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Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1

Chapter 7: ÉPOCA DEL NACIMIENTO DEL IDIOMA LITERARIO Y DE LA LITERATURA ERUDITA (SIGLO XII)
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About This Book

Estudio erudito que recorre el desarrollo de la lengua y la literatura castellana desde sus orígenes hasta la época de Carlos V, examinando etapas fonéticas, morfológicas y léxicas y la producción literaria en contextos romano, visigodo, árabe y medieval. Describe la emergencia del romance y del idioma literario, la labor alfonsí, la literatura didáctica y la lírica cortesana, y el tránsito hacia el renacimiento y los humanistas. Combina análisis filológico, reseñas de autores y obras anónimas, selección de imágenes y notas bibliográficas, y aporta índices y una fe de erratas al final.

ÉPOCA DEL NACIMIENTO DEL IDIOMA LITERARIO Y DE LA LITERATURA ERUDITA
(SIGLO XII)

111. Resumen político: Sepáranse Castilla de León de 1157 á 1230. Júntanse el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona en 1137. Fundación del Reino de Portugal en 1139. Únense definitivamente Castilla y León con San Fernando en 1230. Reyes de Castilla y León: Alfonso VI (1073-1109). Doña Urraca (1109-1126). Alfonso VII (1126-1157). Reyes de Castilla: Sancho III (1157-1158). Alfonso VIII (1158-1214).

Literatura francesa: la vida de Saint Brendan (1121), las epopeyas de Roland, Chanson d'Antioche (de mediado el siglo xi y primer tercio del xii); canciones caballerescas (de Francia, Bretaña y Roma) en los siglos xii y xiii; la Geste Royale (Roland, Pélerinage de Charlemagne, Huon de Bordeaux, Berte aux grands pieds); la Geste de Guillaume, la féodale (de Doon, d'Ogier, de Renaud), el ciclo del Saint-Graal (d'Artus, de Lancelot, de Tristán); los Romans (de Thèbes, de Troie, d'Enée, d'Alexandre), que dan asunto á las demás literaturas de Europa. Desde mediado el siglo xii la lírica de la lengua d'oil ó francés, toma sus formas á la limosina d'oc, pastourelle, débat, aube, chanson ó son d'amour, y de fines del siglo xii son los primeros fabliaux y dramas (Vierges folles, Adam, Jeu de Saint Nicolas).

Literatura provenzal: desde fines del siglo xi hasta los Albigenses, á principios del siglo xiii. En el siglo xii Guillaume de Poitou, Bertrán de Ventadour, Marcabru, Jaufré Rudel, Rambaud d'Orange, Peire d'Auvergne, Peire Rogier, Giraut de Borneil, Guilhem de Cabestang, Arnaud Daniel, Bertrán de Born, Peire Vidal.

112. Literatura hispano-semítica.Autores judíos, teólogos y filósofos.Judá Leví, el castellano (1085?-1143?), el más famoso poeta de los musulmanes españoles, escribió el Cuzarí, tentativa de filosofía religiosa ó reacción, más bien, del espíritu tradicional judío contra la filosofía peripatética, tratando de reducir á sistema la filosofía de la Biblia. Abraham-ben-David buscó en La Fe Sublime otra manera de conciliar el dogma con la filosofía, tirando al racionalismo, mientras que Judá Leví tira al tradicionalismo místico. Abraham-ben-Ezra (1070?-1138?), en su Jesod Mora, muestra tendencias neoplatónicas; comentó la Biblia y fundó la exégesis racionalista entre los judíos; llevó á Roma los estudios gramaticales y abrió el camino á la exégesis gramatical; defendió las opiniones de Saadía contra las de ben-Labrat, y su última obra fué el Safah Berurah, de gramática hebrea. En la exégesis racionalista siguiéronle Joseph Kimji y sus hijos David y Moisés, oriundos de España y nacidos en Narbona. Los trabajos gramaticales de estos tres son bien conocidos, y aunque Renan y Graetz los tienen por inferiores á los judíos del todo españoles, ellos son los que influyeron entre los cristianos. El cordobés Maimónides, Moisés-ben-Maimón (1135-1204), después gran rabino en el Cairo y médico de Saladino, el Aristóteles judaico, compuso More Nebujim ó Guía de los que dudan, suma teológico-filosófica, que concilia la Biblia con el peripato, aplicando á la interpretación bíblica la filosofía aristotélica con criterio racionalista, como precursor de Espinosa en el Tratado teológico-político. Es audaz en teodicea, y con esta famosa suma despertó gran lucha en las sinagogas del Mediodía de Francia é influyó en la escolástica. Tradújose al castellano en el siglo xv, y del árabe al hebreo la vertió Aben-Tibón. Comentó además la Mishna. Los judíos españoles, por ejemplo, Moisés de León, contribuyeron al segundo y más famoso de los libros cabalísticos, el Zohar (1300?). Zadik-ben-Zadik, cordobés, escribió un Tratado de Lógica y el Microcosmos, Olam Qatom, en que emplea el procedimiento psicológico, al modo de Sabunde.

