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Filosofía Fundamental, Tomo IV

Chapter 96: CAPÍTULO III.
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About This Book

El texto examina el estado de la filosofía contemporánea, contraponiendo la reacción contra la filosofía materialista anterior y el panteísmo con una defensa de la realidad de las ideas, el espíritu y la libertad humana. Critica la reducción del pensamiento a mera sensación y la negación de lo espiritual, reconoce sin embargo los esfuerzos por recuperar nociones como infinito, absoluto y causa, y advierte sobre los excesos y la autocomplacencia de algunos pensadores modernos. En la sección final desarrolla la noción de causalidad final y sostiene que la acción racional requiere conocimiento y un principio moral distinto de la causalidad eficiente.

CAPÍTULO II.

LO INCONDICIONAL.

[12.] En las escuelas modernas se emplean frecuentemente las palabras, de condicional é incondicional: como las ideas que con estos nombres se expresan, tienen mucha analogía con las explicadas en el capítulo anterior, las expondré con brevedad aquí.

[13.] Lo condicional es lo que depende de una condicion; esto es, aquello que se pone, si se pone otra cosa, que se apellida condicion. Si el sol está en el horizonte, hay luz: la luz es lo condicional; el sol su condicion. Lo incondicional es lo que no supone condicion; como lo expresa el mismo nombre.

[14.] El universo es un conjunto de seres condicionales: así lo manifiesta la experiencia, tanto exterior como interior: ¿existe algo incondicional? Sí.

[15.] Representando el universo por una serie A, B, C, D, E, F, . . . etc. tendremos, que la condicion de F estará en E; la de E en D; la de D en C; y así sucesivamente: si no hay algo incondicional, este retroceso se extenderá hasta lo infinito; resultará pues una serie infinita de términos condicionales.

Para llegar á un término cualquiera, por ejemplo, B, habrá sido necesario pasar por las infinitas condiciones que le preceden: la serie infinita habrá sido agotada; esto es contradictoria. Y como lo que se dice de B, puede decirse de A, y de cualquiera de los términos, anteriores ó posteriores, resulta que todos son imposibles: luego la serie es absurda.

[16.] En la serie supuesta, todo es condicional; no hay nada incondicional; y sin embargo la existencia de su totalidad sucesiva, es necesaria. Luego la serie en sí misma, es incondicional; luego un conjunto de términos condicionales es incondicional, á pesar de que se supone imposible señalar nada, fuera de la serie, que sea incondicional. ¿Quién puede devorar semejante absurdo?

[17.] Formulemos con mas precision el argumento. Tomando en la serie tres términos cualesquiera: A. . . F. . . N; se pueden formar las siguientes proposiciones.

Si A existe, existirán, F y N.

Si N existe, existieron, F y A.

Si F existe, existió A, y existirá N.

Dificultades. 1.ª ¿De dónde procede el enlace de unas condiciones con otras?

2.ª ¿Por qué se ha debido poner ninguna de ellas?

[18.] Admitiendo un ser necesario, incondicional, donde se halla la condicion de cuanto existe; todo queda explicado. A la primera dificultad se responde, que el enlace de las condiciones condicionales, depende de la condicion incondicional. A la segunda se contesta, que la condicion primitiva no ha menester de otra condicion, supuesto que es un ser necesario. El preguntar por qué se ha debido poner, es caer en contradiccion; por lo mismo que es incondicional, no tiene porque, la razon de su existencia está en ella misma.

[19.] Pero si no admitimos nada necesario, nada incondicional; son inexplicables, tanto la existencia de los términos, como su enlace. Existirán infinitos términos, necesariamente enlazados, sin razon suficiente externa ni interna. No habrá mas razon para existir el universo, que para no existir: ser y nada serán indiferentes: y no se concibe, por qué ha debido prevalecer la existencia. Para la nada, es evidente que no se necesita nada; ¿por qué pues no hay una nada absoluta y eterna?

[20.] Cuanto mas se pondere la necesidad del enlace de unas condiciones con otras, tanto mas se fortalece la dificultad propuesta: porque si se dice que una condicion no puede existir sin la otra; con mayor razon preguntaremos por qué no se necesita una condicion primitiva para el conjunto de las condiciones, ó sea la totalidad de la serie.

[21.] Luego lo condicional supone lo incondicional; luego siéndonos dado lo primero, podemos inferir lo segundo. Es así que lo condicional nos es dado, tanto en el mundo externo como en el interno, luego existe un ser incondicional, de cuya existencia no hay la razon en ninguna parte fuera de él mismo.


CAPÍTULO III.

INMUTABILIDAD DEL SER NECESARIO É INCONDICIONAL.

[22.] Lo absolutamente necesario é incondicional es inmutable. Porque su existencia es, ó hablando el lenguaje moderno, es puesta absolutamente, sin ninguna condicion, por necesidad intrínseca; y con esta existencia se halla tambien puesto su estado. Prescindimos ahora de la naturaleza de dicho estado; y de si es tal ó cual perfeccion, en este ó aquel grado, finito ó infinito. Siendo puesta incondicionalmente su existencia, es puesto incondicionalmente su estado; luego así como su no existencia es contradictoria (Cap. I) tambien es contradictorio su no estado. La mudanza no es otra cosa que el tránsito de un estado á otro estado, que implica el no estado del primero; luego la mudanza en lo necesario es contradictoria.

[23.] Aclaremos y precisemos mas estas ideas. Llamemos E al ser necesario é incondicional. Como E es puesto absolutamente sin ninguna condicion, por necesidad intrínseca, el no E, será contradictorio. El ser E, no es abstracto sino real; y por consiguiente tiene tales ó cuales perfecciones, como inteligencia, voluntad, actividad, ú otras cualesquiera; y estas perfecciones las tiene en un cierto grado, prescindiendo ahora de que sea grande ó pequeño, finito ó infinito. Con la existencia absoluta E, se hallará puesto un estado de perfeccion, que llamaremos N. ¿Qué es lo que ha determinado el estado N? Por el supuesto, no puede haberlo determinado nada; pues el estado es incondicional. Luego si hay absoluta y necesariamente el estado N, será contradictorio el no N. Luego la mudanza con que E deberia pasar de N á no N, es contradictoria.

[24.] Pero admitamos por un momento la mudanza en el ser necesario, y salida de su propio seno. Como la razon de la mudanza será necesaria y eterna, deberemos admitir una serie infinita de evoluciones; hénos aquí pues cayendo de nuevo en la imposibilidad de conciliar la infinidad de la serie, con la existencia de un término cualquiera (Cap. II).

[25.] Resulta demostrado que el ser necesario é incondicional, no puede sufrir ninguna mudanza que le haga perder su estado primitivo.

El ser necesario no puede perder nada; no puede pasar de N á no N; pero ¿quién sabe si seria posible que sin perder N, y sin pasar á no N, adquiriese algo que se reuniese con N, de un modo ú otro? Mas claro: dado N, es contradictorio el no N; pero dado N, ¿será contradictorio el N + P, expresando P una perfeccion cualquiera, ó un grado de la misma? Esto es imposible: porque P que viene de nuevo, deberá salir de N; luego en N, estaba todo lo que hay en P; luego no ha habido mudanza; luego el suponerla es contradictorio.

