El cual describe con laud divino
Lo que Atlas le enseñó por gran fortuna:
Cómo el sol desfallece en su camino;
Por qué altera su faz la móvil luna;
Deónde la bestia de los campos vino;
Cuál fué del hombre la primera cuna;
Qué fuente al mundo suministra el agua;
Dó está de los relámpagos la fragua.
Lo que Atlas le enseñó por gran fortuna:
Cómo el sol desfallece en su camino;
Por qué altera su faz la móvil luna;
Deónde la bestia de los campos vino;
Cuál fué del hombre la primera cuna;
Qué fuente al mundo suministra el agua;
Dó está de los relámpagos la fragua.
CXLVI.
CXLVII.
Y vuela el tiempo en pláticas sabrosas,
Y Dido, platicando, amor apura;
Mil cosas sobre Príamo, y mil cosas
A preguntar sobre Héctor se apresura:
Ya qué huestes trujera pavorosas
El hijo de la Aurora, oir procura;
Ya la historia saber de los gentiles
Potros de Reso, ó el poder de Aquíles.
Y Dido, platicando, amor apura;
Mil cosas sobre Príamo, y mil cosas
A preguntar sobre Héctor se apresura:
Ya qué huestes trujera pavorosas
El hijo de la Aurora, oir procura;
Ya la historia saber de los gentiles
Potros de Reso, ó el poder de Aquíles.
CXLVIII.
LIBRO SEGUNDO.
I.
Todos callan; y Enéas, que cautiva
De todos la atencion, desde alto lecho
Comienza: «¡Oh Reina! mandas que reviva
Inefable dolor mi herido pecho;
Que cómo á manos de la hueste aquíva
El troyano poder cayó deshecho
Recuerde: horrores que podré pintarte,
De ello testigo y no pequeña parte.
De todos la atencion, desde alto lecho
Comienza: «¡Oh Reina! mandas que reviva
Inefable dolor mi herido pecho;
Que cómo á manos de la hueste aquíva
El troyano poder cayó deshecho
Recuerde: horrores que podré pintarte,
De ello testigo y no pequeña parte.
II.
«Mas ¿quién, ya que secuaz de Ulíses fuera,
Si á tan largo dolor velos levanto,
Qué Mirmidon, qué Dólope lo oyera
Sin dar, á su pesar, tributo en llanto?
Acercándose al fin de su carrera
Hé aquí la húmeda Noche rueda en tanto,
Y extinguiendo en la mar sus luces bellas
A descanso convidan las estrellas.
Si á tan largo dolor velos levanto,
Qué Mirmidon, qué Dólope lo oyera
Sin dar, á su pesar, tributo en llanto?
Acercándose al fin de su carrera
Hé aquí la húmeda Noche rueda en tanto,
Y extinguiendo en la mar sus luces bellas
A descanso convidan las estrellas.
III.
»Mas pues tu noble corazon consiente
En ser de este dolor particionero;
Pues mandas que de Pérgamo te cuente
El afan congojoso postrimero
En breve narracion; aunque se siente
Horrorizado el ánimo, y del fiero
Espectáculo aparta la memoria,
Principiaré la miseranda historia.
En ser de este dolor particionero;
Pues mandas que de Pérgamo te cuente
El afan congojoso postrimero
En breve narracion; aunque se siente
Horrorizado el ánimo, y del fiero
Espectáculo aparta la memoria,
Principiaré la miseranda historia.
IV.
»Yacian con el cerco prolongado
Rotos los jefes de la hueste aquea,
Maltrechos siempre del adverso hado;
Cuando Minerva en su favor emplea
Artificio sagaz. Por su mandado
Hueca mole fabrican gigantes
Que gran caballo al parecer figura,
De recia tablazon y contextura.
Rotos los jefes de la hueste aquea,
Maltrechos siempre del adverso hado;
Cuando Minerva en su favor emplea
Artificio sagaz. Por su mandado
Hueca mole fabrican gigantes
Que gran caballo al parecer figura,
De recia tablazon y contextura.
V.
VI.
