LXVI.
»Ardo á su voz: el corazon me inflama
No sé cuál Dios ó aliento sobrehumano:
Do la ira impele, do el rumor me llama
Corro el hierro á arrostrar y el fuego insano.
Á la luz vaporosa que derrama
La blanca luna, de Ífito el anciano,
De Hípanis, de Dímas y Rifeo,
Que se me allegan, los semblantes veo.
No sé cuál Dios ó aliento sobrehumano:
Do la ira impele, do el rumor me llama
Corro el hierro á arrostrar y el fuego insano.
Á la luz vaporosa que derrama
La blanca luna, de Ífito el anciano,
De Hípanis, de Dímas y Rifeo,
Que se me allegan, los semblantes veo.
LXVII.
»Corebo, el hijo de Migdon, partido
Tomó tambien, y se nos puso al lado:
Estaba en Ilïon recien venido,
Con pasion de Casandra enamorado;
Y de Príamo yerno prometido,
Su espada nos brindó como alïado.
¡Ay! ¡cuán diverso su destino fuera
Si á la inspirada profetisa oyera!
Tomó tambien, y se nos puso al lado:
Estaba en Ilïon recien venido,
Con pasion de Casandra enamorado;
Y de Príamo yerno prometido,
Su espada nos brindó como alïado.
¡Ay! ¡cuán diverso su destino fuera
Si á la inspirada profetisa oyera!
LXVIII.
LXIX.
»Á una ciudad, oh pechos denodados,
»Acorreis que en pavesas se convierte:
»La muerte, pues, busquemos, y arrojados
»Entre enemigos, generosa muerte;
»¡Quien con el cielo lucha y con los hados
»Sólo desnudo de esperanza es fuerte!»
Así exaltado les hablé, y mi acento
Su denuedo redobla y su ardimiento.
»Acorreis que en pavesas se convierte:
»La muerte, pues, busquemos, y arrojados
»Entre enemigos, generosa muerte;
»¡Quien con el cielo lucha y con los hados
»Sólo desnudo de esperanza es fuerte!»
Así exaltado les hablé, y mi acento
Su denuedo redobla y su ardimiento.
LXX.
»Cual del hambre al furor lobos rapaces,
Miéntras que los cachorros por su vuelta
Anhelan, seca la garganta, audaces
Corren en sombras la campaña envuelta;
Por medio de los hierros y las haces
Enemigas así la planta suelta,
De la muerte lanzados al encuentro
Tocamos ya de la ciudad al centro.
Miéntras que los cachorros por su vuelta
Anhelan, seca la garganta, audaces
Corren en sombras la campaña envuelta;
Por medio de los hierros y las haces
Enemigas así la planta suelta,
De la muerte lanzados al encuentro
Tocamos ya de la ciudad al centro.
LXXI.
LXXII.
»Mas no toda la sangre que se vierte
Sangre es troyana. Amenazante aviva
Tal vez el ántes abatido; inerte
El vencedor en tanto se derriba.
Igual á entrambas partes la ímpia suerte
Terror, desolacion sembrando iba
Por acá y por allá: la muerte toma
Miles semblantes, y doquier se asoma.
Sangre es troyana. Amenazante aviva
Tal vez el ántes abatido; inerte
El vencedor en tanto se derriba.
Igual á entrambas partes la ímpia suerte
Terror, desolacion sembrando iba
Por acá y por allá: la muerte toma
Miles semblantes, y doquier se asoma.
LXXIII.
»Al paso Andrógeo nos salió el primero
Con gente mucha entre la sombra espesa,
Y creyéndonos suyos, delantero,
«Amigos,» dice, «¿qué indolencia es ésa?
»¡Apresurad! Cuando Ilïon entero
»Es ya ceniza y dividida presa
»Al ímpetu feliz de nuestras tropas,
»¿Vos apénas dejais las altas popas?»
Con gente mucha entre la sombra espesa,
Y creyéndonos suyos, delantero,
«Amigos,» dice, «¿qué indolencia es ésa?
»¡Apresurad! Cuando Ilïon entero
»Es ya ceniza y dividida presa
»Al ímpetu feliz de nuestras tropas,
»¿Vos apénas dejais las altas popas?»
