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Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1 cover

Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1

Chapter 13: Libro de los Alcázares.
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About This Book

The work unfolds as an extended Romantic poem that blends an introductory legend with a series of lyrical and narrative cantos evoking the Alhambra and Granada's past. It alternates vivid Orientalist imagery, supernatural reminiscence, and reflective fantasy to reconstruct vanished traditions and loves, using poetic voices that summon ghosts, memories, and historic tableaux. Themes include nostalgia for a lost world, the power of poetic imagination to transcend time and distance, and the mingling of popular legend with personal meditation, presented in ornate verse that mixes storytelling, descriptive passages, and devotional reverie.

Libro de los Alcázares.

¡Granada! Ciudad bendita
Reclinada sobre flores,
Quien no ha visto tus primores
Ni vió luz, ni gozó bien.
Quien ha orado en tu mezquita
Y habitado tus palacios,
Visitado ha los espacios
Encantados del Edén.
Paraíso de la tierra,
Cuyos mágicos jardines
Con sus manos de jazmines
Cultivó celeste hurí,
La salud en ti se encierra,
En ti mora la alegría,
En tus sierras nace el día,
Y arde el sol de amor por ti.
Tus fructíferas colinas,
Que son nidos de palomas,
Embalsaman los aromas
De un florido eterno Abril:
De tus fuentes cristalinas
Surcan cisnes los raudales:
Bajan águilas rëales
Á bañarse en tu Genil.
Gayas aves entretienen
Con sus trinos y sus quejas
El afán de las abejas
Que en tus troncos labran miel:
Y en tus sauces se detienen
Las cansadas golondrinas
Á las playas argelinas
Cuando emigran en tropel.
En ti como en un espejo
Se mira el profeta santo:
La luna envidia el encanto
Que hay en tu dormida faz:
Y al mirarte á su reflejo
El arcángel que la guía,
Un casto beso te envía
Diciéndote:—«Duerme en paz.»
El albor de la mañana
Se esclarece en tu sonrisa,
Y en tus valles va la brisa
De la aurora á reposar.
¡Oh Granada, la sultana
Del deleite y la ventura!
Quien no ha visto tu hermosura
Al nacer debió cegar.
¡Aláh salve al Nazarita,
Que derrama sus tesoros
Para hacerte de los Moros
El alcázar imperial!
¡Aláh salve al rey que habita
Los palacios que en ti eleva!
¡Aláh salve al rey que lleva
Tu destino á gloria tal!
Las entrañas de tu sierra
Se socavan noche y día;
Dan su mármol á porfía
Geb-Elvira y Macaël;
Ensordécese la tierra
Con el són de los martillos,
Y aparecen tus castillos,
Maravillas del cincel.
Ni un momento de reposo
Se concede: palmo á palmo,
Como á impulso de un ensalmo,
Se levanta por doquier
El alcázar portentoso
Que, mofándose del viento,
Será eterno monumento
De tu ciencia y tu poder.
Reverbera su techumbre
Por las noches, á lo lejos.
De las teas á la lumbre
Que iluminan sin cesar
Los trabajos misteriosos,
Y á sus cárdenos reflejos
Van los Genios sus preciosos
Aposentos á labrar.
¿De quién es ese palacio
Sostenido en mil pilares,
Cuyas torres y alminares
De inmortales obras son?
¿Quién habita el regio espacio
De sus cámaras abiertas?
¿Quién grabó sobre sus puertas
Atrevido su blasón?
¿De quién es aquella corte
De galanes Africanos
Que le cruzan tan ufanos
De su noble Amir en pos?
En su alcázar y en su porte
Bien se lee su nombre escrito:
Al-hamar.—¡Aláh bendito,
Es la Alhambra!—¡Gloria á Dios!