WeRead Powered by ReaderPub
Fábulas literarias cover

Fábulas literarias

Chapter 84: FÁBULA XL
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

Colección de fábulas en verso que utiliza animales, objetos y tipos humanos como instrumentos retóricos para exponer comportamientos y errores sociales y literarios. Cada fábula propone una escena breve y simbólica que ridiculiza la presunción, la pereza, la pedantería, la imitación mecánica y otros vicios, y concluye con una moraleja concisa. El tono combina ironía, didactismo y economía expresiva, alternando sátira moral y reflexión sobre el lenguaje y las costumbres, con un prólogo que orienta la intención y la lectura.

(Muy necio y envidioso es quien afea un pequeño descuido en una obra grande.)

Arando estaba el Buey; y a poco trecho,
La Cigarra, cantando, le decía:
"¡Ay, ay! ¡qué surco tan torcido has hecho!"
Pero él la respondió: "Señora mía,
Si no estuviera lo demás derecho,5
Usted no conociera lo torcido.
Calle, pues, la haragana reparona;
Que a mi amo sirvo bien, y él me perdona
Entre tantos aciertos un descuido."
¡Miren quién hizo a quién cargo tan fútil!10
Una Cigarra al animal más útil.
Mas ¿si me habrá entendido
El que a tachar se atreve
En obras grandes un defecto leve?

FÁBULA XXXVIII

El Guacamayo y la Marmota

(Ordinariamente no es escritor de gran mérito el que hace venal el ingenio.)

Un pintado Guacamayo
Desde un mirador veía
Cómo un extranjero payo
(Que saboyano sería)
Por dinero una alimaña5
Enseñaba, muy feota,
Dándola por cosa extraña;
Es a saber, la Marmota.
Salía de su cajón
Aquel ridículo bicho;10
Y el ave desde el balcón
Le dijo: "¡Raro capricho!
"Siendo tú fea, ¡que así
Dinero por verte den,
Cuando siendo hermoso, aquí15
Todos de balde me ven!
"Puede que seas, no obstante,
Algún precioso animal;
Mas yo tengo ya bastante
Con saber que eres venal."20
Oyendo esto un mal autor,
Se fué como avergonzado.
—¿Por qué?—Porque un impresor
Le tenía asalariado.

FÁBULA XXXIX

El Retrato de Golilla

(Si es vicioso el uso de voces extranjeras modernamente introducidas, también lo es, por el contrario, el de las anticuadas.)

De frase extranjera el mal pegadizo
Hoy a nuestro idioma gravemente aqueja;
Pero habrá quien piense que no habla castizo
Si por lo anticuado lo usado no deja.
Voy a entretenelle con una conseja;5
Y porque le traiga más contentamiento,
En su mesmo estilo referille intento,
Mezclando dos hablas, la nueva y la vieja.
No sin hartos celos un pintor de hogaño
Vía cómo agora gran loa y valía10
Alcanzan algunos retratos de antaño;
Y el no remedallos a mengua tenía:
Por ende, queriendo retratar un día
A cierto rico-home, señor de gran cuenta,
Juzgó que lo antiguo de la vestimenta15
Estima de rancio al cuadro daría.
Segundo Velázquez creyó ser con esto;
Y ansí que del rostro toda la semblanza
Hubo trasladado, golilla le ha puesto,
Y otros atavíos a la antigua usanza.20
La tabla a su dueño lleva sin tardanza,
El cual espantado fincó desque vido
Con añejas galas su cuerpo vestido,
Maguer que le plugo la faz abastanza.
Empero una traza le vino a las mientes25
Con que al retratante dar su galardón.
Guardaba, heredadas de sus ascendientes,
Antiguas monedas en un viejo arcón.
Del Quinto Fernando muchas de ellas son,
Allende de algunas de Carlos Primero,30
De entrambos Filipos Segundo y Tercero;
Y henchido de todas le endonó un bolsón.
"Con estas monedas, o siquier medallas
(El pintor le dice), si voy al mercado
Cuando me cumpliere mercar vituallas,35
Tornaré a mi casa con un buen recado."
—"¡Pardiez! (dijo el otro), ¿no me habéis pintado
En traje que un tiempo fué muy señoril,
Y agora le viste sólo un alguacil?
Cual me retratasteis, tal os he pagado.40
"Llevaos la tabla, y el mi corbatín
Pintadme al proviso en vez de golilla;
Cambiadme esa espada en el mi espadín,
Y en la mi casaca trocad la ropilla;
Ca non habrá nadie en toda la villa45
Que, al verme en tal guisa, conozca mi gesto:
Vuestra paga entonces contaros-he presto
En buena moneda corriente en Castilla."
Ora pues, si a risa provoca la idea
Que tuvo aquel sandio moderno pintor,50
¿No hemos de reírnos siempre que chochea
Con ancianas frases un novel autor?
Lo que es afectado juzga que es primor;
Habla puro a costa de la claridad,
Y no halla voz baja para nuestra edad,55
Si fué noble en tiempo del Cid Campeador.

