NOTAS:
[1] Al menos es cierto que las noticias sobre la vida y obras de Cervantes, que se hallan en las modernas ediciones francesas y alemanas de Don Quijote, adolecen de tan groseros errores, que serían imperdonables, aun sin la existencia anterior de tan concienzudos trabajos.
[2] Créese que el romance sobre los celos, de que habla en su Viaje al Parnaso, es el del Romancero, que comienza: Yace donde el sol se pone. (Véase el Romancero de Ochoa, pág. 508.)
[3] Prólogo á las Novelas.
[4] Parte de lo que le sucedió en el servicio militar y en el cautiverio, de que hablamos, se halla entretejido en su novela de El cautivo; pero es un error, en que han incurrido casi todos sus biógrafos, pensar que cuanto en ella cuenta es suyo y verdadero. Navarrete es el primer crítico que lo ha negado, fundando la biografía de Cervantes en documentos históricos. En nuestra narración seguimos generalmente á aquel autor, no siéndonos posible indicar con minuciosidad las pruebas históricas que nos han servido en toda ella, que pueden verse en los Apéndices del excelente trabajo de Navarrete.
[5] Dos tentativas semejantes de cristianos cautivos describe él en la comedia titulada El trato de Argel.
[6] Cervantes, Los baños de Argel, jornada 3.ª—Mármol, Vida del P. Gracián, parte 2.ª, cap. 7.º, pág. 80.—Haedo, diálogo 2.º, fol. 154.
Gallardo inserta, en el núm. IV de su Criticón, el extracto de una relación inédita de cierto Diego Galán, acerca de su cautiverio en Argel, el cual habla con este motivo de las representaciones con que pasaban el tiempo los esclavos cristianos. Por el año de 1589, según se dice en el documento indicado, lograron los españoles, que se encontraban en el campamento del Pachá, que se les concediese licencia para poner en escena una comedia sobre la rendición de Granada. Ya se habían distribuído los papeles y preparádose arneses de cartón y espadas de madera para este objeto, cuando el encargado del papel del rey Fernando puso en gran peligro la vida de sus compañeros y la suya propia. No contento con esas armas de juguete, consiguió que el capitán de un buque inglés, anclado en el puerto, le proporcionara un capacete, una espada y una armadura; se descubrió su proyecto, y corrió por la ciudad el rumor de que se habían conjurado los esclavos para rebelarse, siendo esto causa de que el populacho enfurecido asesinara á muchos cristianos. Llegó también este suceso á oídos del Pachá, que dió tormento á algunos esclavos para obligarlos á declarar la verdad, convenciéndose al fin de que sólo habían tratado de representar una comedia; pero se vió, no obstante, en la necesidad de entregar seis españoles á la amotinada chusma de Argel, que les dió una muerte horrorosa.
[7] V. á Navarrete, pág. 366.
[8] Del testimonio de D. Antonio de Sosa se deduce que Cervantes escribió versos en Argel. V. á Navarrete, pág. 56.
[9] Suárez de Figueroa, Plaza universal.—Rojas, l. c.—Cervantes, Prólogo á las com. y Viaje al Parnaso.
[10] Sirvan de prueba las líneas siguientes, que pueden ser aumentadas con nuevos datos: La gitanilla de Madrid sirvió á Montalbán y á Solís para componer dos piezas de igual nombre.
- La ilustre fregona, para una de igual título de Lope de Vega, otras dos de Vicente Esquerdo y Cañizares, y La hija del mesonero, de Diego de Figueroa y Córdova.
- El licenciado Vidriera, para otra de igual título de Moreto.
- La señora Cornelia, á Tirso de Molina para su comedia Quien da luego da dos veces.
- El celoso extremeño, para dos de igual título de Lope y Montalbán.
- La fuerza de la sangre, para la de igual nombre de Guillén de Castro.
- En las literaturas extranjeras encontramos las imitaciones siguientes:
- La force du sang, de Hardy.
- L'amant liberal, de Bouscal y de Bey, y una tragicomedia de Scudery.
