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Hacia una Moral sin Dogmas: Lecciones sobre Emerson y el Eticismo

Chapter 24: 10.—Función Social Del no-Conformismo
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About This Book

El autor expone una propuesta de moralidad autónoma y antidogmática basándose en la obra y la vida de Emerson, trazando el paso del puritanismo al trascendentalismo y comparándolo con influencias locales. Aborda la crítica de las costumbres, la ética naturalista, la confianza en sí y la idea de perfectibilidad, y examina la función social del disenso y de las herejías morales. Propone formas institucionales no dogmáticas —asociaciones religiosas libres, sociedades éticas e iglesias de la moralidad— y concluye con una síntesis del eticismo y sus perspectivas futuras.

¿Os sorprende? Escuchad a Emerson, al maestro de la confianza en sí mismo.

"Elevamos altares a esa bella unidad que mantiene a la naturaleza y a las almas en una perfecta continuidad, y que obliga a cada átomo a servir a un fin universal. No es la extensión de nieve, el capullo, el paisaje estival, el esplendor de las estrellas, lo que me maravilla, sino la belleza necesaria, o, si queréis, la necesidad de belleza que gravita sobre el universo; que todo deba ser pintoresco y lo sea; que el arco iris, la curva del horizonte y la comba del cielo deban ser resultados del mecanismo del ojo. No necesito que ningún aficionado tonto venga a guiarme para admirar jardines, una nube dorada o una cascada, desde que no puedo abrir los ojos sin ver algo impregnado de esplendor y de gracia. Cuán vana es esa elección de tal o cual chispa dispersa al azar, cuando la necesidad inherente a las cosas enciende la llama de la belleza en la frente del caos y denuncia que la intención central de la naturaleza es ser armonía y dicha.

"Elevemos altares a la bella necesidad. Haber creído libres a los hombres, en el sentido de que una voluntad antojadiza puede dominar la ley de las cosas, es como pretender que un dedo de niño puede hacer caer el sol. ¿Si en la menor de las cosas el hombre pudiera alterar el orden de la naturaleza, quien querría aceptar el don de la vida?

"Elevemos altares a esa bella necesidad que nos prueba y nos asegura que todo está hecho de una pieza, que el acusador y el acusado, el amigo y el enemigo, el animal y el planeta, el alimento y quien lo consume, son de la misma y única especie. El espacio astronómico es inmenso, pero ningún sistema le es extraño. Los tiempos geológicos son inconmensurables, pero han regido en ellos leyes semejantes a las actuales. ¿Porqué nos espantaría la naturaleza, en que están objetivadas la filosofía y la teología? ¿Porqué temeríamos ser aplastados por los elementos de la naturaleza, si estamos hechos de esos mismos elementos?

"Elevemos altares a esa bella necesidad que torna valiente al hombre, enseñándole que él no puede evitar un peligro seguro, ni exponerse a otro ficticio; a esa necesidad que nos conduce, ruda o dulcemente, a la noción de que no hay azar ni acontecimientos fortuitos; que la ley regula toda existencia,—una ley que no es inteligente, pero que es la inteligencia,—que no es personal ni impersonal; que desdeña las palabras y sobrepasa al entendimiento; que disuelve las personalidades, que vivifica la naturaleza y que sin embargo invita al corazón puro a apoyarse sobre toda su omnipotencia".

Hermosa página literaria, sin duda; basta meditar sobre ella un minuto para comprender que para Emerson necesidad es fatalidad; lo de suponer que la ley de necesidad "es la inteligencia, sin ser inteligente", es una tímida portezuela de palabras que Emerson deja entreabierta para los hombres "inteligentes y libres" que podrían sentirse humillados ante los altares elevados a la bella necesidad. ¿Para qué detenernos? Emerson confiesa en ese mismo ensayo que está fuera de la lógica, tal como lo estuvo Kant a pesar de sus refinadas argucias dialécticas: "a pesar de todo, es sano para el hombre no considerar las cosas desde el punto de vista de la fatalidad, sino desde el de la libertad: es la manera práctica de encarar la cuestión". Podríamos, una vez más, traducirlo en lenguaje claro, diciendo que la ilusión de la libertad es útil y sirve al hombre como si realmente existiera. Pero, ya lo hemos dicho, ciertas ideas, expresadas con exactitud, no tienen gracia; el encanto trascendental desaparecería sin la vaga atmósfera de inexactitud que lo hace parecer más hondo y misterioso...

10.—Función Social Del no-Conformismo

A pesar de estas condescendencias verbales a las preocupaciones dominantes en su medio, Emerson, fué temido en su edad viril como hereje peligroso, aunque en su larga ancianidad fué venerado hasta por sus antiguos contendores.

Reconozcamos que la sociedad es enemiga de toda verdad que perturbe sus creencias más ancestrales.

Frente a los hombres que le traen un nuevo mensaje su primera actitud es siempre hostil; vive de esas "mentiras vitales" cuyo símbolo expresivo nos dió Ibsen en El Pato Salvaje. ¡Qué sería de ella sin esos grandes caracteres que de tiempo en tiempo desafían su encono predicando alguna partícula de "verdad vital"!...

Todos los que reforman y crean, mientras lo hacen, son no-conformistas y herejes: contra las rutinas sociales, contra las leyes políticas, contra los dogmas religiosos. Sin ellos sería inconcebible la evolución de las ideas y de las costumbres colectivas, no existiría posibilidad de progreso social. Emerson, tantas veces acusado de herejía, pudo, ciertamente, consolarse pensando que también Cristo había sido hereje contra la rutina, contra la ley y contra el dogma de su pueblo, como lo fuera antes Sócrates, como después lo fué Bruno. Y acaso pensaría también en el común destino de todas las víctimas del conformismo: la humanidad venera por siglos sus nombres, ignorando el de sus perseguidores.

Porque existe,—podemos creerlo,—una conciencia moral de la humanidad que da su sanción. Tarda a veces, cuando la disputan los contemporáneos; pero llega siempre, y acrecentada por la perspectiva del tiempo, cuando la discierne la posteridad.