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Historia de la Conquista de la Habana (1762)

Chapter 3: CAPITULO I.
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About This Book

La obra narra la expedición anglo contra la Habana en 1762 y sitúa el asedio en el contexto político europeo que siguió al Pacto de Familia entre España y Francia, exponiendo las causas que arrastraron a la corona española a la guerra. Describe la campaña militar, el bloqueo y la breve ocupación inglesa, y explica las negociaciones diplomáticas y la restitución de la ciudad en 1763. Complementa la narración con referencias a crónicas y obras contemporáneas, y concluye examinando las reformas y el fortalecimiento de las defensas y la administración cubanas tras la devolución, que condicionaron la prosperidad posterior.

The Project Gutenberg eBook of Historia de la Conquista de la Habana (1762)

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Title: Historia de la Conquista de la Habana (1762)

Author: Pedro José Guiteras

Release date: March 16, 2014 [eBook #45151]
Most recently updated: October 24, 2024

Language: Spanish

Credits: Produced by Carlos Colón, New York Public Library and the
Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
(This file was produced from images generously made
available by The Internet Archive/American Libraries.)

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA HABANA (1762) ***

Nota del Transcriptor:

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Páginas en blanco han sido eliminadas.

HISTORIA
DE LA
CONQUISTA DE LA HABANA.

(1762)

ESCRITA POR

PEDRO J. GUITERAS.

FILADELFIA:
PARRY AND McMILLAN.
1856.

Entered, according to the Act of Congress, in the year 1856, by

PEDRO J. GUITERAS,

in the Office of the Clerk of the District Court of the United States in and for the Eastern District of Pennsylvania.

PHILADELPHIA:
T. K. AND P. G. COLLINS, PRINTERS.


PROLOGO.

La conquista de la Habana por el conde de Albemarle en 1762, es el asunto del presente libro. Despues del descubrimiento de la isla de Cuba por el almirante Cristóbal Colon (1492) i de su fácil conquista por el adelantado Diego Velasquez (1511), la historia de aquella hermosa Antilla, si bien ennoblecida con los timbres que la alcanzaron sus nuevos pobladores, saliendo a descubrir i conquistar el poderoso imperio de Méjico i las vastas rejiones de la Florida, i luchando con los piratas que por largo tiempo infestaron los mares del archipiélago americano; no presenta ningun acontecimiento que haya tenido lugar en el período de los dos siglos i medio, trascurridos despues de su incorporacion a la corona de Castilla, tan digno de especial estudio por sus efectos en la prosperidad de la isla como el de la conquista de la Habana por los ingleses.

Este suceso hizo conocer mejor a la corte de Madrid la importancia de aquella isla. A su restauracion, los primeros cuidados del gobierno español fueron asegurarla contra cualquiera otra tentativa que pudiera hacer Inglaterra en caso de un nuevo rompimiento de hostilidades, i la plaza de la Habana se vió en pocos años defendida por una fuerte guarnicion i un sistema de fortificaciones que la hicieron inespugnable. Aunque con la lentitud, imperfeccion i dificultades propias de aquellos tiempos, la isla esperimentó algunas reformas útiles en su policia i gobierno interior, en su sistema de hacienda i comercio con la Península i en la instruccion pública, que fueron el punto de partida para el desarrollo que, aun no concluido el siglo XVIII, tuvieron su riqueza i civilizacion en el memorable gobierno del jeneral Dn. Luis de las Casas.

Estas consideraciones son las que nos han movido a escribir la historia de un suceso tan importante, aprovechandonos de las noticias que se hallan en las siguientes obras de los escritores nacionales i estranjeros que hemos podido consultar en este pais:—

Rev. John Entick's General History of the Late War. London. 1772.

Robert Beatson's Naval and Military Memoirs of Great Britain from 1727 to 1783. London. 1804.

Antonio Valdes. Historia de la Isla de Cuba. Habana. 1812.

Memoirs of the Kings of Spain, of the House of Bourbon, from the accession of Philip V., to the death of Charles III. 1700-1788. By Wm. Coxe, London. 1813.

Ensayo histórico de la Isla de Cuba. Por Dn. Jacobo de la Pezuela. Habana. 1842.

La esposicion de las causas que motivaron la guerra entre Inglaterra i España está tomada de los escritores Coxe i Entick, particularmente del primero, en cuya escelente obra encontrará el lector curioso de mayor instruccion una noticia del estado político de España en aquellos tiempos, que nosotros sentimos vernos obligados a ajustar a los límites estrechos que permiten las proporciones de este libro. Entick i Beatson nos han servido para ilustrar i completar la relacion de las operaciones militares del sitio de la Habana que nos hacen los Sres. Valdes i Pezuela en sus historias de la isla: tambien hemos consultado para esto la coleccion del periódico "New York Gazette" de 1762 i 63, que se halla en la biblioteca de "Filadelfia."

Habiendo sido mui corta la permanencia de los ingleses en la Habana i continuado despues la isla bajo la dominacion de España, hemos creido conveniente concluir con una noticia de las transacciones diplomáticas que tuvieron lugar en 1763 para la restauracion de la Habana i con la entrega de la ciudad, por via de complemento i persuadidos de dar con esto una armonia necesaria a las partes de esta historia, que en rigor no es otra cosa que un episodio interesante de la jeneral de Cuba: para esto hemos consultado a los Sres. Coxe i Pezuela.


CAPITULO I.

El tratado conocido con el nombre de Pacto de familia, celebrado el 15 de agosto de 1761 entre los reyes Dn. Carlos III. de España i Luis XV. de Francia, fué una alianza ofensiva i defensiva inspirada por los vínculos de parentesco i amistad que unian a ambos soberanos, con el fin de mantener las obligaciones que naturalmente se desprenden de estos sentimientos, fundar un monumento estable i duradero de interes recíproco que fuese la espresion de sus deseos i afianzar en bases sólidas la prosperidad interior de los dos reinos i el predominio de la casa de Borbon entre los príncipes de Europa.[1]

Consecuentes con el espíritu de esta alianza, ambos monarcas convinieron en considerar en lo adelante como enemigo comun a todo gobierno que declarase la guerra a cualquiera de los dos reinos i garantizarse reciprocamente todos los dominios que poseyesen a la conclusion de la guerra en que Francia se veia envuelta entónces; en prestarse mutuos ausilios por mar i por tierra conforme a las reglas establecidas para tales casos, i no dar oidos ni entrar en ningun arreglo con los enemigos de ambas coronas sino de comun acuerdo, debiendo, tanto en paz como en guerra, considerarse identificados los intereses de las dos naciones, compensar sus pérdidas i dividirse sus adquisiciones respectivas i obrar como si los dos pueblos fuesen uno solo rejido por un rei; en conceder a los súbditos de ambos reinos en sus dominios de Europa el goce de los mismos privilejios i esenciones que a los naturales de ellos, i no admitir en la participacion del tratado sino a las potencias rejidas por soberanos de la augusta casa de Borbon.[2]

Para que mejor se comprendan los medios por los cuales Carlos III., fué llevado a ligar los destinos de su reino con los de una nacion trabajada entónces por una larga guerra con la primera potencia marítima de Europa i a quebrantar la neutralidad que sabiamente habia proclamado su antecesor, arrastrando a España a una guerra fácil de evitar con la Gran Bretaña; será conveniente hacer aquí una reseña del estado político de Europa a los principios del reinado de aquel monarca i referir las causas que mas influyeron en fomentaren su ánimo las afecciones de su amistad personal con el rei de Francia.

