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Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1

Chapter 8: ÉPOCA DE ALFONSO "EL SABIO" (SIGLO XIII)
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About This Book

Estudio erudito que recorre el desarrollo de la lengua y la literatura castellana desde sus orígenes hasta la época de Carlos V, examinando etapas fonéticas, morfológicas y léxicas y la producción literaria en contextos romano, visigodo, árabe y medieval. Describe la emergencia del romance y del idioma literario, la labor alfonsí, la literatura didáctica y la lírica cortesana, y el tránsito hacia el renacimiento y los humanistas. Combina análisis filológico, reseñas de autores y obras anónimas, selección de imágenes y notas bibliográficas, y aporta índices y una fe de erratas al final.

ÉPOCA DE ALFONSO "EL SABIO"
(SIGLO XIII)

155. Resumen histórico. Reyes de Castilla: Enrique I (1214-1217). Fernando III (1217-1230). Reyes de Castilla y de León: Fernando III (1230-1252). Alfonso X (1252-1284). Sancho IV el Bravo (1284-1295). Fernando IV el Emplazado (1295-1312). Las Navas de Tolosa (1212). La conquista de Valencia (1238) y de las Baleares (1229-1235), por Jaime I el Conquistador, da el golpe mortal á la dominación arábiga en España. Los Estudios generales ó mayores y las primeras Universidades continúan la cultura comenzada en Toledo por los Alfonsos VI y VII: Universidad de Palencia (1212?), llevada á Valladolid (1260). La de Salamanca (1215). Estudios generales de Valencia (1245), de Sevilla (1254). Privilegio general en Aragón (1283) y de la Unión (1287).

Literatura francesa. Villehardouin, Chronique (1205-1213); Gautier de Coincy, Miracles de Notre-Dame (1230); Guillaume de Lorris, primera parte del Roman de la Rose (1237).

Literatura provenzal: Vidal de Besalu, Razos de trobar (primera mitad del siglo xiii); Jaufré de Foxa, Regles de trobar (hacia 1290).

Literatura italiana: Tesoretto, de Brunetto Latini (1220-1295), embajador de Florencia en la corte de Alfonso x; las poesías de Guido Cavalcanti (hacia 1259-1300), de Cino de Pistoia (1270-1337), y llega á la cumbre con Dante (1265-1321: Vita Nuova, Divina Comedia, Convivio) y Petrarca y Boccaccio del siglo siguiente.

156. Pudiéramos llamar siglo del apólogo y cuento oriental ó del mester de clerezia ó de las leyes al siglo xiii, por ser los tres géneros que más se cultivaron; pero Alfonso el Sabio lo señorea literaria y culturalmente, aun antes de su advenimiento y aún después de fallecido, de tal manera, que el orientalismo y la legislación, la prosa y la lírica, se lo deben todo á él. El influjo francés, que hizo nacer la literatura erudita, todavía se deja notar; pero el semítico tiene mayor fuerza, no ciñéndose á la ciencia y filosofía, vertidas en latín con las traducciones de la escuela toledana, sino que llega á la literatura, y ya que la poesía semítica no podía pasar al castellano, por consistir casi toda la arábiga en juegos gimnásticos de lenguaje, y la hebraica en misticismos religiosos, el apólogo y cuento moral oriental halló entre los españoles terreno apropiado, por cuadrar tan al justo con el genio moralizador de nuestra raza, expresado bien claramente en los refranes y más tarde en la sátira moral. Géneros utilitarios y semicientíficos son la jurisprudencia y la crónica: ambas abarcó Alfonso X, juntamente con la lírica galaico-portuguesa, puesto que la lírica popular ó cantares para nada habían de tenerse en cuenta por escritores eruditos. El cuento moral lleva como en germen la novela posterior, la crónica pasará á ser historia en el siglo xv; el mester de clerezia desaparecerá primero al son de la lírica cortesana galaico-portuguesa, después al de la heroico-popular del Romancero. El Arcipreste de Hita, en el siglo xiv, se sale del cuadro, se yergue sobre todos, con la pujanza que le presta el arte popular, tanto lírico como épico, satírico como dramático: es el único poeta de cuerpo entero de la Edad Media. Y el único prosista popular á ratos, y, por consiguiente, el único verdadero prosista nacional que se levanta igualmente en toda la Edad Media es el Arcipreste de Talavera. Son las dos cumbres de la literatura castellana antes de llegar al Romancero y á la Celestina. El orden de aparición es primero la poesía épica popular con Mio Cid, pero ya medio erudita, y lo es enteramente en las demás obras del puro mester de clerezia. Luego viene la prosa: primero el cuento y apólogo oriental, luego la prosa científica de la jurisprudencia y de la crónica. De la misma manera antes llega el gran poeta de Hita, en el siglo xiv, que el gran prosista, el de Talavera, en el xv.

