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Filosofía Fundamental, Tomo III

Chapter 8: LIBRO CUARTO.
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About This Book

El autor ofrece un examen sistemático de la naturaleza y el origen de las ideas, contraponiendo el sensualismo a posiciones intelectualistas. Critica a Condillac y a derivaciones sensistas, analiza la distinción entre representación sensible e idea, y compara las ideas geométricas y no geométricas. Explora el papel del acto intelectual y del entendimiento agente, valora la intuición sensible y la intuición intelectual, discute los conceptos generales, los principios necesarios como el de contradicción, y aborda las implicaciones epistemológicas y morales hasta proponer argumentos sobre la razón universal y la existencia de Dios.

The Project Gutenberg eBook of Filosofía Fundamental, Tomo III

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Title: Filosofía Fundamental, Tomo III

Author: Jaime Luciano Balmes

Release date: March 13, 2006 [eBook #17974]

Language: Spanish

Credits: Produced by PM Spanish, Guido Royackers and the Online
Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
file was produced from images generously made available
by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at
http://gallica.bnf.fr)

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK FILOSOFÍA FUNDAMENTAL, TOMO III ***

FILOSOFÍA FUNDAMENTAL.

por

D. JAIME BALMES,

PRESBÍTERO


TOMO III.


Segunda edicion.

Barcelona:
IMPRENTA DE A. BRUSI.
Calle de las Libreterías n.º 4.

1848.


Es propiedad del Autor.


INDICE

DE LAS

MATERIAS DEL TOMO TERCERO.


LIBRO CUARTO.

DE LAS IDEAS.

