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Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente cover

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

Chapter 67: CAPITULO LX.
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About This Book

El relato reconstruye la expedición al Mediterráneo oriental emprendida por fuerzas catalanas y aragonesas, describiendo sus campañas frente a turcos y griegos. Se apoya en papeles antiguos, escritores catalanes y fuentes griegas para reunir descripciones de operaciones, asedios, desplazamientos de tropas y relaciones diplomáticas. El autor combina detalles tácticos y comentarios políticos con notas genealógicas y biográficas en la prefación. El texto muestra un estilo culto y clásico, influido por modelos romanos, que alterna rigor documental con reflexiones sobre el valor y la administración militar.

CAPITULO LVII.

Montaner con las galeras Venecianas vuelve al Negroponte, y en Athenas se ve con el Infante Don Fernando.

Juan Tari general de las galeras Venecianas por órden de Tibaldo dió una galera á Montaner, para que llevase en ella sus camaradas, sus criados, y su ropa, y su persona se embarcó en la Capitana con Tari, de quien fué por extremo regalado, y servido.

A mas de esto Tibaldo dió cartas á Montaner para Negroponte, en que mandaba que se le restituyese todo lo que se le habia robado de su galera cuando prendieron al Infante, y esto so pena de la vida y perdimiento de bienes, si alguno lo ocultase. Con este buen despacho partió Montaner á Negroponte con las galeras Venecianas, donde llegaron con buen tiempo y luego se notificaron las cartas de Tibaldo al justicia mayor de Venecianos. Hicieronse luego pregones con las penas dichas á los que no restituyesen, y Juan Damici, y Bonifacio de Berona, como señores tambien de la Isla hicieron los mismos pregones, cuando vieron la carta de Tibaldo, supremo ministro en aquellas partes del rey de Francia. Fueron los pregones poco obedecido, porque no se hicieron sino solo para satisfacer y cumplir con esta demostracion con Tibaldo, porque Montaner no cobró cosa alguna de las perdidas, ni se le dió otra satisfacion. Montaner como verdadero criado y servidor el Infante, pidió á Juan Tari que le diese lugar para ir á la Ciudad de Athenas á verle y consolalle en su prision, que como nació subdito de los de su casa, no podia dexar de acudir en caso tan apretado como velle preso. Tari con mucha cortesía le ofreció de aguardar quatro dias en Negroponte, en que tendría bastante tiempo para ir á visitar al Infante, y volverse; porque de Negroponte, á Athenas habia solas veinte y cuatro millas.

Partió Montaner con cinco caballos, y en llegando á la Ciudad quiso ver al Duque, y aunque le halló enfermo, le dió lugar para le viese, y le recibió con mucha cortesía, y con palabras muy encarecidas le significó el sentimiento que habia tenido del suceso de Negroponte, quando le robaron su galera, y ofreció que en todo lo que se le ofreciese le ayudaria con veras. Montaner respondió que estimaba mucho la merced, y honra que le hacia, pero que solo deseaba ver al Infante Don Fernando. Diole licencia el Duque con mucho cumplimiento, y mandó que en el tiempo que Montaner estuviese con el Infante, todos quantos quisiesen pudiesen entrar en el castillo, y visitalle. Dieron luego libre la entrada de Sant Ober, y Montaner en viendo al Infante, las lagrimas le sirvieron de palabras, que mostraron el sentimiento de ver su persona puesta en manos de estrangeros. El infante en lugar de recibir algun consuelo de Montaner, fué él el que se le dió, y animó con palabras de grande valor y constancia.

Dos dias se detuvo Montaner en su compañía, platicandose los medios mas necesarios para su libertad, y últimamente quiso quedarse para serville, y asistille en la prision, no le consintió el Infante por parecelle mas conveniente que fuese á Sicilia á tratar con el Rey de su libertad. Diole cartas para el Rey, y le encargó que como testigo de vista refiriese á su tio todo lo que habia pasado en Thracia, y Macedonia, acerca de admitille en su nombre. Con esto se despidió Montaner, y fué á tomar licencia del Duque para volverse, de quien fué regalado con algunas joyas, que le fueron de mucho provecho, porque todo el dinero que trahia habia dexado al Infante, y repartidos sus vestidos entre los que le servian.

Vuelto á Negroponte, se partieron luego las galeras, y navegando por las costas de la Morea, llegaron á la Isla de la Sapiencia, donde toparon quatro galeras de Riambau Dasfar, de quien ya tenia lengua Montaner. Los Venecianos sospechosos siempre como gente de República, apartandose con Montaner, le preguntaron si Riambau Dasfar era hombre que les guardaria fe. Respodióles que era buen caballero, y que él no sería enemigo ni haria daño á los amigos del Rey de Aragon, y que con seguridad podrían estar todos juntos, y honrar á Riambau. Con esto se sosegaron, y Montaner pasó á la galera de Riambau Dasfar, y luego todas se juntaron, y se convidaron los capitanes con mucha llaneza y seguridad.

Llegaron á Clarencia donde se detuvieron las galeras Venecianas, y entonces Montaner se pasó á las de Riambau, en cuya compañía llegó á Sicilia, y en Castronuevo se vió con el Rey, y le dió larga relacion de lo que pasaba juntamente con la carta del Infante. Mostró el Rey gran sentimiento, y luego escribió al Rey de Mallorca, y al Rey de Aragon, para que todos juntos ayudasen á la libertad de Don Fernando; y en este medio Carlos hermano del Rey de Francia escribió al Duque de Athenas que enviase la persona del Infante al Rey Roberto de Nápoles. Obedeció el Duque; y así vino el infante á Nápoles preso, donde estuvo un año en una cortés prision, porque salia á caza, y comia con Roberto, y con su muger, que era su hermana. El rey de Mallorca su padre por medio del Rey de Francia le alcanzó libertad, con que el Infante vino á Colibre á verse con su padre.

CAPITULO LVIII.

Prision de Berenguer, y Gisbert de Rocafort.

Los nuestros despues que admitieron por Capitan general á Tibaldo, y le juraron en nombre de Carlos hermano del Rey de Francia, mantuvieron el puesto de Casandria, sustentándose de las correrias, y entradas que hacian la tierra á dentro, hasta llegar á Tesalónica donde estaba la Emperatriz con toda su Corte, con todas las riquezas y tesoros del Imperio de los Griegos, que esta ambiciosa mujer habia recogido para acrecentar á sus hijos en grave daño de Miguel su entenado, sucesor legitimo del padre. Mientras Rocafort sin recelo de mudanza trataba de su aumento, y grandeza, llegó el fin de su prosperidad, y principio de su desdicha, que las mas veces suele ser en la mayor confianza y seguridad del hombre; para que se conozca claramente la instabilidad de las cosas humanas y que no hay poder que pueda en sí propio asegurarse, porque las causas de su acrecentamiento son las mismas de su ruina.

La primera causa y motivo que tuvieron sus enemigos para deriballe, fué conocer en él un grande desconocimiento de lo que debia á su propia naturaleza y sangre, pues á mas de ser cruel, era codicioso y lascivo; insufribles vicios en los que mandan, porque la vida, honra, y hacienda, bienes los mayores del hombre mortal, andan siempre en peligro. El deseo de tomar satisfacion y venganza de los agravios recibidos de Rocafort, con el miedo se encubrieron, hasta que tomaron la ocasion del poco caso, y respeto que Rocafort, tenia á Tibaldo, y secretamente pusieron en platica su libertad, pareciéndoles que hallarian en Tibaldo, como en hombre ofendido, el remedio de sus agravios; pues casi eran comunes á todos. Dixeron á Tibaldo que les ayudase á salir de tan dura servidumbre, y que se reprimiese la insolencia de Rocafort, pues olvidado de lo que debia hacer un buen gobernador, y capitan, atropellando las leyes naturales, usaba de su poder en cosas ilicitas, y fuera de toda razon, y de los subditos libres como de sus esclavos, y de los bienes agenos como suyos propios. Que ya era tiempo que las maldades de Rocafort tuviesen castigo, y sus trabajos y peligros fin que pues él era la suprema cabeza pusiese el remedio conveniente, y diese satisfacion á tantos agraviados. Tibaldo como solo y forastero, temiéndose que no fueran echadizos de Rocafort para descubrir su animo, respondió con palabras equívocas, ni cargando á Rocafort, ni desesperándoles á ellos.

