CXIV.
»Habla, y nuestras rodillas adherido
Abraza, de rodillas derribado:
Movémosle á que diga su apellido,
Su linaje, y mudanzas de su estado.
Calló breves momentos, y dolido
Mi padre Anquíses, con benigno agrado
La diestra ilustre tiende al magro jóven,
Y añade muestras que el temor le roben.
Abraza, de rodillas derribado:
Movémosle á que diga su apellido,
Su linaje, y mudanzas de su estado.
Calló breves momentos, y dolido
Mi padre Anquíses, con benigno agrado
La diestra ilustre tiende al magro jóven,
Y añade muestras que el temor le roben.
CXV.
«Yo Aqueménides soy,» dijo sincero
El afan serenando que le aterra:
«Fuí del mísero Ulíses compañero,
»A Itaca tuve por nativa tierra.
»Mi padre, escasa el arca de dinero,
»Me aventuró á los lances de la guerra:
»Llamábase Adamasto. ¡Ah, siempre el hado
»Me mantuviese de mi padre al lado!
El afan serenando que le aterra:
«Fuí del mísero Ulíses compañero,
»A Itaca tuve por nativa tierra.
»Mi padre, escasa el arca de dinero,
»Me aventuró á los lances de la guerra:
»Llamábase Adamasto. ¡Ah, siempre el hado
»Me mantuviese de mi padre al lado!
CXVI.
»Miéntras huir de esta ímpia costa emprende
»Hé aquí mi gente me dejó en olvido,
»En un antro que lóbrego se extiende
»De manjares sangrientos esparcido:
»El antro de un Ciclope. El monstruo hiende
»(Oh, qué monstruo cien veces maldecido!)
»Las nubes, si la frente alza espantosa;
»Y nadie hablarle ni áun mirarle osa.
»Hé aquí mi gente me dejó en olvido,
»En un antro que lóbrego se extiende
»De manjares sangrientos esparcido:
»El antro de un Ciclope. El monstruo hiende
»(Oh, qué monstruo cien veces maldecido!)
»Las nubes, si la frente alza espantosa;
»Y nadie hablarle ni áun mirarle osa.
CXVII.
»Crudos devora á cuantos tristes caza.
»Tendido en medio al antro donde espía,
»Con la mano feroz con que atenaza
»Asir dos de los nuestros vile un dia:
»A golpe en un peñon los despedaza;
»El umbral de la sangre se mecia;
»Vi humor los miembros destilar, y ardiente
»Tremer la carne al dar diente con diente.
»Tendido en medio al antro donde espía,
»Con la mano feroz con que atenaza
»Asir dos de los nuestros vile un dia:
»A golpe en un peñon los despedaza;
»El umbral de la sangre se mecia;
»Vi humor los miembros destilar, y ardiente
»Tremer la carne al dar diente con diente.
CXVIII.
»No tal Ulíses soportó; ni en ese
»Trance á su fama desmintió su pecho;
»Mas aguardó á que el monstruo se rindiese
»De manjares y vino satisfecho:
»Rindióse al fin, doblando el cuello, y fuése
»Adurmiendo en la cueva, su amplio lecho;
»Y su boca brotaba entre rumores,
»Trozos de vianda, y de licor vapores.
»Trance á su fama desmintió su pecho;
»Mas aguardó á que el monstruo se rindiese
»De manjares y vino satisfecho:
»Rindióse al fin, doblando el cuello, y fuése
»Adurmiendo en la cueva, su amplio lecho;
»Y su boca brotaba entre rumores,
»Trozos de vianda, y de licor vapores.
CXIX.
»Á los Dioses llamando en nuestra ayuda,
»Sorteado el peligro, á un mismo instante
»Corremos en redor, y una asta aguda
»Clavamos en el ojo del gigante:
»Ojo, al metal que á Argivos combo escuda,
»O al gran disco de Febo semejante;
»Ojo único, bajo hosca ruga oculto;—
»Y así vengámos su brutal insulto.
»Sorteado el peligro, á un mismo instante
»Corremos en redor, y una asta aguda
»Clavamos en el ojo del gigante:
»Ojo, al metal que á Argivos combo escuda,
»O al gran disco de Febo semejante;
»Ojo único, bajo hosca ruga oculto;—
»Y así vengámos su brutal insulto.
CXX.
»¡Huid, tristes, huid! todo os conjura!
»Cortad los cables sin perder momento;
»Pues como ese, que agora por ventura
»Ordeña, consolando su tormento,
»Su grey lanosa en su caverna oscura,
»Como ese horrendo Polifemo, hay ciento,
»Y en magna procesion la prole infanda
»Ronda esta costa, y por los montes anda.
