ÉPOCA ROMANA
(SIGLOS I-IV)
26. La más añeja noticia que de las letras españolas nos ha llegado es la que nos dejó escrita Estrabón, autor grave de la época de Augusto, el cual nos dice que los ribereños del Betis, llamados turdetanos, de raza española, tenían literatura y conservaban escritas sus antiguas historias, poesías y leyes, en verso, había seis mil años, según ellos contaban, siendo los más sabios de los españoles, y que todos los demás indígenas también entendían de literatura y no sólo de la del propio idioma, sino aun de las demás lenguas que en España se hablaban. Alude, sin duda, á las literaturas romana, griega y fenicia, que sabemos tenían los extranjeros de estas naciones avecindados en España y con cuya comunicación muchos españoles eran bilingües y conocían varias lenguas.
Cicerón, en su oración Pro Archia poeta, menciona los vates llevados de España á Roma, el año 682, por Metelo Pío, muerto ya Sertorio, fundador de los estudios romanos en Huesca. Nacidos aquellos poetas en Córdoba, y discípulos, quizá, de Asclepiades, sonábale á Cicerón algo toscamente su habla, ó ya que se resintiera del origen úmbrio de los colonos italiotas de las orillas del Guadalquivir, ó que le chocase al orador romano el tonillo provincial que de Córdoba traían. Pero por los autores consta que los puros españoles tenían sus cantos y danzas nacionales, que son, sin duda, los precedentes de lo que todavía se usa en toda España.
Todo ello se confirma con las inscripciones y monedas españolas, que las había, y se conservan en fenicio, griego, latín y en los caracteres propios de estos idiomas; pero sobre todo, con las inscripciones y monedas batidas por las ciudades puramente españolas, en caracteres nacionales, llamados celtibéricos ó de letras desconocidas, y en el idioma nacional.
27. Strab., III, i: σοφώτατοι δ' ἐξετάζονται τῶν Ἰβήρων οὗτοι, καὶ γραμματικῇ χρῶνται, χαὶ τῆς παλαιᾶς μνήμης ἔχουσι τὰ συγγράμματα, καὶ ποιήματα, καὶ νόμους ἐμμέτρους ἑξακισχιλίων ἐτῶν, ὥς φασι· καὶ οἱ ἄλλοι δ' Ἴβηρες χρῶνται γραμματικῇ, οὐ μιᾷ ἰδίᾳ· oὐδὲ γὰρ γλώττῃ ἰδίᾳ. Sarmiento, siguiendo á Palmerio, espantado con la cifra de seis mil años, cree que por ἐτῶν deba leerse ἐπῶν, seis mil versos. (Memorias para la hist. de la poesía y poét. esp., párrafo II, n. 46). El ἰδίᾳ alude á la lengua propia, además de la cual los doctos entre los íberos sabían griego y fenicio, lenguas extrañas de los colonos, que se les habían venido al olor de las minas y habían asentado, en las costas sobre todo. "Asclepiades Mirleano, que enseñó gramática (griega) en la Turdetania y dió á luz una descripción de las naciones que habitaban la tierra". (Strab., III, IV): καὶ Ἀσκληπιάδης ὁ Μυρλεανός, ἀνὴρ ἐν τῇ Τουρδιτανιᾷ παιδεύσας τὰ γραμματικὰ καὶ περιήγησιν τινα τῶν ἐθνῶν ἐκδεδωκὼς τῶν ταύτῃ. Bueno será recordar que en los dos textos la voz gramática significaba literatura. Cic., De orat.: "In grammaticis poetarum pertractacio, historiarum cognitio, verborum interpretatio, pronuntiandi quidam sonus".