- Les deux pucelles, de Rotrou, de Las dos doncellas de Cervantes.
- The spanish gipsy, de Midleton Rowley, de La gitanilla y La fuerza de la sangre.
- Love's Pilgrimage, de Beaumont y Fletcher, de Las dos doncellas.
- The chances, de los mismos, de La señora Cornelia.
- Del Don Quijote salieron: Don Quijote de la Mancha, de Guillén de Castro, y otra comedia de Calderón, que se ha perdido; Los invencibles hechos de Don Quijote, de Francisco de Ávila (en el tomo VIII del teatro de Lope); El curioso impertinente, de Guillén de Castro; Las bodas de Camacho, de Meléndez Valdés; Don Quichotte de la Manche, deux parties, de Guerin de Bouscal; Sancho Pança, de Du Fresny; Le curieux impertinent, de De Brosse; una comedia de igual título de Destouches, y Sancho Pança gouverneur, de Dancourt.
[11] Como es interesante conocer las localidades en que han vivido famosos personajes, paréceme oportuno extractar algunas noticias de unos artículos excelentes sobre la topografía de Madrid, publicadas por Mesonero Romanos en El Semanario Pintoresco. Cervantes habitó, en varias épocas de su vida, en la plazuela de Matute, detrás del Colegio de Loreto; en la calle del León, número 9 antiguo y 8 moderno; en el año de 1614, como consta del apéndice del Viaje al Parnaso, en la calle de las Huertas, frente á las casas que acostumbraba habitar el príncipe de Marruecos, cerca del ángulo de la calle del Príncipe, quizás en el núm. 16 moderno; murió al fin en la calle del León, manzana 228, núm. 20 antiguo y 2 moderno: esta casa fué derribada en el año de 1833, levantándose en su solar una nueva con un busto de Cervantes y una inscripción, cuya casa tiene su entrada por la calle de Francos, en cuya esquina se encuentra. Esta última calle, en donde vivió también Lope de Vega, lleva hoy el nombre de calle de Cervantes, que debía corresponder á la calle del León, puesto que la puerta de la casa en donde vivía nuestro gran poeta tenía su entrada por ésta.
[12] Dice que las comedias llegaron á un alto grado de perfección desde que se representaron en los teatros de Madrid su Trato de Argel, La destrucción de Numancia y La batalla naval, en las cuales redujo á tres las cinco jornadas que se usaron hasta entonces. Añade que él fué el que indicó, ó más bien el primero que sacó á la escena los pensamientos y afectos más ocultos del alma, llevando al teatro personajes alegóricos con aplauso y general alegría de los espectadores, y que escribió en este período sobre veinte ó treinta comedias, que fueron representadas sin el acompañamiento de cohombros y otros frutos arrojadizos de la misma especie, pasando sin silbidos, gritos ni alborotos.
[13] Viaje al Parnaso; adjunta; Don Quijote, tomo I, cap. 48.
[14] Rojas dice que es de la época que las comedias de La Cueva.
[15] La Numancia, todavía á la antigua usanza, se divide en cuatro jornadas, al paso que La batalla naval sigue la nueva de tres. Cervantes, como hemos visto más arriba, pretendía ser el autor de esta novedad; mas para que hablase con razón, era preciso que lo hubiese hecho lo más pronto en la época de Virués, ó lo que es lo mismo, no antes de 1585.
[16] La suposición de que esta comedia es idéntica á La gran Sultana, impresa después, es falsa, puesto que la última se funda en un suceso que ocurrió á principios del siglo XVII. (V. á Navarrete, Vida de Cervantes, página 360.)
[17] Comedias de Lope de Vega, tomo XIV: Madrid, 1620.
[18] Hállase El mercader amante en El Norte de la poesía española: Valencia, 1616, y La enemiga favorable en el tomo V (apócrifo) de las Comedias de Lope de Vega.