FÁBULA XL

Los dos Huéspedes

(Las portadas ostentosas de los libros engañan mucho.)

Pasando por un pueblo
De la montaña,
Dos caballeros mozos
Buscan posada.
De dos vecinos5
Reciben mil ofertas
Los dos amigos.
Porque a ninguno quieren
Hacer desaire,
En casa de uno y otro10
Van a hospedarse.
De ambas mansiones
Cada Huésped la suya
A gusto escoge.
La que el uno prefiere15
Tiene un gran patio
Y bello frontispicio,
Como un palacio:
Sobre la puerta
Su escudo de armas tiene,20
Hecho de piedra.
La del otro la vista
No era tan grande;
Mas dentro no faltaba
Donde alojarse;25
Como que había
Piezas de muy buen temple,
Claras y limpias.
Pero el otro palacio
Del frontispicio30
Era, además de estrecho,
Obscuro y frío:
Mucha portada,
Y por dentro desvanes
A teja vana.35
El que allí pasó un día
Mal hospedado,
Contaba al compañero
El fuerte chasco;
Pero él le dijo:40
"Otros chascos como ése
Dan muchos libros."

FÁBULA XLI

El Té y la Salvia

(Algunos sólo aprecian la literatura extranjera, y no tienen la menor noticia de la de su nación.)

El Té, viniendo del imperio chino,
Se encontró con la Salvia en el camino.
Ella le dijo: "¿Adónde vas, compadre?"
—"A Europa voy, comadre,
Donde sé que me compran a buen precio."5
—"Yo (respondió la Salvia) voy a China,
Que allá con sumo aprecio
Me reciben por gusto y medicina.[4]
En Europa me tratan de salvaje,
Y jamás he podido hacer fortuna."10
—"Anda con Dios. No perderás el viaje,
Pues no hay nación alguna
Que a todo lo extranjero
No dé con gusto aplausos y dinero."
La Salvia me perdone,15
Que al comercio su máxima se opone.
Si hablase del comercio literario,
Yo no defendería lo contrario;
Porque en él para algunos es un vicio
Lo que es en general un beneficio;20
Y español que tal vez recitaría
Quinientos versos de Boileau y el Taso,
Puede ser que no sepa todavía
En qué lengua los hizo Garcilaso.

FÁBULA XLII

El Gato, el Lagarto y el Grillo

(Por más ridículo que sea el estilo retumbante, siempre habrá necios que le aplaudan, sólo por la razón de que se quedan sin entenderle.)

Ello es que hay animales muy científicos
En curarse con varios específicos,
Y en conservar su construcción orgánica,
Como hábiles que son en la botánica;
Pues conocen las hierbas diuréticas,5
Catárticas, narcóticas, eméticas,
Febrífugas, estípticas, prolíficas,
Cefálicas también y sudoríficas.
En esto era gran práctico y teórico
Un Gato, pedantísimo retórico,10
Que hablaba en un estilo tan enfático
Como el más estirado catedrático.
Yendo a caza de plantas salutíferas,
Dijo a un lagarto: "¡Qué ansias tan mortíferas!
Quiero por mis turgencias semihidrópicas15
Chupar el zumo de hojas heliotrópicas."
Atónito el Lagarto con lo exótico
De todo aquel preámbulo estrambótico,
No entendió más la frase macarrónica
Que si le hablasen lengua babilónica.20
Pero notó que el charlatán ridículo
De hojas de girasol llenó el ventrículo,
Y le dijo: "Ya, en fin, señor hidrópico,
He entendido lo que es zumo heliotrópico."
¡Y no es bueno que un Grillo, oyendo el diálogo,
Aunque se fué en ayunas del catálogo26
De términos tan raros y magníficos,
Hizo del Gato elogios honoríficos!
Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito,
Y el hablar liso y llano por demérito.30
Mas ya que esos amantes de hiperbólicas
Cláusulas y metáforas diabólicas
De retumbantes voces el depósito
Apuran, aunque salga un despropósito,
Caiga sobre su estilo problemático35
Este apólogo esdrújulo-enigmático.