Famoso es el texto de Silio por donde sabemos que los españoles cantaban versos en su lengua y bailaban repiqueteando los broqueles: "Barbara nunc patriis ululantem carmina linguis, nunc pedis alterno percussa verbere terra, ad numerum resonans gaudentem plaudere caetras" (III, 353). Otro tanto dice Diodoro (V, 34). No pueden ser estos corros y danzas más que las danzas corales de toda España, desde la danza prima asturiana hasta el aurresku y espatadantza vascongada. Y Silio, en otra parte: "Ritu iam moris Iberi | carmina pulsata fundentem barbara caetra". Y á la muerte de Viriato, dice Apiano (VI, 75) que "armados, le entonaron un himno en su lengua", βαρβαρικῶς; y Estrabón añade que insultaban los cántabros en verso á los crucificados (III, IV, 18). Véase, además, Amiano Marcelino (XVI, § 8), Estrabón (III, I, § 6, χορεύοντες) y Diodoro (V, 34, ὄρχησις κούφη danza ligera, el arinarin vasco). San Eugenio nos dice que "Cantica vulgus habet" (Bibl. Patr. tolet., t. I, pág. 66) y los "turpes cantus" fueron condenados en los Concilios toledanos (XVI, 23).
28. Las inscripciones y monedas celtibéricas puede decirse que todavía están por descifrar. Después de leer todos los trabajos de Hübner, en su Monumenta Iberica, queda uno persuadido de que no se ha sacado nada en limpio. Se menospreció, harto á la ligera, cuanto halló Erro, y con todo, fué el único que descifró buen golpe de inscripciones y puso en claro el valor de las principales letras. El desconocimiento del vascuence, entre los que le han juzgado, tiene la culpa de todo. Las inscripciones son ibéricas; esto es, vascongadas por la mayor parte. Los caracteres son, en substancia, los mismos de los antiguos alfabetos; pero ofrecen formas más primitivas, que pintan los objetos y las articulaciones de la boca. Pueden verse algunos explicados en el Tesoro de la lengua castellana. Hoy se cree que los alfabetos todos del antiguo mundo vienen de los jeroglíficos egipcios, según pruebas de Rougé y Lenormant; pero hay que distinguir en los jeroglíficos las pinturas ideológicas y los caracteres realmente alfabéticos que con ellas andan mezclados, los cuales son los mismos que los más primitivos y sencillos caracteres celtibéricos. Los mismos se hallan en la más vieja forma de las inscripciones cuneiformes de Nínive y Babilonia, en los llamados caracteres hieráticos, antes de convertirse en caracteres cuneiformes por el empleo del clavo ó cuña al estamparla en los ladrillos. Los pocos caracteres alfabéticos que hay en los jeroglíficos egipcios y los pocos hieráticos asirios, de los cuales salieron después los cuneiformes, convienen con los más sencillos caracteres celtibéricos. Dificultades tipográficas y, ¿por qué no decirlo?, la ignorancia y el menosprecio que aquí hay de este linaje de estudios, me han retraído de publicar una obra, cuyos materiales tengo preparados. Ahí está vivo el vascuence, sin que nadie lo estudie para ver qué pueda deberle el castellano, y ahí está el Tesoro de la lengua castellana, nueve volúmenes, donde cabalmente se estudia esta cuestión importantísima para conocer los orígenes del castellano y de nuestra historia. Ni siquiera se dignó citar la obra Menéndez Pelayo, menospreciando juntamente la teoría de Humboldt, aún hoy mantenida por todos los sabios, menos por algunos caballeros antivascófilos y antiespañoles. Y eso que dedicó á las cuestiones ibéricas un tomo entero, el de la refundición del primero de los Heterodoxos.
29. La literatura latina de la época de Augusto y aun la de la época de Cicerón puede decirse que más estuvo en manos de italianos que de ciudadanos romanos; pero luego que las demás provincias tuvieron abiertas las puertas de la Ciudad, cuando de enmollecida y por demás helenizada se caía á pedazos la literatura romana y había muerto con la pérdida de la libertad la elocuencia, nervio verdaderamente romano de todo aquel arte literario, vinieron los ingenios españoles, no á corromper lo que harto corrompido, caído y carcomido estaba, por extranjerizo y poco nacional, sino á robustecerlo, si menos delicada y elegante que la helénica, con la sangre bravía y severa de nuestra raza. Toda la edad de plata pertenece á los españoles. La verdad de Porcio Latron y Séneca el viejo, la reciura ética de Séneca el joven, el chillón colorido de Lucano, el realismo de Marcial, no hubieran sido menor parte para levantar de su postración á la literatura latina que los empeños que por volverla á los tiempos de Cicerón y Virgilio puso el gran Quintiliano, si humano medio hubiera podido darse para hacer revivir lo que se moría por momentos por no tener arraigo en el pueblo romano, y menos cuando al pueblo romano, diezmado por las guerras civiles, habían sustituido gentes venidas de los más lejanos rincones del mundo, convirtiéndose Roma en una ciudad de todos los pueblos.
