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Fábulas literarias

Chapter 34: FÁBULA XV
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About This Book

Colección de fábulas en verso que utiliza animales, objetos y tipos humanos como instrumentos retóricos para exponer comportamientos y errores sociales y literarios. Cada fábula propone una escena breve y simbólica que ridiculiza la presunción, la pereza, la pedantería, la imitación mecánica y otros vicios, y concluye con una moraleja concisa. El tono combina ironía, didactismo y economía expresiva, alternando sátira moral y reflexión sobre el lenguaje y las costumbres, con un prólogo que orienta la intención y la lectura.

(También suele ser nulidad el no saber más que una cosa; extremo opuesto del defecto reprendido en la fábula antecedente.)

Si querer entender de todo
Es ridícula presunción,
Servir sólo para una cosa
Suele ser falta no menor.
Sobre una mesa, cierto día,5
Dando estaba conversación
A un Abanico y a un Manguito
Un Paraguas o Quitasol;
Y en la lengua que en otro tiempo
Con la Olla el Caldero habló,[2]10
A sus dos compañeros dijo:
"¡Oh qué buenas alhajas sois!
Tú, Manguito, en invierno sirves;
En verano vas a un rincón;
Tú, Abanico, eres mueble inútil15
Cuando el frío sigue al calor.
No sabéis salir de un oficio:
Aprended de mí, pese a vos,
Que en el invierno soy Paraguas,
Y en el verano Quitasol."20

FÁBULA XV

La Rana y el Renacuajo

(¡Qué despreciable es la poesía de mucha hojarasca!)

En la orilla del Tajo
Hablaba con la Rana el Renacuajo,
Alabando las hojas, la espesura
De un gran cañaveral, y su verdura.
Mas luego que del viento5
El ímpetu lento
Una caña abatió, que cayó al río,
En tono de lección dijo la Rana:
"Ven a verla, hijo mío;
Por defuera muy tersa, muy lozana;10
Por dentro toda fofa, toda vana."
Si la Rana entendiera poesía,
También de muchos versos lo diría.

FÁBULA XVI

La Avutarda

(Muy ridículo papel hacen los plagiarios que escriben centones.)

De sus hijos la torpe Avutarda
El pesado volar conocía,
Deseando sacar una cría
Más ligera, aunque fuese bastarda.
A este fin muchos huevos robados,5
De alcotán, de jilguero y paloma,
De perdiz y de tórtola, toma,
Y en su nido los guarda mezclados.
Largo tiempo se estuvo sobre ellos;
Y aunque hueros salieron bastantes,10
Produjeron por fin los restantes
Varias castas de pájaros bellos.
La Avutarda mil aves convida
Por lucirlo con cría tan nueva;
Sus polluelos cada ave se lleva,15
Y hete aquí la Avutarda lucida.
Los que andáis empollando obras de otros,
Sacad, pues, a volar vuestra cría.
Ya dirá cada autor: "Ésta es mía";
Y veremos qué os queda a vosotros.20

FÁBULA XVII

El Jilguero y el Cisne

(Nada sirve la fama, si no corresponden las obras.)

"Calla, tú, pajarillo vocinglero
(Dijo el Cisne al Jilguero):
¿A cantar me provocas, cuando sabes
Que de mi voz la dulce melodía
Nunca ha tenido igual entre las aves?"5
El Jilguero sus trinos repetía,
Y el Cisne continuaba: "¡Qué insolencia!
¡Miren cómo me insulta el musiquillo!
Si con soltar mi canto no le humillo,
Dé muchas gracias a mi gran prudencia."10
—"¡Ojalá que cantaras!
(Le respondió por fin el pajarillo);
¡Cuánto no admirarías
Con las cadencias raras
Que ninguno asegura haberte oído,15
Aunque logran más fama que las mías!..."
Quiso el Cisne cantar, y dió un graznido.
¡Gran cosa! ganar crédito sin ciencia,
Y perderle en llegando a la experiencia.