»Cortad los cables sin perder momento;
»Pues como ese, que agora por ventura
»Ordeña, consolando su tormento,
»Su grey lanosa en su caverna oscura,
»Como ese horrendo Polifemo, hay ciento,
»Y en magna procesion la prole infanda
»Ronda esta costa, y por los montes anda.
CXXI.
»Ya por tercera vez brillar he visto
»Las fases de la luna renovadas,
»Desde que en esta soledad existo
»Y á las fieras disputo sus moradas.
»Cauto los monstruos de una peña avisto,
»Y su voz tiemblo y tiemblo sus pisadas;
»Y zonzas nutren mi existencia acerba
»Silvestres bayas y arrancada hierba.
»Las fases de la luna renovadas,
»Desde que en esta soledad existo
»Y á las fieras disputo sus moradas.
»Cauto los monstruos de una peña avisto,
»Y su voz tiemblo y tiemblo sus pisadas;
»Y zonzas nutren mi existencia acerba
»Silvestres bayas y arrancada hierba.
CXXII.
»Vi llegar vuestra flota á esta ribera,
»Miéntras miradas de ansiedad dirijo
»Cuan en léjos logro; y fuese lo que fuera,
«Palpitando volé de regocijo.
»Ya, ya estoy libre de esta raza fiera:
»¡Ahora matadme si quereis!» Tal dijo;
Y ya un bulto, áun no bien de hablar acaba,
En los vecinos montes descollaba.
»Miéntras miradas de ansiedad dirijo
»Cuan en léjos logro; y fuese lo que fuera,
«Palpitando volé de regocijo.
»Ya, ya estoy libre de esta raza fiera:
»¡Ahora matadme si quereis!» Tal dijo;
Y ya un bulto, áun no bien de hablar acaba,
En los vecinos montes descollaba.
CXXIII.
»Obeso Polifemo se movia
En medio del lanígero ganado,
Y á la usada ribera el paso guia:
¡Gran monstruo, informe, atroz, de luz privado!
Hácenle sus ovejas compañía,
Consuelo solo de su adverso estado,
Sírvele de baston desnudo un pino,
Y con resuelto pié cata el camino.
En medio del lanígero ganado,
Y á la usada ribera el paso guia:
¡Gran monstruo, informe, atroz, de luz privado!
Hácenle sus ovejas compañía,
Consuelo solo de su adverso estado,
Sírvele de baston desnudo un pino,
Y con resuelto pié cata el camino.
CXXIV.
»Llega á la playa de su ruta al cabo;
Y al mar entrando, con sus ondas lava
Del ojo, herido del ardiente clavo,
La sangre que grumosa chorreaba.
Crujir los dientes le hace el dolor bravo
Que el mal renueva y el enojo agrava;
Y más y más se interna en la agua, y ésta
Le moja apénas la cintura enhiesta.
Y al mar entrando, con sus ondas lava
Del ojo, herido del ardiente clavo,
La sangre que grumosa chorreaba.
Crujir los dientes le hace el dolor bravo
Que el mal renueva y el enojo agrava;
Y más y más se interna en la agua, y ésta
Le moja apénas la cintura enhiesta.
CXXV.
CXXVI.
»Gimió entónces: el ponto se estremece
Al inmenso clamor, el viento zumba;
Italia toda retemblar parece;
Etna en sus hornos cóncavos retumba.
Y de montes y selvas se aparece,
Al són de alarma, la feroz balumba
De los otros Ciclopes, que se ordenan
En largas filas, y las playas llenan.
Al inmenso clamor, el viento zumba;
Italia toda retemblar parece;
Etna en sus hornos cóncavos retumba.
Y de montes y selvas se aparece,
Al són de alarma, la feroz balumba
De los otros Ciclopes, que se ordenan
En largas filas, y las playas llenan.
CXXVII.
»Yo los vi, yo, los étneos hermanos,
En pié, con sendos ojos imponentes,
¡Junta horrenda! mirándonos insanos,
Al cielo alzadas las soberbias frentes.
Tales inmoble ostentan los ancianos
Cipreses y los robles eminentes
Cima piramidal ó copa vana,
En los bosques de Jove ó de Dïana.
En pié, con sendos ojos imponentes,
¡Junta horrenda! mirándonos insanos,
Al cielo alzadas las soberbias frentes.
Tales inmoble ostentan los ancianos
Cipreses y los robles eminentes
Cima piramidal ó copa vana,
En los bosques de Jove ó de Dïana.
CXXVIII.
