en la leche, y hará lo que hace aquel con quien pace, como cada dia lo experimentamos[42]. El que mama leche mentirosa, mentiroso; el que borracha, borracho; el que ladrona, ladron, etc., y si de Cayo Calígula vemos haber salido cruelísimo, porque que su ama, cuando le criaba, untaba los pezones de la teta con sangre humana, ¿qué diremos en estas partes? Tito, hijo de Vespaciano, se crió enfermo porque su ama era enfermiza. Pues ya que así los crian las amas negras, é indias, despues de cinco años para adelante, ¿críanlos con el rigor que es justo para que lo malo que mamaron en la leche pierdan? No por cierto; con todas sus ruines inclinaciones los dejan salir, por lo cual, viendo el descuido de los padres en criar sus hijos he dicho á alguno: Señor, ¿por qué no crias á vuestros hijos con el rigor y disciplina que os criaron vuestros padres? ¿es mejor que vos? Pero en esto pueden tanto las madres, que no consienten castiguen á los hijos. Acuérdome que en los sermones que el Illmo. de Los Reyes, fray Jerónimo de Loaisa, predicaba, cuotidianamente reprehendia á los vecinos de Lima la mala crianza de sus hijos, el regalo con que los criaban, y amas que les daban, los vestidos é compañias, ¿para qué buscan á los hijos de los príncipes y reyes, los médicos, amas de buenas costumbres y buena leche? Luego algo va en esto, y porque no quiero cansar al prudente lector, le ruego lea el segundo libro del Teatro del mundo, donde verá los inconvenientes irremediables que de las malas costumbres de las amas han subcedido, y ganado los niños, y cuánta ventaja en este particular hacen los animales á los hombres, porque no consienten otros que ellos crien sus hijos. Pues aunque me den con una higa en los ojos de las que dicen hay en Roma, si los que gobiernan este nuevo mundo mandasen, y con mucho rigor y pena, y la ejecutasen en los maridos, que á ningun mero español críase negra ni india, otras costumbres esperaríamos; y desto no mas, no se conjure todo el reino contra nos. De las costumbres de los nacidos de españoles é indias (que llamamos mestizos) ó por otro nombre montañeses, no hay para qué gastar tiempo en ello.
FIN DEL LIBRO PRIMERO