30. No puede prescindirse de los autores hispanolatinos en la historia de la literatura castellana, ya porque el castellano es el mismo latín evolucionado, ya, sobre todo, por la unidad de espíritu que alienta á unos y otros autores, salvo la diferencia de religión y política. Lucano es tan cordobés como Góngora; Marcial, tan aragonés como los Argensolas y tan español como Baltasar del Alcázar; la gravedad y el sentido común de Quintiliano es la de nuestra raza, y la de nuestra raza es la ética y el acerado decir de Séneca. Bonilla, Hist. filos. esp., I, pág. 92: "No puede ponerse en duda que los escritores y pensadores de nuestra Patria, aun dentro de la época romana, tienen cierto aire de familia". Las inscripciones latinas de España pueden verse recogidas por Hübner en el tomo II del Corpus inscriptionum latinarum; las poéticas son delicadísimas, muy sentidas y elegantes, en Bücheler.
En ellas, lo mismo que en los autores hispanolatinos, no parece para nada el pueblo puramente español; todo es romano. ¿Quiere esto decir que España entera se había romanizado, no quedando ni huella del iberismo primitivo? Suponerlo es una verdadera necedad. Sólo escriben los romanos que habitaban en España y, por excepción, los nombres de algunos españoles romanizados se hallan en los epitafios; de la población indígena no se acuerdan los romanos para nada, y, cierto, los romanos ni el pie habían puesto en algunas regiones españolas. En este engaño han caído, sin embargo, muchos, que han pretendido hablar de los puros españoles tomando sus noticias de los escritos romanos, que sólo á los romanos atañen. ¿Cuándo nos importará lo enteramente nuestro y prerromano?
31. El primer escritor español conocido es Turranius Gracilis, natural de Mellaria, en Andalucía, que trató de historia natural, según Plinio, y suelen ponerle en la primera mitad del siglo vii de Roma, bastante antes de Cicerón. Ya en tiempo de este orador hallamos á Balbo, el primer bárbaro que logró el Consulado, y su sobrino del mismo nombre, el primer bárbaro que alcanzó el triunfo, así como más tarde fué el español Trajano el primer bárbaro que llegó á Emperador romano. Consérvanse entre las Cartas de Cicerón algunas de Balbo (Ad Attic., 8, 15; 9, 8), y fué de los íntimos de Pompeyo, César y Cicerón. En la época de Augusto floreció Sextilius Ena, épico cordobés.
32. Plinio, Histor. nat., III, pág. 3: "A vico Mellaria Hispaniae ad promontorium Africae album, auctore Turriano Gracile iuxta genito". Se le cita en primer lugar entre las fuentes consultadas para los libros III, IX y XVIII (Naturae frugum). Véase IX, 5, 11: "Turranius prodidit expulsam beluam in Gaditano litore". Qué Mellaria sea ésta, si Béjar de Melena, ó, como quiere Ambrosio de Morales, Béjar de la miel, no se sabe. Menos probable es sea Fuente Ovejuna, llamada así por Abejuna, la Mellaria del convento de Córdoba, que también cita Plinio. Turr-anius parece latinización del éuscaro Iturria, ó fuente, apellido común, perdida la i- como en Turiasso ó Tarazona, por Iturriaso, Turduli, Turdetani, de la misma raíz. Lo cual indica que era de origen español romanizado. L. Cornelius Balbus fué gaditano; dióle la ciudadanía, por sus servicios militares, Pompeyo el Grande, según la ley Gellia Cornelia. Defendiósela Cicerón el año 698 de Roma, ó 56 antes de J. C. Fué de familia distinguida, no sólo por su nobleza, sino también por los servicios que había prestado á la República en tiempo de la guerra de Sertorio. Fué honrado y enriquecido por Pompeyo y César, de quien era capitán de la Artillería é intendente de su Ejército, cuando Cicerón le defendió; después alcanzó el Consulado. Su sobrino triunfó de los Garamantas (Cicer., Pro Balbo). Plinio es el que afirma haber sido españoles los primeros forasteros que lograron estas honras.