113. Filósofos árabes del siglo xii. Abu-Beker-ben-Abd-el-Melek-ben-Thofail (1116-1185) compuso la novela filosófica, traducida al latín con el título de Philosophus Autodidactus, de misticismo alejandrino y doctrina armónica. Averroes, Mohamed-ben-Ahmed-ben-Roshd (1126-1198), que además de sus Comentos mayores y menores y de sus Paráfrasis de Aristóteles, escribió muchos tratados, de los que se conservan la refutación del Tehafot, de Algazel (enemigo de la filosofía y partidario de cierto escepticismo místico), el De Substantia Orbis, la Epístola sobre la conexión del intelecto agente ó abstracto con el hombre, el Del curso de la filosofía y la teología. Fué el fundador de la teoría del intelecto uno ó de la razón impersonal y el que más influyó en la escolástica y fué por los escolásticos refutado.

114. En filología, además de Abraham-ben-Ezra y de los Kimjis, florecieron Abu-Suleiman-David-aben-Mohadjar, que escribió el Sepher ha Melachim; Altaben, de Zaragoza, una gramática hebraica en árabe; Abul-Hassan-Ezra-ben-Eleazar, la obra gramatical El Complemento; Moisés-ben-Ezra, la Poética Diálogos y recuerdos.

115. En ciencias fueron notables: Abu-Isaac-al-Bitrodji (Alpetragius), que escribió de Astronomía, traducido al latín, en 1217, por Miguel Scoto, y de Optica y Perspectiva. Abu-Salt-Omeya, Tratado del Astrolabio. Averroes, Compendio del Almagesto. Ali-ben-Rachel, Tratado de Astrología, De cometarum significationibus, De revolutionibus nativitatum. Geber-ben-Afla, Liber Geberi f. Afla Hispalensis de Astronomia, libri IX, traducido por Gerardo de Cremona, Liber tabularum Jaferi cum regulis suis, traducido por el mismo, Tratado de los triángulos esféricos, Liber Radicum Geberi, Regulae Algebrae. Abraham Savasorda, judío de Barcelona, Tratado de geometría y trigonometría (Ms. Bibl. Nacional de París). Juan de Sevilla ó de Luna tradujo al latín, juntamente con Domingo González ó Gundisalvo, muchos libros arábigos. Aben-Bageh comentó los libros De las plantas, de Aristóteles. Abu-Zacaria-Hiaya-ben-Mohamed-ben-Alavam, el mejor geopónico árabe, escribió el Kitab-el-Fellaha, traducido por Banqueri (1802). Avempace escribió sobre el Libro de los animales, de Aristóteles, y sobre el de las plantas, del mismo.

116. En medicina sobresalieron: Abu-Salt-Omeya, famoso botánico y médico, Tratado de los medicamentos simples. Avempace, Tratado de los tumores y de las fiebres, De la manera de sacudir los humores nocivos. Mohamed-ben-Quassun-Errafequy, Tratado de los ojos (Bibl. Escor.). Abu-Meruan-Abd-el-Malek-ben-Abil-Ola-ben-Zohar ó Avenzoar, distinto de otros cinco médicos escritores de la misma familia sevillana, el médico más ilustre entre los árabes, sacados Avicena y Rasis, dedicó á Averroes el Teissir. Averroes, el Colliget, libro de las generalidades de Medicina en seis libros, comentario al Cántico, de Avicena, Tratado del temperamento, ídem de las fiebres periódicas, ídem de las pútridas, ídem de la triaca, comentarios á varios libros de Galeno. Maimónides, Aforismos medicinales, Tratado de la conservación de la salud, Compendio de Avicena, Toxicología, Huerto de la Salud, sobre materia médica, Compendio de Galeno y otros muchos tratados. Abu-Jafar-ben-Mohamed-ben-Ahmed-ben-Seyd (Errafequí), fué uno de los botánicos más citados por Aben-Beithar.

117. Benjamín de Tudela, rabino, nacido en aquella ciudad de Navarra, cuyo nombre propio fué Benjamín-ben-Zona, fué el primer explorador de Oriente en la Edad Media: partió de Zaragoza en 1159 ó 1165, y volvió á España en 1173, año en que murió. Dió cuenta de sus viajes en el libro Massaoth shel Raffi Binjamin, que se imprimió en Constantinopla, 1543, por primera vez, y se tradujo en muchas lenguas. Arias Montano lo tradujo con el título de Itinerario y se imprimió en Amberes, 1565; edición inglesa de Asher, The itinerary of R. Benjamin of Tudela, Londres y Berlín, 1840-1841.