La elevacion de Carlos III. al trono de España se efectuó en una época notable por el estado crítico en que se hallaba la Europa. El aspecto de la guerra que Francia i Austria sostenian contra Inglaterra i Prusia habia cambiado enteramente desde la subida de Guillermo Pitt al ministerio. El espíritu de este grande hombre de estado parecia reanimar con su actividad el valor decaido de los ingleses en todas las partes del mundo. En lugar del sistema tímido adoptado por el ministro anterior, Mr. Pitt abrazó la atrevida resolucion de emprender una guerra ofensiva; i por una serie de rápidas i acertadas combinaciones, el ejército anglo-prusiano, al mando del príncipe Federico de Brunswick logró desalojar a los franceses de Hanover, Hesse i Brunswick i hacer que se replegasen a la orilla opuesta del Main.

Confundidos e indignados, intentaron los franceses hacer un desembarco en las costas de la misma Inglaterra, con el fin de llamar hácia aquella parte la atencion del ejército que estaba en el continente; pero ya era tarde para llevar a cabo con impunidad empresa tan desesperada. Una escuadra poderosa al mando del almirante Rodney se presentó delante del Havre de Gracia e hizo grande estrago en los trasportes i almacenes que estaban allí reunidos, al mismo tiempo que otras fuerzas navales superiores a las francesas bloqueaban los puertos de Dunquerque, Brest i Tolon. La escuadra de M. de la Clue, habiendo salido de este último puerto cuando una fuerte tempestad habia separado de sus estaciones a los cruceros ingleses, fué perseguida i deshecha por Boscawen frente a las costas de Portugal; aun mayor desgracia cupo a la grande armada de Brest que mandaba M. Conflans, i la division de Dunquerque al mando del emprendedor Thurst, fué atacada tambien cerca de Carrickfergus i obligada a rendirse despues de un reñido combate. La pérdida de esta última division completó el triunfo de la marina británica i la ruina total de la francesa.[3]

No ménos afortunados que en los mares, los ingleses se habian apoderado del Senegal[4] i Goree[5] en Africa; en América eran dueños de Luisburgo,[6] Quebec,[7] Montreal,[8] i la isla de la Guadalupe;[9] Pondichery, última colonia francesa en la India,[10] estaba tambien en su poder, i la conquista de Belleisle,[11] delante de las mismas costas de Francia, interceptaba las comunicaciones con sus puertos de occidente i ponia término a la invasion que amenazaba las islas británicas.

Mientras tenian lugar estos sucesos ocurrió la muerte del pacífico rei Dn. Fernando VI.,[12] i la corte de Versalles supo aprovechar una feliz oportunidad de redoblar sus atenciones hácia el succesor de aquel monarca en el trono español, el Sr. Dn. Carlos III., con motivo de las dificultades que ofrecia la succesion a la corona de las Dos Sicilias. El tratado de la Paz de Viena[13] habia asegurado esta corona en las sienes Dn. Carlos, con la condicion de que siempre permaneceria separada de la de España, i en su consecuencia, por un artículo del tratado de Aquisgran[14] se habia estipulado que los ducados de Parma i Placencia fuesen asignados a Dn. Felipe, pero que en el caso de subir Dn. Carlos al trono por muerte de su hermano Dn. Fernando, el reino de las Dos Sicilias pasarla a Dn. Felipe, los ducados de Parma i Guastalla volverian entónces a la casa de Austria, i el ducado de Placencia, con esclusion de la capital i todo el distrito allende el Nura, se incorporaria al reino de Serdeña.[15]

Dn. Carlos nunca quiso reconocer un tratado que tendia a identificar los intereses de Austria i Serdeña en favor de la elevacion de Dn. Felipe al trono de las Dos Sicilias, i a su advenimiento al de España alteró enteramente este arreglo, aunque con el fundado temor de hallar una grande oposicion a su deseo de transferir aquella corona a uno de sus hijos. Por fortuna, el rei de Serdeña, que era el mas a propósito para promover i escitar trastornos en Italia, carecia de medios para emprender por sí solo una lucha contra Dn. Carlos, i las cortes de Viena i Versalles, empeñadas en una guerra encarnizada, creyeron conveniente halagar su voluntad. Se hizo pues, un convenio por el cual el duque de Parma accedió a los deseos de Dn. Carlos, Austria renunció sus derechos a los ducados i el rei de Serdeña se contentó con una compensacion en dinero. En su consecuencia, habiendose declarado que su primojénito no podia heredar por incapacidad mental, Dn. Carlos colocó en el trono de las Dos Sicilias a su tercer hijo Dn. Fernando i declaró al segundo príncipe de Asturias i su inmediato succesor a la corona de España.[16]

Los intereses jenerales de la nacion ecsijian indudablemente del nuevo rei que continuase la estricta neutralidad seguida por su hermano en la guerra de Europa, de que tantos bienes habian reportado el comercio i bienestar de los españoles; pero motivos personales de resentimiento contra la Inglaterra i de estimacion i gratitud hácia Luis XV. predominaban en su ánimo sobre la severa razon de estado i conveniencia de sus súbditos. Dn. Carlos conservaba una invencible antipatia a los ingleses por la manera imperiosa con que en 1742 se presentó en Nápoles la escuadra del comodoro Martin para obligarlo a separarse de la causa de los Borbones en la guerra de Italia i le hizo retirar las tropas que habia reunido i firmar una declaratoria de neutralidad.[17] Los vínculos de la sangre que siempre ejercieron en su ánimo una gran influencia, se habian estrechado ahora con los buenos oficios de Luis XV. en el reciente arreglo de la succesion de la corona de Nápoles. Uniase a todo esto la constante correspondencia que mantenia con la corte de Francia i sus partidarios, para que Dn. Carlos sintiese amargamente la humillacion del tronco principal de su familia i el triunfo de las armas de Inglaterra.

De esta disposicion i motivos sabian aprovecharse habilmente la corte de Versalles i sus agentes i parciales. Hablaban de la risueña perspectiva de cederle la isla de Menorca i de la esperanza de recobrar a Gibraltar; pintaban a los ingleses como a los dominadores del oceano i enemigos naturales de toda nacion marítima i comercial; conociendo las prevenciones i desconfianza nacional respecto de las colonias, para escitar los temores de Carlos III. sujerian la idea de que la resistencia de la rival i enemiga de la casa de Borbon a convenir en un arreglo pacífico podia nacer de una oculta intencion en Mr. Pitt de apoderarse de las posesiones españolas de América, si en la guerra que sostenia con Francia lograba conquistar las de la única nacion que aliada con España podria contener sus miras ambiciosas sobre aquellos remotos paises; hasta las desgracias esperimentadas en la guerra se empleaban como armas para interesar los sentimientos de aquel príncipe de la casa de Borbon i ofrecerle un motivo plausible de rompimiento con Inglaterra.[18]

Estas constantes escitaciones labraban tan profundamente el ánimo de Carlos III., cuyos recelos i desconfianza crecian a medida que las fuerzas británicas dilataban sus conquistas en la América francesa, que habiendose visto Luis XV. obligado a entrar en negociaciones con Inglaterra, no tuvo inconveniente en mantener una correspondencia privada con este soberano sobre las proposiciones que debian hacerse i prestarles su aprobacion; llevando su parcialidad i amor por la Francia, hasta permitir o mas bien inducirla a unir sus pretensiones i reclamaciones con las de España, i convenir, caso de rechazarlas el ministro británico, en robustecer los intereses de ambas coronas por medio de un pacto de familia.[19] Esta importante concesion fué la primera que obtuvo de Carlos III. la corte de Versalles: veamos el uso que hizo de ella el hábil ministro de Luis XV., el duque de Choiseul.