»Frontera á Troya Ténedos se ostenta,
Que otro tiempo gozó de nombradía:
Isla famosa, fértil, opulenta
Durante la troyana monarquía:
En su abandono y soledad presenta
Hora á las naves pérfida bahía:
A sombra de sus costas sin testigo
Los bajeles enseña el enemigo.
Que otro tiempo gozó de nombradía:
Isla famosa, fértil, opulenta
Durante la troyana monarquía:
En su abandono y soledad presenta
Hora á las naves pérfida bahía:
A sombra de sus costas sin testigo
Los bajeles enseña el enemigo.
VII.
»Pensamos que, la vela dada al viento,
Bogando irian por la mar serena
Para la patria: el largo abatimiento
La ciudad de sus hijos enajena:
Las puertas abre; al griego acampamento
Rápida corre de alborozo llena
La multitud, y visitar le agrada
Yermo el campo, la playa abandonada.
Bogando irian por la mar serena
Para la patria: el largo abatimiento
La ciudad de sus hijos enajena:
Las puertas abre; al griego acampamento
Rápida corre de alborozo llena
La multitud, y visitar le agrada
Yermo el campo, la playa abandonada.
VIII.
IX.
»Fuese traicion, ó que la adversa suerte
Para entónces el golpe reservase,
Timétes clama que la mole al fuerte
Se lleve al punto, y las murallas pase.
Cápis, empero, que el peligro advierte,
Aconseja con otros que la abrase
Fuego voraz, y la vecina onda,
El sospechoso dón trague y esconda;
Para entónces el golpe reservase,
Timétes clama que la mole al fuerte
Se lleve al punto, y las murallas pase.
Cápis, empero, que el peligro advierte,
Aconseja con otros que la abrase
Fuego voraz, y la vecina onda,
El sospechoso dón trague y esconda;
X.
»Ó que el oscuro seno se barrene
Para indagar lo que en el fondo encela.
Indecisa la turba se mantiene.
En esto de la excelsa ciudadela
Con numerosa muchedumbre viene
Laoconte, al campo arrebatado vuela,
Y, «¡Oh desgraciados!» desde léjos grita:
«¿Qué demencia á la muerte os precipita?
Para indagar lo que en el fondo encela.
Indecisa la turba se mantiene.
En esto de la excelsa ciudadela
Con numerosa muchedumbre viene
Laoconte, al campo arrebatado vuela,
Y, «¡Oh desgraciados!» desde léjos grita:
«¿Qué demencia á la muerte os precipita?
XI.
XII.
»Ello, hay engaño. ¡Oh Teucros, confianza
»Negad á ese caballo! Como quiera,
»Yo temo de los Griegos la asechanza
»A vuelta de sus dones traicionera.»
Dijo; y desembrazó fornida lanza
Hácia un lado del cóncavo; certera
Vuela, clávase, vibra: conmovido
Dió el seno cavernoso hondo bramido.
»Negad á ese caballo! Como quiera,
»Yo temo de los Griegos la asechanza
»A vuelta de sus dones traicionera.»
Dijo; y desembrazó fornida lanza
Hácia un lado del cóncavo; certera
Vuela, clávase, vibra: conmovido
Dió el seno cavernoso hondo bramido.
XIII.
»¡Ay! á no ser por la fortuna impía
Que nos robaba libertad y acierto,
Laoconte en su furor logrado habria
Que pusiésemos luégo en descubierto,
Hendiendo la armazon, la alevosía.
Aun hoy tu alcázar descollara yerto,
¡Oh Patria! ¡al filo de traidora espada
No cayera tu pompa derribada!
Que nos robaba libertad y acierto,
Laoconte en su furor logrado habria
Que pusiésemos luégo en descubierto,
Hendiendo la armazon, la alevosía.
Aun hoy tu alcázar descollara yerto,
¡Oh Patria! ¡al filo de traidora espada
No cayera tu pompa derribada!
XIV.
XV.
»La multitud agólpase, y denuesta
Al prisionero que curiosa mira.
(Reina, las artes de los Griegos de esta
Traicion colige; su maldad admira.)
Inerme se detiene, manifiesta
Medrosa turbacion: los ojos gira
La turba rodeando que le oprime,
Abre los labios, y temblando gime:
Al prisionero que curiosa mira.