FÁBULA XVIII

El Caminante y la Mula de Alquiler

(Los que empiezan elevando el estilo, se ven tal vez precisados a humillarle después demasiado.)

Harta de paja y cebada
Una Mula de alquiler
Salía de la posada,
Y tanto empezó a correr,
Que apenas el caminante5
La podía detener.
No dudo que en un instante
Su media jornada haría;
Pero algo más adelante
La falsa caballería10
Ya iba retardando el paso.
"¿Si lo hará de picardía?...
"¡Arre!... ¿te paras?... Acaso
Metiendo la espuela... Nada.
Mucho me temo un fracaso.15
"Esta vara, que es delgada...
Menos... Pues este aguijón...
Mas ¿si estará ya cansada?"
Coces tira... y mordiscón:
Se vuelve contra el jinete...20
¡Oh qué corcovo, qué envión!
Aunque las piernas apriete...
Ni por ésas... ¡Voto a quién!
Barrabás que la sujete...
Por fin dió en tierra... ¡Muy bien!25
¿Y eras tú la que corrías?...
¡Mal muermo te mate, amén!
No me fiaré en mis días
De mula que empiece haciendo
Semejantes valentías.30
Después de este lance, en viendo
Que un autor ha principiado
Con altisonante estruendo,
Al punto digo: "¡Cuidado!
¡Tente, hombre! que te has de ver35
En el vergonzoso estado
De la mula de alquiler."

FÁBULA XIX

La Cabra y el Caballo

(Hay malos escritores que se lisonjean fácilmente de lograr fama póstuma cuando no han podido merecerla en vida.)

Estábase una Cabra muy atenta
Largo rato escuchando
De un acorde violín el eco blando.
Los pies se la bailaban de contenta,
Y a cierto Jaco, que también suspenso5
Casi olvidaba el pienso,
Dirigió de esta suerte la palabra:
"¿No oyes de aquellas cuerdas la armonía?
Pues sabe que son tripas de una Cabra
Que fué en un tiempo compañera mía.10
Confío (¡dicha grande!) que algún día
No menos dulces trinos
Formarán mis sonoros intestinos."
Volvióse el buen Rocín y respondióla:
"A fe que no resuenan esas cuerdas15
Sino porque las hieren con las cerdas
Que sufrí me arrancasen de la cola.
Mi dolor me costó, pasé mi susto;
Pero, al fin, tengo el gusto
De ver qué lucimiento20
Debe a mi auxilio el músico instrumento.
Tú, que satisfacción igual esperas,
¿Cuándo la gozarás? Después que mueras."
Así, ni más ni menos, porque en vida
No ha conseguido ver su obra aplaudida25
Algún mal escritor, al juicio apela
De la posteridad, y se consuela.

FÁBULA XX

La Abeja y el Cuclillo

(La variedad es requisito indispensable en las obras de gusto.)

Saliendo del colmenar,
Dijo al Cuclillo la Abeja:
"Calla, porque no me deja
Tu ingrata voz trabajar.
"No hay ave tan fastidiosa5
En el cantar como tú:
Cucú, cucú, y más cucú,
Y siempre una misma cosa."
—"¿Te cansa mi canto igual?
(El Cuclillo respondió):10
Pues a fe que no hallo yo
Variedad en tu panal.
"Y pues que del propio modo
Fabricas uno que ciento,
Si yo nada nuevo invento,15
En ti es viejísimo todo."
A esto la Abeja replica:
"En obra de utilidad,
La falta de variedad
No es lo que más perjudica;20
"Pero en obra destinada
Sólo al gusto y diversión,
Si no es varia la invención,
Todo lo demás es nada."

FÁBULA XXI

El Ratón y el Gato

(Alguno que ha alabado una obra ignorando quién es su autor, suele vituperarla después que lo sabe.)

