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Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1 cover

Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 1

Chapter 26: LIBRO PRIMERO EXPOSICIÓN
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About This Book

The work unfolds as an extended Romantic poem that blends an introductory legend with a series of lyrical and narrative cantos evoking the Alhambra and Granada's past. It alternates vivid Orientalist imagery, supernatural reminiscence, and reflective fantasy to reconstruct vanished traditions and loves, using poetic voices that summon ghosts, memories, and historic tableaux. Themes include nostalgia for a lost world, the power of poetic imagination to transcend time and distance, and the mingling of popular legend with personal meditation, presented in ornate verse that mixes storytelling, descriptive passages, and devotional reverie.

LIBRO PRIMERO
EXPOSICIÓN

I
INVOCACIÓN

En el nombre de Dios omnipotente,
Cuya presencia el universo llena,
Cuya mirada brilla en el Oriente,
Nutre las plantas y la mar serena,
Canto la guerra en que la hispana gente
Al África arrojando á la agarena,
Selló triunfante con la Cruz divina
Las torres de la Alhambra granadina.
¡Espíritu de Dios único y trino,
Ángel Custodio de la Fe Cristiana,
Único fuego que del Cielo vino,
Única fuente que incorrupta mana,
Único rayo del fulgor divino,
Única inspiración que soberana
Eleva al Criador la poesía:
Yo invoco tu favor para la mía!
Sostén mi voz, mi espíritu aconseja:
Mas tolera que en carmen Africano
Recoja alguna flor con que entreteja
Cairel morisco á mi laúd cristiano:
Ni juzgues que mi fe de Ti se aleja,
Si algunas veces del harén profano
Las alkatifas perfumadas piso,
Ó invoco á las hurís del paraíso.
Voy la gloria á cantar de dos naciones
Por religión é instintos enemigas,
Que, fieles á la par á sus pendones,
Prodigaron al par sangre y fatigas,
Rojas brotar haciendo sus legiones
Con la sangre común aguas y espigas:
Y cual la de los dos corrió mezclada,
Junta debe su gloria ser cantada.
Pues no porque en su límpida entereza
Conserve yo la fe de los Cristianos
Que hicieron del desierto á la aspereza
Volver á los vencidos Africanos,
Del vencedor loando la grandeza
Trataré á los vencidos de villanos.
No: siete siglos de su prez testigos
Los dan por caballeros si enemigos.
Lejos de mí tan sórdida mancilla:
Antes selle mi boca una mordaza
Que llame yo en la lengua de Castilla
Á su raza oriental bárbara raza.
Jamás: aún en nuestro suelo brilla
De su fecundo pie la extensa traza,
¡Y, honrado y noble aún, su sangre encierra
Más de un buen corazón de nuestra tierra!
¡Augusta sombra de Isabel! perdona
Si mi ruda canción osa atrevida,
Llegando irreverente á tu persona,
Del féretro evocarte á nueva vida.
Sé que la gloria que inmortal te abona
No puede por mi voz enaltecida
Ser: mas yo bajo á tu mansión mortuoria
No á engrandecer, sino á adorar tu gloria.
Díselo así al Católico Fernando,
Si en medio de las dichas celestiales
Alguna vez, por el Edén vagando,
Recordáis vuestras glorias terrenales,
La obscura tierra desde el sol mirando:
Y al escuchar mis cánticos mortales,
Mirad á vuestra gloria, que me inspira,
No al rudo canto de mi tosca lira.
Y vosotros, guerreros de Castilla,
Honor de sus más ínclitos solares,
Nobles Condes de Cabra y de Tendilla,
Merlos, Téllez, Girones y Aguilares,
Cárdenas y Manriques de Sevilla,
Fieles Vargas, intrépidos Pulgares,
Córdovas generosos de Lucena,
Impávidos Clavijos de Baena:
Mendozas de alta prez, Portocarreros
Y Ponces de León, de cuya historia
Sus anales jamás perecederos
Henchidos guarda la Española gloria:
Y vosotros también, ¡oh caballeros
Árabes! dignos de gentil memoria:
Muza, postrero campeador del Darro,
Indeciso Boabdil, Zagal bizarro,
Aly-Athar insepulto, Hamet Rondeño,
Lince de las fronteras castellanas,
Reduán inalterable y zahareño,
Gazul de las doncellas africanas