(Reina, las artes de los Griegos de esta
Traicion colige; su maldad admira.)
Inerme se detiene, manifiesta
Medrosa turbacion: los ojos gira
La turba rodeando que le oprime,
Abre los labios, y temblando gime:
XVI.
«¡Cielos! ¿á dónde me arrojais? ¿qué puerto
»Queda ya á mi infortunio? La cadena
»Del Griego á quebrantar áun bien no acierto,
»Y ya el Troyano á muerte me condena.»
Compone á su gemido el desconcierto
La multitud, el ímpetu serena,
Y con instancia á declarar le mueve
Patria, linaje, y la intencion que lleve.
»Queda ya á mi infortunio? La cadena
»Del Griego á quebrantar áun bien no acierto,
»Y ya el Troyano á muerte me condena.»
Compone á su gemido el desconcierto
La multitud, el ímpetu serena,
Y con instancia á declarar le mueve
Patria, linaje, y la intencion que lleve.
XVII.
XVIII.
»Quizá en conversacion por accidente,
»De Palamédes, generosa rama
»Del linaje de Belo floreciente,
»Llegó á tu oido el claro nombre y fama.
»Porque la guerra no aprobó, demente
»Llamóle el pueblo, y con indigna trama
»Trájole al hierro de la muerte: ahora
»Inmaculado le confiesa y llora.
»De Palamédes, generosa rama
»Del linaje de Belo floreciente,
»Llegó á tu oido el claro nombre y fama.
»Porque la guerra no aprobó, demente
»Llamóle el pueblo, y con indigna trama
»Trájole al hierro de la muerte: ahora
»Inmaculado le confiesa y llora.
XIX.
»Mi padre, escasa el arca de dinero,
»Guerrero aventuróme, y al cuidado
»De aquel varon fióme, compañero
»Antiguo nuestro y próximo allegado.
»Tomámos de esta playa el derrotero
»Muy al principio. Prosperó el Estado
»Miéntras honrarle y atenderle supo,
»Y parte á mí de su esplendor me cupo.
»Guerrero aventuróme, y al cuidado
»De aquel varon fióme, compañero
»Antiguo nuestro y próximo allegado.
»Tomámos de esta playa el derrotero
»Muy al principio. Prosperó el Estado
»Miéntras honrarle y atenderle supo,
»Y parte á mí de su esplendor me cupo.
XX.
XXI.
»Ni pudiendo tener contino á raya,
»Demente ya, mi cólera sombría,
»Clamé, juré que si á la amada playa
»Tornase vencedor, me vengaria.
»Odios que Ulíses en silencio ensaya
»Hubo de acarrearme la osadía
»De mis palabras: sin enmienda aquello
»Vino á poner á mi desgracia el sello.
»Demente ya, mi cólera sombría,
»Clamé, juré que si á la amada playa
»Tornase vencedor, me vengaria.
»Odios que Ulíses en silencio ensaya
»Hubo de acarrearme la osadía
»De mis palabras: sin enmienda aquello
»Vino á poner á mi desgracia el sello.
XXII.
»De entónces más, calumnias el aleve
»Ideó nuevas: comenzó rumores
»Vagos á propalar entre la plebe;
»Ni pudo sosegar en los terrores
»Con que el crímen persigue, hasta que en breve
»Con Cálcas, el augur, á sus rencores ...
»Mas ¿á qué, derramando el pensamiento,
»Así os fatigo, y mi dolor aumento?
»Ideó nuevas: comenzó rumores
»Vagos á propalar entre la plebe;
»Ni pudo sosegar en los terrores
»Con que el crímen persigue, hasta que en breve
»Con Cálcas, el augur, á sus rencores ...
»Mas ¿á qué, derramando el pensamiento,
»Así os fatigo, y mi dolor aumento?
XXIII.
»Ya os dije, Griego soy: ¿qué más indicio,
»Si á todos nos nivela vuestra saña?
»Ea, pues: ¡consumad el sacrificio!
»Bien los de Atreo os pagarán la hazaña;
»Su triunfo, el Itacense.» El artificio
No vemos con que á fuer de Griego engaña;
Antes le instamos á explicarlo todo.
Con fina astucia y misterioso modo,
»Si á todos nos nivela vuestra saña?