CAPÍTULO PRIMERO.
Ojeada sobre el sensualismo.
Tránsito de las sensaciones á las ideas. Dicho de Aristóteles. Descartes, Malebranche. Doctrina de Locke. Doctrina de Condillac. Contradiccion de este filósofo. 5
CAPÍTULO II.
La estatua de Condillac.
En qué consiste. Cómo falta Condillac á su hipótesis. Le atribuye sin fundamento la idea del yo. Inexactitud de la definicion de la atencion. Rectificaciones. Imposibilidad de explicar el juicio y la memoria. Dilema contra dicho sistema. Su oposicion con la experiencia. Inconveniente bajo el aspecto religioso y moral. 9
CAPÍTULO III.
Diferencia entre las ideas geométricas y las representaciones sensibles que las acompañan.
Fenómeno ideológico. Comparacion de la idea del triángulo con su representacion sensible. Hechos que comprueban la diferencia de estas dos cosas. 17
CAPÍTULO IV.
La idea y el acto intelectual.
Línea divisoria entre el entender y el imaginar. Consideraciones sobre el nombre de imágen aplicado á las ideas. Nuevas observaciones para distinguir entre la representacion sensible y la idea. Inconveniente de llamar á toda idea imágen. La idea y el acto intelectual en sí mismo. Causa de la oscuridad sobre el acto intelectual. Su simplicidad. 20
CAPÍTULO V.
Cotejo de las ideas geométricas con las no geométricas.
Límite de la experiencia en las relaciones de la idea con la representacion sensible. Ideas geométricas y no geométricas. Orígen y aplicaciones de esta clasificacion. Superioridad de las ideas no geométricas sobre las geométricas. Pruebas y aplicaciones. Cómo entran en la geometría las ideas aritméticas. La intuicion sensible cómo no puede suplir la falta del número. Consecuencias en favor del órden intelectual puro. 27
CAPÍTULO VI.
En qué consiste la idea geométrica; y cuáles son sus relaciones con la intuicion sensible.
No se elude la dificultad. Análisis de la idea del triángulo. Sus relaciones necesarias con la intuicion sensible. Cómo el acto intelectual se refiere á ella indeterminadamente. La idea es el acto perceptivo. Nuevos ejemplos. Un polígono de un millon de lados. Un polígono en general. Cómo el acto perceptivo no necesita intermedio para ejercer su actividad sobre la intuicion sensible. Centro comun: la conciencia. 34
CAPÍTULO VII.
El entendimiento agente de los aristotélicos.
Diferencia entre el sistema de las escuelas y el de Condillac. Cómo explican los aristotélicos el sentido externo y la imaginacion. El entendimiento agente es para conciliar la aparente contradiccion de dos principios. Atribuciones del entendimiento agente. Consigna un hecho é indica un camino. Kant. 40
CAPÍTULO VIII.
Kant y los aristotélicos.
Pasajes de Kant. Exámen de su doctrina. Parangon con la de los aristotélicos. Importancia del parangon. Extravío de Kant. 45
CAPÍTULO IX.
Ojeada histórica sobre el valor de las ideas puras.
Diferencias entre Kant y los aristotélicos. Opinan con estos los metafísicos mas eminentes. Importancia de estas cuestiones. La sensibilidad, dato universal y primitivo. Dos escuelas; la sensualista y la intelectualista. Intelectualistas puros, y no puros. Acuerdo de estos con la experiencia. Su principio fundamental; el orígen del conocimiento en los sentidos. Los escolásticos admiten verdaderas ideas en el órden intelectual puro. Los conceptos vacíos de Kant. Pasaje de este filósofo. Trascendencia de sus errores. No basta la impugnacion. Necesidad de establecer doctrinas. 57
CAPÍTULO X.
La intuicion sensible.
Qué es la intuicion. Es propia de las facultades perceptivas. Cuáles son las sensaciones externas intuitivas. Por qué no lo son las internas. Lo serian sin la reflexion. Sin estas, unas lo serian siempre, otras nunca. Sentido de esta asercion. 68
CAPÍTULO XI.
Dos conocimientos: intuitivo y discursivo.
Conocimiento intuitivo. Intuicion sin idea y por idea. Conocimiento discursivo. Ejemplo sensible de estos dos conocimientos. No es Kant su inventor. Teólogos. Doctrina del cristianismo sobre este punto. 73
CAPÍTULO XII.
El sensualismo de Kant.
No admite mas intuicion que la sensible. Supone los conceptos vacíos. Esto coincide con el sistema de Condillac. Cómo cae alternativamente en el sistema de los aristotélicos y en el de Condillac. 77
CAPÍTULO XIII.
Existencia de la intuicion intelectual pura.
Tenemos intuicion intelectual. Solucion de una dificultad. Intuicion mediata. Comunicacion de los espíritus por la palabra. Esto no quita la intuicion. Resultado contra Kant. 80
CAPÍTULO XIV.
Valor de los conceptos intelectuales, prescindiendo de la intuicion intelectual.
Opinion comun de que las ideas generales no son intuitivas. Valor hipotético de las mismas. Como se convierte en positivo. La conciencia es experiencia. La absoluta incomunicacion del órden ideal con el real es imposible. Suposicion de un espíritu incomunicado. Su tránsito á la realidad. 84
CAPÍTULO XV.
Aclaraciones sobre el valor de los conceptos generales.
Conocimiento de esencia y de existencia. Ejemplo de un ciego de nacimiento. Los conceptos determinados y los indeterminados. Ampliacion del ejemplo del ciego. Solucion de la dificultad de Kant sobre la imposibilidad de definir las categorías, sin ejemplos sensibles. Utilidad de los conceptos generales para el pensar, y hasta para los usos de la vida. 88
CAPÍTULO XVI.
Valor de los principios, independientemente de la intuicion sensible.
Valor del principio de contradiccion, independientemente de la intuicion sensible. Como de él se pasa al conocimiento de la realidad. Tránsito de la conocido á lo desconocido. Necesidad de admitir conocimientos no intuitivos pero reales. 92
CAPÍTULO XVII.
Relaciones de la intuicion con el grado del ser perceptivo.
Relaciones de la intuicion con la perfeccion de la inteligencia. Intuicion divina. Facultades perceptivas acomodadas al lugar que ocupa cada inteligencia. Por qué tenemos la intuicion sensible. Por qué los conceptos generales. Resultado de la union de aquella con estas. 97
CAPÍTULO XVIII.
Aspiraciones del alma humana.
Aspiraciones de la inteligencia y del sentimiento. Reflexiones sobre estos hechos. 100
CAPÍTULO XIX.
Elementos y variedad de caractéres de la representacion sensible.
La extension; y su limitabilidad. Representacion interna y externa. Actividad productiva de representaciones. Extension de esta actividad. Representacion pasiva. Espontánea. Libre. Carácter pasivo de las dos primeras. Qué son. Cómo se desenvuelven. El genio en las artes. Construccion de figuras á priori. Como se hace sin imágen. Conceptos generales. Como tienen por objeto la intuicion sensible. Oficio de los signos. 103
CAPÍTULO XX.
Si hay representaciones intermedias entre la intuicion sensible y el acto intelectual.
Se propone la dificultad. Se indica su orígen. Distincion de facultades. Su enlace. No hay necesidad de especie intermedia. Entendimiento agente de los aristotélicos. 109
CAPÍTULO XXI.
Ideas indeterminadas y determinadas.
Ideas indeterminadas y determinadas. Indeterminacion de las de ser, substancia, causa. Condiciones necesarias para su realizacion actual ó posible. Cotejo con la doctrina del capítulo XIV. 113
CAPÍTULO XXII.
Limites de nuestra intuicion.
Sensibilidad pasiva. En qué consiste. Sensibilidad activa. Inteligencia. Voluntad. Profundidad del sagrado Texto cuando dice que el hombre es á imágen y semejanza de Dios. 118
CAPÍTULO XXIII.
Necesidad entrañada por las ideas.
Los principios no se forman por induccion. Imposibilidad de una perfecta comprobacion experimental. Ejemplos geométricos. Sin verdades necesarias no hay principios; no hay ciencia; ni es posible la observacion; ni hay razon humana individual ni general. No seria posible ni la formacion ni la conservacion del lenguaje. Prueba de la existencia de Dios. 123
CAPÍTULO XXIV.
Existencia de la razon universal.
Relacion de la verdad universal con la particular. El conocimiento no es puramente subjetivo. Si la verdad está en los principios ó en los hechos. Razones que prueban la existencia de la razon universal. 129
CAPÍTULO XXV.
En qué consiste la razon universal.
No es una abstraccion. Ha de ser una realidad. Prueba de la existencia de Dios. Razon impersonal: palabra sin sentido. Objetos posibles. El fundamento de la posibilidad ha de ser una realidad. Impotencia de los entendimientos finitos, para fundar la posibilidad, tanto aislados como reunidos. Preexistencia de las verdades necesarias. 133
CAPÍTULO XXVI.
Aclaraciones sobre el fundamento real de la posibilidad pura.
Importancia de la cuestion. Ejemplo de una proposicion geométrica. Prescinde de la existencia. No se funda en la experiencia. No se refiere á nuestro modo de concebir. Prescinde de nuestra existencia. Prescinde del mundo corpóreo. Parece subsistir despues de aniquilado todo. Necesidad del fundamento real. Extrañeza del fenómeno. Ilusion de la nada universal. Comunicacion de nuestra inteligencia con el ser necesario. Sin esto no hay ciencia. 138
CAPÍTULO XXVII.
Explicacion de los fenómenos intelectuales individuales, por la razon universal subsistente.
Contraprueba. Verdades necesarias. Ciencia. Orígen de las razones individuales. Dios en nosotros. Se combate la filosofía de Locke y Condillac. Por qué no podemos señalar la razon de todo. Objetividad de las ideas. Reflexiones. Grande unidad. Punto de vista. Dios en todo. Comunicacion de lo finito con lo infinito. Importante resultado de las investigaciones ideológicas. 141
CAPÍTULO XXVIII.
Observaciones sobre la relacion de las palabras con las ideas.
Relacion. La palabra. Es signo arbitrarlo. Su orígen. Preferencia de la palabra. No hay paralelismo exacto entre la idea y la locucion. Instantaneidad del pensamiento. Ejemplo en las réplicas vivas. Otros ejemplos. Objecion sobre la instantaneidad del no. Solucion. Observacion sobre un dicho célebre. 145
CAPÍTULO XXIX.
Orígen y carácter de la relacion entre el lenguaje y las ideas.
Simplicidad de muchas ideas. Ignorancia de lo sabido y ciencia de lo ignorado. Sabiduría del lenguaje. No es necesaria la idea de la idea. Inconvenientes de las ideas imágenes, y de las ideas expresables con palabras. Lo que es una idea compuesta. Su necesidad de signo. Este sirve mas bien para recordar que para pensar. Carácter de nuestras facultades perceptivas. Sucesion de ideas y de operaciones. Relacion del entendimiento con la sensibilidad. Variedad y simplicidad del lenguaje. 151
CAPÍTULO XXX.
Ideas innatas.
Diferencia profunda entre los adversarios de las ideas innatas. Los materialistas. Los sensualistas. Los escolásticos. La cuestion mal planteada. Doctrina de Santo Tomás. Diferencia entre los escolásticos y sus adversarios. Se clasifican las ideas. Qué significa innato. No lo son las representaciones sensibles. El argumento sobre la incomunicabilidad física del espíritu con el cuerpo, nada prueba en favor de las ideas innatas. No son innatas las ideas relativas al órden sensible. Ni las intuitivas puras. Ni las generales determinadas, ni las indeterminadas. Actividad intelectual. Fuerza productiva. Resúmen. 155

LIBRO QUINTO.

IDEA DEL ENTE.

