L sol poniente dora los cristales del mirador. Es un mirador tibio y fragante: Gentiles arcos cerrados por vidrieras de colores le flanquean con ese artificio del siglo galante, que imaginó las pavanas y las gavotas. En cada arco las vidrieras forman tríptico, y puede verse el jardín en medio de una tormenta, en medio de una nevada y en medio de un aguacero. Aquella tarde el sol de otoño penetra hasta el centro, triunfante, como la lanza de un arcángel. El Marqués de Bradomín lee un libro. Florisel, con la montera entre ambas manos, asoma en la puerta.
FLORISEL
¿Da su permiso?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Adelante.
FLORISEL
Dice la señorita mi ama que me mande en cuanto se le ofrezca.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Tú sirves aquí en el palacio?
FLORISEL
Sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Hace mucho tiempo?
FLORISEL
Va para dos años.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y qué haces?
FLORISEL
Pues hago todo lo que me mandan.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Pareces un filósofo estoico!
FLORISEL
Y puede que lo parezca, sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Fué la señorita quien te ha mandado venir?
FLORISEL
Sí, señor. Hallábame yo en la solana adeprendiéndole la riveirana á los mirlos nuevos, que los otros ya la tienen bien adeprendida, cuando la señorita bajó al jardín y me mandó venir.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Tú aquí eres el maestro de los mirlos?
FLORISEL
Sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y ahora, además, eres mi paje?
FLORISEL
Sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Altos cargos!
FLORISEL
Sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y cuántos años tienes?
FLORISEL
Paréceme, paréceme que han de ser doce, pero no estoy cierto.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Antes de venir al palacio, ¿dónde estabas?
FLORISEL
Servía en la casa de Don Juan Manuel Montenegro, que es tío de la señorita.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y qué hacías allí?
FLORISEL
Allí enseñaba al hurón.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Otro cargo palatino!
FLORISEL
Sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y cuántos mirlos tiene la señorita?
FLORISEL
Tan siquiera uno. Son míos... Cuando los tengo bien adeprendidos, se los vendo.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿A quién se los vendes?
FLORISEL
Pues á la señorita, que me los merca todos. ¿No sabe que los quiere para echarlos á volar? La señorita desearía que silbasen la riveirana sueltos en el jardín, pero ellos se van lejos. Un domingo, por el mes de San Juan, venía yo acompañando á la señorita. Pasados los prados de Lantañón, vimos un mirlo que muy puesto en las ramas de un cerezo, estaba cantando la riveirana. Acuérdame que entonces dijo la señorita: Míralo, adónde se ha venido el caballero.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Es una historia digna de un romance. Tú mereces ser paje de una reina y cronista de un reinado.
FLORISEL
Hace falta suerte, que yo no tengo.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Di, ¿qué es más honroso, enseñar hurones, ó mirlos?
FLORISEL
Todo es igual.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y cómo has dejado el servicio de Don Juan Manuel Montenegro?
FLORISEL
Porque ya tiene muchos criados. ¡Qué gran caballero es Don Juan Manuel! Dígole, que en el Pazo todos los criados le tenían miedo. Don Juan Manuel es mi padrino, y fué quien me trujo al palacio para que sirviese á la señorita.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y dónde te iba mejor?
FLORISEL
Al que sabe ser humilde, en todas partes le va bien.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Es una réplica calderoniana! ¡También sabes decir sentencias! Ya no puede dudarse de tu destino: Has nacido para vivir en un palacio, educar mirlos, amaestrar los hurones, ser ayo de un príncipe y formar el corazón de un gran rey.
FLORISEL
Para eso, además de suerte, hacen falta muchos estudios.
OR la avenida de mirtos llega una sombra blanca: sus manos de fantasma tocan en los cristales del mirador. El jardín se esfuma en la vaga luz del crepúsculo. Los cipreses y los laureles cimbrean con augusta melancolía sobre las fuentes abandonadas, algún tritón cubierto de hojas borbotea á intervalos su risa quimérica, y el agua tiembla en la sombra con latido de vida misteriosa y encantada. Se oye una risa de plata que parece timbarse con el rumor de la fuente.
LA DAMA
¿Tienes ahí á Florisel?
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Florisel es el paje?
LA DAMA
Sí.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Parece bautizado por las hadas.
LA DAMA
Yo soy su madrina.
FLORISEL
¿Qué me mandaba?
LA DAMA
Que subas estas rosas. Todas son para ti, Xavier.
A sombra, que se esfuma detrás de los cristales, muestra su falda donde las rosas desbordan como el fruto ideal de unos amores que sólo floreciesen en los besos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Estás desnudando el jardín.