[26.] Se replicará que P estaba en N virtualmente; y que el nuevo estado solo añade una nueva forma. Pero ¿esta forma como tal encierra algo nuevo en realidad? Sí ó nó; si no encierra nada, no hay mudanza; si encierra, ó se hallaba en N ó nó; si se hallaba, no hay mudanza; si no se hallaba, ¿de dónde ha salido?

[27.] Para eludir esta demostracion se pueden fingir varios seres necesarios, influyendo los unos sobre los otros, y causándose recíprocamente las mudanzas: así parece explicarse de dónde salen los nuevos estados. Pero á mas de que estas ficciones son evidentemente cavilaciones infundadas y que están en contradiccion con los principios de la ontología, todavía se las puede desvanecer con una razon concluyente.

Sean A, B, C, D, los seres necesarios é incondicionales: cada cual es puesto absolutamente, y con un estado primitivo que llamaremos respectivamente a, b, c, d. Entonces resulta que tomando las cosas en su estado primitivo, el conjunto de las existencias se hallará con un conjunto de estados, necesarios é incondicionales, que podremos representar en esta fórmula: (Aa, Bb, Cc, Dd)(1). La expresion representa un estado primitivo, necesario, incondicional: ahora pregunto ¿de dónde salen las mudanzas? Todo es incondicional, ¿cómo se introduce lo condicional, lo mudable?

[28.] Si se finge que en los estados primitivos a, b, c, d, se podria tal vez implicar la accion recíproca y primitiva de A, B, C, D, entre sí; no se debilita por esto la fuerza de la dificultad. Porque las acciones respectivas, como primitivas y absolutas, producirán primitiva y absolutamente un resultado en sus términos respectivos. Este resultado será primitivamente necesario, y estará contenido en la fórmula (1). Luego la fórmula no sufre ninguna variacion, con la suposicion nueva; luego no ha habido mudanza de ninguna clase.

[29.] Imaginando que la accion recíproca no supone un estado primitivo, sino que es una serie sucesiva de estados, caemos en la serie infinita, y por consiguiente en la imposibilidad de llegar á ningun término de ella, no suponiendo agotado lo infinito (Cap. II).

[30.] Además, siendo distintas las esencias de los seres necesarios é incondicionales A, B, C, D, ¿qué razon hay para fingirlos en relacion de actividad? ¿Cuál es el fundamento de esta relacion, si los cuatro son necesarios, incondicionales, y por tanto independientes los unos de los otros?

[31.] Pero dejemos semejantes absurdos, y prosigamos en el análisis de la idea de un ser necesario é incondicional. La inmutabilidad excluye la perfectibilidad, por manera que, ó es preciso suponer primitivamente en el ser necesario el colmo de la perfeccion, ó admitir que no le puede alcanzar nunca. La perfectibilidad es uno de los caractéres de lo contingente que mejora su modo de ser, por una serie de transformaciones; lo absolutamente necesario es lo que es, y no puede ser otro cosa.

[32.] Lo contingente debe dimanar de lo necesario; lo condicional de lo incondicional; luego todas las perfecciones sean del órden que fueren, se han de hallar en el ser necesario é incondicional: luego en él han de estar, cuando menos virtualmente, todas las perfecciones de la realidad que existe; y ha de tener formalmente, todas las que no implican imperfeccion (Lib. VIII, desde el Cap. XV hasta el fin).

[33.] La posibilidad de lo no existente, ha de tener un fundamento (Lib. IV, desde el Cap. XXIII hasta el XXVIII, y Lib. V, Caps. VII y VIII); las perfecciones posibles han de existir en un ser real, si la idea de ellas ha de ser posible; luego la escala infinita de las perfecciones, á mas de las existentes, que concebimos en el órden de la posibilidad pura, se hallan realizadas en el ser necesario é incondicional.


CAPÍTULO IV.

IDEAS DE CAUSA Y EFECTO.

[34.] Nosotros tenemos la idea de causa: así lo muestra el uso continuo que estamos haciendo de la misma. Esta idea no la poseen solos los filósofos, es patrimonio de la humanidad. Pero ¿qué entendemos por causa? Todo aquello que hace pasar algo del no ser al ser; así como efecto es todo aquello que pasa del no ser al ser. Prescindo ahora de si lo que pasa del no ser al ser, es substancia ó accidente, y del modo con que la causa influye en este tránsito: así se comprende en la definicion toda clase de causas y toda especie de causalidad.

[35.] En la idea de causa entra:

1.° La idea de ser.

2.° La relacion á lo que pasa del no ser al ser, como de condicion á condicional.

En la de efecto entran:

1.° La de ser.

2.° La del tránsito del no ser al ser.

3.° La relacion á la causa, como de lo condicional á la condicion.

[36.] Axioma I: La nada, no puede ser causa; ó en otros términos: toda causa es un ser, ó existe.

[37.] Digo que esto es un axioma; porque no se puede demostrar, por qué el predicado de existencia está contenido evidentemente en la idea de causa. Lo que es causa, es; si no es, no es causa. Afirmar la causa, y negar que sea, es afirmar y negar á un mismo tiempo. Luego la proposicion establecida es un axioma. Para convencernos de su verdad, nos basta atender á las ideas de causa y de ser, y vemos evidentemente la de ser contenida en la de causa. La explicacion que he dado no debe ser mirada como una demostracion, sino como una aclaracion, para que se comparasen mejor las dos ideas. Quien las compare como es debido, no necesitará demostracion, lo verá por intuicion; lo que constituye el carácter del axioma.

[38.] Axioma II: No hay efecto sin causa.

[39.] Para comprender el sentido de este axioma conviene advertir que aquí la palabra efecto, significa únicamente lo que pasa del no ser al ser, prescindiendo de que sea causado ó nó; pues si por efecto se entendiese aquí una cosa causada, el axioma seria una proposicion idéntica é inútil. Así sustituyendo en vez de efecto su significado, diria: «No hay cosa causada sin ser causada:» lo que es mucha verdad, pero de nada sirve. El sentido pues, es el siguiente: «Todo lo que pasa del no ser al ser, necesita algo distinto de sí, que produzca este tránsito.»

[40.] Digo que esta proposicion es un axioma, y bastará para convencernos de ello el fijar la atencion sobre las ideas que en la misma se contienen. Consideremos una cosa que es, y trasladémonos al tiempo en que no fué. Prescindamos de todo lo que no sea ella misma, no supongamos ningun otro ser que la pueda haber producido, ó que tome parte en su produccion; yo afirmo que vemos evidentemente que el tránsito al ser, no se hará jamás. De la idea pura del no ser del objeto, no solo nos es imposible hacer salir el objeto, sino que vemos evidentemente que no saldrá jamás. No hay ser, no hay accion, no hay produccion de ninguna clase: hay la pura nada; ¿de dónde saldrá el ser? Intuitivamente se nos presenta pues la verdad de la proposicion: en la pura idea del no ser por sí sola, no solo no vemos la posible aparicion del ser, sino que vemos la imposibilidad de la aparicion. Son ideas que se excluyen: el no ser no es posible, sino con la exclusion del ser, y viceversa.

[41.] Si pensamos una accion productiva, ó la referimos á la cosa que del no ser ha de pasar al ser, ó á otra distinta de ella. Si lo primero, caemos en contradiccion; suponemos accion y no la suponemos, porque no hay accion en el puro nada. Suponemos que la cosa es causa antes de ser; y nos hallamos en contradiccion con el Axioma I (36). Si lo segundo, pensamos ya la causa: pues causa no es otra cosa que lo que produce el tránsito del no ser al ser.