Querido, Hacén tenaz, Ozmín trigueño,
Tarfe, horror de las crónicas cristianas;
Y vosotras, sultanas granadinas
De nombres y leyendas peregrinas:
Aija la varonil, matrona osada
Jamás rendida á su fatal destino:
Zoraya, la cautiva renegada,
Por cuyos hijos la discordia vino
Á derribar el trono de Granada:
Moraima la de Loja, á quien su sino
Obligó á encomendar sin esperanza
Vida y honor á Castellana lanza;
Perdonadme también si mis canciones,
Á través de los mármoles tendidos
En vuestros solitarios pantëones,
Hieren en ronco són vuestros oídos.
Sé que merecen más vuestras acciones
Que elogios en mi voz mal atendidos:
Mas si, en fuerzas escaso, á tal me atrevo,
Es porque sé lo que á mi patria debo.
Sé que es la empresa donde me he empeñado
Dédalo obscuro, inmensurable abismo,
Do sólo penetrar han intentado
Necia temeridad ó alto heroísmo:
Conozco que, en mi orgullo, demasiado
Fío en mi corazón, fío en mí mismo:
Mas supera la fe mi atrevimiento,
Y fío en Dios que abonará mi intento.
Deliciosos recuerdos de otros días
De honor y de placer, de amor y gloria,
Que envuelta en romancescas fantasías
Guardáis oculta vuestra bella historia,
Exhalada en confusas armonías
De himnos de amor y gritos de victoria:
Dad á mi corazón, dad á mi aliento
Generoso poder, canoro acento.
Águilas que os cernéis con corvo vuelo
Sobre el Atlas y el Cáucaso; pastores
Que sesteáis á la sombra del Carmelo
Y bajáis al Jordán los baladores
Ganados: y vosotros los que en pelo
Montáis salvajes potros voladores,
Hijos de los ardientes vendavales
Que barren los egipcios arenales;
Tribus perdidas y á las de hoy extrañas,
Para quienes la Europa no se ha abierto,
Que incendiáis al huir vuestras cabañas
Y en la Zahara avanzáis el paso incierto;
Gacelas de las árabes montañas,
Apareadas palmas del desierto;
Caravanas errantes á quien ellas
Dátiles dan y leche las camellas;
Palomas de los cármenes floridos
Que bordan las colinas de Granada;
Golondrinas leales que los nidos
En la Alhambra colgáis; enamorada
Raza de ruiseñores que escondidos
Gorjeáis de su bosque en la enramada,
Arroyos que, á su sombra, bullidores,
Laméis su césped y mecéis sus flores;
Sierras que cubre el sempiterno hielo
Donde Darro y Genil beben su vida;
Valles salubres, transparente cielo
De la Alpujarra aún mal conocida;
De Málaga gentil alegre suelo
De la hermosura y del amor guarida;
Mar azul cuyo lomo cristalino
Á las quillas de Agar prestó camino:
Abridme los tesoros encantados
De vuestras glorias mil tradicionales;
Dadme á beber los que guardáis sagrados
De inspiración inmensos manantiales;
Germinad en mi mente, no estudiados,
Vuestros cantos de amor meridionales,
Por que pueda brotar del arpa mía
Vuestra oriental y virgen poesía.
De sus cuerdas despréndanse sonoras
Esas modulaciones nunca oídas
Por los pueblos de Europa, y de las moras
Tribus por nuestros pueblos aprendidas;
Esas notas ardientes, tentadoras,
Que aun hoy por tosca mano repetidas
Renuevan en los huertos de la Alhambra
La de veloz compás morisca zambra.
Venid en torno á mí, generaciones
Ateridas del Norte, que con pieles
Vestís nuestras moriscas tradiciones,
Rasgando sus bordados alquiceles:
Venid á oirlas en sus propios sones
Y lengua original de bocas fieles,
Al pobre són de bárbara guitarra
Debajo de un peñón de la Alpujarra.
Venid, aprenderéis del Mediodía
Cuál el origen es de los cantares
Que jamás comprendió vuestra alma fría;
Sabréis cómo entre bélicos azares
Nació la abrasadora poesía
De nuestros bellos cantos populares;
Y en el lujo oriental de su riqueza,
Considerad su bárbara grandeza.
Pues por hijos de bárbaros osada
Vuestra historia nos da, sea en buen hora:
No esa bárbara estirpe renegada
Será por mí; mas á admirar ahora
Venid el rastro que dejó en Granada
La ilustración de nuestra estirpe mora:
Y en el lujo oriental de su riqueza
Adorad nuestra bárbara grandeza.
Sí: yo os voy á contar la historia bella
De esos á quien llamáis fieros salvajes,
