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Descripción colonial, libro primero (1/2) cover

Descripción colonial, libro primero (1/2)

Chapter 54: CAPITULO L DE LOS EDIFICIOS
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About This Book

A systematic early colonial description surveys the territories of the Peruvian viceroyalty and neighboring provinces, offering geographic and topographic notes on coasts, valleys, rivers, ports, and routes; detailed accounts of towns, mines, and agricultural districts; and extensive inventories of religious houses, hospitals, universities, and civic buildings. The narrative blends practical travel information with observations on population, dress, rituals, local economies, and institutional organization, producing a composite portrait useful for practical navigation and for readers interested in the region's landscape, infrastructure, and social customs.

CAPITULO XXX
DE LOS RESTANTES PROVINCIALES DE NUESTRA ORDEN

Acabado el cuadrienio del mismo padre fray Domingo fué electo en provincial el padre fray Agustin Montes, Presentado en sancta Teología, hijo deste convento, donde tomó el hábito de quince años, varon religioso y amigo de ampliar con edificios su casa, el cual acabó la casa de novicios, lo tocante á las celdas, de todo puncto.

Hizo el claustro bajo, adornándolo con unos lienzos al ólio de figuras é imágenes de sanctos, muy perfectas y muy devotas; augmentó la sacristia con ornamentos y mucho servicio de plata, y un cáliz todo de oro. Aumentó tambien el retablo del altar mayor: á lo menos dejó con un entablador concertado el augmento de imágenes de media talla, y pagada parte de la hechura; hizo un cofre grande de plata, en que en el retablo se collocase el Sanctísimo Sacramento, porque hasta entonces no estaba sino en una cajita de madera. Trabajó lo que pudo con mucho y buen ejemplo. Puso mucha órden en las lectiones y estudio. Ordenó que hobiese cierto número de religiosos collegiales, y para ser recibidos pasasen por exámen muy riguroso, lo cual hasta hoy se guarda como conviene, porque desta suerte los no muy hábiles se animan, y los hábiles trabajan más, sin que en el coro se pierda punto. A quien sucedió el padre maestro fray Salvador de Ribera, hijo deste convento, en el cual tomó el hábito de 17 ó diez é ocho años, buen predicador; es hijo de padres nobles de todos cuatro costados; su padre se llamó Niculás de Ribera el viejo, respecto de otro vecino desta ciudad llamado del mismo nombre, pero el mozo. Su padre fué uno de los de la Fama de la isla del Gallo, varon liberal; su casa era hospital de todos los de su patria y enfermeria deste nuestro convento, porque todo lo necesario para los enfermos con toda liberalidad y caridad se hacia, y con sus propios hijos se inviaba de dia y de noche, y desto soy testigo de vista. La Madre se llamaba doña Elvira de Avalos, de cuya virtud en breve no se puede tratar. En su tiempo se acabó á gloria de Nuestro Señor dichosamente todo el cuerpo de la iglesia con tanta perfection que puede competir con las buenas iglesias de mucha parte de España. Adornó la capilla mayor de tal manera que se encubre la falta (que dijimos) ser pequeña. Acabó el aumento del retablo; hiciéronse paños de terciopelo carmesí bordados para la capilla mayor, con oro, que la cubren de alto á bajo, tan buenos que en nuestra España se hallan pocos iguales. Acabó el claustro y la porteria tan buena como las muy buenas de Castilla, sin otras cosas tocantes á la sacristia. Todo lo cual hasta aquí augmentado en este nuestro convento han hecho los provinciales con lo que han aplicado de los salarios de las doctrinas donde viven los religiosos. Al sobredicho padre sucedió el Presentado fray Diego de Ayala, hijo tambien deste convento, el cual por vivir poco é irse á España, y pasando en Italia murió en Roma, hay poco que decir dél. Sucedióle el padre maestro fray Juan de Lorenzana, el más docto destos reinos, hijo, creo, de Salamanca, buen religioso, de claro y galan ingenio, el cual, despues de haber leído muchos años Teología en este convento, fué electo en Provincial; gobierna á la hora que esto escribo; lo que haya augmentado no lo sé.

CAPITULO XXXI
DE LOS RELIGIOSOS QUE SUSTENTA

Y porque dije que en muy breve tiempo se ha multiplicado esta casa, favoreciéndolo la Majestad del muy Alto, el dia de hoy sustenta 130 religiosos y dende arriba, lo cual causa admiracion, porque no hay en toda la cristiandad conventos, de cuatrocientos años á esta parte fundados, si no son cual ó cual, que sustenten otros tantos. Celébranse en esta casa los oficios divinos, de dia y de noche, con tanto concierto como en el más religioso de la Orden.

Los estudios con todo el rigor pusible, y las demás ceremonias muy al justo. El coro tiene sillas altas y bajas, de madera de cedro, labrados los respaldares, altos, de madera de talla, de admirables figuras de sanctos, que si fueran doradas no habia más que desear; costaron 18.500 pesos de á nueve reales, y el oficial perdió mucha plata.

CAPITULO XXXII
DE LOS OBISPOS

En este breve tiempo, como acabamos de decir, han salido deste convento siete obispos, y tres casi á un tiempo juntamente, en lo cual excede á todos los conventos, no sólo de nuestra Orden, pero de las demás en España y fuera de España, porque á conventos de muchos años fundados no ha sucedido otro tanto. El primero fué el reverendísimo fray Tomás de San Martin, de quien tractaremos arriba y trataremos algo más cuando escribiéremos los obispos que en este reino he conocido; primer obispo de la ciudad de La Plata, el cual obispado concluia en sí, entonces, todo el reino de Tucumán y la provincia de Santa Cruz de la Sierra.

El segundo, el reverendísimo fray Domingo de Santo Tomás, de la misma ciudad; el tercero, el reverendísimo fray Alonso de la Cerda, primer obispo de Puerto de Caballos [23]. El cuarto, el reverendísimo fray Alonso Guerra, primer obispo del Rio de la Plata, y despues de Mechoacán, ó Yucatán; el quinto, el reverendísimo fray Francisco de Victoria, primer obispo de Tucumán. Estos tres señores obispos son hijos deste convento, y todos tres se vieron obispos junctos en su casa, y su madre, que es esta casa, los vió todos juntos en ella. El sexto, el reverendísimo fray Antonio de Ervias, obispo de Cartagena, en el reino de Tierra Firme.

En un mismo tiempo sacó Su Majestad para obispos, estando todos tres presentes, al reverendísimo fray Alonso de la Cerda, fray Alonso Guerra, fray Antonio de Ervias, en lo cual, aunque hizo mucha merced á la Orden, sirviéndose della, á nosotros, llamo á nosotros los que acá estábamos y tomamos el hábito, la hizo, pero dejónos sin canas que nos gobernasen, lo cual hasta hoy sentimos; no me acuerdo haber leído que de un convento tres personas tales á un mismo tiempo se hayan sacado para iglesias, como deste nuestro de Los Reyes. El séptimo y menor y más indigno de todos soy yo, á quien la Majestad de Dios levantó á obispo de la Imperial, reino de Chile, y espero en Nuestro Señor se han de sacar más.

Demás destos señores obispos, ha hecho nuestro Señor merced á nuestra sagrada religion en nuestros tiempos, dándole en estas partes varones apostólicos que con mucho celo del servicio de nuestro Señor y de las ánimas han predicado á los naturales la ley evangélica, con claro ejemplo de costumbres y vida. Uno dellos fué el padre fray Melchior de Los Reyes, que por muchos años se ejercitó en este ministerio y murió en este convento de Los Reyes y se enterró en el capítulo, donde es costumbre enterrarse los religiosos nuestros, y abriéndose su sepultura á cabo de siete años y más, se halló su cuerpo entero y los hábitos y capa de anascote, sin lision alguna, y esto el señor arzobispo de México, Bonilla, visitador de la Audiencia Real, lo vió, é yo tambien, y todo el convento, queriendo echar en aquella sepultura otro religioso difunto.