157. Antes de hablar de la obra propia de este siglo, que es la prosa, conviene continuar la poesía del mester de clerezia, que de hecho comienza con la única poesía épica que conocemos, con el Cantar de Mio Cid, y continúa entre el siglo xii y xiii con los pequeños poemas que hemos mencionado y los que ahora hallaremos. Á esta escuela, que dura hasta fines del siglo xiv, pertenecen todos los poetas que escribían sus versos y que comúnmente eran clérigos, por ser casi la única gente letrada de aquellos tiempos. Por más que Berceo se llame á sí mismo juglar (S. Dom., 292, 775, 777), buen cuidado tiene de ponderar su arte de nueva maestría, su mester sin pecado, despreciando el arte popular, no escrito, de los juglares, y preciándose de contar las sílabas y de fablar cuento rimado por la cuaderna via. Toda esta poesía erudita y eclesiástica tampoco era para cantada por las plazas, como las populares gestas, sino para leída por monjes y gente devota y culta que con monjes trataban frecuentando los monasterios. Nacida de la popular, con la canción de Mio Cid, apartóse todavía más de ella hasta en los asuntos, tomándolos de la historia religiosa ó de la historia de la antigüedad, conservadas fabulosamente en la misma erudición latino-eclesiástica. Debajo de ella, desconocida por no escribirse, siguió viviendo la épica popular, la verdadera épica, que alzó la cabeza en el siglo xv, cuando la erudita ya había muerto por falta de vigor, por sola su propia flaqueza, y no menos, por lo mismo, se caía á pedazos la nueva poesía erudita venida de Galicia, la lírica cortesana de don Juan el II. El metro del mester de clerezia es el alejandrino, de 14 sílabas, pero agrupados los versos en estrofas de á cuatro con la misma rima, perfecta siempre, como no sea por descuido del poeta ó del copista, por lo que se llama tetrástrofo monorrimo alejandrino. Esta agrupación fué el fruto único de la escuela, pues parece nació en España á imitación del tetrástrofo latino-eclesiástico de la Edad Media, aunque el verso vimos que vino de Francia.

158. Los autores del mester de clerezia no conocen la antigüedad clásica, sino mediante la erudición latino-eclesiástica, continuada, y cada vez más pobre y fabulosa, desde Juvenco, Prudencio, Sedulio y San Eugenio hasta Teodulfo y los poetas de la corte carolingia, y desde éstos hasta los de la corte alemana de los Otones, como ha probado Ebert en su Historia. El tetrástrofo latino-eclesiástico puede verse en las colecciones de Du Méril:

"Vehementi nimium commotus dolore
Sermonem aggredior furibundo more,
Et quosdam redarguens in meo furore,
Nullum mordens odio vel palpans amore".

Ni el mismo Arcipreste de Hita conoció á los clásicos: su Ovidio es el autor de Vetula; su Vergilio el hechicero Vergilio medieval. La Troya del poema llamado de Alixandre es la del seudo cretense Dictys y la del seudo frigio Dares, vistas á través de la Crónica de Guido de Columna; su Alejandro es el de Gualtero de Châtillon ó el de los troveros franceses.