Séneca, Suas., 6, 27: "Sextilius Ena fuit homo ingeniosus magis quam eruditus, inaequalis poeta et plane quibusdam locis talis quales esse Cicero (Pro Arch., 10, 26) Cordubenses poetas ait, pingue quiddam sonantes atque peregrinum. Is hanc ipsam proscriptionem (de Cicerón) recitaturus in domo Messalae Corvini... in principio hunc versum... recitavit: defiendus Cicero est, etc."
33. Cayo Julio Higino (hacia el 690-770 de Roma?), liberto de Augusto y bibliotecario suyo en la Biblioteca Palatina (726, Roma, 28 a. J. C.), juntó los estudios de Varron con los de Nigidio Fígulo, procurando imitarles. Escribió De sito urbium italicarum, otra obra De viris inlustribus y Genealogiae. Además, sobre un poema de Cina y sobre las obras de Virgilio y otras originales de agricultura y apicultura. Á ejemplo de Nigidio, compuso libros acerca de la religión ó de astrología, más conformes á razón que los de su modelo. Las 277 fábulas de la Mitología, que corren como suyas, no son más que un extracto de la obra original; igualmente se conservan abreviados cuatro libros De Astronomía, sacados de fuentes alejandrinas.
34. Suetonio, Gramm., 20: "C. Iulius Hyginus Augusti libertus, natione Hispanus—nonnulli Alexandrinum putant et a Caesare puerum Romam adductum Alexandria capta (en 707 de R., 47 a. J. C.)—studiose et audit et imitatus est Cornelium Alexandrum (de aquí el creerle alejandrino) grammaticum graecum, quem propter antiquitatis notitiam polyhistorem multi... vocabant, praefuit palatinae bybliothecae (fundada en 726==28), nec eo secius plurimos docuit; fuitque familiarissimus Ovidio poetae (que le dirigió la carta III, 14, Tristium) et Clodio Licino... qui eum admodum pauperem decessisse tradit... huius libertus fuit Iulius Modestus, in studiis atque doctrina vestigia patroni secutus". Había muerto en tiempo en que escribía Columela (I, 1, 13...). Luis Vives hace á Higino natural de Valencia. Praef. Georg. Virgil., Basilea, 1555: "C. Iulius Hyginus conterranus meus commentaria in eum scripsit qui fuit eius pene aequalis".
Consúltese Β. Bunte, De C. Iulii Hygini... vita et scriptis, Pars. prior, Marburg, 1846, 63 p.; y delante de la edición de las fábulas, págs. 1-16, Lipsiae, 1857 y 1875. PP. Mohedanos, Historia literaria de España (1777), t. V. Edic. además Moritz Schmidt, Iena, 1872.
35. Siglo i. Los más famosos retóricos del siglo de Augusto fueron Marco Porcio Latron, Arellio Fusco, Lucio Junio Gallion y Séneca, que es el que nos ha conservado cuanto de ellos sabemos. Menos Fusco, los otros tres fueron españoles.
Latron, hombre férreo, robusto en el cuerpo y en el ánimo, grave y suave, ingenioso y sutil, vehemente, nunca pudo deshacerse de su carácter español. Molestado de cuartanas y no pudiendo sufrirse, se quitó la vida (751 == 3 a. J. C.).
Gallion, amigo de Séneca ("Gallio noster") y de Ovidio, que le consoló al morir su mujer (Pont., IV, II), fué de la edad de éste, más bien que de la de Séneca (Controv., VII, praef. 5), y autor de una obra de retórica (Quintil., III, 1, 21) y de declamaciones (IX, 2, 91). Adoptó al hijo mayor de su amigo Séneca el retórico, que de Marco Aneo Novato vino así á llamarse Lucio Junio Gallion (Dion., LX, 35). Este hijo de Séneca el retórico fué Cónsul en tiempo de Claudio y Gobernador de Acaya el año 52, después de J. C., en cuyo tribunal presentaron á San Pablo. Dedicóle Séneca el filósofo, su hermano, con el nombre de Novato, su tratado De ira, y con el de Gallion, el De vita beata, y sobrevivió al mismo Séneca († 65), pero presto se quitó la vida. Era Gallion, el padre adoptivo de Novato, moderado en el decir, con cierta suavidad, caída y afeminada. De otros retóricos ú oradores españoles hace mención Séneca, llamados Cornelius Hispanus y Víctor Estatorio, de Córdoba.
