WeRead Powered by ReaderPub
Fausto: Primera parte cover

Fausto: Primera parte

Chapter 23: EN LOS MUROS DE LA CIUDAD
Open in WeRead

About This Book

A disenchanted scholar, frustrated by the limits of human knowledge, enters a pact with a cynical supernatural being who promises regained youth and access to worldly pleasures and power. The ensuing episodes shift between supernatural debates, a theater of human desires, and intimate domestic tragedy as the scholar's liaison with a young woman brings social scandal and personal ruin. Interwoven are philosophical dialogues, comic interludes, and allegorical scenes that probe ambition, temptation, guilt, and the struggle between striving for transcendence and moral responsibility, leaving open the possibility of spiritual reckoning amid human fallibility.

EN LOS MUROS DE LA CIUDAD


Una imagen de Nuestra Señora de los Dolores en un nicho de la muralla. Delante de ella vasos con flores

Margarita, poniendo flores frescas en los vasos

¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!

Los ojos inclina piadosa hacia mí.

Hundida en el pecho durísima espada,

llorando la muerte del Hijo, te vi.

Llorando sin treguas el suyo y tu duelo,

las quejas exhalas de aquel doble afán;

los húmedos ojos levantas al cielo;

tus hondos suspiros también allá van.

Tormento cual este, que fiero me oprime,

¿quién puede en el mundo, quién puede sentir?

¡Tú, Virgen piadosa, tú, Madre sublime,

tú sola, que sabes de amar y sufrir!

Doquiera que vaya, mi afán va conmigo;

doquiera lo esconda, lo arrastro detrás;

llorando y llorando mi mal no mitigo;

llorando y llorando no puedo ya más.

Los tiestos que alegran mi pobre ventana

regaba con llanto de acerbo dolor,

cuando, amaneciendo, cogí esta mañana

sus flores que siempre te guarda mi amor.

El sol inundaba, risueño y brillante,

mi humilde aposento con vívida luz,

y el rayo primero me halló vigilante,

sentada en mi lecho, llorando mi cruz.

¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!

Los ojos inclina piadosa hacia mí;

de horrible deshonra, de muerte ultrajada

liberta a quien siempre buscó amparo en ti.