En esta misma sala de Capítulo se halló otra sepultura con otro cuerpo, del padre fray Domingo de Narvaez, hijo desta nuestra provincia, buen religioso, entero, con todos sus hábitos y capa de anascote, sin lision alguna. Este religioso se habia ocupado en doctrinar los naturales deste reino con gran llaneza y sinceridad.

El padre fray Cristóbal de Castro, gran siervo de Dios, celosísimo de la conversión de los naturales, de clarísimo ejemplo y abstinentísimo, murió en su oficio loablemente. A este religioso, los curacas del valle de Chincha, donde por la mayor parte vivió ocupado en este ministerio, le ofrecian un navio cargado de oro y plata, y jamás se pudo acabar con él recibiese un grano, y haciéndole fuerza los curacas á que tomase alguna cosa, jamás lo pudieron acabar con él, ni para sí, ni para la Orden, ni para hombre viviente. Lo que hizo fué decir á los curacas hiciesen un cáliz de oro para su iglesia, como lo hicieron, y fué el primer cáliz que se hizo en el Pirú; á cuya sancta emulacion los curacas del valle de Lunaguaca hicieron para dos iglesias suyas en cada una un cáliz de oro, que yo he visto y dicho misa con ellos.

El padre fray Benito de Jarandilla, verdadero hijo de Santo Domingo, el cual por más de cuarenta años, en el valle de Chicama, cinco leguas de la ciudad de Trujillo, se ejercitó en la conversión de los naturales sin salir de aquellos valles, donde vivió con admirable ejemplo, así para con los naturales como para los españoles, y deprendió muy de raíz la lengua de los indios pescadores de aquel valle, que es dificultosísima de aprender. Los naturales le tenian por un hombre sancto, porque le vian guardar con mucho rigor su profesion, como verdadero hijo de Santo Domingo, y dicen dél que como le viniesen á llamar á cualquier hora de dia ó de noche, para confesar algun indio enfermo que viviese de la una parte ó de otra del rio, que en tiempo de aguas no se deja vadear, que es en verano, no temia el rio y en un macho en que andaba lo vadeaba, y los indios decian iba caminando por cima del agua. Acabó sus dias, llenos de buenas obras, con buena vejez.

El padre fray Baltasar de Heredia fué un religioso esencial, el cual, aunque no se ocupó tanto en doctrinar á los naturales, viviendo en conventos de pueblos de españoles se ejercitó en obras de mucha virtud y de gran caridad; es fama que le hallaron muerto hincado de rodillas en una chácara de la ciudad de La Plata, aviándose para venir al reino de Chile por vicario provincial y visitador, por tierra: lo cual este varon religioso acetó con gran humildad, aunque el trabajo y riesgos de tierra, caminos, rios é indios de guerra, por donde habia de pasar algunas veces, eran notables.

El padre fray Antonio de Figueroa, hijo deste convento, fué un varon religioso y muy esencial, gran trabajador en las cosas de la comunidad, muy libre de cualquier interés humano; para consigo riguroso y paupérrimo, pero las cosas del culto divino deseaba, y de la sacristia, que fuesen riquísimas.

Fué muy muchos años subprior deste convento, con mucho ejemplo de vida y costumbres.

Fué mi maestro de novicios, á quien debo más que á mis padres. Cuando á este gran religioso, por su virtud y trabajos y ejemplos, se le habia de mandar descansase, quitándole la carga del cuidado del convento, le mandó la obediencia ir á España á negocios de mucha calidad de la Orden: lo acetó con mucha humildad y se puso en camino, y llegando á Cartagena, de Tierra Firme, le llevó nuestro Señor para sí con una muerte como habia vivido; finalmente, murió obedeciendo.

Cuando llegó la nueva cierta de su muerte cayó tanta tristeza sobre todos los religiosos que en él viviamos, y cuando se le hizo su sufragio, que no osábamos mirarnos los unos á los otros: tanto era el amor que le teniamos, porque á casi todos nos habia criado y habia entonces en el convento poco menos de ochenta religiosos. A todos estos padres conoscí y traté mucho y no hablo sino de vistas.

Otros más ha habido buenos religiosos; empero éstos, conforme á lo que dellos conosciamos, son los más aventajados que para estos defectuosos tiempos son afamados.

CAPITULO XXXIII
DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO

Hay en esta ciudad otro convento del seráfico padre San Francisco, que en breves años ha florescido y floresce en religion, santidad, letras y número de religiosos, con admirable ejemplo, donde yo he conoscido famosos varones, grandes predicadores, de mucho pecho y celo para las ánimas y conversión de los naturales.

El padre fray Luis de Oña, que fué provincial, varon consumado y no menor púlpito; el padre fray Hierónimo Villacarrillo; el religiosísimo fray Diego de Medellín, deudo nuestro, obispo de Santiago de Chile, donde murió como un sancto, habiendo vivido en la Orden con gran religion, cristiandad, ejemplo y observancia más de sesenta años; halléme en su muerte siendo en aquel reino el primero provincial de mi Orden, no lo mereciendo, y fué Nuestro Señor servido hacerme esta merced: que porque el dia de sus obsequias no hobo sermon, respecto de ser los oficios muy largos, y las ceremonias con que se entierran estos señores obispos, el dia del novenario, aunque se habia encomendado al guardian del convento de nuestro padre San Francisco, por cierta ocasion no lo predicó, y se me mandó predicase, lo cual hice lo mejor que pude fundando mi sermon sobre esta sentencia: prœtiosa est in conspectu Domini mors sanctorum eius. El padre fray Juan del Campo, gran varon en opinion de sanctidad y letras, todos los cuales fueron provinciales y algunos vicarios generales ó comisarios, como en esta sagrada religión se nombran.

Es mucho más moderno quel nuestro, que no creo ha 45 años se fundó, por lo arriba dicho. Ha crecido, favoreciéndolo la mano del muy alto, en este breve tiempo, en edificios, porque está acabado; la iglesia, sombría é no de bóvedas.

El edificio de la casa bueno y alegre, con muchas fuentes, y un estanque que llaman, dado por el Marqués de Cañete el viejo, de buena memoria, el cual era como casa de recreacion del marqués Pizarro, de mucho sitio y de muchos parrales y árboles frutales, así de la tierra como de los nuestros; sustenta 130 y más religiosos, y estudio.

Han salido della tres obispos: el reverendísimo fray Diego de Medellín, de quien poco ha tractamos; el reverendísimo fray Juan Izquierdo, obispo de Puerto de Caballos y agora obispo de Yucatán; el reverendísimo fray Hernando Trejo, obispo de Tucumán, los dos últimos hijos desta provincia, y se espera habrá otros muchos más.

El padre fray Hierónimo Villacarrillo, y el padre fray Juan del Campo, no quisieron iglesias, enviándoles cédulas dellas Su Majestad. Tanta era la humildad y religion destos venerabilísimos padres.

CAPITULO XXXIV
DEL CONVENTO DE SAN AUGUSTÍN

El convento de nuestro padre San Augustín, ó por mejor decir nuestro abuelo, es más moderno, empero de buen edificio la iglesia, si un temblor muy grande no le abriera la capilla mayor. Comenzóse la iglesia toda de ladrillo y cal y de muy buena traza. Tambien ha crecido en número de religiosos en breve tiempo, porque no ha 44 años que se fundó esta Orden en este reino; hobiera crecido en más si las obras de los edificios dieran lugar á recibir novicios. Sustenta 60 religiosos y más, con mucha religion, letras y ejemplo.

Ha habido famosos varones, los cuales yo he conocido.