Men. Pelayo, Antol. poet. lír. cast., t. II, pág. xxxiii: "Coexistió el mester de clerezia con el de juglaria, pero no se confundieron nunca. Coexistió también, andando el tiempo, con las primeras escuelas líricas, con las escuelas de trovadores, pero mantuvo siempre su independencia y carácter propio de tal modo, que hasta en las obras poéticas del Arcipreste de Hita y del Canciller Ayala, en que ambos elementos se dan la mano, no aparecen confundidos, sino yuxtapuestos. En suma: el mester de clerezia, socialmente considerado, no fué nunca ni la poesía del pueblo, ni la poesía de la aristocracia militar, ni la poesía de las fiestas palaciegas, sino la poesía de los monasterios y de las nacientes Universidades ó estudios generales. Así se explica su especial carácter, la predilección por ciertos asuntos, el fondo de cultura escolástica de que hacen alarde sus poetas y la relativa madurez de las formas exteriores, que son, ciertamente, monótonas; pero nada tienen de toscas y sí mucho que revela artificio perseverante y sagaz industria literaria. Júzguese como se quiera de cada uno de estos poemas, cualquier cosa serán menos tentativas informes y engendros bárbaros, como suelen decir los que no los han saludado. El escollo natural del género era el pedantismo, y no diremos que de él se librasen estos ingenios; pero fué pedantería candorosa, alarde de escolar que quiere á viva fuerza dejarnos persuadidos de su profundo saber en mitología, geografía é historia, con toda la ingenuidad del primer descubrimiento. Estos patriarcas de las literaturas modernas eran niños hasta en la ostentación enciclopédica. En cambio no puede decirse de ellos que abusasen del latinismo de dicción en el grado y forma en que lo hizo la escuela del siglo xv. La lengua de los poetas del mester de clerezia es algo prosaica y no tiene mucho color ni mucho brío, pero es clara, apacible, jugosa, expresiva y netamente castellana, sin las asperezas hiperbáticas de Juan de Mena, ni las extrañas contorsiones de la prosa de don Enrique de Aragón. El vocabulario de la lengua épica, muy reducido, aunque muy enérgico, se ensancha prodigiosamente en manos de Berceo, y mucho más en el Poema de Alejandro".

159. De comienzos del siglo xiii parece ser la Vida de Santa María Egipciaqua, narración poética en 1.451 versos de 7, 8, 9, 10, 11 y 12 sílabas, los más de 9, con el ritmo libre de la poesía popular de los refranes, consonantando dos ó tres versos y aun cuatro á veces, bien que de ordinario se halla el pareado ó de dos solamente. De la misma época es el Libro dels tres Reyes dorient, de unos 250 versos parecidos á los de la Vida de Santa María Egipciaqua, en cuyos primeros 50 se habla de los Reyes Magos, y en los demás, de la huída á Egipto y de los ladrones que robaron la Sagrada Familia. El Libro de Apollonio tiene más de 2.600 versos, en cuartetas monorrimas de catorce sílabas, con la nueva maestría, que dice en él su autor, aplicada á 600 estrofas, llamada después cuaderna vía, de la cual, por consiguiente, parece fué el inventor. El autor parece aragonés por el lenguaje; escribe con claridad y brío y era erudito.

160. Está tomada de la Vie de Sainte Marie l'Egyptienne, atribuida por algunos, bien que poco fundadamente, al obispo de Lincoln, Roberto Grosseteste (1175?-1253), cuyos Carmina Anglo-Normannica comprenden el poema francés. Hállase en el mismo códice escurialense que el Libro de Apollonio y el Libro dels tres Reyes dorient, y todas estas obrillas fueron publicadas en 1841 por Pedro José Pidal. Los originales los indicó A. Mussafia. No se conoce el original de donde se sacó el Libro dels tres Reyes dorient.

Vida de Santa Maria Egipciaqua, ed. R. Foulché-Delbosc, Barcelona, 1907 (Textos castellanos antiguos, t. I); Bibl. Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: A. Mussafia, Ueber die Quelle der altspanischen Vida de S. Μ. E., en el Sitzungsberichte der Kaiserlichen Akademie der Wissenschaften, Wien, 1863, t. XLIII, págs. 153-176; K. Bartsch, Jahrbuch für romanische und englische Literatur (Leipzig, 1864), t. V, páginas 421-424; G. Bertoni, Nota sulla letteratura franco-italiana a proposito della vita in rima di S. Maria Egipziaca, en el Giornale storico della letteratura italiana (1908), t. LI, págs. 207-215.