[42.] El dicho comun «ex nihilo nihil fit,» es una verdad, si se la entiende en el sentido del Axioma 2.°


CAPÍTULO V.

ORÍGEN DE LA NOCION DE CAUSALIDAD.

[43.] ¿Hay en el mundo alguna causa, y algun efecto? Esto equivale á preguntar si en el mundo hay alguna mudanza. Toda mudanza envuelve un tránsito del no ser al ser. La mas ligera mudanza no es concebible sin este tránsito. Todo lo que se muda, es de otra manera despues de mudado que antes de mudarse; luego tiene este modo de ser que antes no tenia. Este modo, antes no existia, ahora existe: ha pasado pues del no ser al ser.

[44.] Aun cuando no estuviéramos en relacion con el mundo externo, y se limitara nuestro espíritu á los solos hechos internos, á la sola conciencia del yo y de sus modificaciones, sabríamos que hay tránsito del no ser al ser, por el testimonio de la sucesiva aparicion de nuevas percepciones, de nuevos afectos. Dentro de nosotros mismos experimentamos ese flujo y reflujo de modificaciones que pasan del no ser al ser, del ser al no ser.

[45.] Por lo dicho se ve que las ideas de causa y efecto suponen un órden de seres contingentes, real ó posible. Si no hubiese mas que seres necesarios é inmutables, no habria causas y efectos.

[46.] He dicho (Cap. IV) que en la idea de causa entran la de ser, y la de la relacion con el no ser que ha pasado ó pasa al ser. La idea de causa pues no es idea simple, es compuesta de las dos indicadas. Para constituirla no basta la de ser; pues podemos concebir ser, sin concebir causa. Lo que la idea de causa añade á la de ser, es algo distinto de la idea de ser, algo no incluido en ella; y se llama causalidad, fuerza, virtud productiva, actividad, ú otros nombres semejantes; todos expresan la relacion de un ser para realizar en otro el tránsito de un no ser al ser.

[47.] En la idea de causalidad se incluye otra idea simple, que si bien acompaña la idea de ser, no se confunde con ella. Si se la quiere apellidar una modificacion de la misma idea de ser, no me opondré á ello.

[48.] ¿De dónde nace la idea de causalidad? Parece que la sola intuicion de la idea del ser no basta á engendrarla. La idea de ser es simple, nada expresa sino ser; en ella pues no encontramos ninguna relacion con el tránsito del no ser al ser.

[49.] ¿Nace tal vez de la experiencia? Aquí es necesario distinguir entre la idea misma de la causalidad y el conocimiento de la existencia de la causa. La experiencia nos manifiesta la sucesion de los seres, es decir, su tránsito del no ser al ser y viceversa. Hemos notado que en la intuicion del no ser, con relacion al ser, vemos la imposibilidad de un tránsito, á no mediar un ser que lo ejecute; luego la certeza de la existencia de la causa nace de la experiencia combinada con la intuicion de las ideas de no ser y ser.

[50.] Si esta experiencia no existiese, no sabríamos si la causalidad es posible; porque en la idea del ser, tal como nosotros la tenemos, no vemos la de fuerza: podríamos concebir tal vez la fuerza, pero ignorando si le corresponde alguna realidad. Así tendríamos la nocion de la fuerza, mas nó la noticia de su existencia, ni aun la seguridad de su posibilidad.

[51.] Pero si bien se considera, esta falta de experiencia es un supuesto imposible; pues un ser inteligente limitado, por lo mismo que reune la inteligencia con la limitacion, siente la sucesion de sus percepciones, y por tanto experimenta en sí propio el tránsito de un no ser al ser. Y como por otra parte, siente tambien su fuerza de combinar las ideas, siente en sí mismo la existencia de la causalidad, de una fuerza productiva de sus reflexiones.

[52.] El ejercicio de nuestra voluntad, así con respecto á los actos internos como externos, nos da tambien conocimiento de la dependencia de unas cosas respecto de otras; así como las impresiones que recibimos sin nuestra voluntad y á pesar de ella, nos confirman en la misma conviccion. Sin esta experiencia, veríamos la sucesion de los fenómenos, mas no conoceríamos sus relaciones de causalidad; porque es claro que la inclinacion á señalar como causa de un fenómeno lo que ha sucedido antes que él, supone la idea de causa y el conocimiento de la dependencia de los fenómenos en la relacion de causas y efectos.

[53.] Dicen algunos que el hombre no tiene ninguna idea de la creacion; y con esto, sin advertirlo, vienen á suponer que tampoco la tenemos de ninguna causa. Por creacion se entiende el tránsito de una substancia del no ser al ser, en virtud de la accion productiva de otra substancia. Yo sostengo que esto no es mas que la idea de causalidad en su grado superior, es decir, aplicada á la produccion de la substancia; es así que la idea de causa la tenemos, luego la idea de creacion no es una idea nueva, inconcebible, sino una perfeccion de una idea comun á toda la humanidad. Hemos visto que en la idea de causa entra el producir un tránsito del no ser al ser; á todos los seres activos se les atribuye esta virtud, pero con la diferencia que en tratándose de las causas finitas, solo se les concede una fuerza productiva de modificaciones, así como al ser infinito se le reconoce la fuerza productiva de las substancias.

[54.] Aquí parece verificarse lo mismo que en los demás ramos de los conocimientos filosóficos: la idea de la esencia pertenece á la razon, la noticia de la existencia depende de la experiencia. La primera es independiente de la segunda; y se puede discurrir sobre ella, con sola la condicion de la existencia, es decir, con un postulado (Lib. V, Cap.s VII y VIII). Este postulado, lo tenemos siempre, cuando nó en otra cosa, en los fenómenos de nuestra conciencia.


CAPÍTULO VI.

SE FORMULA Y DEMUESTRA EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD.

[55.] El principio de causalidad, ó sea esta proposicion: todo lo que comienza ha de tener una causa; ha sido puesto en duda en los últimos tiempos; por lo cual es necesario dejarle á cubierto de todo género de ataques. Creo posible conseguirlo, presentando la doctrina de los capítulos anteriores bajo un punto de vista luminoso, que destierre todas las dudas y acabe con todas las dificultades. Ruego al lector que me siga con atencion por algunos momentos en el raciocinio que voy á presentarle.

[56.] Tomemos un ser cualquiera que llamaremos A. Para que se le pueda aplicar el principio de causalidad, es preciso que haya comenzado á ser, y que antes no existiese; porque si no suponemos este comienzo, A debiera haber existido siempre.

Tenemos pues, que hay una duracion asignable en que no habia A; y en que habia no A. Y que así en el órden de la duracion ha habido una pequeña serie de dos términos:

no A, A.

Comenzar es pasar del primer término no A, al A. El principio de causalidad dice: que no es posible el tránsito del primer término al segundo, sin que intervenga un tercer término, B, que debe ser algo real.

[57.] ¿Qué representa el término no A, por sí solo? la pura negacion del A; el puro nada de A. En el concepto del no A, en vez de encontrar el A, vemos su término contradictorio; por manera que lejos de estar incluido el segundo en el primero, se excluyen, y hacen verdadera absolutamente esta proposicion: Es imposible que no A, y A, existan á un mismo tiempo. Así, del concepto no A, es imposible que salga jamás el A; y por consiguiente, si no hay un término real, para hacer el tránsito, nunca se puede pasar del no A, al A, ni aun en el órden puramente ideal.