CXXIX.
»Bóreas en tanto de la estrecha boca
De Peloro enviado, nos ampara.
El Pantágias pasamos, que entre roca
Viva desagua; el seno de Megara,
Y Tapso humilde. Nuestra quilla toca
En sitios que Aqueménides declara;
Que en rumbo inverso los corrió primero,
Ya del mísero Ulíses compañero.
De Peloro enviado, nos ampara.
El Pantágias pasamos, que entre roca
Viva desagua; el seno de Megara,
Y Tapso humilde. Nuestra quilla toca
En sitios que Aqueménides declara;
Que en rumbo inverso los corrió primero,
Ya del mísero Ulíses compañero.
CXXX.
»Hay en el golfo siciliano, en frente
Del undoso Plemirio, una isla bella,
Y quiso ya la primitiva gente
Con el nombre de Ortigia noble hacella.
Fama es que Alfeo de Élide, latente
Vino y errante bajo el mar á ella;
Y ya unido, Aretusa! á tus raudales
Vuela ufano á los sículos cristales.
Del undoso Plemirio, una isla bella,
Y quiso ya la primitiva gente
Con el nombre de Ortigia noble hacella.
Fama es que Alfeo de Élide, latente
Vino y errante bajo el mar á ella;
Y ya unido, Aretusa! á tus raudales
Vuela ufano á los sículos cristales.
CXXXI.
CXXXII.
»Tierra de nobles potros afamada,
Acragas en seguida se presenta,
Y de léjos fijó nuestra mirada
El ancho muro de que está opulenta.
Selínos, la de palmas coronada,
Ya atras te quedas: la onda fraudulenta
Del rocalloso Lilibeo corto,
Y á Drépano ¡ay, llorosa playa! aporto.
Acragas en seguida se presenta,
Y de léjos fijó nuestra mirada
El ancho muro de que está opulenta.
Selínos, la de palmas coronada,
Ya atras te quedas: la onda fraudulenta
Del rocalloso Lilibeo corto,
Y á Drépano ¡ay, llorosa playa! aporto.
CXXXIII.
»Tras tanto afan, en extranjero suelo,
El hado á Anquíses me robó tirano;
Era en mis penas mi único consuelo,
Él daba aliento á mi cansada mano.
¡Oh padre bondadoso! ¡oh acerbo duelo!
¡De cuántos riesgos escapaste en vano!
No me anunció, entre tanto mal, Heleno
Desgracia tal, ni la cruel Celeno!
El hado á Anquíses me robó tirano;
Era en mis penas mi único consuelo,
Él daba aliento á mi cansada mano.
¡Oh padre bondadoso! ¡oh acerbo duelo!
¡De cuántos riesgos escapaste en vano!
No me anunció, entre tanto mal, Heleno
Desgracia tal, ni la cruel Celeno!
CXXXIV.
LIBRO CUARTO
I.
Herida en breve de dolencia aciaga,
Pábulo da la Reina en cada hora
Al placer mismo de enconar la llaga,
Y de fuego secreto se devora:
Del héroe, su valor, su alcurnia, halaga
El pensamiento, y de su voz sonora
El eco, y de su faz guarda el trasunto;
Y tregua el vivo afan no sufre un punto.
Pábulo da la Reina en cada hora
Al placer mismo de enconar la llaga,
Y de fuego secreto se devora:
Del héroe, su valor, su alcurnia, halaga
El pensamiento, y de su voz sonora
El eco, y de su faz guarda el trasunto;
Y tregua el vivo afan no sufre un punto.
II.
III.
»¿Qué brío á su alma y brazo no acompaña?
¡Cuál se pinta en su frente su destino!
Yo, si mis ojos la ilusion no engaña,
Que desciende de Dioses adivino;
Pues torpe miedo que el semblante empaña,
Siempre delata al corazon mezquino;
Y él, tras tanto conflicto y prueba tanta,
¡Qué de combates concluidos canta!
¡Cuál se pinta en su frente su destino!
Yo, si mis ojos la ilusion no engaña,
Que desciende de Dioses adivino;
Pues torpe miedo que el semblante empaña,
Siempre delata al corazon mezquino;
Y él, tras tanto conflicto y prueba tanta,
¡Qué de combates concluidos canta!
IV.
»Eterno, irrevocable es mi desvío
De un nuevo enlace al criminal deseo;
Que mi esperanza en flor y el amor mio
Yacen con las cenizas de Siqueo.
Mas si á mis ojos sin fulgor sombrío
Pudiese arder la antorcha de Himeneo,
Sólo de este héroe la gentil presencia
Capaz fuera á vencer mi resistencia.