CAPÍTULO I.
Hay en nuestro entendimiento la idea de ente.
Profundidad del dicho: «objectum intellectus est ens.» Necesidad de la idea del ente, para pensar. Todos la empleamos. Diferencia entre el rudo y el filósofo. Su necesidad para los primeros principios. 165
CAPÍTULO II.
Simplicidad é indeterminacion de la idea de ente.
Su indeterminacion. Es irresoluble en otra. No es intuitiva. 168
CAPÍTULO III.
El ser substantivo y copulativo.
Su diferencia. Carácter de la proposicion: el ser es. Su cotejo con otras. Diferencia. Razon de ella. Ser copulativo sin el substantivo. Identidad en las afirmaciones. Orígen de la discrepancia de los juicios. 170
CAPÍTULO IV.
El ente objeto del entendimiento, no es él posible, en cuanto posible.
Estado de la cuestion. Opinion de Rosmini. Posibilidad. Dos clases de posibilidad. Esta añade á la idea de ser. La idea de ser prescinde de la repugnancia. El ser es la existencia. Análisis de la proposicion: «un ser que no es, y que puede ser.» Orígen de la equivocacion. La posibilidad pura, tiene órden á la existencia. Ser subsistente. 177
CAPÍTULO V.
Solucion de una dificultad.
Dificultad. Orígen de la idea de la posibilidad pura. Lo puramente posible, envuelve la idea de finito. Repugnancia de infinidad y no existencia. 182
CAPÍTULO VI.
Cómo se entiende que la idea del ente sea la forma del entendimiento.
Dos sentidos reduplicativo y formal. El entendimiento percibe algo mas que el ente, como tal. Percepcion de diferencias. Sin esto no hay mas que un concepto vago, y no percibimos la negacion. 185
CAPÍTULO VII.
Toda ciencia se funda en el postulado de la existencia.
Condicion de existencia. El juicio se refiere nó á las ideas, sino á las cosas. Es y parece. Postulados aun en las ciencias exactas. Esta teoría acorde con el sentido comun. El matemático importunado. 188
CAPÍTULO VIII.
El fundamento de la posibilidad pura y la condicion de la existencia.
Si basta para la ciencia el fundamento de la posibilidad. Razon que parece probarlo. Solucion. Conocemos las verdades finitas representadas en Dios. El fundamento de la posibilidad no excluye la condicion de la existencia. Como conoce Dios las verdades finitas. Que ve en ellas la condicion de la existencia. Valor real é ideal. En qué consiste el ideal. 194
CAPÍTULO IX.
Idea de la negacion.
Tenemos idea del no ser. No es lo mismo concebir el no, que el no concebir. La percepcion del no ser, es acto positivo. No es la del ser. Su relacion al ser. Lo hay absoluto y relativo. De qué es imágen. Por sí sola no engendra conocimiento. Parangon con la del ser. La nada absoluta. Fecundidad de la idea de negacion. 198
CAPÍTULO X.
Identidad, distincion; unidad, multiplicidad.
Se explican estas ideas. Cuáles son simples y cuáles compuestas. El ser y el no ser, entran en las combinaciones primordiales de nuestro pensamiento. Como Dios conoce las negaciones. 202
CAPÍTULO XI.
Orígen de la idea del ente.
Si es innata. Razon en pro. Que no viene de las sensaciones. Si se forma por abstraccion. Argumento en contra. Otro en pro. No es innata. Se funda en una facultad innata. Su indeterminacion. Es condicion sine qua non. No es directamente percibida, hasta ser depurada. Ejemplo sensible. Fuerza intelectual para descomponer y simplificar. Por qué se necesita descomponer y dividir. Las ideas generales é indeterminadas resultan de la reflexion sobre nuestros actos. Idea de ser, condicion de nuestra inteligencia. Idea del ente depurado, objeto de reflexion. 204
CAPÍTULO XII.
Distincion entre la esencia y la existencia.
Importancia de la cuestion. Distincion de conceptos. Impugnacion de la distincion real. Esencias en Dios. Se varia el estado de la cuestion. La identidad no arguye la necesidad. Dificultades. Solucion. 212
CAPÍTULO XIII.
Opinion de Kant sobre la realidad y la negacion.
Sus palabras. Consecuencias. Se combate su principio. Dificultad. Tres respuestas. Equivocaciones sobre el tiempo. 217
CAPÍTULO XIV.
Resúmen y consecuencias de la doctrina del ente. 222

LIBRO SEXTO.

UNIDAD Y NÚMERO.

CAPÍTULO I.
Consideraciones preliminares sobre la idea de la unidad.
Universalidad de la idea. No es sensacion. Es simple. Cómo se debe explicar. 229
CAPÍTULO II.
Qué es la unidad.
Es lo mismo que el ser. Qué es su concepto. Indistincion. Real y facticia. Definicion de las escuelas. Se rectifica. Dificultad. Solucion. Basta para la definicion: Indivisum in se. Dos sentidos de la palabra indivision. Qué seria un ser no distinto de los otros. Unidad metafísica, y unidad cuantitativa. 231
CAPÍTULO III.
Unidad y simplicidad.
La unidad real es la simplicidad. No se nos ofrece en lo sensible. Como todas las substancias son simples. Esto confunde á los enemigos de la simplicidad. Hallamos la simplicidad en nuestros actos. Se deberia decir indistinctum en vez de indivisum. No se quiere desterrar del lenguaje la unidad facticia. 235
CAPÍTULO IV.
Orígen de la tendencia de nuestro espíritu hácia la unidad.
El hecho. Dos orígenes: objetivo y subjetivo. El ser está en lo simple. La union es relacion. Unidad de los cuerpos organizados. Union de espacio, de tiempo y de accion. Simplicidad del sujeto. Simplicidad de los actos del espíritu. Exageracion de la unidad. Sus peligros. 239
CAPÍTULO V.
Generacion de la idea del número.
Número. Generacion de la idea del dos. No es el signo. Es suma: nó diferencia. No es sensacion. Hay la adicion in facto, nó in fieri. Relacion. Hombre y caballo no son dos. Necesidad de semejanza. Abstracto y concreto. Identidad, unidad y número. Para el número se requiere, ser, distincion y semejanza. Cómo se pasa del dos al tres, y otros números. Vinculacion en un signo. 245
CAPÍTULO VI.
Vinculacion de las ideas de los números con los signos.
Necesidad de signos para contar. Invencion de los signos dos, tres, etc. etc. Si cabe perfeccionar en la numeracion. El signo y la idea de ciento. La idea no es el signo. 250
CAPÍTULO VII.
Análisis de la idea del número en si, y en sus relaciones con los signos.
Cómo la adquiere el sordo mudo. Los signos son auxilio de la memoria. La aritmética, el álgebra. Los signos de numeracion son fórmulas. Ejemplo en la idea del ciento. Parangon entre la generalizacion y la numeracion. La idea del número no es convencional. El número es percepcion de distincion y semejanza. 254

LIBRO SÉPTIMO.

EL TIEMPO.