161. El Libro de Apollonio proviene de una novela griega, traducida por Antiochus hacia el siglo vi, con el título de Historia Apollonii, regis Tyri, que pasó á la Gesta Romanorum y de allí á las literaturas europeas de la Edad Media. El asunto se halla en la Confessio amantis, de Gower, contemporáneo de Chaucer, en los novellieri italianos, en el Patrañuelo, de su imitador Juan de Timoneda y en el Pericles inglés, algunos de cuyos actos son de Shakespeare. Pero el autor español añadió de su cosecha cosas que no se hallan en las demás versiones. La juglaresa Tarsiana, hija de Apolonio, es más española que bizantina y hay cuadros del siglo xiii (422-430; 490; 502), desenvoltura de estilo y momentos de pasión, como en el anagnórisis de Apolonio y su hija (544-547), que son de un verdadero poeta de casta española.

Libro de Apollonio, edic. Pedro José Pidal con las otras dos obritas; Eugenio Ochoa, París, 1842; Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: E. Klebs, Die Erzählung von Apollonius aus Tyrus, Berlin, 1899, páginas 384-398; C. Carroll Marden, Note on the text of the L. de Α., en Modern Language Notes (1913), t. XVIII, col. 18-20; F. Hanssen, Sobre la conjugación del L. de A. en Anales de la Universidad de Chile (1895), t. XCI, págs. 637-665; Gover, en Bibl. F. Vally.

162. Pero más lírico fué el poeta que compuso en los mismos comienzos del siglo xiii la Razón de Amor, con los Denuestos del agua y del vino, dos obrillas de suyo diferentes, bien que al parecer debidas á una sola pluma. La primera es un diálogo de enamorados, parecido á los cantares d'amigo que gallegos y portugueses solían componer á imitación de las baladas francesas. La segunda parece remedar la Disputoison du vin et de l'aue. El autor sentía lo que decía y se esmeraba en la manera de decirlo.

163. El Lupus me fecit de Moros del último verso debe de ser el copista, probablemente aragonés. Fueron descubiertas estas obras en un códice de la Biblioteca Parisiense, por Hauréau, y publicadas en 1887 por Morel-Fatio, en el tomo XVI de la Romania. Vese mezclado no poco gallego con el castellano, como en muchas composiciones del Cancionero de Baena.

Razón de amor, con Los Denuestos del agua y el vino, ed. R. Menéndez Pidal, en Revue hispanique (1905), t. XIII, págs. 602-619; ed. A. Morel-Fatio, Textes castillans inédits du xiiie siècle, en Romania (1887), t. XVI, págs. 368-373; ed. E. Monaci, Testi basso-latini e volgari della Spagna, Roma, 1891, col. 39-43; ed. M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. I, págs. 1-6; ed. E. Gorra, Lingua e letteratura spagnuola delle origini, Milano, 1898, págs. 216-223; ed. G. Petraglione, en Studj di filologia romanza (1901), t. VIII, págs. 485-502; ed. señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Alguns textos lyricos da antiqua poesia peninsular, en Revista Lusitana (1902), t. VII, págs. 1-32.

La Disputa de Elena y María, poesía leonesa del siglo xiii, ha sido publicada por el Sr. Menéndez Pidal en el primer número de la Revista de Filología española (1914).

164. Gonzalo de Berceo (1198?-1264?) nació en el lugar de su nombre, donde partía términos la diócesis de Calahorra con el territorio de la abadía de San Millán de la Cogolla, célebre monasterio de benedictinos, donde fué educado y vivió después, no como monje, sino como clérigo ó preste seglar adscrito al servicio de la abadía. Tenía un hermano, asimismo clérigo, llamado Juan. Era diácono en 1220, presbítero en 1237 y todavía vivía en 1246.

165. Berceo, Vida de San Millán, 489: "Gonzalvo fué so nomne, qui fizo est tractado, | en Sant Millan de Suso fué de ninnez criado, | natural de Berceo, ond Sant Millan fué nado: | Dios guarde la su alma del poder del pecado". Vida de S. Domingo, 757: "Yo Gonzalo por nomne clamado de Berceo, | de Sant Millan criado, en la so mercer seo". En escrituras del cartulario de San Millán, examinadas por Sánchez, se halla en 1220 la firma "don Gonzalvo diaconus de Berceo", como de testigo en la compra de varias heredades, hecha por Pedro de Olmos para el monasterio de San Millán; y en 1237 firma como presbítero entre los testigos de una sentencia del abad Juan. Suena como confirmante de otras escrituras en 1240, 1242 y 1246 "Dopnus Gundisalvus de Berceo", y en otra castellana "don Gonzalvo de Berceo, prestre". Últimamente aparece su nombre en una escritura de 1264, que aludiendo á un testamento otorgado en tiempos pasados por Garci Gil, dice: "don Gonzalo de Berceo, so maestro de confesion e so cabezalero". Acaso pasó del 1246, pues en la Vida de Santa Oria (copla 2), su última obra, escribe: "Quiero en mi vejez, maguer so ya cansado, | de esta Santa Virgen romanzar su dictado".