118. Consúltense sobre los semitas españoles: Miguel Asín, El averroísmo de Santo Tomás, en el Homenaje al Sr. Codera, Zaragoza, 1904, págs. 271-331; Wilhelm Bacher, Marcus Brann, David Simonsen y Jacob Guttmann, Moses ben Maimon, sein Leben, seine Werke und sein Einfluss, Leipzig, 1908, un vol. (en publicación); Adolfo Bonilla, Histor. de la Filosofía española, Madrid, 1908-1911, 2 vols. (en publicación); Carl Brockelmann, Geschichte der arabischen Literatur, Weimar, 1898; Berlín, 1899-1902, 2 vols.; Heinrich Brody, Studien zu den Dichtungen Jehuda-ha-Levis, Berlín, 1895; Víctor Chauvin, Bibliographie des ouvrages arabes ou relatifs aux Arabes, publiés dans l'Europe chrétienne de 1880 à 1885, Liège, 1892-1901, 11 vols. (en publicación); Francisco Codera, Bibliotheca arabico-hispana, Madrid, 1882-1895, 10 vols., y en colaboración con J. Ribera en los tomos III y IX; Vicente de la Fuente, Historia de las Universidades de España, Madrid, 1884-1889, 4 vols.; Abraham Geiger, Divan des Castiliers Abu'l Hassan Juda ha Levi, Breslau, 1851; íd., Salomo Gabirol und seine Dichtungen, Leipzig, 1867; Hirsch Grätz, Geschichte der Juden von den ältesten Zeiten bis auf die Gegenwart, Leipzig, 1865-1870, 11 vols.; Jacob Guttmann, Die Philosophie des Salomon ibn Gabirol, Göttingen, 1889; íd., Das Verhältniss des Thomas von Aquino zum Judentum und zur jüdischen Literatur, Göttingen, 1891; Homenaje á D. Francisco Codera en su jubilación del profesorado, Zaragoza, 1904; M. Kayserling, Geschichte der Juden in Spanien und Portugal, Berlín, 1861; íd., Romanische Poesien der Juden in Spanien, Leipzig, 1859; L.-G. Lévy, Maïmonide, París, 1911; Pierre F. Mandonnet, Siger der Brabant et l'averroisme latin au xiiie siècle, Collectanea Friburgensia, fasc. 8, Fribourg, 1899; Men. Pelayo, De las influencias semíticas en la literatura española, Estudios de crítica liter., segunda serie, págs. 353-401, Madrid, 1895; Salomón Munk, Mélanges de philosophie juive et arabe, París, 1857; I. Münz, Moses ben Maimon (Maimónides). Sein Leben und seine Werke, Frankfurt a. M., 1912; Pedro Alfonso, Die Disciplina Clericalis des Petrus Alfonsi (das älteste Novellenbuch des Mittelalters), ed. A. Hilka y W. Söderhjelm, Heidelberg, 1911, Sammlung mittellateinischer Texte, t. I; Félix Perles, Die Poesie der Juden im Mittelalter, Frankfurt, a. M., 1907; Hastings Rashdall, Universities of Europe in the Middle Ages, London, 1895, 2 vols.; Ernest Renan, Averroès et l'averroisme, 4.e ed., París, 1882; Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos en España y Portugal, Madrid, 1875, 3 vols.; José Rodríguez de Castro, Biblioteca española de los escritores rabinos y gentiles españoles y la de los cristianos, Madrid, 1781-1786, 2 vols.; Michael Sachs, Die religiöse Poesie der Juden in Spanien, Berlín, 1845; Adolf Friedrich von Schack, Poesie und Kunst der Araber in Spanien und Sicilien, segunda ed. Stuttgart, 1877, 2 vols., traducción española de Juan Valera, 3.ª ed., Sevilla, 1881, 3 vols.; Jules Tailhan, Appendice sur les bibliothèques espagnoles du haut moyen âge, en Charles Cahier et Arthur Martin, Nouveaux Mélanges d'archéologie, d'histoire et de littérature sur le moyen âge, París, 1877, t. IV, págs. 126-346; Leopold Zunz, Die synagogale Poesie des Mittelalters, Berlín, 1855-1859; íd., Literaturgeschichte der synagogalen Poesie, Berlín, 1865.

119. Literatura hispano-latina.—El movimiento literario comenzado desde la conquista de Toledo por Alfonso VI (1073-1109), en el año 1085, el primer arzobispo D. Bernardo y los cluniacenses, se acrecienta en tiempo de Alfonso VII (1126-1157) con el establecimiento del Colegio de traductores, amparado por el Rey y por su canciller y arzobispo de Toledo D. Raimundo (1125-1151). La persecución almohade lo favoreció, refugiándose en aquella ciudad muchos sabios musulmanes y hebreos, que trabajaron en el Colegio de traductores. Primero se tradujeron obras de Medicina, Matemáticas y Astronomía, después obras de Filosofía. De todas partes de Europa se juntaron en Toledo, ganosos de aprender, cuantos querían ser sabios, y de Toledo destelló á Europa entera el saber semítico-hispano y el saber oriental, y por su medio, el antiguo saber helénico. Tras la ciencia y la Filosofía vino á tomarse en cuenta la Literatura, y como ésta se viste y arrea siempre del lenguaje hablado, tenía que nacer la literatura escrita y el castellano literario. Y efectivamente, en los reinados de San Fernando (1230-1252) y de D. Jaime el Conquistador, comienza á emplearse el castellano en la especulación científico-literaria, tanto en Castilla como en Cataluña, y esto antes que en ninguna otra lengua románica, traduciéndose é imitándose los libros morales de Oriente, obras didácticas literarias, que son el paso á la pura literatura: la Disciplina Clericalis, de Pedro Alfonso; el Llibre de la Saviesa, el Libro de los doce Sabios, las Flores de Philosophia, el Libro de los buenos proverbios, la Poridat de Poridades, el Calila e Dina y el Sendebar, que por otros nombres se intituló el Dolopathos ó la Historia de los Siete Sabios ó la Historia del Príncipe Erasto ó Libro del Cendubete, traducido del arábigo por D. Fadrique, hermano de Alfonso X, el año de 1253. Este Sendebar, el Barlaam y el Calila e Dina, que por orden de Alfonso X se tradujo del árabe en 1261, son los tres libros principales, según Menéndez y Pelayo, en que la literatura novelesca de Oriente pasó al Occidente en la Edad Media.