El padre fray Juan de San Pedro, tres ó cuatro veces provincial, varon de gran opinion y crédito. El padre fray Andrés de Santa María, varon gran religioso, murió siendo provincial; el padre Cepeda; el padre Corral, gran predicador que por predicar la verdad padeció un poco el riesgo en el Cuzco. El padre maestro fray Diego Gutiérrez, muchos años lector de Teología en su casa, maestro de los que agora son en su Orden varones doctos. El padre fray Juan de Almaraz, maestro en Sancta Teología, discípulo deste sobredicho padre, fué catedrático de Escritura en la Universidad, murió provincial y electo obispo del Rio de la Plata, hijo deste convento. El reverendísimo fray Luis López, obispo de Quito, varon docto y predicador, maestro de los que ahora predican y enseñan en su Orden, hombre prudente mucho, y de gran ánimo, emprendió el edificio de la iglesia todo de ladrillo y cal como acabamos de decir; otro que su amor no lo imaginara, siendo provincial y despues prior, varon derechamente religioso, de gran ejemplo y bondad. El padre maestro fray Alonso Pacheco, agora provincial y lo ha sido otra vez, hijo desta casa, donde tomó el hábito agora 37 años, siendo de 16, varon de letras, púlpito, ejemplar, gran religioso. Otros muchos religiosos tiene, que la brevedad no da lugar á tractar dellos.

A su Orden se le quede este cuidado. La capilla del Crucifijo de los plateros es muy devota y tiene cofradia de sangre; celébrase con mucho concurso de gente y mucha cera.

CAPITULO XXXV
DEL CONVENTO DE LA MERCED

El convento de Nuestra Señora de las Mercedes, despues del nuestro, es el más antiguo en esta ciudad; la iglesia es bien edificada, aunque no de bóveda, con sus capillas colaterales. Conoscí en este convento al padre Orense y al padre fray Juan de Bargas, que fueron provinciales, ambos varones religiosos y de mucho y buen ejemplo. El padre Angulo y el padre Ovalle, catedrático de Prima en la Universidad, de Teología, varon religioso. A las derechas sustenta 60 á 70 religiosos; la sacristia es adornada de muchos é buenos ornamentos.

CAPITULO XXXVI
DEL CONVENTO DEL NOMBRE DE JESÚS

En nuestros dias (siendo ya sacerdote) se fundó el colegio del Nombre de Jesús, de los Padres de la Compañía, habrá 30 años. Es para dar muchas gracias al Señor y á su santísimo nombre, ver en cuán breve tiempo ha crecido en número de religiosos y haciendas, porque el dia de hoy sustenta más de ochenta religiosos, sin la casa de los novicios que tiene fuera de la ciudad.

El primer fundador fué el padre Portillo, gran predicador y bonísimo religioso, con otros padres que con él vinieron. Hospedámoslos en nuestra casa, y de allí salieron para irse al sitio donde agora viven, uno de los mejores del pueblo. Ayudóles nuestro convento y acreditóles en todo lo posible, y los regaló el tiempo que en nuestra casa estuvieron; reconocen la buena obra que se les hizo, por lo cual, cuando llegamos á las suyas nos hacen toda caridad, como en particular la he recibido, hospedándome y regalándome con mucho amor; despues la augmentó el padre Acosta, provincial, gran predicador y muy docto, aceptísimo por su religion y buen ejemplo. Otros religiosos tiene grandes siervos de Dios, muy consignados á su servicio, para predicar á estos naturales, y con ánimos de se entrar por la tierra de guerra á predicar la ley Evangélica, sólo con las armas de la fe.

CAPITULO XXXVII
DEL CONVENTO DE LOS DESCALZOS

De pocos años á esta parte se ha comenzado á fundar de la otra parte de la puente y rio, no son catorce años pasados, el convento de los Descalzos, con gran abstinencia, religion y cristiandad. Este convento Nuestro Señor lo prosperará como cosa suya y donde se sirve mucho á su Divina Majestad.

CAPITULO XXXVIII
DEL MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN

El monasterio de la Encarnación, de monjas, que ha se fundó poco más de 45 años por doña Leonor Portocarrero y doña Mencia de Sosa, su hija, es como cosa de milagro ver en cuán poco tiempo cuánto ha crecido en toda virtud, y ahora recién profesó cuando se fundó, y se mudó de un sitio corto y breve que tenian junto al convento de San Augustín, que ahora es la perrochia de San Marcello y convento de monjas de la Trinidad, al sitio que ahora tienen, y en aquel dia de nuestra casa se hizo el oficio; yo serví de acólito en la misa mayor.

Ha crecido tanto el número de religiosas profesas, con favor del Altísimo Dios, que el dia de hoy sustenta más de 140 monjas, sin más de 40 novicias, y sin el servicio que tiene de las puertas dentro, con toda religion y ejemplo, cuanta Nuestro Señor la prospere en su servicio. Madre é hija fueron las dos principales fundadoras, las cuales han gobernado, é agora doña Mencia de Sosa abadesa (porque á su madre la llevó Nuestro Señor á gozar al cielo de Su Majestad por el servicio que se le hizo y hace tanta virgen alabando de dia y de noche á su sanctísimo nombre) con tanta prudencia y discrecion, que parece más que humana. Con madre y hija entraron otras dueñas y doncellas: Antonia de Castro y Antonia Velázquez, doña Juana Giron, dos hermanas, doña Isabel y doña Inés de Alvarado, doña Mariana de Adrada, doña Juana Pacheco; todas casi viven el dia de hoy. Tiene este convento una excellencia que no sé si en la cristiandad se halla el dia de hoy: el cuidado en celebrar los oficios divinos; la solemnidad y concierto, con tanta música de voces admirables, con todos géneros de instrumentos, que no parece cosa de acá de la tierra, y sobre todo los sábados á la Salve, donde concurre la mayor parte del pueblo y de las Ordenes muchos religiosos á oirla. Yo confieso de mi que si todos los sábados, hallándome en esta ciudad, me diesen mis prelados licencia para oirla, no la perderia.

Los señores inquisidores muchos sábados no la pierden, y los Virreyes hacen lo mismo.

Ha usado Nuestro Señor con este convento, como el de la Concepción, de su larguísima misericordia y particular cuidado en conservarlos en su servicio, que con no ser los edificios muy altos los ha guardado y guarda de suerte que jamás se ha imaginado cosa que no sea virtud y religion, porque ni duerme ni dormirá el que guarda á Israel.

Guardan la profesion y regla de las monjas de San Pedro de las Dueñas de Salamanca subjetas al Ordinario.

Pretendieron con todas sus fuerzas ser monjas nuestras; empero nunca pudieron acabar con el padre fray Gaspar de Carvajal, de quien arriba brevemente tractamos, siendo provincial, que las recibiese, aunque el prior del convento, el padre maestro fray Tomás de Argomedo, las favorecia todo lo posible y por muchos dias no perdieron la esperanza, y rezaban el órden de rezar nuestro, y guardaban las constituciones de nuestras monjas, hasta que ya perdida tomaron la que tienen y profesan; celebran en este convento el Tránsito de Nuestra Señora.