[19] «Algunos años há (dice en el Prólogo de sus comedias), que volví yo á mi antigua ociosidad, y pensando que aún duraban los siglos donde corrían mis alabanzas, volví á componer algunas comedias; pero no hallé pájaros en los nidos de antaño: quiero decir, que no hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las tenía, y así las arrinconé en un cofre, y las consagré y condené al perpetuo silencio. En esta sazón me dijo un librero que él me las comprara, si un autor de título no le hubiera dicho que de mi prosa se podía esperar mucho, pero que del verso nada; y si va á decir la verdad, cierto que me dió pesadumbre el oirlo, y dixe entre mí: O yo me he mudado en otro, ó los tiempos se han mejorado mucho, sucediendo siempre al revés, pues siempre se alaban los pasados tiempos. Torné á pasar los ojos por mis comedias y por algunos entremeses míos, que con ellas estaban arrinconados, y vi no ser tan malas, ni tan malos, que no mereciesen salir de las tinieblas del ingenio de aquel autor, á la luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos. Aburríme, y vendíselas al tal librero, que las ha puesto en la estampa, como aquí se las ofrece: él me las pagó razonablemente; yo cogí mi dinero con suavidad, sin tener cuenta con dimes y diretes de recitantes: querría que fuesen las mejores del mundo, ó á lo menos razonables: tú lo verás (lector mío), y si hallares que tienen alguna cosa buena, en topando á aquél mi maldiciente autor, díle que se enmiende, pues yo no ofendo á nadie, y que advierta que no tienen necedades patentes y descubiertas; y que el verso es el mismo que piden las comedias, que ha de ser de los tres estilos el ínfimo, y que el lenguaje de los entremeses es propio de las figuras que en ellos se introducen; y que para enmienda de todo esto le ofrezco una comedia, que estoy componiendo, y la intitulo: El engaño á los ojos, que (si no me engaño) le ha de dar contento. Y con esto Dios te dé salud, y á mí paciencia.»
[20] En la segunda jornada salen dos figuras de ninfas, vestidas bizarramente, cada una con su tarjeta en el brazo: en la una viene escrito Curiosidad, en la otra Comedia.
| «Curiosidad. | ¿Comedia? |
| Comedia. | Curiosidad, |
| ¿Qué me quieres? | |
| Curiosidad. | Informarme, |
| Qué es la causa porque dexas De usar tus antiguos trajes, Del coturno en las tragedías, Del zueco en las manuales Comedias, y de la toga En las que son principales: Cómo has reducido á tres Los cinco actos, que sabes, Que un tiempo te componían Ilustre, risueña y grave: Ahora aquí representas, Y al mismo momento en Flandes: Truecas, sin discurso alguno, Tiempos, teatros, lugares: Véote, y no te conozco: Dame de ti nuevas tales, Que te vuelva á conocer, Pues que soy tu amiga grande. | |
| Comedia. | Los tiempos mudan las cosas Y perfeccionan las artes; Y añadir á lo inventado, No es dificultad notable. Buena fuí pasados tiempos, Y en éstos, si los mirares, No soy mala, aunque desdigo De aquellos preceptos graves, Que me dieron y dejaron. En sus obras admirables Séneca, Terencio y Plauto, Y otros griegos que tú sabes. He dexado parte de ellos, Y he también guardado parte, Porque lo quiere así el uso, Que no se sujeta al arte. Ya represento mil cosas, No en relación, como de antes, Sino en hecho, y así es fuerza Que haya de mudar lugares. Que como acontecen ellas En muy diferentes partes, Vóime allí donde acontecen, Disculpa del disparate. Ya la comedia es un mapa, Donde no un dedo distante Verás á Londres y á Roma, A Valladolid y á Gante. Muy poco importa al oyente, Que yo en un punto me pase Desde Alemania á Guinea, Sin del teatro mudarme. El pensamiento es ligero; Bien pueden acompañarme Con él, do quiera que fuere, Sin perderme ni cansarme.» |
[21] He aquí los requisitos necesarios en un buen cómico, tales como los expresa Urdemalas en la jornada tercera de dicha comedia (Madrid, 1749, tomo II, página 289):
«De gran memoria primero;
Segundo, de suelta lengua;
Y que no padezca mengua
De galas es lo tercero.