LXXIV.
LXXV.
»Andrógeo así despavorido huia;
Y á su tropa nosotros con denuedo
Cargámos, que el lugar desconocia,
Y á más temblaba en vergonzoso miedo:
Cargámosla, y en ellos á porfía
Matar pudimos. Animoso y ledo
Al aura de fortuna lisonjera,
Corebo razonó de esta manera:
Y á su tropa nosotros con denuedo
Cargámos, que el lugar desconocia,
Y á más temblaba en vergonzoso miedo:
Cargámosla, y en ellos á porfía
Matar pudimos. Animoso y ledo
Al aura de fortuna lisonjera,
Corebo razonó de esta manera:
LXXVI.
«Bien la fortuna apunta, amigos; ¡ea!
»El camino sigamos que señala:
»Con los Griegos cambiemos de librea;
»En mal del enemigo, ¿quién no iguala
»Fuerza y astucia? ¡El mismo armas provea!»
Dice, y ciñe el estoque argivo, y cala
El almete de Andrógeo penachudo,
Y ornado de blason prende el escudo.
»El camino sigamos que señala:
»Con los Griegos cambiemos de librea;
»En mal del enemigo, ¿quién no iguala
»Fuerza y astucia? ¡El mismo armas provea!»
Dice, y ciñe el estoque argivo, y cala
El almete de Andrógeo penachudo,
Y ornado de blason prende el escudo.
LXXVII.
LXXVIII.
»Cuáles en tanto, de peligro ajenos,
Merced de presta fuga, en la ribera
Se acogen á las naves: cuáles llenos
De vil temor, del monstruo de madera
En los profundos conocidos senos
Trepan á guarecerse. Mas ¿qué espera
El mortal infeliz, ó en qué confía,
Si al brazo de los Dioses desafía?
Merced de presta fuga, en la ribera
Se acogen á las naves: cuáles llenos
De vil temor, del monstruo de madera
En los profundos conocidos senos
Trepan á guarecerse. Mas ¿qué espera
El mortal infeliz, ó en qué confía,
Si al brazo de los Dioses desafía?
LXXIX.
»Hé aquí entre ásperas puntas, falleciente,
Casandra, hija de Príamo, iba envuelta:
Del sagrario de Pálas por furente
Ciego invasor arrebatada: suelta
La cabellera; al cielo vanamente
Con vivísimo ardor los ojos vuelta ...
¡Los ojos, ay, que las hermosas manos
Con cadena oprimieron los villanos!
Casandra, hija de Príamo, iba envuelta:
Del sagrario de Pálas por furente
Ciego invasor arrebatada: suelta
La cabellera; al cielo vanamente
Con vivísimo ardor los ojos vuelta ...
¡Los ojos, ay, que las hermosas manos
Con cadena oprimieron los villanos!
LXXX.
LXXXI.
»Como vientos alígeros que en roto
Torbellino se encuentran frente á frente,
Y Zéfiro combate, y Euro, y Noto,
—Euro, que en sus bridones del Oriente
Va ufano;—y gime estremecido el soto,
Y, de espumas cubierto el gran tridente,
Nereo en su furor no da reposo,
Y mueve desde el fondo el mar undoso:
Torbellino se encuentran frente á frente,
Y Zéfiro combate, y Euro, y Noto,
—Euro, que en sus bridones del Oriente
Va ufano;—y gime estremecido el soto,
Y, de espumas cubierto el gran tridente,
Nereo en su furor no da reposo,
Y mueve desde el fondo el mar undoso:
LXXXII.
»Así brama, con fiera arremetida
Correspondiendo á nuestro audaz embate
Caterva que á vengar salta ofendida
De la doncella el súbito rescate:
Ayax violento, y uno y otro Atrida,
Y los Dólopes todos. En combate
Entran tambien los que esparcido habia
Por la oscura ciudad nuestra artería.
Correspondiendo á nuestro audaz embate
Caterva que á vengar salta ofendida
De la doncella el súbito rescate:
Ayax violento, y uno y otro Atrida,
Y los Dólopes todos. En combate
Entran tambien los que esparcido habia
Por la oscura ciudad nuestra artería.
LXXXIII.
LXXXIV.