Las negociaciones se abrieron bajo de este supuesto. Se habia acordado celebrar un congreso en Augsburgo para tener un arreglo con las diversas potencias de Alemania i el Norte. Mr. Stanley fué enviado a Paris i el conde de Bussy se presentó en Londres, i los artículos preliminares fueron comunicados por ambos ministros. Los del conde de Bussy iban acompañados de una memoria privada,[20] proponiendo que se terminasen tambien las cuestiones pendientes entre Inglaterra i España, con el aparente motivo de que se evitase una nueva guerra en Europa i América i obtener la garantia de aquella última nacion en un tratado definitivo de paz: la memoria concluia con la manifestacion de que si esas reclamaciones pudiesen llegar a producir una guerra, el rei de Francia se consideraria en el deber de tomar parte a favor de España.[21]

Esta estraña interposicion de una potencia enemiga en cuestiones entre dos reinos amigos i aliados fué rechazada con indignacion por el ministro Pitt, a quien no se le ocultaban los motivos de una conducta tan desusada en transacciones diplomáticas, asegurando a M. de Bussy que S. M. B. jamas sufriria que la Francia interviniese de ninguna manera en sus cuestiones con España i que el insistir en este particular seria considerado como un insulto a su dignidad i una prueba de poca sinceridad en la negociacion.[22] Entónces fué cuando Mr. Pitt dijo aquellas palabras que tanto encendieron la cólera de Carlos III.: "Bastante tiempo habrá de tratar de estas materias cuando la Torre de Londres sea tomada con espada en mano."[23]

La respuesta del ministro ingles fué seguida de una comunicacion al conde de Bristol, embajador en la corte de Madrid, autorizandolo para que declarase que la intervencion de Francia en las cuestiones pendientes jamas facilitaria ningun arreglo satisfactorio con España, sin embargo de la buena disposicion del rei a un convenio razonable i justo; i como se hubiese hecho circular con estudio la procsimidad de un rompimiento con Inglaterra, se le recomendaba ademas pidiese una esplicacion categórica sobre los preparativos navales que se estaban haciendo en la Península.[24]

El resultado de esta nota revela claramente la disposicion i tendencias de las dos cortes de Borbon. Dn. Ricardo Wall, ministro de Carlos III, manifestó que la memoria de M. de Bussy se habia presentado con pleno conocimiento de S. M. C. i que ninguna consideracion induciria a su soberano a separarse de su union con las ideas de la corte de Francia, ni a disuadir a ambos monarcas de darse mutuas pruebas de confianza i perfecta armonia. Respecto de los preparativos en los puertos de España, el ministro se espresó en términos satisfactorios, asegurando que la disposicion del rei habia sido invariablemente cultivar i consolidar la amistad que felizmente ecsistia con Inglaterra.

En el tiempo que trascurrió durante la entrega de una i otra comunicacion, fué cuando se firmó el tratado del Pacto de familia, inmediatamente despues de la contestacion dada por el jeneral Wall al Lord Bristol.[25] Obligada España por este tratado a romper con la Gran Bretaña, aguardaba solamente la llegada de los galeones de Sur-América i el haber provehido a la seguridad de su comercio i territorio segun requerian la naturaleza de su navegacion i el estado de sus posesiones distantes, para hacer público el nuevo pacto i principiar las hostilidades.[26]


CAPITULO II.

Cuando el duque de Choiseul vió que podia ya contar con las fuerzas adicionales con que le brindaba el Pacto de familia, interesado en festinar el rompimiento entre España e Inglaterra, propendia por todos los medios posibles a alimentar la mala disposicion de ánimo de Carlos III. contra la implacable rival de la Francia; i al efecto, pensando crear nuevas dificultades, hizo circular por las cortes de Europa algunas especies relativas al tratado recien-concluido i sobre las probabilidades de una guerra entre aquellas dos naciones.[27]

Sin embargo de esto, el ministro español hablaba aun en términos conciliadores i pacíficos, aunque sin ocultar la estrecha union que ecsistia entre ambas cortes. El mismo disimulo afectado se tenia en Francia: una semana ántes de concluirse este célebre compromiso se hicieron nuevas proposiciones a Inglaterra que diferian de las anteriores en algunos particulares, sin mencionar las reclamaciones de España; las cuales fueron contestadas con otras por parte de Mr. Pitt.[28]

La vijilancia de este ilustre diplomático descubrió el hilo del tratado secreto durante esta aparente negociacion, ántes que llegase a Londres la respuesta del ministro frances, i considerando el asunto como una prueba concluyente de hostilidad rompió al punto las comunicaciones con la corte de Versalles. Con aquella rapidez que caracteriza todos sus actos, concibió el audaz pensamiento de anticiparse a los designios de España declarándole la guerra, confiado en que podria destruir sus medios de agresion i desconcertar sus futuros propósitos interceptando la flota que aguardaba de América i apoderandose de sus colonias principales. Su plan era, concluida la conquista de las Antillas francesas, reforzar con tropas del Norte de América el ejército vencedor, i caer sobre la Habana, que se hallaba mal defendida para resistir un ataque inesperado, i despues invadir el istmo de Panamá: ocupados de este modo los dos puntos que unen, el uno la posesion mas importante de las colonias españolas, con su Metrópoli i el otro las costas orientales i occidentales de la América del Sur; una segunda espedicion llevaria las hostilidades a las islas Filipinas e interceptaria las comunicaciones entre España i las opulentas rejiones de la India.[29]

Pero Mr. Pitt no podia presentar pruebas de la ecsistencia del tratado bastante satisfactorias para vencer los escrúpulos de sus colegas, cuya incredulidad se esforzaban éstos en abultar a causa de rivalidades políticas. Indignado de esta oposicion, así como de los obstáculos que ya otras veces le habian opuesto a sus proyectos, aquel ministro se decidió a abandonar el timon del estado, no queriendo, segun él mismo observó, "ser responsable de una política que no le era permitido dirijir." S. M. B. aceptó su dimision i nombró para reemplazarlo al conde de Egremont, aunque toda la influencia del gobierno estaba concentrada en el conde de Bute. La repentina retirada de Mr. Pitt i el deber que voluntariamente se impuso el nuevo ministerio de sostener el principio en que fundó su oposicion a los proyectos de guerra concebidos por él, no solo salvaron a España de un inminente peligro, sino que le facilitaron el continuar su política contemporizadora hasta que pudiera empezar las hostilidades con ventaja. La Corte de Madrid, pues, seguia activando sus preparativos, i en el curso de las negociaciones iba asumiendo gradualmente un tono mas severo de quejas i recriminaciones.[30]

Los acontecimientos subsecuentes justificaron la sabiduria i prevision del célebre Pitt. Los ministros británicos, no obstante su impolítica credulidad a las falaces protestas de España, se alarmaron al fin con el aire de triunfo que ostentaba la corte de Versalles i con la actividad de los preparativos en la península española, así como de las noticias positivas que ya circulaban sobre la conclusion i términos del nuevo pacto; i con la misma delicadeza, o mas bien timidez que hasta entónces habian impropiamente adoptado como medio de dilacion, halagados por la vana esperanza de estorbar por negociacion que España tomase parte en la guerra i obtener una declaratoria justificativa del espíritu de hostilidad al cual habia manifestado la corte de Londres una visible repugnancia, comunicaron sus instrucciones al Lord Bristol para traer el asunto a una conclusion final.