Buen talle no le perdono,
Si es que ha de hacer los galanes:
No afectado en ademanes.
Ni ha de recitar con tono.
Con descuido, cuidadoso:
Grave anciano: joven presto:
Enamorado compuesto:
Con rabia si está celoso.
Ha de recitar de modo,
Con tanta industria y cordura,
Que se vuelva en la figura
Que hace, de todo en todo.
Á los versos ha de dar
Valor con su lengua experta;
Y á la fábula que es muerta,
Ha de hacer resucitar.
Ha de sacar con espanto
Las lágrimas de la risa,
Y hacer que vuelvan con risa
Otra vez al triste llanto.
Ha de hacer que aquel semblante
Que él mostrare, todo oyente
Le muestre; y será excelente
Si hace aquesto el recitante.»
[22] Cuatro han sido traducidos al alemán, y se hallan en mi Spanischen Theater: Francfort, a. M. 1845, tomo I.
[23] Sedano, Parnaso español, tomo VI.
[24] Aparecieron impresas por primera vez en el tomo VIII de El Parnaso español.
[25] Tales son dos tragedias, tituladas Dido y La destrucción de Constantinopla, de Gabriel Lasso de la Vega, impresas en su Romancero: Alcalá, 1587. (V. Los hijos ilustres de Madrid.)
Las tragedias de Gabriel Lasso de la Vega, que yo he leído después, son, sin duda, muy parecidas á las de Virués. El tomo, que las contiene, lleva el título de Primera parte del Romancero y Tragedias de Gabriel Lasso de la Vega, criado del Rey N. S. Natural de Madrid: Alcalá de Henares, en casa de Juan Gracian, año de 1587. Constan las dos de tres jornadas, y están escritas en diversas medidas métricas, como octavas, tercetos, silvas, quintillas, etc. La tragedia de Honra de Dido restaurada, expone las pretensiones amorosas de Yarbas, rey de Mauritania, para obtener la mano de la reina de Cartago, y la muerte de ésta. En la Tragedia de la ruyna de Constantinopla, cabeza del imperio Griego, por Mahometo Solimán, Gran Turco, figuran muchos personajes alegóricos, como la imagen de la república, la discordia, la envidia y la ambición.
Entre los dramas, que precedieron á la nueva forma dramática, que dió á la comedia Lope de Vega, merecen también mencionarse La comedia jacobina, en tres actos, en el Libro de poesía Christiana, moral y divina, compuesto por el Dr. Fr. Damian de Vegas: en Toledo, por Pedro Rodriguez, 1590; además esta otra, que sólo se encuentra manuscrita: Fiestas Reales de justa y torneo, pleito sobre la iglesia, sacerdocio y reino de Christo. Farsa en cinco actos, en verso, por Fr. Miguel de Madrid. Al fin dice: Fecha en Nuestra Señora del Parral (de Segovia) á 13 de abril de 1589 años.
En la rica y valiosa colección de comedias antiguas manuscritas, que forman la joya más preciosa de la biblioteca del duque de Osuna, se encuentran los siguientes manuscritos de comedias antiguas de índole popular:
Las burlas de Benytico. En la cubierta, y del propio puño y letra, se lee claramente el año de 1586.
El cerco y libertad de Sebilla por el Rey Don Fernando el Santo; al fin se lee: «A gloria de dios se representó en Balladolid por Villegas, autor de Comedias, año de 1595. Es de Luis de Venabides este original.»
Comedia de El tirano Corbanto. En la cubierta se leen estas curiosas palabras: «Perdone V., señor venavides, por la tardanza que no emos podido mas: aquí llevan esta comedia del Rey corvanto y la otra del Gigante Goliat, y acá queda la comedia de leandro. Procurarse á enviar antes de Pasqua con el primer mensagero que ubiere, que por no estar sacado mas de la comedia no se envia. Ella estará allá á mas tardar El Viernes ú el Sábado. De Peñafiel á quatro de mayo de 1585 años.»
