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Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1 cover

Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1

Chapter 20: Libro de las Nieves.
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About This Book

The work unfolds as an extended Romantic poem that blends an introductory legend with a series of lyrical and narrative cantos evoking the Alhambra and Granada's past. It alternates vivid Orientalist imagery, supernatural reminiscence, and reflective fantasy to reconstruct vanished traditions and loves, using poetic voices that summon ghosts, memories, and historic tableaux. Themes include nostalgia for a lost world, the power of poetic imagination to transcend time and distance, and the mingling of popular legend with personal meditation, presented in ornate verse that mixes storytelling, descriptive passages, and devotional reverie.

Libro de las Nieves.

INSPIRACIÓN

No hay más que un solo Dios. Él solo es grande,
Solo infinito, omnipotente solo.
Nada hay que para ser no le demande
Licencia: Él pesa la virtud y el dolo,
Y el premio envía ó el azote blande.
Todo lo oye y lo ve de uno á otro polo,
Y cosa no hay por elevada ú honda
Que á su mirada universal se esconda.
No hay más que un solo Dios, cuya crëencia
Luz es y salvación: doquier la marca
Brilla de su poder y de su ciencia.
Dios solo es triunfador; solo monarca
Del universo es Él: su omnipotencia
Con ley universal todo lo abarca:
Su presencia inmortal todo lo inunda,
Todo lo vivifica y lo fecunda.
Él los mundos arregla ó desordena
Según su excelsa voluntad divina:
Él al tiempo dirige: Él encadena
Los elementos á sus pies: domina
El huracán: tras el nublado truena:
Luce á través del alba purpurina:
Entapiza con nieve las montañas,
Y abrasa con volcanes sus entrañas.
El murmullo del agua, el són del viento,
El susurro del bosque estremecido
Por sus inquietas ráfagas, el lento
Arrullo de la tórtola, el graznido
Del cuervo vagabundo, todo acento
Por ave, fiera ó eco producido,
El nombre santo de su Dios pronuncia,
Su gloria canta, su poder anuncia.
Él los errantes astros encamina:
Él azula la atmósfera serena:
Él crea y Él destruye, alza y arruina:
Él, infalible juez, salva y condena:
Él solo ni envejece, ni declina:
Él solo el hueco de los mundos llena:
El orbe encima de su palma cabe:
Solo Él no yerra nunca: solo Él sabe.
No hay más que un solo Dios. Los que le niegan
Con altivez blasfema, palidecen
Cuando al umbral de su sepulcro llegan:
Los que en su ciencia ruin se ensoberbecen
Y de Él se mofan, al morir le ruegan.
Por Él existen y por Él perecen
Todos. No hay más que un Dios. Ante su nombre
¿Qué es el orgullo y el saber del hombre?
Siglo, que audaz el de la luz te llamas
Y por miles de plumas y de bocas
El manantial de tu saber derramas:
Siglo de ciencia, que el error derrocas,
La virtud premias y el ingenio inflamas:
Siglo, que dices que á la cumbre tocas
De la dicha, que el mundo civilizas
Y tu raza de sabios divinizas:
Siglo de prensas y de bolsa y agio,
Que, en carros de vapor, hasta la luna
Intentas difundir el gran contagio
De la ciencia, y parar á la fortuna
Con tus empresas mil..... ¡siglo de plagio
Que, en solos nueve lustros, en sí aduna
Más maestros, artistas y doctores
Que hubo en ciento estudiantes y lectores!....
¿De dónde vienen los que nacen? ¿Dónde
Van los que mueren? ¿Dónde, en qué lejano
Lugar se acuesta el sol? ¿En cuál se esconde
La luna de su luz? ¿Cuál es la mano
Que les guía á los dos? Habla, responde,
Orgullo necio del saber humano,
Hojea el libro de tu ciencia osada:
¿Qué es lo que sabes de tu origen?—Nada.
No hay más que un solo Dios, que nada ignora:
Él conoce las puertas de la tierra;
Abre las de la cuna y de la aurora:
Las de la noche y de la tumba cierra.
Más allá de las dos Él solo mora,
Él solo sabe lo que allá se encierra;
De allá viene, allá va quien nace y muere.
¿Por qué? Su voluntad así lo quiere.
Mas detente ¡oh Espíritu divino!
¡Oh Arcángel de la Fe! Tú, cuyo paso
Buscando un día al corazón camino
Ahogó á las Musas y aplanó el Parnaso:
Único fuego que del cielo vino,
Calma tu inspiración en que me abraso:
No ensayes en el arpa del poeta
Los cantos del salterio del Profeta.
Mi limitada comprensión humana,
Mi ruda voz y tosca poesía
Eleve, sí, tu inspiración cristiana
Y dignas sean de la patria mía.
Enaltece mi ingenio, porque ufana
Pueda hijo suyo apellidarme un día,
Y de mi nombre, si al olvido vence,
La tierra en que nací no se avergüence.
Mas dejemos al siglo ir desbocado
De los pasados siglos tras la herencia,
En el carro del oro arrellanado,
Ó suspendido en alas de la ciencia.
Dejémosle seguir la ley del hado
Según su voluntad ó su conciencia,
Sin que perturbe su insensata orgía
El himno audaz de la creencia mía.
Tiéndeme, pues, tu alas de zafiros,
Y lejos de él transpórteme tu vuelo
Donde sus carcajadas y suspiros
No desgarren del aire el puro velo.
De él á través con luminosos giros
Álzame adonde, con eterno hielo
Cubriendo su cerviz, Sierra Nevada
Salutíferas auras da á Granada.
Llévame á los recónditos asilos
De aquellas misteriosas soledades,
Cuyos monstruos de nieve ven tranquilos
Nacer y perecer razas y edades.
Muéstrame las cavernas y los silos
Donde van á dormir las tempestades,
Por cima del peñón desconocido
En que suspende el águila su nido.
Del Supremo Hacedor la sabia mano
No creó sin destino esos lugares
Inaccesibles al orgullo humano:
Ni envueltos en sus mantos seculares
De nieve espían sin cesar en vano
Esos gigantes blancos tierra y mares.
Subamos, pues, sobre las auras leves
Al misterioso alcázar de las nieves.