CAPITULO XXXIX
DEL MONASTERIO DE LA CONCEPCIÓN

El monasterio de monjas de la Concepción habrá veinticinco años se fundó; fué fundadora dél doña Inés de Ribera, con gran pujanza de hacienda, así en muebles como en raíces. Hale augmentado Nuestro Señor mucho á su servicio; susténtanse en él hoy más de 120 monjas de velo, y muchas novicias. Hay en él grandes siervas de Dios, grandes religiosas de mucha penitencia, buen gobierno, y entre ellas han gobernado no poco tiempo, con título de suprioras, hasta que Nuestro Señor llevó al cielo á la fundadora, á pagarle el servicio con su favor hecho y el que se hace y se ha de hacer: María de Jesús, gran religiosa, despues de la cual han gobernado dos hermanas: doña Leonor de Ribera y doña Beatriz de Horosco, ya con título de abadesas (porque acabando la una de ser abadesa elegian á la otra), con gran ejemplo, religion, prudencia, modestia y blandura y no poca penitencia, con lo cual á las demás animaban al cumplimiento de lo profesado. Víanlas en los trabajos las primeras, por lo cual nadie se excusaba. Hacen lo que Cristo nos enseñó: El mayor entre vosotros sea como menor, y el que manda sea siervo de los demás. Gracias á Nuestro Señor, ansí no se ha dicho deste monasterio, como ni del otro. Son sujectas al Ordinario.

En lo que toca á la celebracion de los Oficios Divinos, si no son iguales en la música al de la Encarnación, vanles pisando los carcañales, y no les hacemos en esto agravio, porque el otro, como más antiguo y principio, proveyóle Nuestro Señor de voces y destreza en el canto y todo género de música cual se requiere para alabar á su Majestad. No quiero decir más, no me apedreen. Aunque es así, que en este convento hay Religiosas muy diestras, y de voces admirables, y en el órgano famosas.

CAPITULO XL
DEL MONASTERIO DE LA TRINIDAD

Fundóse otro monasterio de monjas llamado de la Trinidad, habrá veinte años, de la Orden de San Bernardo; fundadoras fueron madre é hija doña Lucrecia de Soto y doña Mencia. Doña Lucrecia fué casada con Juan de Rivas, vecino de la ciudad de La Paz, por otro nombre llamado el Pueblo Nuevo; siendo ambos ya viejos y la hija viuda, aunque moza, se concertaron marido y mujer de que se metiesen monjas madre é hija y fundasen este monasterio con la hacienda que tenian; era mucha. Salieron con su intento la madre é hija; escogieron para sitio el que dejaron los padres de San Augustin, donde gastaron mucha plata en un dormitorio alto y bajo y en sacar los cimientos de la iglesia de tres naves, y se mudaron á medio de la ciudad donde no tienen tanto sitio como tenian. Aquí, que es el sitio muy grande, tiene tres cuadras en largo; una huerta muy espaciosa y buena eligieron para fundar un monasterio, pared en medio de la perroquia de San Marcello. Vívese aquí con gran recogimiento, tienen bastantemente lo necesario, pueden recibir seis monjas sin dote, y en muriendo algunas destas luego reciben otra; guardan su profesion al pie de la letra. El locutorio y libratorio se frecuentaba tan poco, que no parecia haber en aquella casa monjas. En este breve tiempo se ha multiplicado, porque hay en él más de treinta monjas de velo, y novicias se van recibiendo. No comen carne en el refectorio perpétuamente.

Los edificios se van labrando y Nuestro Señor lo multiplicará todo. No quieren música de canto de órgano, su canto es llano y muy devoto, y órgano solamente, y proveyóles Nuestro Señor de una monja tan hábil en la tecla, que es cosa de admiracion.

CAPITULO XLI
DEL MONASTERIO DE LAS DESCALZAS

En esta ciudad de Los Reyes fué doña Inés de Sosa, hija ligítima de Francisco de Talavera, de los antiguos conquistadores, y de Inés de Sosa. Habiendo sido casada dos veces, en vida del segundo marido murió, y no dejando hijos, toda su hacienda dejó para que se instituyese un monasterio de monjas descalzas debajo de título de la Concepción de Nuestra Señora. Edificóse junto á la plazuela de Santana y para él salieron del monasterio de la Concepción las dos hermanas arriba dichas, doña Leonor de Ribera y doña Beatriz de Orozco, con otras cuatro ó cinco religiosas, donde guardan la observancia con mucho rigor; creo es constitucion no pueda haber á lo más largo más que veinte monjas de velo. Espero en Nuestro Señor se ha de servir aquí grandemente.

CAPITULO XLII
DE LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Fuera desta ciudad, junto al camino de Pachacama, fundó Alonso Ramos Cervantes y su mujer doña Elvira de la Reina una iglesia con invocacion de Nuestra Señora de Guadalupe, á su costa, por órden y licencia del reverendísimo arzobispo Mogrobejo, á instancia de un religioso de la Orden de San Jerónimo del monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe de España, cuya primera piedra del fundamento de la iglesia puse yo ya consagrado obispo. El fundador es natural de Medellín, é yo nací en aquel pueblo, para que se entienda que sabe Dios de pueblos pequeños sacar un marqués del Valle, don Fernando Cortés, y un obispo, aunque indigno para el cargo, y un fundador de la iglesia de Nuestra Señora. Todo esto sea á gloria del hijo y de la madre. Es cosa admirable ver en cuán poco tiempo ha crecido la devocion á aquella iglesia; tiene un retrato al vivo de la imágen de Nuestra Señora de Guadalupe puesta en el altar mayor, que retractó el mismo religioso de San Hierónimo arriba dicho, con muchas piedras preciosas.

Tiene muchos y buenos ornamentos y cuatro lámparas de plata y dos altares colaterales en el encaje de las paredes. Es mucha la frecuencia de la devocion de los fieles, porque cada dia se dicen allí más de doce misas por devocion, con que pobres sacerdotes se sustentan, y algunas veces sobran las limosnas. Un buen hombre, luego que se puso la imágen, todos los sábados á cuatro sacerdotes da á cada uno cuatro reales porque canten la Salve, y un hermano del fundador, sacerdote, llamado Esteban Ramos, dejó instituída una capellania en esta iglesia, de más de docientos y cincuenta pesos de renta. Es cosa admirable la devocion que los fieles tienen á la advocacion desta iglesia, y como se va multiplicando, porque hasta en la mar, los que se hallan en tormenta reciben mil favores de Nuestra Señora, y así ningun navio deja de traer limosna á esta iglesia.

Un religioso del convento de Nuestra Señora de Monsarrate fundó tambien otra iglesia con la misma advocacion.

El reverendísimo desta ciudad ha hecho otro monasterio, con título de Santa Clara, en el mejor sitio della, con limosnas que ha pedido á naturales y á todo género de gentes cuando visita su obispado, y con parte de su hacienda. Cuando esto escribo debe estar acabado, pero hasta agora no se sabe que hayan entrado en él ningunas monjas; tiene mucho y grande sitio y muy bien cercado. Entraron en él este año de 605 cinco monjas de la Encarnación, priora, supriora, portera, maestra de novicias, sacristana; las doce monjas novicias para hábitos son legas, sin dote alguno.

Los clérigos han hecho otra iglesia llamada San Pedro, una cuadra más arriba del convento de San Francisco, donde se entierran los sacerdotes pobres y los curarán de sus enfermedades; entiérranlos con mucho acompañamiento; fué fundadora la Caridad.

CAPITULO XLIII
DE LAS COFRADÍAS DESTA CIUDAD

La cofradia de la Caridad es rica; tiene una casa de recogimiento del mismo nombre, donde se recogen algunas doncellas pobres debajo del gobierno de una matrona honrada y buena cristiana y se les provee de lo necesario. El dia de la Asumpcion de Nuestra Señora sacan desta casa seis doncellas y las traen en procesion á la iglesia mayor, y aqueste mismo dia se les dan maridos y su dote señalado.

La cofradia del Sanctísimo Sacramento es muy rica y acompáñese en esta ciudad cuando sale fuera con mucha cera y mucho concurso de gente, tanto como en cualquier parte del mundo. Las varas del palio llevan sacerdotes con sus sobrepellices, y el guion asimismo, y dos maceros con dos mazas grandes de plata, delante del Sanctísimo Sacramento. A los sacerdotes que llevan las varas y al del guion y á los maceros les da la cofradia por cada vez á cada uno cuatro reales de limosna. Esta cofradia está fundada en nuestro convento, con las gracias de la de la Minerva de Roma.