»Ni tu piedad ni el apolíneo velo
Te hurtaron, Panto, á la enemiga hueste;
Y el justo, el santo del troyano suelo,
Rifeo, cae, sin que amparo preste
A su virtud (¡misterio grande!) el Cielo.
Conmigo Ífito y Pélias quedan: éste
Mal herido de Ulíses, tardo el paso;
Esotro por la edad de fuerza escaso.
Te hurtaron, Panto, á la enemiga hueste;
Y el justo, el santo del troyano suelo,
Rifeo, cae, sin que amparo preste
A su virtud (¡misterio grande!) el Cielo.
Conmigo Ífito y Pélias quedan: éste
Mal herido de Ulíses, tardo el paso;
Esotro por la edad de fuerza escaso.
LXXXV.
»Con ellos en forzosa retirada
Abandoné la desigual porfía.
¡Oh pira extrema de mi Patria amada,
Sacras cenizas de la gente mia!
Testigos sed que en la infeliz jornada
Tanto arrostré cuanto arrostrar debia,
Y, á consentirlo el fallo de la suerte,
Ganara por mi mano honrosa muerte.
Abandoné la desigual porfía.
¡Oh pira extrema de mi Patria amada,
Sacras cenizas de la gente mia!
Testigos sed que en la infeliz jornada
Tanto arrostré cuanto arrostrar debia,
Y, á consentirlo el fallo de la suerte,
Ganara por mi mano honrosa muerte.
LXXXVI.
LXXXVII.
»De un lado y otro el edificio ascienden.
Por pilares y escalas; con los brazos,
El escudo al izquierdo, se defienden
De pedradas sin cuento y saetazos;
Suelto el derecho, en el remate prenden
Del edificio altísimo. En pedazos
En tanto los troyanos campeones
Las techumbres derruecan y bastiones.
Por pilares y escalas; con los brazos,
El escudo al izquierdo, se defienden
De pedradas sin cuento y saetazos;
Suelto el derecho, en el remate prenden
Del edificio altísimo. En pedazos
En tanto los troyanos campeones
Las techumbres derruecan y bastiones.
LXXXVIII.
»De tales armas su defensa fian,
Áureas trabes lanzando en su despecho
Que de antiguos monarcas dado habian
Noble decoro al admirado techo.
Otros abajo á resguardar se alían
Las puertas, y tras ellas en estrecho
Grupo, puñal en mano, se aglomeran,
Y apercibidos la avenida esperan.
Áureas trabes lanzando en su despecho
Que de antiguos monarcas dado habian
Noble decoro al admirado techo.
Otros abajo á resguardar se alían
Las puertas, y tras ellas en estrecho
Grupo, puñal en mano, se aglomeran,
Y apercibidos la avenida esperan.
LXXXIX.
XC.
»Por allí sola Andrómaca en su duelo,
Cuando áun cetro empuñaba el Rey anciano,
Ir solia á sus suegros, y al abuelo
Llevaba el hijo tierno de la mano.
A entrar por allí mismo ahora yo vuelo;
Calo el postigo, y la eminencia gano,
Do abajo (¡vano ardor!) los Teucros echan
Cuanto á la mano ven, cuanto destechan.
Cuando áun cetro empuñaba el Rey anciano,
Ir solia á sus suegros, y al abuelo
Llevaba el hijo tierno de la mano.
A entrar por allí mismo ahora yo vuelo;
Calo el postigo, y la eminencia gano,
Do abajo (¡vano ardor!) los Teucros echan
Cuanto á la mano ven, cuanto destechan.
XCI.
»Á plomo allí con la pared se erguia
Excelsa torre en la region del viento,
Que toda la ciudad mandaba un dia
Y la enemiga armada y campamento.
Por do fácil de herir aparecia
Batímosla en redor: del alto asiento
Al combinado impulso desprendida,
Cede, y precipitamos su caida.
Excelsa torre en la region del viento,
Que toda la ciudad mandaba un dia
Y la enemiga armada y campamento.
Por do fácil de herir aparecia
Batímosla en redor: del alto asiento
Al combinado impulso desprendida,
Cede, y precipitamos su caida.
XCII.
XCIII.