Ya para entónces tenia España una escuadra numerosa equipada i lista para hacerse a la mar, habia reunido en Cádiz un ejército poderoso, la ansiada flota se hallaba a cubierto de un golpe de mano i se habian comunicado a las colonias las órdenes convenientes. El Jeneral Wall, pues, léjos de dar satisfaccion a las esplicaciones que se le pedian, se negó a contestar al embajador ingles i empezó a espresarse en un lenguaje ménos equívoco sobre el estado de las relaciones con Francia. "Ya es tiempo, dijo, de que abramos los ojos, i no toleremos que un vecino, aliado, pariente i amigo sufra en adelante los peligros de recibir una lei tan severa como la que quiere imponerle su altivo vencedor." I añadió en seguida: "El rei de Francia, despues de comunicar a S. M. los particulares mas minuciosos sobre la última negociacion, ha resuelto publicar los términos mortificantes a que ha querido someterse en obsequio de la paz, a fin de que se conozcan las ecsijencias arbitrarias de Inglaterra, que han frustrado sus buenas intenciones por amor de la humanidad." I como insistiese Lord Bristol en obtener una respuesta terminante sobre el pacto de familia, el ministro se refirió al embajador español, conde de Fuentes, diciendo habersele enviado instrucciones sobre el particular, que debia poner en conocimiento del conde de Egremont. Esta nota, escrita en un estilo lleno de la mas desusada acrimonia, no fué comunicada al Lord Bristol, i en su consecuencia, renovó éste sus instancias en un tono mas firme i ecsijente en las dos entrevistas que tuvo con el Sr. Wall el 6 i 8 de diciembre.

La espontanea satisfaccion dada el primero de estos dias por el ministro español sobre el lenguaje usado en sus conferencias anteriores revelaba sus sentimientos particulares i que solo habia obedecido a la lei severa que le imponian su carácter oficial i las órdenes terminantes del rei. Nada dispuesto a comunicar la resolucion soberana al ministro ingles, procuró emplear el tiempo en todo jénero de demostraciones conciliadoras i atentas para ver si podia alejar un mal que temia i deploraba. Despues de escuchar los argumentos de Lord Bristol con una amabilidad que inspiraba confianza de un arreglo posible, dejó la conclusion de aquel asunto importante para el segundo dia. Es probable que esta corta dilacion le hiciese entretener la engañosa idea de que pudiera efectuarse un cambio en la mente de Carlos III.; pero por desgracia de España era ya inalterable la resolucion adoptada, i el Sr. Wall recibió órdenes de usar un lenguaje acomodado a la crítica situacion de las cosas.

En esta virtud, en la última conferencia con el embajador, manifestó, "que las órdenes de S. M. eran de informarle que respecto del tratado e intenciones de España, su despacho al conde de Fuentes era la única respuesta que estaba autorizado a dar;" i como insistiese Lord Bristol en una contestacion terminante i observase que "una negativa a satisfacer a S. M. B. en este particular se consideraria como equivalente a una declaracion de guerra," el Sr. Wall, con una emocion que descubria sus sentimientos, esclamó: "I bien ¿tiene Vd. órdenes de partir?" añadiendo a la respuesta afirmativa del embajador: "Esta demanda es un ataque tan ofensivo a la dignidad del rei, que yo no me atreveré a darle mi opinion en materia tan delicada."

Pero ansioso al mismo tiempo de aprovechar cualquier motivo de escusa o dilacion, pidió que aquella declaratoria se le diese por escrito; mas Lord Bristol escribió inmediatamente i puso en sus manos estas cortas lineas. "¿La corte de Madrid piensa unirse a la de Versalles para obrar hostilmente contra la Gran Bretaña, o de cualquier otro modo separarse de su neutralidad? El reusar una respuesta categórica a esta pregunta se tomará por una declaracion de guerra." Al recibirlas el jeneral Wall despidió al Lord Bristol con marcadas espresiones de amistad i sentimiento, i dos dias despues le comunicó por escrito la declaracion hostil que evidentemente no tuvo valor de hacerle de palabra, acompañándola de una carta confidencial espresiva de su pesar i estimacion. El mismo dia se espidió una órden a las autoridades competentes para detener i embargar los buques ingleses surtos en los puertos de España; i Lord Bristol, despues de sufrir algunos embarazos i aun insultos de parte de la corte, se retiró de Madrid.[31]

Mientras esto ocurria en aquella capital, Londres era tambien teatro de altercados políticos i presenciaba la final declaracion de guerra por ambas partes. El 25 de diciembre entregó el conde de Fuentes el despacho que tenia órden de comunicar a Lord Egremont, i en seguida hizo circular una memoria que puede estimarse como un manifiesto al pueblo ingles. Al mismo tiempo aparecia en Paris un estracto del tratado de 15 de agosto, acompañado de observaciones que hacian pesar sobre Inglaterra la responsabilidad de las nuevas hostilidades. El ministerio británico respondió a la memoria del embajador español, usando de gran injenuidad en probar que si algunos cargos merecia eran los de haberse dejado engañar por las cortes de Borbon i permitido que España se pusiese bajo un pié respetable de defensa.[32]

En su consecuencia el rei Jorje III. declaró la guerra a España el 4 de enero de 1762, fundándose en la aprobacion del monarca español a la memoria presentada por M. de Bussy en el curso de las últimas negociaciones i en su negativa a dar esplicaciones satisfactorias sobre sus preparativos hostiles i compromisos con Francia; i autorizó al almirantazgo para espedir patentes de corso contra los súbditos españoles.[33] Carlos III. por su parte, aunque el primero en romper las hostilidades con la detencion de buques i restricciones impuestas a los súbditos británicos, suspendió una declaracion formal hasta que apareciese la de S. M. B.; i apoyando en un hecho que no era mas que el efecto inevitable de su propia política, i en las miras ambiciosas del gobierno ingles "que no reconocen otra lei que el engrandecimiento de su nacion por tierra i el despotismo universal en el oceano,"[34] los motivos de rompimiento que la corte de Londres habia tratado de impedir por todos los medios posibles, respondió a la declaracion de Inglaterra con la suya de 16 del mismo mes.[35]


CAPITULO III.

