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Fausto: Primera parte cover

Fausto: Primera parte

Chapter 14: PASEO
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About This Book

A disenchanted scholar, frustrated by the limits of human knowledge, enters a pact with a cynical supernatural being who promises regained youth and access to worldly pleasures and power. The ensuing episodes shift between supernatural debates, a theater of human desires, and intimate domestic tragedy as the scholar's liaison with a young woman brings social scandal and personal ruin. Interwoven are philosophical dialogues, comic interludes, and allegorical scenes that probe ambition, temptation, guilt, and the struggle between striving for transcendence and moral responsibility, leaving open the possibility of spiritual reckoning amid human fallibility.

PASEO


FAUSTO, pensativo,
yendo y viniendo
. MEFISTÓFELES se dirige a él.

Mefistófeles

¡Por las llamas del Averno!...

¡Por las burlas del amor!...

Si algo hay más malo, por ello

quiero jurar, ¡voto a bríos!

Fausto

¿Qué tienes? ¿Qué te acongoja?

¿Has perdido la razón?

Un gesto como ese gesto

no vi nunca.

Mefistófeles

Tal estoy,

que me diera hoy mismo al Diablo,

si el Diablo no fuese yo.

Fausto

¿Qué te pasa?

Mefistófeles

¿Qué me pasa?

El petardo más atroz...

El regalo de tu niña

un cura me lo birló.

Apenas lo vio la madre,

entrole pasmo y temblor:

tiene el olfato muy fino

la buena sierva de Dios;

escudriñándolo todo

anda, con ojo avizor,

para indagar si las cosas

santas o profanas son,

y que no era don divino

el presente adivinó.

«Bienes mal ganados, dijo,

corrompen el corazón:

llevemos, hija, estas joyas

a la Madre del Señor,

para conseguir la gracia

por su santa intercesión.»

La pobre Margaritica

torció el gesto y observó

que a caballo dado..., y luego

un hombre sin religión

no ha de ser quien tan amable

se presenta. Al confesor

llama la madre, y el lance

le cuentan entre las dos.

Todo jubiloso el cura

exclama: «Tenéis razón:

quien renuncia humanos bienes,

otros logra de más pro.

La Iglesia tiene buen vientre:

ella acepta cualquier don;

y a veces reinos enteros,

por mayor gloria de Dios,

tragó, sin sentir por ende

empacho ni indigestión.

Solo a la Iglesia, señora,

tal privilegio se dio.»

Fausto

Los reyes y los judíos

gozan de igual distinción.

Mefistófeles

Y así, diciendo y haciendo,

con la frescura mayor,

el cura, collar, zarcillos

y sortijas se embolsó;

y cual si fueran un cesto

de nueces, sin más adiós

ni más gracias, me las deja,

dándoles la bendición.

Fausto

¿Y Margarita?

Mefistófeles

Mohína,

recelosa, y... ¿qué sé yo?

¡Si ella misma no comprende

lo que pasa en su interior!

Pero asegurarte puedo

que, dándose cuenta o no,

piensa mucho en el obsequio

y en el fino obsequiador.

Fausto

¡Pobre niña! Sus congojas

me llegan al corazón.

Venga otro estuche, que al cabo

no era aquel de gran valor.

Mefistófeles

Para Vuestra Señoría

baratijas todo son...

Fausto

Haz lo que te digo, y toma

el consejo que te doy:

aplícate a la vecina.

A diablo predicador

no te metas. ¿Faltan joyas?

Tráelas, pues.

Mefistófeles

Por ellas voy.

(Fausto se va.)

Capaz sería este loco,

por divertir a su amor,

de hacer fuegos de artificio

con estrellas, luna y sol.