166. Escribió La vida del glorioso confesor Sancto Domingo de Silos, sacándola de la Vita Beati Dominici Confessoris Christi et Abbatis, del monje Grimaldo; La Estoria del Sennor Sant Millan, traducción libre de la Vita Aemiliani, de San Braulio, obispo de Zaragoza († 651?); el trozo del Martyrio de Sant Laurenço, tratado por Prudencio en el Peristephanon; el poema De los signos que aparesceran ante el juicio, sacado, según el mismo Berceo, de San Jerónimo, á quien se atribuía entonces el Prognosticon futuri seculi, de San Julián de Toledo (Lorenzana, Patres Toletani) ó de Julián Pomerio († 699); El duelo que fizo la Virgen Maria el dia de la Pasión de su fijo Jesu Christo, que mira al Tractatus de planctu beatae Mariae, de San Bernardo; la Vida de Sancta Oria, Virgen, versificación de los hechos contados por Munio, confesor de aquella santa monja del convento de San Millán; Del sacrificio de la Missa y los Loores de Nuestra Sennora, lugares comunes piadosos amplificados; los Milagros de Nuestra Sennora, tomados de libros corrientes, pues de los 25 hállanse los 24 en cierto manuscrito latino de la Biblioteca Real de Copenhague. Son de autenticidad dudosa los tres himnos al Espíritu Santo.

167. De los 25 Milagros de Nuestra Sennora, los 18 hállanse igualmente en los Miracles de la Sainte Vierge, del trovero francés Gautier de Coinci, prior de Vic-sur-Aisne (1177-1236), citados por Alfonso el Sabio ("En Seixons, ond' un liuro à todo chêo | de miragres"); pero Alfonso, que vivía unos cuarenta años después de Berceo, tuvo las facilidades de comunicaciones que Berceo no es creíble tuviese desde su rincón de la Rioja. Ambos autores los tomaron de la fuente latina dicha. Berceo sobrepuja á Gautier en la elección, sobriedad, viveza, claridad y realismo.

168. Berceo no tiene invención cuanto á los asuntos, ni la quiere tener: "Lo que non es escripto non lo afirmaremos..., non lo diz la leyenda, non so yo sabidor". "Al non escribimos si non lo que leemos". Y es que se da por puro divulgador en romance, para la gente popular, de lo que ellos no podían entender en latín. Pero que tenía inventiva poética se echa bien de ver por la abundancia de vena con que desenvuelve sus leyendas, la riqueza de comparaciones sencillas y tomadas de la vida real, los sentimientos delicados, la deleitosa unción con que empapa cuanto toca. Su misma riqueza de pensamientos y de palabras y su desconocimiento del arte antiguo, le hace ser palabrero y difuso, borboteando prosa rimada sin cansarse, no sabiendo escoger, cercenar, pulir ni acicalar. Es un poeta devoto, que sin cortapisas dice cuanto se le ocurre en el fácil metro, que él conoce, de la cuaderna vía, bien así como lujurioso campo sin cultivo, que en asomando la primavera brota sin freno por todas partes. Es el cantor de las costumbres monacales del pueblo, que en torno de la abadía apacienta su alma con piadosas leyendas, sin otras miras políticas ni menos artísticas. Toma, como la mayor parte de los poetas medievales, de los escritos latinos los asuntos; pero como poeta de buen natío que es, aunque sin cultura artística, ve esas leyendas y milagros como si las tuviera delante de los ojos en la tierra y entre las gentes que conoce, en escena pintoresca y coloreada por las costumbres de su tiempo, y embebecido en ellas, hiérenle el alma y le salen á la boca tan sentidas como vivas, en narración dramática, que corre abundosa y fácil, sin tropiezo ni embarazo, que no se lo sabe poner su poco aquilatado esmero y su menos contenida verbosidad de cura de aldea, pero siempre devota y llena de verdad y honrada campechanería. No es un gran poeta, pero se deja querer por su apacible sencillez y devota unción. Es el dechado del poeta erudito del mester de clerezia, con aquella barata erudición de algunos libros escritos en mal latín, que alcanzaban los pocos y poco doctos de aquel tiempo, clérigos ó amigos de los monasterios. El lenguaje es el vulgar, pero como aquellos semidoctos clérigos no suponían escribir más que en el mal latín, que corrompido por el pueblo llamaban roman paladino, procuraban allegarlo al latín cuanto podían, usando las voces de las escrituras y libros que manejaban y con la ortografía que al escribir en su mal latín empleaban. Berceo, sin embargo, no se avergüenza, como los más puntosos y fieros imitadores de las letras clásicas que después vinieron en el primer Renacimiento, ni repara en echar mano de voces enteramente vulgares, que para algunos quisquillosos pasan por groseras y poco literarias. Berceo sabe todavía á la pega de los juglares.

