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En las orillas del Sar

Chapter 15: II
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About This Book

A compact poetic collection of intimate, elegiac lyrics that blend personal sorrow, maternal tenderness, and longing for homeland. The poems juxtapose pastoral and riverine imagery with urban melancholy, giving voice to social hardships, memory, and spiritual resignation. Language relies on folk cadences and musical rhythms while experimenting with concise, fervent stanzaic forms, producing a tone both plaintive and dignified. Occasional prefatory material frames the poet’s life and reception, but the core remains concentrated on mortality, solitude, cultural belonging, and the expressive duties of poetry.

MARGARITA

I

¡Silencio, los lebreles

De la jauría maldita!

No despertéis á la implacable fiera

Que duerme silenciosa en su guarida.

¿No veis que de sus garras

Penden gloria y honor, reposo y dicha?

Prosiguieron aullando los lebreles...

—¡Los malos pensamientos homicidas!—

Y despertaron la temible fiera...

—¡La pasión que en el alma se adormía!—

Y ¡adiós!, en un momento,

¡Adiós gloria y honor, reposo y dicha!

II

Duerme el anciano padre, mientras ella

Á la luz de la lámpara nocturna

Contempla el noble y varonil semblante

Que un pesado sueño abruma.

Bajo aquella triste frente

Que los pesares anublan,

Deben ir y venir torvas visiones,

Negras hijas de la duda.

Ella tiembla..., vacila y se estremece...

¿De miedo acaso, ó de dolor y angustia?

Con expresión de lástima infinita,

No sé qué rezos murmura.

Plegaria acaso santa, acaso impía,

Trémulo el labio á su pesar pronuncia,

Mientras dentro del alma la conciencia

Contra las pasiones lucha.

¡Batalla ruda y terrible

Librada ante la víctima, que muda

Duerme el sueño intranquilo de los tristes

Á quien ha vuelto el rostro la fortuna!

Y él sigue en reposo, y ella,

Que abandona la estancia, entre las brumas

De la noche se pierde, y torna al alba,

Ajado el velo..., en su mirar la angustia.

Carne, tentación, demonio,

¡Oh!, ¿de cuál de vosotros es la culpa?

¡Silencio!... El día soñoliento asoma

Por las lejanas alturas,

Y el anciano despierto, ella risueña,

Ambos su pena ocultan,

Y fingen entregarse indiferentes

Á las faenas de su vida obscura.

III

La culpada calló, mas habló el crimen...

Murió el anciano, y ella, la insensata,

Siguió quemando incienso en su locura,

De la torpeza ante las negras aras,

Hasta rodar en el profundo abismo

Fiel á su mal, de su dolor esclava.

¡Ah! Cuando amaba el bien, ¿cómo así pudo

Hacer traición á su virtud sin mancha,

Malgastar las riquezas de su espíritu,

Vender su cuerpo, condenar su alma?

Es que en medio del vaso corrompido

Donde su sed ardiente se apagaba,

De un amor inmortal, los leves átomos

Sin mancharse, en la atmósfera flotaban.