[26] Uno de estos Morales, aunque no se sepa cuál de ellos, fué el autor de una comedia famosa titulada El conde loco, de la misma época, según apunta Rojas, que las tragedias de Virués. (V. á Navarrete, V. de C., página 530.)
[27] Pellicer, pág. 121.—Mariana, de spectactulis, capítulo 15.
[28] En un libro muy raro, escrito á fines del siglo xvi (la licencia de la impresión es de 1600), se encuentran algunas observaciones dramáticas, dignas, á mi juicio, de ser conocidas, porque prueban que, en este tiempo, los nombres técnicos, que después se usaron comunmente para distinguir las diversas especies de comedias, tenían en esta época una significación incierta. El libro es éste:
Cisne de Apolo de las excelencias y dignidad y todo lo que al Arte poetico y versificatorio pertenece. Los metodos y estylos que en sus obras deve seguir el poeta, por Luys Alfonso de Carvallo, Clerigo: Medina del Campo, 1602.
«Pagina 124 a. Si comprehender quisiesemos todo lo que á la comedia pertenece, á su traza y orden, mucho avria que decir, y seria nunca acabar el querer decir los subtiles artificios y admirables trazas de las comedias, que en nuestra lengua se usan, especialmente las que en nuestro tiempo hacen con tan divina traça enriqueciendolas de todos los géneros de flores, que en la poesia se pueden imaginar y porque desta materia sera mejor no decir nada que decir poco, solo dire lo que en comun y generalmente deve tener la comedia, que son tres partes principales, en que se divide, las cuales se llaman en griego Prothesis, Epithasis y Catastrophe, que son, como en todas las cosas humanas, la ascendencia, existencia y decadencia. Aunque estas son las partes principales, que en si tiene la Comedia, con todo se suele dividir en quatro ó cinco jornadas. Pero lo mejor es hazer tres jornadas solamente, una de cada parte de las principales. Jornada es nombre Italiano, que quiere decir cosa de un dia, porque giorno significa el dia. Y tómase por la distincion y mudança, que se hace en la Comedia de cosas sucedidas en diferentes tiempos y dias, como si queriendo representar la vida de un Santo hiciesemos de la niñez una jornada, de la edad perfecta otra, y otra de la Vejez.
La loa ó prologo de la Comedia, que otros llaman introito ó faraute, no es parte de la Comedia, sino distinto y apartado, y asi dire aora lo que del se puede dezir. Al principio de cada Comedia sale un personage á procurar y captar la benevolencia y atencion del auditorio, y esto haze en una de cuatro maneras; comendativamente, encomendando la fábula, historia, poeta ó autor que la representa. El segundo modo es relativo, en el cual se zayere y vitupera el murmurador ó se rinde gracias á los benévolos oyentes. El tercer modo es argumentativo, en el qual se declara la historia ó fábula que se representa, y este con razon en España es poco usado, por quitar mucho gusto á la Comedia, sabiendose antes que se represente el suceso de la historia. Llámase el quarto modo misto, por partipar de los tres ya dichos; llamaronle introito por entrar al principio; faraute por loa, en la Comedia, al auditorio ó festividad, en que se traze. Mas ya le podremos asi llamar, porque han dado los poetas en alabar alguna cosa, como el silencio, un número, lo negro, lo pequeño, y otras cosas, en que se quieren señalar y mostrar sus ingenios, aunque todo deve ir ordenado al fin que yo dixe, que es captar la benevolencia y atencion del auditorio.
«Auto es lo mismo que Comedia, que del nombre la hizo Acto: se deriva y llamase propiamente auto cuando ay mucho aparato, invenciones y aparejos; y farsas, cuando ay cosas de mucho gusto aunque se tome comunmente por la propia compañía de los que representan. Al fin Comedia se llama escrita, Auto representada; y farsa la comunidad de los representantes.»
[29] V. la pág. 166 del tomo I.