LA DAMA
Algunas se han deshojado. ¡Míralas, qué lástima!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Es el otoño que llega.
LA DAMA
¡Ah, qué fragancia!
UNDE en aquella frescura aterciopelada sus mejillas pálidas, y alza la cabeza y respira con delicia, cerrando los ojos y sonriendo, cubierto el rostro de rocío, como otra rosa, una rosa blanca. A modo de lluvia arroja sobre el Marqués de Bradomín las rosas deshojadas en su falda.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Volveremos á recorrer juntos el jardín y el Palacio.
LA DAMA
Como en otro tiempo, cuando éramos niños.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Hermosos y lejanos recuerdos!
LA DAMA
Cuando te fuiste, yo elegí este retiro para toda mi vida.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Es más poético que un convento.
LA DAMA
No te burles de mi pena, Xavier.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No me burlo, Concha: solamente me sonrío, y una sonrisa es á veces más triste que las lágrimas.
LA DAMA
Yo sé eso. En esta hora de la tarde el jardín parece lleno de recogimiento.
EL MARQUES DE BRADOMIN
El jardín y el palacio tienen esa vejez señorial y melancólica de los lugares por donde en otro tiempo pasó la vida amable de la galantería y del amor. Bajo la fronda del laberinto, sobre las terrazas y en los salones, han florecido las risas y los madrigales, cuando las manos blancas que en los viejos retratos sostienen apenas los pañolitos de encaje iban deshojando las margaritas que guardan el cándido secreto de los corazones.
LA DAMA
¡Mis manos también las han deshojado!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y las hojas, al volar, te han dicho cuánto yo te quería.
LA DAMA
Me han engañado.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Divinas manos de Dolorosa!
LA DAMA
Manos de muerta.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Manos de princesa encantada, que han de guiarme en una amorosa peregrinación á través del palacio y del jardín.
LA DAMA
Como en otro tiempo, cuando yo te guiaba para que jugásemos, unas veces en la torre, otras en la biblioteca, otras en aquel mirador ya derruído que daba sobre las tres fuentes. ¡Tiempos aquellos en que nuestras risas locas y felices turbaban el recogimiento del palacio, y se desvanecían por los corredores oscuros, por los salones, por las antesalas!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y al abrirse lentamente las puertas de floreados herrajes, exhalábase del fondo de los salones el aroma lejano de otras vidas.
LA DAMA
¡Tú también te acuerdas! ¿Y te acuerdas de un salón que tiene de corcho el estrado? Allí nuestras pisadas no despertaban rumor alguno.
EL MARQUES DE BRADOMIN
En el fondo de los espejos el salón se prolongaba hasta el ensueño, como en un lago encantado, y los personajes de los retratos parecían vivir olvidados en una paz de siglos.
LA DAMA
¿Te acuerdas? ¿Y te acuerdas cuando nos cogíamos de la mano para saltar delante de las consolas y ver estremecerse los floreros cargados de rosas, y los fanales adornados con viejos ramajes y los candelabros?..
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡También me acuerdo, Concha! Mi alma está cubierta de recuerdos, como ese viejo jardín está cubierto de hojas. Es el otoño que llega para todos. Concha, tú sonríes y en tu sonrisa siento el pasado, como un aroma entrañable de flores marchitas que trae alegres y confusas memorias.
AY un silencio. En la penumbra de la tarde las voces apagadas tienen un profundo encanto sentimental, y en la oscuridad crece el misterio de los rostros y de las sonrisas. Lentamente la dama alza su mano diáfana como mano de fantasma y toca la mano del Marqués de Bradomín.
LA DAMA
¿En qué piensas, Xavier?
EL MARQUES DE BRADOMIN
En el pasado, Concha.
LA DAMA
Tengo celos de él.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Es el pasado de nuestros amores.
LA DAMA
¡Qué triste pasado! Fué allá, en el fondo del laberinto, donde nos dijimos adiós.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y, como ahora, los tritones de la fuente borboteaban su risa, aunque entonces tal vez nos haya parecido que lloraban.
LA DAMA
Todo el jardín estaba cubierto de hojas y el viento las arrastraba delante de nosotros con un largo susurro. Las últimas rosas de otoño empezaban á marchitarse y esparcían ese aroma indeciso que tiene la melancolía de los recuerdos. Nos sentamos en un banco de piedra. Ante nosotros se abría la puerta del laberinto, y un sendero, un solo sendero, ondulaba entre los mirtos como el camino de una vida solitaria y triste. ¡Mi vida desde entonces!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Nuestra vida!
