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Dramas (2 de 2): Lucrecia Borgia; María Tudor; La Esmeralda; Ruy Blas cover

Dramas (2 de 2): Lucrecia Borgia; María Tudor; La Esmeralda; Ruy Blas

Chapter 31: Prefacio
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About This Book

Four historical dramas present interwoven examinations of moral deformity, parental love, and the corrupting effects of power: one piece imagines maternal feeling humanizing a vilified woman, others stage political intrigue, social contrast, and tragic consequences of passion and ambition. The prefatory remarks defend theatrical choices, argue that the stage functions as a public forum for social ideas, and explain the author's intent to use pity and paradox to transform monstrous figures into sympathetic ones. Scenes move between intimate domestic feeling and grand public spectacle, emphasizing themes of redemption, moral ambiguity, and the theater's capacity to provoke social reflection.

Prefacio


Dos maneras hay de apasionar á la multitud en el teatro: por lo grande y por lo verdadero; lo grande influye en las masas; lo verdadero en el individuo.

El objeto del poeta dramático, cualquiera que fuere el conjunto de sus ideas sobre el arte, debe ser siempre, ante todo, buscar lo grande, como Corneille, ó lo verdadero, como Molière, ó lo que sería mejor, alcanzar á la vez ambas cosas, lo grande en lo verdadero y lo verdadero en lo grande, como Shakespeare.

Porque, observémoslo de paso, á Shakespeare le fué dado, y á esto debió la soberanía de su genio, conciliar, unir y amalgamar de continuo en su obra esas dos cualidades, la verdad y la grandeza, cualidades casi contrarias, ó por lo menos tan diferentes, que la falta de cada una de ellas constituye lo inverso de la otra. El escollo de lo verdadero es lo pequeño; el escollo de lo grande es lo falso. En todas las obras de Shakespeare hay algo grande que es verdadero y viceversa; en el centro de todas sus creaciones se encuentra el punto de intersección de lo grandioso y de lo verdadero; y allí donde se cruzan las cosas grandes y las verdaderas, el arte es completo. Shakespeare, así como Miguel Ángel, parece haber sido creado para resolver este problema extraño, cuya simple enunciación parece absurda:—mantenerse siempre en la naturaleza, saliendo de ella algunas veces.—Shakespeare exagera las proporciones, pero conserva la relación. ¡Admirable omnipotencia del poeta! Hace cosas más elevadas que nosotros, que viven como nosotros. Hamlet, por ejemplo, es tan verdadero como cualquiera de nosotros, y más grande; Hamlet es colosal, y sin embargo, verdadero; Hamlet no es como uno de vosotros ó como yo; es como todos; Hamlet no es un hombre, es el hombre.

Separar continuamente lo grande á través de lo verdadero, y esto á través de aquello, es, según el autor de este drama, el objeto del poeta en el teatro, manteniendo todas las demás ideas que ha podido desarrollar sobre estas materias. En dos palabras, lo grande y lo verdadero lo encierran todo; la verdad contiene la moralidad; en lo grandioso está lo bello.

Nadie supondrá que el autor haya tenido la presunción de creer que jamás alcanzó ese objeto, ni que podrá alcanzarla nunca; pero se le permitirá declarar públicamente que jamás buscó otro en el teatro hasta hoy día. El nuevo drama que ha hecho representar es un esfuerzo más hacia ese brillante fin. ¿Cuál es, en efecto, la idea que ha tratado de realizar en María Tudor? Hela aquí: una reina que sea mujer; grande como soberana, verdadera como mujer.

El autor lo ha dicho ya en otra parte: el drama, tal como le comprende, el drama, tal como quisiera verle creado por un hombre de genio, el drama según el siglo XIX, no es la tragicomedia altiva, desmesurada, española y sublime de Corneille; no es la tragedia abstracta, amorosa, ideal y divinamente elegíaca de Racine; no es la comedia profunda, sagaz, penetrante y demasiado irónica de Molière; no es la tragedia de intención filosófica de Voltaire; no es la comedia de acción revolucionaria de Beaumarchais; no es más que todo eso, pero lo es todo á la vez; ó mejor dicho, no es nada de eso. No es, como en los grandes hombres que acabamos de citar, un solo lado de las cosas, sistemático y continuamente sacado á luz; es el conjunto considerado á la vez bajo todas sus fases. Si hubiera hoy un hombre que pudiese realizar el drama tal como le comprendemos, este drama sería el corazón humano, la cabeza humana, la pasión humana, la voluntad humana; sería el pasado resucitado en provecho del presente; sería la historia que nuestros padres hicieron, confrontada con la que nosotros hacemos; sería mezclar en la escena todo lo que se mezcla en la vida; sería un motín allá y un diálogo de amor aquí; en este último una lección para el pueblo, y en el otro un grito para el corazón; sería la risa, y también las lágrimas; sería el bien, el mal, lo superior, lo inferior, la fatalidad, la providencia, el genio, la casualidad, la sociedad, el mundo, la naturaleza, la vida; y algo grande cerniéndose sobre todo esto.

Á este drama, que constituiría para la multitud una enseñanza perpetua, le sería permitido todo, porque estaría en su esencia no abusar de nada. Llegaría á ser tan notorio por su lealtad, elevación, utilidad y recta conciencia, que no se le acusaría nunca de buscar el efecto y el ruido allí donde sólo hubiera deseado obtener una lección moral. Podría llevar á Francisco I á casa de Magalona sin hacerse sospechoso; producir en el corazón de Didier un sentimiento compasivo para Marion; y sin que se le tachase de enfático y exagerado, como al autor de María Tudor, presentar ampliamente en la escena, con toda su terrible realidad, ese formidable triángulo que tan á menudo aparece en la historia: una reina, un valido y un verdugo.

El hombre que crease este drama debería tener dos cualidades: conciencia y genio. El autor que habla aquí, sabe ya que sólo tiene la primera; mas no por eso dejará de continuar lo que ha comenzado, deseando que otros lo hagan mejor. Hoy día, un numeroso público, cada vez más inteligente, acoge con favor todas las tentativas formales del arte; y todo lo que ahora hay de elevado en la crítica ayuda y estimula al poeta. ¡Venga, pues, el poeta! En cuanto al autor de este drama, seguro del porvenir, que progresa, y de que, á falta de talento, se le tendrá algún día en cuenta su perseverancia, fija una mirada serena, confiada y tranquila en la multitud que todas las noches dispensa aún á esta obra incompleta tanta curiosidad, interés y atención. Ante esa multitud comprende la responsabilidad que sobre él pesa, y acéptala tranquilo. Jamás pierde un instante de vista en sus trabajos al pueblo que el teatro civiliza, la historia que el teatro explica, y el corazón humano que el teatro aconseja. Mañana dejará la obra terminada por la que se ha de hacer; y saldrá de esa multitud para retirarse á su soledad, soledad profunda donde no llega ninguna influencia perniciosa del mundo exterior; donde la juventud, su amiga, se presenta algunas veces para estrecharle la mano, donde está solo con su pensamiento, su independencia y su voluntad. La soledad le será más que nunca grata, porque sólo en ella se puede trabajar para la multitud; y más que nunca tendrá su espíritu, su obra y su pensamiento alejados de toda camarilla, pues conoce algo más grande que ésta: los partidos; algo más grande que los partidos: el pueblo; y algo superior al pueblo: la humanidad.

17 Noviembre 1833.