CAPÍTULO I.
Importancia y dificultad de la materia.
La idea del tiempo entra en el principio de contradiccion. Tiene mayor amplitud que la del espacio. Encierra sucesion y recíprocamente. No se halla existente ninguno parte del tiempo por su divisibilidad. 259
CAPÍTULO II.
Si el tiempo es la medida del movimiento.
Medida del movimiento. La del reloj es arbitraria. Medida de los astros. No es primitiva. Con referir el tiempo al movimiento no se explica nada. 261
CAPÍTULO III.
Semejanzas y diferencias entre el tiempo y el espacio.
Nuestro modo de concebir el tiempo. Permanencia é inmutabilidad del tiempo. Lo concebimos antes y despues del mundo. Sospecha de que sea una pura abstraccion. Parangon entre el espacio y el tiempo. Infinidad. Inmovilidad. Composicion de partes. Inseparabilidad de estas. Utilidad de este parangon. Diferencias entre el espacio y el tiempo. 266
CAPÍTULO IV.
Definicion del tiempo.
No hay duracion sin algo que dure. La infinidad del tiempo es una ilusion. Profundidad de las doctrinas de los teólogos. No hay tiempo sin mudanza. Definicion del tiempo. En las cosas, es el ser y no ser; en el entendimiento, es la percepcion del ser y no ser. 272
CAPÍTULO V.
El tiempo no es nada absoluto.
Razon de esto. Su definicion. Medidas primitivas. Supuesto de la alteracion de estas. Supuesto de la alteracion de nuestras percepciones. 275
CAPÍTULO VI.
Dificultades sobre la explicacion de la velocidad.
Se propone la dificultad. La velocidad no es nada absoluto. Fórmula en que se expresa; acorde con la inteligencia comun. Si se puede alterar la velocidad de todo. Razon de las contradicciones aparentes. 278
CAPÍTULO VII.
Explicacion fundamental de la sucesion.
Cómo se evita el círculo vicioso con la definicion del tiempo. Sucesion. Antes y despues. Dificultad contra lo dicho en el cap. IV. Explicacion fundamental de la sucesion: existencia de cosas que se excluyen. Una dificultad. Si todo lo que no se excluye es simultáneo. Lo que no excluye nada, ni es excluido por nada, es simultáneo con todo. Esto es Dios. 283
CAPÍTULO VIII.
Qué es la coexistencia.
Por la exclusion del capítulo anterior no se entiende solo la repugnancia intrínseca. Con esto se sueltan las dificultades. Aplicaciones. Análisis de la idea de coexistencia. Es simple: va aneja á la del ser. Fecundidad de esta idea. Una observacion sobre el método de esta obra. 288
CAPÍTULO IX.
Presente, pasado y futuro.
El presente es el solo tiempo absoluto. Qué es pasado. Dificultades y su solucion. Qué es futuro. Qué es presente. La divisibilidad del tiempo. Consecuencia. El tiempo no es distinto de las cosas. 293
CAPÍTULO X.
Aplicacion de la doctrina anterior á varias cuestiones importantes.
Si habia transcurrido tiempo antes del mundo. Si era posible otro anterior. Si esta anterioridad consentia intervalo entre los dos. Dificultades. Solucion. 299
CAPÍTULO XI.
El análisis de la idea del tiempo, confirma la semejanza de esta con la del espacio. 302
CAPÍTULO XII.
Relaciones de la idea de tiempo con la experiencia.
Estado de la cuestion. Prioridad de la idea del tiempo. Esta idea no nace de la observacion. Inconvenientes de la subjetividad pura y de la objetividad. No es sensacion ni nace de la experiencia sensible. Corolario contra Condillac. 306
CAPÍTULO XIII.
Opinion de Kant.
Su explicacion no conduce á nada. Se defiende la posibilidad y la objetividad del tiempo. Dificultades con que lucha Kant. 310
CAPÍTULO XIV.
Explicacion fundamental de la posibilidad objetiva, y de la necesidad de la idea del tiempo.
Esta posibilidad debe admitirla el mismo Kant. Razon. Orígen de su necesidad. 314
CAPÍTULO XV.
Corolarios importantes.
Cómo la idea del tiempo dimana de la experiencia, y cómo nó. Cómo se hace el tránsito del órden intelectual puro, á la experiencia. 316
CAPÍTULO XVI.
El tiempo ideal puro y empírico.
Qué es el empírico. Cómo llega á generalizarse. Lo que contiene el ideal puro. Por qué se nos ha dado la facultad de medirle. Tres elementos de esta medida: idea pura de ser y no ser, número y fenómeno sensible. De dónde resulta la necesidad en las ideas del tiempo empírico. 318
CAPÍTULO XVII.
Relaciones entre la idea del tiempo y el principio de contradiccion.
Dos conocimientos de los principios: empírico y científico. Si hay círculo vicioso entre el principio de contradiccion y la idea del tiempo. Cómo aquel presupone á esta. Cómo esta presupone á aquel. A veces hay círculo, mas nó vicioso. Así sucede en este caso. Es prueba de identidad. Se fija el sentido del principio de contradiccion. Por qué ponemos en él la idea de tiempo. Observacion sobre los seres contingentes y necesarios. 321
CAPÍTULO XVIII.
Resúmen. 331
CAPÍTULO XIX.
Ojeada sobre las ideas de espacio, número y tiempo.
Son los elementos necesarios de las ciencias naturales y exactas. Cómo se reducen á dos primitivos: extension y ser. Las tres ideas son comunes á todos los hombres. Su facilidad en el acto directo y su dificultad en el reflejo. 335
ÍNDICE DE LAS NOTAS.
(I). 341
(II). 346

LIBRO CUARTO.

DE LAS IDEAS.


CAPÍTULO I.

OJEADA SOBRE EL SENSUALISMO.

[1.] Acabamos de tratar de las sensaciones, y vamos á ocuparnos de las ideas. Para hacer debidamente este tránsito, es necesario investigar antes, si hay en nuestro espíritu algo mas que sensaciones, si todos los fenómenos internos que experimentamos, son algo mas que sensaciones trasformadas.

Salido el hombre de la esfera de las sensaciones, de esos fenómenos que le ponen en relacion con el mundo exterior, se encuentra con otro órden de fenómenos, igualmente presentes á su conciencia. No puede reflexionar sobre las sensaciones mismas, sin tener conciencia de algo que no es sensacion; no puede reflexionar sobre el recuerdo de las sensaciones, ó sobre la representacion interior de ellas, sin experimentar algo distinto de ese recuerdo y de esa representacion.

[2.] Aristóteles dijo: «nada hay en el entendimiento que antes no haya estado en el sentido;» y las escuelas han repetido durante largos siglos el pensamiento del filósofo: «nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu.» Así los conocimientos humanos procedian de lo exterior á lo interior. Descartes vino á invertir este órden, pretendiendo que debia procederse de lo interior á lo exterior; su discípulo Malebranche hizo mas: en su concepto, le conviene al entendimiento encerrarse en lo interior, no comunicar con lo exterior sino lo menos posible; segun él, no hay aliento mas nocivo á la salud intelectual que el del mundo de los sentidos; las sensaciones son un perenne manantial de error; y la imaginacion es una hechicera tanto mas peligrosa cuanto que tiene su habitacion á la puerta misma del entendimiento, donde le espera para arrastrarle, con su belleza seductora y brillantes atavíos.