»Cual dragon que aterido, soterrado,
De venenosas hierbas se sustenta,
Mas de nuevo arreándose, en el prado
Sale á campar cuando el calor le alienta:
Voluble el lomo en roscas arrollado
Miles colores con la luz ostenta;
Al sol mirando, el cuello al aire libra,
Y la trisulca lengua hórrido vibra.
De venenosas hierbas se sustenta,
Mas de nuevo arreándose, en el prado
Sale á campar cuando el calor le alienta:
Voluble el lomo en roscas arrollado
Miles colores con la luz ostenta;
Al sol mirando, el cuello al aire libra,
Y la trisulca lengua hórrido vibra.
XCIV.
»Automedonte, que de Aquíles fuera
Auriga, ora escudero, y Perifante
Corpulento acomete, y la guerrera
Esciria juventud, y á un mismo instante
Llama arrojan que al aire va ligera:
Pirro, hacha en mano, abócase adelante,
Quiciales estremece, vigas raja,
Y las ferradas puertas desencaja.
Auriga, ora escudero, y Perifante
Corpulento acomete, y la guerrera
Esciria juventud, y á un mismo instante
Llama arrojan que al aire va ligera:
Pirro, hacha en mano, abócase adelante,
Quiciales estremece, vigas raja,
Y las ferradas puertas desencaja.
XCV.
XCVI.
»¡Oh cuánta turbacion adentro! ¡oh cuánto
Terror! Los huecos artesones llena
Femenil alarido, ronco planto,
Grita confusa y vária al cielo suena.
Cruzan matronas con afan y espanto
Las anchas salas que el rumor atruena,
Y las colunas á abrazar se arrojan,
Las besan, y en sus lágrimas las mojan.
Terror! Los huecos artesones llena
Femenil alarido, ronco planto,
Grita confusa y vária al cielo suena.
Cruzan matronas con afan y espanto
Las anchas salas que el rumor atruena,
Y las colunas á abrazar se arrojan,
Las besan, y en sus lágrimas las mojan.
XCVII.
»Mas Pirro igual al padre se adelanta.
¿Qué arma, qué brazo atajará el pujante
Hierro esgrimido con braveza tanta?
Postes ni cerraduras son bastante;
Ferrada maza á golpes los quebranta.
Plaza abre á fuerza: á quien le va delante
Atierra, y su cohorte furibunda
A la redonda el edificio inunda.
¿Qué arma, qué brazo atajará el pujante
Hierro esgrimido con braveza tanta?
Postes ni cerraduras son bastante;
Ferrada maza á golpes los quebranta.
Plaza abre á fuerza: á quien le va delante
Atierra, y su cohorte furibunda
A la redonda el edificio inunda.
XCVIII.
XCIX.
»Vi á Hécuba y sus hijas, sus amores
Vi á Príamo, del ara en el sagrado,
El fuego que adoraron sus mayores
Matar en sangre suya mal su grado;
Vi los cincuenta lechos, que de flores
Habia la esperanza engalanado
En pro del trono, y las soberbias puertas
De oro y rico botin rodar cubiertas.
Vi á Príamo, del ara en el sagrado,
El fuego que adoraron sus mayores
Matar en sangre suya mal su grado;
Vi los cincuenta lechos, que de flores
Habia la esperanza engalanado
En pro del trono, y las soberbias puertas
De oro y rico botin rodar cubiertas.
C.
»Griegos el campo ocupan que áun da el fuego.
—Mas ya ansiosa querrás, augusta Dido,
De Príamo saber. Príamo, luégo
Que de las puertas oye el estallido,
Y encima siente al desbordado Griego,
Ciñe al endeble cuerpo envejecido
Inútil hierro y olvidada malla,
Y aguija á perecer en la batalla.
—Mas ya ansiosa querrás, augusta Dido,
De Príamo saber. Príamo, luégo
Que de las puertas oye el estallido,
Y encima siente al desbordado Griego,
Ciñe al endeble cuerpo envejecido
Inútil hierro y olvidada malla,
Y aguija á perecer en la batalla.
CI.
CII.
»Como á recursos el Monarca apele
Ya ajenos á su edad, «¿Qué desvarío,»
Hécuba clama, «á perdicion te impele?
