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En las orillas del Sar

Chapter 64: * * *
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About This Book

A compact poetic collection of intimate, elegiac lyrics that blend personal sorrow, maternal tenderness, and longing for homeland. The poems juxtapose pastoral and riverine imagery with urban melancholy, giving voice to social hardships, memory, and spiritual resignation. Language relies on folk cadences and musical rhythms while experimenting with concise, fervent stanzaic forms, producing a tone both plaintive and dignified. Occasional prefatory material frames the poet’s life and reception, but the core remains concentrated on mortality, solitude, cultural belonging, and the expressive duties of poetry.

* * *

Todas las campanas con eco pausado

Doblaron á muerto:

Las de la basílica, las de las iglesias,

Las de los conventos:

Desde el alba hasta entrada la noche

No cesó el funeral clamoreo:

¡Qué pompa! ¡Qué lujo!

¡Qué fausto! ¡Qué entierro!

Pero no hubo ni adioses ni lágrimas,

Ni suspiros en torno del féretro...

¡Grandes voces sí que hubo!... Y cantáronle,

Cuando le enterraron, un Requiem soberbio.

***

Siente unas lástimas,

¡Pero qué lástimas!...

Y tan extrañas y hondas ternuras...

¡Pero qué extrañas!

Llora á mares por ellos,

Les viste la mortaja

Y les hace las honras...

Después de que los mata.

***

De la noche en el vago silencio,

Cuando duermen ó sueñan las flores,

Mientras ella despierta, combate

Contra el fuego de ocultas pasiones,

Y de su ángel guardián el auxilio

Implora invocando piadosa su nombre:

El de ayer, el de hoy, el de siempre,

Fiel amigo del mal,

Mefistófeles,

En los hilos oculto, del lino

Finísimo y blanco cual copo de espuma,

En donde ella aún más blanca reclina

La cabeza rubia,

Así astuto y sagaz, al oído

De la hermosa en silencio murmura:

«Goza aquél de la vida, y se ríe

Y peca sin miedo del hoy y el mañana,

Mientras tú con ayunos y rezos

Y negros terrores tus horas amargas.»

«Si del hombre la vida en la tumba

¡Oh bella, se acaba,

Qué profundo y cruel desengaño,

Qué chanza pesada

Te juega la suerte,

Le espera á tu alma!»

***

Á la sombra te sientas de las desnudas rocas,

Y en el rincón te ocultas donde zumba el insecto,

Y allí donde las aguas estancadas dormitan

Y no hay humanos seres que interrumpan tus sueños,

¡Quién supiera en qué piensas, amor de mis amores,

Cuando con leve paso y contenido aliento,

Temblando á que percibas mi agitación extrema,

Allí donde te escondes, ansiosa te sorprendo!

—¡Curiosidad maldita!, frío aguijón que hieres

Las femeninas almas, los varoniles pechos,

Tu fuerza impele al hombre á que busque la hondura

Del desencanto amargo y á que remueva el cieno

Donde se forman siempre los miasmas infectos.

—¿Qué has dicho de amargura y cieno y desencanto?

¡Ah!, no pronuncies frases, mi bien, que no comprendo;

Dime sólo en qué piensas cuando de mí te apartas

Y huyendo de los hombres vas buscando el silencio.

—Pienso en cosas tan tristes á veces y tan negras,

Y en otras tan extrañas y tan hermosas pienso,

Que... no las sabrás nunca, porque lo que se ignora

No nos daña si es malo, ni perturba si es bueno.

Yo te lo digo, niña, á quien de veras amo;

Encierra el alma humana tan profundos misterios,

Que cuando á nuestros ojos un velo los oculta,

Es temeraria empresa descorrer ese velo;

No pienses, pues, bien mío, no pienses en qué pienso.

—Pensaré noche y día, pues sin saberlo, muero.—

Y cuenta que lo supo, y que la mató entonces

La pena de saberlo.