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Eneida; v.1 de 2 cover

Eneida; v.1 de 2

Chapter 918: CLXXI.
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About This Book

An epic poem follows a Trojan hero driven by duty and destiny from the fall of his city through a sea voyage and trials in foreign lands, including a tragic love affair with a queen and a harrowing descent to the underworld; gods shape events while human loyalties and rivalries produce warfare upon arrival in a new land. Themes of piety, fate, exile, and the costs of founding a political order recur, and the narrative balances dramatic episodes, speeches, omens, and moral reflection as it traces a mixture of personal sorrow and public mission.

»Ese, de asta de paz y augusto porte,
Que á la luz va por suerte el más cercano,
Será el primero que á la vida aporte,
Con sangre mixta y con renombre albano:
Mira, es Silvio: Lavinia tu consorte
A luz darále, de tu amor, ya anciano,
Póstumo dón: le criará su madre
Rey en las selvas, y de reyes padre.

CLV.

»De ahí en Italia empezará el reinado
De Troya. Honor de la Troyana gente,
Prócas luégo aparece, y á su lado
A Cápis ves y á Numitor presente;
Y al otro Silvio, á quien tu nombre añado,
Enéas, ya en virtudes eminente,
Ya en armas, si reinare en Alba un dia:
¡Qué mancebos! ¡qué heroica bizarría!

CLVI.

»Contempla aquésos cuya sien serena
Asombra en derredor cívica encina:
Cuáles de ellos á Gabia y á Fidena
Te alzarán, y la villa Nomentina;
Y de ellos cuáles una y otra almena
Fundarán sobre montes Colatina,
Y á Pomecio y á Inuo, á Bole y Cora;
Nombre á campos darán sin nombre ahora.

CLVII.

»Vé á Rómulo, hijo de Ilia, descendiente
De Troya, hijo de Marte, que al abuelo
Sigue; y mira ondear sobre su frente
Crestones dobles con gallardo vuelo:
Marca el padre en su noble continente
Su propia, alta mision. Por él al cielo
Levantará la frente pensadora
Roma, del orbe militar señora.

CLVIII.

»La cual de siete alcázares murada,
Con viriles renuevos en que abunda
Rie, como en su carro alborozada
De Berecinto la Deidad fecunda
Por las frigias ciudades torreada
Va, y su prole celeste la circunda:
Cien nietos que amamanta y que la adoran;
Todos son Dioses y entre Dioses moran.

CLIX.

»Los ojos torna: á tu nacion atento
Contempla en Roma; á César mira; advierte
Los racimos de Yulo tu sarmiento,
Que á luz cabal predestinó la suerte.
Éste es, éste es el que una vez y ciento
Oiste á altos anuncios prometerte,
César Augusto, hijo de un Dios, que al mundo
El áureo siglo volverá fecundo.

CLX.

»Él á Italia honrará con tales dones
Cual ya Saturno; y llevará su imperio
Del Indo y Garamanta á las naciones,
Su valor fatigando al hemisferio;
Y abriránse á su paso las regiones
Que allende el Sol se embozan en misterio,
Á do el cielo con astros rutilante
Rueda en los hombros del eterno Atlante.

CLXI.

»Ya ven los Caspios reinos su venida,
Por anuncios, con ánimo intranquilo;
Ya la tierra Meótica trepida,
Sus siete brazos estremece el Nilo.
Tigres guiando con pampínea brida
Y de Nisa impeliendo, excelso asilo,
Su carro victorioso, Baco empero
Llegar no pudo á ese último lindero.

CLXII.

»No corrió Alcídes mismo espacio tanto,
Aunque prendió con rápida saeta
La cierva piés-de-bronce, y de Erimanto
Impuso paces en la selva inquieta,
Y el lerneo confin cubrió de espanto.
¿Y dudamos vencer adversa meta
Nuestra gloria ensanchando? ¿Harán temores
Que no hollemos la Ausonia triunfadores?

CLXIII.

»¿Quién es aquél que coronado asoma
De insigne oliva, y que con propia mano
Ya sobre sí sacras ofrendas toma?
Su barba anuncia y su cabello cano
Al primer rey-legislador de Roma,
Que de su humilde Cúres, aldeano,
Y de su hogar, desnudo, imperio grande
Saldrá á regir cuando el deber lo mande.

CLXIV.

»Tulo va en pos, que moverá á pelea,
La paz quebrando, á ejércitos vecinos
Ya al prez no usados que el valor granjea;
Y Anco despues, que áun hoy en sus caminos
El aura popular vano desea.
¿O quieres ver los príncipes Tarquinos,
De Bruto vengador el alma fiera
Y los fasces que al pueblo recupera?

CLXV.

»Bruto duras segures el primero
Cobrará, y el honor del consulado;
Y al ver que nuevo plan traman guerrero,
El, de la bella libertad prendado,
Muerte á sus hijos mandará severo.
En él vencieron (¡padre infortunado!),
Cualquier fallo que espere á su memoria,
Amor de patria y ambicion de gloria.

CLXVI.

»Brillar Decios y Drusos vé lejanos;
Torcuato, que levanta el hacha impía;
Camilo, que del triunfo, con romanos
Rescatados pendones, se gloría.
Esas dos almas que cual dos hermanos
En sombra armadas ves, rayando el dia
¿Qué guerra no se harán? ¡Cuánto de estragos!
¡Qué grandes huestes y sangrientos lagos!

CLXVII.

»De los Alpes el suegro se abalanza;
Convoca sus legiones de Orïente
El enojado yerno á la venganza.
¡Hijos! ¡no hirais el seno á la inocente
Patria! ¡no eterniceis bárbara usanza!
¡Tú, el primero, de Olimpo procedente,
Oh sangre mia, de rencores libre,
No ya esa arma cruel tu mano vibre!