»Hoy de mi Héctor la fuerza y poderío
»Fuera en vano; pues ¿qué ese brazo imbele
»Hará en el caso extremo? Esposo mio,
»Vén: este altar refugio á todos sea,
»O á todos juntos sucumbir nos vea.»
Ya ajenos á su edad, «¿Qué desvarío,»
Hécuba clama, «á perdicion te impele?
»Hoy de mi Héctor la fuerza y poderío
»Fuera en vano; pues ¿qué ese brazo imbele
»Hará en el caso extremo? Esposo mio,
»Vén: este altar refugio á todos sea,
»O á todos juntos sucumbir nos vea.»
CIII.
»Dice; á su lado le reduce, y puesto
Sobre las losas á ocupar le obliga.
Desacordado y jadeante, en ésto,
Polítes, de ellos hijo, á quien hostiga
Pirro desaforado, el pié, tan presto
Como lo sufre su mortal fatiga,
Por los vacíos atrios acelera,
Y señala con sangre su carrera.
Sobre las losas á ocupar le obliga.
Desacordado y jadeante, en ésto,
Polítes, de ellos hijo, á quien hostiga
Pirro desaforado, el pié, tan presto
Como lo sufre su mortal fatiga,
Por los vacíos atrios acelera,
Y señala con sangre su carrera.
CIV.
CV.
«Si justo el cielo de los hombres cura
»Darános,» dice, «por tamaña ofensa,
»A mí venganza á colmo; larga y dura
»A tí la merecida recompensa!
»Poner te place al padre en angostura
»De ver caido al hijo sin defensa,
»Y no acatando encanecidas sienes
»A darle en rostro con su sangre vienes.
»Darános,» dice, «por tamaña ofensa,
»A mí venganza á colmo; larga y dura
»A tí la merecida recompensa!
»Poner te place al padre en angostura
»De ver caido al hijo sin defensa,
»Y no acatando encanecidas sienes
»A darle en rostro con su sangre vienes.
CVI.
»Calla de hijo de Aquíles el dictado,
»Que le desmiente tu cobarde encono:
ȃl supo dar la mano al que postrado
»Miró á sus piés en mísero abandono;
»Tornóme el hijo muerto, que enterrado
»Fuese en fúnebre pompa, y á mi trono
»Me concedió volver.» Dijo, y con tardo
»Aliento el Rey de allí soltóle un dardo
»Que le desmiente tu cobarde encono:
ȃl supo dar la mano al que postrado
»Miró á sus piés en mísero abandono;
»Tornóme el hijo muerto, que enterrado
»Fuese en fúnebre pompa, y á mi trono
»Me concedió volver.» Dijo, y con tardo
»Aliento el Rey de allí soltóle un dardo
CVII.
CVIII.
»Y diciendo y haciendo, el inhumano
Al mismo altar impávido arrastraba
Al noble Rey, que, trémulo de anciano,
En la sangre del hijo resbalaba:
Le ase del pelo con la izquierda mano,
Y con la diestra á su placer le clava
Hasta el pomo la daga en el costado,
Fúlgida en alto habiéndola vibrado.
Al mismo altar impávido arrastraba
Al noble Rey, que, trémulo de anciano,
En la sangre del hijo resbalaba:
Le ase del pelo con la izquierda mano,
Y con la diestra á su placer le clava
Hasta el pomo la daga en el costado,
Fúlgida en alto habiéndola vibrado.
CIX.
»Tal rodó su corona refulgente;
Tal vino á ver su antigua fortaleza
Humo y polvo tornarse de repente,
Aquél que al esplendor de su grandeza
Miró á cien pueblos inclinar la frente!
Su cuerpo, tronco informe, la cabeza
Cercenada por bárbara cuchilla,
Yace sin nombre en solitaria orilla.
Tal vino á ver su antigua fortaleza
Humo y polvo tornarse de repente,
Aquél que al esplendor de su grandeza
Miró á cien pueblos inclinar la frente!
Su cuerpo, tronco informe, la cabeza
Cercenada por bárbara cuchilla,
Yace sin nombre en solitaria orilla.
CX.
CXI.
»Por ver con quiénes cuento, en torno paso
Las miradas; á nadie ya diviso:
Dieron unos al fuego el cuerpo laso,
Arrojáronse otros de alto piso.