FÁBULA XLIII

La Música de los Animales

(Cuando se trabaja una obra entre muchos, cada uno quiere apropiársela si es buena, y echa la culpa a los otros si es mala.)

Atención, noble auditorio,
Que la bandurria he templado,
Y han de dar gracias cuando oigan
La jácara que les canto.
En la corte del león,5
Día de su cumpleaños,
Unos cuantos animales
Dispusieron un sarao;
Y para darle principio
Con el debido aparato,10
Creyeron que una academia
De música era del caso.
Como en esto de elegir
Los papeles adecuados
No todas veces se tiene15
El acierto necesario,
Ni hablaron del ruiseñor,
Ni del mirlo se acordaron,
Ni se trató de calandria,
De jilguero ni canario.20
Menos hábiles cantores,
Aunque más determinados,
Se ofrecieron a tomar
La diversión a su cargo.
Antes de llegar la hora25
Del canticio preparado,
Cada músico decía:
"¡Ustedes verán qué rato!"
Y al fin la capilla junta
Se presenta en el estrado,30
Compuesta de los siguientes
Diestrísimos operarios.
Los tiples eran dos grillos;
Rana y cigarra, contraltos;
Dos tábanos los tenores;35
El cerdo y el burro, bajos.
Con qué agradable cadencia,
Con qué acento delicado
La música sonaría,
No es menester ponderarlo.40
Baste decir que los más
Las orejas se taparon,
Y, por respeto al león,
Disimularon el chasco.
La rana por los semblantes45
Bien conoció, sin embargo,
Que habían de ser muy pocas
Las palmadas y los bravos.
Salióse del corro y dijo:
"¡Cómo desentona el asno!"50
Este replicó: "Los tiples
Sí que están desentonados."
—"Quien lo echa todo a perder
(Añadió un grillo chillando)
Es el cerdo."—"Poco a poco55
(Respondió luego el marrano);
Nadie desafina más
Que la cigarra, contralto."
—"Tenga modo, y hable bien
(Saltó la cigarra); es falso;60
Esos tábanos tenores
Son los autores del daño."
Cortó el león la disputa,
Diciendo: "¡Grandes bellacos!
¿Antes de empezar la solfa,65
No la estabais celebrando?
Cada uno para sí
Pretendía los aplausos,
Como que se debería
Todo el acierto a su canto.70
Mas viendo ya que el concierto
Es un infierno abreviado,
Nadie quiere parte en él,
Y a los otros hace cargos.
Jamás volváis a poneros75
En mi presencia: ¡mudaos!
Que si otra vez me cantáis,
Tengo de hacer un estrago."
¡Así permitiera el Cielo
Que sucediera otro tanto80
Cuando, trabajando a escote
Tres escritores o cuatro,
Cada cual quiere la gloria
Si es bueno el libro, o mediano,
Y los compañeros tienen85
La culpa si sale malo!

FÁBULA XLIV

La Espada y el Asador

(Contra dos especies de malos traductores.)

Sirvió en muchos combates una espada
Tersa, fina, cortante, bien templada,
La más famosa que salió de mano
De insigne fabricante toledano.
Fué pasando a poder de varios dueños,5
Y airosos los sacó de mil empeños.
Vendióse en almonedas diferentes
Hasta que por extraños accidentes
Vino, en fin, a parar (¡quién lo diría!)
A un obscuro rincón de una hostería,10
Donde, cual mueble inútil arrimada,
Se tomaba de orín. Una criada,
Por mandado de su amo el posadero,
Que debía de ser gran majadero,
Se la llevó una vez a la cocina,15
Atravesó con ella una gallina,
Y héteme un asador hecho y derecho
La que una espada fué de honra y provecho.
Mientras esto pasaba en la posada,
En la corte comprar quiso una espada20
Cierto recién llegado forastero,
Transformado de payo en caballero.
El espadero, viendo que al presente
Es la espada un adorno solamente,
Y que pasa por buena cualquier hoja,25
Siendo de moda el puño que se escoja,
Díjole que volviese al otro día.
Un asador que en su cocina había
Luego desbasta, afila y acicala,
Y por espada de Tomás de Ayala30
Al pobre forastero, que no entiende
De semejantes compras, se le vende;
Siendo tan picarón el espadero
Como fué mentecato el posadero.
Mas ¿de igual ignorancia o picardía35
Nuestra nación quejarse no podría
Contra los traductores de dos clases,
Que infestada la tienen con sus frases?
Unos traducen obras celebradas,
Y en asadores vuelven las espadas;40
Otros hay que traducen las peores,
Y venden por espadas asadores.