[3.] Locke quiso rehabilitar el principio de Aristóteles sujetándole á la piedra de toque de la observacion: pero á mas de la sensacion admitió la reflexion, y convino en reconocer al alma facultades innatas. Su discípulo Condillac no se limitó á esto: segun él, todos los actos de nuestra alma no son mas que sensaciones trasformadas; opina que, en vez de distinguir como Locke dos orígenes de nuestras ideas, el sentido y la reflexion, seria mas exacto no reconocer mas que uno; ya porque la reflexion no es en su principio sino la sensacion misma, ya porque la reflexion es mas bien el canal por donde pasan las ideas que vienen de los sentidos, que nó el manantial de ellas. (Estracto razonado del Tratado de las sensaciones. Resúmen de la primera parte).

El juicio, la reflexion, los deseos, las pasiones, no son mas en concepto de Condillac, que la sensacion trasformada de diferentes modos. Por esta razon, le parece inútil el suponer que el alma recibe inmediatamente de la naturaleza todas las facultades de que está dotada. La naturaleza nos da órganos para advertirnos, por medio del placer, lo que debemos buscar, y por el dolor, lo que debemos huir; pero se detiene aquí, y deja á la experiencia el cuidado de hacernos contraer hábitos, y acabar la obra que ella ha comenzado. (Tratado de las sensaciones. Prefacio).

[4.] A la vista de este sistema, en que no se otorgan al alma ni siquiera facultades naturales, y se consideran las que posee, como un simple efecto de las sensaciones, se nota desde luego la contradiccion en que incurre su autor, cuando en el mismo lugar se declara ocasionalista, pretendiendo que las impresiones de la organizacion no son mas que la ocasion de nuestras sensaciones. ¿Puede darse facultad natural mas inexplicable que la de ponerse en relacion con objetos que no producen las sensaciones, y que son con respecto á ellas una mera ocasion? Si al alma se le concede esta facultad, ¿qué inconveniente hay en admitir las otras? ¿No es una facultad natural, y muy singular, la de sentir por medio de causas que no pueden obrar sino ocasionalmente? En este caso ¿no se atribuye al alma una facultad natural de producirse ella misma las sensaciones, con ocasion de las impresiones orgánicas, ó no se la supone en relacion inmediata con otro ser superior que se las produzca? ¿Por qué esa actividad interna, ó esa receptividad, no puede aplicarse á las ideas? ¿Por qué no se han de admitir en el alma otras facultades innatas? ó mas bien ¿por qué se dice que no se las supone, cuando se comienza por suponerlas?

Condillac, tan enemigo de hipótesis y sistemas, es eminentemente hipotético y sistemático. Concibe el orígen y la naturaleza de las ideas á su modo; y á este modo de concebirlas quiere que todo se adapte. Para dar una idea de las opiniones de Condillac y combatirlas con buen resultado, al mismo tiempo que con cumplida lealtad, examinaré brevemente los fundamentos de la obra en que mas se complace el autor, lisonjeándose de haber dado á su doctrina el mayor grado de claridad y certeza: el Tratado de las sensaciones.


CAPÍTULO II.

LA ESTATUA DE CONDILLAC.

[5.] Supone Condillac una estatua á la cual anima sucesivamente, concediéndole un sentido despues de otro; y comenzando por el olfato dice: «Los conocimientos de nuestra estatua, limitada al sentido del olfato, no pueden extenderse sino á los olores: no puede tener ideas de extension, ni de figura, ni de nada que esté fuera de ella, ni otras sensaciones como el color, el sonido, el sabor.» (Cap. 1). Si á la estatua no se le concede, como la hipótesis lo exige, ninguna actividad, ninguna facultad, excepto la de sentir el olor, es cierto que no podrá tener ninguna otra idea, ni sensacion; y aun se puede añadir, que la sensacion del olor no será para ella ninguna idea.

«Si le presentamos una rosa, continúa Condillac, será para nosotros una estatua que siente una rosa; mas para sí misma, solo será el mismo olor de la rosa. Será pues olor de rosa, de clavel, de jazmin, de violeta, segun los objetos que obrarán sobre su órgano; en una palabra; los olores con respecto á ella, no son mas que sus modificaciones propias ó maneras de ser, y no podria creerse otra cosa, siendo estas las únicas sensaciones de que es susceptible.»

[6.] Si bien se observa, ya en los primeros pasos, se hace dar á la estatua un gran salto. A vueltas de la aparente simplicidad del fenómeno sensible, se introduce ya uno de los actos que suponen el entendimiento muy desarrollado: la reflexion. Ya la estatua se cree algo, se cree olor; ya se le atribuye pues la conciencia del yo, comparativamente á la impresion que recibe; ya se le hace emitir una especie de juicio, en que afirma la identidad del yo con la sensacion. Esto es imposible, si no hay mas que la sensacion enteramente sola. Entonces no hay ni puede haber nada mas que aquella impresion puramente pasiva. Es un fenómeno aislado, sobre el cual no hay reflexion de ninguna clase; la estatua no tiene otra conciencia de sí misma que esta sensacion; pero esta conciencia no es digna de tal nombre en el órden reflexivo. La hipótesis de Condillac, aplicada en todo rigor, no ofrece mas que un fenómeno que no puede conducir á nada; desde el momento en que sale de la sensacion para desenvolverla, admite en el espíritu una actividad distinta y muy diferente de la sensacion, y arruina todo su sistema.

La estatua limitada á la sensacion del olor, no se creerá olor; esta creencia es un juicio, supone comparacion, y nada de esto se halla en el fenómeno sensible, considerado en toda su pureza, como lo exige la hipótesis de Condillac. Este filósofo comienza sus investigaciones analíticas, introduciendo condiciones, que él mismo supone eliminadas: quiere explicarlo todo, con la sensacion sola; y desde sus primeros pasos, combina esta sensacion con operaciones de un órden diferente.

[7.] La capacidad de sentir aplicada á la impresion recibida, la llama Condillac atencion. Si no hay mas que una sensacion, no habrá mas que una atencion; pero si las sensaciones se suceden con variedad dejando rastro en la memoria de la estatua, cuando se presente una nueva sensacion, la atencion se dividirá entre la actual y la pasada. La atencion dirigida simultáneamente á dos sensaciones, es la comparacion. Con la comparacion se percibirán las semejanzas ó diferencias; esta percepcion es el juicio. Todo esto se hace con sensaciones solas; luego la atencion, la memoria, la comparacion, el juicio, no son mas que la sensacion trasformada. En apariencia nada mas sencillo, mas claro, mas verdadero; en realidad nada mas confuso, mas falso.