De un nuevo enlace al criminal deseo;
Que mi esperanza en flor y el amor mio
Yacen con las cenizas de Siqueo.
Mas si á mis ojos sin fulgor sombrío
Pudiese arder la antorcha de Himeneo,
Sólo de este héroe la gentil presencia
Capaz fuera á vencer mi resistencia.
V.
VI.
»Mas hiéndase y sepúlteme en su seno
La tierra; el padre del Olimpo santo
Me precipite al retumbar del trueno
En la mansion de noche eterna y llanto,
Si es ¡oh pudor! que mi deber no lleno,
Si tu sagrado código quebranto.
Pues de todo mi amor hice á él promesa,
Amar debo su sombra, honrar su huesa!»
La tierra; el padre del Olimpo santo
Me precipite al retumbar del trueno
En la mansion de noche eterna y llanto,
Si es ¡oh pudor! que mi deber no lleno,
Si tu sagrado código quebranto.
Pues de todo mi amor hice á él promesa,
Amar debo su sombra, honrar su huesa!»
VII.
Dice; y baña en sus lágrimas, vencida,
El seno amigo. Respondióle Ana:
«Tú, á quien más amo que mi propia vida,
Qué, ¿pasarás la juventud lozana
Sin coger flores con que amor convida,
Sin lograr frutos de que amor se ufana?
¿Piensas que de los vivos los cuidados
Van el sueño á inquietar de los finados?
El seno amigo. Respondióle Ana:
«Tú, á quien más amo que mi propia vida,
Qué, ¿pasarás la juventud lozana
Sin coger flores con que amor convida,
Sin lograr frutos de que amor se ufana?
¿Piensas que de los vivos los cuidados
Van el sueño á inquietar de los finados?
VIII.
»Fuese así, ¿qué les debes? No hubo amante,
Ni hoy en esta nacion, ni ántes en Tiro,
Que tu pecho ablandase de diamante:
Á Yárbas desdeñaste, y el suspiro
De tantos de que al África arrogante,
Claros guerreros, alabarse miro.
¿Mas á tu amor y utilidad te opones?
Oye á ese amor y mira á estas regiones.
Ni hoy en esta nacion, ni ántes en Tiro,
Que tu pecho ablandase de diamante:
Á Yárbas desdeñaste, y el suspiro
De tantos de que al África arrogante,
Claros guerreros, alabarse miro.
¿Mas á tu amor y utilidad te opones?
Oye á ese amor y mira á estas regiones.
IX.
»Las gétulas ciudades aguerridas
De una parte amenazan al Estado;
Ves allá los indómitos Numidas,
La Sirte inhospital: por otro lado
Los Barceos errantes y homicidas,
El árido desierto y abrasado;
¿Y lo que ha de venir de Tiro sabes?
¿Qué, si el airado hermano apresta naves?
De una parte amenazan al Estado;
Ves allá los indómitos Numidas,
La Sirte inhospital: por otro lado
Los Barceos errantes y homicidas,
El árido desierto y abrasado;
¿Y lo que ha de venir de Tiro sabes?
¿Qué, si el airado hermano apresta naves?
X.
»Fué de los Dioses voluntad, no dudo,
Favor de Juno, que en tu bien se esmera,
Que frigios buques tras embate rudo
Saludasen al fin nuestra ribera.
¿Qué no promete tan dichoso nudo?
Con la troyana juventud guerrera
¡Cuánto en gloria y poder la patria gana!
¡Qué gran nacion la que verás mañana!
Favor de Juno, que en tu bien se esmera,
Que frigios buques tras embate rudo
Saludasen al fin nuestra ribera.
¿Qué no promete tan dichoso nudo?
Con la troyana juventud guerrera
¡Cuánto en gloria y poder la patria gana!
¡Qué gran nacion la que verás mañana!
XI.
XII.
Ana habló así; y el reprimido fuego
Torna de Dido en llamas encendidas,
Y en esperanzas del amor más ciego
Las timideces de pudor nacidas.
Juntas, altares visitando, el ruego
Cantan de paz, y ovejas escogidas
Ofrecen, segun rito, á Febo, á Céres
Que leyes da, y al Dios de los placeres
Torna de Dido en llamas encendidas,
Y en esperanzas del amor más ciego
Las timideces de pudor nacidas.
Juntas, altares visitando, el ruego
Cantan de paz, y ovejas escogidas
Ofrecen, segun rito, á Febo, á Céres
Que leyes da, y al Dios de los placeres
XIII.