[58.] Nótese bien que no quiero decir que concibiendo el no A, de suerte que se negase el A, como conocido, fuera imposible concebir el A; pues es evidente, que quien concibiese el no A, ya concebiria el A, y aun podria concebirle, enteramente solo, con solo quitar la negacion; sino que en el supuesto de que hubiese un concepto del no A, absoluto, acomodado al no A, absoluto objetivo, jamás saldria de este concepto el A; y si bien se reflexiona, no habria ni siquiera concepto; pues que el pensamiento de negacion pura, no es pensamiento, no es concepto. Así, habria una ausencia absoluta de concepto; y en el órden puramente ideal nos hallaríamos en el primer término de la serie, en la negacion pura: no A, sin ningun medio para pasar al segundo: A.

[59.] Los que niegan pues el principio de causalidad, conciben el tránsito del no A, al A, sin ninguna razon, sin ningun intermedio: ellos que niegan la creacion, admiten una cosa mil veces mas incomprensible que la creacion. ¿De dónde infieren la posibilidad de este tránsito? Nó de la experiencia, porque esta no les ofrece sino sucesion, y por tanto ninguna aparicion absoluta, á la manera que ellos fingen; nó de la razon, pues que esta no alcanza á hacer salir de una pura negacion un concepto positivo.

[60.] ¿Cómo se pasa del no A, al A? Los que reconocen el principio de causalidad dicen que se pasa con la accion de B, que llaman causa. Si se trata de producir una substancia, hacen intervenir la accion de un ser en quien suponen un poder infinito. Pero los que niegan el principio de causalidad, no pueden responder nada á dicha pregunta; sino que se pasa del no A, al A, absolutamente. Fingen el instante M, en que A no existia; y luego el instante N, en que A existe. ¿Por qué? no alegan razon ninguna: sin saber cómo, ha surgido de la nada el A, sin la accion de nada. Esto es una contradiccion manifiesta.

[61.] El principio de causalidad se funda en las ideas puras de ser y no ser. Puesto el no ser solo, vemos evidentemente que no puede comenzar el ser. El principio es pues puramente ontológico: los que apelan á solas razones de experiencia para establecerle ó combatirle, plantean mal la cuestion: la sacan de su verdadero terreno: confunden la noticia de la causalidad con la nocion ó idea de la causalidad.

Los filósofos que no salgan del órden sensible, no pueden afianzar sólidamente este principio: por cuya razon, solo han caido en el error ó en la duda sobre este punto, los que no admiten mas ideas que las sensaciones; y debieran haber caido en la misma duda todos los sensualistas, si hubiesen sido bastante lógicos para sacar las últimas consecuencias de su doctrina.


CAPÍTULO VII.

EL PRINCIPIO DE LA PRECEDENCIA.

[62.] El tránsito del no ser al ser implica sucesion: para concebir que algo comienza, es preciso concebir que este algo no existia. La serie

no A, A,

carece de sentido en faltando uno cualquiera de los términos: y estos, como contradictorios, no pueden existir á un mismo tiempo.

[63.] Imaginemos la nada absoluta. El primer término, no A, está solo. Toda existencia está negada: nada se puede afirmar, sin contradecir al supuesto. Entonces, no hay tiempo; porque siendo este la sucesion de las cosas, ó del ser y no ser (Lib. VII) no puede existir, cuando no se puede suceder nada, por no haber nada. Si suponemos que algo comienza, establecemos la serie no A, A; en cuyo caso imaginamos dos instantes diferentes M, N, á que corresponden respectivamente los términos de la serie, en esta forma:

no A, A.
M, N.

Y se podrá decir con verdad: M no es N. ¿Qué significa esta proposicion? Ya que el tiempo, y en general ninguna duracion se distingue de las cosas que duran (Lib. VII, Cap.s IV y V), N no puede representar sino la existencia de A, con relacion á no A; así como M, tampoco representará sino el no A, con relacion al A. De esto se sigue que en el concepto de A, en cuanto comienza, se incluye la relacion al no A, sin lo cual no puede ser concebido como comenzado.

[64.] Suponiendo al menos una inteligencia para conocer esta relacion, es concebible lo que se acaba de explicar; porque esta inteligencia, referiria el no A y el A, á su duracion propia, sucesivamente, si esta duracion fuese sucesiva, como la nuestra; de otro modo, si esta duracion no fuese sucesiva. Pero si no hay nada absolutamente, la serie no A, A, es inconcebible, pues la relacion del A, en cuanto comienza carece de término de comparacion, real ó pensado, á no ser que finjamos un tiempo puro, enteramente vacío, donde imaginemos colocados los términos de la serie.

[65.] Así parece, que por el mero hecho de pensar el A, en cuanto comenzado, pensamos tambien una existencia precedente; pues no hay comienzo, si al A no le ha precedido el no A; y esta precedencia no significa nada, si no hay una existencia á que se refiera, ya sea como á serie sucesiva, ya como á duracion inmutable.

[66.] Si A, debe ser precedido de una existencia B, tenemos que nada puede comenzar absolutamente, sin que algo exista; y que en el simple concepto de la sucesion hallamos la necesidad de algo existente siempre, para que algo pueda comenzar.

[67.] Como la duracion no es nada distinto de las cosas; los dos términos de la serie, B, A, de los cuales el uno precede al otro, no pueden ser colocados en una duracion absoluta, distinta de las mismas cosas; ó en dos instantes distintos, independientemente de las cosas. Esa relacion pues, que existe entre A y B, no es relacion de instante á instante, ya que los instantes en sí no son nada, sino de cosa á cosa; luego, por lo mismo que A comienza, tiene relacion necesaria con B. Por lo dicho, A no podria comenzar sin existir B; luego B, es condicion necesaria para la existencia de A. Luego resulta demostrado que todo ser que comienza, depende de un ser existente.

[68.] Esta demostracion se halla, bien que nó desenvuelta de este modo, en las obras del baron Pascual Galluppi, profesor de filosofía en la universidad de Nápoles (Cartas filosóficas sobre las vicisitudes de la filosofía, carta XIV); y aunque no se le puede negar que encierra mucha profundidad, sin embargo parece que no deja el entendimiento satisfecho del todo. Hé aquí las palabras del filósofo italiano.

«Esta proposicion, no hay efecto sin causa, ¿es una proposicion idéntica? Yo he demostrado su identidad de la manera que sigue. Lo que tiene un comienzo de existencia debe haber sido precedido ó de un tiempo vacío ó de un ser; porque de otro modo la cosa de que se trata seria la primera existencia y la primera letra del alfabeto de los seres, y no se podria decir que ella comienza á ser; porque esta nocion de comienzo de existencia implica en sí una prioridad con relacion al ser que comienza. Estas dos nociones existencia comenzada y existencia precedida de otro cosa, son pues idénticas; pero ¿es posible que una existencia sea precedida de un tiempo vacío? Yo he demostrado que una duracion vacía es una quimera, un producto de la imaginacion, falto de toda realidad. El desarrollo de esta prueba que no puedo exponer aquí, se hallará en mis Ensayos sobre la crítica del conocimiento. Allí tengo establecido que el tiempo no es otra cosa que el número de las producciones. Aristóteles ha dicho que el tiempo es el número del movimiento. Luego la existencia comenzada es una existencia precedida de otra existencia. Esta proposicion es idéntica; pero ¿cómo puede una existencia ser precedida de otra? La que precede ¿se halla por ventura en un instante de tiempo anterior al en que se encuentra la precedida? en este caso se recae en la doctrina del tiempo distinto de las cosas existentes. Así es menester admitir que la existencia que precede es tal que hace la existencia precedida existencia comenzada. Esta no es comenzada sino porque es precedida; la anterioridad de la existencia que precede es una anterioridad de naturaleza; una anterioridad objetiva, una anterioridad que hace el comienzo de la existencia precedida; ella es pues la causa eficiente de esta existencia. Así el gran principio de la causalidad resulta invenciblemente demostrado: es una proposicion idéntica.»