Tuvo Esopo famosas ocurrencias,
¡Qué invención tan sencilla! ¡qué sentencias!...
He de poner, pues que la tengo a mano,
Una fábula suya en castellano.
"Cierto (dijo un Ratón en su agujero),5
No hay prenda más amable y estupenda
Que la fidelidad; por eso quiero
Tan de veras al perro perdiguero."
Un Gato replicó: "Pues esa prenda
Yo la tengo también..." Aquí se asusta10
Mi buen Ratón, se esconde,
Y, torciendo el hocico, le responde:
"¡Cómo! ¿la tienes tú?... Ya no me gusta."
La alabanza que muchos creen justa,
Injusta les parece15
Si ven que su contrario la merece.
¿Qué tal, señor lector? La fabulilla
Puede ser que le agrade, y que le instruya.
—"Es una maravilla;
Dijo Esopo una cosa como suya."20
—"Pues mire usted: Esopo no la ha escrito;
Salió de mi cabeza."—"¿Conque es tuya?"
—"Sí, señor erudito:
Ya que antes tan feliz le parecía,
Critíquemela ahora porque es mía."25

FÁBULA XXII

La Lechuza

Y

FÁBULA XXIII

Los Perros y el Trapero

(Atreverse a los autores muertos, y no a los vivos, no sólo es cobardía, sino traición.)

Cobardes son y traidores
Ciertos críticos, que esperan,
Para impugnar, a que mueran
Los infelices autores,
Porque vivos respondieran.5
Un breve caso a este intento
Contaba una abuela mía.
Diz que un día en un convento
Entró una Lechuza... miento,
Que no debió ser un día;10
Fué, sin duda, estando el sol
Ya muy lejos del ocaso...
Ella, en fin, encontró al paso
Una lámpara o farol
(Que es lo mismo para el caso).15
Y volviendo la trasera,
Exclamó de esta manera:
"Lámpara, ¡con qué deleite
Te chupara yo el aceite,
Si tu luz no me ofendiera!20
"Mas ya que ahora no puedo,
Porque estás bien atizada,
Si otra vez te hallo apagada,
Sabré, perdiéndote el miedo,
Darme una buena panzada."25
Aunque renieguen de mí
Los críticos de que trato,
Para darles un mal rato,
En otra fábula aquí
Tengo de hacer su retrato.30
Estando pues un Trapero
Revolviendo un basurero,
Ladrábanle (como suelen
Cuando a tales hombres huelen)
Dos parientes del Cerbero.35
Y díjoles un lebrel:
"Dejad a ese perillán
Que sabe quitar la piel
Cuando encuentra muerto un can,
Y cuando vivo, huye de él."40

FÁBULA XXIV

El Papagayo, el Tordo y la Marica

(Conviene estudiar los autores originales, y no los copiantes y malos traductores.)

Oyendo un Tordo hablar a un Papagayo,
Quiso que él, y no el hombre, le enseñara;
Y con solo un ensayo
Creyó tener pronunciación tan clara,
Que en ciertas ocasiones5
A una Marica daba ya lecciones.
Así salió tan diestra la Marica
Como aquel que al estudio se dedica
Por copias y por malas traducciones.

FÁBULA XXV

El Lobo y el Pastor

(El libro que de suyo es malo, no deja de serlo porque tenga tal cual cosa buena.)

Cierto Lobo, hablando con cierto Pastor,
"Amigo (le dijo), yo no sé por qué
Me has mirado siempre con odio y horror.
Tiénesme por malo; no lo soy a fe.
"Mi piel, en invierno, ¡qué abrigo no da!5
Achaques humanos cura más de mil;
Y otra cosa tiene, que seguro está
Que la piquen pulgas ni otro insecto vil.
"Mis uñas no trueco por las del tejón,
Que contra el mal de ojo tienen gran virtud.10
Mis dientes, ya sabes cuan útiles son,
Y a cuántos con mi unto he dado salud."
El Pastor responde: "¡Perverso animal!
Maldígate el Cielo, maldígate, amén;
Después que estás harto de hacer tanto mal,15
¿Qué importa que puedas hacer algún bien?"
Al diablo los doy
Tantos libros Lobos como corren hoy.