LA DAMA
Y todo permanece lo mismo y sólo nosotros hemos cambiado.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No hemos podido ser como los tritones de la fuente, que en el fondo del laberinto aún ríen, con su risa de cristal, sin alma y sin edad.
LA DAMA
Te escribí que vinieses, porque entre nosotros ya no puede haber más que un cariño ideal... Y enferma como estoy, deseaba verte antes de morir. Y ahora me parece una felicidad estar enferma. ¿No lo crees? Es que tú no sabes cómo yo te quiero.
XHALA las últimas palabras como si fuesen suspiros, y con una mano se cubre los ojos. El Marqués de Bradomín besa aquella mano sobre el rostro, y después la aparta dulcemente. Los ojos, los hermosos ojos de enferma, llenos de amor, le miran sin hablar, con una larga mirada. Por la vieja avenida de mirtos que parece flotar en el rosado vapor del ocaso se ve venir al señor Abad de Brandeso.
EL ABAD
¡Vamos, Carabel! ¡Vamos, Capitán!
LA DAMA
Aquí tenemos al Abad de Brandeso.
EL ABAD
Saludo á mi ilustre feligresa y al no menos ilustre Marqués de Bradomín.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Señor Abad, cuántos años sin vernos. Yo le hacía á usted cuando menos canónigo.
EL ABAD
De esta madera se hacen, señor Marqués.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y los papas también.
EL ABAD
Los papas yo no diré tanto. ¡Quieto, Carabel! ¡Quieto, Capitán!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y qué, hay todavía muchas perdices por esta tierra?
EL ABAD
Todavía hay algunas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Usted siempre tan incansable cazador.
EL ABAD
Ya no soy aquel que era. Los años quebrantan peñas: Cuatro anduve por las montañas de Navarra con el fusil al hombro, y hoy me canso apenas salgo á dar un paseo con la escopeta y los perros. ¿Y qué se ha hecho el señor Marqués durante tantos años por esas tierras extranjeras? ¿Cómo no ha pensado en escribir un libro de sus viajes?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya escribo mis memorias.
EL ABAD
¿Serán muy interesantes?
LA DAMA
Lo más interesante no lo dirá.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Digo sólo mis pecados.
EL ABAD
De nuestro ilustre Marqués se cuentan cosas verdaderamente extraordinarias. Las confesiones, cuando son sinceras, encierran siempre una gran enseñanza: recordemos las de San Agustín.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Yo no aspiro á enseñar, sino á divertir, señor Abad. Toda mi doctrina está en una sola frase. ¡Viva la bagatela! Para mí la mayor conquista de la humanidad es haber aprendido á sonreir.
LA DAMA
Yo creo que habremos sonreído siempre.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Es una conquista. Durante muchos siglos, los hombres fueron absolutamente serios. En la Historia hay épocas enteras en las cuales no se recuerda ni una sola sonrisa célebre. En la Biblia, Jehová no sonríe, y los patriarcas y los profetas tampoco.
EL ABAD
Ni falta que les hacía. Los patriarcas y los profetas por seguro que no habrían dicho Viva la bagatela, como nuestro ilustre Marqués.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y en cambio cuando llegaba la ocasión, cantaban, bailaban y tocaban el arpa.
EL ABAD
Señor Marqués de Bradomín, procure usted no condenarse por bagatela.
LA DAMA
En el infierno debió haberse sonreído siempre. ¿No se dice sonrisa mefistofélica?
EL MARQUES DE BRADOMIN
El diablo ha sido siempre un ser superior.
LA DAMA
No le admiremos demasiado señor Marqués. Ese es el maniqueísmo. Ya se me alcanza que usted adopta ese hablar ligero para ocultar mejor sus propósitos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Mis propósitos?
EL ABAD
La misión secreta que trae del Rey nuestro señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Una misión secreta? ¿De veras sospecha usted eso?
EL ABAD
Y conmigo, muchos. Yo comprendo que ciertas negociaciones deben ser reservadas, pero, á fe, no creía que eso rezase con un viejo veterano.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Pero, señor Abad! ¿cómo imagina usted que yo ande en una aventura tan loca?
LA DAMA
Por lo mismo que es loca.
EL ABAD
¿No sigue usted fiel á la Causa?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí.
EL ABAD
Pues entonces...
EL MARQUES DE BRADOMIN
Señor Abad, yo soy carlista por estética. El carlismo tiene para mí la belleza de las grandes catedrales. Me contentaría con que lo declarasen monumento nacional.
EL ABAD
Confieso que no conocía esa clase de carlistas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Los carlistas se dividen en dos grandes bandos: uno, yo, y el otro, los demás.
LA DAMA
¡Uno, tú!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y tú...