Era el Francés hombre muy prudente, y de grande experiencia, y quiso aunque agraviado de Rocafort, tentar el camino mas suave para moderalle; porque como el principal motivo de su venida habia sido para tener de su parte nuestro exercito, no reparaba en su particular autoridad, sino en lo que habia de ser de importancia para eL Príncipe, cuyo ministro era. El primer medio que tomó fué hablar con gran secreto á Rocafort, y pedille que se fuese á la mano en sus gustos, poniéndole delante los daños que le podrían causar. Pero Rocafort poco acostumbrado á sufrir personas que pretendiesen detener y corregir sus desordenes respondió á Tibaldo con tanta aspereza, que le obligó á poner remedio mas violento, y desesperado de poder mantener á Rocafort en el servicio de su Príncipe, sino se le consentían sus ruindades, determinó vengarse de él, y dexar nuestra compañia.

Pero disimuló esta determinacion hasta que un hijo suyo viniese con seis galeras de Venecia, á donde le habia enviado algunos meses antes. Llegaron dentro de pocos dias, y Tibaldo quando se vió seguras las espaldas, envió con gran secreto á decir á los Capitanes conjurados, que le hiciesen saber en lo que estaban resueltos de los negocios de Rocafort. Ellos respondieron que juntase consejo, y que en él veria los efectos de su determinacion. Dióse Tibaldo por entendido, y al otro dia hizo juntar el consejo, publicando que tenia cosas importantes que tratar en él. Vino Rocafort con la insolencia, y arrogancia que acostumbraba. A la primera platica que se propuso, comenzaron todos á quexarse de él; pero como hasta entonces no habia tenido hombre que le osáse contradecir, ni que descubiertamente se le atreviese, alborotóse extrañamente y con el rostro ayrado, y palabras muy pesadas, los quiso atropellar como solia. Entonces los Capitanes conjurados se fueron levantando de sus asientos, y llegándosele mas, multiplicando las quexas, y acordándose de los agravios que á todos hacia, diciendo, y haciendo, le asieron á el, y á su hermano, sin que pudiesen resistirse, porque los conjurados eran muchos, y resueltos. Luego que tuvieron presos á entrambos hermanos, y entregados á Tibaldo, acometieron la casa de Rocafort, y la saquearon toda, alargándose la licencia militar, como suele en casos semejantes, sin detenelles el respeto que debian tener á las paredes de quien habia sido su General tantos años, y con su espada, y valor heberles defendido tantas veces.

CAPITULO LIX.

Tibaldo llevando consigo los dos hermanos presos, dexa el exército, y los lleva á Nápoles, donde les dieron muerte.

Causó la prision de Rocafort diferentes efectos, porque sus amigos se entristecieron como participantes de sus delitos, y hubieran hecho alguna demostracion de liberalle, si no dudáran de que un caso tan grave no era posible haberse emprendido sino con gran prevencion de ayuda, y lados; y mas que aun no habia reconocido quales eran amigos, ó enemigos declarados, cosas que muchas veces suele ser de importancia para los que acometen casos tan repentinos, y prontos. Los Turcos, y Turcoples que eran los fieles á Rocafort, quedaron tan pasmados y atónitos del hecho, que no pudieron tomar resolucion.

Los Almugavares estaban divididos, la mayor parte le amaba, la otra le aborrecía, pero toda la gente de estimacion y la nobleza, como la mas ofendida, era la que procuraba con muchas veras su perdicion. Aquella noche que Rocafort estaba preso, fué toda inquieta, y llena de recelos. A la mañana ya pareció que habia mas sosiego, porque supieron que Rocafort, y su hermano estaban vivos. Pero quando á Tibaldo le pareció que tenia á todos los del exército mas descuidados, y seguros, una noche con gran secreto embarcó á los dos hermanos Rocafort en sus galeras, y él juntamente con ellos navegó la vuelta de Negroponte, desando burlada toda nuestra compañía.

A la mañana quando vieron partidas las galeras, y que Tibaldo se llevaba en ellas á los dos hermanos, alteraronse todos mucho, y decian que aunque Rocafort fuese de tan ruines costumbres, era su Capitan, y no les parecia justo entregarle á sus enemigos, para que hiciesen escarnio de él, y de nuestra nacion, dándole una muerte vil y afrentosa, en mengua de todos ellos. Que si Rocafort la merecia que se la hubiera dado el exército por sus manos, y no ponerle en las de sus mayores enemigos.

Con esta platica se fueron encendiendo los animos atizados de los amigos intimos de Rocafort de suerte, que llegaron á tomar las armas los Almugavares, y Turcos contra los que habian señalado en su prision, y con una furia y coraje increíble, lo iban buscando por sus alojamientos, y matando los que topaban, sin que hubiese soldado, ni caballero que se atreviese á resistirles; tanata fué la aficion y voluntad que la gente de guerra tuvo á Rocafort, que jamas la pudieron borrar sus maldades, y ruin correspondencia con los amigos ni en esta ocasion pudo sosegarse hasta vengarle, y satisfacerse muy á su gusto.

Quedaron muertos de este alboroto, ó motin catoce Capitanes de los mas conocidos enemigos de Rocafort, y otra mucha gente de los aficionado, y criados de estos capitanes, que quisieron al principio resistir. Cosa notable que los nuestros puestos en medio de sus enemigos, tres años continuos tuviesen ellos siempre guerra civil, derramándose mas sangre que en todas las demas que tuvieron con extraños. Y aunque las guerras civiles son de ordinario ocasion de no tenerlas con los extranjeros, no sucedió esto á los nuestros, pues á un mismo tiempo acometian al enemigo, y se mataban entre ellos.

Tibaldo llegó á Nápoles con los dos hermanos Rocafort presos, y los entregó al Rey Roberto su mortal enemigo. El origen de esta enemistad fué no haberle querido Berenguer de Rocafort entregas unos Castillos de Calabria, que por razon de las paces hechas entre los Reyes le pertenecían, hasta que le satisfaciesen lo corrido de sus pagas á él, y á su gente, y como los Reyes tienen por injuria, y atrevimiento grande, pedilles paga de servicios por medios violentos, aunque por entonces satisfizo á Rocafort, quedóle siempre vivo el sentimiento de este agravio. Mandó luego que lo llevasen á los dos hermanos al Castillo de la Ciudad de Aversa, y que encerrados en una obscura prision los dexasen sin darles de comer hasta morir.

Fué Berenguer de Rocafort el mas bien afortunado, y valiente Capitan que hubo en muchas edades, y el mas digno de alabanza, si al paso de su prosperidad, no crecieran sus vicios. Sirvió al Rey Don Pedro, y á sus hijos Don Jayme, y Don Fadrique de Capitan. Después con nuevos pensamientos se juntó con Roger en la Asia, á donde fué con no pequeño socorro.

Por muerte de Corbaran de Alet fué Senescal, Maestre de Campo, general del exército, y despues de muerto Roger, y berenguer preso, le gobernó por espacio de cinco años, sin competidor alguno, y en este tiempo destruyó muchas Ciudades y Provincias. Venció Tres batallas con muy desigual número de gente, y en una de ellas un Emperador de Oriente, y mantuvo una guerra tanto tiempo en el centro de las Provincias enemigas; y últimamente atravesó con su exército desde Galípoli á Casandria, quemando y destruyendo cuanto se le puso delante. Nunca fué vencido, ni aun en pequeñas escaramuzas.

Triumphó de todos sus enemigos, y en todas las guerras civiles y extranjeras fué siempre vencedor; pero el remate de todas estas dichas paró en una triste prision, y miserable muerte, aunque al parecer de todos, justísimo castigo del cielo, por la sangre inocente que derramó de sus amigos, y de otros muchos que injustamente murieron á sus manos.