Más que á todos á Juno, la que enlaza
Cuellos de amantes con feliz cadena,
La Reina acude, y si ofrecerle traza
Blanca novilla, que inmolar ordena,
Entre uno y otro cuerno ella la taza
De sagrado licor derrama llena;
Y si, ornado el altar, favores pide,
La sacra ceremonia ella preside.
Cuellos de amantes con feliz cadena,
La Reina acude, y si ofrecerle traza
Blanca novilla, que inmolar ordena,
Entre uno y otro cuerno ella la taza
De sagrado licor derrama llena;
Y si, ornado el altar, favores pide,
La sacra ceremonia ella preside.
XIV.
XV.
Tal la Reina abrasada incierta gira:
Así tambien en la selvosa Creta
Algun vago pastor de léjos tira
A cierva incauta rápida saeta;
El, que clavó el arpon tal vez no mira;
Ella en bosques y valles huye inquieta,
Y en vano huyendo de librarse trata,
Que va con ella el dardo que la mata.
Así tambien en la selvosa Creta
Algun vago pastor de léjos tira
A cierva incauta rápida saeta;
El, que clavó el arpon tal vez no mira;
Ella en bosques y valles huye inquieta,
Y en vano huyendo de librarse trata,
Que va con ella el dardo que la mata.
XVI.
Y ya á Enéas á ver los muros guia
Y primores le enseña por do viene;
Empezados proyectos le confía,
Va á hablar tal vez, y al pronto se detiene;
O ya en festines, en cayendo el dia,
Con preguntas, cual ántes, le entretiene;
Que lances torne á referir le agrada,
Y torna á oirle, de su voz colgada.
Y primores le enseña por do viene;
Empezados proyectos le confía,
Va á hablar tal vez, y al pronto se detiene;
O ya en festines, en cayendo el dia,
Con preguntas, cual ántes, le entretiene;
Que lances torne á referir le agrada,
Y torna á oirle, de su voz colgada.
XVII.
XVIII.
Cuando todo á los vivos aconseja
Tomar descanso, en la desierta sala
Pasea sus congojas, y honda queja,
Consigo á solas, de su pecho exhala;
Ó en el lecho tal vez caer se deja
Que ocupó en el festin, y se regala
Con el amado, que al amado ausente
Presente le ve allí; le oye, le siente.
Tomar descanso, en la desierta sala
Pasea sus congojas, y honda queja,
Consigo á solas, de su pecho exhala;
Ó en el lecho tal vez caer se deja
Que ocupó en el festin, y se regala
Con el amado, que al amado ausente
Presente le ve allí; le oye, le siente.
XIX.
Suspensa en tanto la comun tarea,
Ni en ejercicios de armas se solaza
La juventud, ni en concluir se emplea
Nadie ya el puerto, ni en murar la plaza:
No se alza más la torre gigantea;
Inconcluso, rüinas amenaza
Todo el muro, y la máquina que osa
Hasta el cielo empinarse, asombra ociosa.
Ni en ejercicios de armas se solaza
La juventud, ni en concluir se emplea
Nadie ya el puerto, ni en murar la plaza:
No se alza más la torre gigantea;
Inconcluso, rüinas amenaza
Todo el muro, y la máquina que osa
Hasta el cielo empinarse, asombra ociosa.
XX.
La hija de Saturno, la que al lado
Reina de Jove, ha visto á la infelice;
Ve que al amor inmola ya el cuidado
De su fama, y á Vénus llega, y dice:
«Rica presa hijo y madre habeis logrado
Que una mujer la planta en red deslice
Que dos Dioses le armaron de concierto,
¡Es gran conquista y memorable, cierto!
Reina de Jove, ha visto á la infelice;
Ve que al amor inmola ya el cuidado
De su fama, y á Vénus llega, y dice:
«Rica presa hijo y madre habeis logrado
Que una mujer la planta en red deslice
Que dos Dioses le armaron de concierto,
¡Es gran conquista y memorable, cierto!
XXI.
»Mal pudiera ignorar que sospechosas
Tú de Cartago las mansiones hallas;
Yo sé que en tus recelos no reposas
Cuando ves de Cartago las murallas.
Mas ¿no habrá fin á tan acerbas cosas?
¿Siempre hemos de reñir duras batallas?
Justo es ya que finquemos, si te place,
Eterna paz en venturoso enlace.
Tú de Cartago las mansiones hallas;
Yo sé que en tus recelos no reposas
Cuando ves de Cartago las murallas.
Mas ¿no habrá fin á tan acerbas cosas?
¿Siempre hemos de reñir duras batallas?
Justo es ya que finquemos, si te place,
Eterna paz en venturoso enlace.
