(La costumbre inveterada no debe autorizar lo que la razón condena.)
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Prendieron por fortuna a un Bandolero,
A tiempo cabalmente
Que de vida y dinero
Estaba despojando a un inocente.
Hízole cargo el Juez de su delito;5
Y él respondió: "Señor, desde chiquito
Fuí gato algo feliz en raterías;
Luego hebillas, relojes, capas, cajas,
Espadines robé, y otras alhajas;
Después, ya entrado en días,10
Escalé casas; y hoy, entre asesinos,
Soy salteador famoso de caminos.
Conque, vueseñoría no se espante
De que yo robe y mate a un caminante;
Porque este y otros daños15
Los he estado yo haciendo cuarenta años."
¿Al Bandolero culpan?
Pues ¿por ventura dan mejor salida
Los que, cuando disculpan
En las letras su error o su mal gusto,20
Alegan la costumbre envejecida
Contra el dictamen racional y justo?
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FÁBULA LVI
La Criada y la Escoba
(Hay correctores de obras ajenas, que añaden más errores de los que corrigen.)
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Cierta criada la casa barría
Con una escoba muy puerca y muy vieja.
"Reniego yo de la escoba (decía):
Con su basura y pedazos que deja
Por donde pasa,5
Los remendones, que escritos ajenos
Corregir piensan, acaso de errores
Suelen dejarlos diez veces más llenos...
Mas no haya miedo que de estos señores10
Diga yo nada:
Que se lo diga por mí la criada.
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FÁBULA LVII
El Naturalista y las Lagartijas
(A ciertos libros se les hace demasiado favor en criticarlos.)
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Vió en una huerta
Dos Lagartijas
Cierto curioso
Naturalista.
Cógelas ambas,5
Y a toda prisa
Quiere hacer de ellas
Anatomía.
Ya me ha pillado
La más rolliza;10
Miembro por miembro
Ya me la trincha;
El microscopio
Luego le aplica.
Patas y cola,15
Pellejo y tripas,
Ojos y cuello,
Lomo y barriga,
Todo lo aparta,
Y lo examina.20
Toma la pluma,
De nuevo mira,
Escribe un poco,
Recapacita.
Sus mamotretos25
Después registra;
Vuelve a la propia
Varios curiosos
De su pandilla30
Entran a verle:
Dales noticia
De lo que observa;
Unos se admiran,
Otros preguntan,35
Otros cavilan.
Finalizada
La anatomía,
Cansóse el sabio
De Lagartija.40
Soltó la otra,
Que estaba viva.
Ella se vuelve
A sus rendijas,
En donde hablando45
Con sus vecinas,
Todo el suceso
Les participa.
"No hay que dudarlo,
No (las decía):50
Con estos ojos
Lo ví yo misma.
Se ha estado el hombre
Todito un día
Mirando el cuerpo55
De nuestra amiga.
¿Y hay quien nos trate
De sabandijas?
¿Cómo se sufre
Tal injusticia,60
Cuando tenemos
Cosas tan dignas
De contemplarse
Y andar escritas?
¡No hay que abatirse,65
Noble cuadrilla!
Valemos mucho,
Por más que digan."
Que no se engrían70
Ciertos autores
De obras inicuas!
Los honra mucho
Quien los critica.
No seriamente,75
Muy por encima,
Deben notarse
Sus tonterías;
Que hacer gran caso
De Lagartijas,80
Es dar motivo
De que repitan:
"¡Valemos mucho,
Por más que digan!"
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FÁBULA LVIII
La Discordia de los Relojes
(Los que piensan que con citar una autoridad, buena o mala, quedan disculpados de cualquier yerro, no advierten que la verdad no puede ser más de una, aunque las opiniones sean muchas.)
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Convidados estaban a un banquete
Diferentes amigos, y uno de ellos,
Que, faltando a la hora señalada,
Llegó después de todos, pretendía
Disculpar su tardanza. "¿Qué disculpa5
Nos podrás alegar?" (le replicaron).
Él sacó su reloj, mostróle, y dijo:
"¿No ven ustedes cómo vengo a tiempo?