Gisbert de Rocafort siguió la misma fortuna que su hermano, pero según se colige de los historiadores de aquellos tiempos, no procedió tan disolutamente como él, aunque fué participante y compañero en muchos de sus delitos, y particularmente en la de Berenguer, y quiza por no tener el lugar de su hermano fué menos notado, porque los vicios se descubren mas en la mayor fortuna. Quien fuesen estos caballeros, ó de que familia de las muchas que en Cataluña hubo de este apellido. Montaner lo calla como de muchos otras que se hallaron en esta grande empresa, que ni aun escribió sus nombres; yerro por cierto, ó descuido muy notable, y de grandísimo perjuicio para las casas nobles que hoy permanecen en estos Reynos, cuyos pasados se hallaron en esta tan señalada expedicion.

CAPITULO LX.

Eligen los Catalanes Gobernadores, y solicitados del duque de Athenas ofrecen de serville.

Después del miserable caso de Rocafort, y de los que por él se siguieron, que nuestro exército no solo sin cabeza, pero sin personas capaces de tanto peso; porque el gobierno de tan várias gentes, acostumbradas á obedecer famosos Capitanes, y envejecidas debaxo de su mando, mal se pudiera entregar á quien no fuera igual á los pasado en valor, y nobleza de sangre. Roger de Flor fué el que primero los gobernó, hombre, como se dixo, señaladísimo entre todos los capitanes de su tiempo.

Después Berenguer de Entenza ilustre por su sangre, y hazañas. Luego Rocafort, famoso por sus victorias; y aunque sin estos en nuestro campo habia muchos caballeros, y capitanes de nombre, que pudieran ocupar este puesto, habian todos perecido por la crueldad de Rocafort, que como á émulos y competidores les procuró siempre su perdicion; porque no hay razon que prevalezca en un hombre cuando se atraviesa la conservacion de un puesto grande, y los medios que pone para adquirille, y mantenelle, no repara en si son buenos, ó malos, á trueque de salir con su pretension.

Juntaronse los del consejo para elegir cabeza y considerando la falta que tenian de ellas, se resolvieron de nombrar dos caballeros, un Adalid, y un Almugavar, para que por todos cuatro juntos, por consejo de los doce se gobernase el campo.

Con este gobierno se entretuvieron algun tiempo en Casandria, á donde tuvieron Embaxadores del Conde de Breña, que sucedió en el Ducado de Athenas por la muerte de su Duque, ultimo descendiente de Boemundo, que por faltarle sucesion dexó su Estado al Conde su primo hermano. Traxo esta embaxada Roger Deslau, caballero Catalan, natural de Rossellon, que servia al Conde. Con este se asentó el trato, ofreciéndoles de parte de su Señor, que siempre que le viniesen á servir les daria seis meses de paga adelantada, y las mesmas ventajas que habian tenido en servicio del Emperador Andronico.

Pero dudabase mucho que pudiesen ir á serville, sino dándoles armada con que pasar; porque por tierra parecia imposible, por haber de atravesar tantas Provincias, y casi todas de enemigos, rios caudalosos, montes asperos, y todo esto sin haberlo reconocido. Con todas estas dificultades quedaron firmados todos los conciertos, por si en algun tiempo le fuesen á servir.

Pasaron el siguiente invierno los nuestros con alguna falta de bastimentos; y así en abriendo el tiempo, trataron de desamparar á Casandria, y acometer á Tesalónica, cabeza de toda la provincia, á donde estaba la mayor fuerza de ella, porque se tenia por cierto, que ganada esta Ciudad, podrían fundar con mucha seguridad los Catalanes, y Aragoneses su Imperio en ella, y alcanzar las mayores riquezas del Oriente, por residir allí Irene muger de Andronico, y María muger de su hijo Miguel, con toda su corte. No fueron estos consejos tan ocultos al Emperador Andronico, como se pensaba, y trató luego de prevenirse, porque conocia á los Catalanes con brios para emprender cosas tan grandes, y al parecer imposibles. Envió Capitanes expertos á Macedonia, á levantar gente para defender las Ciudades principales.

Mandó que dentro de ellas se recogiesen los frutos de toda las campañas, para asegurarse del daño que podia causar la falta de ellos, y dexar al enemigo la tierra de manera que no se pudiese mantener de lo que en ella quedaba. Mandó tambien que desde Cristopol hasta el monte vecino se levantase una muralla, para impedirles la vuelta de Thracia. Con esto le pareció al Emperador que acabaria á los Catalanes, si venir con ellos á las manos, que esto jamas quiso que se aventurase, porque tenia por imposible vencerlos con fuerza y violencia.

Estuvo bien cerca de salirle bien estas trazas á Andronico si el valor de nuestra gente no las hiciera vanas, y sin provecho.

CAPITULO LXI.

Sale el exército de Casandria; y pasa á Thesalia.

Dexaron los nuestros á Casandria, y vinieron con todo su poder la vuelta de Tesalónica, creyendo hallarla en el descuydo que Ciudad tan grande y populosa pudiera tener, pero fué muy diferente de lo que se pensó, porque bastecida de provisiones, y de gente de guerra, estaba sobre el aviso. Tentaron de acometella á viva fuerza de asaltos, pero las dos emperatrices que estaban dentro, asistidas de los mas valientes Capitanes del Imperio, libraron la Ciudad; porque los Catalanes, reconociendo tan gallarda defensa, dexaron la empresa, y alojados en las aldeas mas vecinas, corrieron la tierra para buscar el sustento; pero como la vieron vacía de gente, y de ganado, sospecharon la traza del enemigo que ellos no habian prevenido.

Trataron luego de partirse; porque ocho mil hombres, sin los cautivos, caballos y bagajes, eran número grande para poder sustentarse, y vivir de lo que el enemigo habia dexado de recoger.

Viendo pues la ruina inevitable si se detenian, determinaron volver á Thracia por el camino que truxeron á la venida; pero avisados de un prisionero que el paso de Cristopol estaba cerrado con un muro, y bastante gente para su defensa, tuvieronse casi por perdidos, porque creyeron tambien que tras esta prevencion, los Macedones, Thracios, y Lyrios, y Acarnanes, y los de Tesalia, todos los pueblos vecinos, juntas sus fuerzas les acometerían, ó por lo menos les defenderían el buscar el sustento, con cuya falta forzosamente habrian de perecer.

La última necesidad, como siempre acontece, les hizo resolver de atravesar toda la Provincia de Macedonia, y entrar en Thesalia, cuyos pueblos vivian sin recelo de sus espadas, porque creyeron que Macedonia, y las fuerzas que habian dentro de ella, fueran impenetrables muros para que los Catalanes los pudieran ofender. Apenas acabaron de tomar este consejo, cuando luego le pusieron en execucion, porque Andronico no les pudiese prevenir, y así desando á Thesalonica, recogiendo todas sus fuerzas, con increíble diligencia, porque el enemigo no les impidiese la entrada de los montes, caminaron por pueblos enemigos, tomando de ellos solo el sustento forzoso, porque el temor del peligro fué mayor entonces que su codicia, que por no detenerse, no la exércitaban.

Al tercero dia llegaron á la ribera del rio de Peneo, que corre entre los montes Olimpo, y Ossa, y riega aquel amenísimo valle llamado Tempe, tan celebrado en la antigüedad.

En las caserias, y poblaciones, riberas de este rio se alojaron, donde convidados de su regalo, y templanza del cielo, pasaron el rigor del invierno. Dióles ocasion para este reposo el tener llana y segura la salida par Tesalia, y la abundancia de bastimentos que hallaron en las tierra, poco trabajadas antes de gente militar. Fué este valle de Tempe tan estimado de los antiguos, así por la suavidad, y templanza del ayre, como por la Religion, y deidades que creyeron que habitaban entre aquellas selvas, y bosques, y en el rio, que le tenian por un paraíso, y propia habitacion de sus Dioses.

Los Griegos quando supieron el camino que los Catalanes habian tomado, poco seguros de que no volviesen, no los quisieron irritar, aunque la presteza de su camino fué de manera, que aunque les quisieran seguir no pudieran alcanzalles, y quedaron con nuevos temores de gente, cuya industria, y valor excedia todas sus fuerzas, y consejos.