36. Séneca, Controv., I, praef., 13-18, 20-24: "Latronis Porcii, carissimi mihi sodalis, memoriam... et a prima pueritia usque ad ultimatum eius diem perductam familiarem amicitiam... nihil illo viro gravius, nihil suavius... nemo plus ingenio suo imperavit, nemo plus indulsit. In utraque parte venementi viro modus deerat". Id. 16: "Corpus illi erat et natura solidum et multa exercitatione duratum... vox robusta, sed sordida, lucubrationibus et neglegentia... infuscata... nulla unquam illi cura vocis exercendae fuit: illum fortem et agrestem et hispanae consuetudinis morem non poterat dediscere". Id., IX, praef. 3: "Latronem Porcium, declamatoriae virtutis unicum exemplum, cum pro reo in Hispania Rustico Porcio propinquo suo diceret, etc.". Id. I, praef. 17: "Memoria ei natura quidem felix, plurimum tamen arte adiuta". Id. 20: "Cum in illo, si qua alia virtus fuit et subtilitas fuerit". S. Jerónimo. Chron.: "Taedio duplicis quartanae semet ipsum interficit". Quint., X, 5, 18: "P. L., qui primus clari nominis professor fuit". Le querían tanto sus discípulos (Sén., Controv., IX, pág. 409, 18 etc.), que bebían el Cuminum silvestre por imitarle en la palidez del semblante (Plin., Η. Ν. XX, 160). Entre ellos se cuentan Ovidio, Floro, Fulvio Sparso, etc. Véase G. Lindner, De M. Porcio Latrone commentatio, Breslau, 1855, 52, p. Edic. Schotto y mejor Kiessling. Trataron de él ó le comentaron los Padres Mohedanos, Hist. lit., t. V, Hernán Núñez, Antonio Covarrubias y Antonio Agustín.
Sobre Gallion, Quintil., IX, 2, 91: "Remissus et pro suo ingenio pater Gallio". Dial., 26. "Tinnitus Gallionis". Sus declamaciones las conoció San Jerónimo (Comm. in Esaiam, praef.) y Séneca el retórico nos ha conservado bastantes trozos. Véase B. Schmidt, De L. Iunio Gallione rhetore, Marburg, 1866, 33 p.; F. G. Lindner, De I. G. comm., Progr. de Hirschberg, 1868, 14 p.
37. Aneo Séneca el retórico (54 a. J. C.-38 d. J. C.?), padre de Novato, del filósofo Séneca y de Mela, padre de Lucano, fué de familia equestre, nació en Córdoba, tuvo por mujer á Helvia, á quien, y á sus hijos, educó en la más severa tradición romana. Rudo y riguroso, de claro entendimiento, huyó de las ligerezas griegas, admiró á Cicerón y mantuvo el habla varonil de Roma y de España, su patria. Abarcó su vida casi todo el siglo octavo de Roma, conoció los mejores oradores y retóricos, y á instancias de sus hijos, en su vejez, con el gran memorión que siempre tuvo y conservaba, compiló de ellos diez libros de Controversias y uno de Suasorias, con el título de Oratorum et rhetorum sententiae, divisiones, colores, brava mina para el conocimiento de la oratoria en la época de Augusto y Tiberio, á pesar de habernos llegado la obra bastante mutilada. En los prefacios, lo único propio suyo, escritos con pureza de lenguaje y nervio de estilo, se muestra riguroso censor de los vicios que la oratoria iba tomando, por haberse convertido en retórica de salón con la pérdida de la libertad, y de la exagerada delicadeza de dicción y falta de fuerza, con que la imitación greco-alejandrina había bastardeado el fiero y robusto decir de los romanos, avergonzándose de que le hagan recordar autores y discursos de entre paredes, que nada tienen que ver con la verdadera y recia elocuencia, que ya no sonaba en el foro. "¿Qué cosa hay que no sea inútil, dice, en este ejercicio escolástico, si la misma escolástica es inútil? Cuando hablo en el foro, tengo algún propósito; cuando declamo, me parece trabajar en sueños. Si conducís á esos declamadores al Senado, al foro, apenas se encontrará uno que sepa sufrir el sol ni la lluvia. Es imposible que salga un orador de tan pueril ejercicio. Es como si quisiéramos juzgar de las condiciones de un piloto haciéndole navegar en un estanque". (Excerpta.)