[30] Juvenal, Sat. XI, v. 162.—Martial, lib. III, epístola 63, v. 5, lib. I, ad Taranium et passim.—Plin., libro I, epíst. 15.—González de Salas, Ilustración á la Poética de Aristóteles, sección 8.ª
[31] Jovellanos, Memoria sobre las diversiones públicas: Madrid, 1812, pág. 17.
[32] V. á Raynouard, Choix, etc., II, 242, 244, v. 40.
[33] Lope de Vega, Dorotea, tomo I.—Pellicer, Notas al Don Quijote.
[34] Rojas, l. d., l. c.
[35] Jovellanos, l. c., 54.
[36] Nombre de otro baile.
[37] «Les entreactes étaient mêles de danse au son des harpes et des guitarres. Les comediennes avaient des castagnettes et un petit chapeau sur la tête. C'est la costume quand elles dansent, et lorsque c'est La Sarabande il ne semble pas qu'elles marchent, tant elles coulent legèrement. Leur manière est toute differente de la nôtre; elles donnent trop de mouvement á leurs bras, et passent souvent la main sur leur chapeau et sur leur visage avec une certaine grâce qui plaît assez. Elles jouent admirablement bien les castagnettes.» Relation du voyage á Spagne de la comtesse d'Aulnoy: A la Haye, 1705.
[38] V. La ilustre fregona, de Cervantes.
[39] González de Salas, Ilustración á la Poética de Aristóteles, sección 8.ª
[40] Colección de las mejores coplas de seguidillas, tiranas y polos que se han compuesto para cantar á la guitarra, por D. Preciso: Madrid, dos tomos. Tomo I, página 12.
[41] Poesías de Francisco de Quevedo: Bruselas, 1670, tomo III, pág. 233.—Joco-serias, burlas veras ó reprehensión moral y festiva de los desórdenes públicos, en doce entremeses representados y veinticuatro cantados. Van insertas seis loas y seis jácaras, que los autores de comedias han representado y cantado en los teatros de ésta corte, por Luis Quiñones de Benavente: Madrid, 1645.
[42] V. las Obras líricas y cómicas de D. Antonio Hurtado de Mendoza: Madrid, 1728, págs. 145 y siguientes.
[43] Así lo prueban claramente los ejemplos siguientes:
«Nace amor como planta
En el corazón;
El cariño la riega,
La seca el rigor.
Y si se arraiga,
Se arranca al apartarle
Parte del alma.
Pensamiento que vuelas
Más que las aves,
Llévale ese suspiro
A quien tú sabes;
Y dile á mi amor
Que tengo su retrato
En mi corazón.
A la rama más alta
De tu amor subí;
Vino un aire contrario
Y al suelo caí;
Que esto sucede
Al que en alas de cera
Al sol se atreve.»
[44] V. las Poesías de D. Alberto Lista, primero que las ha compuesto.
[45] Memorias de la Academia de la Historia, tomo VI, ilustr. 5.ª—Prescott, History of the reign of Ferdinand and Isabella, tomo III, pág. 484.
[46] Campomanes, Discurso sobre la educación popular de los artesanos, tomo II, pág. 472.—Bernardo Ward, Proyecto económico sobre la población de España, tomo II, cap. 3.º—L. Marineo, Cosas memorables: Alcalá, 1539, págs. 11 y 19.—Navagiero, Viaggio fatto in Spagna et in Francia: Vinegia, 1563, fols. 26 y 35.
[47] Campomanes, II, 140.—Pragmáticas del reino, fol. 146.—Turner, History of England, vol. IV, pág. 90.
[48] V. el Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, por J. A. Ceán Bermúdez: Madrid, 1800.