EL ABAD
Señor Marqués, usted está tocado de ese terrible gusano de la burla. ¡Volterianismos! ¡Volterianismos de la Francia! Palabra de honor, señor Marqués, ¿no trae usted una misión del Rey?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Palabra de honor, señor Abad, no la traigo.
EL ABAD
Sin duda tienen razón los que dicen que el Abad de Brandeso es un iluso.
ONRÍE tristemente el blanco fantasma de la enferma. Se aparece allá en el fondo del mirador, con las manos cruzadas: Mira hacia el camino, un camino aldeano, solitario y luminoso bajo el sol que muere. Con romántica fatiga levanta su mano de sombra y señala á lo lejos.
LA DAMA
Xavier, mira allá un jinete.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No veo nada.
LA DAMA
Ahora pasa La Fontela.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí, ya le veo.
LA DAMA
Es el tío Don Juan Manuel.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡El magnífico hidalgo del Pazo de Lantañón!
LA DAMA
¡Pobre señor! Estoy segura que viene á verte.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Se ha detenido y nos saluda quitándose el chambergo.
A figura del hidalgo se alza en medio del camino con el montecristo flotante. El caballo relincha noblemente, y el viento mueve sus crines venerables. Es un caballo viejo, prudente, reflexivo y grave como un pontífice. Don Juan Manuel se levanta sobre los estribos y deja oir su voz de tronante fanfarria que despierta un eco lejano.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! ¡Sobrina! Manda abrir la cancela del jardín.
LA DAMA
Xavier, dile tú que ya van.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ya van! ¡Ya van!.. No me ha oído.
EL ABAD
El privilegio de hacerse entender á tal distancia es suyo no más.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ya van!
LA DAMA
Calla, porque jamás confesará que te oye.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ya van!
EL ABAD
Es inútil.
LA DAMA
Míralo, se inclina acariciando el cuello del caballo.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! ¡Sobrina!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Es magnífico!
LA DAMA
Vuelve el caballo hacia el camino, y se va...
EL ABAD
Sin duda le ha parecido que no acudían á franquearle la entrada con toda la presteza requerida.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! No puedo detenerme... Voy á Viana del Prior... Tengo que apalear á un escribano.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡De veras que es magnífico! Ya le tenía casi olvidado. ¡Y qué arrogante, á pesar de los años!
EL ABAD
Se conserva como cuando servía en la Guardia Noble de la Real Persona.
LA DAMA
Y si supieses qué existencia arrastra: Está casi en la miseria.
EL ABAD
Pero es siempre un gran señor. Vive rodeado de criados que no puede pagar, haciendo la vida de todos los mayorazgos campesinos: Chalaneando en las ferias, jugando en las villas y sentándose á la mesa de los curas en todas las fiestas.
LA DAMA
Desde que yo habito en este destierro es frecuente verle aparecer...
EL ABAD
También hace sus visitas á la rectoral. Ata su caballo á la puerta, y éntrase dando voces. Se hace servir vino, y bebe hasta dormirse en el sillón. Cuando se despierta, sea día ó noche, pide el caballo, y dando cabeceos sobre la silla, se vuelve á su Pazo de Lantañón.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Don Juan Manuel Montenegro es el último superviviente de una gran raza.
EL ABAD
Sí que lo es.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Hermano espiritual de aquellos aventureros hidalgos que se enganchaban en los tercios de Flandes ó de Italia por buscar lances de amor, de espada y de fortuna.
LA DAMA
Tú también eres de aquéllos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Yo pude serlo, si no hubiera tenido la manía de leer. Los muchos libros son como los muchos desengaños: no dejan nada en el corazón.
LA DAMA
Dejan al menos los recuerdos, porque tú estás aquí.
EL ABAD
¡Carabel! ¡Capitán!
LA DAMA
¿Nos abandona usted, señor Abad?
EL ABAD
Por breves momentos, contando con su venia. Esta visita no es solamente para saludar á nuestro ilustre Marqués, lo es también para tomar un libro que recuerdo haber visto en la biblioteca del Palacio: «El Florilegio de Nuestra Señora»: una colección de sermones. Tengo encargo de predicar en la fiesta de Santa María de Andrade, que este año se celebra con gran solemnidad.
LA DAMA
La biblioteca entera está á su disposición.
EL ABAD
¡Gracias! ¡Mil gracias!
L Abad sale seguido de sus galgos como de dos acólitos, y en el corredor, ya oscuro, se desvanecen el balandrán y el cloqueo campesino de sus zuecos. Un reloj de cuco da las seis.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ese reloj, sin duda, acuerda el tiempo del fundador.