CLXVIII.

»Aquél, cuando á Corinto á su talante
Haya tratado y al orgullo aquivo,
Al Capitolio correrá triunfante;
Éste, el país de Agamemnon nativo
Subyugará, y en Pérses arrogante
Verá á un nieto de Aquíles fugitivo:
Tales desquites á Ilïon reserva
Y al profanado templo de Minerva.

CLXIX.

»No al gran Caton olvidaré, no á Coso;
Ni ya á los Gracos, ni á los dos Scipiones,
Relámpagos de guerra, pavoroso
Apellido á las líbicas regiones.
Fabricio, en tu pobreza poderoso,
¡Salve! y tú, el oro en rústicos terrones
Esparciendo, oh Serrano! ¡Salve, oh Fabios!
No, aunque cansado, os callarán mis labios.

CLXX.

»Máximo, con tardanzas tú prudentes
Salvarás la Nacion. Y esto adivino:
Otros con más primor vultos vivientes
Harán de bronce duro ó mármol fino;
Oradores habrá más elocuentes;
Sabios podrán con más seguro tino
El cielo escudriñar y las estrellas,
Y los cercos medir y el poder de ellas;—

CLXXI.

»Tú, Romano, regir debes el mundo;
Esto, y paces dictar, te asigna el hado,
Humillando al soberbio, al iracundo,
Levantando al rendido, al desgraciado.»
Habla Anquíses, y atiéndenle en profundo
Silencio. «Ved,» añade, «señalado
Con opimos despojos á Marcelo,
Que alza entre todos vencedor su vuelo.

CLXXII.

»En mar revuelta armado caballero
Librará al pueblo de infeliz destino,
Venciendo al Galo, al Peno, y el tercero
Será que ofrenda igual cuelgue á Quirino.»
Viendo Enéas que aquél por compañero
Trae á un jóven de aspecto peregrino
Y brillante armadura, mas la frente
Mustia casi, ojos bajos, faz doliente;

CLXXIII.

«¿Y quién es el doncel, ¡oh padre!» exclama,
«Que le sigue en amiga competencia?
¿Hijo suyo será, ó acaso rama
Remota de su ilustre descendencia?
¿Qué són de córte en torno se derrama?
¡Cuán parecido en la marcial presencia!
¡Mas ay! que en torno de su frente vaga
Odiosa noche con su sombra aciaga!»

CLXXIV.

Con lágrimas Anquíses respondia:
«¿Quieres anticipar de los Romanos
El eterno dolor? Fortuna un dia
Ese jóven mostrando á los humanos
Tornarále á ocultar en sombra impía.
Tal vez, tal vez, oh Dioses soberanos,
Si este dón inmortal nos franqueara,
El trance vuestra diestra recelara!

CLXXV.

»Del Campo Marcio á la romana plaza
¡Cuántos gemidos herirán los cielos!
Y si ya tu onda su sepulcro abraza,
¿Qué, oh Tibre, no verás de acerbos duelos?
Ningun mancebo de troyana raza
Tanto alzará, como él, de los abuelos
Latinos la esperanza; hijo más bueno
Nunca otro criarás, Roma, á tu seno.

CLXXVI.

»¡Oh tipo de fe antigua y piedad rara!
¡Oh, qué brazo invencible en lid guerrera!
Ninguno, si viviese, le retara
Impune, ó ya á pié firme combatiera
Ó caballo brioso espoleara.
Mas ¿qué suerte llorosa no le espera?
¡Ah! lograses trocar males por bienes!
Tú un Marcelo serás, sombra que vienes:

CLXXVII.

»Azucenas me dad con mano larga;
Que, á ilustre nieto fáciles honores,
Cortos alivios de esparanza amarga,
Quiero esparcir sobre su frente flores.»
Dice, y la voz en lágrimas se embarga.
Tal los campos hollando encantadores
En que benigna luz mágica oscila,
Míranlo todo el héroe y la Sibila.

CLXXVIII.

Y luégo que hubo el padre al hijo atento
Aventuras y sitios explicado,
Avivando en su pecho el patrio aliento
Y ambicion santa de futuro estado,
Nuevas guerras le anuncia, de Laurento
Pueblos y muros do le cita el hado:
Y maneras le enseña como eluda
Ya caso extraño, ya fatiga ruda.

CLXXIX.

Allá en confines de misterio eterno
El Sueño volador tiene dos puertas,
Una de albo marfil, otra de cuerno,
A ensueños varios á la vez abiertas.
Transitan la primera, del Averno
Fábricas de ilusion, sombras inciertas;
Las visiones é imágenes reales
Cruzan de la segunda los umbrales.

CLXXX.

Yendo hablando los tres, hé aquí despide
Anquíses á los dos por el abierto
Pórtico de marfil. Enéas mide
Arrancando de allí, camino cierto
Hácia amigos y naves, y decide
Ir tierra á tierra de Cayeta al puerto.
Ya, por fin, proa afuera áncoras tiran;
Las popas en la costa alzar se miran.

FIN DEL TOMO PRIMERO.

NOTAS:

[A] Aquí transcribe el crítico, de la traducción de la Eneida por el Sr. Caro, cinco actavas (LXXII á LXXVII), que el lector puede ver en este tomo á la pág. 172.

[B] Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, por Rufino José Cuervo. Bogotá, 1867-1872. Un v. in 8.º, de 527 páginas.—(De esta obra ha salido á luz en este año en Bogotá, una 3.ª edición, considerablemente aumentada.)—El Editor.

[C] Aquí sigue discurriendo el crítico sobre las transformaciones que en su concepto debe experimentar el castellano en América. Suprimimos esta parte como no pertinente al asunto. El Editor.