FÁBULA XXVI

El León y el Águila

(Los que quieren hacer a dos partidos, suelen conseguir el desprecio de ambos.)

El Águila y el León
Gran conferencia tuvieron
Para arreglar entre sí
Ciertos puntos de gobierno.
Dió el Águila muchas quejas5
Del murciélago, diciendo:
"¿Hasta cuándo este avechucho
Nos ha de traer revueltos?
Con mis pájaros se mezcla,
Dándose por uno de ellos;10
Y alega varias razones,
Sobre todo la del vuelo.
Mas, si se le antoja, dice:
Hocico, y no pico, tengo.
¿Cómo ave queréis tratarme?15
Pues cuadrúpedo me vuelvo.
Con mis vasallos murmura
De los brutos de tu imperio;
Y cuando con éstos vive,
Murmura también de aquéllos."20
"—Está bien, dijo el León:
Yo te juro que en mis reinos
No entre más."—"Pues en los míos,
Respondió el Águila, menos."
Desde entonces solitario25
Salir de noche le vemos;
Pues ni alados, ni patudos,
Quieren ya tal compañero.
Murciélagos literarios,
Que hacéis a pluma y a pelo,30
Si queréis vivir con todos,
Miraos en este espejo.

FÁBULA XXVII

La Mona

(Hay trajes propios de algunas profesiones literarias, con los cuales aparentan muchos el talento que no tienen.)

Aunque se vista de seda
La Mona, Mona se queda.
El refrán lo dice así;
Yo también lo diré aquí,
Y con eso lo verán5
En fábula y en refrán.
Un traje de colorines,
Como el de los matachines,
Cierta Mona se vistió;
Aunque más bien creo yo10
Que su amo la vestiría,
Porque difícil sería
Que tela y sastre encontrase.
El refrán lo dice: pase.
Viéndose ya tan galana,15
Saltó por una ventana
Al tejado de un vecino,
Y de allí tomó el camino
Para volverse a Tetuán.
Esto no dice el refrán,20
Pero lo dice una historia
De que apenas hay memoria,
Por ser el autor muy raro
(Y poner el hecho en claro
No le habrá costado poco).25
Él no supo, ni tampoco
He podido saber yo,
Si la Mona se embarcó,
O si rodeó tal vez
Por el istmo de Suez:30
Lo que averiguado está
Es que por fin llegó allá.
Vióse la señora mía
En la amable compañía
De tanta mona desnuda;35
Y cada cual la saluda
Como a un alto personaje,
Admirándose del traje,
Y suponiendo sería
Mucha la sabiduría,40
Ingenio y tino mental
Del petimetre animal.
Opinan luego al instante,
Y nemine discrepante,
Que a la nueva compañera45
La dirección se confiera
De cierta gran correría,
Con que buscar se debía
En aquel país tan vasto
La provisión para el gasto50
De toda la mona tropa.
(¡Lo que es tener buena ropa!)
La directora, marchando
Con las huestes de su mando,
Perdió, no sólo el camino,55
Sino, lo que es más, el tino;
Y sus necias compañeras
Atravesaron laderas,
Bosques, valles, cerros, llanos,
Desiertos, ríos, pantanos;60
Y al cabo de la jornada
Ninguna dió palotada;
Y eso que en toda su vida
Hicieron otra salida
En que fuese el capitán65
Más tieso ni más galán.
Por poco no queda mona
A vida con la intentona;
Y vieron por experiencia
Que la ropa no da ciencia.70
Pero, sin ir a Tetuán,
También acá se hallarán
Monos que, aunque se vistan de estudiantes,
Se han de quedar lo mismo que eran antes.

FÁBULA XXVIII

El Asno y su Amo

(Quien escribe para el público, y no escribe bien, no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo.)

"Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
De lo bueno y lo malo igual aprecio:
Yo le doy lo peor, que es lo que alaba."
De este modo sus yerros disculpaba
Un escritor de farsas indecentes;5
Y un taimado poeta que lo oía,
Le respondió en los términos siguientes:
"Al humilde Jumento
Su dueño daba paja, y le decía:
Toma, pues que con eso estás contento.10
Díjolo tantas veces, que ya un día
Se enfadó el Asno, y replicó: Yo tomo
Lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
¿Piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como."15
Sepa quien para el público trabaja,
Que tal vez a la plebe culpa en vano;
Pues si en dándole paja, come paja,
Siempre que la dan grano, come grano.

FÁBULA XXIX

El Gozque y el Macho de noria

(Nadie emprenda obra superior a sus fuerzas.)

Bien habrá visto el lector,
En hostería o convento,
Un artificioso invento
Para andar el asador.
Rueda de madera es5
Con escalones, y un Perro,
Metido en aquel encierro,
Le da vueltas con los pies.
Parece que cierto Can,
Que la máquina movía,10
Empezó a decir un día:
"Bien trabajo; y ¿qué me dan?
"¡Cómo sudo, ay infeliz!
Y al cabo, por grande exceso,
Me arrojarán algún hueso15
Que sobre de esa perdiz.
"Con mucha incomodidad
Aquí la vida se pasa:
Me iré, no sólo de casa,
Mas también de la ciudad."20
Apenas le dieron suelta,
Huyendo con disimulo,
Llegó al campo, en donde un Mulo
A una noria daba vuelta.
Y no le hubo visto bien,25
Cuando dijo: "¿Quién va allá?
Parece que por acá
Asamos carne también."
—"No aso carne, que agua saco"
(El Macho le respondió).30
—"Eso también lo haré yo
(Saltó el Can), aunque estoy flaco.
"Como esa rueda es mayor,
Algo más trabajaré.
¿Tanto pesa?... Pues ¿y qué?35
¿No ando la de mi asador?
"Me habrán de dar, sobre todo,
Más ración, tendré más gloria..."
Entonces el de la noria
Le interrumpió de este modo:40
"Que se vuelva le aconsejo
A voltear su asador,
Que esta empresa es superior
A las fuerzas de un Gozquejo."
¡Miren el Mulo bellaco,45
Y qué bien le replicó!
Lo mismo he leído yo
En un tal Horacio Flacco,
Que a un autor da por gran yerro
Cargar con lo que después50
No podrá llevar: esto es,
Que no ande la noria el Perro.

FÁBULA XXX

El Erudito y el Ratón

(Hay casos en que es necesaria la crítica severa.)

En el cuarto de un célebre Erudito
Se hospedaba un Ratón, ¡ratón maldito!
Que no se alimentaba de otra cosa
Que de roerle siempre verso y prosa.
Ni de un gatazo el vigilante celo5
Pudo llegarle al pelo,
Ni extrañas invenciones
De varias e ingeniosas ratoneras,
O el rejalgar en dulces confecciones,
Curar lograron su incesante anhelo10
De registrar las doctas papeleras,
Y acribillar las páginas enteras.
Quiso luego la trampa
Que el perseguido autor diese a la estampa
Sus obras de elocuencia y poesía;15
Y aquel bicho travieso,
Si antes lo manuscrito le roía,
Mucho mejor roía ya lo impreso.
"¡Qué desgracia la mía!
(El literato exclama): ya estoy harto20
De escribir para gente roedora;
Y por no verme en esto, desde ahora
Papel blanco no más habrá en mi cuarto.
Yo haré que este desorden se corrija..."
Pero sí; la traidora Sabandija,25
Tan hecha a malas mañas, igualmente
En el blanco papel hincaba el diente.
El Autor, aburrido,
Echa en la tinta dósis competente
De solimán molido:30
Escribe (yo no sé si en prosa o verso):
Devora, pues, el animal perverso,
Y revienta por fin... "¡Feliz receta!
(Dijo entonces el crítico poeta):
Quien tanto roe, mire no le escriba35
Con un poco de tinta corrosiva."
Bien hace quien su crítica modera;
Pero usarla conviene más severa
Contra censura injusta y ofensiva,
Cuando no hablar con sincero denuedo40
Poca razón arguye, o mucho miedo.