120. Los judíos y mozárabes eran los que traducían, naturalmente al idioma vulgar castellano, poniéndolo en latín los clérigos y frailes, que sabían latín. Sobre este Colegio ó Escuela de traductores véase Amable Jourdain, Recherches critiques sur l'âge et l'origine des traductions latines d'Aristote, París, 1843; F. Wüstenfeld, Die Uebersetzungen arabischer Werke in das Lateinische (Abhandl. d. K. Ges. d. Wissenschaften zu Göttingen, LXXII, 1877); M. Steinschneider, Die hebräischen Uebersetzungen des Mittelalters und die Juden als Dolmetscher, Berlín, 1898; M. Pelayo, Hist. heterodox. españ., I, 396-407; Leclerc, Histoire de la Médecine arabe, I, 191, París, 1876. Renan, Averroes et l'Averroisme, 5.ª ed., pág. 200: "La introducción de los textos arábigos en los estudios occidentales divide la historia científica y filosófica de la Edad Media en dos épocas enteramente diferentes. En la primera, el espíritu humano no posee, para satisfacer su curiosidad, más que los raquíticos despojos que quedaron de las escuelas romanas, acumulados por Marciano Capella, Beda, Isidoro, y en algunos tratados técnicos, cuyo valer práctico salvó del olvido. En la segunda vuelve también al Occidente la ciencia antigua, pero más completa, en los comentarios de los árabes ó en las obras originales de la ciencia griega, á las que los romanos habían preferido compendios".

El arcediano de Segovia Domingo González ó Gundisalvo tradujo, sobre todo, obras de filosofía de Avicena, Alfarabi, Algazali, La Fuente de la vida, de Avicebrón, y llegó á filosofar por cuenta propia, escribiendo obras como De immortalitate animae y De processione mundi, De Unitate, en que resucita no pocas doctrinas del misticismo alejandrino, haciéndose precursor del panteísmo moderno. Consúltense los libros citados y Bonilla, Hist. filos. esp., t. I, pág. 316. Juan Hispalense ó de Sevilla, judío converso, colaboró con él, dedicándose más á traducir obras de matemáticas y de astronomía. Dió á conocer á los cristianos el álgebra, tradujo el Quadripartito y el Centiloquio, de Tolomeo; el Libro de las Figuras, de Tabit-ben-Cora; las obras de Alfergan y del cordobés Alcabicio. Desde Alfonso VII hasta Alfonso X fué Toledo el centro del saber y el emporio donde los cristianos españoles se hicieron con todo el comercio científico y filosófico de Oriente y del que había florecido y todavía florecía en España entre árabes y judíos. Así renació la filosofía española. Pero no menos la filosofía y la ciencia de Europa entera, que de España y Toledo salió y aun vinieron á aprender los extranjeros. Allí vino á aprender árabe el italiano Gerardo de Cremona (1114-1187) y allí tradujo hasta 71 obras orientales (Balt. Boncompagni, Della vita e delle opere di Gherardo Cremonese, Roma, 1851). El inglés Daniel de Morley (1157-1199), según Pits, también estuvo en Toledo estudiando matemáticas. Por encargo de Pedro el Venerable, abad de Cluny, tradujeron el inglés y arcediano de Pamplona en 1143, Roberto de Retines y Hermann el Dálmata, por primera vez, el Corán (1143), versión que se imprimió en 1550. Ayudáronles Pedro Toledano y el notario del abad de Cluny, Pedro Pictaviense (Bibliotheca Maxima Veterum Patrum, t. XXII, pág. 1030, Lugduni, 1677). Otro Roberto Catáneo, con Rodolfo de Brujas, tradujo en Tolosa, en 1144, el Planisferio, de Tolomeo, y otro Roberto Castrense el Liber de compositione Alchemiae (1182) y el Calid Regi Aegyptiorum. Rodolfo de Brujas y Hermann tradujeron otras obras, que pueden verse en Bonilla, Hist. filos. esp., t. I, pág. 367. Otro Hermann el Alemán, obispo de Astorga desde 1266, Adelardo de Bath y Miguel Escoto, tradujeron no pocas obras, siendo famoso el último por haber propagado el averroísmo desde Toledo. Cítanse además Esteban Arnaldo, de Barcelona, que tradujo el Tractatus de sphera solida, de Costa-ben-Luca; un "Magister G. filius Magistri Iohannis", que tradujo en Lérida el Liber de simplici Medicina, de Algafiki, en 1258; un Platón Tiburtino, que vertió en Barcelona el Quadripartitum, de Tolomeo, en 1138, y otros libros. Savasorda, que vivía en Barcelona en el siglo xii, tradujo dos obras más. Á fines del siglo xiii, un canónigo de Toledo, llamado Marcos, tradujo otra vez al latín el Corán y varias obras de Galeno. De esta manera pasó toda la ciencia y toda la filosofía al latín, derramándose por Europa. Nótese que varios de estos extranjeros fueron hechos obispos en España. De Alfonso VIII (1158-1214) dice la Estoria de España, Madrid, 1906, pág. 686, que "enuio por sabios a Françia et a Lombardia, por auer en su tierra ensennamiento de sapiençia que nunqua minguasse en el su regno, ca por las escuelas de los saberes mucho enderesça Dios et aprouecha en el fecho de la caualleria del regno do ellas son; et tomo maestros de todas las sçiençias et ayuntolos en Palençia, logar a abte et plantio para estudio de los saberes, et comunal pora venir los clerigos de todas las Espannas, et dioles grandes soldadas, porque tod aquel que de los saberes aprender quisiere, que alli uenga, ca alli fallara ende abondo quel correra alli como corrie la magna en el desierto a las bocas".