También escribió una Historia de las guerras civiles, pero la franqueza de su autor debió de causar su pérdida, como las que escribieron Asinio Polion, Cremucio Cordo y Aufidio Baso, en tiempos en que ya no podían escribirse verdades que amargasen al amo de la cosa pública.
38. El prenombre Lucius de algunos manuscritos viene de confundir sus obras con las de su hijo, como en la edición de Erasmo; se arbitró el llamarle Marco para distinguirle mejor. Sobre su familia, Sén., Ad Helv., 14, 3, y Tác., An., XIV, 53. Marcial, I, 61, 7: "Duosque Senecas... facunda loquitur Corduba". Su carácter en Sén., Ad Helv. matr., 17, 3: "Patris mei antiquus rigor... utinam... pater meus, minus maiorum consuetudini deditus, voluisset te praeceptis sapientiae erudiri potius quam imbui... propter istas quae litteris non ad sapientiam utuntur, sed ad luxuriam instruuntur, minus te indulgere studiis passus est". Lo cual concuerda con lo que dice el padre, Controv., I, praef. 6: "Insolens Graecia", y 8: "Cantandi saltandique obscena studia". Biografía, Sén., Controv., I, praef. 11: "Omnes magni in eloquentia nominis excepto Cicerone videor audisse; ne Ciceronem quidem aetas mihi eripuerat, sed bellorum civilium furor, qui tunc orbem totum pervagabatur, intra coloniam meam me continuit: alioqui in illo atriolo in quo duos grandes praetextatos ait secum declamasse, potui adesse illudque ingenium... cognoscere et... potui vivam vocem audire". Debió nacer el 700 de Roma, 54 antes de J. C., lo más tarde, y murió hacia el 792, no sobreviviendo al destierro de su hijo del año 796. Dos veces fué á Roma: Controv., IV, praef., 3: "Audivi illum (Asinio Polion, 679-758 de Roma) et viridem et postea iam senem". Se casó ya de edad con Helvia, "bene in antiqua et severa institutam domo". Sén., Ad Helv., 16, 3; ibid., 2, 4: "Carissimum virum, ex quo mater trium liberorum eras, extulisti". Sententiae eran las opiniones de los oradores sobre la aplicación de la ley en cada caso; divisiones, las particiones del asunto en varias cuestiones; colores, las maneras de atenuar la culpabilidad del reo. Su intento, Controv., I, praef.: "Iubetis enim quid de his declamatoribus sentiam qui in aetatem meam inciderunt, indicare, et si qua memoriae meae nondum elapsa sunt, ab illis dicta colligere". Su criterio, Id., IV, praef.: "Velut ex umbroso et obscuro prodeuntes loco, clarae lucis fulgor obcoecat: sic istos (retóricos) a scholis in forum transeuntes, omnia tanquam nova et inusitata perturbant, nec ante in oratorem corroborantur, quam multis perdomiti contumelias, puerilem animum scholasticis deliciis languidum vero labore durarunt". Id., X, praef.: "Sinite me ab istis iuvenilibus studiis ad senectutem meam reverti. Fatebor vobis, iam res taedio est... iam me pudet, tanquam diu non seriam rem agam". Id., I, praef.: "Nunquam par fit imitator auctori. Haec natura est rei; semper citra veritatem est similitudo. Deinde, ut possitis aestimare quantum quotidie ingenia decrescant, et nescio qua iniquitate naturae, eloquentia se retro tulerit: quidquid romana facundia habet quod insolenti Graeciae aut apponat aut praeferat, circa Ciceronem effloruit... In deterius deinde quotidie data res est, sive luxu temporum: nihil est enim tam mortiferum ingeniis quam luxuria, sive cum praemium pulcherrimae rei cecidisset, translatum est omne certamen ad turpia, multo honore quaestuque vigentia, sive fato quodam, cuius maligna perpetuaque in omnibus rebus lex est, ut ad summum