CAPITULO LXII.

Baxa el exército de los Catalanes á Thesalia, y por concierto dexan esta
Provincia, y pasan á la de Achaya.

En entrando la primavera, salió el exército del valle y baxó á Thesalia, sin haber enemigo que se le opusiese, con que libremente se hicieron contribuir de la mayor parte de sus pueblos que viven en lo llano. Hallabase entonces esta Provincia sujeta á un Príncipe de poca capacidad, casado con Irene hija bastarda del Emperador Andronico. Estaba desavenido con su suegro, porque no queria reconocer la obediencia que debia al Imperio; porque ya en este tiempo aquella monarquia Oriental de los Griegos estaba en su última declinacion, y la mayor parte de los príncipes sujetos no la querian reconocer, porque la vieron sin fuerzas, y sin ellas qualquier derecho se pierde, que la sujecion no se da sino al poderoso. Así el Imperio de los Romanos del Occidente, ha venido á quedar en un título vano de su grandeza, porque Italia, Francia, España, y Inglaterra, que en un tiempo le rindieron tributo, y recibieron sus leyes, hoy se ven libres, porque declinó su poder, y con él se perdió su derecho; Los Godos y demas naciones Septentrionales le reduxeron á esta miseria. Luego que el Príncipe de Tesalia supo las fuerzas que tenia en su Estado, y que eran superiores á las suyas, con los buenos consejeros, y ministros fieles que tuvo, alcanzó lo que otros no pudieron con las armas, que fué persuadilles con dadivas, y con ruegos, que saliesen de su Estado; y así con una cortés embaxada, despues de haber fortificado algunas Ciudades, y puestos en defensa, porque tambien fuese esto ocasion de que los Catalanes no dexasen lo cierto por lo dudoso, ofrecieronles bastimentos necesarios, y fieles espias para que los llevasen á Achaya, ó á donde mejor les pareciese, y juntamente les dieron gran cantidad de dinero; porque quando el poder es muy inferior, no se puede tener por desvalor, y mengua redimir con dinero la vexacion que se padece.

Juntaronse los Gobernadores, y Consejeros del exército, y ponderando las dificultades y peligros que pudieran suceder de quedarse en la Provincia, juzgaron por cosa util y necesaria admitir los partidos, y caminar adelante; porque quanto mas se acercaban hácia el mediodia, tanto se acercaban á tener cerca los socorros de Sicilia, y de España. Respondieron á los Embaxadores, que ellos admitian el partido, y con esto el negocio quedó concluido, y luego por parte del Príncipe se les entregó el dinero, y vituallas, y ellos con mucha puntualidad partieron el dia que ofrecieron de salir. Con esto Tesalia quedó libre por su industria de gravísimos daños, y los Catalanes con la misma los evitaron, porque la guerra á todos es dañosa, y muchas veces el vencedor se diferencia solo en el nombre del vencido. El camino que los nuestros tomaron, fué por la parte montañosa de la Provincia de Thesalia llamada la Blaquia, que forzosamente hubieron de atravesar parte de ella.

Zurita quando refiere el camino que hizo este exército, recibió grande engaño, diciendo que la tierra que pasaron se llamaba Valaquia, porque no llegó á su noticia que habia Provincia que se llamáse Blaquia, porque Montaner de donde él lo sacó la llama Blaquia, y Zurita ignorando el nombre, y corrigiendo á Montaner, la llama Valaquia, llevado de la semejanza del nombre; pero á la Valaquia no llegaron los nuestros con cien leguas.

La Blaquia se debe llamar que es, según Nicetas en el fin de su historia, la tierra montañosa de Tesalia, que viene bien con el camino que los Catalanes hicieron, y con el nombre que Montaner la llama. Sus naturales se llaman Blacos, gente belicosa, y que tuvo muchos años oprimidos á los Emperadores Orientales, y aun hoy entre los Turcos conservan su nombre y valor, puesto que sujetó á tan bárbara y poderosa gente.

No acaba Montaner de encarecer el trabajo que se tuvo en este camino de la Blaquia, porque siempre fué con las armas en la mano, y peleando; tanta resistencia hallaron en los naturales.

Yo entiendo que una de las mayores empresas que se hicieron en esta expedicion, fué el abrir camino por esta tierra tan llena de gente plática, y valiente. Al fin la atravesaron á pesar suyo, con universal admiracion de los que conocieron el peligro, con las buenas y fieles guias de los de Tesalia.

Pasaron el estrecho llamado Thermopilas, célebre por los trescientos Espartanos que con Leonidas murieron defendiendo el paso á Xerxes, y la libertad de Grecia. De allí baxaron á la ribera del rio Cephiso, que baxa del monte Parnaso, y corre hácia el Oriente, desando á la parte del Norte los pueblos llamados de los antiguos Locrenses, Opuncios, y Epiemenides, y á medio dia Achaya, y Beocia. Llega este rio hasta Lebadia, y Haliarte, donde se divide y pierde el nombre y le muda en el de Esopo, y Ysmeno. Esopo corre por medio de la provincia Atica, hasta que entra en el mar.

Ysmeno junto de Aulide desagua en el mar Eupoyco, llamado hoy de Negroponte. Por aquellas vecinas aldeas de Locrenses se alojó nuestro campo para pasar el otoño, y invierno, y tomar resolucion de lo que se habia de hacer la primavera siguiente.

CAPITULO LXIII.

El Duque de Athenas recibe á los Catalanes.

Así que el Duque de Athenas supo que el exército de los Catalanes habia pasado los montes, y atravesado la Blaquia, envió con mucha diligencia sus Embaxadores á las cabezas del exército, temiendo que otros Príncipes vecinos recibiesen á los Catalanes en su servicio; porque como era milicia de tanta estimacion, todos procuraban tenerla en su favor, y así él con grandes ofrecimientos de pagas, y sueldos aventajados, les acordó la palabra que le dieron en Casandria de venille á servir quando él envió á Roger Deslau. Los Catalanes oida la embaxada del Duque, les pareció mas útil su amistad que la de los otros Príncipes vecinos; y así se concluyó el trato con él, que fué el mismo con que sirvieron al Emperador Andronico.

Con estos nuevos socorros el Duque se puso en Campaña á restaurar lo que sus enemigos habian ocupado de su estado.

El mas vecino, y poderoso enemigo era Angelo, Príncipe de los Blacos, y el Emperador Andronico que como Príncipe Griego aborrecia el nombre latino, y queria hechar de su Estado al Duque, y á los demas Franceses que le seguían.

El Despota de Larta, llamada de los antiguos Andracia, tambien le apretaba con sus armas. Contra los de estos tres enemigos, que aun divididos eran poderosos, comenzó la guerra el Duque, y fué tan dichoso en ella, que no solamente reprimió la furia y rigor de sus enemigos, y defendió su Estado, pero tambien cobró treinta fuerzas que le habian usurpado.

Últimamente se trataron y concluyeron paces con todos, pero se hicieron muy aventajadas por parte del Duque. Todos los sucesos de esta guerra que los Catalanes tuvieron con los enemigos del Duque, no hay Historiador que lo refiera sino solo por mayor, ni ha quedado memoria ni papel alguno de donde se pudieran sacar algo que ilustrára estos sucesos, que fueron sin duda muy notables, porque los enemigos con que se hizo eran poderosos en número, y valor.

Gran desdicha de nuestra nacion, que haya enterrado el silencio hechos tan memorables, que pudieran perpetuar su estimacion en los siglos venideros.

CAPITULO LXIV.

Despide el Duque con suma ingratitud á los Catalanes que le habian servido sin quererles pagar, con que los unos y los otros se previenen para la guerra.

Luego que el Duque se vió absoluto y pacifico señor de su estado, no trató de cumplir su palabra, pagando lo que habia ofrecido á los nuestros quando los llamó á su servicio, antes bien tratándoles con poca estimacion, les fué maquinando su ruina: cosa al parecer imposible, olvidarse de tan reciente y señalado beneficio, como fué restituirle en su Estado, y reprimir tan poderosos enemigos.