Hay un cantarcillo en el Duelo de la Virgen (178-190), que Berceo pone en boca de los judíos, en octosílabos, que campea en medio de los pesados tetrástrofos monorrimos alejandrinos, como una joya del folklore popular entre la convencional erudición del mester de clerezia. Aquel estribillo "¡eya velar!", es una racha de sol entre la neblina, que nos deja barruntar, ya que no ver de nuestros ojos, lo que sería la verdadera poesía popular castellana, la del mester de juglaria, que por despreciarla los doctos de entonces dejáronla en el silencio del olvido y, con todo, era de tan recio y fino metal como se trasparenta por el cantar de Mio Cid y por los romances viejos del siglo xv.

169. La fama de Berceo no salió de la Rioja ni le mienta Santillana en la célebre carta al Condestable de Portugal á mediados del siglo xv; sólo en el xvii comienza á ser conocido. Ambrosio Gómez le toma unos versos en el Moisen Segundo (1653). Imprimióse la Vida de Santo Domingo en 1736, y Tomás Antonio Sánchez publicó todas sus obras en 1780 con verdadera devoción por el poeta, añadiendo un Loor de Gonzalo de Berceo, en que imita su estilo. Desperdigados los códices de San Millán en la vandálica dispersión de nuestros archivos monásticos, sólo pudo cotejar Janer, al reimprimirlo, el texto de la Vida de Santo Domingo en un manuscrito de la Academia de la Historia, y el del Sacrificio de la Misa en otro de la Biblioteca Nacional.

170. Gonzalo de Berceo, Poesías, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII; La vida de Santo Domingo de Silos, ed. J. D. Fitz-Gerald, París, 1904 (Bibl. de l'École des Hautes Études, fasc. 149). Consúltense: J. D. Fitz-Gerald, Gonzalo de Berceo in Spanish Literary Criticism before 1780, en The Romanic Review (New York, 1910), t. I, págs. 290-301; R. Becker, Gonzalo de Berceos Milagros und ihre Grundlagen, Strassburg, 1910; H. R. Lang, A passage in G. de B.'s Vida de San Millan, en Modern Language Notes (1887), t. II, col. 118-119; R. Lanchetas, Gramática y vocabulario de las obras de G. de B., Madrid, 1903; N. Hergueta, Documentos referentes á G. de B., en Revista de Archivos, etc. (1904), t. X, págs. 178-179; F. Fernández y González, en La Razón (Madrid, 1860), t. I, págs. 223-235, 306-322, 393-402; F. Hanssen, Notas á la Vida de Santo Domingo de Silos, etc., en Anales de la Universidad de Chile (1907), t. CXX, págs. 715-763; tres artículos del Sr. Hanssen sobre la conjugación, etc., en Berceo, se encontrarán en los Anales (1894 y 1895); F. D. Fitz-Gerald, Versification of the Cuaderna Via as found in Berceo's Vida de Santo Domingo de Silos, New York, 1905.