121. Barlaam y Josaphat. La Estoria del rey Anemur e de Josaphat e de Barlaam, ed. F. Sauchert, en Romanische Forschungen (1893), t. VII, págs. 331-402. Consúltense: F. de Hann, Barlaam and Joasaph in Spain, en Modern Language Notes (1895), t. X, cols. 22-34 y 137-146; E. W. A. Kuhn, Barlaam und Joasaph, etc., en Abhandlungen der philosophisch-philologischen Classe: Königliche Akademie der Wissenschaften (München, 1899), t. XX, págs. 1-88.

122. Pero Alfonso nació en 1062, fué judío aragonés, de Huesca, llamado Mosé Sefardi ó Rabí Mosé; pero habiéndose convertido en 1106, tomó el nombre de Pero ó Pedro, por haberse bautizado el día de San Pedro, y el de Alfonso por haberle apadrinado Alfonso I el Batallador. Escribió en latín: Dialogi lectu dignissimi in quibus impiae iudaeorum opiniones evidentissime cum naturalis, tum coelestis philosophiae argumentis confutantur (Biblioth. Patr., t. XXI, pág. 172); De Scientia et philosophia; Disciplina Clericalis, colección de apólogos ó cuentos morales eslabonados á la manera oriental y cuyo fundamento son los Proverbios de Salomón, instruyendo un padre á su hijo acerca de la vida humana. Fué uno de los libros más leídos y saqueados en la Edad Media. Muchas parábolas del famoso Barlaam et Josaphat se hallan aquí, así como en el Libro de los Estados y del Conde Lucanor, de Don Juan Manuel, en el Libro de los Castigos, en el de los Enxemplos por a, b, c, en el de los Gatos y en el Isopete historiado ó Esopo en cuentos, obras posteriores, que tomaron de esta fuente y de otras orientales cuentos, asunto y manera de trabar las narraciones. La Disciplina Clericalis tuvo duradera influencia. Logró tres versiones francesas, una en prosa en el siglo xv; otras dos en verso, publicadas, la una en 1760, por Barbazan y reimpresa en 1808; la otra en 1824, con el original latino, por la Sociedad Bibliográfica francesa. Vicente de Beauvais, en la Edad Media, le copió pasajes en su Speculum historiale. Fué Pero Alonso el primero que comunicó á los españoles el apólogo oriental, que de lleno entró en la literatura castellana á principios del siglo xiii y por ella en las demás literaturas de Europa (Puibusque, discurso en su edición del Conde Lucanor). La edición de 1824 fué reproducida por Migne, Patrología, t. I, pág. 157; mejor es la de Valentín Schmidt, Petri Alfonsi Disciplina clericalis, Berlín, 1872.

123. Hacia 1106 Renallo Gramático escribió la Vita et Passio Sanctae Eulaliae (Esp. Sagr., t. XXIX, apénd. III). P. Fita: El maestro Renallo (en el Boletín de la Real Acad. de la Hist.). En el segundo tercio del mismo siglo Rodulfo, monje de Carrión, escribió Quaedam miracula Gloriosissimi Martyris Beati Zoyli (Esp. Sagr., t. X, apéndice IV), y Juan, diácono de León, la Vita Sancti Froylani, Episcopi Legionensis (Esp. Sagr., t. XXXIV, apénd. VIII).