Admiró extrañamente esta novedad, y mudanza á los Catalanes, y Aragoneses, que esperaban de su mano vivir de allí adelante con honra y comodidad; porque como el Duque se criára en Sicilia, en el Castillo de Agosta, mostraba aficion á los Catalanes, y hablaba su lengua como si fuera natural y propia suya.

Quedaron suspensos de velle, tan trocado, quando mas prendas y obligaciones corrian. La traza que tuvo el Duque para librarse de las descomodidades que la gente de guerra pudiera causar en su Estado pacifico, fué la siguiente.

Entresacó de nuestro exército doscientos soldados de á caballo los de mayor servicio y partes, y trescientos infantes, y repartió entre todos ellos algunas haciendas con harta moderacion por todo su Estado. Quedaron estos contentísimos, y los demas tambien esperando de que el Duque habia de usar de la misma liberalidad con ellos. Pero al tiempo que creyeron ver cumplidas sus esperanzas, les mandó el Duque que dentro de un breve plazo se saliesen de su Estado, y que quando no le obedeciese los trataria como á rebeldes, y enemigos.

Los nuestros, aunque confusos y turbados de golpe tan poco prevenido, con el valor y determinacion que solian, le respondieron que obedecerían con mucho gusto si les pagaba el sueldo que se les debia, pues tan bien le habian servido, y los seis meses adelantados que les ofreció quando vinieron á su servicio, que con este dinero podrían alcanzar vaxeles para volver á su patria seguros aunque mal pagados.

Replicó á esto el Duque con tanta soberbia, y con tanto desconocimiento de los servicios pasados, y dixo que se fuesen de su presencia, y se saliesen de su tierra, que él ni les debia, ni les queria pagar lo que con tanta desvergüenza le pedian: que aprestasen luego su salida, si no querian verse muertos ó cautivos. Esta respuesta obligó á los nuestros, á que determinasen antes morir que salir de su tierra sin que se les diese entera satisfacion. Hicieronle saber esta resolucion; y entretanto se apoderaron de algunos puestos importantes, á donde los pueblos aunque por fuerza les contribuian para sustentarse.

Luego que el Duque supo que los Catalanes se querian defender, hizo grandes juntas de gente, así de naturales, como de extrañas, para echarles por fuerza de su estado, pudiéndolo hacer con menos gasto, menos peligro, y menos nota de su ingratitud, si les despidiera dándoles las pagas que tan bien habian merecido.

Al fin se resolvió de hecharles por fuerza, y para esto juntó un poderosísimo exército bien desigual con nuestro corto poder, porque de Atenienses, Thebanos, Platenses, Locrenses, Tocenses, y Magarenses, y ochocientos caballos Franceses, llegó á tener seis mil y quatrocientos caballos, y ocho mil infantes, aunque Montaner quiere que sean mucho mas, pero en este caso me ha parecido seguir á Nicephoro que lo escribe harto difusamente, y pudo tener mas noticia por hallarse mas cerca que Montaner que ya no estaba presente en esta jornada, y el Griego es muy neutral quando no escribe los sucesos de su nacion, sino de las extrañas. Los doscientos caballos, y trescientos infantes á quien el Duque habia dado las haciendas que se ha dicho viendo el peligro de sus campañeros, y creyendo que aquel mismo rigor se habia tambien de executar en ellos, fueronse al Duque, y le dixeron, como entendían que aquel exército que tenia junto era para contra sus compañeros, y amigos; y que si esto era así verdad, ellos les renunciaban las haciendas que les dió, porque tenian por mejor suerte morir defendiendo á los suyos, que gozar riquezas en paz, pereciendo ellos.

El Duque confiado de sus fuerzas, que eran tan superiores á las nuestras, les respondió con palabras tan pesadas, y tan llenas de mil ultrajes y afrentas, que quando no vinieran tan resueltos de apartarse de su servicio, solo esta respuesta les obligára á procurar vengarse. Las palabras en todos los hombres han de ser muy medidas, y mas en los Príncipes, porque de la descortesía no se puede esperar sino aborrecimiento, y las mas veces deseo y cuidado de satisfacion y venganza.

Palabras descompuestas causan justa indignacion aun en los mas humildes. La cortesía es lazo con que se prenden los corazones, y usada con los enemigos suele ser medio para ablandarlos en el mayor ímpetu de su furia.

Con esto se fueron los quinientos á juntar con los demás Catalanes, y Aragoneses, y les avisaron de la ultima resolucion del Duque, de quien dice Nicephoro, que estaba tan arrogante y soberbio, viendo debaxo de su mano tanta y tan lucida gente, que ya sus designios eran mayores que destruir á los Catalanes, porque esto lo pensaba hacer como de paso, y entrar despues en las Provincias del Imperio, haciendo una cruel y sangrienta guerra hasta llegar á Constantinopla. Pero todas estas trazas atajó Dios en sus principios, porque la sobrada confianza de sí mismo nunca se logra.

CAPITULO LXV.

Victoria de los catalanes contra del Duque de Athenas, y su muerte, con que los catalanes se apoderaron de aquellos Estados, y dieron fin á su peregrinacion.

Los Catalanes, y Aragoneses luego que supieron que el Duque venia marchando con todo su campo la vuelta de sus alojamientos, hicieron lo que otras veces, quando se vieron forzados de la necesidad, que fué poner el remedio en solo su valor. Determinaron salirle al encuentro, aunque se hubiese de pelear con tanta desigualdad.

Hallabanse en nuestro exército, entre todas las tres naciones, tres mil y quinientos caballos, y quatro mil infantes, quando dexaron sus quarteles para salir á recibir al Duque.

Llegaron á alojarse el primer dia en unos prados por donde atravesaba una acequia muy grande, que les ofreció un ardid y traza importante para su ruina del enemigo. La yerba de los prados estaba crecida un palmo alta, bastante para encubrir el terreno.

Empantanaron todos aquellos campos vecinos, por donde juzgaron que la caballería habia de hacer sus primeros acometimientos. Para la suya dexaron algunos en seco, para que quando fuese menester pudiese salir y escaramuzar por lo enjunto y firme; sucedióles bien la traza, porque el Duque al otro dia vino con todo el exército, tan poderoso, que fué ocasion, de su descuido en advertir los ardides del enemigo, y les pareció que solo el lucimiento de sus armas y galas bastaba para humillar sus enemigos. En descubriendo á los nuestros ordenó sus esquadrones, y porque tenia mayor confianza de la caballería, la puso toda delante, y él en persona con una tropa de doscientos caballeros Franceses, y los mas lucidos de la Provincia, tomó la vanguarda.

Nuestra gente al tiempo que el Duque se disponia para la batalla, quiso hacer lo mismo mezclando los esquadrones y tropas de los Turcos, y Turcoples entre las suyas; pero ellos se salieron á fuera diciendo, que no querian pelear, porque tenian por imposible que el Duque viniese contra los Catalanes, de quien habia sido tan bien servido, sino que debia ser traza con que los querian destruir á ellos como á gente de diferente religion.

No se turbaron los Catalanes, y Aragoneses en esta resolucion de los Turcos, aunque por la brevedad no les podian desengañar, ni quisieron rehusar la batalla, antes con mas coraje salieron á escaramuzar, y cebar al enemigo que viniese á buscar su misma muerte. El Duque con la primer tropa de vanguarda vino cerrando contra un escuadron de infantería, que estaba de la otra parte de los campos empantanados, y con la furia que la caballería llevaba se metió sin poderlo advertir en medio de ellos, y al mismo tiempo los Almugavares sueltos y desembarazados con sus dardos, y espadas se arrojaron sobre los que cargados de hierro se rebolcaban en el lodo y cieno con sus caballos. Llegaron las demas tropas para socorrer al Duque, y cayeron en el mismo peligro.

El Duque como mas conocido, fué de los primeros que murieron á manos de los que poco antes habia menospreciado, y maltratado con palabras afrentosas. Esto suele ser el fin de los arrogantes y desvanecidos, que de ordinario vienen á perecer donde creyeron que habian de triunfar.

