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España y América

Chapter 15: PEDRO DE VALDIVIA
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About This Book

This collection of historical and literary essays seeks to renew cultural and scholarly ties between Spain and its former American territories by surveying the discovery of the Americas, the roles of monarchs and notable actors, and the commemorations that marked the discovery’s quadricentennial. Combining conference lectures and periodical writings, the work evaluates documentary evidence, critiques contemporary celebrations and publications, and offers concise, erudite investigations intended to clarify contested questions in Americanist historiography.

PEDRO DE VALDIVIA

Fué Diego de Almagro, al decir de Fernández de Oviedo, «uno de los escogidos é más acabados Capitanes que á Indias han passado, y aun que han militado fuera della.» La posteridad ha confirmado plenamente el juicio del viejo cronista de las Indias; pero para la generalidad de las gentes, el esforzado compañero y rival de Pizarro no es todavía lo conocido que merece. Basta decir que en ninguna de las publicaciones promovidas por la celebración del Centenario, el Adelantado del Cuzco ha sido recordado en el modo y forma que en justicia reclaman sus insignes merecimientos.

Solamente el descubrimiento de Chile coloca su nombre entre los más atrevidos y heroicos descubridores de los tiempos antiguos y modernos. El paso de los Andes, si indiscutibles testimonios históricos no lo probaran como lo prueban cumplidamente, parecería increíble. La travesía por el corazón de las nevadas sierras, que no han podido cruzar aún las vias férreas, para mayor grandeza, verificada en invierno, publica la fortaleza invencible de aquel capitán ilustre, á quien ni la magnitud de la empresa, ni el peso de la ancianidad, ni los sufrimientos pasados en la conquista del Perú, ni las riquezas y honores ya adquiridos, pudieron detener un solo instante en la ejecución de su colosal empeño.

¿Cómo, una vez coronado á tanta costa por el triunfo, después de arribar á Chile y de llegar hasta el Maule, dio la vuelta al Perú, sin dejar siquiera fundación alguna que asegurase y conservase lo descubierto y conquistado? Pregunta es esta, á la que no ha logrado aún responder satisfactoriamente la historia.

Tres españoles, Hoz, Camargo y Valdivia, acariciaron al mismo tiempo la idea de proseguir la abandonada empresa. Mas

Á solo el de Valdivia esta victoria
Con justa y gran razón le fué otorgada,
Y es bien que se celebre su memoria,
Pues pudo adelantar tanto su espada:
Éste alcanzó en Arauco aquella gloria
Que de nadie hasta allí fuera alcanzada;
La altiva gente al grave yugo trujo
Y en opresión la libertad redujo.

Así cantaba, con verdad y justicia, el insigne autor de La Araucana; pero se aparta igualmente de una y otra cuando, más adelante, nos dice que Valdivia

Con una espada y capa solamente,
Ayudado de industria que tenía,
Hizo con brevedad de buena gente
Una lucida y gruesa compañía.

Valdivia, al emprender la conquista de Chile, no era un simple y vulgar aventurero de capa y espada, como nos cuenta Ercilla, sino Maestre de Campo en el Perú, reputado por sus hazañas en las guerras de Italia, en el descubrimiento y conquista de Venezuela y en la batalla de las Salinas. Á su bien ganada fama y á su alto grado en la milicia, el esforzado extremeño añadía una posición desahogada, pues poseía el valle de la Canela, en las Charcas, que después de su partida fué suficiente para ser distribuído entre tres conquistadores; y una mina de plata que, en un decenio, produjo más de 200.000 castellanos. Consta del modo más auténtico, por confesión del mismo Valdivia en carta al Emperador Carlos V, fechada el 15 de Octubre de 1550. Si no hubiese estado acomodado, no habría podido emprender, como emprendió por su cuenta, la conquista de Chile. De Pizarro sólo recibió el nombramiento de Teniente de Gobernador y Capitán general de la Nueva Toledo y Chile, con facultades de explorar la tierra de allende los Andes, á su costa, como pudiera, sin proporcionarle ninguna especie de auxilio.

Uno de sus compañeros de armas, el capitán Alonso de Góngora Marmolejo, nos ha dejado el siguiente retrato de Valdivia: «Era hombre de buena estatura, de rostro alegre, la cabeza grande conforme al cuerpo, que se había hecho gordo, espaldudo, ancho de pecho, hombre de buen entendimiento, aunque de palabras no bien limadas, liberal, y hacía mercedes graciosamente. Después que fué señor rescibía gran contento en dar lo que tenía; era generoso en todas sus cosas, amigo de andar bien vestido y lustroso, y de los hombres que lo andaban, y de comer y beber bien: afable y humano con todos; mas tenía dos cosas con que obscurecía todas estas virtudes: que aborrecía á los hombres nobles, y de ordinario estaba amancebado con una mujer española, á lo cual fué dado.»