[49] Ad Franciscum Vergaram (1527): Hispania vestra quum semper et regionis amœnitate fertilitateque, semper ingeniorum eminentium ubere proventu, semper bellica laude floruerit, quid desiderari poterat ad summam felicitatem, ut nisi studiorum et eruditionis adjungeret ornamenta, quibus aspirante Deo paucis annis sic effloruit, ut cœteris regionibus quamlibet hoc decorum genere, prœcellentibus vel invidiœ queat esse vel exemplo.—A Francisco Vergara: de tal manera floreció siempre vuestra España por la amenidad y fertilidad de su suelo, por la fecundidad y abundancia de sus ingenios eminentes y por sus glorias bélicas, que sólo le faltaba, para alcanzar la suprema felicidad, añadir á esos timbres los de las ciencias y las letras, en las cuales ha adelantado de tal suerte, con ayuda de Dios, que á todas las demás regiones, notables en este sentido por sus progresos, puede servir ya de envidia ó de ejemplo.—(T. del T.)—Erasmi, epístola, página 977. V. también la pág. 755.
[50] Memorias de la Academia de la Historia, tomo VI, ilustr. 16.—Lampillas, Letteratura Spagnuola, tomo II, págs. 382 y siguientes y 792 y siguientes.—Marineo, Cosas memorables, fol. 11.—Semanario erudito, tomo XVIII.
[51] Clemencín, Elogio de la reina Isabel.—Méndez, Typografía española, págs. 35 y siguientes.
[52] Merece observarse que las absurdas creencias en encantamientos, que tan extendidas estuvieron en Alemania, Inglaterra y Francia hasta hace poco, no se admitieron generalmente en España, mirada de ordinario como patria de toda superstición. En la época, en que se quemaban á millares hechiceros alemanes y era un delito dudar siquiera de los pactos con el diablo, se burlaban los españoles de estas cosas, mirándolas como delirios y engaños de la plebe. Véase el Coloquio de los perros y el Licenciado Vidriera, de Cervantes, y las comedias de Lope de Vega y de Agustín de Salazar, tituladas El caballero de Olmedo y La segunda Celestina. En la primera se dice así:
«No creo en hechicerías,
Que todas son vanidades:
Quien concierta voluntades
Son méritos y porfías.»
Y en la última se lee la siguiente:
«Pues, Tacón, así son toda;
Y no que tengan te asombres
Con los necios opinión,
Porque las brujas lo son
Porque son tontos los hombres.»
[53] Jovellanos, Memorias sobre las diversiones públicas, pág. 36.—Navarrete, Vida de Cervantes, págs. 113 y 456.
[54] Dice así Lope de Vega en el tomo XV de sus Comedias, en la dedicatoria á D. Rodrigo de Tapia, caballero de Santiago, de la titulada El ingrato arrepentido: «Las acciones de una plaza no son inferiores á las justas y torneos de á caballo, antes bien de más gallarda osadía, por la ferocidad del enemigo; que un caballero que en una justa acomete armado á su contrario, si bien lleva el peligro, de quien fué lastimoso ejemplo el rey de Francia, y se celebra con razón la censura de aquel hermano del turco que dijo que para veras era poco y para burlas mucho, no le tiene tan grande como esperando un toro: la destreza, ánimo y valentía con que vuestra merced acometió y rindió la fiereza del más bravo que ha visto el Tajo ni creado Jarama en sus riberas pareció á los ojos de S. M., de SS. AA. y de toda esta corte una acción digna de tales años, de tales ascendientes y de tales obligaciones que, acompañado de tales galas, me obligó aquel mismo día á provocar las musas, con envidia de otras plumas», etc.
[55] Mariana, De rebus hispanicis, lib. XI, caps. 13 y 14.—Andrés Mendo, De ordinibus equestribus.—Caro de Torres, Historia de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara: Madrid, 1629.
[56] Calderón, por ejemplo, se inspiró en El Caballero del Febo para escribir su Castillo de Lindabridis; en el Fierabrás, para componer su Puente de Mantible; Montalván, en El Palmerín de Otiva, para escribir su comedia de igual título, etc.
[57] Séanos lícito aludir aquí, de paso, á un arte que llegó en España á grande altura, y de la cual apenas tratan los historiadores que han escrito hasta ahora de este punto. Hablamos de la escultura de color en madera, que produjo innumerables obras en toda la Península, y principalmente en las provincias meridionales. Las mejores son del siglo xvii, en que florecieron muchos insignes maestros, como Montañés, Alonso Cano, Bernardo de Mora, y Pedro y Alonso de Mena. Obras maestras de esta especie, tan notables por la perfección de su escultura como por su color puro y de buen gusto, se hallan en Sevilla (en el hospital de la Caridad, la Cartuja, etc.), y en Granada (en San Jerónimo y en el nuevo Museo provincial).