Así todo oteándolo de paso,
Al claror de las llamas, de improviso
Observo un bulto en el umbral de Vesta;—
Erase Elena en lo escondido puesta.
Las miradas; á nadie ya diviso:
Dieron unos al fuego el cuerpo laso,
Arrojáronse otros de alto piso.
Así todo oteándolo de paso,
Al claror de las llamas, de improviso
Observo un bulto en el umbral de Vesta;—
Erase Elena en lo escondido puesta.
CXII.
»Esa ahora á las aras acogida,
Furia que al mundo le nació ominosa,
De Troyanos y Griegos maldecida,
De Griegos y Troyanos temerosa,
Salvar tentaba la infelice vida
Huéspeda ingrata, amancillada esposa;
Matar pensé la infame advenediza
Por vengar de la Patria la ceniza:
Furia que al mundo le nació ominosa,
De Troyanos y Griegos maldecida,
De Griegos y Troyanos temerosa,
Salvar tentaba la infelice vida
Huéspeda ingrata, amancillada esposa;
Matar pensé la infame advenediza
Por vengar de la Patria la ceniza:
CXIII.
CXIV.
»¿Y para esto tornada ardiente lago
»Tantas veces la playa en sangre nuestra?
»¡Oh! ¡no! que si en matar una hembra, no hago
»De varonil valor gloriosa muestra,
»Dar á tal monstruo el merecido pago
»Hazaña es justa y digna de mi diestra:
»No ya sedienta al envainar mi espada,
»Más de una sombra dejaré vengada!»
»Tantas veces la playa en sangre nuestra?
»¡Oh! ¡no! que si en matar una hembra, no hago
»De varonil valor gloriosa muestra,
»Dar á tal monstruo el merecido pago
»Hazaña es justa y digna de mi diestra:
»No ya sedienta al envainar mi espada,
»Más de una sombra dejaré vengada!»
CXV.
»Rugia yo con voz tempestüosa
Cuando espléndida toda de hermosura,
Me apareció mi madre bondadosa
Radiante entre la sombra de luz pura,
Con el encanto y majestad de Diosa
Con que se muestra en la celeste altura;
Súbito el vengador brazo me toca,
Y abre entre aromas la purpúrea boca:
Cuando espléndida toda de hermosura,
Me apareció mi madre bondadosa
Radiante entre la sombra de luz pura,
Con el encanto y majestad de Diosa
Con que se muestra en la celeste altura;
Súbito el vengador brazo me toca,
Y abre entre aromas la purpúrea boca:
CXVI.
«¡Cálmate, hijo! ¡tus palabras mide:
»Tu pecho hirviente su ímpetu reporte!
»Dí, ¿será justo que el rencor te olvide
»De la familia nuestra, y no te importe
»Saber si el genitor, á quien impide
»Vejez cansada, el hijo, la consorte
»Vivos están? ¿No ves que los circunda
»La multitud que la ciudad inunda?
»Tu pecho hirviente su ímpetu reporte!
»Dí, ¿será justo que el rencor te olvide
»De la familia nuestra, y no te importe
»Saber si el genitor, á quien impide
»Vejez cansada, el hijo, la consorte
»Vivos están? ¿No ves que los circunda
»La multitud que la ciudad inunda?
CXVII.
»Por mí, el hierro su sangre no devora;
»Por mí, el fuego sus huesos no calcina.
»¿Y á qué la faz baldonas seductora
»De esa Lacedemonia que abomina
»Tu corazon? Y á Páris á deshora
»¿Por qué oprobias? No tiene la rüina
»De Troya la opulenta humano orígen:
»Airados Dioses son quienes la afligen.
»Por mí, el fuego sus huesos no calcina.
»¿Y á qué la faz baldonas seductora
»De esa Lacedemonia que abomina
»Tu corazon? Y á Páris á deshora
»¿Por qué oprobias? No tiene la rüina
»De Troya la opulenta humano orígen:
»Airados Dioses son quienes la afligen.
CXVIII.