XXII.
»Cuanto pudo halagar tu fantasía,
Todo lo tienes á sabor cumplido:
Dido muere de amor: la llama impía
Cala y consume el corazon de Dido.
Que esta nacion rijamos tuya y mia
Con igual potestad, es lo que pido:
Dido al Troyano obedecer se vea;
Dote fiada á ti Cartago sea.»
Todo lo tienes á sabor cumplido:
Dido muere de amor: la llama impía
Cala y consume el corazon de Dido.
Que esta nacion rijamos tuya y mia
Con igual potestad, es lo que pido:
Dido al Troyano obedecer se vea;
Dote fiada á ti Cartago sea.»
XXIII.
XXIV.
»Yo, yo temo del Hado los arcanos;
Ni decir sé si Júpiter se paga
De que, uniéndose Tirios y Troyanos,
Solo un pueblo la union de entrambos haga.
Mas tú los pensamientos soberanos
Del mismo Jove suplicante indaga;
Que es derecho de esposa; y de consuno
Obraremos despues.» Respondió Juno:
Ni decir sé si Júpiter se paga
De que, uniéndose Tirios y Troyanos,
Solo un pueblo la union de entrambos haga.
Mas tú los pensamientos soberanos
Del mismo Jove suplicante indaga;
Que es derecho de esposa; y de consuno
Obraremos despues.» Respondió Juno:
XXV.
«Fíalo á mi prudencia, que lo aplaza
Para su tiempo. A lo que está primero
Por el pronto atendamos: con qué traza
Lograremos el fin, decirte quiero.
Salir han concertado al monte á caza
Dido y Enéas: que saldrán espero
Cuando el sol tienda desde la alta cumbre
Los primeros destellos de su lumbre.
Para su tiempo. A lo que está primero
Por el pronto atendamos: con qué traza
Lograremos el fin, decirte quiero.
Salir han concertado al monte á caza
Dido y Enéas: que saldrán espero
Cuando el sol tienda desde la alta cumbre
Los primeros destellos de su lumbre.
XXVI.
XXVII.
»Dido y el Rey de la troyana gente
En una gruta entónces á deseo
Reparo buscarán: seré presente,
Y haré, si tu favor cordial poseo,
Que á consorcio se obliguen permanente,
Y el juramento sellará Himeneo.»
Tal su ardid Juno expone á Vénus; y ésta
Sonrisa de adhesion dió por respuesta.
En una gruta entónces á deseo
Reparo buscarán: seré presente,
Y haré, si tu favor cordial poseo,
Que á consorcio se obliguen permanente,
Y el juramento sellará Himeneo.»
Tal su ardid Juno expone á Vénus; y ésta
Sonrisa de adhesion dió por respuesta.
XXVIII.
Aurora en tanto de la mar salia
Hermosa: y redes ya de claros hilos
La alegre multitud trae á porfía,
Y lonas, y venablos de anchos filos:
A la vez llegan con sagaz jauría
A caballo los ágiles Masilos;
Y á Dido, que en la régia alcoba áun tarda,
Region florida en el umbral aguarda.
Hermosa: y redes ya de claros hilos
La alegre multitud trae á porfía,
Y lonas, y venablos de anchos filos:
A la vez llegan con sagaz jauría
A caballo los ágiles Masilos;
Y á Dido, que en la régia alcoba áun tarda,
Region florida en el umbral aguarda.
XXIX.
XXX.
Asoma ya la juventud troyana;
Gozoso llega Ascanio, Enéas llega
Radiante de hermosura soberana,
Y las bandas, cual príncipe, congrega.
No en gentileza ó majestad le gana
Apolo, cuando hurtándose á la vega
Del Janto, ó á la Licia envuelta en hielos,
Fiestas instaura en la materna Délos:
Gozoso llega Ascanio, Enéas llega
Radiante de hermosura soberana,
Y las bandas, cual príncipe, congrega.
No en gentileza ó majestad le gana
Apolo, cuando hurtándose á la vega
Del Janto, ó á la Licia envuelta en hielos,
Fiestas instaura en la materna Délos:
XXXI.
Honran al Dios, su altar ciñendo santo,
Y Cretenses y Dríopes en coro,
Y abigarrados Agatirsos, canto
Mezclando y danzas en tropel sonoro;
El de Cinto en las cumbres vaga en tanto;
Orna el suelto cabello, á par del oro,
Con tiernas hojas de gentil guirnalda,
Y los dardos retiemblan á la espalda.