Las dos en punto son."—"¡Qué disparate!
(Le respondieron); tu reloj atrasa10
Más de tres cuartos de hora."—"¡Pero, amigos!
(Exclamaba el tardío convidado)
¿Qué más puedo yo hacer que dar el texto?
Aquí está mi reloj"... Note el curioso
Que era este señor mío como algunos15
Que un absurdo cometen, y se excusan
Pues, como iba diciendo de mi cuento,
Todos los circunstantes empezaron
A sacar sus relojes en apoyo20
De la verdad. Entonces advirtieron
Que uno tenía el cuarto, otro la media,
Otro las dos y veinte y seis minutos,
Éste catorce más, aquél diez menos:
No hubo dos que conformes estuvieran.25
En fin, todo era dudas y cuestiones.
Pero a la astronomía cabalmente
Era el amo de casa aficionado;
Y consultando luego su infalible,
Arreglado a una exacta meridiana,30
Halló que eran las tres y dos minutos,
Con lo cual puso fin a la contienda,
Y concluyó diciendo: "¡Caballeros!
Si contra la verdad piensan que vale
Citar autoridades y opiniones,35
Para todo las hay; mas, por fortuna,
Ellas pueden ser muchas, y ella es una."
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FÁBULA LIX
El Topo y otros animales
(Nadie confiesa su ignorancia, por más patente que ella sea.)
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Ciertos animalitos,
Todos de cuatro pies,
A la gallina ciega
Jugaban una vez.
Un Perrillo, una Zorra5
Y un Ratón, que son tres;
Una Ardilla, una Liebre
Y un Mono, que son seis.
Éste a todos vendaba
Los ojos, como que es10
El que mejor se sabe
De las manos valer.
Oyó un Topo la bulla,
Que voy allá, y en rueda15
Me he de meter también."
Pidió que le admitiesen;
Y el Mono, muy cortés,
Se lo otorgó (sin duda
Para hacer burla de él).20
El Topo a cada paso
Daba veinte traspiés,
Porque tiene los ojos
Cubiertos de una piel;
Y a la primera vuelta,25
Como era de creer,
Facilísimamente
Pillan a su merced.
De ser gallina ciega
Le tocaba la vez;30
Y ¿quién mejor podía
Hacer este papel?
Pero él, con disimulo,
Por el bien parecer,
Dijo al Mono: "¿Qué hacemos?35
Vaya ¿me venda usted?"
Si el que es ciego, y lo sabe,
Aparenta que ve,
¿Quien sabe que es idiota,
Confesará que lo es?40
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FÁBULA LX
El Volatín y su Maestro
(En ninguna facultad puede adelantar el que no se sujeta a principios.)
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Mientras de un Volatín bastante diestro
Un principiante mozalbillo toma
Lecciones de bailar en la maroma,
Le dice: "Vea usted, señor Maestro,
"Cuánto me estorba y cansa este gran palo5
Que llamamos chorizo o contrapeso;
Cargar con un garrote largo y grueso
Es lo que en nuestro oficio hallo yo malo.
Si no me faltan fuerzas ni soltura?10
¿Por ejemplo, este paso, esta postura
No la haré yo mejor sin el zoquete?
"Tenga usted cuenta... No es difícil... nada..."
Así decía, y suelta el contrapeso.
El equilibrio pierde... ¡Adiós! ¿Qué es eso?15
¿Qué ha de ser? una buena costalada.
"¡Lo que es auxilio juzgas embarazo,
Incauto joven! (el Maestro dijo):
¿Huyes del arte y método? ¡Pues, hijo,
No ha de ser éste el último porrazo!"20
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FÁBULA LXI
El Sapo y el Mochuelo
(Hay pocos que den sus obras a luz con aquella desconfianza y temor que debe tener todo escritor sensato.)
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Escondido en el tronco de un árbol
Estaba un Mochuelo;
Y pasando no lejos un Sapo,
Le vió medio cuerpo.
"¡Ah de arriba, señor solitario!5
Dijo el tal escuerzo:
Saque usted la cabeza, y veamos
Si es bonito o feo."