»Ea, pues: ¡consumad el sacrificio!
»Bien los de Atreo os pagarán la hazaña;
»Su triunfo, el Itacense.» El artificio
No vemos con que á fuer de Griego engaña;
Antes le instamos á explicarlo todo.
Con fina astucia y misterioso modo,
XXIV.
«Los Griegos,» sigue, «no una vez la prora
»Volver pensaron, y soltar la clava,
»Del asedio cansados. En mal hora
»Tornábalos á puerto la onda brava
»Y el ala de los vientos bramadora.
»Mas esa estatua al ver, que en pié se alzaba,
»Con ira nueva y general tronido
»Resonó el cielo en llamas encendido.
»Volver pensaron, y soltar la clava,
»Del asedio cansados. En mal hora
»Tornábalos á puerto la onda brava
»Y el ala de los vientos bramadora.
»Mas esa estatua al ver, que en pié se alzaba,
»Con ira nueva y general tronido
»Resonó el cielo en llamas encendido.
XXV.
»Eurípilo, que hicimos acudiera
»Al apolíneo oráculo, tornando
»Trajo esta, en solucion, voz lastimera:
»Griegos: los vientos aplacasteis, cuando
»Marchabais á Ilíon la vez primera,
»En el ara una vírgen inmolando:
»Si en la vuelta anhelais propicia calma,
»Sangre verted, sacrificad un alma.
»Al apolíneo oráculo, tornando
»Trajo esta, en solucion, voz lastimera:
»Griegos: los vientos aplacasteis, cuando
»Marchabais á Ilíon la vez primera,
»En el ara una vírgen inmolando:
»Si en la vuelta anhelais propicia calma,
»Sangre verted, sacrificad un alma.
XXVI.
XXVII.
»Ya de aquel pecho de piedad desnudo
»Sondando muchos el ardid secreto,
»Me auguraban mal fin. Diez dias mudo
»Difirió Cálcas el fatal decreto.
»Cediendo al cabo al clamoreo agudo,
»Y á la mente ajustando del inquieto
»Instigador el fallo, lo pronuncia:
»Yo la víctima soy; mi nombre anuncia.
»Sondando muchos el ardid secreto,
»Me auguraban mal fin. Diez dias mudo
»Difirió Cálcas el fatal decreto.
»Cediendo al cabo al clamoreo agudo,
»Y á la mente ajustando del inquieto
»Instigador el fallo, lo pronuncia:
»Yo la víctima soy; mi nombre anuncia.
XXVIII.
»Place á todos; y el golpe que temia
»Cada uno enántes en su mal, en cuanto
»Sobre un triste desciende, en alegría
»Pública trueca el general quebranto.
»Ya se acercaba el tenebroso dia
»De la degollacion: con gozo, en tanto,
»La salsamola alistan, y disponen
»Fúnebres vendas que mi sien coronen.
»Cada uno enántes en su mal, en cuanto
»Sobre un triste desciende, en alegría
»Pública trueca el general quebranto.
»Ya se acercaba el tenebroso dia
»De la degollacion: con gozo, en tanto,
»La salsamola alistan, y disponen
»Fúnebres vendas que mi sien coronen.
XXIX.
XXX.
»Ellos, blanco al furor de mis tiranos,
»Por mí habrán de lastar en roja pira!
»Por los dioses del cielo soberanos
»Que apartan la verdad de la mentira,
»Por la noble lealtad, si ya en humanos
»Pechos cupo lealtad, la suerte mira
»No merecida, ¡oh Rey! que en mi se ceba;
»Tanto infortunio á compasion te mueva!»
»Por mí habrán de lastar en roja pira!
»Por los dioses del cielo soberanos
»Que apartan la verdad de la mentira,
»Por la noble lealtad, si ya en humanos
»Pechos cupo lealtad, la suerte mira
»No merecida, ¡oh Rey! que en mi se ceba;
»Tanto infortunio á compasion te mueva!»
XXXI.
»La piedad que con lágrimas demanda,
Con lágrimas le dan los corazones.