LA DAMA
¡Qué temprano anochece! Las seis todavía.
L Marqués de Bradomín se acerca á la sombra romántica que se destaca sobre el fondo luminoso de una vidriera, y en silencio le besa una mano. Se oye un tenue suspirar.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Lloras!
LA DAMA
No debimos volver á vernos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Lo que nunca debimos fué separarnos.
LA DAMA
Tú, cuándo tienes que irte?
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Yo? ¡Cuando tú me dejes!
LA DAMA
¡Ay!.. Cuando yo te deje. No te dejaría nunca. Si supieses la soledad de mi vida durante esos años tan largos que estuvimos sin vernos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Mi pobre Concha! Una de esas vidas silenciosas y resignadas que miran pasar los días con una sonrisa triste y lloran de noche en la oscuridad.
LA DAMA
¡Es cierto!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y si yo te contase la mía.
LA DAMA
Tú no tienes que contarme la tuya. Mis ojos la han seguido desde lejos, y la saben toda. ¡Qué vida, Dios mío! Aquel pelo tan negro ya es todo blanco.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ay, Concha, son las penas!
LA DAMA
No, ¡no son las penas!.. Otras cosas son! Tus penas no pueden igualarse á las mías, y yo no tengo blanca la cabeza.
ON una blandura lenta, de caricia sensual, la mano del Marqués de Bradomín retira el alfilerón de oro que sujeta la crencha de la dama, y la ola de seda olorosa y negra rueda sobre los hombros.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ahora tu frente brilla como un astro bajo la crencha negra. ¿Te acuerdas cuando quería que me azotases con la madeja de tu pelo?
LA DAMA
Me acuerdo de todas tus locuras... Xavier, he recibido una carta, tengo que enseñártela.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Una carta? ¿De quién?
LA DAMA
De tu prima Isabel. Viene con las niñas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Isabel Bendaña?
LA DAMA
Sí.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Pero tiene hijas Isabel?
LA DAMA
No, son mis hijas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Tus hijas! En otro tiempo me querían mucho.
LA DAMA
Y tú también las querías.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Qué tienes?
LA DAMA
Nada.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Lloras?
LA DAMA
No.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Las pequeñas están con su padre.
LA DAMA
No. Las tengo educándose en el convento de la Enseñanza.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya serán unas mujeres.
LA DAMA
Sí, están muy altas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Antes eran preciosas. No sé ahora.
LA DAMA
Como su madre.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No, como su madre, nunca.
LA DAMA
Tienes razón. No quiera Dios hacerlas tan desgraciadas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Qué distinta pudo haber sido nuestra vida! Hoy siento un cruel remordimiento por haberte escuchado cuando me suplicaste que te olvidase y que no te viese más. No comprendo cómo obedecí tu ruego. Fué sin duda porque vi tus lágrimas.
LA DAMA
No quieras engañarme una vez más. Yo creí siempre que volverías.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Por qué entonces me suplicaste que me fuese?
LA DAMA
No sé... Tal vez por eso.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y no volví porque esperaba que tú me llamases. ¡Ah!.. El demonio del orgullo.
LA DAMA
No, no fué el orgullo. Fué otra mujer. Hacía mucho tiempo que me traicionabas con ella. ¡Cuando lo supe creí morir!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Sin embargo, qué segura has estado siempre de mi cariño y cómo lo dice la carta con que me has llamado!
LA DAMA
No era de tu cariño, era de tu compasión. ¡Qué pena cuando adiviné por qué no habías vuelto! Pero no he tenido para ti un solo día de rencor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya nada podrá separarnos.
LA DAMA
Nada... Pero tenemos que ser prudentes, Xavier. Si viene Isabel con mis hijas, soló te pido que á su llegada no te hallen aquí. Yo les diré que estás en Lantañón cazando con nuestro tío. Tú vienes una tarde, y sea porque hay tormenta, ó porque le tenemos miedo á los ladrones, te quedas aquí, como nuestro caballero. No te ofendes, ¿verdad?
EL MARQUES DE BRADOMIN
No.
LA DAMA
Sí que te ofendes. Desde ayer estoy dudando, sin atreverme á decírtelo.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y tú crees que engañaremos á Isabel?
LA DAMA
No lo hago por Isabel, lo hago por mis pequeñas, que son unas mujercitas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Y después, qué será lo que nos separe?
LA DAMA
¡Mi muerte! ¡Nada más que mi muerte! Tu amor tiene en mi alma raíces tan profundas como esos árboles que vemos desde aquí. Nada podrá separarnos, Xavier, nada, si no es tu olvido.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Desgraciadamente no sé olvidar.