—"No presumo de mozo gallardo,
Respondió el de adentro;10
Y aun por eso a salir a lo claro
Apenas me atrevo;
Pero usted, que de día su garbo
Nos viene luciendo,
¿No estuviera mejor agachado15
En otro agujero?"
¡Oh qué pocos autores tomamos
Este buen consejo!
Siempre damos a luz, aunque malo,
Cuanto componemos;20
Y tal vez fuera bien sepultarlo;
Pero ¡ay, compañeros!
Más queremos ser públicos Sapos
Que ocultos Mochuelos.
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FÁBULA LXII
El Burro del Aceitero
(A los que juntan muchos libros, y ninguno leen.)
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En cierta ocasión un cuero
Lleno de aceite llevaba
Un Borrico, que ayudaba
En su oficio a un Aceitero.
A paso un poco ligero5
De noche en su cuadra entraba,
Y de una puerta en la aldaba
Se dió el golpazo más fiero.
"¡Ay! clamó: ¿no es cosa dura
Que tanto aceite acarree,10
Y tenga la cuadra obscura?"
Me temo que se mosquee
De este cuento quien procura
Juntar libros que no lee;
¿Se mosquea? Bien está;15
Pero este tal, ¿por ventura
Mis fábulas leerá?
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FÁBULA LXIII
La Contienda de los Mosquitos
(Es igualmente injusta la preocupación exclusiva a favor de la literatura antigua o a favor de la moderna.)
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Diabólica refriega
Dentro de una bodega
Se trabó entre infinitos
Bebedores Mosquitos.
(Pero extraño una cosa:5
Que el buen Villaviciosa
No hiciese en su Mosquea
Mención de esta pelea.)
Era el caso que muchos,
Expertos y machuchos,10
Con tesón defendían
Aquellos vinos puros,
Generosos, maduros,
Gustosos y fragantes,15
Que se cogían antes.
En sentir de otros varios,
A esta opinión contrarios,
Los vinos excelentes
Eran los más recientes,20
Y del opuesto bando
Se burlaban, culpando
Tales ponderaciones
Como declamaciones
De apasionados jueces,25
Amigos de vejeces.
Al agudo zumbido
De uno y otro partido
Se hundía la bodega,
Cuando héteme que llega30
Un anciano Mosquito,
Catador muy perito;
Y dice, echando un taco:
"¡Por vida del dios Baco...!
(Entre ellos ya se sabe35
Que es juramento grave):
Donde yo estoy, ninguno
Dará más oportuno
Ni más fundado voto;
Cese ya el alboroto.40
A fe de buen Navarro,
Que en tonel, bota o jarro,
Barril, tinaja, o cuba,
El jugo de la uva
Difícilmente evita45
Mi cumplida visita;
Y en esto de catarle,
Distinguirle y juzgarle,
Puedo poner escuela
De Jerez a Tudela,50
De Málaga a Peralta,
De Canarias a Malta,
Sabed, por estas señas,
Que es un gran desatino55
Pensar que todo vino
Que desde su cosecha
Cuenta larga la fecha,
Fué siempre aventajado.
Con el tiempo ha ganado60
En bondad, no lo niego;
Pero si él desde luego
Mal vino hubiera sido,
Ya se hubiera torcido;
Y al fin también había,65
Lo mismo que en el día,
En los siglos pasados,
Vinos avinagrados.
Al contrario, yo pruebo
A veces vino nuevo,70
Que apostarlas pudiera
Al mejor de otra era.
Y si muchos agostos
Pasan por ciertos mostos
De los que hoy se reprueban,75
Puede ser que los beban
Por vinos exquisitos
Los futuros Mosquitos.
Basta ya de pendencia;
Y por final sentencia80
El mal vino condeno,
Le chupo cuando es bueno,
Y jamás averiguo
Si es moderno o antiguo."
Mil doctos importunos,85
Por lo antiguo los unos,
Otros por lo moderno,
Sigan litigio eterno.