perducta, rursus ad infimum velocius quidem quam ascenderant, relabantur. Torpent ecce ingenia desidiosae iuventutis nec in ullius honestae rei labore vigilatur... Quis aequalium vestrorum, quid dicam satis ingeniosus, satis studiosus, immo quis satis vir est?... Ite nunc, et in istis, nisi in libidine, viris, quaerite oratoren". Comentaron entre los nuestros á Séneca Juan Pérez (Petreius), en los Scholia, al fin de sus Progymnasmata; H. Núñez, Castigationes, Venecia, 1536; París, 1603; en la edición de Erasmo, 1537-1557; Antonio Covarrubias y Antonio Agustín, de cuyos Excerpta se valió Scotto en su edición de 1604; Francisco de Quevedo tradujo y continuó dos de las Suasorias; Luis Vives imitó las Controversias. Véanse, además, Nic. Antonio y Rodríguez de Castro, en sus Bibliotecas, y los PP. Mohedanos. La mejor edición A. Kiessling, Teubner, 1872; íd., Neue Beiträge zur Kritik des Rhetor Seneca, Hamburgo, 1871; Max. Sander, Der Sprachgebrauch des Rhetors Ann. Seneca, Waren, 1877; Buschmann, Characteristik der Griechischen Rhetoren beim Rhetor Seneca, Parchim, 1878; L. Friedlander, De Senecae controversiis in Gestis Romanorum adhibitis, Regimonti, 1871; Koerber, Ueber den Rhetor Seneca und die römische Rhetorik seiner Zeit, Cassel, 1864; O. Gruppe, Quaestiones Annaeanae, Stettin, 1873; O. Rebling, Observat. crit. in Sen. patrem, Götting., 1868.
39. Lucio Junio Moderato Columela, gaditano, contemporáneo de Séneca, escribió en el imperio de Claudio 12 libros De re rustica, dirigidos á P. Silvino. El libro décimo acerca de la horticultura lo compuso en verso para completar lo que no tocó Virgilio en sus Geórgicas (l. IV, 148). Muéstrase el autor muy aficionado á los menesteres del campo; el estilo, llano, y el lenguaje, castizo, casi sin el mal gusto, grecismos y voces poéticas de sus contemporáneos.
Pomponio Mela, de la bahía de Algeciras, escribió en tiempo de Claudio De chorographia en tres libros, la primera y mejor descripción del mundo antiguo que se escribió en latín y se ha conservado. Las fuentes consultadas, excelentes, y de él tomaron los demás el plan bien ordenado y substancioso, acaso demasiado conciso, con noticias de las costumbres de las varias naciones. El estilo, algo retórico y apretado en demasía, con la construcción y frases quebradas de la época de Séneca.
Moderato de Gades, filósofo pitagórico del siglo i, declaró en 11 libros la doctrina pitagórica.
40. Colum., X, 185: "Mea quam generant Tartessi littore Gades". Pertenecía á la tribu Galeria y á la legión VI ferrata, que estaba en Siria, donde vivió muchos años. Su patruus fué "M. Columella, doctissimus et diligentissimus agricola" (II, 16, 4), "vir illustribus disciplinis eruditus ac diligentissimus agricola Baeticae provinciae" (V, 5, 15), "acris vir ingenii atque illustris agricola in municipium Gaditanum" (VII, 2, 4). Ediciones en los Scriptores rei rusticae, Gesner y Schneider. Véase Meyer, Gesch. der Botanik, II, págs. 58-67. Tradújole Álvarez de Sotomayor.
Mela, II, 96: "Carteia... atque unde nos sumus Tingentera", otros el "Transducta", de Tolomeo, sin duda Algeciras. Cítanse en su obra más de 1.500 nombres geográficos. Edic. C. H. Tzschucke, Lips., 1806, con comentario crítico y exegético; G. Parthey, Ad librorum mss. fidem edidit notisque criticis instruxit, Berlín, 1867. Comentáronle ó tradujéronle Tribaldo, González de Salas, el Brocense y Chacón. Acerca de Moderato de Gades, véase Bonilla, Hist. filos. esp., t. I, pág. 172.