Y Cretenses y Dríopes en coro,
Y abigarrados Agatirsos, canto
Mezclando y danzas en tropel sonoro;
El de Cinto en las cumbres vaga en tanto;
Orna el suelto cabello, á par del oro,
Con tiernas hojas de gentil guirnalda,
Y los dardos retiemblan á la espalda.
XXXII.
XXXIII.
Ascanio revolviendo va á doquiera
Su brioso caballo por el llano,
Y ya á los unos en veloz carrera,
Ora á los otros se adelanta ufano.
Entre inermes rebaños, aplaudiera
Un jabalí espumoso haber á mano,
Y ruega que del áspero boscaje
Algun rojo leon al campo baje.
Su brioso caballo por el llano,
Y ya á los unos en veloz carrera,
Ora á los otros se adelanta ufano.
Entre inermes rebaños, aplaudiera
Un jabalí espumoso haber á mano,
Y ruega que del áspero boscaje
Algun rojo leon al campo baje.
XXXIV.
Hé aquí el cielo amenaza, óyense truenos,
Sigue granizo y tempestad oscura;
Y, Tirios y Troyanos de afan llenos,
Cada cual por su lado huir procura:
Ni de Vénus al nieto acosa ménos
El cielo: albergues van por la llanura
Buscando: de las sierras eminentes
Se despeñan las aguas á torrentes.
Sigue granizo y tempestad oscura;
Y, Tirios y Troyanos de afan llenos,
Cada cual por su lado huir procura:
Ni de Vénus al nieto acosa ménos
El cielo: albergues van por la llanura
Buscando: de las sierras eminentes
Se despeñan las aguas á torrentes.
XXXV.
XXXVI.
¡Oh raíz de infortunio, hora funesta!
No alimenta en su amor furtiva llama
La Reina ya, ni miramiento presta
A lo que honor ó la opinion reclama:
Por velo da á su culpa manifiesta
Nombre de matrimonio. Y ya la Fama
Por cuantas villas Africa numera
Canta con voz los hechos pregonera.
No alimenta en su amor furtiva llama
La Reina ya, ni miramiento presta
A lo que honor ó la opinion reclama:
Por velo da á su culpa manifiesta
Nombre de matrimonio. Y ya la Fama
Por cuantas villas Africa numera
Canta con voz los hechos pregonera.
XXXVII.
Fama aquella malvada se apellida
Que es veloz como igual no ha visto el cielo,
En su movilidad está su vida,
Y le crecen las fuerzas con el vuelo:
En los primeros pasos va encogida;
Luégo se alza ambiciosa: por el suelo
Humildemente rateando empieza;
Luégo esconde en las nubes la cabeza.
Que es veloz como igual no ha visto el cielo,
En su movilidad está su vida,
Y le crecen las fuerzas con el vuelo:
En los primeros pasos va encogida;
Luégo se alza ambiciosa: por el suelo
Humildemente rateando empieza;
Luégo esconde en las nubes la cabeza.
XXXVIII.
Llena de ardor contra los Dioses, creo,
La Tierra hubo á la Fama hija postrera,
Póstuma hermana á Encélado y á Ceo,
Agil de miembros y de piés ligera.
Cuantas plumas, enorme monstruo y feo,
Ciñendo al cuerpo va, ¿quién tal creyera?
Tantos debajo oculta ojos despiertos,
Tantas bocas y oidos siempre abiertos.
La Tierra hubo á la Fama hija postrera,
Póstuma hermana á Encélado y á Ceo,
Agil de miembros y de piés ligera.
Cuantas plumas, enorme monstruo y feo,
Ciñendo al cuerpo va, ¿quién tal creyera?
Tantos debajo oculta ojos despiertos,
Tantas bocas y oidos siempre abiertos.
XXXIX.
Estridente en la sombra mueve el ala
De noche, y entre tierra y cielo vuela;
Nunca el sueño sus párpados regala!
De dia, misterioso centinela,
En techo ó torre altísima se instala,
Y asombro dando á las ciudades, vela,
Y con ardor igual, doquier que gira,
Divulga la verdad y la mentira.
De noche, y entre tierra y cielo vuela;
Nunca el sueño sus párpados regala!
De dia, misterioso centinela,
En techo ó torre altísima se instala,
Y asombro dando á las ciudades, vela,
Y con ardor igual, doquier que gira,
Divulga la verdad y la mentira.
XL.
Lo mismo ahora, ufana, diligente.