FÁBULA XXXI

La Ardilla y el Caballo

(Algunos emplean en obras frívolas tanto afán otros en las importantes.)

Mirando estaba una Ardilla
A un generoso Alazán,
Que dócil a espuela y rienda,
Se adestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos5
Tan veloces y a compás,
De aquesta suerte le dijo
Con muy poca cortedad:
"Señor mío,
De ese brío,10
Ligereza
Y destreza
No me espanto,
Que otro tanto
Suelo hacer, y acaso más.15
Yo soy viva,
Soy activa,
Me meneo,
Me paseo,
Yo trabajo,20
Subo y bajo,
No me estoy quieta jamás."
El paso detiene entonces
El buen Potro, y muy formal,
En los términos siguientes25
Respuesta a la Ardilla da:
"Tantas idas
Y venidas,
Tantas vueltas
Y revueltas30
(Quiero, amiga,
Que me diga),
¿Son de alguna utilidad?
Yo me afano;
Mas no en vano.35
Sé mi oficio,
Y en servicio
De mi dueño
Tengo empeño
De lucir mi habilidad."40
Conque algunos escritores
Ardillas también serán
Si en obras frívolas gastan
Todo el calor natural.

FÁBULA XXXII

El Galán y la Dama

(Cuando un autor ha llegado a ser famoso, todo se le aplaude.)

Cierto Galán a quien París aclama
Petimetre del gusto más extraño,
Que cuarenta vestidos muda al año,
Y el oro y plata sin temor derrama,
Celebrando los días de su dama,5
Unas hebillas estrenó de estaño,
Sólo para probar con este engaño
Lo seguro que estaba de su fama.
"¡Bella plata! ¡qué brillo tan hermoso!
(Dijo la dama): ¡viva el gusto y numen10
Del Petimetre, en todo primoroso!"
Y ahora digo yo: llene un volumen
De disparates un autor famoso,
Y si no le alabaren, que me emplumen.

FÁBULA XXXIII

El Avestruz, el Dromedario y la Zorra

(También en la literatura suele dominar el espíritu de paisanaje.)

Para pasar el tiempo congregada
Una tertulia de animales varios
(Que también entre brutos hay tertulias),
Mil especies en ella se tocaron.
Hablóse allí de las diversas prendas5
De que cada animal está dotado:
Éste a la hormiga alaba, aquél al perro;
Quién a la Abeja, quién al Papagayo.
"No (dijo el Avestruz): en mi dictamen
No hay más bello animal que el Dromedario."10
El Dromedario dijo: "Yo confieso
Que solo el Avestruz es de mi agrado."
Ninguno adivinó por qué motivo
Tan raro gusto acreditaban ambos.
¿Será porque los dos abultan mucho?15
¿O por tener los dos los cuellos largos?
¿O porque el Avestruz es algo simple,
Y no muy advertido el Dromedario?
¿O bien porque son feos uno y otro?
¿O porque tienen en el pecho un callo?20
O puede ser también... "No es nada de eso
(La Zorra interrumpió); ya di en el caso.
¿Sabéis por qué motivo el uno al otro
Tanto se alaban? Porque son paisanos."[3]
En efecto, ambos eran berberiscos;25
Y no fué juicio, no, tan temerario
El de la Zorra, que no pueda hacerse
Tal vez igual de algunos literatos.

FÁBULA XXXIV

El Cuervo y el Pavo

(Cuando se trata de notar los defectos de una obra, no deben censurarse los personales de su autor.)