Muerto el Duque, y los que iban en su tropa, quedó lo restante del campo lleno de miedo y confusion, porque ya los Catalanes y Aragoneses les habian acometido por diversas partes; y los Turcos, y Turcoples satisfechos de sus recelos, viendo que los nuestros degollaban la gente del Duque, salieron de refresco contra ella, y dieron cumplimiento á la victoria.

Pereció con el Duque mucha gente principal, porque de setecientos caballeros que entraron en la batalla solos dos quedaron vivos. El uno fué Bonifacio de Verona, y el otro Roger Deslau, caballero de Rosellon, y muy conocido en nuestro exército, por haber venido muchas veces con embaxada del Duque á nuestros Capitanes, quando moraban en Casandria.

Fué batalla muy terrible y sangrienta, y duró mas el alcance y el matar, que el vencimiento; porque en siendo muerto el Duque, y empantanadas las primeras tropas de la caballería, hubo gran desorden en lo restante del exército enemigo, con que fué facil el rompelle. Ganada tan señalada victoria pasaron adelante, y en pocos dias se apoderaron de la Ciudad de Thebas, y luego de la de Athenas, con todas las fuerzas del Estado del Duque, rendidas las mas sin esperar sitio, porque toda la defensa se habia perdido en la batalla.

Con esto quedaron nuestros Catalanes, y Aragoneses señores de aquel Estado, y Provincia, al cabo de trece años de guerra; y con esto dieron fin á toda su peregrinacion, y asentaron su morada gozando de las haciendas, y mugeres de los vencidos.

Porque despues que se vieron sin contradicion dueños de todo, la mayor parte de los soldados se casaron con las personas mas principales y mas ricas de la Provincia, y quedó fundado en ella un nuevo Estado, y Señorio, que nuestros Reyes de Aragon estimaron mucho, por ser ganado, no con sus propias fuerzas, ni con la hacienda comun de sus Reynos, sino por hombres particulares subditos suyos; gran dicha de Príncipes tener tales vasallos, que los trabajos, los gastos, y los peligros vayan por su cuenta, y el fruto de las victorias, la conquista de los Reynos, la gloria de haberlos adquirido, y el mando, y gobierno de ellos sea por el Príncipe en cuyos Estados nacieron. Estaban los nuestros tan faltos de personas principales, y caballeros que les gobernasen, que pidieron á Bonifacio de Verona, uno de los caballeros que quedaron vivos de la batalla, que fuese su Capitan.

Pero Bonifacio por parecelle que tendría la misma autoridad que tuvo Tibaut, no quiso admitir lo que le ofrecían. Dos cosas por cierto extrañas hallo en este caso; la primera que pusiesen los ojos para su Capitan en un extranjero, y prisionero suyo; y la segunda que él no lo quisiese ser. Desengañados de su voluntad, hicieron Capitan á Roger Deslau, y le dieron por muger la que lo habia sido del Señor de Sola, muger principal y rica. Con este Capitan se gobernó algun tiempo aquel Estado.

CAPITULO LXVI.

Los Turcos con el deseo de volver á la patria dexan el servicio de los
Catalanes, y por el mismo camino que vinieron, vuelven á Galípoli.

Los Turcos, y Turcoples viendo que los Catalanes, y Aragoneses sus compañeros habian acabado su peregrinacion, y que estaban resueltos de fundar en aquel Estado su asiento y vida, deseosos de volver á la patria, determinaron de apartarse de nuestra compañía, y aunque les propusieron diferente partidos para que se quedasen, ofreciéndoles Villas, y Lugares donde descansadamente pudiesen vivir, y participar igualmente con ellos del premio de sus victorias, ninguna cosa bastó á detenerles; porque decian que ya era tiempo de volver á su Tierra, ver sus amigos y deudos, y mas hallándose con tanta properidad y riquezas como tenian, con las quales querian que su propia naturaleza fuese el centro de su descanso.

Con esta resolucion se partieron amigablemente los Turcos, y Turcoples de nuestra compañia la vuelta de su patria.

Tomaron el propio camino que truxeron quando vinieron con los Catalanes desde Galípoli. Atravesaron toda Thracia, sin que persona alguna se les resistiese, talando y destruyendo con grande inhumanidad todas las Provincias por donde pasaron.

Los Turcoples con Meleco su Capitan eran Christianos, pero mas en el nombre, que en los hechos. No quiso intentar nuevo trato para volver al servicio de Andronico, ó porque dudó que no se lo admitirían, ó ya que lo admitiesen receló no fuese para despues de aseguralle darles la muerte; porque sabían que los Griegos y su Príncipe Andronico estaban muy ofendidos, de que en la batalla que los Catalanes ganaron cabo Apro, ellos fueron los primeros que desampararon á Miguel, y despues dexaron las vanderas Imperiales de Andronico á quien servian, y se juntaron con los Catalanes, y Aragoneses sus mayores enemigos, y por siete años continuos destruyeron con ellos el Imperio; causas bastantes para temer cualquiera reconciliacion, que tan grandes ofensas nunca se olvidan.

Desesperado Meleco de tomar este camino, le abrió otro la suerte para que descansase, porque el Príncipe de Servia le ofreció buen acogimiento, con condicion que no habian de tomar las armas, ni usarlas sino quando el quisiese. Aceptolo Meleco, y quedaron en Servia él y los suyos en vida sosegada y quieta, bien diferente dé la que hasta allí tuvieron.

Calel capitan de los Turcos, que llegaban al número de mil y trescientos caballos, y ochocientos infantes, entró en Macedonia, donde determinó de estar muy de asiento, hasta que con seguridad pudiese volver á su patria, y en este medio hizo tantos daños en aquella provincia, que fué forzoso, ya que faltaban las fuerzas para hecharle con ellas, tratar de algunos conciertos con que le obligasen á salir. El que pareció más conveniente para entrambas partes fué, que Calel desampararía la provincia si le aseguraban el paso de Cristopol, y le daban navíos con que pudiese pasar el estrecho, porque sin estas cosas, y faltándoles qualquiera de ellas, era imposible volver á la Natolia su patria.

Los Turcos entonces practicaban poco el ser marineros, porque como tenian aun provincias que ganar en tierra firme No cuidaban de las que estaban de la otra parte del mar, y así no pudo tener Calel esperanza en los navios de los de su nacion.

El estrecho de Cristopol era imposible atravesarle, por la muralla que en el se habia levantado despues que los nuestros la pasaron.

Avisaron al Emperador Andronico de los pactos con que los Turcos daban palabra de salir de la provincia, y ponderando como era justo el peligro y riesgo que se ponia con su detencion, y lo que toda Macedonia padecería, si los Turcos de que el paso y camino de su patria se les impidiese, y que podrían acometer á Tesalónica, ó alguna otra empresa semejante á que la desesperacion obliga, y acordándose quan caro le costó el menospreciar á los Catalanes, le hizo resolver presto en el negocio, y aceptar aquellos partidos, y ofrecer á los turcos el paso libre de Cristopol, y navios para pasar el pequeño estrecho del Helesponto. Y porque nadie los pudiese ofender, envió tres mil caballos para guarda suya, con un famoso capitan llamado Senanqrip Estratepedarea, una de las dignidades principales de aquel imperio.

Con esta gente Calel, y los demás Turcos pasaron el estrecho de Cristopol y llegaron cerca de Galípoli donde se les habia ofrecido que se les daria embarcacion.

CAPITULO LXVII.

Los Griegos rompen la fé prometida á los Turcos, y descubierta la trahicion, ganan un castillo donde se fortificaron.

Estando ya aguardando los navios la génte, y Capitanes de Senanqrip, reconociendo las grandes riquezas que los Turcos se llevaban, y que eran despojos de sus provincias, teniendo por gran vileza dexar aquellos bárbaros, siendo tan pocos, volviesen á su patria con ellos, determinaron quebrarles el seguro, y la palabra Real, juzgándolo por menos incoveniente que sufrir tanta mengua. Tuvieron acuerdo de cómo, y á que tiempo les acometerían, pareció que fuese de noche; tiempo oportuno para gente descuidada. No se trató el negocio con tanto secreto que los Turcos no tuviesen noticia de lo que contra ellos se maquinaba, en tan gran ofensa de la misma razon y justicia, y del derecho universal de las gentes, que hace inviolable la fe prometida aun al mismo enemigo.