FÁBULA XLV

Los cuatro Lisiados

(Las obras que un particular puede desempeñar por sí solo, no merecen se emplee en ellas el trabajo de muchos hombres.)

Un mudo a nativitate,
Y más sordo que una tapia,
Vino a tratar con un ciego
Cosas de poca importancia.
Hablaba el ciego por señas,5
Que para el mudo eran claras;
Mas hízole otras el mudo,
Y él a obscuras se quedaba.
En este apuro, trajeron,
Para que los ayudara,10
A un camarada de entrambos,
Que era manco por desgracia.
Éste las señas del mudo
Trasladaba con palabras,
Y por aquel medio el ciego15
Del negocio se enteraba.
Por último resultó,
De conferencia tan rara,
Que era preciso escribir
Sobre el asunto una carta.20
"Compañeros, saltó el manco,
Mi auxilio a tanto no alcanza;
Pero a escribirla vendrá
El dómine, si le llaman."
—"¿Qué ha de venir (dijo el ciego),25
Si es cojo, que apenas anda?
Vamos, será menester
Ir a buscarle a su casa."
Así lo hicieron; y al fin
El cojo escribe la carta;30
Díctanla el ciego y el manco,
Y el mudo parte a llevarla.
Para el consabido asunto
Con dos personas sobraba;
Mas, como eran ellas tales,35
Cuatro fueron necesarias.
Y a no ser porque ha tan poco
Que en un lugar de la Alcarria
Acaeció esta aventura,
Testigos más de cien almas,40
Bien pudiera sospecharse
Que estaba adrede inventada
Por alguno que con ella
Quiso pintar lo que pasa
Cuando, juntándose muchos45
En pandilla literaria,
Tienen que trabajar todos
Para una gran patarata.

FÁBULA XLVI

El Pollo y los dos Gallos

(No ha de considerarse en un autor la edad, sino el talento.)

Un Gallo, presumido
De luchador valiente,
Y un Pollo algo crecido,
No sé por qué accidente
Tuvieron sus palabras, de manera5
Que armaron una brava pelotera.
Dióse el Pollo tal maña,
Que sacudió a mi Gallo lindamente,
Quedando ya por suya la campaña,
Y el vencido sultán de aquel serrallo10
Dijo, cuando el contrario no lo oía:
"¡Eh! con el tiempo no será mal Gallo:
El pobrecillo es mozo todavía."
Jamás volvió a meterse con el Pollo;
Mas en otra ocasión, por cierto embrollo,15
Teniendo un choque con un Gallo anciano,
Guerrero veterano,
Apenas le quedó pluma ni cresta:
Y dijo al retirarse de la fiesta:
"Si no mirara que es un pobre viejo...20
Pero chochea y por piedad le dejo."
Quien se meta en contienda,
Verbigracia de asunto literario,
A los años no atienda,
Sino a la habilidad de su adversario.25

FÁBULA XLVII

La Urraca y la Mona

(El verdadero caudal de erudición no consiste en hacinar muchas noticias, sino en recoger con elección las útiles y necesarias.)

A una Mona
Muy taimada
Dijo un día
Cierta Urraca:
"Si vinieras5
A mi estancia,
¡Cuántas cosas
Te enseñara!
Tú bien sabes
Con qué maña10
Robo, y guardo
Mil alhajas.
Ven, si quieres,
Y veráslas
Escondidas15
Tras de una arca."
La otra dijo:
"Vaya en gracia;"
Y al paraje
La acompaña.20
Fué sacando
Doña Urraca
Una liga
Colorada,
Un tontillo25
De casaca,
Una hebilla,
Dos medallas,
La contera
De una espada,30
Medio peine,
Y una vaina
De tijeras;
Una gasa,
Un mal cabo35
De navaja,
Tres clavijas
De guitarra,
Y otras muchas
Zarandajas.40
"¿Qué tal? dijo;
Vaya, hermana,
¿No me envidia?
¿No se pasma?
A fe que otra45
De mi casta
En riqueza
No me iguala."
Nuestra Mona
La miraba50
Con un gesto
De bellaca;
Y al fin dijo:
"¡Patarata!
Has juntado55
Lindas maulas.
Aquí tienes
Quien te gana,
Porque es útil
Lo que guarda.60
Si no, mira
Mis quijadas.
Bajo de ellas,
Camarada,
Hay dos buches65
O papadas,
Que se encogen
Y se ensanchan.
Como aquello
Que me basta,70
Y el sobrante
Guardo en ambas
Para cuando
Me haga falta.
Tú amontonas75
Mentecata,
Trapos viejos,
Y morralla;
Mas yo, nueces,
Avellanas,80
Dulces, carne
Y otras cuantas
Provisiones
Necesarias."
Y esta Mona85
Redomada
¿Habló sólo
Con la Urraca?
Me parece
Que más habla90
Con algunos
Que hacen gala
De confusas
Misceláneas
Y fárrago95
Sin substancia.

