Buenos Aires, Julio 1919.
PIGRICIA
camina que camina por la llanura inmensa,
y tengo la fatiga que pide, en recompensa,
echarse sobre el polvo como un perro aterido.
y el árido horizonte, que sabiamente piensa,
me dice:—Tú no eres para la vida intensa;
tiéndete bajo un árbol y quédate dormido.
que tenue y suavemente debilita mi aliento
y que a llorar me obliga sin saber yo por qué.
la pereza apacible de la luz vespertina,
la tristeza del nido que sin alas se ve.
Madrid, Octubre 1916.
LA CASTAÑERA
envuelve en púrpura a Madrid.
Todos los transeuntes van con ligero paso.
Y son, cristal la calle; la lejanía, raso,
y cúpulas y torres y remates, rubí.
frente al brasero mustio que apenas da calor,
está una viejecita, que, asando sus castañas,
murmura sotto voce quién sabe qué canción.
la viejecita canta cuando el atardecer
es limpio... Canta a solas, con júbilo, quién sabe
qué canción de placer.
Ella me ve y responde:—Señor, lo que sentí.
¡Y estoy emocionado, porque recuerdo a tantas
gentes que son así!...
Madrid, 25 Enero 1919.
MAÑANA DE ENERO
En el Paseo del Prado.
su varillaje y fingen un dibujo nipón
hecho, a líneas obscuras, en seda blanca.
Sueñan,
a lo lejos, dos fuentes de colmado tazón.
el agua de la fuente de vidrio ahumado es;
es un manchón de niebla la gente que camina,
y el fango del suelo hunden las huellas de los pies.
con un clavo de plata, lívido y diagonal,
y en planos nebulosos, el caserío extiende
sobre el espacio una silueta fantasmal.
húmedo y penumbroso del invierno español,
¡qué solo y qué nostálgico mi espíritu se siente!...
Me acuerdo de mis lares y digo de repente,
como el Osvaldo de Ibsen:
—¡Madre, yo quiero el sol!
Madrid, Enero 1919.
ALMA CIEGA
Anduve el mundo con el alma ciega.
Imaginóse el alma que veía,
y fué una mariposa en la bujía,
y fué una flor que al huracán se entrega.
Junto a toda promesa de cariño,
de la veste carnal rompió los lazos
y se mostró desnuda como un niño.
en las rutas del mal, dejó sus huellas;
y algunas veces se quedó dormida
a la piadosa luz de las estrellas.
de aspirar el perfume de la rosa,
y oir del ave el canto,
de la hoja el vuelo y de la fuente el llanto.
y a cada instante, hambrienta de ilusiones,
detúvose en la orilla del camino
a oler el campo y a cantar canciones.
mas presintió la claridad del día,
y recibió con voluntad serena
el placer fácil y la dócil pena...
Madrid, Diciembre 1918.
MI AMIGO EL POETA
que no me traiciona ni habla mal de mí.
Es también poeta; tiene voz y lira.
Hace ya tres años que lo conocí.
diez y seis. Yo andaba por un sitio agreste;
la tarde encendía magias y portentos
en el solitario Parque del Oeste.
un fresco ramaje me dió sombra buena;
y oí, como en sueños, el ruido manso
que pone en olvido gloria, ambición, pena.
que, entre la arboleda, noblemente erguido,
tendía sus ramas, sereno y augusto,
como un candelabro de jade bruñido.
la noche: un lucero brillaba en la cumbre;
y las guiñadoras luces de las ventas
brincaban como unos insectos de lumbre.
de sol. Todo era misterio divino.
Y el pino cantaba, y el viento de Mayo
cantaba... Cantaban el viento y el pino.
olvidé pesares que al pecho se clavan,
y las juveniles y dulces memorias,
como árbol y viento, cantaban, cantaban.
en el bondadoso parque madrileño
al noble poeta que me hizo el milagro
de arrullar mi angustia y evocar mi ensueño.
gracias por tus leves canciones suaves,
y por la caricia de tu fronda obscura
y por el angélico trinar de tus aves!
tú, que me recuerdas las frondas amigas
del jardín remoto de mi amor primero;
tú, que mi cansada soledad abrigas:
cuando ya no queden ni huellas de enero
y el campo se cubra de flores y espigas,
¡tiéndeme tus ramas, árbol extranjero,
para que a tu sombra duerman mis fatigas!
Madrid, Febrero 1919.
DONES
ingenua; su ironía
amable: su risueño y apacible candor.
¡Gran ofrenda la suya! Pero tú, madre mía,
tú me hiciste el regalo de tu suave dolor.
el anhelo nervioso e incansable de amar;
las recónditas ansias de creer; la dulzura
de sentir la belleza de la vida, y soñar.
—el gozoso y el triste—en una hora de amor,
nació mi alma inarmónica: pero tú, madre, eres
quien me ha dado el secreto de la paz interior.
va, doliente, el espíritu, desesperado, no.
La placidez alegre poco a poco se agota;
mas sobre la sonrisa que me dió el padre, brota
de mis ojos la lágrima que la madre me dió.
Madrid, Febrero 8-1919.
IGNORANCIA
que del misterioso destino recibes,
se deslizan horas alegres y suaves:
tú, como un sonámbulo, las gozas, las vives,
pero no lo sabes.
la sombra de un ángel visita tu casa;
tu vaso se colma de lúcido vino...
Oyes, sueñas, bebes... Y todo no es sino
la dicha que pasa.
sorpresa, en tu alma brilla de repente,
como en negra cárcel un rayo de luna,
el dulce recuerdo que orea, como una
caricia, tu frente.
en lugar del triunfo te dió la derrota.
Mas como las cumbres, la ventura ida
parece más bella, más azul y erguida
cuanto más remota.
a escuchar el canto de la primavera.
El vino de ensueño que en el vaso tuve,
apuré de un sorbo. Dejé ir al querube
sin decirle: ¡espera!
Sin vino y sin ángel, prosigues el drama.
Tu casa está sola; tu vaso está seco.
¡Sufre en paz; que, a veces, sobre el árbol hueco
da flor una rama!
Madrid, Mayo 1919.
CREPUSCULO DE MAYO
inquietud, un impulso de volar al placer.
Hoy, con la vida estéril y la conciencia huraña,
hoy, que nadie me espera, que nadie me acompaña,
sólo siento el cansancio que hay en todo mi ser.
(¡Qué azul es este cielo primaveral de España!
Los árboles empiezan a reverdecer...)
—Mi balcón está abierto frente al atardecer.—
La senil amargura que humedece mi entraña
sube en onda de llanto y mis ojos empaña.
—Las memorias invaden el rincón del ayer,
y, arácnidos obscuros, tejen su telaraña.
Ya, con los años, supe lo que debo saber:
que el pensamiento yerra y el corazón engaña.
De angustia y de cansancio me duele todo el ser.
(¡Qué hermoso es este cielo primaveral de España!
Los árboles empiezan a reverdecer...)
Madrid, Mayo de 1919.
EL COFRE VACIO
flores ni joyas... Vivo sin ansia y sin pasión.
Gasté el zafir del sueño, la sarta de diamantes
del llanto, y el ardiente rubí del corazón.
que su escarcela exprimen de mesón en mesón,
besando maritornes, charlando con tunantes,
bebiendo ásperos vinos y oyendo una canción.