Levantaronse aquella noche, y ocuparon un Catillo el mas vecino que se les ofrecio, y pusieronse en defensa con determinacion de morir vengados.

Senanqrip, y sus Capitanes como se vieron descubiertos, hubo gran confusion entre ellos si era bien acometerles, ó dar aviso al Emperador de lo que pasaba.

Prevaleció este ultimo parecer, y avisaronle luego.

Pero aunque el aviso llegó presto y á su tiempo, Andronico tardó en resolverse; falta muy ordinaria de los príncipes, y la mas perniciosa, dilatar los remedios hasta que pasa la ocasion, y vienen á llegar quando ya no es posible que aprovechen; y esto en tanto es mas peligroso, quanto el negocio es de mayor importancia, como lo son los tocantes á la guerra, donde los yerros pequeños suelen ser causa de pérdidas de Reynos, y Monarquias. Tardar en la eleccion de los pareceres que se han de seguir, es peor que executar el que se tiene por menos conveniente.

Vióse bien este caso, de quanta mayor importancia fuera para Andronico, ó mandar que luego se pelease con los Turcos, ó darles navios para pasar el estrecho, porque qualquiera de estas dos cosas que hiciera, que eran las que le tenian suspenso y dudoso, fuera mas acertada, que con la tardanza de resolverse darles tiempo para que les viniese socorro, y lugar de fortificarse y prevenirse, como lo hicieron. Porque desengañados los Turcos de que los Griegos no les guardarian palabra, como gente desesperada, hicieron grande esfuerzo en avisar á los de su misma nacion, pues estaban de la otra parte del estrecho, y éstos como supieron el peligro en que se hallaban Calel, y los suyos, y las grandes riquezas que tenian, con vajeles pequeños, y en muchos viajes pasaron gran multitud de Turcos en su socorro, y viéndose tantos juntos, no solamente trataron de defenderse pero comenzaron á correr la tierra como platicos en ella.

CAPITULO LXVIII.

Los Turcos vencen á Miguel, y hacen grandes daños en Thracia.

Hasta que el emperador Andronico, temiendo que aquellos pocos enemigos iban tomando fuerzas, se acabó de resolver en acabarlos de una vez: resolucion que por poco le costará la vida á Miguel Paleólogo su hijo, porque él en persona emprendió la jornada con la gente de guerra que tenia, y gran multitud de villanos que los trahia mas la codicia de recoger los despojos, que de pelear. Tenian todos por cierto, que en viendo los Turcos al emperador Miguel, y el fausto y vanidad de los cortesanos, se rendirían; y fué tanto el descuido de los Griegos, que como si fueran á caza vinieron la vuelta de los Turcos, sin ordenar esquadrones, olvidados de todo punto del manejo ordinario de la guerra, ó fuese por ignorancia, ó por parecerles inútil qualquier prevencion para tan poca gentes. Los Turcos como no tenian otro remedio sino pelear, ó morir vilmente, dexaron las mugeres, niños y haciendas dentro los reparos de sus fortificaciones, con bastante número para su defensa, y salieron á encontrarse con el enemigo setecientos cavallos. Venia el emperador Miguel muy descuidado, pensando hallar á los Turcos no en la campaña, sino defendiendo el poco espacio de tierra que habian fortificado, y quando descubrieron la tropa de los setecientos cavallos que les salian á recibir, fué tanta la turbacion de los Griegos y desorden de los villanos, que antes de ser acometidos fueron rotos.

Cerró junta la tropa de los setecientos cavallos turcos por la parte donde vieron los estandartes, y el guion del emperador Miguel, que ni estaba en parte segura, ni con la defensa que debiera.

Los villanos á este tiempo ya habian vuelto las espaldas y desamparado el puesto que se les encargó, y tras ellos muchos soldados de quien Miguel tenia alguna confianza, y así se vió en un punto sin pelear vencido.

Perdió el guion, y aunque con voces, y ruegos procuró detener los que huian, no fué oido ni creido.

Viendose solo, y que los Turcos le apretaban, volvio las riendas á su cavallo, lleno de lágrimas, y tristeza, y huyó como los demas.

Los turcos le siguieron, y si algunos capitanes y soldados honrados no volvieran el rostro al enemigo para entretenelle, hubieranle sin duda alcanzado; pero los Turcos detenidos de estos pocos que les hicieron resistencia, dexaron de seguir el alcance, y pusieron todas sus fuerzas en rendir á los que se defendían, que á poco rato los acabaron, y con esto dieron fin, y remate á la victoria.

Saquearon los alojamientos, y tiendas de Miguel, y en la que él estaba alojado hallaron mucho dinero, y joyas de grandísimo valor y entre ellas una corona imperial con piedras finísimas de precio inestimable.

Esta vino á las manos de Calel, y haciendo donayre de la dignidad imperial se la puso en la cabeza, afrentando de palabra al que con tanto deshonor suyo la habia perdido. Una de las causas de esta rota de Miguel, fué pelear con gente á quien habia quebrado la palabra, que como el guardarla se debe por derecho universal de las gentes, y todas las leyes divinas, y humanas nos obligan á ello, permite Dios tales sucesos, y que los Bárbaros triunfen de los Cristianos como en castigo de tan execrable maldad.

Debieran los griegos acordarse lo que les costó pocos años antes no guardarla á los nuestros, pues estaba á pique de perderse el imperio griego, si los Catalanes, y Aragoneses tuvieran algun príncipe que les alentára.

Después de esto los Turcos soberbios, y atrevidos con la victoria tan sin pensar alcanzada, corrieron por toda la provincia de Thracia talando, y destruyendo lo que podian, sin que Andronico se les opusiese; y esto por el espacio de dos años, con tanto temor de los naturales, que dexaron de salir á cultivar la tierra.

CAPITULO LXIX.

Philes Paleologo vence á los Turcos, con que todos quedaron muertos, ó presos.

Mientras el emperador procuraba traher milicia estrangera para levantar exército, por no poderle formar de la propia, Philes Paleólogo pariente suyo, hombre tenido hasta entonces por encogido y que solo trataba de estarse quieto en su casa, le pidió que le diese licencias, y poder juntar la gente que quisiese ofreciendose de tomar á su cargo la jornada.

Andronico advirtió la bondad del hombre, y pareciéndole que debia ser enviado de Dios para remedio de tantos daños, determinó de encargalle la guerra, y dexarsela hacer á su modo, porque tenia por cierto que sus pecados eran causa de tantos malos sucesos pues no bastó un grande ejército para vencer tan poco número de Turcos; y así puso solo su esperanza en la bondad de Philes, á quien dió dinero, armas y cavallos, y la gente que quiso.

Salió Philes en campaña, y antes encargó á todos que se confesasen, porque de otra manera era imposible alcanzar algun buen suceso.

Distribuyó la mayor parte del dinero en limosnas con los pobres, y en los Monasterios, para que estuviesen en continua oracion: remedios generales para todos los trabajos, con los quales se aplaca la ira, y se alcanza la misericordia de Dios.

Hecho esto, envió por muchas partes á descubrir al enemigo.

Tuvo luego aviso que Calel con mil y doscientos caballos corria las camapañas de Bizia, donde habia hecho una gran presa.

Con esta nueva caminó tres dias, despues que partió de las aldeas vecinas á Constantinopla, y asentó su alojamiento cabe el rio que los naturales de la provincia llaman Xerogipso.

Y al cabo de dos dias que allí estuvo, cerca de la media noche, llegó el aviso como los Turcos estaban cerca cargados de grandes despojos.

Préparose Philes para la batalla, y al salir del sol se descubrieron clara y distintamente de ambas partes.

Los Turcos con gran priesa pusieron los carros alrededor de los cautivos y presa, haciendo su acostumbrada oracion así lo cuenta Gregoras, y echandose polvos sobre la cabeza. Al tiempo de pelear, Philes acometió al anemigo; pero el que gobernaba el cuerno derecho, matando por sus propias manos dos turcos, fué herido en un pié de suerte, que se hubo de salir de la batalla.