Mi texto favorito
Será siempre el Mosquito.90
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FÁBULA LXIV
La Rana y la Gallina
(Al que trabaja algo, puede disimulársele que lo pregone; el que nada hace, debe callar.)
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Desde su charco una parlera Rana
Oyó cacarear a una Gallina.
"Vaya (le dijo), no creyera, hermana,
Que fueras tan incómoda vecina.
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?"5
—"Nada, sino anunciar que pongo un huevo."
—"¿Un huevo solo? ¡Y alborotas tanto!"
—"Un huevo solo; sí, señora mía.
¿Te espantas de eso, cuando no me espanto
De oírte cómo graznas noche y día?10
Yo, porque sirvo de algo, lo publico;
Tú, que de nada sirves, calla el pico."
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FÁBULA LXV
El Escarabajo
(Lo delicado y ameno de las buenas letras no agrada a los que se entregan al estudio de una erudición pesada y de mal gusto.)
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Tengo para una fábula un asunto,
Que pudiera muy bien... pero algún día
Suele no estar la musa muy en punto.
Esto es lo que hoy me pasa con la mía;
Y regalo el asunto a quien tuviere5
Más despierta que yo la fantasía;
Porque esto de hacer fábulas requiere
Que se oculte en los versos el trabajo,
Lo cual no sale siempre que uno quiere.
Será, pues, un pequeño Escarabajo10
El héroe de la fábula dichosa,
Porque conviene un héroe vil y bajo.
De este insecto refieren una cosa:
Que, comiendo cualquiera porquería,
Nunca pica las hojas de la rosa.15
Irá explicando, como Dios le ayude,
Aquella extraordinaria antipatía.
La mollera es preciso que le sude
Para insertar después una advertencia20
Con que entendamos a lo que esto alude;
Y según le dictare su prudencia,
Echará circunloquios y primores,
Con tal que diga en la final sentencia:
Que así como la reina de las flores25
Al sucio Escarabajo desagrada,
Así también a góticos doctores
Toda invención amena y delicada.
|
FÁBULA LXVI
El Ricote erudito
(Descubrimiento útil para los que fundan su ciencia únicamente en saber muchos títulos de libros.)
|
Hubo un Rico en Madrid (y aun dicen que era
Más necio que rico),
Cuya casa magnífica adornaban
Muebles exquisitos.
"¡Lástima que en vivienda tan preciosa5
(Le dijo un amigo)
Falte una librería, bello adorno,
Útil y preciso!"
—"Cierto, responde el otro. ¡Que esa idea
No me haya ocurrido!...10
A tiempo estamos. El salón del norte
A este fin destino.
"Que venga el ebanista y haga estantes
Capaces, pulidos,
A toda costa. Luego trataremos15
De comprar los libros."
Ya tenemos estantes. "Pues ahora,
El buen hombre dijo,
¡Echarme yo a buscar doce mil tomos!
¡No es mal ejercicio!20
"Perderé la chabeta, saldrán caros,
Pero ¿no era mejor ponerlos todos
De cartón fingidos?
"Ya se ve. ¿Por qué no? Para estos casos25
Tengo un pintorcillo
Que escriba buenos rótulos, e imite
Pasta y pergamino."
Manos a la labor. Libros curiosos,
Modernos y antiguos,30
Mandó pintar, y, a más de los impresos,
Varios manuscritos.
El bendito señor repasó tanto
Sus tomos postizos,
Que, aprendiendo los rótulos de muchos,35
Se creyó erudito.
Pues ¿qué más quieren los que sólo estudian
Títulos de libros,
Si con fingirlos de cartón pintado
Les sirven lo mismo?40
|
FÁBULA LXVII
La Víbora y la Sanguijuela
(No confundamos la buena crítica con la mala.)
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"Aunque las dos picamos (dijo un día
La Víbora a la simple Sanguijuela),
De tu boca reparo que se fía
El hombre, y de la mía se recela."
La Chupona responde: "Ya, querida;5
Mas no picamos de la misma suerte:
Yo, si pico a un enfermo, le doy vida;
Tú, picando al más sano, le das muerte."