124. Año 1119. Pelayo, obispo de Oviedo, escribió hacia el 1119 su Chronicon, que abraza desde Bernardo II al fallecimiento de Alfonso VI. Edic. Flórez, Esp. Sagr., t. IV. En la Biblioteca Nacional hay un Liber Chronicorum ab exordio mundi usque Era MCLXX, al parecer del siglo xiii, y contiene el Prólogo de Pelayo, atribuyendo al Pacense el Cronicon de San Isidoro, la Ortographia Iunioris Isidori, la Historia Iob, Generationes Moysi, De Salomonis penitencia, etc., Ordo annorum mundi brevi collectus a Beato Iuliano Pomerio, la Chronica wandalorum regum, la Suevorum Chronica, la Chronica regum gothorum a Beato Isydoro, el Chronicon de Sebastián, el de Sampiro y el de Pelayo; luego bulas de Urbano II, el Chronicon turonense, etc., etc. Véase Antonio Blázquez: Pelayo de Oviedo y el Silense (en la Rev. de Archivos, marzo-abril, 1908).

125. Año 1139. La Historia Compostelana, escrita por mandato de Diego Gelmírez, fué escrita por Munio Alfonso, Hugo y Giraldo, canónigos de aquella iglesia, actores y testigos de los sucesos, criados y devotos del Obispo y por lo mismo tildados de parciales (Flórez, Esp. Sagr., t. XX); pero allí está retratado el pretencioso Arzobispo, malgrado sus servidores que, sin querer, lo pintaron tal cual fué, y acaba con el año 1139, poco antes de que muriese.

126. El Silense, monje de Silos, escribió su Chronicon para historiar el reinado de Alfonso VI; no llegó á él, pero sirve para restaurar los de Pelayo y Sampiro, que inserta íntegros (n. XLVIII al LXVI, inclusive los dos). Ed. Flórez, Esp. Sagr., t. XVII.

127. Otros Cronicones escritos desde el siglo xi hasta principios del xiii, antes de Don Rodrigo Jiménez de Rada: el Compostelano, que llega á 1126; el Iriense, hecho á fines del siglo xi; los Anales complutenses, hasta el 1126; el Burgense, hasta 1212; el Lusitano, escrito después del 1212; los Anales Compostelanos, hasta la toma de Sevilla en 1248; el Coimbricense, añadido hasta principios del siglo xv. Véanse en Flórez, Esp. Sagra., sobre todo, t. XXIII, y otros monumentos en Villanueva, Viaje literario, cuanto á Aragón y Cataluña; G. Cirot: Les histoires générales d'Espagne.

128. La Gesta Roderici Campidocti, escrita probablemente en tiempo de Alfonso VI, cuyo manuscrito del siglo xiii posee la Academia de la Historia, está animada del mismo espíritu que advertimos en los cantares de gesta y acaso no hace más que poner en latín lo que ya sonaba en las gestas cantadas por los juglares. Milá cree se escribió en Cataluña y es "en parte resumen y en parte traducción de otra poesía más popular, probablemente castellana" (Observaciones sobre la poesía popular, 1853, pág. 62). Véase E. Du Méril, Poésies populaires latines, pág. 286; Amador de los Ríos, Lit. Esp., t. II, Ilustr., 1, n. XXI; Dozy, Recherches sur l'hist. et la littér. de l'Esp., 3.ª ed., t. II, París, Leyde, 1881. Mejores ediciones: Risco en La Castilla y el más famoso castellano, apénd. VI, Madrid, 1792; R. Foulché-Delbosc en Revue hispan., 1909, t. XXI; con estudio A. Bonilla, Madrid, 1911, y en el Boletín de la Real Academia de la Historia, 1911, t. LIX, págs. 161-257. Tuvo que escribirse antes de 1238, en que tomó á Valencia Jaime I de Aragón, pues hablando de aquella conquista poco después de la muerte del Cid, escribe el cronista: "et nunquam eam ulterius perdiderunt". El manuscrito es del siglo xiii, acerca del cual y de la polémica de Masdeu véanse la edición de Foulché-Delbosc y la de Bonilla.

129. La Chronica Aldephonsi, esto es, de Alfonso VII, abraza desde 1126, en que falleció doña Urraca, hasta la conquista de Almería (1147), que el mismo autor puso en verso y es el llamado Poema de Almería. Ed. E. Du Méril, Poésies pop. latines de moyen âge, París, 1847, págs. 248-314. De otra canción en elogio de Ramón Berenguer IV (1139-1162) nos ha quedado la introducción. Estas obras en verso latino son como las predecesoras del Mio Cid castellano: uno y otras reproducen las gestas vulgares, pero haciendo obra de erudición. Sus autores eran de los segundos citados en aquella frase de la Crónica de Castilla, donde, hablando de las bodas de las tres hijas de Alfonso VI, dice que se contaron muchas "maneras de yoglares assi de boca como de peñola". Los de boca eran los populares; los de péñola los eruditos.

130.Á mediados del siglo xii, Pedro Compostelano compuso, á imitación de Marciano Capella, de Boecio y de San Isidoro, en prosa y verso y con figuras alegóricas, el libro de Consolatione Rationis, publicado por el P. Blanco en los Beitrâge, de Baeumker (Münster), ms. del Escorial (R.-110-2-14). Juan Hispano escribió Super Decretum et Decretales Summa. San Martín, de León, escribió Epístolas apostólicas y Comentario sobre el Apocalipsis.