[69.] Repito que esta demostracion no deja del todo satisfecho; nó porque ella en sí misma no sea concluyente, sino porque necesita mas desarrollo. El nervio de la prueba está en la imposibilidad de concebir un comienzo, sin concebir algo preexistente; y de concebir precedencia, sin relacion de lo que comienza á lo que preexiste. No se comprende fácilmente, cómo de esta razon, se infiere la dependencia intrínseca de las cosas; y hasta el fundarse el argumento en una idea tan difícil como la del tiempo, aumenta mucho las dudas.

[70.] Supongamos que el mundo existe, y que algo comienza ahora. Entonces se concibe la precedencia sin la dependencia. Si bien se reflexiona, esto sucede á cada paso; pues que en realidad comienzan de continuo muchos seres, precedidos por otros de los cuales no dependen. Se dirá que no dependen de todos, sino de uno, pero esto mismo es lo que se busca. Para probar que el principio de causalidad está demostrado por la simple idea del órden de la duracion, es necesario probar que la relacion de precedencia es relacion de dependencia. Lo que comienza, supone algo; ciertamente; pero falta probar si depende de este algo, como de una cosa producente, ó tan solo como de una condicion, que nos haga posible el concepto del comienzo. Hasta que se haya probado que para el tránsito del no ser al ser, es indispensable la accion de un ser, parece no quedar probado el principio de la causalidad, sino el de la precedencia; y como el órden de las cosas en la duracion, ó sea la anterioridad y posterioridad, no nos representa mas dependencia que la de pura sucesion, resultaria que si nos limitásemos á la precedencia, no habríamos probado que todo lo que comienza debe depender de otro, sino que todo lo que comienza debe suceder á otro; esto último no es el principio de causalidad, sino de sucesion.

[71.] Aclaremos algo mas estas ideas.

Para que se comprenda mejor la dificultad que milita contra la demostracion anterior, observaré que para los que no admiten el principio de causalidad, no es imposible que comience cualquiera cosa, en cualquiera momento, sin ninguna causa. Representemos los seres sucesivos del universo por la serie ... A, B, C, D, E, ... y los tiempos en que existen, por la serie ..... a, b, c, d, e, ... Segun la demostracion que examinamos, ningun término ha podido comenzar, sin que le haya precedido otro; por manera que el D, comenzado, significa lo mismo que el D, precedido. Luego el D, tiene una relacion necesaria con el C, por la razon de que los instantes d y c, no son nada en sí mismos, en cuanto distintos de D y C.

Quien no admita el principio de causalidad, dirá que el D, puede comenzar sin ninguna dependencia del C; y que para hacer posible el concepto del comienzo, basta que haya existido siempre algo, aunque los términos precedentes y precedidos no tengan entre sí ninguna relacion. Así como el órden de los seres está representado por la serie..... A, B, C, D, E, se podrá imaginar otra serie.. M, N, P, Q, R, de modo que á las dos les corresponda la misma serie de tiempo..... a, b, c, d, e. Entonces el D, puede comenzar sin dependencia necesaria del C, porque basta que preexista P, en el instante c, para que se nos haga posible el concepto del comienzo; en cuyo caso, el D, no tendrá ninguna relacion necesaria con C, ni con P; bastándole la precedencia de uno ú otro. Y como es evidente que lo que se dice de C y de P, se podrá decir de otros cualesquiera términos de las mismas series ó de otras, resulta que la demostracion no conduce sino á la necesidad de concebir algo preexistente; y esto solamente para hacer posible el concepto de un comienzo. Y si á esto se añade la dificultad que de suyo ofrece la naturaleza de las ideas de tiempo y de toda duracion, parece que deberemos inferir que la demostracion no es tan satisfactoria como seria de desear. Los que no profundicen mucho en la idea del tiempo, apenas entenderán el sentido de la prueba; y los demás verán demostrada la contradiccion que se encierra en un comienzo absoluto; y por tanto la necesidad de que haya existido siempre algo; mas nó la dependencia intrínseca que se implica en la relacion de un efecto á su causa. Estas dificultades obligan á un exámen mas riguroso y profundo.

[72.] El principio de la precedencia nos conduce á un resultado importante. Nuestro entendimiento concibe absolutamente una existencia como eterna; pues que le es imposible el concebir un comienzo absoluto, sin un ser anterior.

[73.] El concepto de la nada absoluta nos es imposible. 1.° Porque este seria un concepto completamente vacío; ó mas bien la ausencia de todo concepto. La negacion, la concebimos relativamente á una existencia (Lib. V, cap. IX); pero nó absolutamente. 2.° Porque no es posible el concepto sin conciencia; y en esta, se halla implicada la idea de ser, de algo, la cual es contradictoria con la nada absoluta.

[74.] No pudiendo concebir la nada absoluta, concebimos siempre algo existente; y como por lo demostrado anteriormente, no podemos concebir un comienzo absoluto, resulta que no podemos pensar sin que nuestro pensamiento implique el concepto de una existencia eterna.

¡Que verdad tan luminosa! ¡Cuántas reflexiones inspira! Sigamos meditando.

[75.] Resulta pues que es un hecho primitivo de nuestro espíritu la necesidad de pensar lo necesario y eterno; y que la confusion que sentimos al pensar en la duracion en abstracto, y esa inclinacion á fingir tiempos, antes que existiera el mundo, nace de la necesidad de concebir lo eterno, necesidad de que nuestro espíritu no puede emanciparse, supuesto que piense.

[76.] La basa del principio de contradiccion: la idea de ser, se halla en nuestros conceptos de una manera absoluta; su opuesta la de no ser, se halla tan solo con respecto á lo contingente; es una especie de condicion implicada en la contingencia.

[77.] Todo lo contingente incluye algo de no ser; por lo mismo que es contingente, puede no ser, y por tanto su no ser, está cuando menos en el órden de la posibilidad. Pero esos tránsitos del no ser al ser, no son ni siquiera concebibles, sino presuponiendo algo existente, necesario y eterno.

[78.] Así, hallamos en nuestras ideas el ser como absoluto, y el no ser como relativo; y el ser que ha salido del no ser, ó que ha comenzado, no lo podemos concebir sino con relacion á un ser absoluto.