Aunque la caida del ministerio Pitt habia producido una gran sensacion en las cortes de Madrid i Versalles como un acontecimiento de feliz augurio, sin embargo, la guerra continuaba en Alemania con écsito contrario a las miras e intereses de Francia; Rusia, despues de la muerte de la emperatriz Isabel, se habia vuelto de enemiga que era, aliada de Inglaterra cuando Pedro III. ocupó el trono,[36] i su succesora Catalina II. adoptó una política neutral;[37] el príncipe Federico habia renovado las hostilidades contra los austriacos,[38] i Suecia poco despues aceptaba un armisticio[39] que libertaba a la Prusia de una invasion i la dejaba en aptitud de atacar la Franconia i arrancar a la causa decadente de Austria los ausilios de la confederacion jermánica.

España entró tambien en la arena para participar de los infortunios de la Francia i esperimentar contratiempos no inferiores a los mas grandes que hasta entónces habia sufrido bajo la dinastia de los Borbones. En la situacion, fuerza, i aun en el carácter del pueblo ingles se habia efectuado un cambio hasta entónces desconocido, a causa del órden, armonia i regularidad introducidos por Mr. Pitt en todos los ramos del cuerpo político, i las ruedas del gobierno seguian moviéndose con el poderoso impulso que su jenio fecundo les habia dado durante su administracion. Las conquistas hechas en el Norte de América i las Indias occidentales fueron los primeros efectos de su prevision i actividad i abrieron el campo a nuevos triunfos,[40] al mismo tiempo que una serie de sucesos brillantes inspiraron al ejército i armada tal entusiasmo i confianza, que las victorias i conquistas alcanzadas por Inglaterra contra Francia i España en todo el curso de la guerra no tienen igual en los anales de aquella nacion, habiendo elevado a una altura superior la dignidad de la corona i consolidado sus intereses comerciales en las cuatro partes del mundo.[41]

Cuando el gobierno ingles se persuadió de que la guerra con España era inevitable, determinó adoptar el plan que habia concebido Mr. Pitt i aprovecharse del ejército que estaba en las Antillas para atacar a los españoles en sus posesiones mas importantes. Este ejército habia sido enviado a las órdenes del jeneral Monckton para apoderarse de las islas francesas, a causa de haber empezado los franceses a poblar i fortificar, con infraccion de los tratados, las neutrales del mar Caribe, amenazando la importante colonia de Jamaica. La atencion se fijó con este motivo en la plaza de la Habana considerada el puerto militar de Nueva España; prometiéndose con esta conquista cerrar el paso del oceano a los tesoros inagotables de la América española, abrir un comercio libre a la navegacion inglesa en aquellos mares i amenazar las otras Antillas i demas posesiones enemigas.[42] Los ingleses conocian cuan valiosa era la posesion del puerto de la Habana: Cromwell pensó en apoderarse de una de las grandes Antillas o de Cartajena, i a pesar de hallarse en paz con España preparó una escuadra formidable, que mantuvo por algun tiempo inquietos a los hombres de estado de Europa i concluyó con la no esperada conquista de Jamaica en 1655,[43] i en la guerra que sostuvieron con España algunos años ántes de tener lugar estos sucesos habian hecho una tentativa para apoderarse de la Isla de Cuba, que lograron hacer infructuosa el valor de sus naturales i las medidas acertadas que adoptó el gobernador del distrito oriental.[44]

La ruptura con España volvió a ocupar ahora la atencion del gobierno británico sobre un proyecto concebido para el caso de una guerra entre ambas naciones. El honor de este proyecto se ha concedido al almirante Knowles, aunque el adoptado en la invasion fué el del Lord Anson, primer Lord del Almirantazgo. El almirante obtuvo permiso para presentar su plan a S. A. R. el duque de Cumberland, quien le dispensó su aprobacion i lo recomendó al ministerio; pero despues de ecsaminados los planos i proyecto de espedicion, habiendo Lord Anson sometido a ecsámen un plan formado por él mismo con datos notables por su esactitud, los ministros adoptaron éste último i acordaron llevar a efecto la conquista de Cuba.[45] Para distraer la atencion de los aliados sobre el verdadero objeto de los preparativos de la espedicion, se hizo circular la voz de que aquellas fuerzas se destinaban a Santo Domingo, dando vizos de verdad el estar esta isla mas inmediata a la Martinica que la de Cuba i pertenecer una parte de ella a España i la otra a Francia. La Gazeta de Londres del 9 de enero corroboraba esta errada noticia, anunciando como cosa corriente en los círculos de la corte que el ejército ingles se destinaba a aquella Antilla.[46]

Jorje III., como una muestra de atencion, autorizó al duque de Cumberland para que nombrase los jefes que habian de llevar a cabo la empresa, i S. A. elijió al teniente-jeneral Jorje Keppel, conde de Albemarle para jeneral en jefe de las fuerzas de tierra i al almirante Sir Jorje Pocock para el mando de la escuadra. Inmediatamente se comunicaron órdenes al jeneral Monckton para que las fuerzas que habian ido a la conquista de la Martinica i la Guadalupe estuviesen listas a la llegada del almirante Pocock, i a las autoridades de Jamaica i del Norte de América para que preparasen dos divisiones, una de dos mil hombres en el primer punto i otra de cuatro mil en el segundo. Al mismo tiempo se reunia en Portsmouth la escuadra i una fuerza de cuatro mil infantes. La disposicion marcada de los ministros en favor de la paz retardó la salida del ejército ingles hasta que la resolucion de España i Francia de invadir el reino de Portugal no les dejó ya duda de que era imposible todo acomodamiento con las potencias enemigas.

La escuadra salió de Spithead el 5 de marzo, compuesta de cuatro navios de linea i una fragata, treinta trasportes con una division de cuatro mil hombres, diez i nueve buques cargados de provisiones i nueve con artilleria i pertrechos: el San Florentino i Burford se le reunió a la vista de Plymouth con órden de acompañarla a una larga distancia hácia el oeste. Durante la navegacion sobrevino una violenta tempestad que separó todos los buques, i no volvió a reunirse la escuadra hasta el 20 de abril, cuando el Namur, que montaba el almirante, arribó a la Barbada i encontró allí la mayor parte de sus buques. En esta isla recibió el conde de Albemarle cartas del jeneral Monckton, informándole del buen écsito de las armas británicas en la Martinica, cuya conquista acababa de efectuarse por capitulacion; i con tan feliz augurio salió la escuadra de la bahia de Carlisle el 24, i el 26 llegó a Cas des Navieres en la isla recien-conquistada.[47]