Abogamos por él. Al punto manda
Que los lazos le suelten y prisiones
El Rey, y así le dice con voz blanda:
«Olvida ya las bárbaras legiones,
»Mancebo, y sus malvados procederes:
»De hoy más, quienquier tú seas, nuestro eres.
Con lágrimas le dan los corazones.
Abogamos por él. Al punto manda
Que los lazos le suelten y prisiones
El Rey, y así le dice con voz blanda:
«Olvida ya las bárbaras legiones,
»Mancebo, y sus malvados procederes:
»De hoy más, quienquier tú seas, nuestro eres.
XXXII.
XXXIII.
»¡Astros eternos! ¡Dioses que castigos
»Al dolo reservais! ¡Cuchilla! ¡velo!
»¡Aras del sacrificio! sed testigos
»Del derecho cabal con que cancelo
»Antiguos pactos: odio á los que amigos
»Pude llamar; ¡sus crímenes revelo!
»Mas ¡oh! ¡si en mí tu salvacion se apoya,
»Guárdate fiel á tus promesas, Troya!
»Al dolo reservais! ¡Cuchilla! ¡velo!
»¡Aras del sacrificio! sed testigos
»Del derecho cabal con que cancelo
»Antiguos pactos: odio á los que amigos
»Pude llamar; ¡sus crímenes revelo!
»Mas ¡oh! ¡si en mí tu salvacion se apoya,
»Guárdate fiel á tus promesas, Troya!
XXXIV.
»Los Griegos de Minerva en el robusto
»Auxilio descansaron confiados
»Hasta que el hijo de Tideo injusto
»Y fraguador Ulíses de atentados,
»Su estatua milagrosa al templo augusto
»Se aunaron á robar; y, degollados
»Los guardias del castillo, con sangrienta
»Mano asieron de la alba vestimenta.
»Auxilio descansaron confiados
»Hasta que el hijo de Tideo injusto
»Y fraguador Ulíses de atentados,
»Su estatua milagrosa al templo augusto
»Se aunaron á robar; y, degollados
»Los guardias del castillo, con sangrienta
»Mano asieron de la alba vestimenta.
XXXV.
XXXVI.
»Incontinente Cálcas determina
»Que el sitio los guerreros abandonen;
»Diz que en vano de Troya la rüina,
»Por bien que la expugnaren, presuponen,
»Si, tornando á cruzar la onda marina,
»En Argos los auspicios no reponen,
»Á la Diosa aplacando en sus desvíos
»Que cuidaron llevar en los navíos.
»Que el sitio los guerreros abandonen;
»Diz que en vano de Troya la rüina,
»Por bien que la expugnaren, presuponen,
»Si, tornando á cruzar la onda marina,
»En Argos los auspicios no reponen,
»Á la Diosa aplacando en sus desvíos
»Que cuidaron llevar en los navíos.
XXXVII.
»Á Micénas ahora encaminados
»(De Cálcas los auspicios tal declaran),
»Prevenidos mejor y apertrechados,
»La vuelta á dar de asalto se preparan,
»Mas ántes que partiesen, avisados,
»En igual de la que ímpios enojaran
»Robada estatua, edificaron ésta
»Para purgar la violacion funesta.
»(De Cálcas los auspicios tal declaran),
»Prevenidos mejor y apertrechados,
»La vuelta á dar de asalto se preparan,
»Mas ántes que partiesen, avisados,
»En igual de la que ímpios enojaran
»Robada estatua, edificaron ésta
»Para purgar la violacion funesta.
XXXVIII.
XXXIX.
»Que si este dón violais—el agorero
»Pronostica (primero se convierta
»En quiebra suya el malhadado agüero!)—
»Troya vencida quedará y desierta:
»¿Qué es Troya? ¡el Asia! ¡Triunfareis, empero,
»Si le internareis, la muralla abierta,
»Y á las aguas de Grecia vuestras proras
»Irán, andando el tiempo, vencedoras!»
»Pronostica (primero se convierta
»En quiebra suya el malhadado agüero!)—
»Troya vencida quedará y desierta:
»¿Qué es Troya? ¡el Asia! ¡Triunfareis, empero,
»Si le internareis, la muralla abierta,
»Y á las aguas de Grecia vuestras proras
»Irán, andando el tiempo, vencedoras!»
