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Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1 cover

Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1

Chapter 16: AL-HAMAR EN SUS ALCÁZARES
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About This Book

The work unfolds as an extended Romantic poem that blends an introductory legend with a series of lyrical and narrative cantos evoking the Alhambra and Granada's past. It alternates vivid Orientalist imagery, supernatural reminiscence, and reflective fantasy to reconstruct vanished traditions and loves, using poetic voices that summon ghosts, memories, and historic tableaux. Themes include nostalgia for a lost world, the power of poetic imagination to transcend time and distance, and the mingling of popular legend with personal meditation, presented in ornate verse that mixes storytelling, descriptive passages, and devotional reverie.

AL-HAMAR EN SUS ALCÁZARES

Liberal de sus erarios,
Protector del desvalido,
Fiel, lëal para el vencido
Y del sabio amparador:
Por amigos y contrarios
Estimado en paz y en guerra,
Es la egida de su tierra
Al-hamar el vencedor.
En la paz, rey justiciero,
Oye atento en sus audiencias
Y da recto sus sentencias
Por las leyes del Korán.
En la guerra, compañero
Del soldado, buen guerrero,
Por valiente va el primero
Como va por capitán.
Ostentosa en aparato,
Costosísima en su porte,
Á los ojos de su corte
Muestra su alta dignidad:
Pero al dar con tal boato
Real decoro á la corona,
Niega sobrio á su persona
Lo que da á su majestad.
No dejado, mas modesto
En su gala y vestidura,
Da á su cuerpo limpia holgura
Y elegante sencillez:
Y recibe á su presencia,
Dondequiera al bien dispuesto,
Con cordial benevolencia
Al dolor y á la honradez.
Franco, afable, igual, sencillo
En su vida y ley privada,
En su pecho está hospedada
La leal cordialidad;
Y depuesto el regio brillo,
Los amigos de su infancia
En el fondo de su estancia
Hallan siempre su amistad.
Sus más fieros enemigos
Los Amires castellanos
Le visitan cortesanos
Y le piden protección:
Y él les trata como á amigos,
Con sus nobles les iguala,
Les festeja y les regala
Sin doblez de corazón.
Moderado en sus placeres
Cual frugal en sus festines,
Da opulento á sus mujeres
Mesa opípara en su harén;
Pero no entra en sus jardines
Tierno amante ó fiel esposo
Hasta la hora del reposo,
Como á un Príncipe está bien.

El Korán cuatro sultanas
Le permite, y como tales
En sus Cámaras rëales
Alojadas cuatro están.
Á las cuatro tiene vanas
El amor del Nazarita,
Mas ninguna es favorita
En el alma del Sultán.

Las almées y los juglares
De más gracia y más destreza
Tiene á sueldo, con largueza
Atendiendo á su placer:
Y en sus fiestas familiares
Las prodiga el noble Moro
Cuanto pueden amor y oro
Por espléndido ofrecer.

Es su harén del gozo fuente
Y de fiestas laberinto:
Estremece su recinto
Siempre alegre conmoción,
Y resuena eternamente
Por los bosques de la Alhambra
El compás de libre zambra,
De las músicas el són.

Al-hamar en tanto, á solas
Con sus íntimos cuidados,
En el bien de sus estados
Piensa inquieto sin cesar;
Y sobre las mansas olas
De aquel mar de dicha y calma
Brilla el faro de su alma,
Vela el ojo de Al-hamar.

Afanoso, inquieto, activo
Mientras dura el día claro,
De los débiles amparo,
Peso fiel de la igualdad,
Sin quitar pie del estribo,
Sin dejar puerta, ni torre,
Ni mercado, ve y recorre
Por sí mismo la ciudad.

Por doquier con recta mano
La justicia distribuye,
Por doquier sagaz se instruye
De las faltas de su ley,
Y la enmienda soberano
Del bien de su pueblo amigo,
Porque sirva de castigo
Y de amparo de su grey.

Así el noble Nazarita,
Rey y luz del huerto ameno
De Granada, Edén terreno
Modelado en el Korán,
Sus alcázares habita
De virtud siendo rocío,
Siendo rayo del impío
Y decoro del Islam.

Vencedor, nunca vencido,
Rey piadoso, juez severo,
En la lid buen caballero
Y en la paz sol de su fe:
De sus pueblos bendecido,
De enemigos respetado,
Y de fieles rodeado,
El excelso Amir se ve.

Y así mora el Nazarita
Sus alcázares dorados,
Misteriosamente alzados
Del placer para mansión.
Mas ¿quién sabe si él habita
Su morada encantadora,
Y el pesar oculto mora
En su regio corazón?

Triste, insomne, solitario,
Como sombra taciturna
Que á su nicho funerario
Un conjuro hace asomar,
Á las brechas angulares
De su torre de Comares
En la lobreguez nocturna
Tal vez asoma Al-hamar.

Apoyado en una almena
De la gigantesca torre,
Del río que á sus pies corre
Oye distraído el són,
Y contempla en los espacios,
Que la espesa sombra llena,
De su corte y sus palacios
El fantástico montón.

Pertinaz á veces mira
Del fresco valle á la hondura,
Sombra, espacio y espesura
Anhelando penetrar:
Muévese allí el aura mansa
No más: de mirar se cansa,
Y el rostro vuelve y suspira
Melancólico Al-hamar.

¡Cuántas veces en la almena
Le sorprende la mañana,
Y al afán que le enajena
Treguas da su resplandor:
Y sin dar un hora al sueño,
De Granada vuelve el dueño
De sí á echar lo que le afana,
De sí mismo vencedor!

Mas ¿quién lee sobre su frente
El oculto pensamiento
Que tras ella turbulento
Lleva el alma de él en pos?
Sólo Aquél que da igualmente
Las venturas y los males,
Y las dichas terrenales
Con el duelo acota.—Dios.

Dios, que tierra y mar divide,
La eternidad sonda y mide,
Del espacio sabe el límite
Y del mundo ve el confín.
Dios, cuya grandeza canto,
Y con cuyo nombre santo
Al libro de los Alcázares
Reverente pongo fin.