Vaya ahora de paso una advertencia:
Muchos censuran, sí, lector benigno;10
Pero a fe que hay bastante diferencia
De un censor útil a un censor maligno.
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FÁBULA LXVIII
El Ricacho metido a Arquitecto
(Los que mezclan voces anticuadas con las de buen uso, para acreditarse de escribir bien el idioma, le escriben mal y se hacen ridículos.)
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Cierto Ricacho, labrando una casa
De arquitectura moderna y mezquina,
Desenterró de una antigua ruína,
Ya un capitel, ya un fragmento de basa,
Aquí un adorno y allá una cornisa,5
Media pilastra y alguna repisa.
Oyó decir que eran restos preciosos
De la grandeza y del gusto romano,
Y que arquitectos de juicio muy sano
Con imitarlos se hacían famosos.10
Para adornar su infeliz edificio,
En él a trechos los fué repartiendo.
¡Lindo pegote! ¡gracioso remiendo!
Todos se ríen del tal frontispicio,
Menos un quídam que tiene unos lejos15
Como de docto, y es tal su manía,
Que desentierra vocablos añejos
Para amasarlos con otros del día.
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FÁBULA LXIX
El Médico, el Enfermo y la Enfermedad
(Lo que en medicina parece ciencia y acierto, suele ser efecto de pura casualidad.)
FÁBULA LXX
El Canario y el Grajo
(El que para desacreditar a otro recurre a medios injustos, suele desacreditarse a sí propio.)
Hubo un Canario que, habiéndose esmerado en adelantar en su canto, logró divertir con él a varios aficionados y empezó a tener aplauso. Un Ruiseñor extranjero, generalmente acreditado, hizo particulares elogios de él, animándole con su aprobación.
Lo que el Canario ganó, así con este favorable voto, como con lo que procuró estudiar para hacerse digno de él, excitó la envidia de algunos pájaros. Entre éstos había unos que también cantaban, bien o mal, y justamente por ello le perseguían. Otros nada cantaban, y por lo mismo le cobraron odio. Al fin un Grajo, que no podía lucir por sí, quiso hacerse famoso con empezar a chillar públicamente entre las aves contra el Canario. No acertó a decir en qué cosa era defectuoso su canto; pero le pareció que para desacreditarle bastaba ridiculizarle el color de la pluma, la tierra en que había nacido, etc., acusándole, sin pruebas, de cosas que nada tenían que ver con lo bueno o malo de su canto. Hubo algunos pájaros de mala intención que aprobaron y siguieron lo que dijo el Grajo.
Empeñóse éste en demostrar a todos que el que habían tenido hasta entonces por un Canario diestro en el canto, no era sino un borrico, y que lo que en él había pasado por verdadera música era en la realidad un continuado rebuzno. "¡Cosa rara! decían algunos; el Canario rebuzna; el Canario es un borrico." Extendióse entre los animales la fama de tan nueva maravilla, y vinieron a ver cómo un Canario se había vuelto burro. El Canario, aburrido, no quería ya cantar; hasta que el Águila, reina de las aves, le mandó que cantase para ver si en efecto rebuznaba o no; porque, si acaso era verdad que rebuznaba, quería excluirle del número de sus vasallos los pájaros. Abrió el pico el Canario, y cantó a gusto de la mayor parte de los circunstantes. Entonces el Águila, indignada de la calumnia que había levantado el Grajo, suplicó a su señor, el dios Júpiter, que le castigase. Condescendió el dios, y dijo al Águila que mandase cantar al Grajo. Pero cuando éste quiso echar la voz, empezó, por soberana permisión, a rebuznar horrorosamente. Riéronse todos los animales y dijeron: Con razón se ha vuelto asno el que quiso hacer asno al Canario.
FÁBULA LXXI
El Guacamayo y el Topo
(Por lo general pocas veces aprueban los autores las obras de los otros, por buenas que sean; pero lo hacen los inteligentes que no escriben.)