Pues, como digo, es el caso
(Y vaya de cuento)
Que a volar se desafiaron
Un Pavo y un Cuervo.
Al término señalado5
Cuál llegó primero,
Considérelo quien de ambos
Haya visto el vuelo.
"Aguárdate (dijo el Pavo
Al cuervo de lejos):10
¿Sabes lo que estoy pensando?
Que eres negro y feo.
"Escucha: también reparo
(Le gritó más recio)
En que eres un pajarraco15
De muy mal agüero.
"Quita allá, que me das asco,
Grandísimo puerco;
Sí, que tienes por regalo
Comer cuerpos muertos."20
—"Todo eso no viene al caso
(Le responde el Cuervo),
Porque aquí sólo tratamos
De ver qué tal vuelo."
Cuando en las obras del sabio25
No encuentra defectos,
Contra la persona cargos
Suele hacer el necio.

FÁBULA XXXV

La Oruga y la Zorra

(La literatura es la profesión en que más se verifica el proverbio: ¿Quién es tu enemigo? El de tu oficio.)

Si se acuerda el lector de la tertulia
En que, a presencia de animales varios,
La Zorra adivinó por qué se daban
Elogios avestruz y dromedario;
Sepa que en la mismísima tertulia5
Un día se trataba del gusano,
Artífice ingenioso de la seda,
Y todos ponderaban su trabajo.
Para muestra presentan un capullo;
Examínanle, crecen los aplausos;10
Y aun el topo, con todo que es un ciego,
Confesó que el capullo era un milagro.
Desde un rincón la Oruga murmuraba
En ofensivos términos, llamando
La labor admirable, friolera,15
Y a sus elogiadores, mentecatos.
Preguntábanse, pues, unos a otros:
"¿Por qué este miserable gusarapo
El único ha de ser que vitupere
Lo que todos acordes alabamos?"20
Saltó la Zorra y dijo: "¡Pese a mi alma!
El motivo no puede estar más claro.
¿No sabéis, compañeros, que la Oruga
También labra capullos, aunque malos?"
¡Laboriosos ingenios perseguidos!25
¿Queréis un buen consejo? Pues, cuidado:
Cuando os provoquen ciertos envidiosos,
No hagáis más que contarles este caso.

FÁBULA XXXVI

La compra del Asno

(A los que compran libros sólo por la encuadernación.)

Ayer por mi calle
Pasaba un Borrico,
El más adornado
Que en mi vida he visto.
Albarda y cabestro5
Eran nuevecitos,
Con flecos de seda
Rojos y amarillos.
Borlas y penacho
Llevaba el pollino,10
Lazos, cascabeles
Y otros atavíos.
Y hechos a tijera
Con arte prolijo,
En pescuezo y anca15
Dibujos muy lindos.
Parece que el dueño,
Que es, según me han dicho,
Un chalán gitano
De los más ladinos,20
Vendió aquella alhaja
A un hombre sencillo;
Y añaden que al pobre
Le costó un sentido.
Volviendo a su casa,25
Mostró a sus vecinos
La famosa compra;
Y uno de ellos dijo:
"Veamos, compadre,
Si este animalito30
Tiene tan buen cuerpo
Como buen vestido."
Empezó a quitarle
Todos los aliños,
Y bajo la albarda,35
Al primer registro,
Le hallaron el lomo
Asaz malferido,
Con seis mataduras
Y tres lobanillos,40
Amén de dos grietas,
Y un tumor antiguo,
Que bajo la cincha
Estaba escondido.
"Burro (dijo el hombre)45
Más que el Burro mismo
Soy yo, que me pago
De adornos postizos."
A fe que este lance
No echaré en olvido,50
Pues viene de molde
A un amigo mío,
El cual a buen precio
Ha comprado un libro
Bien encuadernado,55
Que no vale un pito.

FÁBULA XXXVII

El Buey y la Cigarra