FÁBULA XLVIII

El Ruiseñor y el Gorrión

(Nadie crea saber tanto, que no tenga más que aprender.)

Siguiendo el son del organillo un día,
Tomaba el ruiseñor lección de canto,
Y a la jaula llegándose entre tanto
El Gorrión parlero, así decía:
"¡Cuánto me maravillo5
De ver que de ese modo
Un pájaro tan diestro
A un discípulo tiene por maestro!
Porque al fin lo que sabe el organillo
A ti lo debe todo."10
—"A pesar de eso (el Ruiseñor replica),
Si él aprendió de mí, yo de él aprendo.
A imitar mis caprichos él se aplica:
Yo los voy corrigiendo
Con arreglarme al arte que él enseña;15
Y así pronto verás lo que adelanta
Un Ruiseñor que con escuela canta."
¿De aprender se desdeña
El literato grave?
Pues más debe estudiar el que más sabe.20

FÁBULA XLIX

El Jardinero y su Amo

(La perfección de una obra consiste en la unión de lo útil y de lo agradable.)

En un jardín de flores
Había una gran fuente,
Cuyo pilón servía
De estanque a carpas, tencas y otros peces.
Únicamente al riego5
El jardinero atiende,
De modo que entre tanto
Los peces agua en que vivir no tienen.
Viendo tal desgobierno,
Su amo le reprende;10
Pues aunque quiere flores,
Regalarse con peces también quiere.
Y el rudo jardinero
Tan puntual le obedece,
Que las plantas no riega15
Para que el agua del pilón no merme.
Al cabo de algún tiempo
El amo al jardín vuelve,
Halla secas las flores,
Y amostazado, dice de esta suerte:20
"Hombre, no riegues tanto,
Que me quede sin peces;
Ni cuides tanto de ellos,
Que sin flores, gran bárbaro, me dejes."
La máxima es trillada,25
Mas repetirse debe:
Si al pleno acierto aspiras,
Une la utilidad con el deleite.

FÁBULA L

Los dos Tordos

(No se han de apreciar los libros por su bulto ni por su tamaño.)

Persuadía un tordo abuelo,
Lleno de años y prudencia,
A un tordo, su nietezuelo,
Mozo de poca experiencia,
A que, acelerando el vuelo,5
Viniese con preferencia
Hacia una poblada viña
E hiciese allí su rapiña.
"¿Esa viña dónde está?
(Le pregunta el mozalbete),10
¿Y qué fruto es el que da?"
—"Hoy te espera un gran banquete
(Dice el viejo), ven acá;
Aprende a vivir, pobrete."
Y no bien lo dijo, cuando15
Las uvas le fué enseñando.
Al verlas saltó el rapaz:
"¿Y ésta es la fruta alabada
De un pájaro tan sagaz?
¡Qué chica! ¡qué desmedrada!20
¡Ea, vaya! es incapaz
Que eso pueda valer nada.
Yo tengo fruta mayor
En una huerta, y mejor."
—"Veamos, dijo el anciano:25
Aunque sé que más valdrá
De mis uvas solo un grano."
A la huerta llegan ya;
Y el joven exclama ufano:
"¡Qué fruta! ¡qué gorda está!30
¿No tiene excelente traza?..."
¿Y qué era? Una calabaza.
Que un tordo en aqueste engaño
Caiga, no lo dificulto,
Pero es mucho más extraño35
Que hombre tenido por culto
Aprecie por el tamaño
Los libros, y por el bulto.
Grande es, si es buena, una obra;
Si es mala, toda ella sobra.40

FÁBULA LI

El Fabricante de Galones y la Encajera

(No basta que sea buena la materia de un escrito; es menester que también lo sea el modo de tratarla.)