La cofradia de la Vera Cruz asimismo está fundada en nuestra casa. Tiene bastantemente lo que ha menester, con su capilla por sí, detrás de la capilla del capitan Diego de Agüero, bien adornada, donde los dias de la Cruz se saca en procesion un pedacito del lignum crucis en que Cristo Nuestro Señor murió, con gran veneracion y concurso de todo el pueblo, y muchas hachas de cera y de más de á media libra, para todos los cofrades.

En otros monasterios hay otras, como en San Francisco, la de la Concepción de Nuestra Señora, muy rica; en San Agustin, la de Santa Lucia y del Crucifijo, que tienen los plateros, y todas tienen sus cofrades que llaman veinticuatros, los cuales en los dias señalados que hacen sus procesiones llevan cirios encendidos, y cuando alguno destos veinticuatro muere, los demás han de acompañar el cuerpo con sus cirios, y le han de mandar decir, cada uno, una misa rezada, y acaece ser uno veinticuatro en tres ó cuatro cofradias, y todos le han de acompañar con sus cirios.

Los negros tienen sus cofradias aparte, y veinticuatros; es cosa de ver qué cirio sacan muriendo algun veinticuatro; yo vi un acompañamiento de una negra que me admiró: es cierto que acompañaban el cuerpo más de treinta cirios, sin la cera menuda; esta cofradia tienen los negros fundada en la iglesia mayor; en San Diego tienen los negros otra capilla y cofradia; demás desto, en San Francisco otra.

En nuestra casa tienen los indios cofradia y capilla y veinticuatros, y lo mismo en San Francisco, y en la Compañía otra del niño Jesús, todas con sus veinticuatros, y es cosa de ver los solemnes enterramientos que se hacen con cera, cirios y posas.

CAPITULO XLIV
DE LA CAPILLA DE LA CÁRCEL

La capilla que llaman de la cárcel, donde los presos, así de la cárcel de corte como los de la ciudad, oyen cada dia misa, es una de las buenas cosas que en provecho de los pobres presos se ha fundado en el mundo, y tuvo su principio desta suerte: Habrá 47 años que los mercaderes se juntaron y determinaron entre pocos, no creo fueron diez, de pedir limosna cada semana, ó cada mes (los presos pobres no eran tantos como agora), dos dellos, y de las limosnas tener cuidado de proveerlos de comer, y cuando las limosnas no alcanzasen, ellos de sus haciendas suplirlo; consultáronlo con el Sr. Arzobispo don Jerónimo de Loaysa, de felice recordacion; aprobó su intento, dióles licencia para que pidiesen limosna, y señalóles un tanto que su mayordomo les daria sin ninguna falta; los segundos que pidieron para esta obra sanctisima fueron dos mercaderes que yo conocí mucho y traté: el uno se llamaba Juan Vázquez y el otro Juan Baz; andando pidiendo, determinaron de entrar á pedir limosna al marqués de Cañete, de buena memoria, y para hablarle no fué necesario aguardar mucho, luego les mandó entrar; bésanle las manos, suplícanle les mande dar limosna para los pobres de la cárcel, dícenle lo que entre sí habian determinado; alabóles la obra, y de primera instancia mandóles dar cien pesos, y que para cada mes, dende en adelante, tuviesen cuidado de pedir á su mayordomo cincuenta pesos, que luego se les darian, como así fué. Desta suerte comenzaron á pedir y á tener cuidado de los pobres. Nuestro Señor ha favorecido tanto esta obra de caridad, que la capilla tiene capellan señalado con muy buena prebenda, y el capellan ha de ser graduado, docto, para confesar á los presos, y predicarles, y para que los que han de justiciar, animarlos y salir con ellos.

Agora hay señalados mayordomos y oficiales y tiénese por mucha honra ser de los principales desta cofradia. La advocacion de la capilla es de San Pedro; celébrase la fiesta el dia de su Cátedra con mucha solemnidad, y porque en la capilla no cabe el pueblo, cúbrese la plaza buena parte con velas de navios y el púlpito pónese á la puerta de la capilla, de suerte que en la capilla y plaza cubierta entra toda la gente que concurre.

CAPITULO XLV
DE LA UNIVERSIDAD

Su Majestad del Rey Felipo 2.º, de inmortal memoria, celoso del bien deste reino como lo es de todos los que gobierna con tanta justicia y cristiandad cuanta ningun Rey ha gobernado hasta agora, mandó se fundase una Universidad donde se leyesen las sciencias, y á los que en ella se graduasen les concedia las exemptiones que gozan los graduados en Salamanca. Por órden de Su Majestad la instituyó y fundó el Visorrey don Francisco de Toledo, donde se lee, por muy doctos maestros y doctores, Latinidad, Artes, Lógica, Filosofía, Cánones, Leyes, con suficientes salarios, y Escritura divina. Medicina hasta hoy no se ha leído, ni Retórica, ni Astrologia; corren á estudiar de Quito á Chile, nacidos en estas tierras, buenas habilidades. Con esta Universidad ha hecho gran bien y merced Su Majestad á estos reinos, halos ennoblecido y ha descargado mucho su conciencia real, gratificando y haciendo hombres á los hijos, nietos y tataranietos de los conquistadores y pobladores, á cuyos antecesores no se les habia hecho merced, y si hecho, no tanta cuanta sus servicios merecian. De los nacidos acá se han graduado, y con rigurosísimo exámen, algunos doctores y maestros en las facultades dichas, y se graduarán muchos más, é van graduando, por lo cual, cuando hay doctoramiento, es de ver en tan breve tiempo muchos doctores y maestros; ni los graduados en otras Universidades se desdeñan de incorporarse en ésta.

CAPITULO XLVI
DE LOS COLEGIOS

Tambien por órden de Su Majestad se fundó un colegio, llamado El Real, donde sustenta cierto número de colegiales á costas de Su Majestad, para descargo de su real conciencia, bien y merced de sus vasallos; llámase San Felipe; dáseles lo que se suele dar en otros colegios.

El arzobispo D. Toribio Mogrobejo fundó otro, que es el seminario que manda el concilio Tridentino; hay pocos colegiales.

Los padres de la Compañía tienen otro colegillo á las espaldas de su casa, donde enseñan solamente latin, nombrado San Martin á devocion del Virrey D. Martin Enriquez. Por cada muchacho que allí entra paga 120 pesos cada año.

CAPITULO XLVII
DE LA CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE COPACAVANA

En la provincia del Collao (como en su lugar diremos) hay un pueblo de indios llamado Copacavana. Aquí hay una imágen de Nuestra Señora que ha hecho no pocos milagros agora en nuestros dias. A devocion desta imágen, en todos los pueblos casi de españoles y en muchos de indios, se han puesto imágenes de Nuestra Señora con la misma advocacion; en esta ciudad se hizo una capilla junto á la puerta del Perdon de la iglesia mayor, con una imágen nombrada así: Nuestra Señora de Copacavana, la cual debe haber veinte años poco más que se puso, donde con gran devocion concurre el pueblo, la cual tiene muy adornada, y un capellan que sirve en esta capilla y sustenta muy abundantemente con las limosnas.

CAPITULO XLVIII
DE LOS HOSPITALES

Sustenta esta ciudad cuatro hospitales; uno de españoles, llamado San Andrés por respeto del marqués de Cañete, D. Andrés Hurtado de Mendoza, de buena memoria, á quien de su hacienda dió muchas limosnas y crecidas, pasadas de 30.000 pesos, como diremos cuando tractaremos de su gobierno y virtudes.

