WeRead Powered by ReaderPub
Eneida; v. 2 de 2 cover

Eneida; v. 2 de 2

Chapter 679: CXC.
Open in WeRead

About This Book

The epic follows a Trojan leader who escapes the destruction of his city and undertakes a divinely guided journey across the Mediterranean to reach Italy, where he is destined to establish a people. Along the voyage he encounters love and loss, notably a doomed affair with a foreign queen, descends to the underworld to learn his future, and suffers repeated divine interference that shapes events. The second half focuses on martial struggles in Italy against local rulers, culminating in a brutal confrontation that resolves personal vengeance and political destiny. Themes include duty, piety toward gods and family, the tension between private desire and public obligation, and the moral costs of founding a nation.

CLXXX.

»¡Dejaréla!» Y diciendo se levanta
Sobre el enfermo muslo: aunque le impide
Fiero dolor mover la torpe planta,
Animo cobra, y su caballo pide
Que con bien le sacó de guerra tanta:
En él su gloria y su aficion reside,
Noble consolador, fiel compañero.
Al afligido bruto habló el guerrero:

CLXXXI.

«Hemos vivido á fe tiempo sobrado,
Rebo, yo y tú, si mucho tiempo dura
Cosa alguna mortal. Ó ensangrentado
Hoy el vulto traerás y la armadura
De Enéas, y á mi Lauso harás vengado;
O si todo camino cierra dura
La desgracia al valor, caerás! Te digo
Que has de vencer ó de morir conmigo.

CLXXXII.

»Que tú, digno bridon, nunca á villanos
Yugos el cuello inclinarás; ¿ni cómo
Habrias de admitir amos troyanos?»
Dice, y monta el corcel, que humilla el lomo
A recibirle; se llenó las manos
De agudos dardos, y asentóse á plomo:
Guarnecida de bronce centellea
Su frente; áspera crin encima ondea.

CLXXXIII.

Rápido á los contrarios se abalanza;
En el pecho le hierven á porfía
Impetus de vergüenza y de venganza,
Y del herido amor la frenesía
Y el probado valor de su pujanza.
Llama á Enéas, y á lid le desafía
Con grande voz tres veces. El Troyano
Reconocióle, pues, y exclama ufano:

CLXXXIV.

«¡De los Dioses el Padre así lo quiera!
¡Quiéralo el alto Apolo!—Ya contigo
Soy en batalla.» Hablando en tal manera
Con fatídica lanza á su enemigo
Ocurre. El cual replica: «¡Cruda fiera!
Lo acertó tu crueldad; la luz maldigo;
Mátasme un hijo y la esperanza, ¿y quieres
Despues de eso asustarme? ¡Necio eres!

CLXXXV.

»Amenaza no habrá con que me espantes:
No hay Dios á quien respete: no me inspira
Miedo el morir; vengo á morir; mas ántes
Estos dones te traigo.» Dice, y tira
Un dardo, y otro, y otros: incesantes
Lanzándolos, en vasto cerco gira
Volando en torno al campeon, que al rudo
Asalto opone firme el áureo escudo.

CLXXXVI.

Tres veces dió la vuelta el caballero
Sobre la izquierda, armas lanzando á mano;
Y tres cubierto todo en fino acero,
Movió consigo el adalid troyano
Aquel de hincadas puntas bosque entero:
Desclavar tanta flecha, empeño es vano;
Y Enéas lleva á mal que se dilate,
Urgente ya, tan desigual combate.

CLXXXVII.

Medita: al fin en presto movimiento,
A do las huecas sienes le divida,
Dispara al bruto de guerrero aliento
Su lanza. El cual, no bien sintió la herida,
Estribando en los piés azota el viento
Con las manos, y sigue en su caida
Al enredado caballero, y rueda
De bruces, y él bajo sus lomos queda.

CLXXXVIII.

Ambos campos el cielo á grito herido
Encienden. Vuela Enéas, y el acero
Desnudando sobre él, «¿A dónde es ido
Aquel Mezencio,» dice, «ántes tan fiero?
¿Qué se ha hecho ese arrojo tan temido?»
Apénas el exánime guerrero
Cobró, volviendo al cielo la mirada,
La luz perdida y la razon turbada,

CLXXXIX.

Y responde: «¡Acerbísimo enemigo!
¿A qué suspendes sobre mí la muerte?
¿Qué me increpas si á nada yo te obligo?
Libre eres de matarme; ni á moverte
Con ruegos vine aquí, ni ya contigo
Pactos hizo mi Lauso de esa suerte.
Mas si áun queda piedad para el vencido,
Una sola merced muriendo pido:

CXC.

»¡Da que sea mi cuerpo sepultado!
Vengativas escucho en torno mio
Rugir las olas de mi pueblo airado;
¡Sálvame tú de ese furor impío!
Pueda de un hijo reposar al lado!»
Esto dijo no más, y sin desvío
Entregó la garganta á la honda herida.
Y en sangre envuelta derramó la vida.