El retardo que habia sufrido esta espedicion ántes de su salida de Inglaterra i el que tuvo durante la navegacion, habian disminuido las esperanzas concebidas al principio sobre su écsito en Cuba. Lo adelantado de la estacion i el temor de que hubiese llegado allí la noticia del rompimiento con España, dando tiempo al gobierno de la isla a prepararse contra un ataque por parte de Inglaterra, causaba gran inquietud al conde i al almirante. La espedicion habia logrado en su travesia escapar de un encuentro con la escuadra de M. de Blenac, compuesta de siete navios i cuatro fragatas, que habia salido de Brest conduciendo una division de cincuenta i una compañias en ausilio de la Martinica, fuerza demasiado poderosa para que hubiera podido resistirla la del almirante Pocock, i que sin duda hubiera puesto fin a la espedicion i quizá adornado algun puerto frances con los navios de Inglaterra. Aun escapando de las garras de M. de Blenac, si la escuadra francesa hubiera llegado a la Martinica ántes de rendirse, tales combinaciones pudieran haber tenido lugar entre el almirante i el gobernador de la isla contra el ejército del jeneral Monckton, que a la llegada de Mr. Pocock ya las fuerzas inglesas de la Martinica no le hubieran podido servir de ausilio eficaz para llevar a efecto los planes de la corte de Londres contra Cuba. M. de Blenac llegó a la vista de la Martinica pocos dias despues de la rendicion del Fort Royal, i habiendo sabido por un pescador que la isla toda estaba en poder de los ingleses desde el 14 de febrero hizo rumbo a Cabo Frances dejando libre el paso a la escuadra del almirante Pocock. Pero el tiempo perdido era un mal que podia producir grave daño i comprometer el écsito de la conquista de Cuba, i toda la atencion del almirante se fijó en apresurar la salida del ejército para su destino.[48]

Luego que la escuadra llegó a la Martinica el conde de Albemarle tomó el mando en jefe de todas las fuerzas espedicionarias reunidas en aquella isla, las cuales consistian en un ejército de doce mil hombres, que despues se aumentó con mas de dos mil de los refuerzos enviados del Norte de América i Jamaica. Dividiólo en cinco brigadas,[49] i ademas formó dos cuerpos, compuestos el uno de cuatro compañias de infanteria lijera pertenecientes a los rejimientos traidos de Inglaterra i un batallon de granaderos al mando del coronel Guy Carleton, i el otro de dos batallones de granaderos al mando del coronel Guillermo Howe; dió órdenes tambien para que se comprasen sobre mil negros en la Martinica i demas islas i que se incorporase una compañia que habia podido formarse en Jamaica i seiscientos negros que estaban allí alquilados para el servicio de las varias operaciones del ejército. La escuadra se componia de diez i nueve navios i diez i ocho fragatas: el almirante habia dado órden a Sir Jaime Douglas para que se le reuniera a la vista del cabo Nicolas, en Santo Domingo.

Mas de un mes se pasó ántes que pudieran estar concluidos los preparativos para hacerse a la vela. El 6 de mayo salió de la Martinica el almirante Pocock en direccion del paso de la Mona donde se le reunió el dia 8 la division del Capitan Hervey que estaba bloqueando la escuadra del almirante Blenac en el Cabo Frances, el 17 llegaron a la vista del cabo Nicolas i el 23 se incorporó la escuadra de Jamaica al mando de Sir Jaime Douglas. Las fuerzas marítimas inglesas constaban, con estas dos divisiones i la que llegó despues del Norte de América, de cincuenta i tres buques de guerra de varias clases,[50] con una tripulacion de diez mil ochocientos hombres,[51] i ademas de un gran número de trasportes de tropas, municiones de boca i guerra, hospitales i demas útiles, calculado en doscientos buques.[52] Entónces se resolvió definitivamente el modo de conducir la espedicion contra la Habana.[53]

Dos medios se ofrecian a la eleccion del almirante. El mas fácil era navegar a lo largo de la costa sur de la isla de Cuba hasta el paso de la navegacion de los galeones, doblar el cabo de San Antonio i arribar sobre la Habana. Aunque éste era el camino mas conocido i practicado en aquellos mares, tenia el inconveniente de ser el mas largo; i viendo el almirante el poco tiempo que le quedaba para conducir i desembarcar las tropas, faltando poco mas de un mes para entablarse en los trópicos la estacion de las aguas, prefirió el mas corto aunque el mas peligroso, i resolvió navegar costeando el norte de la isla, paso intrincado de mas de seiscientas millas de largo, conocido con el nombre de canal viejo de Bahama. Así lograba llegar mas pronto i cortar la única via por donde los franceses podrian desde Santo Domingo acudir en ausilio de la Habana. Para evitar las desgracias que pudieran sobrevenir a la escuadra en aquellos mares borrascosos i casi desconocidos entónces, envió al capitan Elphinstone que esplorase con el Richmond la costa i navegacion, i tomó todas las demas precauciones necesarias.[54] El 3 de junio estando en cayo Sal el Echo i el Alarm que llevaban la delantera, descubrieron cinco buques, que resultaron ser la fragata española Tétis de diez i ocho cañones con sesenta i cinco hombres, i la Fénis de veinte i dos con ciento setenta i cinco hombres, que iban convoyando hasta Sagua un bergantin i dos goletas trasportes de maderas para el astillero. Las dos fragatas inglesas les dieron caza, i despues de un reñido combate se apoderaron de los buques de guerra i dos de los trasportes, logrando escaparse una de las goletas. La escuadra no tuvo otro encuentro ni ningun accidente durante su paso por el canal i el 5 se hallaba frente a Matanzas. El 6 por la mañana, estando a seis leguas al este del puerto de la Habana, Mr. Pocock ordenó a la escuadra el acercarse i dió sus instrucciones sobre el modo en que debia efectuarse el desembarco del ejército, dejando para ello seis navios i algunas fragatas al mando del Honorable comodoro Augusto Keppel. En seguida, habiendo tripulado los botes de la escuadra, se hizo a la mar a las dos de la tarde con trece navios, dos fragatas, dos bombardas i treinta i seis trasportes, se acercó a la vista del puerto, que reconoció detenidamente, i se situó a barlovento de la cuidad en espectativa de la escuadra española.[55] Veamos cual era entónces el estado de la Habana.


CAPITULO IV.

La isla de Cuba presenta por su configuracion una estension de quinientas veinte leguas marítimas de costas, que la hacen a la vez vecina de Haití i Jamaica, del estremo meridional de la Florida i de la península de Yucatan, la parte mas oriental de Méjico. Su importancia política no consiste solamente en la estension de su territorio, en la fertilidad admirable de su suelo i en el poder de sus establecimientos de marina militar, sino tambien i mas principalmente en las ventajas que ofrece la posicion jeográfica de la Habana.