No son estas las faltas que censura en Valdivia el autor de La Araucana, sino que fuese

Remiso en graves culpas y piadoso,
Y en los casos livianos riguroso.

Trece años duró el descubrimiento, conquista y gobierno de Chile por Valdivia; trece años de trabajos en tierras, no auríferas, sino yermas, y en lucha, no con indios como los del Perú, sino con uno de los pueblos más fieros y valerosos del Nuevo Mundo: los indómitos araucanos. «No eran éstos ciertamente—escribe el ilustre historiador chileno Amunátegui—los cumplidos caballeros armados de lanzas y macanas que ha pintado Don Alonso de Ercilla en octavas bien rimadas y peinadas, sino bárbaros sin más religión que algunas supersticiones groseras, ni más organización social que la que resultaba de la obediencia á los jefes que sobresalían por el valor ó la astucia; obediencia que, sobre todo en tiempo de paz, era sumamente floja.»

¿Qué testimonio mayor de la barbarie de estas gentes que lo que hicieron con Valdivia cuando cayó en sus manos prisionero, en la desgraciada rota de Tucapel? Según Ercilla, el conquistador de Chile fué muerto de un golpe de maza. El Padre Alonso de Ovalle dice que le echaron oro derretido en la boca. Pero lo más cierto en este punto es la relación de Góngora Marmolejo, confirmada por la carta del Cabildo de Santiago á la Real Audiencia de Lima, el 26 de Febrero de 1554, según la cual el desgraciado Valdivia, después de prisionero, vivió hasta tres días, herido y maltrado horriblemente, y, después de muerto, los feroces araucanos cortaron el cadáver en pedazos y se lo comieron. Ercilla, que con tan patéticos colores nos pinta la muerte del bárbaro Caupolicán, no tuvo para el heroico español sino vulgares frases, desnudas de poesía. No sabemos si para la honra de España han sido más fatales los versos de Ercilla ó las páginas del Padre Las Casas, abogados igualmente de los Indios é injustos con los conquistadores.

Codicia, fué ocasión de tanta guerra,
Y perdición total de aquesta tierra.

Decía el autor de la La Araucana, La codicia, y solamente la codicia, han repetido después, en su odio á nuestra patria, los detractores de sus glorias.

Por dicha nuestra, es la gloriosa figura del conquistador de Chile una de las que, de manera más cumplida, patentizan ante el mundo la grandeza civilizadora del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. No fué sólo la codicia el móvil de obra tan grande, ni la guerra el único medio que emplearon nuestros padres. Valdivia, maestre de campo; Valdivia, acomodado, no fué á Chile por pura codicia; fué por dar rienda suelta á su espíritu aventurero, religioso y patriótico; fué por encontrar un campo en que poder dar vuelo á la fuerza de acción que sentía en sí mismo. Por eso en Valdivia vale, tanto ó más que el soldado, el civilizador y colonizador, el fundador de la sociedad chilena. Díganlo, si no, las ciudades que dejó fundadas, que son hoy las más florecientes de la República chilena. Santiago, La Serena, La Concepción, La Imperial, Valdivia, Valparaíso, todas fueron erigidas por Valdivia. En ninguna otra conquista entró por menos la sed de oro ni el afán de riquezas que en la conquista de Chile. Precisamente las minas de este país casi no han sido conocidas y explotadas hasta nuestro tiempo. La población de Chile fué desde el principio de gente trabajadora y modesta, pero fuerte y valerosa. Á esto quiza deba principalmente la hoy poderosa República el fundamento sólido y venturoso de su prosperidad y de su gloria.

Y, dicho sea en su honra, de todas las nuevas naciones americanas de origen español, Chile es la que más noblemente ha conservado y honrado las memorias de sus padres. En el cerro de Santa Lucía, en Santiago, coronando la ciudad, se alza hace años la estatua de Valdivia, ejemplo que no ha tenido hasta ahora los imitadores que debiera en otros Estados. Aún no tienen estatuas en Méjico Hernán Cortés, en Lima Pizarro, en Bogotá Quesada, en Buenos Aires Garay, y así otros grandes conquistadores de pueblos y fundadores de ciudades. Lejos de mi ánimo acusar de ingratas, sino de perezosas, á las naciones que se encuentran en este caso. Estoy seguro de que no ha de tardar mucho tiempo en que todas honrarán á sus conquistadores como Chile á Valdivia.

Importa añadir que, no sólo la estatua, sino la casa y capilla de Valdivia, en Santiago, publican la gratitud de los chilenos al desventurado y glorioso conquistador. Es más: la fiesta que anualmente consagran á su memoria, no fué interrumpida ni en los días de la guerra entre Chile y España. De este modo el pueblo chileno revela bien á las claras los caracteres que distinguen á su organización social, fundada igualmente en la tradición y el progreso, y la fuerza y esplendor de su cultura, de la que puede envanecerse justamente y con Chile la patria de Almagro y de Valdivia.