Aqui se curan solamente españoles y negros, de todas las enfermedades, con mucho cuidado y regalo; la enfermeria de las enfermedades cotidianas es á modo de cruz; el un brazo más cercano á la puerta sirve de cuerpo de iglesia; los otros tres para enfermos, en las paredes hechos sus encajes, donde está la cama del enfermo con su cortina delante y de donde puede ver misa. El altar se colocó en medio destos brazos. Despues acá no sé que Virrey la haya hecho tantas limosnas, ni con mucho que llegue á ellas. Fueras destas enfermerias hay otros apartamientos para curar otras enfermedades contagiosas.

Quien con más cuidado comenzó á tenerlo de los pobres hasta que la edad no lo permitió, fué el padre Molina, sacerdote, gran celador del bien de los enfermos, y augmentador de las haciendas del hospital, con notable ejemplo de vida y cristiandad, con la cual acabó el Señor.

Su hermano el secretario Molina se metió á servir á los pobres, donde acabó tambien.

El segundo se llama Santa Ana, donde solamente se curan indios; fundólo á su costa, asi la iglesia como la capilla mayor de bóveda, y lo demás de buenos edificios, el ilustrísimo y reverendísimo fray Jerónimo de Loaysa, primer arzobispo desta ciudad y reino, de felice recordacion, dejándole bastantísima renta, donde murió y está enterrado. El día de su advocacion se gana una y muchas más veces indulgencia plenísima, mejor diré jubileo plenísimo; cúranse aquí los indios de todo el reino que caen enfermos, con todo el regalo y cuidado posible, donde ha habido grandes siervos de Dios, seglares, que se han venido por esclavos ellos mismos, y dedicado al servicio de los indios, y entre ellos floreció en nuestros tiempos el padre Machín, sacerdote vizcaíno, y otro gran siervo de Dios, que todo el dia se ocupaba en pedir limosna á pie por la ciudad, y de noche velaba su cuarto á los enfermos, como si no hobiera trabajado nada entre dia, sin que nadie fuese parte á que descansase. Acabó loablemente; llamábase fulano Ruiz.

El tercero es nombrado el Spíritu Santo; aquí se curan solamente los marineros, porque ellos á su costa le han fundado, y han hecho una buena iglesia; los edificios van labrándose; cada navio le acude con una soldada, fuera de las limosnas que piden en los viajes y otras que marineros é pilotos les dejan al tiempo de su muerte.

Hase fundado otro, que es el cuarto, llamado San Diego, de convalescientes; éste es muy moderno; aquí se da bastante recaudo á los tales, hasta que enteramente han recuperado la salud y puedan trabajar.

Hay otro, llamado San Lázaro, pasado el rio; es el más pobre; comenzóle á fundar y á su costa, muy poco á poco, un buen hombre muy conocido en esta ciudad, é yo le conocí mucho, Anton Sanchez, espadero de oficio y muy enfermo de grandes dolores. Murió este buen hombre, despues del cual se entró á servir allí el padre Cristóbal López Bote, sacerdote muy conocido en este reino, y de mí muy en particular y tractado, á quien Nuestro Señor hizo admirables mercedes, porque habiendo por cierta ocasion muchos años tenido una enemistad que le inquietó mucho y desasosegó, y en lo demás de su sacerdocio hombre muy concertado y muy buen eclesiástico, le tocó la mano del Señor y se consagró allí á servir á los pobres, no sólo españoles, sino negros esclavos é pobres indios, de tales enfermedades que en los demás hospitales no los querian recibir, é los curaba (yo lo vi, y otros muchos) de aquellas enfermedades contagiosas y asquerosas, tan sin asco y con tanto amor y caridad como si fueran sus hijos ó hermanos. Despues le dió Nuestro Señor una enfermedad muy larga y trabajosa, la cual sufria con tanta paciencia cuanta el Señor que se la dió sabia era necesaria para llevarla; su cama, una tabla, murió loablemente en el Señor.

CAPITULO XLIX
DE LA IGLESIA MAYOR

Hasta agora la iglesia Mayor desta ciudad era muy pobre de edificios; solamente la capilla mayor era de bóveda, del marqués don Francisco Pizarro, dotada por él con una rica capellania, y al lado del Evangelio, en la pared, tiene su sepultura. Agora se ha hecho una muy buena, de cal y ladrillo, de tres naves, donde se celebran los divinos oficios con mucha puntualidad y canto de órgano; en esta santa iglesia está fundada la cofradia de las ánimas del Purgatorio, en su capilla, con altar previlegiado, donde cada misa que en él se dice se saca un ánima de Purgatorio, y son tantas las que cada dia se dicen, que al cabo del año pasan de cuatro mil, y al sacerdote que la dice se le da luego su limosna acostumbrada; de suerte que se sustentan sacerdotes pobres, porque allí tienen la limosna cierta. Otras capillas de vecinos particulares hay en ella, como es, al lado del Evangelio, la de Nicolás de Rivera, el Viejo, de quien dijimos arriba, con la advocacion de Santa Ana, con buena renta, y al de la Epístola, la de Francisco de Talavera, de quien tambien hicimos breve mencion, con invocacion del Crucifijo.

Los carpinteros tienen aquí su cofradia con la invocacion de San José, y celebran su fiesta con mucha solemnidad. Los zapateros tienen tambien su cofradia, con invocacion de San Crispino y Crispiniano, que los celebraban como mejor pueden. Los negros tienen tambien su cofradia, como ya dijimos.

CAPITULO L
DE LOS EDIFICIOS

Los edificios desta ciudad son de adobe, pero buenos, y como no llueve, los techos de las casas son chatos. Las casas principales tienen sus azoteas; desde fuera no parece ciudad, sino un bosque, por las muchas huertas que la cercan, y no ha muchos años que casi todas las casas tenian sus huertas con naranjos, parras grandes y otros árboles frutales de la tierra, por las acequias que por las cuadras pasan; pero agora, como se ha poblado tanto, por maravilla hay casa que tenga dentro de sí árbol ni parra.

La plaza es muy buena y cuadrada, porque toda la ciudad es de cuadras; tiene la plaza las dos frentes cercadas de arcos de ladrillo y sus corredores encima, ó por mejor decir doblados en los portales; arriba mucho ventanaje y muy bueno, de donde se ven los regocijos que en ella se hacen. Estos portales y arqueria adornan mucho la plaza y defienden el sol á los tractantes, el cual á su tiempo es muy caluroso; debajo destos portales hay muchos oficiales de todo género que en la plaza se sufre haya.

CAPITULO LI
DE LOS VESTIDOS DE LAS MUJERES

Lo que en esta ciudad admira mucho y aun lo que se habia de refrenar, es los vestidos é trajes de las mujeres; son en esto tan costosas, que casi no se sabe cómo lo pueden sufrir sus maridos. La soberbia dellas es demasiada, y no sabemos en lo que ha de venir á parar; plegue á Dios y no sea en lo que pararon aquellas de quien dice Nuestro Señor: Porque las hijas de Sion se ensoberbecieron (esto es, las ciudadanas); cuando salian de su casa llevaban las gargantas extendidas, los ojos altos á una y á otra parte, guiñándolos, los pasos muy compuestos; el Señor las volverá calvas y les raerá los cabellos de sus cabezas, les quitará sus chapines y jerbillas bordadas, las medias lunas, rodetes, las cadenas y collares de oro, las ajorcas, los tocados costosos, los punzones de oro para partir las crenchas, los zarcillos y los olores, los anillos é piedras preciosas, etc., y por los olores se les dará muy pestilencial olor, y por las cintas de oro, sogas de esparto, etc.