Cerca de una Encajera
Vivía un Fabricante de galones.
"Vecina, ¡quién creyera
(Le dijo) que valiesen más doblones
De tu encaje tres varas5
Que diez de un galón de oro de dos caras!"
—"De que a tu mercancía
(Esto es lo que ella respondió al vecino)
Tanto exceda la mía,
Aunque en oro trabajas, y yo en lino,10
No debes admirarte,
Pues más que la materia vale el arte."
Quien desprecie el estilo,
Y diga que a las cosas sólo atiende,
Advierta que si el hilo15
Más que el noble metal caro se vende,
También da la elegancia
Su principal valor a la substancia.

FÁBULA LII

El Cazador y el Hurón

(A los que se aprovechan de las noticias de otros, y tienen la ingratitud de no citarlos.)

Cargado de conejos,
Y muerto de calor,
Una tarde de lejos
A su casa volvía un Cazador.
Encontró en el camino,5
Muy cerca del lugar,
A un amigo y vecino,
Y su fortuna le empezó a contar.
"Me afané todo el día
(Le dijo); pero ¡qué!10
Si mejor cacería
No la he logrado, ni la lograré.
"Desde por la mañana
Es cierto que sufrí
Una buena solana;15
Mas mira qué gazapos traigo aquí.
"Te digo y te repito,
Fuera de vanidad,
Que en todo este distrito
No hay cazador de más habilidad."20
Con el oído atento
Escuchaba un Hurón
Este razonamiento,
Desde el corcho en que tiene su mansión.
Y el puntiagudo hocico25
Sacando por la red,
Dijo a su amo: "Suplico
Dos palabritas, con perdón de usted.
"Vaya, ¿cuál de nosotros
Fué el que más trabajó?30
¿Esos gazapos y otros
Quién se los ha cazado sino yo?
"¡Patrón! ¿tan poco valgo,
Que me tratan así?
Me parece que en algo35
Bien se pudiera hacer mención de mí."
Cualquiera pensaría
Que este aviso moral
Seguramente haría
Al Cazador gran fuerza; pues no hay tal.40
Se quedó tan sereno
Como ingrato escritor
Que del auxilio ajeno
Se aprovecha, y no cita al bienhechor.

FÁBULA LIII

El Gallo, el Cerdo y el Cordero

(Suelen ciertos autores sentar como principios infalibles del arte aquello mismo que ellos practican.)

Había en un corral un gallinero;
En este gallinero un Gallo había;
Y detrás del corral, en un chiquero,
Un Marrano gordísimo yacía.
Ítem más, se criaba allí un Cordero,5
Todos ellos en buena compañía;
Y ¿quién ignora que estos animales
Juntos suelen vivir en los corrales?
Pues (con perdón de ustedes) el Cochino
Dijo un día al Cordero: "¡Qué agradable,10
Qué feliz, qué pacífico destino
Es el poder dormir! ¡Qué saludable!
Yo te aseguro, como soy gorrino,
Que no hay, en esta vida miserable,
Gusto como tenderse a la bartola,15
Roncar bien y dejar rodar la bola."
El Gallo por su parte al tal Cordero
Dijo en otra ocasión: "Mira, inocente,
Para estar sano, para andar ligero,
Es menester dormir muy parcamente.20
El madrugar, en Julio u en Febrero,
Con estrellas, es método prudente,
Porque el sueño entorpece los sentidos,
Deja los cuerpos flojos y abatidos."
Confuso, ambos dictámenes coteja25
El simple Corderillo, y no adivina
Que lo que cada uno le aconseja
No es más que aquello mismo a que se inclina.
Acá entre los autores ya es muy vieja
La trampa de sentar como doctrina30
Y gran regla, a la cual nos sujetamos,
Lo que en nuestros escritos practicamos.

FÁBULA LIV

El Pedernal y el Eslabón

(La naturaleza y el arte han de ayudarse reciprocamente.)

Al eslabón de cruel
Trató el pedernal un día,
Porque a menudo le hería
Para sacar chispas de él.
Riñendo éste con aquél,5
Al separarse los dos,
"Quedaos, dijo, con Dios.
¿Valéis vos algo sin mí?"
Y el otro responde: "Sí,
Lo que sin mí valéis vos."10
Este ejemplo material
Todo escritor considere,
Que el largo estudio no uniere
Al talento natural.
Ni da lumbre el pedernal15
Sin auxilio de eslabón,
Ni hay buena disposición
Que luzca faltando el arte.
Si obra cada cual aparte,
Ambos inútiles son.20

FÁBULA LV

El Juez y el Bandolero