Mezcla verdades y ficciones vanas,
Y esparciéndolas vuela entre la gente
Corriendo las provincias comarcanas:
Que ha arribado, de Troya procedente,
Enéas á las playas africanas;
Que le acoge, y consiente en ser su esposa,
La soberana de Cartago hermosa;
Mezcla verdades y ficciones vanas,
Y esparciéndolas vuela entre la gente
Corriendo las provincias comarcanas:
Que ha arribado, de Troya procedente,
Enéas á las playas africanas;
Que le acoge, y consiente en ser su esposa,
La soberana de Cartago hermosa;
XLI.
Más: que olvidando públicos cuidados.
En la red del placer entretenidos,
Gozan los dias del invierno helados,
Por amor, lo que duren, encendidos:
La ímpia Diosa por campos y poblados
Va esto poniendo en bocas y en oidos,
Y al rey Yárbas torciendo, llega en breve,
Le inflama el alma, y á furor le mueve.
En la red del placer entretenidos,
Gozan los dias del invierno helados,
Por amor, lo que duren, encendidos:
La ímpia Diosa por campos y poblados
Va esto poniendo en bocas y en oidos,
Y al rey Yárbas torciendo, llega en breve,
Le inflama el alma, y á furor le mueve.
XLII.
Robó á la ninfa Garamanta un dia
Jove Amon; de éstos hijo Yárbas era;
El cual cien templos dedicado habia,
En los vastos dominios en que impera,
A su padre, y cien aras, donde ardia
Velador fuego que morir no espera:
El suelo en sangre víctimas coloran;
Tiernas guirnaldas el dintel decoran.
Jove Amon; de éstos hijo Yárbas era;
El cual cien templos dedicado habia,
En los vastos dominios en que impera,
A su padre, y cien aras, donde ardia
Velador fuego que morir no espera:
El suelo en sangre víctimas coloran;
Tiernas guirnaldas el dintel decoran.
XLIII.
El rumor revolviendo que le aqueja
Yárbas allí, entre estatuas tutelares,
Gime alzando las palmas; ni se aleja
Sin fatigar con ruegos los altares:
«¡Oh Jove omnipotente, á quien festeja
Con obsequios del Dios de los lagares
La gente maura en recamados lechos!
¿Ves, dí, la iniquidad de humanos pechos?
Yárbas allí, entre estatuas tutelares,
Gime alzando las palmas; ni se aleja
Sin fatigar con ruegos los altares:
«¡Oh Jove omnipotente, á quien festeja
Con obsequios del Dios de los lagares
La gente maura en recamados lechos!
¿Ves, dí, la iniquidad de humanos pechos?
XLIV.
»¿Ves? ¿Ó cuando á las nubes rompe el seno
El fuego, y tiembla el hombre, asombro es vano?
¿No es voz de tu furor el ronco trueno?
¿Ciegos salen los rayos de tu mano?
Vino aquí errante una mujer: terreno
Compró para ciudad pequeña: un llano
La dí que cultivado la abastase;
A su dominacion yo eché la base.
El fuego, y tiembla el hombre, asombro es vano?
¿No es voz de tu furor el ronco trueno?
¿Ciegos salen los rayos de tu mano?
Vino aquí errante una mujer: terreno
Compró para ciudad pequeña: un llano
La dí que cultivado la abastase;
A su dominacion yo eché la base.
XLV.
»Y ella ayer desechóme por marido;
¡Ah! ¡y ella un huésped hoy sienta á su lado!
Y éste que unge el cabello y va servido
De eunucos, nuevo Páris, y el tocado
Meonio ciñe, en vergonzoso olvido,
Gozando libre está de un bien robado;
¡Y yo, que en darte culto no reposo,
Llevo infeliz renombre de dichoso!»
¡Ah! ¡y ella un huésped hoy sienta á su lado!
Y éste que unge el cabello y va servido
De eunucos, nuevo Páris, y el tocado
Meonio ciñe, en vergonzoso olvido,
Gozando libre está de un bien robado;
¡Y yo, que en darte culto no reposo,
Llevo infeliz renombre de dichoso!»
XLVI.
Tal, asido al altar, Yárbas gemia;
Y oyendo el Padre su clamor prolijo
Vió la copia de amantes que yacia
En torpes lazos, y á Mercurio dijo:
«Óyeme, y cruza la region vacía;
Los céfiros te ayuden, vuela, hijo;
Vé al Rey troyano que en Cartago olvida
Mansiones do Fortuna le convida.
Y oyendo el Padre su clamor prolijo
Vió la copia de amantes que yacia
En torpes lazos, y á Mercurio dijo:
«Óyeme, y cruza la region vacía;
Los céfiros te ayuden, vuela, hijo;
Vé al Rey troyano que en Cartago olvida
Mansiones do Fortuna le convida.