No creo yo hay en lo descubierto del mundo ciudad en su tanto, ni cuatro veces mayor, que á tanta soberbia, en este particular, como esta nuestra ciudad, llegue; acuérdome que los años pasados, más ha de 38, que llegando un religioso nuestro de España, nacido y criado en Toledo, á nuestro convento desta ciudad, cerca de la fiesta del Corpus Christi, tratando della y de la sumptuosidad, majestad y riqueza que aquel dia en Toledo, en calles y ventanas, se mostraba, le decíamos que no nos espantase, porque en nuestra ciudad veria como no le hacia mucha ventaja Toledo. Llegó la fiesta, vió la riqueza que se mostró en los vestidos de las mujeres, adornos de ventanas, altares y calles; dijo que la riqueza de Toledo, en este dia mostrada, no hacia muchas ventajas á la de esta ciudad. Pues es cierto que hay tanta diferencia de entonces agora, en lo que vamos tratando, como de vestidos de aldea á vestidos de corte, con justo título se podria moderar por los virreyes esta soberbia, pero no sé por qué no se modera; y si sé, porque ni los maridos no tienen ánimo para moderarlo, ni los gobernadores tampoco.

CAPITULO LII
DEL ACOMPAÑAMIENTO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Habia en esta ciudad una costumbre muy loable, mas ya se va cayendo por la mucha cobdicia, y era que, en tocando la campana del Sanctísimo Sacramento para se dar á los enfermos, por maravilla quedaba hombre en su casa que no acudiese á la iglesia Mayor; las tiendas de los mercaderes se cerraban, y ellos y sus criados, con gran fervor, iban á acompañar al Señor del cielo y de la tierra, y realmente era cosa de ver tanta gente como se llegaba, sin que se viese una capa parda ni de color, sino todos vestidos de negro, y para todos habia cera de media libra, que es gran excelencia, sin reparar si eran cofrades ó no.

Vi esto, siendo seglar, dia del Santísimo Sacramento en la iglesia Mayor. Los mayordomos de las cofradias sacaron su cera; llegóse á ellos uno de los mayordomos del Santísimo Sacramento y díjoles: Volved, señores, vuestra cera á vuestras casas, porque la cofradia no tiene necesidad de cera de otra, y no les consintió dar ni una vela. ¿A dónde, en todo el mundo en la cristiandad, hay ciudad cristiana que haya sucedido tanta grandeza? en aquel tiempo, los oficiales sacaban sus pendones; agora saca cada género de oficio imágenes de bulto en sus andas, en hombros, muy bien labradas y guarnecidas, acompañadas de muchas hachas y cera de media libra, que es no menos grandeza, porque se trae la cera de España.

No conocemos ciudad en ningun reino cristiano que tal tenga.

Hasta las cofradias de los indios y de los negros llevan sus imágenes de bulto, en andas y con sus hachas de cera.

Esta cofradia es muy rica, tiene muy buenas posesiones de casas y tiendas en la Plaza; hizo una custodia, toda de plata de muy buena labor, y muchos pilares macizos de plata, poco menos que un estado de un hombre, y para llevarla en hombros el dia del Santísimo Sacramento son necesarios doce sacerdotes de remuda; ya se lleva en un carreton.

Esta cofradia dimana de la que está fundada en Roma, en la Minerva, que es convento nuestro; tiene suma de gracias, indulgencias y jubileos más que otra alguna, y justísimamente, por concesion apostólica, tenémosla en nuestro convento; subcedió, pues, así, viviendo yo en él, recien sacerdote: El domingo siguiente despues del jueves que se celebra la fiesta en la iglesia Mayor, se celebra en nuestra casa; el sábado antes tráese la custodia de la iglesia Mayor á nuestra casa, para sacar en ella en nuestra procesion el domingo el Santísimo Sacramento, la cual se celebra con mucha pompa y alegria, saliendo del convento y andando una cuadra en torno, y una frente de la cuadra es la plaza. En la peana desta custodia, sobre que se arma toda ella, se fija otra custodia de oro toda, muy bien labrada, con que el ilustrísimo fray Hierónimo de Loaisa, arzobispo de esta ciudad, sirvió á la Majestad del Señor, que vale tres mil pesos, encima de la cual, en su veril, se pone el Santísimo Sacramento. El padre sacristan era un sacerdote muy esencial que yo conocí é traté mucho; fuimos novicios juntos; en un bufete puso las andas en la iglesia, en la capilla del capitan Diego de Agüero, de quien habemos arriba sumariamente tratado. Cubriólas con unos manteles, de los que hay sobrados para los altares; sucedió, pues, así: que aquella noche, quienquiera que fué, notó bien donde se ponia la custodia, y despues ó antes de maitines de media noche, fuese para la custodia, desclavó la de oro y fué nuestro Señor servido que con ser la peana sexavada y por cualquiera de las puertas de los sexavos podía entrar y salir la custodia de oro (no se fija en este lugar ni está en él, sino cuando ha de salir en ella el Santísimo Sacramento) que no acertase aquel infame ladron á sacarla; acertó á desclavarla y no acertó á sacarla. El sacristan era gran siervo de Dios y de nuestra Señora muy devoto; llamábala nuestra Ama; cuando vió por la mañana la custodia de oro desclavada y que no la pudo sacar aquel más que pérfido ladron, arrimada á una de las puertas del sexavo, dió muchas gracias á Nuestro Señor y á su Madre santísima, y si no fuí el primero, fuí el segundo á quien lo dijo. Este sacrílego ladron debia ser algun impio luterano.

CAPITULO LIII
DE LA CRISTIANDAD DESTE PUEBLO

Pues porque digamos á gloria de Nuestro Señor lo que resplandece mucho en este pueblo, aunque es así que en los trajes es demasiadamente soberbio, con todo eso es muy cristiano; la cofradia de la Caridad casa tantas doncellas como habemos dicho, y fuera desto, como en todos los monasterios haya tantos jubileos, indulgencias y perdones, los más de los cuales para ganarse requieren confesar y comulgar, es cosa de gran alegria ver en los monasterios tanta frecuencia en confesiones y comuniones. Son, pues, tantos los jubileos que en esta ciudad á los monasterios, iglesias y capillas son concedidos, que no sé yo si, fuera de Roma, hay otra en toda la cristiandad de tantos, ni donde con tanto fervor se acuda á ganarlos, haciendo y tomando los medios que para ganarlos los Sumos Pontífices que los concedieron mandan se tomen.

A toda esta ciudad por una parte la cerca el rio, por las otras tres huertas y viñas llenas de árboles frutales, como dejamos escrito; de los de la tierra, si no son plátanos, ya casi no hay otros, por ser de tan buena fruta como los nuestros. El vino, pan y carne que se gasta es cosa increible; buena población es la que consume en el rastro más de 50.000 carneros, sin los que se gastan en la carneceria, y más de 100 reses vacunas cada semana; carne de puerco no hay quien se atreva á dar abasto; dan tantos para cada dia; oficiales, tanto género dellos como en Sevilla. El puerto, uno de los mejores y más capaz del mundo, abundantísimo á su tiempo de mucho pescado, donde jamás faltan de cuarenta navios grandes y pequeños, y dende arriba, de Panamá, México, Chile y Guayaquil. Empero tiene un gran contrario temeroso y enfadoso, y es los temblores de tierra que la suelen descomponer, como los años pasados sucedió uno que derribó muchos edificios; mas en breve se han tornado á redificar muy mejor que antes, y despues que se tomó en suerte por abogada la fiesta de la Visitacion de Nuestra Señora, ha sido Nuestro Señor servido, por intercesion de su santísima Madre, no haya venido temblor dañoso; celebra la ciudad esta fiesta con procesion, que sale de la iglesia mayor, anda en contorno de la plaza con la solemnidad casi que se celebra la del Corpus Christi, y con tanto concurso del pueblo.

No sale el Santísimo Sacramento, ni las cofradias ni oficiales con sus andas; en lo demás, la misma solemnidad se guarda.