Esto turbó de manera la gente que peleaba en aquel lado que casi estuvo desbaratada, si Philes con su valor no los animára y detuviera.

Peleóse gran rato, pero la victoria inclinó á la parte de Philes, y los Turcos desbaratados y vencidos, habiendo gran parte de ellos muerto en la batalla, huyeron.

Siguióse el alcance hasta que los Turcos llegaron á un Castillo donde se habian fortificado. Prosiguió su victoria Philes, y en pocos dias llegó á ponerles sitio. El Emperador quando supo el buen suceso de la jornada, envió algunas galeras de Genoveses á guardar el estrecho, para que á los cercados no les pudiese venir socorro. Viéndose los Turcos tan desesperados, por tener todos los caminos de su remedio cerrados, determinaron salir del Castillo de noche, morir como hombres.

A Philes le llegaron dos mil caballos Tribalos, y muchos Genoveses, con que se apretase mas el sitio. Los Turcos por ver á Philes mas poderoso no mudaron de parecer, antes con nuevo coraje y brio, salieron de noche, y acometieron los quarteles del campo, pero fueron rebatidos y echados con gran perdida suya. Otra noche volvieron á probar su fortuna, y dieron en las tiendas y alojamientos de los Tribalos, de donde volvieron muy mal tratados. Resolvieron por ultimo remedio desamparar el Castillo, y tomar la vuelta del mar donde estaban las galeras de los Genoveses, en quien pensaban hallar alguna misericordia por no tenerlos ofendidos.

Era la noche muy obscura, y así muchos de los Turcos pensando ir hacia el mar, daban en manos de los Griegos, que los mataban sin piedad. Los demas llegaron á la lengua del agua, dice Nicephoro que los Genoveses mataron muchos de ellos, y muchos cautivaron, pero Montaner añade, que esto fué debaxo de palabra que los pasarian á la Natolia sin hacerles daño, y que quando los tuvieron dentro en sus galeras, les echaron en cadena, y mataron. Como quiera que ello sea, los Turcos compañeros de los Catalanes, y Aragoneses acabaron en esta jornada, despues de haber ellos solos inquietado el Imperio cerca de tres años, retirándose quinientas millas que hay, ó poco menos, desde Athenas hasta Galípoli; y aun para destruirles, con ser tan pocos, hubo Andronico de valerse de los Tribalos, y Latinos, y con todo se tuvo por milagro que Dios obró por medio de Philes, porque quando vieron á Miguel desvaratado y vencido, les pareció que ya no serian bastantes fuerzas humanas para resistirles, sino que se habia de acudir á las divinas.

CAPITULO LXX.

De algunos sucesos de los Catalanes, y Aragoneses en Athenas.

Los Catalanes, y Aragoneses ya firmes y seguros en las Provincias de Athenas, y Beocia, gobernaronse algun tiempo por Roger Deslau, como arriba diximos, pero poco despues, ó por muerte de Roger, porque se cansaron de su gobierno, y le arrimaron, enviaron embaxadores al rey Don Fadrique, á quien amaban de corazon, por mas agravios y menos precios que de él hubiesen recibido, y le suplicaron fuese servido de darles Príncipe y Señor que les gobernase.

El Rey con esta embaxada tuvose por satisfecho del sentimiento pasado por no haber querido admitir al Infante D. Fernando su sobrino en su Nombre. Pero como Rocafort, de quien se tenia por cierto que fué el autor de este consejo, era ya muerto, y agora le ofrecían lo mesmo que entonces pretendia, no pasó adelante su enojo, aunque para mí entiendo que por mas vivo que estuviera su desabrimiento, no dexára perder tan buena ocasion de acrecentar á su hijo con un Estado tan grande.

Tuvo el Rey Don Fadrique su consejo de la persona que les enviaria, y
pareció por entonces nombrar al Infante Manfredo su hijo segundo por
Príncipe y Señor de aquellos estados, y por tal le juraron los
Embaxadores en nombre de toda la compañía.

Pero por ser aun Manfredo de pocos años, no quiso el Rey su padre que fuese por entonces, sino enviar á Berenguer Estañol, hombre de mucho valor, y prudencia, para que mientras el Infante creciese, le gobernase en su nombre. Contentaronse con esto los Embaxadores, que tambien traían facultad de la compañía de poderle admitir. Partió Berenguer Estañol juntamente con ellos con sus galeras para Athenas, donde fué bien recibido, por verse ya los Catalanes, y Aragoneses debajo de la proteccion de sus Príncipes naturales, y hubieranlo procurado antes, si Rocafort por sus particulares intereses no impidiera estos tan honrados pensamientos.

Llegado Berenguer Estañol á tomar el cargo y gobierno de nuestra gente, tuvo luego guerra con los Príncipes comarcanos, quando con unos, quando con otros; porque lo tomó por medio conveniente para conservarse en aquellos Estados, por ser cosa muy asentada entre los Catalanes, que han de ocuparse siempre en alguna guerra extranjera, por escusar las disensiones domesticas y civiles; que la ociosidad suele despertar en la fiereza de su natural. Este consejo tomaron prudentisimamente los Catalanes de athenas, como á principal medio para su conservacion. Tenian por un lado al Emperador Andronico, con quien pocas veces estuvieron en paz, por otro al Príncipe de la Morea, y por otros dos al Despota de Larta, y al Señor de Braquia.

Mientras peleaban con los unos, hacian treguas con los otros; y así se conservaron muchos años con tanta reputacion en Oriente, que he leido en la Historia del Cantacuseno, sacada á la luz por el Padre Pontano, que rehusando el mismo Juan Cantacuseno, por no dexar el lado de Andronico el nieto, salir de Constantinopla á gobernar una Provincia, dió por disculpa que la Provincia estaba vecina de los Catalanes, y no podia ir á ella sin mucha gente de guerra, y esta disculpa pareció bastante, y se la admitieron. Y en un discurso que trahe Zurita de un Frayle Dominico, animando al Rey de Francia para la conquista de la Tierra Santa, dice, que los Catalanes ya habian abierto el camino, y que sería lo mas importante de la empresa tenerles de su parte, y alentarles, para que tambien emprendiesen la jornada.

Mientras que Berenguer Estañol vivió, y fué cabeza y Capitan en Athenas, tuvieron guerras contínuas, no con todos á un tiempo, pero ya con unos, ya con otros, sin tener jamas ociosas sus armas.

Muerto Estañol, volvieron segunda vez á pedir al Rey Don Fadrique
Gobernador y caudillo que por el Infante Manfredo les rigiese.

Don Fadrique quiso darles persona señalada; y así mandó venir de Cataluña al Infante Don Alfonso su hijo, y con diez galeras le envió muy bien acompañado para que gobernase el Estado por su hermano Manfredo. Fué Notable el contento que recibieron los Catalanes, y Aragoneses por tener prendas de la casa Real de Aragon entre ellos. No gobernó mucho tiempo Alfonso por su hermano Manfredo, que murió de allí á poco. Entonces Don Fadrique envió á decir á la compañía, que admitiesen por su Príncipe y Señor al mismo Alfonso que los gobernaba. Con esto los Catalanes, y Aragoneses quedaron del todo contentísimos, y tuvieron por seguro su Estado, pues habia de asistir con ellos su Príncipe.

Pusieron gran cuidado en casarle, para que en sus hijos, y descendientes se conservase el Señorio. Dieronle por mujer la unica heredera de Bonifacio de Verona, á quien ellos amaron y honraron mucho todo el tiempo que vivió, y despues de muerto quisieron que en su descendencia se perpetuáse el mando y gobierno de aquel Estado. Tenia esta señora la tercera parte de la isla de Negroponte, y de trece Castillos en la tierra firme del Ducado de Athenas. El Infante Don Alfonso tuvo en ella muchos hijos, y ella vino á ser una de las mujeres mas señaladas de su tiempo, aunque Zurita no siente en esto como Montaner á quien yo sigo. Con esto daremos fin á la Expedicion de nuestros Catalanes, y Aragoneses, hasta que tengamos larga y verdadera noticia de lo que sucedió en el espacio de ciento y cincuenta años que tuvieron aquel Estado.