[79.] Esta relacion objetivamente considerada, no nos parece á primera vista la de causalidad, sino la de sucesion; pero nos ofrece un hecho subjetivo que nos lleva al conocimiento de la verdad objetiva. En efecto: ya que nuestros conceptos de no ser y ser, están ligados de tal suerte que no podemos concebir el tránsito del no ser al ser, sin concebir un ser preexistente: hallamos aquí un reflejo de la causalidad objetiva, que se nos revela en los hechos subjetivos. La duracion, como distinta de las cosas, es una pura imaginacion; la relacion pues de las duraciones es la relacion de los seres. Es verdad que por lo dicho, en esta relacion de duraciones descubrimos solo la sucesion, y nó la dependencia intrínseca; pero esta dependencia, aunque no conocida intuitivamente, se halla representada en el mismo enlace con que concebimos los seres en la duracion. Es cierto que podemos imaginar diferentes series; pero la de los tiempos, es una pura imaginacion, en cuanto la concebimos distinta de los demás. Si la serie de los tiempos desaparece, solo restan las series de las cosas: la relacion entre los términos será la relacion entre las cosas; y la dependencia llamada de sucesion, será una dependencia de realidad. La relacion real, de lo que pasa del no ser al ser, con lo que es absolutamente, es una dependencia de causalidad.

[80.] Imaginemos las series de realidades que se quieran.

A, B, C, D, E, ........
M, N, P, Q, R, ........

la del tiempo a, b, c, d, e, en cuanto distinta de las demás, no significa nada. En este caso, se la puede eliminar; y todas las relaciones de unos términos á otros, no serán de tiempos, sino de cosas.

Ahora bien: se ha demostrado que un término D, por ejemplo, no puede ser concebido pasando del no ser al ser, ó comenzando, sino con una relacion; y esta por lo explicado, es relacion real del D, á un término cualquiera. Se habia objetado que el D podia comenzar, con tal que hubiese otro término, que hiciese posible el concepto de la prioridad, y por tanto del comienzo; para lo cual se le iba á buscar en otra serie distinta; pero si bien se reflexiona, esto no es mas que cambiar de nombres: porque si el término necesario para el comienzo, se halla en otra serie, en ella se hallará la causa, pues que allí estará lo que se necesita para el efecto.

[81.] Todos los términos comenzados, presuponen otros, uno ó mas, pues aquí prescindimos de su unidad; luego al fin hemos de parar á uno ó mas términos no comenzados. Los comenzados no pueden haber comenzado, sin la existencia de los no comenzados; luego la existencia de estos les es necesaria para la suya. Luego en la de estos se halla la razon de su existencia comenzada; luego la verdadera causalidad.

[82.] Las dificultades que se oponen á esta demostracion nacen de que sin advertirlo, se falta al supuesto, atribuyendo á la duracion una existencia distinta de los seres. Para comprender toda la fuerza de la prueba es necesario eliminar del todo el concepto imaginario de la duracion pura: y entonces se ve que la dependencia representada como relacion de duracion, es una dependencia de los seres en sí mismos, dependencia que no nos ofrece otra cosa que la misma relacion expresada por el principio de causalidad.

[83.] Eliminado completamente el concepto de duracion pura, como de una cosa distinta de los seres, resta solo el tránsito del no ser al ser, única cosa que puede expresarse por la palabra comenzar. En este caso hallamos, que el principio de la precedencia es el mismo principio de causalidad; y como para soltar las dificultades, hemos tenido que prescindir completamente de la duracion en sí misma, nos hallamos con que el principio de causalidad, si ha de quedar fuera de duda, y ha de ser contado entre los axiomas, no puede fundarse sino en la contradiccion entre el ser y el no ser; en la imposibilidad de concebir un ser que aparece de repente, sin que le preceda nada mas que un puro no ser.

[84.] Así en último resultado, y despues de haber dado tantas vueltas á la cuestion, venimos á parar á lo mismo que teníamos establecido en los capítulos anteriores; un no ser no puede llegar á ser, sin la intervencion de un ser: la serie no A, A, es imposible, si no interviene un ser, B. Así lo hallamos en nuestras mismas ideas; y contradecir á esta verdad, es negar nuestra propia razon.

Creo pues, que el principio de causalidad no resulta completamente explicado sino ateniéndonos á lo dicho en los capítulos anteriores. El comenzar, supone un no ser de lo que comienza; y del concepto de no ser, es imposible que salga el ser: esto es contradictorio. El principio es verdadero subjetivamente, pues estriba en nuestras mismas ideas; pero lo es tambien objetivamente, á causa de que en tales casos la objetividad está necesariamente ligada con la subjetividad (Lib. I, Cap. XXV). El ser apareciendo repentinamente, sin causa, sin razon, sin nada; es una representacion absurda, que nuestro entendimiento rechaza con la misma fuerza é instantaneidad que admite el principio de contradiccion.

Como el tiempo es la relacion del no ser al ser, el órden entre lo variable, se concibe tambien que el concebir sucesion, sin algo que preexista, es contradecirse; y así el principio de la precedencia, viene á fortalecer el principio de causalidad; ó mas bien, se manifiesta que son uno solo, bien que presentados bajo diferentes aspectos: el de precedencia, se refiere á la duracion, el de causalidad al ser: pero ambos expresan una aplicacion del principio fundamental: es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo.


CAPÍTULO VIII.

LA CAUSALIDAD EN SÍ MISMA. INSUFICIENCIA Y ERROR DE ALGUNAS EXPLICACIONES.

[85.] La causalidad implica relacion: si está puesta en ejercicio, implica relacion actual; considerada sin ejercicio, ó in potentia, implica relacion posible. Nada se causa á sí mismo; la causalidad se refiere siempre á otro. No hay causa cuando no hay efecto; y no hay efecto cuando no hay tránsito del no ser al ser. Si este tránsito se verifica en una substancia que no era, y comienza á ser, se apellida creacion: esta se llama pasiva, relativamente al efecto; activa, con respecto á la causa. Si el tránsito es de solos accidentes, el efecto es una modificacion nueva; no se dice que hay un nuevo ser, sino que un ser es de otro modo.

[86.] De esto se infiere que causalidad no es lo mismo que actividad; toda causalidad es actividad; mas nó toda actividad es causalidad. Dios es activo en sí mismo; pero no es causa sino con relacion á lo externo. Su inteligencia y su voluntad consideradas en sí, prescindiendo de la creacion, como concebimos á Dios antes del principio del mundo desde toda la eternidad, son ciertamente actividad infinita; y sin embargo en cuanto son puramente inmanentes, no son causalidad, porque no producen nada nuevo en Dios: su inteligencia es un acto puro, infinitamente perfecto, que jamás sufre ni puede sufrir ninguna mudanza; lo mismo debe decirse de su voluntad; luego la inteligencia y la voluntad divina con respecto al mismo Dios, no son actos de causalidad; y aun en cuanto se refieren á los objetos externos, no son causa producente en la realidad, sino con sujecion á la voluntad libre del Criador; de otro modo deberíamos admitir que Dios ha criado el mundo por necesidad.

La actividad en la criatura, aun en las operaciones inmanentes, es siempre causalidad; porque no puede ejercerla, sin que produzca nuevas modificaciones. Los actos de entendimiento y voluntad son ejercicio de una actividad inmanente, y no dejan por esto de modificarnos de diferentes maneras. Cuando pensamos ó queremos, somos de otro modo que cuando no queremos ni pensamos; y cuando pasamos de pensar ó querer una cosa, á pensar ó querer otra, este tránsito no puede verificarse, sin que experimentemos modos nuevos de ser.

[87.] ¿En qué consiste la relacion de causalidad eficiente? ¿qué significa la dependencia del efecto con respecto á la causa? Esta es una cuestion difícil, profunda, una de las mas difíciles y profundas que puedan ofrecerse á la ciencia. El vulgo de los hombres y aun de los filósofos, cree resolverla empleando palabras que bien analizadas, no aclaran nada.