La parte septentrional del mar de las Antillas, conocida con el nombre de Golfo de Méjico, forma una cuenca circular de mas de doscientas cincuenta leguas de diámetro, i el litoral de la isla de Cuba entre el cabo de San Antonio i la ciudad de Matanzas, a la desembocadura del Canal viejo, cierra este golfo al sud-este, no dejando a las corrientes oceánicas, llamadas Gulfstream, otras entradas que un estrecho al sur entre el cabo de San Antonio i el cabo Catoche i hácia el norte el canal de Bahama entre Bahia Honda i los bajos de la Florida. Cerca del estremo norte de este litoral, donde se cruzan, por decirlo así, porcion de grandes rutas al comercio del mundo, es precisamente donde se halla el hermoso puerto de la Habana, fortificado a la vez por la naturaleza i el arte. Su entrada es un canal de poco mas de media milla de largo i de cerca de doscientas toesas de ancho, que abre el paso a una gran taza en forma de óvalo, defendida de todos los vientos i capaz por su estension i fondo de contener mil buques, la cual comunica con las tres ensenadas de Regla, Guazabacoa i Atáres, en cuya última se encuentran manantiales de agua dulce. En el meridiano de la Habana es donde se reunen las aguas del golfo, las del Canal viejo i las del canal de Bahama: la direccion contraria de las corrientes i las ajitaciones de la atmósfera, sumamente violentas, dan a estos lugares sobre el límite estremo de la zona equinocial un carácter particular i una importancia notable.[56]

A estas circunstancias de localidad debió la Habana su preponderancia sobre las demas poblaciones de la isla desde su traslacion de la costa del sur al antiguo puerto llamado de Carénas, en los primeros tiempos de la conquista. A principios del siglo xvi habia empezado ya a hacerse por el canal de Bahama el comercio i navegacion de los españoles, i el puerto de la Habana les brindaba una escala segura en su regreso a España i medios fáciles de refrescar sus víveres i aguadas. Ademas, los mares de las Antillas se vieron entónces infestados de piratas ingleses i franceses, que hacian grande estrago en las poblaciones de la banda oriental, i los colonos españoles empezaron a emigrar a la Habana como punto mas distante del teatro de aquellos atentados, aunque algunas veces probó tambien esta ciudad sus amargas consecuencias.

A estas causas del temprano desarrollo de su poblacion se agregó tambien la ventaja que sobre la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la isla, ofrecia a los gobernadores para mejor llevar a cabo los proyectos de conquista en los dos continentes de América. Cuando Hernando de Soto se encargó del gobierno de la isla en 1538, determinó pasar a la Habana, por serle mas conveniente aquel punto para cumplir las órdenes del rei relativas a la conquista de la Florida; i como hubiese ocurrido el que un corsario frances habia incendiado la ciudad poco ántes de su llegada, ordenó su reconstruccion i que se abriesen los cimientos del castillo que aun ecsiste con el nombre de La Fuerza.

El ejemplo de Soto fué el oríjen de que el gobierno jeneral de la isla se trasladase insensiblemente a la Habana. El doctor Gonzalo Perez de Angulo fué el primero que residió allí durante casi todo su gobierno, i los demas gobernadores siguieron la misma costumbre, llevados del concurso i comercio de las flotas que diariamente progresaba; lo cual contribuyó a fomentar la emigracion de una gran parte de los habitantes de la isla, quienes corrian a establecerse en el distrito de la Habana. Didicaronse al cultivo del tabaco i de la caña con el ausilio de algunos negros que se habian introducido para reemplazar el trabajo de los indios, i tambien a la cria caballar i de ganados en la cual hicieron tales progresos que ya a mediados de aquel siglo proveian las espediciones de Costa-firme i las tropas que salian a la conquista de los dos continentes. De catorce o diez i seis mil almas que en 1580 habria quizá en la isla, la mayor parte se hallaban en la Habana i sus inmediaciones.[57]

Estos adelantos movieron la voluntad soberana de Felipe II. a dictar algunas providencias en honor de la Habana i para la seguridad i bienestar de sus habitantes. En 1589 fué nombrado Capitan-jeneral de la isla el maese-de-campo Juan de Tejada con órden de residir en el castillo de la Fuerza, viniendo de este modo a decidirse la creacion de la capitania jeneral con residencia en aquella ciudad. Tejada llevó consigo al injeniero Juan Bautista Antoneli para que dirijiese la construccion de los castillos del Morro i de la Punta que le habia recomendado el rei, i durante su permanencia en la Habana se ocupó tambien en los trabajos de la zanja que llevó algun tiempo su nombre i hoi se conoce con el de la Zanja real. En el gobierno de Tejada se aumentó hasta doce el número de rejidores del Ayuntamiento de aquella capital, se le dió a la villa el nombre de ciudad, i por armas un escudo con una corona en la parte superior i en sus cuarteles tres castillos de plata en campo azul i una llave de oro, alusivo todo a los castillos de la Fuerza, el Morro i la Punta i a ser tenida la Habana por el monarca español como la llave de las Indias.

En 1634 se creó allí un tribunal de cuentas, pocos años despues se concluyeron en la desembocadura de los rios Chorrera i Cojímar dos torreones que defendian aquellos puntos avanzados de la capital, i como estos fuertes hubiesen sido costeados por los vecinos de la ciudad, el gobernador Dn. Alvaro de Luna i Sarmiento usó de la hidalga atencion de confiar su defensa a tres compañias de naturales del pais, siendo ésta la primera fuerza rejimentada que se organizó en la isla.

La pérdida de Jamaica llevó a Cuba en 1656 mas de ocho mil emigrados españoles, haciendo subir su poblacion total a cuarenta mil almas. Como la conquista de aquella isla por los ingleses sirviese de incentivo a los piratas para emprender nuevas escursiones contra las colonias españolas, formándose una liga entre los de Jamaica i los franceses de la Tortuga i el Cabo frances se renovó la antigua disposicion de los habitantes de la isla a establecerse en el distrito de la Habana, donde la presencia de las autoridades superiores i el número i magnitud de las fortificaciones les brindaban proteccion i garantias de seguridad. Esta liga llegó a hacerse tan temible, que receloso Felipe IV. de que en alguna de las frecuentes irrupciones que hacian los piratas pudiesen unir todas sus fuerzas protejidos por el gobernador de Jamaica e intentar un ataque formal para apoderarse de la Habana, quiso aumentar sus medios de defensa, i al efecto dispuso que se murallase la ciudad; salvándola con esta i otras prudentes precauciones, de los atentados i crímenes horribles que esperimentaron despues Santiago de Cuba, San Juan de los Remedios i Puerto Príncipe.

El gobernador Dn. Francisco Rodriguez de Ledesma continuó en 1670 las obras de fortificacion de la Habana i levantó una escuadrilla que protejiera las costas de la isla; pocos años despues se estableció el protomedicato, i aquella capital vió en la creacion de la casa de maternidad, abrirse en 1711 los cimientos de un instituto que honra la memoria del piadoso obispo Dn. Fray Jerónimo de Valdes. Los monarcas españoles continuaron dispensando su proteccion a la Habana, fijándose principalmente en la defensa de su puerto por las ventajas que ofrecia como punto militar: en 1724 o 25 se dispuso la construccion del magnífico arsenal que tan gran número de buques de guerra ha dado a la marina española; la Universidad, fundada el 5 de enero de 1728, obtuvo la real aprobacion el 3 de setiembre del mismo año;[58] durante el gobierno de Dn. Francisco Cajigal de la Vega se ensanchó la habitacion de la Fuerza i la bateria de la Pastora recibió algunas mejoras que perfeccionaron su construccion; i ultimamente, la traslacion de la estasion de la Armada de barlovento de Veracruz a la Habana en 1748 decidió de la supremacia del antiguo puerto de Carénas sobre los demas de la América española.[59]

Así que a las ventajas naturales con que la divina Providencia ha querido favorecer a la ciudad de la Habana i a las disposiciones acertadas de los reyes de España para protejerla contra la codicia de las cortes rivales de Europa i las depredaciones de los piratas, debió la capital de la isla de Cuba los progresos que en la época de la invasion inglesa la colocaban en la lista de las primeras ciudades de América; no solo por la escelencia de su posicion jeográfica, la templanza de su clima, fertilidad de su suelo i seguridad de su puerto, sino tambien por la belleza de su cacerio, la elegancia de sus edificios públicos, la riqueza i adorno de sus templos, el número de sus habitantes, la estension de su comercio i la importante defensa de su guarnicion, armada naval i fortificaciones.