»Es fuerza superior la que derriba
»Sus altos techos. Si cejar te duele,
»Yo esa que lenta en derredor te priva
»De luz, haré que de tus ojos vuele,
»Húmida, opaca niebla, y la cautiva
»Vista dilates. Quién, verás, demuele
»Aquestos muros, y al materno aviso
»La frente inclinarás grato y sumiso.
»Sus altos techos. Si cejar te duele,
»Yo esa que lenta en derredor te priva
»De luz, haré que de tus ojos vuele,
»Húmida, opaca niebla, y la cautiva
»Vista dilates. Quién, verás, demuele
»Aquestos muros, y al materno aviso
»La frente inclinarás grato y sumiso.
CXIX.
CXX.
»Torna, torna á mirar: Pálas cruenta
»Ya los altos alcázares domina.
»Y envuelta en nimbo centelloso, ostenta
»La terrible cabeza serpentina.
»A los Dánaos el Padre mismo alienta,
»El Padre universal, y en la divina
»Legion contra tu Patria iras enciende.
»Tu el hierro envaina, pues; la fuga emprende.
»Ya los altos alcázares domina.
»Y envuelta en nimbo centelloso, ostenta
»La terrible cabeza serpentina.
»A los Dánaos el Padre mismo alienta,
»El Padre universal, y en la divina
»Legion contra tu Patria iras enciende.
»Tu el hierro envaina, pues; la fuga emprende.
CXXI.
»Nada temas: tu planta irá segura
»De la paterna casa á los umbrales;
»¡Contigo soy!» Y bajo sombra oscura
Encubrióse, al decir palabras tales.
Entónces la terrífica figura
Vi de adversas deidades colosales;
La hoguera vi donde Ilïon se abrasa;
Y Troya conmovida por su basa,
»De la paterna casa á los umbrales;
»¡Contigo soy!» Y bajo sombra oscura
Encubrióse, al decir palabras tales.
Entónces la terrífica figura
Vi de adversas deidades colosales;
La hoguera vi donde Ilïon se abrasa;
Y Troya conmovida por su basa,
CXXII.
CXXIII.
»Desciendo, en fin; mis piés mi madre guia;
Campo las armas dan, receja el fuego.
Mas no bien de la antigua casa mia
Á los umbrales anhelante llego,
Mi padre, ¡ay! el primero á quien queria
Fuera llevarme, niégase á mi ruego
Pues sobre tantas ruinas apellida
Vil el destierro y mísera la vida:
Campo las armas dan, receja el fuego.
Mas no bien de la antigua casa mia
Á los umbrales anhelante llego,
Mi padre, ¡ay! el primero á quien queria
Fuera llevarme, niégase á mi ruego
Pues sobre tantas ruinas apellida
Vil el destierro y mísera la vida:
CXXIV.
«¡Huid los que en lozana primavera
»Corazon abrigais esperanzado:
»No así el Cielo mi nido destruyera
»Si fuese mi existencia de su agrado!
»¿Qué aguarda el que la Patria ya á extranjera
»Cadena vió doblarse? demasiado
«Sobrevivo al estrago de los mios;
»¡Oh! ¡dadme el adios último, y partíos!
»Corazon abrigais esperanzado:
»No así el Cielo mi nido destruyera
»Si fuese mi existencia de su agrado!
»¿Qué aguarda el que la Patria ya á extranjera
»Cadena vió doblarse? demasiado
«Sobrevivo al estrago de los mios;
»¡Oh! ¡dadme el adios último, y partíos!
CXXV.
CXXVI.
»Mi padre así tendido en tierra dijo;
Y vanamente en lágrimas bañados
Yo, mi Creusa, mi inocente hijo,
Todos le suplicamos apiñados
No así mal tanto consumase, fijo
En afrontar los inminentes hados;
Mas él, sordo al solícito lamento,
Mantiénese en su puesto y firme intento.
Y vanamente en lágrimas bañados
Yo, mi Creusa, mi inocente hijo,
Todos le suplicamos apiñados
No así mal tanto consumase, fijo
En afrontar los inminentes hados;
Mas él, sordo al solícito lamento,
Mantiénese en su puesto y firme intento.
CXXVII.
»Torno á las armas, y el arnes requiero,
Y á morir batallando me preparo;
Ni más alivio á mi dolor espero,
Ni otra salida, ni mejor reparo.