Y fío en Dios que entenderéis por ella
Que puede despreciar vuestros ultrajes
Quien Alhambras dejó sobre su huella,
Quien labró fortalezas como encajes,
Y quien colmó por cóncavo arrecife
Las albercas del real Generalife.
Yo os voy á hablar del mágico recinto
De esta por ellos habitada tierra,
Y á mostraros lo que este laberinto
De jardines y alcázares encierra.
En llanto y sangre le dejaron tinto,
Pero tan fértil con su amor y guerra,
Que la flor más silvestre aromatiza
Y el más vulgar recuerdo poetiza.
Yo os haré ver, de nácar, concha y oro
Sobre arcos, sus balsámicos pensiles,
Do brotan junto al cedro el sicomoro,
Junto al nudoso abeto las gentiles
Palmeras, junto al álamo inodoro
El plátano aromado, las sutiles
Hebras de la ancha pita entre rosales,
Y el fragante limón entre nopales.
Yo os haré ver su pueblo primitivo,
Mitad rudo pastor, mitad guerrero,
Cuyo robusto labrador activo,
Cambiado en la ocasión en caballero,
Lidió, veloz Numida al golpe esquivo,
Con el jinete colosal de acero:
Y aplazando con él treguas extrañas,
Corrieron toros y jugaron cañas.
Yo os haré oir sus cuentos populares
Y sus caballerescas tradiciones
En torno y al calor de sus hogares;
Vendréis á sus nocturnas reuniones
Conmigo, sus combates singulares
Juzgaréis, sus civiles disensiones
Lamentaréis, saldréis á sus campañas
Y testigos seréis de sus hazañas.
Vendréis á sus palacios construídos
Para la guerra á un tiempo y los placeres,
Y leeréis en sus muros, revestidos
De miniaturas, de oro en caracteres
Con sacra fe caballeresca unidos
Los nombres de su Dios y sus mujeres:
Sin que halléis en la casa que fué suya
Nada que en pro de su saber no arguya.
De fakíes, de reyes, y vasallos
Os contaré los gozos y las cuitas:
Os haré penetrar en sus serrallos
Y asistir á sus rondas y á sus citas:
Y sus muebles, sus armas, sus caballos,
Sus bazares, sus baños, sus mezquitas,
Desde el hogar hasta la móvil tienda
Todo lo váis á ver en mi leyenda.
Que es del poeta grande á maravilla
El poder, y radiante su mirada,
Como un fanal que las disipa, brilla
En las tinieblas de la edad pasada.
Venid, pues: con las lanzas de Castilla
Os voy á conducir hasta Granada:
Y, á pesar de sus fieros Africanos,
En la Alhambra entraréis con los Cristianos.
Tal es, tan grave, tan inmensa y alta
La empresa nueva y colosal que intento:
Tal es la altura que atrevido asalta
Descarriado quizá mi pensamiento;
Mas si del vuelo en la mitad me falta
Fuerza al impulso ó á las alas viento,
Siempre sabré sin deshonor que, en suma,
No me faltó el valor, sino la pluma.
¡Tierra oriental, mansión de la alegría,
Favorita del sol y de las flores,
Santuario del valor, cuna del día,
Paraíso del ocio y los amores,
Tesoro y manantial de poesía!
Voy á cantar tu gloria y tus primores.
¡Tierra de bendición, al Cielo santo
Pide la suya tú para mi canto!
¡Salve, ciudad del sol, Granada bella,
Amor de Boabdil, huerto florido
Que entre nieves estériles descuella,
Taza de nardos, de palomas nido,
Diamante puro que sin luz destella,
Edén entre peñascos escondido,
Ilusión de esperanza y sueño de oro
Que halaga aún al corazón del Moro!
¡Salve, vergel en donde el alba nace
Y donde el sol poniente se reclina,
Donde la niebla en perlas se deshace
Y las perlas en plata cristalina:
Donde el placer sobre laureles yace
Y Dios sonríe y la salud domina!
Divino objeto de mi canto rudo,
Yo al empezar mi canto te saludo.
Heme aquí, vueltos hacia ti los ojos,
Descubierta al nombrarte la cabeza,
Con amoroso afán puesto de hinojos,
Rendido adorador de tu belleza,
Ofrecerte mis cantos por despojos
Si dignos son de tu inmortal grandeza;
Tiéndeme, pues, bellísima Granada,
Al elevar mi voz una mirada.
Y ¡plegue á Dios que mi amoroso acento
Por cima de los montes y los mares
Lleve á tu Alhambra sonoroso viento
Que armonía mejor dé á mis cantares!
Y si te dan á ti contentamiento
Y algún premio por ellos me buscares,
Dame á tu vez ¡oh flor de mis amores!
Sepultura al morir entre tus flores.