XL.
»Así en un punto entre sus lloros viles,
Caza Sinon con pérfidos amaños
En red de muerte á los que el grande Aquíles,
Ni el hijo de Tideo, ni diez años
De terca opugnacion, ni naves miles
Pudieron domeñar. Tras sus engaños,
Con espanto de todos repentino,
Oye el paso cruel que sobrevino.
Caza Sinon con pérfidos amaños
En red de muerte á los que el grande Aquíles,
Ni el hijo de Tideo, ni diez años
De terca opugnacion, ni naves miles
Pudieron domeñar. Tras sus engaños,
Con espanto de todos repentino,
Oye el paso cruel que sobrevino.
XLI.
XLII.
»El pecho entrambas enhestando iguales,
Con encarnada cresta gallardean,
Y en ruedas, al andar, descomunales
El largo cuerpo sobre el ponto arquean:
Rotos gimen los líquidos cristales
Por do hienden: abordan ya y campean,
La vista en sangre y rayos encendida:
Todos huimos, la color perdida.
Con encarnada cresta gallardean,
Y en ruedas, al andar, descomunales
El largo cuerpo sobre el ponto arquean:
Rotos gimen los líquidos cristales
Por do hienden: abordan ya y campean,
La vista en sangre y rayos encendida:
Todos huimos, la color perdida.
XLIII.
»Lamiéndose las bocas sibilantes
Con la vibrante lengua, van derecho
Para Laoconte: mas sus hijos ántes,
Tiernos gemelos, en abrazo estrecho
Aferran, y sus miembros palpitantes
Apedazan, devoran. Pecho á pecho
Y meneando la aguzada hoja,
Encima el genitor se les arroja.
Con la vibrante lengua, van derecho
Para Laoconte: mas sus hijos ántes,
Tiernos gemelos, en abrazo estrecho
Aferran, y sus miembros palpitantes
Apedazan, devoran. Pecho á pecho
Y meneando la aguzada hoja,
Encima el genitor se les arroja.
XLIV.
XLV.
»Descoyuntado al fin, y cual pudiera
El toro que del ara huyendo herido,
De hacha insegura libertado hubiera
Su manchada cerviz, en alarido
Rompe horrible. Las sierpes de carrera
Parten al templo de Minerva, y nido
A los piés de la Diosa encrudecida
Hallan seguro bajo el ancha egida.
El toro que del ara huyendo herido,
De hacha insegura libertado hubiera
Su manchada cerviz, en alarido
Rompe horrible. Las sierpes de carrera
Parten al templo de Minerva, y nido
A los piés de la Diosa encrudecida
Hallan seguro bajo el ancha egida.
XLVI.
»Nuevo motivo de terror asalta
Los ánimos, que el miedo señorea;
Supone el vulgo que Laoconte, al alta
Estatua encaminando el asta rea,
Mereció el golpe que siguió á su falta;
Que el caballo se interne, clamorea,
Y que á la Diosa con devotas preces
Se persuada á poner sus altiveces.
Los ánimos, que el miedo señorea;
Supone el vulgo que Laoconte, al alta
Estatua encaminando el asta rea,
Mereció el golpe que siguió á su falta;
Que el caballo se interne, clamorea,
Y que á la Diosa con devotas preces
Se persuada á poner sus altiveces.
XLVII.
XLVIII.
»Ya entra bamboneando, á tu firmeza
Cierta amenaza, ¡oh Troya! ¡oh patria! ¡estancia
Antigua de altos Dioses! ¡fortaleza
Do vió un pueblo estrellarse su arrogancia!
Sigue, y tres veces al umbral tropieza
Con ronco són que retumbó á distancia;
Mas insta el vulgo en su porfía loca,
Y al fin en el alcázar le coloca.
Cierta amenaza, ¡oh Troya! ¡oh patria! ¡estancia
Antigua de altos Dioses! ¡fortaleza
Do vió un pueblo estrellarse su arrogancia!
Sigue, y tres veces al umbral tropieza
Con ronco són que retumbó á distancia;
Mas insta el vulgo en su porfía loca,
Y al fin en el alcázar le coloca.
XLIX.