131. Nacimiento del castellano literario y de la literatura erudita.—¿Cuándo nació la literatura castellana? La literatura popular sin duda alguna comenzó con el mismo romance. Los más antiguos Concilios, San Isidoro y otros Padres visigodos nos hablan de cantares y acaso de representaciones del pueblo. Refranes y cantares se hicieron en castellano desde que el habla de los españoles pudo llamarse romance, y no es de creer que jamás faltase en España literatura popular no escrita, desde los poemas en el idioma nacional que nos dice Estrabón tenían antiquísimos los turdetanos y los cantos en la misma lengua de que nos habla Silio Itálico, hasta la poesía latina de las inscripciones que pueden verse en el segundo tomo del Corpus inscriptionum latinarum, todo dedicado por Hübner á España, y las poéticas recogidas por Bücheler. Literatura escrita y, por consiguiente, más ó menos erudita, no hubo, ni, por tanto, castellano literario hasta que se escribió en romance. Cuándo comenzara á escribirse eso es lo que no sabemos. Rastros de castellano literario escrito se hallan en piezas latinas desde el año 747 (Wölfflins, Archiv., I, 56) en la Crónica de Toledo, que acaso sea anterior (Tailhan, Anonyme de Toledo, 1885)[14]. En un códice de Santo Domingo de Silos (Museo Británico) muy antiguo, aunque no anterior al siglo xi, se hallan al margen unas cuatrocientas palabras vulgares, correspondientes á las latinas del texto; las Cartas pueblas, escritas en latín, tienen no pocas voces puramente castellanas. Pero el monumento más antiguo del castellano de aquella lengua vulgar de los españoles, que mientan el edicto de Carlos el Calvo (año 844, Flórez, Esp. Sagr., XXIX, pág. 452) y San Isidoro, es posterior á los que hay en francés é italiano; en francés, los juramentos de Strasburgo (842), que es lo más antiguo que se conoce de las románicas; en italiano, la Carta di Capua (960).

El uso del bable y del castellano en obras forenses llega hasta el año 1145 y 1173, 1180 y 1193, como lo probó Merino, y el más antiguo diploma que halló en castellano es del año 1206 (véase además Fernández Guerra, El fuero de Avilés, 1865).

Pero dejando aparte estos atisbos de prosa literaria, la literatura escrita española alborea con una claridad tan limpia y despejada, tan natural y sincera, y á la vez con tal reciura de realismo y tan sin nube alguna de afectación ni de erudición extraña, que bien se echa de ver ser hija de la literatura popular, hasta entonces no escrita, pero que llevaba ya años y años de correr en labios del pueblo y de resonar por la llanura castellana, como gala é himno triunfador de guerreros rudos y veraces, que se alientan con las proezas cantadas de sus adalides á proseguir la pesada empresa de la reconquista. El cantar de Mio Cid es la primera obra literaria, escrita entre 1140 y 1157, antes de la muerte de Alfonso VII, que ha llegado hasta nosotros en copia hecha en el siglo xiv por un cierto Per Abbat. Como la literatura griega comenzó por la epopeya, así comienza la literatura castellana. Como aquella epopeya estaba compuesta de rapsodias ó retazos, que la erudición posterior atribuyó á un cantor llamado Homero, pero que la crítica moderna descubre haber sido hechos por muchos cantores desconocidos, populares, y haber corrido cantados por populares rapsodas, en una palabra, que los poemas homéricos son el canto de las proezas de la raza que Grecia entona á sí misma, no de otra manera la epopeya del Mio Cid está zurcida de tres retazos ó más, y fáltanle otros perdidos, algunos de los cuales se transparentan en las Crónicas posteriores y se hallan, remozados y modificados conforme á los tiempos, en cantares que después vinieron: es el poema en que España celebra sus propias hazañas. Mio Cid es un zurcido, repito, de rapsodias. ¿Fueron las primeras rapsodias que se escribieron ó escribiéronse antes otras, después perdidas? No lo sabemos; sólo sí, que, se escribieran ó no, las del Mio Cid no fueron las únicas de la epopeya hispana popular no escrita, ni mucho menos las más antiguas. El pueblo cantaba sus trozos épicos: era la literatura popular no escrita. De ellos no se sabe si se escribieron algunos; probablemente no llegaron á escribirse. De toda aquella masa épica han quedado pruebas manifiestas en las Crónicas, cuyos redactores, al describir los hechos más ó menos legendarios de los antepasados, retiñéndoles en los oídos los cantares épicos populares, se valían de sus frases hasta el punto de desleir en su prosa versos y trozos enteros de aquellos cantares. Los únicos trozos que lograron salvarse enteramente por la escritura son los de Mio Cid.

¿Por qué se escribieron, no habiéndose escrito nada hasta entonces? Esto es lo mismo que preguntar la causa del nacimiento de la literatura escrita castellana, de la literatura erudita, la cual, por lo dicho, bien se ve haber tenido su origen en la literatura popular y no escrita. Esa causa está bien á la mano: nos la está mostrando el mismo cantar de Mio Cid y las circunstancias históricas del tiempo en que se escribió.