[8.] Por el pronto, la definicion de la atencion es inexacta. La capacidad de sentir, por el mero hecho de estar en ejercicio, se halla aplicada á la impresion: no se siente, cuando la facultad sensitiva no está en ejercicio; y no está en ejercicio, si no está aplicada á la impresion. En este concepto, la atencion no seria mas que el acto de sentir: toda sensacion seria atencion; y toda atencion sensacion: nadie ha dado jamás á estas palabras semejante significado.

[9.] La atencion es la aplicacion del ánimo á alguna cosa: y esta aplicacion supone el ejercicio de una actividad, concentrada sobre un objeto. Cuando el espíritu se halla enteramente pasivo, no atiende, hablando con propiedad; y respecto de las sensaciones, hay atencion, cuando por un acto reflejo conocemos que sentimos. Si no hay este conocimiento, no hay verdadera atencion, y sí únicamente sensacion mas ó menos viva, segun el grado con que está afectada nuestra sensibilidad. Si á las sensaciones muy vivas, se las quiere llamar atencion, el uso de la palabra será impropio; cabalmente, los que sienten con mas viveza, suelen distinguirse por su falta de atencion. La sensacion es la afeccion de una facultad pasiva; la atencion es el ejercicio de una actividad; y así es que los brutos no participan de ella, sino en cuanto encierran un principio de actividad para dirigir á un objeto determinado sus facultades sensitivas.

[10.] La percepcion de la diferencia de los olores de rosa y de clavel, ¿es una sensacion? Si se me dice que nó, infiero que el juicio no es la sensacion trasformada; pues no es ni siquiera sensacion; si lo es, entonces observo que si es la del clavel, ó la de la rosa, se sigue que con una sola de estas sensaciones, tendré la percepcion comparativa, lo que es absurdo. Si se me dice que es las dos juntas, contesto que esto, ó no significa nada para la cuestion, ó expresa un absurdo. Porque, si al decir que es las dos sensaciones juntas, se quiere dar á entender lo que significan las palabras en su rigor, tendremos una sensacion que será al mismo tiempo la de clavel y la de rosa, permaneciendo aquella distinta de esta, por exigirlo así la comparacion. Pero si se quiere dar á entender que las dos sensaciones existen juntas, nada adelantamos, pues esto lo dábamos ya por supuesto; y la dificultad estaba en explicar cómo la coexistencia producia la comparacion y el juicio, ó sea la percepcion de la diferencia.

La sensacion de clavel no es mas que sensacion de clavel, y la de rosa, de rosa. Desde el momento que se las compara, y se supone en el espíritu un acto por el cual percibe la diferencia, se le atribuye algo mas que la pura sensacion, se le añade una facultad distinta de la de sentir, esto es, la de comparar las sensaciones y apreciar sus semejanzas y diferencias.

[11.] Esa comparacion, esa fuerza intelectual que lleva los dos extremos á un terreno comun, sin confundirlos; que ve el punto en que se tocan, y el en que se separan, que falla por decirlo así entre ellos, es distinto de la sensacion; es efecto de una actividad de otro órden: su desarrollo dependerá de las sensaciones como de una condicion sine qua non, como de causas excitantes; pero nada tiene que ver con las sensaciones mismas, es esencialmente distinta de ellas, no puede confundirse con ellas, sin destruir la idea de la comparacion, sin hacerla imposible.

No hay juicio posible, sin las ideas de identidad ó semejanza; y estas ideas no son sensaciones. Las sensaciones son hechos particulares que no salen de su esfera, que no se aplican de un caso á otro; las ideas de identidad y semejanza envuelven algo de comun, que se aplica á muchos.

[12.] ¿Qué le sucederá pues á un ser limitado á la facultad de experimentar varias sensaciones? Las tendrá sin compararlas. Cuando sentirá de un modo, no sentirá de otro, la una sensacion no será la otra, es cierto; pero el ser sensible no se dará cuenta de la variedad. Las unas sensaciones vendrán en pos de las otras, sin ser comparadas entre sí. Aun suponiendo la memoria de ellas, esa memoria no será mas que una repeticion de las mismas, con menos intensidad. Si se admite que el ser sensible las compara, y que percibe sus relaciones de identidad ó distincion, de semejanza ó diferencia; se admiten ya una serie de actos reflejos, que no son sensaciones.

[13.] Ni la memoria de las sensaciones propiamente dicha, puede explicarse por ellas solas; y en esto se equivoca tambien Condillac. La sensacion de olor de rosa que la estatua recibió ayer, puede recordarla hoy; pero este recuerdo puede ser de dos maneras: 1.º reproduciéndose interiormente la sensacion sin ninguna causa externa, y sin ninguna relacion á tiempo pasado, ni por consiguiente á la existencia anterior de una sensacion semejante; entonces el recuerdo no es para la estatua un recuerdo propiamente dicho, solo es una sensacion mas ó menos viva; 2.º reproduciéndose con relacion á una existencia de la misma, ú otra semejante en un tiempo anterior, en lo que consiste esencialmente el recuerdo; y entonces ya hay algo mas que sensacion: hay las ideas de sucesion, de tiempo, de anterioridad, de identidad ó semejanza, todas muy distintas de la sensacion, y no solo distintas sino separables.

Dos sensaciones enteramente distintas pueden referirse á un mismo tiempo en la memoria; el tiempo pues será idéntico y las sensaciones distintas. La sensacion puede existir sin recuerdo del tiempo en que antes existia, y hasta sin ningun recuerdo de que haya existido; luego la sensacion no envuelve la relacion del tiempo; luego estas son cosas distintas, muy diferentes; luego se engaña Condillac, cuando quiere explicar la memoria de las sensaciones por sensaciones puras.

[14.] Las reflexiones anteriores arruinan enteramente el sistema de Condillac. O admite algo mas que sensaciones ó nó; si lo primero, peca contra su supuesto principal; si lo segundo, no le es posible explicar ninguna idea abstracta, ni aun la memoria sensitiva; se verá pues reducido á admitir con Locke la reflexion sobre las sensaciones, y por la misma razon, otras facultades del alma.

[15.] Compréndese fácilmente lo que han sostenido algunos filósofos de que todas nuestras ideas vienen de los sentidos, entendiéndose que las sensaciones despiertan nuestra actividad interior, y ofrecen por decirlo así, los materiales á la inteligencia; pero no se comprende cómo se ha podido dar por cosa cierta, clara, sumamente sencilla, que en nuestro espíritu no hay mas que esos materiales, las sensaciones. Basta fijar un momento la atencion sobre nuestro interior para descubrir muchos fenómenos distintos de la sensacion, y varias facultades que nada tienen que ver con la sensitiva. Si Condillac se hubiese limitado á sostener que esas facultades para desenvolverse, han menester el sentir como una especie de excitacion, nada hubiera dicho que no fuera muy conforme á la sana filosofía; pero pretender que todo lo excitado, que todo lo desenvuelto, no es mas que el mismo principio excitante, y esto empeñarse en confirmarlo con la observacion, es contrariar abiertamente la observacion misma, es condenarse á no poder dar un paso en la explicacion de la actividad intelectual, so pena de apartarse del supuesto en que se estriba. Sin embargo, el autor del Tratado de las sensaciones parece estar muy satisfecho de su sistema: impresion actual, hé aquí la sensacion; recuerdo de la sensacion, hé aquí la idea intelectual: esto si no es sólido es alucinador; con la apariencia de una observacion delicada, se detiene en la superficie de las cosas, y no fatiga al discípulo. Todo sale de la sensacion: pero es porque Condillac hace hablar á la estatua, del modo que á él le parece bien, sin atenerse á la hipótesis de la sensacion sola.