»Vanamente Casandra entusiasmada
Esforzando la voz—su voz divina,
Por castigo de un Dios menospreciada—
Grandes calamidades vaticina.
¡Ay! sus anuncios estimando en nada,
Al borde ya de la comun rüina,
Nosotros sólo en decorar pensamos
Templos y altares con festivos ramos.
Esforzando la voz—su voz divina,
Por castigo de un Dios menospreciada—
Grandes calamidades vaticina.
¡Ay! sus anuncios estimando en nada,
Al borde ya de la comun rüina,
Nosotros sólo en decorar pensamos
Templos y altares con festivos ramos.
L.
LI.
»A sordas con la luna y el sosiego
De la noche, que muda las arropa,
Marchan las naves ya, que ha dado el fuego,
Concertada señal, la régia popa.
Sinon, á quien, en daño nuestro ciego
El hado guia, la escondida tropa
Acude á libertar, y la honda cava
Abre que tenebrosa los guardaba.
De la noche, que muda las arropa,
Marchan las naves ya, que ha dado el fuego,
Concertada señal, la régia popa.
Sinon, á quien, en daño nuestro ciego
El hado guia, la escondida tropa
Acude á libertar, y la honda cava
Abre que tenebrosa los guardaba.
LII.
»Y por cables que lanzan de ligero,
Desguíndanse de la hórrida guarida
Esténelo, Tisandro, Ulíses fiero,
Tornando á respirar aura de vida:
Menelao; Macaon, que fué el primero,
Y Acamante y Toante de seguida,
Y Neoptólemo audaz el de Peleo,
Y el trazador del artificio, Epeo.
Desguíndanse de la hórrida guarida
Esténelo, Tisandro, Ulíses fiero,
Tornando á respirar aura de vida:
Menelao; Macaon, que fué el primero,
Y Acamante y Toante de seguida,
Y Neoptólemo audaz el de Peleo,
Y el trazador del artificio, Epeo.
LIII.
LIV.
»En medio del silencio, á la imprevista,
Reputándolo yo por caso cierto,
Héctor en sueños muéstrase á mi vista,
De polvo vil y amarillez cubierto:
Mustia la faz, que el ánimo contrista,
Mustia y llorosa; y, cual despues de muerto
Y arrastrado por rápidos bridones,
Taladrados los piés de correones.
Reputándolo yo por caso cierto,
Héctor en sueños muéstrase á mi vista,
De polvo vil y amarillez cubierto:
Mustia la faz, que el ánimo contrista,
Mustia y llorosa; y, cual despues de muerto
Y arrastrado por rápidos bridones,
Taladrados los piés de correones.
LV.
»¡Cuán trocado de aquél que á nuestros ojos
Resplandeció tras recias embestidas,
Ó de Aquíles trujese los despojos
O incendiase las naves combatidas!
Yerta barba; cuajados los manojos
Del pelo en sangre; vivas las heridas
Que en torno recibió de la muralla;—
Y aquí en sueños mi voz en llanto estalla:
Resplandeció tras recias embestidas,
Ó de Aquíles trujese los despojos
O incendiase las naves combatidas!
Yerta barba; cuajados los manojos
Del pelo en sangre; vivas las heridas
Que en torno recibió de la muralla;—
Y aquí en sueños mi voz en llanto estalla:
LVI.
«¡Gran Héctor, que de gloria y de consuelo
»Astro por siempre á los Troyanos fuiste!
»¿De cuál remoto y olvidado suelo
»Tornas al fin á nuestra playa triste?
»¿Y tras fatiga tanta, estrago, duelo,
»Hoy de nuevo tu brazo nos asiste?
»¿Mas por qué herido así? Tu faz serena
»¿Por qué se cubre de sangrienta arena?»
»Astro por siempre á los Troyanos fuiste!
»¿De cuál remoto y olvidado suelo
»Tornas al fin á nuestra playa triste?
»¿Y tras fatiga tanta, estrago, duelo,
»Hoy de nuevo tu brazo nos asiste?
»¿Mas por qué herido así? Tu faz serena
»¿Por qué se cubre de sangrienta arena?»
LVII.