171. El Libro de Alixandre, poema en más de diez mil versos, en la cuaderna vía, difiere de las demás obras de Berceo en el asunto y en el tono y unción consiguiente, pero es muy probable sea tan obra suya como las anteriormente citadas. La misma sencillez en el contar, igual fecundidad en describir por menudo y á veces pintorescamente y en versificar llana y corrientemente, tendencia parecida en aceptar cuanto halla escrito en libros latinos, pasando por los más chistosos anacronismos, paridad en el léxico y construcción, fuera de las variantes debidas á la diversidad de copias. Donde más sobresale el autor del Alixandre es en las comparaciones y descripciones, al igual que Berceo.

172. Acerca del autor, Rafael Floranes, en sus Ilustraciones del Fuero de Sepúlveda, dijo que era Berceo, por hallarse este nombre en la copla 1386: "E dixo Gonzalo: Ve dormir que assaz has velado", no citándose, fuera de este lugar, en todo el poema. En una de las guardas del códice de Osuna, y con letra antigua, se lee el mismo nombre. En el nuevo códice, lleno de variantes, hallado en Francia, se lee: "Sy queredes saber quien fizo esti ditado, | Gonçalo de Berçeo es por nonbre clamado, | natural de Madrid, en Sant Mylian criado, | del abat Johan Sánchez notario por nonbrado". Sánchez imprimió el poema como del clérigo Juan Lorenzo Segura, de Astorga, por la copla final, 2510, donde se lee: "Si quisierdes saber quien escrebió este ditado, | Johan Lorenzo bon clerigo é ondrado, | Segura de Astorga, de mannas bien temprado, | del dia del juicio Dios sea mio pagado. Amen". Dicen muchos que éste debió de ser el copista, porque el nombre del autor solía ir al principio y el del copista al fin de las obras; pero no hay tal, pues Berceo, á quien en particular atribuye M. Pelayo esta costumbre, puso su nombre al fin de la Vida de San Millán (489) y de la Vida de Santo Domingo (757 y 775).

Los leonesismos del poema confirmarían ser Lorenzo Segura el autor. Pero muchos de esos tenidos por leonesismos son castellanismos de entonces: el pretérito en -oron y no -eron, ixioron, vioron y su contraído -on, se usa todavía en toda Castilla la Vieja, noticia que extrañarán los filólogos, pero que pueden comprobarla cuando gusten. Berceo y Segura pudieran ser, pues, copistas y no autores, habiendo modificado cada uno el texto con variantes de su tierra. Pero es el caso que el Berceo no puede ser otro en el códice francés que el autor de la Vida de Santo Domingo y San Millán, y no es de creer que fuese puro copista, sino autor. Lo de "natural de Madrid", que pudiera embarazar á alguno, se aclara por la c. 3 de la Vida de San Millán, donde hablando del pueblo en que el santo nació, dice: "Cerca es de Cogolla de parte de Orient, | dos leguas sobre Nagera al pie de Sant Lorent | el barrio de Berceo, Madriz la iaz present: | i nació Sant Millan". Ahora bien, Berceo nació donde San Millán, en ese Madrid. Porque no hay un solo Madrid en España; que yo conozco, entre otros, uno cerca de Oña. Oponen la diferencia de escritos, como si el Libro de Alixandre no pudiera haberlo hecho el autor de tantos libros devotos, y los leonesismos y otras diferencias de vocablos; pero las copias debieron de variar mucho, acomodándolas cada cual al habla de su tierra, como se ve por el códice francés, además de lo que ya se sabía. Bien pudiera, pues, ser Berceo el autor del Alixandre, lo cual se confirmaría, no sólo con el Gonzalo de la copla 1386, donde casi sin querer puso el autor su nombre, sino con lo poco probable de que en aquel tiempo hubiese dos poetas tan semejantes, ya que las diferencias casi desaparecen por lo dicho de las variantes y por la diversidad de asuntos, siendo en cambio igual la facilidad de versificar, la fecundidad en escribir y la candorosa sencillez la misma, el estilo tan uno. Que era clérigo el autor del Alixandre se ve por la copla 1662.