Cuanto al cantar, al echar por primera vez los ojos en él, queda al punto desconcertado el lector, notando la barbarie del metro y no pudiendo entender cómo una fuerza épica tan grande y un tan fino valor poético como el que atesora el poema puedan casarse con tal rudeza en el versificar. Á poco va uno notando que la mayor parte de los versos son alejandrinos, que hay bastantes otros de los llamados de pie de romance y que los demás hay que achacarlos á los copistas, que condensan versos quitando palabras ó los alargan para declarar lo que suponían estaba oscuro.

Ahora bien, el que está versado en asuntos de métrica latina, francesa y castellana, luego se explica el misterio. Tanto el alejandrino como el pie de romance son metros derivados de la métrica latina, con una diferencia capital, clarísima para el lingüista, conocedor del genio de la lengua castellana y de la lengua francesa: que el alejandrino es el verso naturalmente francés, como nacido que es del ritmo yámbico latino, que es el ritmo de la lengua francesa, amiga de la entonación aguda; mientras que el pie de romance es el verso naturalmente castellano, como nacido que es del ritmo trocaico latino, que es el ritmo de la lengua castellana, amiga de la entonación llana y grave. El métrico y lingüista que de esto esté bien enterado no puede menos de descifrar el misterio de la, al parecer, barbarie métrica del Mio Cid: el que lo escribió quiso cantar en versos franceses lo que oía cantar y acaso cantaba él en versos españoles. En versos españoles, en romance, se había siempre cantado por el pueblo; pero jamás se había escrito la poesía. ¿Por qué no escribir la poesía, como los franceses la escribían? Pero había que escribir en el metro de los que hasta entonces habían escrito, era de buen tono y estaba de moda todo lo francés; lo vulgar castellano no era para escrito. Con todo, esos cantares populares españoles los sentía el autor, como verdadero poeta que era; su asunto era digno de la escritura. Quiso, pues, cantar lo popular español en el metro épico erudito, de moda, francés, y logrólo en parte; pero como á buen novicio en este menester de métrica francesa, se le escapaban á cada paso versos castellanos de pie de romance, que eran los que entre el pueblo se cantaban.

La lucha entre la métrica francesa, la erudita y de buen tono, digamos, y la métrica castellana popular, es manifiesta en Mio Cid. El autor tenía fino oído y construye muy bien ambas suertes de metros; pero los mezcla y en la consecución del asonante no guarda regla alguna, sin duda por la misma lucha y contrariedad métrica en que se ve enzarzado. Añádase lo que la inexperta mano de los copistas mal corrigió, dejando versos monstruosos de cortos ó de largos, que es imposible salieran del poeta y versificador, primer autor del cantar, y tendremos declarada la versificación extravagante de la obra.

Cuanto á las circunstancias del momento histórico en que se escribió el Mio Cid y con él nació nuestra literatura escrita ó erudita, es cosa todavía más comúnmente sabida. El influjo de la literatura francesa fué consecuencia del valimiento que los franceses tuvieron en la corte de nuestros reyes desde Alfonso VI. Sin ese influjo francés, claro está que más ó menos tarde hubiera nacido la literatura erudita. La toma de Toledo en 1085 por Alfonso VI fué el comienzo de una nueva era con la comunicación de los mudéjares, de los moros latinados ó ladinos, con los judíos, con la ciencia arábigo-judía de la España musulmana, que convirtió bien pronto aquella ciudad en puente entre la cultura oriental y la europea. La ciencia semítica española iba á derramarse de allí como de su fuente á toda Europa. Comenzóse por traducir en latín; pero presto se hubiera traducido en romance. Los mismos judíos escribieron en castellano con caracteres arábigos, que es la que llaman literatura aljamiada. Pero no hay duda que la cultura francesa, su célebre épica, su escritura, el poder de los cluniacenses, la muchedumbre de romeros que venían á Santiago, adelantaron el acontecimiento y encaminaron la primera poesía escrita castellana por las vías clericales del mester de clerezia. Influencia erudita fué, como siempre, la francesa, que puso en olvido la del mester de juglaria ó poesía popular, retrasando, en cambio de ese adelanto, el ensalzamiento de la épica nacional de los romances por más de dos siglos.

El asunto de algunos textos aljamiados está tomado de fuentes occidentales. Como el Recontamiento del Rey Alixandre, que procede del griego; la Historia de los amores de Paris e Viana, viene del provenzal; la Doncella Arcayona nació del Libro de Apollonio, poema castellano. El Poema de Yuçuf, del siglo xiv, está en el metro del mester de clerezia, así como los primeros versos de La Alabanza de Μahoma, obra muy posterior.

Pero la prosa, de hecho, no nace en España hasta el siglo xiii. Lo primero que tenemos es el tratado didáctico de un fraile navarro, Los diez mandamientos; después vienen los Anales Toledanos (1220 y 1250), la versión en romance del Fuero Juzgo (1241) y las acabadísimas y maravillosas obras de Alfonso X (1220-1284).