«¡Oh padre mio!» en mi dolor profiero;
«¿Y pudiste idear que en desamparo
»Te abandonase por salvarme? ¿Agravios
»Vierten cual éste paternales labios?
Y á morir batallando me preparo;
Ni más alivio á mi dolor espero,
Ni otra salida, ni mejor reparo.
«¡Oh padre mio!» en mi dolor profiero;
«¿Y pudiste idear que en desamparo
»Te abandonase por salvarme? ¿Agravios
»Vierten cual éste paternales labios?
CXXVIII.
»Si es que completa asolacion previene
»A Troya el Cielo en su insaciable enojo,
»Si la medida quieres que se llene
»Con nuestros restos, cumplirás tu antojo
»Ya vendrá Pirro; franco el paso tiene:
«Pirro con sangre del Monarca rojo,
»De cuyo brazo matador no ampara
»Ni al hijo el padre, ni al anciano el ara.
»A Troya el Cielo en su insaciable enojo,
»Si la medida quieres que se llene
»Con nuestros restos, cumplirás tu antojo
»Ya vendrá Pirro; franco el paso tiene:
«Pirro con sangre del Monarca rojo,
»De cuyo brazo matador no ampara
»Ni al hijo el padre, ni al anciano el ara.
CXXIX.
»¿Y á ésto sólo me sacas, alma Dea,
»Salvo por medio del adverso bando?
»¿A que testigo en mis hogares sea,
»No ya en la lid, de su rencor infando?
»¿A que, uno entre la sangre de otro, vea
»Hijo, padre y esposa agonizando?
»¡Al arma! ¡al arma! ¡La postrera hora
»Llama al vencido, amigos, vengadora!
»Salvo por medio del adverso bando?
»¿A que testigo en mis hogares sea,
»No ya en la lid, de su rencor infando?
»¿A que, uno entre la sangre de otro, vea
»Hijo, padre y esposa agonizando?
»¡Al arma! ¡al arma! ¡La postrera hora
»Llama al vencido, amigos, vengadora!
CXXX.
»¡Tornar dejadme á la ardua lid! Mi diestra
»Renovará el conflicto: al fin, vengada
»Corra, si ha de correr, la sangre nuestra.»
Dije, á la cinta acomodé la espada,
Y el escudo embrazando á la siniestra,
Ya iba á salir, cuando mi esposa amada
Se echa á mis piés en el umbral de hinojos,
Y nuestro dulce hijo alza á mis ojos.
»Renovará el conflicto: al fin, vengada
»Corra, si ha de correr, la sangre nuestra.»
Dije, á la cinta acomodé la espada,
Y el escudo embrazando á la siniestra,
Ya iba á salir, cuando mi esposa amada
Se echa á mis piés en el umbral de hinojos,
Y nuestro dulce hijo alza á mis ojos.
CXXXI.
«Si es morir lo que atentas,» me decia,
«Todos iremos á morir contigo;
»Mas si áun tu brazo de las armas fia,
»Primero es que defiendas este abrigo.
»¡Cómo! tu hijo, tu padre, la que un dia
»Buena esposa llamaste, ¿al enemigo
»Así vas á entregar?» Tal su desgracia
Gime; el eco en los ámbitos se espacia.
«Todos iremos á morir contigo;
»Mas si áun tu brazo de las armas fia,
»Primero es que defiendas este abrigo.
»¡Cómo! tu hijo, tu padre, la que un dia
»Buena esposa llamaste, ¿al enemigo
»Así vas á entregar?» Tal su desgracia
Gime; el eco en los ámbitos se espacia.
CXXXII.
»Súbita maravilla sorprendente
De todos luégo las miradas llama:
En medio del abrazo y el doliente
Coloquio paternal, brota una llama
De Ascanio en la corona, y por su frente
E ilesos rizos mansa se derrama:
Quién, al verle, el cabello le sacude;
Quién ya con agua, en su temor, le acude.
De todos luégo las miradas llama:
En medio del abrazo y el doliente
Coloquio paternal, brota una llama
De Ascanio en la corona, y por su frente
E ilesos rizos mansa se derrama:
Quién, al verle, el cabello le sacude;
Quién ya con agua, en su temor, le acude.