[88.] Causar, se dice, es dar el ser.—¿Qué significa dar?—Dar, es aquí sinónimo de producir.—¿Qué significa producir? Con esto se acaban las explicaciones, si no se quiere caer en un círculo, diciendo, que producir es causar ó dar el ser.

Causa, se dice tambien, es aquello de que resulta una cosa.—¿Qué se entiende por resultar?—Dimanar.—¿Qué es dimanar?—Dimanar es venir, salir una cosa de otra.—Siempre lo mismo: palabras metafóricas que en el fondo tienen un significado idéntico.

Se dice de la causa que da, produce, hace, comunica, engendra, etc., y del efecto, que recibe, dimana, procede, resulta, viene, nace etc.

[89.] La causalidad implica sucesion; pero no se identifica con ella. Concebimos muy claramente que B es despues de A, sin que A sea causa de B. La experiencia interna y externa nos ofrece continuos ejemplos de una sucesion distinta de la causalidad. Un hombre sale al campo, otro sale despues de él; entre las salidas hay sucesion, y puede no haber ninguna causalidad. Los dos fenómenos considerados ya objetivamente, esto es, en sí mismos, ya subjetivamente esto es, en cuanto son conocidos por nosotros, están enlazados por la relacion de sucesion; mas nó por la de causalidad. Tanto en el lenguaje filosófico como en el oratorio, el post y el propter, despues y por, significan cosas muy diferentes. En los fenómenos puramente internos, se verifica lo mismo. Pienso en una cuestion filosófica, y luego me ocupo de una cuestion literaria: los dos pensamientos son sucesivos, sin que el uno sea causa del otro.

[90.] La relacion de causalidad no es el enlace de las ideas de las cosas. Las representaciones de A y B pueden estar fuertemente enlazadas en nuestro espíritu, sin que nos acordemos siquiera de la relacion de causalidad. En un lugar hemos visto una escena que nos ha hecho impresion profunda; el recuerdo del lugar nos recordará siempre la escena, y el recuerdo de la escena nos recordará siempre el lugar: aquí encontramos dos representaciones internas, fuertemente enlazadas, sin que por esto atribuyamos á los objetos la relacion de causalidad. Sabemos que dos personas acuden á un mismo punto, por motivos diferentes, sin que la ida de la una influya en la de la otra. La idea de la ida de la una se asociará en nuestro entendimiento con la de la ida de la otra; habrá pues enlace de representaciones, no obstante de que negaremos á los objetos la relacion de causalidad.

[91.] Aun cuando el enlace de las ideas sea tal que en nuestro entendimiento, por efecto de una experiencia constante, la una sea precedida siempre de la otra como lo condicional lo es de la condicion, esto no basta para la verdadera causalidad. Un observador ha notado constantemente la correspondencia del flujo y reflujo del mar con el movimiento de la luna; pero ya sea por razones filosóficas, ya porque no le haya ocurrido que el movimiento de la luna pueda influir en el movimiento del mar, considera estos fenómenos como del todo independientes el uno del otro, por mas que no acierte á explicarse la razon de tan singular coincidencia. En el entendimiento de este observador se ligarán los dos fenómenos de tal suerte que el de la luna precederá al del flujo y reflujo, sin que le sea dable invertir el órden, haciendo preceder el del flujo y reflujo al del movimiento de la luna. Hé aquí pues una prioridad necesaria en una idea, sin que se atribuya al objeto verdadera causalidad.

[92.] Si bien se reflexiona, hay en la historia de la filosofía un hecho que prueba hasta la última evidencia la exactitud de lo que acabo de decir: el sistema de las causas ocasionales sostenido por filósofos eminentes. Si un cuerpo en movimiento, dicen ellos, choca con otro cuerpo que está en quietud, le comunicará su movimiento; pero esta comunicacion no significa verdadera causalidad, sino que el movimiento del cuerpo chocante es una simple ocasion del movimiento del cuerpo chocado. Hé aquí pues concebida una cosa como una condicion necesaria para la existencia de la otra, sin embargo de que se niega que haya entre ellas la relacion de causalidad. Al pensar en los dos fenómenos, no podemos invertir el órden, concibiendo el movimiento del cuerpo chocado como condicion del movimiento del cuerpo chocante; y á pesar de esto, se puede negar la relacion de causalidad entre la condicion y lo condicional. Luego la idea de causalidad nos representa algo mas que el órden necesario de las cosas entre sí.

[93.] Esto nos conduce á una nueva fase de la cuestion. ¿La relacion de causalidad, está fielmente representada en la proposicion condicional: si A existe, existirá B? El enlace expresado por esta proposicion no es la relacion de causalidad. En cierto país, si el frutal N florece, florecerá el M; así lo ha enseñado una experiencia constante; la proposicion condicional en este caso, no expresa relacion de causalidad del florecer de N con respecto al de M; y sin embargo la proposicion es verdadera. Un fenómeno puede ser signo de la inmediata venida del otro, sin ser su causa.

[94.] Las proposiciones condicionales en que se afirma la existencia de un objeto como condicion de la existencia de otro, expresan un enlace; pero este puede no ser de los objetos entre sí, sino con un tercero. Si un criado de un caballero se dirige á un punto, luego se dirige hácia el mismo punto otro criado: la direccion del primero podrá no ser causa de la del segundo, sino de que el amo quiere que los dos vayan el uno tras del otro. Las mieses de un terreno indican el estado de las de otro; y este indicio puede expresarse en una proposicion condicional; ¿por qué? ¿es acaso por razon de la causalidad del estado de unas mieses respecto al de las otras? nó por cierto; sino porque las circunstancias del clima y de la tierra, producen entre ellas un órden de tiempo bastante fijo, para verificar la proposicion condicional, sin que intervenga la idea de causalidad de la una con respecto á la otra.

[95.] Hay muchos casos en que la relacion entre la condicion y lo condicional es necesaria, y sin embargo la condicion no es ni puede ser causa de lo condicional. Recuérdese que aquí tratamos de causa eficiente, de aquella que da el ser á la cosa, y seria muchas veces absurdo el atribuir este género de causalidad á condiciones, que por otra parte están necesariamente ligadas con lo condicional. Si se quita una coluna en que se apoya un cuerpo, el cuerpo caerá; el enlace de la condicion con lo condicional, ó de quitar la coluna con la caida del cuerpo, es necesario; la proposicion en que se expresa, es verdadera y necesaria en el órden natural; y sin embargo no se puede decir que la remocion de la coluna sea la causa eficiente de la caida del cuerpo.

[96.] Para que la proposicion condicional se verifique basta el enlace, aunque sea puramente ocasional; y nadie ha confundido jamás la ocasion con la causa. En el ejemplo presente, el cuerpo no podia caer sin remover la coluna; y debia caer por necesidad en cuanto se la removiese; pero la causa de la caída no está en la remocion sino en la gravedad, como lo manifiesta el que si el cuerpo que se hallaba sobre la coluna hubiese tenido una gravedad específica igual á la del flúido en que se hallaba sumergido, la remocion de la coluna no le habria hecho caer.