[16.] Este sistema, á mas de su flaqueza filosófica, es funesto á las ideas morales. ¿Qué es la moral, si no hay mas ideas que las sensaciones? ¿Qué son los deberes, si todo se reduce á necesidades sensibles, á placer ó dolor? ¿Qué es de Dios, qué es de todas las relaciones del hombre para con Dios?


CAPÍTULO III.

DIFERENCIA ENTRE LAS IDEAS GEOMÉTRICAS Y LAS REPRESENTACIONES SENSIBLES QUE LAS ACOMPAÑAN.

[17.] Nuestras ideas intelectuales andan siempre acompañadas de representaciones sensibles. Esto hace que al reflexionar sobre aquellas, las confundimos con estas. Digo al reflexionar sobre ellas, mas nó al servirnos de ellas. Todos nos servimos muy bien de cada idea segun las circunstancias: el error está en el acto reflejo, nó en el directo. Conviene no perder de vista esta última observacion.

[18.] Es poco menos que imposible que el geómetra piense en el triángulo, sin que divague por su imaginacion la semejanza del triángulo, tal como le ha visto mil veces en las láminas: y por este motivo, estará el geómetra inclinado á creer que la idea del triángulo no es mas que aquella representacion sensible. Si así fuese, se verificaria en la idea del triángulo lo que afirma Condillac, de que la idea no es mas que el recuerdo de la sensacion. En efecto, aquella representacion es la sensacion repetida; no hay entre las dos afecciones del alma mas diferencia, sino que la sensacion actual es causada por la presencia actual del objeto, y por tanto es mas fija y mas viva. En prueba de que la diferencia no es esencial, sino que solo está en el mas ó en el menos, se puede notar, que si la representacion imaginaria llega á un grado muy alto de viveza, no la distinguimos de la sensacion, como les sucede á los visionarios, y como todos lo experimentamos durante el sueño.

[19.] No será difícil demostrar cuán diferentes son la idea del triángulo y su representacion imaginaria, si se atiende á los hechos siguientes.

1.º La idea del triángulo es una: conviene á todos los triángulos de todos tamaños, y de todas especies. La representacion es múltipla, y varía en tamaño y en forma.

2.º Mientras raciocinamos sobre las propiedades del triángulo, estribamos sobre una idea fija, necesaria; la representacion cambia incesantemente, sin alterarse la unidad de la idea.

3.º La idea del triángulo de cada especie en particular, es clara, evidente, en ella vemos del modo mas luminoso sus propiedades; por el contrario la representacion sensible, es vaga, confusa; así apenas distinguimos el triángulo rectángulo del acutángulo ú obtusángulo de poca inclinacion. La idea corrige estos errores, ó mas bien prescinde de ellos; si se sirve de la figura imaginaria es como de un auxiliar: del mismo modo que al trazar las figuras en el papel, damos la demostracion, prescindiendo de que sean ó nó bien exactas, y hasta sabiendo que no lo son, y que es imposible que lo sean del todo.

4.º La idea del triángulo es la misma para el ciego de nacimiento que para el hombre con vista: como lo prueba el que los dos la desenvuelven del mismo modo, en sus raciocinios y usos geométricos. La representacion es diferente; pues para nosotros, es una imágen de lo visto, lo que es imposible en el ciego. Este, al pensar en el triángulo, no tiene en su imaginacion la misma representacion sensible que nosotros, ni la puede tener; pues carece de todo lo que se refiere á la sensacion de la vista. Si el ciego tiene alguna representacion concomitante de la idea, ha de venirle del solo tacto; y para los triángulos de alguna extension cuyas tres líneas no pueden ser tocadas juntas, la representacion ha de ser una serie sucesiva de sensaciones del tacto, como el recuerdo de un pasaje de música es esencialmente una representacion sucesiva. En nosotros la representacion del triángulo es casi siempre simultánea; excepto el caso de triángulos muy grandes, mucho mayores que los que acostumbramos á ver; pues en este caso, particularmente cuando no hay costumbre de considerarlos, parece que necesitamos ir extendiendo sucesivamente las líneas.

[20.] Lo que se ha dicho del triángulo, la mas sencilla de las figuras, puede aplicarse con mayor razon á todas las demás. Muchas de ellas no pueden ser representadas distintamente en la imaginacion, como se ve en las que constan de muchos lados; y aun el círculo, que en la facilidad de ser representado se acerca al triángulo, no podemos imaginarlo con tal perfeccion que le distingamos de una elipse cuyos dos ejes se diferencien poco entre sí.


CAPÍTULO IV.

LA IDEA Y EL ACTO INTELECTUAL.

[21.] Demostrado que las ideas geométricas no son las representaciones sensibles, resulta tambien demostrado de toda clase de ideas. Si en algunas podia haber dificultad, era sin duda en las relativas á la geometría, pues estas tienen objetos que se prestan á ser representados sensiblemente; cuando los objetos no son figurados, no pueden ser percibidos por ningun sentido; hablar entonces de representacion sensible, es incurrir en una contradiccion.

[22.] Estas consideraciones tiran una línea divisoria entre el entender y el imaginar; línea que tiraron todos los escolásticos, línea que conservaron, y por decirlo así, marcaron mas Descartes y Malebranche, línea que comenzó á borrar Locke, y que hizo desaparecer Condillac. Todos los escolásticos reconocieron esta línea; pero así ellos como muchos otros emplearon un lenguaje que mal entendido, era muy á propósito para contribuir á borrarla. A toda idea la llamaron imágen del objeto; explicaron el acto de entender, cual si en el entendimiento hubiese una especie de forma que expresase el objeto, como el retrato delante de los ojos ofrece á estos la imágen de la cosa retratada. Este lenguaje dimana de la continua comparacion que naturalmente se hace entre el entender y el ver. Cuando los objetos no están presentes, nos valemos de retratos; y como los objetos en sí mismos no pueden estar presentes á nuestro entendimiento, se concibió una forma interior que hiciese las veces de un retrato. Por otra parte, las únicas cosas que se prestan á representacion propiamente dicha, son las sensibles; el único caso en que hallamos dentro de nosotros esa forma en que se retratan los objetos es el de la representacion imaginaria; y así era peligroso que á esta se le llamase idea, y á toda idea representacion imaginaria, en lo que consiste el sistema de Condillac.