[58] V. la memoria histórica de D. José de Castro y Orozco, titulada Bellas Artes de Granada: Granada, 1839, pág. 37, y á Ceán Bermúdez, Diccionario histórico, etc., passim.
[59] Hállanse excelentes composiciones líricas de esta especie de poesía antigua española, tan común como bella, en La Floresta, de Böhl de Faber.
[60] Suárez de Figueroa dice, en su Pasajero (Madrid, 1617, pág. 118), que á las justas literarias acudían más poetas que arenas hay en la mar, y que en una, celebrada hacía poco en honor de San Antonio de Padua, se reunieron más de 5.000 composiciones poéticas de todo género, con las mejores de las cuales, no sólo se cubrieron los dos coros y las paredes de la iglesia, sino que sobraron otras muchas, suficientes en número para revestir á cien monasterios.
[61] Lo del arpa tiene todas las apariencias de un golpe de violón del escritor francés.—(N. del T.)
[62] Histoire de la musique et de ses effets depuis son origine jusqu'a present: Lyon, 1705, tomo I, pág. 259.
[63] Véase la reseña que se halla en Ludovico Domenico, Raggionamento sopra la imprese di Paolo Giovio: 1561, pág. 178.
[64] Diálogos de la preparación de la muerte, por Don Pedro de Navarra: Zaragoza, 1567.
[65] Apotegmas, de Juan Rufo: 1596, pág. 5.
[66] La Diana, de Gil de Polo. Nueva impresión con notas al Canto del Turia: Madrid, 1802, pág. 515.
[67] Desengaño de amor, por el licenciado D. Pedro Soto de Rojas: Madrid, 1623, fol. 181.
[68] Véase, entre otros, á Christóbal Suárez de Figueroa, Plaza universal de todas las ciencias y artes: Madrid, 1615, pág. 63.—A Christóbal de Mesa, El patrón de España, 1611, pág. 218.—A Juan Yagüe de Salas, Los amantes de Teruel: Valencia, 1616, apéndice.—A Lope de Vega, Laurel de Apolo, dedicatoria al almirante de Castilla.
[69] No es extraño que aparezcan ahora nombres ya citados anteriormente. Lupercio Leonardo de Argensola y Cervantes pertenecen á la época precedente por sus trabajos juveniles, y por sus obras al período de la literatura española que examinamos.
[70] Toda esta parte de la historia de la poesía española, de que Bouterweck habla ligera y superficialmente, espera hasta aquí á un historiador que la estudie y exponga como es debido. Ya la Floresta, de Böhl de Faber, ofrece ricos materiales, no aprovechados, sin embargo, tanto por sus noticias bibliográficas, cuanto por los ejemplos que cita; y á pesar de esto, el compilador que quiera proseguir este curioso trabajo, encontrará todavía rica y no segada cosecha.
[71] El Don Policisne de Boecia (impreso primero en 1602) y la cuarta parte de El espejo de príncipes y caballeros (1605), cierran la serie de los libros de caballería publicados en España. Alguna que otra vez se reimprimieron más tarde los antiguos, y en extracto se venden actualmente al pueblo.
[72] En el prólogo á El pastor de Filida, de Montalvo, ofrece Mayans y Ciscar un abundante catálogo de novelas pastoriles de esta especie, pertenecientes las más al siglo xvii: Valencia, 1792, pág. 62.
[73] V. á Dieze zum Velazquez, pág. 376, y El tesoro de los poetas españoles épicos, por D. Eugenio de Ochoa: París, 1840, pág. 26.
[74] En Francia (dice Cervantes en el Persiles, tomo I, lib. III, pág. 163), ni varón ni mujer deja de aprender la lengua castellana.—Lingard, History of England, V. VIII.