[97.] La causalidad no puede expresar una relacion necesaria de la condicion á lo condicional, si no se quieren destruir las causas libres. Suponiendo que la idea de causalidad estuviese exactamente expresada en la proposicion: si A existe, existirá B; tendríamos que sustituyendo á las letras A y B, Dios y mundo, se nos convertiria en esta otra: si Dios existe, existirá el mundo; lo que nos haria caer en el error de la necesidad de la creacion, y sustituyendo en vez de A y B, hombre y acciones determinadas, tendríamos: si el hombre existe, existirán sus acciones determinadas; lo que si implica necesidad, mata el libre albedrío.

[98.] Aquí se presenta una cuestion: ¿la relacion de causalidad estaria exactamente expresada en una proposicion condicional, tomada en sentido inverso, poniendo el efecto como condicion y la causa como condicional (nó condicional de existencia, sino de cosa necesariamente supuesta), esto es, si en vez de decir: si A existe existirá B, dijésemos, si B existe, existe A? En este caso la proposicion se puede aplicar aun á la dependencia de las criaturas con respecto á Dios; y en general á las acciones libres con respecto á sus causas, porque se puede decir con verdad: si el mundo existe, Dios existe; si hay una accion libre, existe un agente libre.

[99.] Aunque á primera vista parezca que la relacion de causalidad se explica de este modo, desde luego se descubre que la nueva fórmula tampoco es exacta. Porque, si bien es verdad en general, que si hay el efecto hay la causa, tambien es cierto que muchas veces una cosa supone á otra, nó como un efecto á una causa, sino como una simple ocasion, ó como una condicion sine qua non, que dista mucho de la verdadera causalidad. Suponiendo que el cuerpo sustentado por la coluna estuviese afianzado de tal modo que no hubiese podido caer sin removerse la coluna, se podria formar la proposicion condicional: si el cuerpo ha caido, la coluna ha sido removida; la proposicion seria verdadera sin que la remocion de la coluna fuese causa eficiente de la caida del cuerpo.

[100.] Dios podria haber criado el mundo de manera que las criaturas no tuviesen verdadera accion de causalidad las unas sobre las otras; y no obstante haberlas dispuesto de tal modo que los fenómenos se correspondiesen los unos con los otros en el mismo órden que en la actualidad. Así lo piensan los defensores de las causas ocasionales; y á esto viene á parar tambien la armonía prestabilita de Leibnitz, en la cual todas las mónadas que constituyen el universo, son como otros tantos relojes, que aunque independientes los unos de los otros, andan acordes con admirable precision. En estas hipótesis se podrian formar infinitas proposiciones condicionales, expresando las correspondencias de los fenómenos, sin que interviniese para nada la idea de causalidad.

[101.] Inferiremos de lo dicho que esta idea es algo distinta del enlace necesario; y que aun considerada en toda su pureza, no está exactamente expresada por la relacion significada en las proposiciones condicionales, ya sea que la causa se tome como condicion, ya sea que se tome como condicional. La dependencia del efecto respecto á la causa, es algo mas que un simple enlace; decir que todo lo que está ligado por necesidad, aun cuando sea sucesivamente, y en un órden fijo, está ligado con relacion de causalidad, es confundir las ideas así vulgares como filosóficas.


CAPÍTULO IX.

CONDICIONES NECESARIAS Y SUFICIENTES PARA LA VERDADERA CAUSALIDAD ABSOLUTA.

[102.] Acabamos de ver que no basta el enlace necesario de dos objetos para que atribuyamos á esta relacion el carácter de causalidad: ¿qué circunstancias son menester para dicho carácter?

[103.] Si concebimos B, objeto que comienza, y suponemos que para su existencia ha sido necesario el objeto A; y este por sí solo, ha bastado para la existencia de B, encontramos en la relacion de A con B, el verdadero carácter de relacion de una causa á su efecto. Por manera que para el completo carácter de causa absoluta, son indispensables dos condiciones: 1.ª la necesidad de la existencia de A para la existencia de B. 2.ª El que sea bastante la existencia de A para que pueda existir B, sin que se requiera nada mas.

Estas condiciones pueden formularse en las proposiciones siguientes.

Si B existe, A existe.

Con solo existir A, basta para que pueda existir B.

Cuando entre dos objetos se halla una relacion tal que hace verdaderas simultáneamente estas dos proposiciones, hay relacion de causalidad absoluta.

[104.] Desde luego se echa de ver que con la explicacion que precede, pierden el carácter de causa todas las meras ocasiones, pues que no se les puede aplicar la segunda proposicion. De dos hechos enlazados ocasionalmente se dirá, que si el uno existe, existirá el otro, y por tanto se verificará de ellos la primera proposicion; pero no se dirá que con tal que el uno exista, haya lo bastante para existir el otro; así fallará en este caso la proposicion segunda. Si dos hombres están concertados para que el uno dispare un tiro en el momento que otro le haga una seña con la mano, se podrá decir que si se hace la seña se disparará el tiro; pero nó que con la seña sola, haya todo lo suficiente para que se dispare el tiro. En efecto; supongamos que el que tiene el arma de fuego se duerme, la señal se repetirá muchas veces, pero el tiro no saldrá.

[105.] Tambien se quita el carácter de causa á toda condicion, que solo lo es para remover obstáculos, removens prohibens. En tales casos es aplicable la primera proposicion, mas nó la segunda. De un cuerpo afianzado sobre una coluna de modo que no pueda caer sin que la coluna se remueva, se podria decir: si el cuerpo ha caido, la coluna ha sido removida; pero nó que baste la remocion de la coluna para la caida del cuerpo; pues que si este fuese específicamente menos grave que el flúido en que se halla sumergido, ó bien estuviese unido con otro que no le dejase caer, no caeria. Es evidente que para la caida no basta remover el obstáculo, sino que se necesita algo mas, como la fuerza de gravedad, ó un impulso cualquiera.

[106.] Todos los fenómenos enlazados en sucesion de tiempo de un modo necesario, y en un órden fijo, pierden tambien la relacion de causas y efectos, si no se les atribuye algo nuevo que legitime la aplicacion de estas ideas; pues que aun cuando el órden constante autorice á decir que, si viene A vendrá B, y luego C y luego D, y así sucesivamente, no se puede decir que con la existencia de A haya todo lo bastante para la de B ni en la de B para la de C, ya que suponemos fuera de la serie algo que debe contribuir como una condicion indispensable.

[107.] La primera proposicion: Si B existe, existe A; es verdadera con relacion á toda causa, necesaria ó libre. La segunda proposicion es aplicable tambien á estas dos especies de causas. Es preciso notar con cuidado que la proposicion no dice que si A existe existirá B; sino que la existencia de A basta para que pueda existir B. Si puesto A, se pusiese necesariamente B, la causa seria necesaria; pero si puesto A, solo se pone lo suficiente para la existencia de B, la causa queda libre; pues que no se afirma la existencia de B, sino la posibilidad de la existencia.

[108.] Apliquemos esta doctrina á la primera causa. Si el mundo existe, Dios existe; esta proposicion es absolutamente verdadera. Si Dios existe, el mundo existe; la proposicion es falsa; pues que existiendo Dios, el mundo podria no haber existido. Si Dios existe, el mundo puede existir; esto es, con la existencia de Dios hay lo suficiente para la posibilidad de la existencia del mundo: esta proposicion es verdadera: porque en el ser infinito se funda la posibilidad de los seres finitos, y en él se halla el poder suficiente para darles la existencia, si así lo quiere con su voluntad libre.