[23.] Santo Tomás llama á las representaciones de la imaginacion, phantasmata, y dice que mientras el alma está unida al cuerpo no puede entender sino per conversionem ad phantasmata, esto es, sin que preceda y acompañe al acto intelectual la representacion de la fantasía, que sirve como de material para la formacion de la idea, y de auxiliar para aclararla y avivarla. La experiencia nos enseña de continuo que siempre que entendemos, se agitan en nuestra imaginacion formas sensibles relativas al objeto que nos ocupa. Ya son las imágenes de la figura y color del objeto, si este los tiene; ya son las imágenes de aquellos con que se le puede comparar; ya son las palabras con que se expresa en la lengua que habitualmente hablamos. Así, hasta pensando en Dios, en el acto mismo en que afirmamos que es espíritu purísimo, se nos ofrece en la imaginacion bajo una forma sensible. Si hablamos de la eternidad, vemos al anciano de días, tal como lo hemos visto representado en los templos; si de la inteligencia infinita, nos imaginamos quizás un piélago de luz: si de la infinita misericordia, nos retratamos un semblante compasivo; si de la justicia, un rostro airado. Al esforzarnos por concebir algo de la creacion, se nos representa un manantial de donde brotan la luz y la vida, así como la inmensidad, la sensibilizamos tambien en una extension sin límites.

La imaginacion acompaña siempre á la idea, mas no es la idea; y la prueba evidente é irrefragable de la distincion y diferencia de estas cosas, se halla en que si en el acto mismo de tener la imaginacion de un piélago de luz, de un anciano, de un rostro airado ó compasivo, de manantial, de extension etc. etc., se nos pregunta si Dios es algo de aquello, si tiene algo de parecido á nada de aquello, responderemos al instante que nó, que esto es imposible; lo que demuestra la existencia de una idea que nada tiene que ver con aquellas representaciones, y que esencialmente excluye lo que ellas incluyen.

[24.] Lo dicho de la idea de Dios es aplicable á muchas otras. Apenas entendemos nada, sin que entre como un elemento indispensable la idea de relacion; ¿y cómo se representa la relacion? En la imaginacion de mil maneras, como punto de contacto de dos objetos, como hilos que los unen; pero ¿la relacion es algo de esto? nó. Al preguntársenos en qué consiste, ¿tenemos ni el menor asomo de duda de que pueda ser algo de esto? nó.

[25.] El llamar á toda idea imágen, es un error, si se quiere concebir la idea como algo distinto del acto intelectual, y que se ponga delante del entendimiento, cuando este ha de ejercer sus funciones. Imágen es lo que representa, como semejanza; y yo pregunto, ¿cómo se sabe que exista esta representacion ó semejanza? ¿cómo se sabe que para entender, necesitamos una forma interior, que sea como un retrato del objeto? ¿Qué es retrato, cuando se sale del órden sensible? En el órden intelectual, hay semejanzas, pero nó en el sentido en que las tomamos en el órden material. Yo entiendo, otro hombre entiende tambien; en esto tenemos una semejanza, pues que se halla en el uno lo mismo que en el otro, nó idéntico en número, sino en especie. Pero esta semejanza es de un órden muy diferente de las sensibles.

[26.] Al entender, conocemos lo que hay en el objeto entendido; pero no sabemos si esto se hace por el simple acto del entendimiento, sin necesidad de un medio representativo por la semejanza. Entendemos la cosa, nó la idea, y tanta dificultad encuentro en que el entendimiento perciba sin la idea, como en que la supuesta representacion se refiera al objeto. ¿Cómo es que mi idea se refiere á un objeto? si por sí misma, luego ella por sí sola, siendo puramente interior, se refiere á lo exterior, me pone en relacion con lo exterior sin necesidad de ningun intermedio. Lo que hace ella, tambien lo podrá hacer el acto intelectual por sí solo. Si la relacion de la idea con el objeto, me viene por otra idea, tengo sobre la intermedia la misma dificultad que sobre la primera. De todos modos siempre llegamos á un caso en que se hace la transicion del entendimiento al objeto sin intermedio.

Si tengo á la vista un objeto imágen de otro desconocido, veré el objeto en sí mismo, pero sin conocer que tiene relacion de imágen, hasta que me lo digan; conoceré su realidad, mas nó su representacion. Lo propio sucederá en las ideas-imágenes: luego nada explican para hacer el tránsito del acto interior al objeto, pues no encontramos que ellos puedan hacer para sí, lo que se quiere que hagan para el entendimiento.

[27.] En el acto intelectual hay algo misterioso que el hombre procura explicar de mil modos, sensibilizando lo que experimenta allá en su interior. De aquí tantas locuciones metafóricas; útiles, si solo se emplean para llamar y fijar la atencion, y darse á sí propio cuenta del fenómeno; nocivas á la ciencia, si sacándolas de estos límites, se olvida que son metáforas, y que jamás pueden confundirse con la realidad.

Por la inteligencia vemos lo que hay en las cosas; experimentamos el acto perceptivo, pero al reflexionar sobre él andamos á tientas, como si en el manantial mismo de la luz hubiese una densa nube que nos impidiese verle con claridad. Así el firmamento está á veces inundado con la luz del sol, mientras el astro cercado de nubes se oculta á nuestros ojos, sin que podamos ni aun determinar su posicion en el horizonte.

[28.] Una de las causas de la oscuridad en esta materia es el mismo esfuerzo que se hace por aclararla. El acto de entender es sumamente luminoso en su parte objetiva, pues por él vemos lo que hay en los objetos; pero en su naturaleza subjetiva, ó en sí mismo, es un hecho interno simple, que no puede explicarse con palabras. Esto no es una particularidad del acto intelectivo, conviene á todos los fenómenos internos. ¿Qué es ver, gustar, oir; qué es una sensacion, un sentimiento cualquiera? Es un fenómeno interno, del cual tenemos conciencia, que no podemos descomponer en partes explicando la combinacion de estas por medio de un discurso. Indicamos el fenómeno con una palabra, pero esta palabra nada significa para quien no le experimenta tambien, ó no le ha experimentado alguna vez. Todas las explicaciones del mundo no harian entender al ciego de nacimiento lo que es un color, ni al sordo lo que es un sonido.

El acto intelectivo pertenece á esta clase: es un hecho simple que podemos designar, mas nó explicar. La explicacion supone varias nociones cuya combinacion se expresa en el discurso; en el acto intelectivo no las hay: cuando se ha dicho pensar ó entender, se ha dicho todo. Esta simplicidad no se destruye por la multiplicidad objetiva; tan simple es el acto con que se percibe un solo objeto, como otro con que se comparan dos ó mas. Si no es posible hacerlo todo en un acto, resultan muchos; pero al fin hay uno que se enlaza con ellos, ó los resume, mas nó un acto compuesto.