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Mirándose al soslayo
Las alas y la cola un Guacamayo
Presumido, exclamó: "¡Por vida mía,
Que aun el Topo, con todo que es un ciego,
Negar que soy hermoso no podría!..."5
Oyólo el Topo y dijo: "No lo niego;
Pero otros guacamayos por ventura
No te concederán esa hermosura."
El favorable juicio
Se ha de esperar más bien de un hombre lego
Que de un nombre capaz, si es del oficio.11
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FÁBULA LXXII
El Canario y otros Animales
(Hay muchas obras excelentes que se miran con la mayor indiferencia.)
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De su jaula un día
Se escapó un Canario,
Que fama tenía
Por su canto vario.
"¡Con qué regocijo5
Me andaré viajando,
Y haré alarde, dijo,
De mi acento blando!"
Vuela con soltura
Por bosques y prados,10
Y el caudal apura
De dulces trinados.
Mas ¡ay! aunque invente
El más suave paso,
No encuentra viviente15
Una Mariposa
Le dice burlando:
"Yo de rosa en rosa
Dando vueltas ando.20
"Serás ciertamente
Un músico tracio;
Pero busca oyente
Que esté más despacio."
—"Voy, dijo la Hormiga,25
A buscar mi grano...
Mas usted prosiga,
Cantor soberano."
La Raposa añade:
"Celebro que el canto30
A todos agrade;
Pero yo entre tanto
"(Esto es lo primero)
Me voy acercando
Hacia un gallinero35
Que me está esperando."
—"Yo, dijo un Palomo,
Ando enamorado,
Y así el vuelo tomo
Hasta aquel tejado.40
"A mi palomita
Es ya necesario
Hacer mi visita;
Perdone el Canario."
Gorjeando estuvo45
El músico grato;
Mas apenas hubo
Quien le oyese un rato.
¡A cuántos autores
Sucede otro tanto!50
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FÁBULA LXXIII
El Mono y el Elefante
(Muchos autores celebran solamente sus propias obras y las de sus amigos o condiscípulos.)
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A un congreso de varios animales
Con toda seriedad el Mono expuso
Que, a imitación del uso
Establecido entre hombres racionales,
Era vergüenza no tener historia,5
Que, al referir su origen y sus hechos,
Instruirlos pudiese y darles gloria.
Quedando satisfechos
De la propuesta idea,
El Mono se encargó de la tarea,10
Y el rey León en pleno consistorio
Mandó se le asistiese puntualmente
Con una asignación correspondiente,
Además de los gastos de escritorio.
Pide al ganso una pluma15
El nuevo autor; emprende su faena,
Y desde luego en escribir se estrena
Una histórica suma,
Que sólo contenía los anales
Suyos y de los monos compañeros;20
Mas pasando después años enteros,
Nada habló de los otros animales,
Que esperaron en vano
Volver a ver más letra de su mano.
El Elefante, como sabio, un día25
Por tan grave omisión cargos le hacía,
Y respondióle el Mono: "No te espantes;
Pues aun en esto a muchos hombres copio.
Obras prometo al público importantes,
Y al fin no escribo más que de mí propio."30
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FÁBULA LXXIV
El río Tajo, una Fuente y un Arroyo
(Los escritores sensatos, aunque se digan desatinos de sus obras, continúan trabajando.)
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En tu presencia, venerable Río,
(Al Tajo de este modo habló una Fuente)
De un Poeta me quejo amargamente,
Porque ha dicho (y no hay tal) que yo me río.
Un Arroyo añadió: Sí, Padre mío;5
Es una furia lo que ese hombre miente.
Yo voy a mi camino, no censuro,
Y, con todo, ha fingido que murmuro.
Dicen que el Tajo luego
Así les respondió con gran sosiego:10
"¿No tengo yo también oro en mi arena?
¿Pues qué? ¿De los Poetas os espantan
Los falsos testimonios?.... No os dé pena.
Mayores entre sí se los levantan.
Reid y murmurad enhorabuena."15
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FÁBULA LXXV
El Caracol y los Galápagos
(Aunque se reúnan varios sujetos para escribir una obra, si carecen de ciencia, tan despreciable saldrá como si la hubiese escrito un ignorante solo.)