La ciudad está situada a los 23º 8´ 35´´ latitud norte i 84º 43´ 7´´, 5 lonjitud al oeste del meridiano de Paris,[60] en una hermosa i pintoresca llanura al oeste de la entrada del puerto, i sus cercanias, así como los pueblos inmediatos eran los mas ricos i mejor poblados de la isla; el caserio ocupaba una estension de novecientas toesas de largo i quinientas de ancho, era de un solo cuerpo, de silleria, de airosa forma i en su conjunto de mui bella apariencia; i su poblacion se componia de jentes las mas atentas i sociales de toda la América española, mui dadas a imitar las costumbres i maneras francesas tanto en sus trajes i conversacion, como en el buen gusto de su mesa i en el adorno de sus casas. Contribuian a la hermosura de la ciudad once iglesias i monasterios i dos grandes hospitales: las iglesias eran ricas i magníficas, particularmente las de Recoletos, Santa Clara, San Agustin i San Juan de Dios, cuyo interior estaba adornado con altares, lámparas i candelabros de oro i plata de un gusto esquisito. Servia de punto de reunion i lugar de recreo a los habaneros la plaza de Armas, rodeada toda de casas de un frente uniforme; i la zanja real de Antoneli daba paso a las aguas de la Chorrera para satisfacer las necesidades de la ciudad i proveer al arsenal i la escuadra.[61] La poblacion de la Habana i su distrito se calculaba entónces en setenta mil almas[62] i la del resto de la isla quizá no escedia de sesenta mil.

El comercio de la Habana relativamente al que hacian los españoles con América, era ya en aquella época mui considerable i el mayor de todos los puertos de la isla. Ademas de surtir de mercancias a los pueblos del interior i del litoral, esportaba gran número de cueros, estimados por su escelente calidad, i tambien azúcar, tabaco i otros efectos. El comercio de importacion se hacia por los buques matriculados de Cádiz i Canarias, ademas del que se toleraba a los mercantes españoles que comerciaban con los puertos del continente hispano-americano, particularmente los que volvian de Cartajena, Porto-bello i Veracruz para España, i entraban en la Habana a renovar sus provisiones, hacer aguada i gozar de la conveniencia de salir con el convoi que en el mes de setiembre regresaba a la Península con los galeones cargados con las riquezas del Perú i Chile, i la flota con los tesoros de Nueva España.

La aglomeracion periódica de gran número de naves mercantes i de guerra habia introducido en la Habana la costumbre de hacer una feria, durante la cual reinaba una gran animacion en la ciudad; pues a la vez que facilitaba las transaciones comerciales, servia de diversion i pasatiempo a los marinos i navegantes, que aguardaban la salida del convoi. En esa época se publicaba una órden prohibiendo bajo pena de la vida que ninguna persona perteneciente a la escuadra se quedase a pasar la noche en tierra, i todos se retiraban a bordo al disparar el cañonazo que llamaban de aviso. Las provisiones eran entónces escesivamente caras, i tan grande la circulacion de dinero, que ademas del precio ordinario de los jornales se pagaba a cada esclavo jornalero un esceso de cuadro pesos al dia a los varones i dos a las hembras.

Fácil es de suponer que una ciudad tan importante habia de estar bien defendida. La entrada del puerto lo estaba por la parte del este por el fuerte castillo del Morro, situado en una roca elevada, de forma irregular algo semejante a un triángulo, en cuyos muros i baluartes habia cuarenta cañones montados; por la bateria de los Doce Apóstoles, llamada así por montar igual número de cañones de a 36, situada hácia el interior del puerto en la parte baja de los baluartes del Morro que miran al sud-oeste, casi al nivel del mar, i por la de la Divina Pastora con 14 cañones a flor de agua, en un punto un poco mas elevado que la anterior, haciendo frente a la puerta de la Punta. Hácia el oeste, en la misma entrada del puerto i como a doscientas varas de esta puerta, estaba el castillo de la Punta, de forma cuadrada, con cuatro baluartes bien montados de artilleria, i en la misma direccion, ya en la ciudad, el llamado la Fuerza con veinte i dos piezas, de igual forma i con el mismo número de baluartes que el anterior, aunque no de construccion tan sólida; el cual, ademas de ser la residencia ordinaria del gobernador, servia de depósito a los caudales del rei. Entre ambos fuertes, orillando la bahia, se estendian algunos baluartes mui bien artillados.

Las murallas corrian por la parte de tierra desde la puerta de la Punta hasta el arsenal, revestidas de cantos labrados, con baluartes i parapetos i un foso derrumbado por varios puntos i casi vuelto a cubrir, particularmente detras de las puertas de la Punta i de Tierra, por donde en caso de un sitio pudiera levantarse una trinchera i causar gran daño a la plaza. Desde la primera a la segunda puerta mencionadas el terreno se estiende con un ascenso suave, i en él se veian algunos jardines i haciendas de pasto, cubiertas de innumerables palmares. Delante de la puerta de Tierra habia un rebellin, i el cerro que desde allí se dilata hasta el arsenal era el mas elevado de la ciudad i mas escabroso que el del lado de la Punta. Tales eran las fortificaciones de la Habana en aquella época, las mejores que tenia España en las Antillas i dignas de la importancia de aquel puerto.

Pero aunque fuertes, tenian defectos de posicion que no podrian ménos de producir grandes ventajas a cualquier enemigo que intentase apoderarse de la plaza, pues tanto la ciudad como los fuertes estaban dominados por muchas alturas de fácil acceso. Al este del puerto, el monte llamado la Cabaña, donde despues se construyó el castillo que lleva su nombre, domina en gran parte el Morro i enteramente la Punta, la Fuerza i toda la parte nordeste de la ciudad, que como puede juzgarse por la descripcion anterior, era la mejor fortificada. Al oeste de la poblacion se estendia un suburbio llamado de Guadalupe, cuya iglesia estaba situada en una eminencia a media milla de la puerta de Tierra, al mismo nivel de ésta i mas alta que todas las demas fortificaciones en aquella direccion: desde el lado del norte de esa eminencia podia flanquearse la puerta de la Punta, i por el sud-este se dominaba la fábrica del arsenal. La zanja real viene por la parte del norte a bajar al foso cerca de la puerta de Tierra i de allí sigue hasta el arsenal, donde hacia mover un molino de acerrar: a media milla de la iglesia mencionada está el puente de Chavez, construido sobre un arroyo que va a desaguar a la bahia, el cual sirve para unir el camino central de la isla hasta Baracoa, i desde este puente al Lazareto hai solamente dos millas con un cerro intermedio: una trinchera levantada entre estos dos puntos cortaria la comunicacion de la Habana con el resto de la isla. De estas observaciones se deducirá facilmente que aunque bien fortificada, aquella ciudad no era inespugnable en los tiempos de la invasion inglesa.[63]