Si el Libro de Alixandre tiene algo de epopeya es tan solamente por el asunto; para el autor las fuentes donde bebió le sirvieron como las de las vidas de Santos y de los milagros á Berceo. Se atiene á lo leído, amplificándolo por el mismo estilo y con parecida credulidad, por lo que á nosotros se nos hace más sabrosa su lectura. "Maestre Aristotil aparece convertido en doctor escolástico, diestro en el trivio y en el cuadrivio y formidable en el silogismo: Alejandro recibe la orden de caballería el día del Papa San Antero y ciñe la espada que fabricó Don Vulcano: al lado del héroe macedonio asisten sus doce pares: en el templo de Don Júpiter sirven gran número de capellanes: los clérigos de Babilonia salen en procesión á recibir á Alejandro: el conde Don Demóstenes alborota con sus discursos á los atenienses: la madre de Aquiles le esconde en un convento de monjas (de sorores)...". (M. Pelayo).

173. Sobre las fuentes del poema, véase Morel-Fatio en la Romania, año 1874. Una es la epopeya latina Alexandreis, de Gautier de Châtillon, citado en el mismo poema (c. 1935); otra el Roman d'Alexandre, de Lambert le Tort y de Alejandro de Bernai: entrambos proceden del que se hizo en tiempo de Carlomagno de la obra Epitome, de Julius Valerius, que á fines del siglo iii tradujo al latín la novela del seudo Calístenes sobre Alejandro Magno: Alexandri Macedonis translatae ex Aesopo graeco, publicada según el códice Ambrosiano por A. Mai, con el Itinerarium Alexandri (del 340-345), J. Zacher, Pseudo-Kallisthenes, Halle, 1867; del mismo, Julii Valerii epitome, Halle, 1867. De este mismo Epitome debió de tomar el autor del Alixandre cosas que faltan en los citados traductores y compiladores. El Epitome de tiempos de Carlomagno fué la base de los poemas franceses del siglo xii (Alberico de Besanzon, imitado en alemán por el clérigo Lamprecht, Simón, Lamberto Li Tort y sus continuadores). Consúltese Pablo Meyer, Alexandre le Grand dans la littérature française de moyen âge, París, 1886. El Alexandreis, de Gualtero, es casi una paráfrasis de Quinto Curcio. El Arcipreste de León, en el siglo x, hizo otra traducción del seudo Calístenes, Liber de praeliis: probable es que la conociera Berceo y acaso mejor que el Epitome del tiempo de Carlomagno. Los 1688 versos sobre el sitio de Troya, que en él se insertan (311...), proceden de la Historia troiana (1272-1287), de Guido delle Colonne, fundada en el Roman de Troie, de Benito de Sainte-More (1160), más bien que en las dos obras Historia de excidio Troiae, de los dos seudos Dictys cretense (segunda mitad del siglo iv) y Dares frigio (segunda mital del siglo v), sobre los cuales véanse G. Paris, Revue critique, 1874, y Romania, 1874. También conoció el autor la Ilias, de Pindarus Thebanus. Véase H. Dunger, Die Sage vom troianischen Kriege in den Bearbeitungen des Mittelalters, etc., Dresde, 1869; F. Meister, Ueber Dares von Phrygien, de exc. Tr. hist., Breslau, 1841; G. Körting, Diktys und Dares, Halle, 1874. El autor del Alixandre es tan amigo de la erudición, tan curioso de las rarezas, como en lo sagrado lo es Berceo.

174. El Alixandre fué por su asunto mucho más conocido que las otras obras de Berceo. El autor del Poema de Fernán Gonçalez, en el siglo xiii, le tomó versos enteros; en el xiv el Arcipreste de Hita le imitó en la descripción de la tienda de Don Amor; en el xv, el Cronista de Don Pero Niño, los amaestramientos morales que en el poema endereza Aristóteles á Alejandro. El libro de Alixandre, Ms. esp. 488 de la Bibliothèque Nationale de Paris, ed. A. Morel-Fatio, Dresden, 1906; Ms. de Madrid, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: A. Morel-Fatio, Recherches sur le texte et les sources du Libro de Alexandre, en Romania, 1875, t. IV, págs. 7-90; G. Baist, Eine neue Handschrift des spanischen Alexandre, en Romanische Forschungen, t. VI, pág. 272; E. Müller, Sprachliche und textkritische Untersuchungen zum altspanischen Libro de Alexandre, Strassburg, 1910; L. Pistolesi Baudana-Vaccolini, Del posto che spetta il Libro de Alexandre nella storia della letteratura spagnuola, en Revue des langues romanes (1903), t. xlvi, págs. 255-281; Marcelo Macías, Juan Lorenzo Segura y el Poema de Alexandre, Orense, 1913.