»Nada contesta: con mortal gemido
«¡Vuela! ¡huye!» exclama: «el Griego se apodera
»De la ciudad: incendio embravecido
»Estalla: ¡Troya se desploma entera!
»Mucho á la patria y al monarca ha sido
»Sacrificado: si algo la valiera,
»Salvárala este brazo: en su agonía,
»Su culto, hijo de Vénus, te confía.
«¡Vuela! ¡huye!» exclama: «el Griego se apodera
»De la ciudad: incendio embravecido
»Estalla: ¡Troya se desploma entera!
»Mucho á la patria y al monarca ha sido
»Sacrificado: si algo la valiera,
»Salvárala este brazo: en su agonía,
»Su culto, hijo de Vénus, te confía.
LVIII.
»Mansion busca á sus Dioses tutelares
»Que fundarás, y grande, finalmente,
»Audaz cruzando procelosos mares.»
Y miéntras habla entrégame impaciente
La alma Vesta que arranca á los altares,
Y los velos y el fuego indeficiente.
Por la ciudad en tanto se extendia
El estruendo confuso y vocería.
»Que fundarás, y grande, finalmente,
»Audaz cruzando procelosos mares.»
Y miéntras habla entrégame impaciente
La alma Vesta que arranca á los altares,
Y los velos y el fuego indeficiente.
Por la ciudad en tanto se extendia
El estruendo confuso y vocería.
LIX.
LX.
»Tal cuando en mieses subitánea llama,
Soplando el Austro, enfurecida prende;
Ó bien si desbordado se derrama
Y valles, surcos y sembrados hiende
Bravo raudal, y en remolinos brama
Arboles arrastrando que desprende;
Sobre un peñon, de la tormenta aquella
Testigo inmóvil el pastor descuella.
Soplando el Austro, enfurecida prende;
Ó bien si desbordado se derrama
Y valles, surcos y sembrados hiende
Bravo raudal, y en remolinos brama
Arboles arrastrando que desprende;
Sobre un peñon, de la tormenta aquella
Testigo inmóvil el pastor descuella.
LXI.
»Bien á mis ojos lo que en torno pasa,
Bien la aviesa traicion se patentiza.
Con estampido el gran palacio arrasa
De Deífobo, el fuego, y se encarniza
Sin detenerse, en la contigua casa
De Ucalegonte, y de su luz rojiza
Parece arder abierto el mar Sigeo:
Suenan trompetas, cunde el clamoreo.
Bien la aviesa traicion se patentiza.
Con estampido el gran palacio arrasa
De Deífobo, el fuego, y se encarniza
Sin detenerse, en la contigua casa
De Ucalegonte, y de su luz rojiza
Parece arder abierto el mar Sigeo:
Suenan trompetas, cunde el clamoreo.
LXII.
LXIII.
»Él los Dioses vencidos, casi á vuelo,
Trae, y sacros adjuntos que á la saña
Hurtó enemiga su piadoso celo;
Y un nieto pequeñuelo le acompaña.
«¡Panto!» al verle clamé con vivo anhelo:
«¡Habla! ¿qué pide adversidad tamaña?
»¿En dónde haremos la defensa? ¿en dónde?»
Dando un hondo gemido me responde:
Trae, y sacros adjuntos que á la saña
Hurtó enemiga su piadoso celo;
Y un nieto pequeñuelo le acompaña.
«¡Panto!» al verle clamé con vivo anhelo:
«¡Habla! ¿qué pide adversidad tamaña?
»¿En dónde haremos la defensa? ¿en dónde?»
Dando un hondo gemido me responde:
LXIV.
«¡La hora que los hados previnieron
»Llegó de asolacion! ¡Jove inclemente
»Trastorna la balanza! Fueron, fueron
»Troya, su gloria, su esplendor potente!
»Todo los enemigos lo invadieron:
»Del caballo intramuros eminente
»Griegos brotan armados: triunfante
»Sinon propaga el fuego devorante.
»Llegó de asolacion! ¡Jove inclemente
»Trastorna la balanza! Fueron, fueron
»Troya, su gloria, su esplendor potente!
»Todo los enemigos lo invadieron:
»Del caballo intramuros eminente
»Griegos brotan armados: triunfante
»Sinon propaga el fuego devorante.