CAPITULO LIV
LAS COSAS CONTRARIAS Á ESTA CIUDAD

Es combatida esta ciudad de enfermedades que de cuando en cuando Nuestro Señor por nuestros pecados envia, y en otros tiempos lo era de cámaras de sangre, por causa del agua del rio, como dijimos; despues de traída la fuente, esta enfermedad ha cesado. Las enfermedades cuotidianas son, en alcanzando algun nortecillo, romadizo, catarros, juntamente con dolor de costado. El viento Norte en todas estas partes, en Tucumán y Chile, es pestilencial, porque como es de su natural muy frio, en corriendo son estas enfermedades con nosotros, y en todo lo que habitamos desta tierra y de los demás dos reinos no corren otros vientos sino Norte ó Sur, el Sur sano, el Norte enfermo; demás desto, como las mercaderias se traigan de otros reinos, si en ellos han pasado algunas enfermedades contagiosas, nos vienen y cáusanos mucho daño y gran disminucion en los naturales, como ahora lo causa una enfermedad de viruelas juntamente con sarampion, llevándose mucha gente de todas naciones, españoles, naturales, negros, mestizos y de los demás que en estas regiones vivimos, y escribiendo este capítulo, agora actualmente corre otra no de tanto riesgo acá en la Sierra, como lo fué en los Llanos, de sarampion solo, el cual en secándose acude un catarro y tose que de los muy viejos é niños deja pocos, y en la ciudad de Los Reyes hizo mucho daño, particularmente en negros.

Alcancé en esta ciudad algunos de los conquistadores viejos, á los cuales oí decir que llegados á este valle les parecia era imposible morirse, aunque tambien decian habian oido á los indios que no fueran poderosos á conquistarlos si pocos años antes no hubiera venido una enfermedad de romadizo y dolor de costado que consumió la mayor parte dellos. Las frutas nuestras, como son melones, higos, pepinos, etc., y otras de la tierra, en gente desreglada causa grandes calenturas, á los cuales si les halla un poco faltos de virtud, fácilmente los despacha; pero desto es la causa la incontinencia de los necios. Dejó otras particularidades, por no ser prolijo, y no se diga de mí que como aficionado las trato. Serla aficionado no lo niego, por tenerla por patria; en lo demás no digo tanto de bien como en ella, por la bondad de Dios, ha crecido en tan breves años.

CAPITULO LV
DE LAS CALIDADES DE LOS NACIDOS EN ELLA

Los que nascen en esta ciudad meros españoles son gentiles hombres por la mayor parte y de buenos entendimientos, y animosos, y lo serían más si los ejercitasen en cosas de guerra; son muy buenos hombres de á caballo y galanos, y para otras cosas que adornan, la policia humana, no les falta habilidad. Por la mayor parte son más prodigos que liberales, y trasportados hacen muchas ventajas á los naturales. En una cosa tienen gran falta, esta no es la culpa suya, sino de los que gobiernan; déseme licencia para tratarlo, porque á ello no me mueve quererme entremeter en cosas de gobierno, sino advertir del daño que podria suceder. La falta que tienen es que esta ciudad es puerto de mar. Pues los nacidos en puerto, que no sepan nadar, que no sepan qué cosa es mar, que no entren en ella, y que si entran luego se marean como si vivieran muy apartados della; esta es la falta. Hasta agora no se sintia, porque no se imaginaba que enemigos de la Iglesia católica y del nombre español nos habian de venir á robar; pero ya que por nuestros pecados lo experimentamos, debian los gobernadores á todos los nacidos en esta ciudad desde muchos años, mandar llevarlos al puerto, enseñarlos á nadar, meterlos en barcos y hacerlos llevar por lo menos dos veces en la semana cuatro leguas y más á la mar, porque se hiciesen á ella, y no que como testigo de vista hablo.

Cuando don García de Mendoza, marqués de Cañete, envió contra el inglés tres navios grandes y otros patajes, yo iba en la Almiranta, y cuantos criollos, así los llamamos, iban en ella, y hombres bien nacidos, en entrando en la mar cayeron como amodorridos, y el dia que vimos al enemigo, de mareados que estaban no eran hombres, y en tierra riñeran con el gran diablo de Palermo, los cuales si estuvieran hechos á entrar en la mar no les subcediera.

Esto no es falta de ánimo, sino falta de ejercicio marítimo; lean los gobernadores á Platon en los libros de sus Leyes, y en los de la República, y deprendan de allí en qué han de ejercitar los muchachos para que puedan y sepan defender su república. Que los nacidos en puerto á la lengua del agua no sepan ni conozcan la mar, notable descuido es; y desto no más. De las mujeres nacidas en esta ciudad, como en las demás de todo el reino, Tucumán y Chile, no tengo que decir sino que hacen mucha ventaja á los varones; perdónenme por escribirlo, y no lo escribiera si no fuera notísimo.

CAPITULO LVI
DEL PUERTO Y PUEBLO DEL CALLAO

Dos leguas desta ciudad á la parte del Poniente demora (hablemos como marineros) el puerto desta ciudad, llamado el Callao, poblado de muchos españoles y otras naciones, con su jurisdicción. Ha crecido mucho y crecerá más, por ser templo más fresco y más sano que la ciudad de Los Reyes, á causa de ser fundado á la orilla ó costa de la mar; solamente le falta agua y tierra para los edificios, porque lo uno y lo otro se trae más de media legua, porque el suelo todo es cascajo, y si alguna tierra hay es salitrosa, y de leña no tiene sino mucha falta. Tiene su iglesia mayor, sustenta cuatro conventos; Santo Domingo, llamado por otro nombre Nuestra Señora de Buena Guía, el cual fundó, con autoridad de la Orden, el venerable fray Melchior de Villagomez; despues se ha augmentado de suerte que es priorato. San Francisco, San Agustin, los padres de la Compañía, la Merced: todos se sustentan razonablemente, aunque con pocos religiosos; los más son los nuestros, que son de seis para arriba, y fué necesario fundarlos porque los religiosos que se embarcan y desembarcan se vayan á sus conventos, y no á casa de seglares, que es inconveniente.

Tambien es castigado de temblores de tierra, y de tarde en tarde en inundaciones de la mar, porque cuanto ha que le conosco, que son más de 50 años á esta parte, sola una ha subcedido, que fué gobernando el conde del Villar, de la cual cuando dél tractaremos diremos lo que le subcedió. Sólo una cosa quiero decir, por ser cosa tocante á nuestro convento. Antes de la inundacion, ó juntamente con ella, vino un temblor de tierra muy grande, que derribó y arruinó muchos edificios; en el altar mayor de nuestro convento está la caja del Santísimo Sacramento, y encima desta caja, en un tabernáculo, una imágen de Nuestra Señora de bulto grande; con el temblor cayó la imágen saliendo de su lugar, y fué la Majestad de Dios servido que, habiendo de caer la imágen la cabeza las gradas abajo, y los pies en las gradas altas, que son tres ó cuatro, la hallaron los religiosos, pasado el temblor, acudiendo luego á la iglesia, la cabeza y rostro en la última grada del altar mayor, y los pies en la última grada junto al suelo, como postrada, pidiendo á su hijo benedictísimo misericordia por aquel pueblo, sin que se le hallase ninguna lesion; solamente el pico de la nariz tanto cuanto como desollado; en el encaje de la caja del Sanctísimo Sacramento ni en la caja no se halló cosa alguna más que si no hobiera pasado temblor alguno, ni la caja se movió de su lugar.

Todos los hombres de la mar tienen singular devocion á esta imágen y convento; los navios que salen llevan sus alcancías señaladas para pedir limosna para Nuestra Señora, y cuando vuelven acuden con la recogida, con mucho amor. Tiene el puerto abundancia de pescado al verano, que es de Noviembre hasta fin de Abril; luego entran las garúas y hace un poco de frio, y entonces hácense los peces á la mar á buscar abrigo.